Previamente en Cornerstone...

"Si vamos a estar juntos para siempre, ¿crees que podamos tener... bebés, algún día?" Preguntó de pronto Phoebe.

"Cariño, nada me haría más feliz que empezar una familia contigo." Le aseguró Max, antes de acariciar su mejilla, muy cuidadosamente.

Luego de la inolvidable cena del Día de Gracias, Max y Phoebe pasaron toda la noche en la guarida, ansiosos por demostrarse su amor una vez más, aunque sabían que tendrían que contarle su secreto a toda la familia por la mañana. Se amaban tanto que estaban dispuestos a enfrentar ese difícil momento juntos.

"Tenemos algo que decirles..." Anunció Max, sin soltar la mano de Phoebe.

Pero por azares del destino no pudieron hacerlo, pues en ese momento recibieron una transmisión de la Súper Presidenta, quien informándoles que el ataque a la Liga de Villanos debía hacerse antes de mediodía, o algo horrible podría suceder durante las ventas del Viernes Negro en Hiddenville.

"Necesito que ambos estén aquí en exactamente una hora, hay varias cosas que deben saber sobre la misión." Les ordenó la Presidenta Pateaduro.

Pero los gemelos aún no conocían todo el plan de Evelyn, pues mientras ellos trataban de detener a la Liga de Villanos, un equipo de héroes se encargaría de proteger a las personas de Hiddenville, y antes de partir les entregó a los gemelos algo que podría serles muy útil durante la batalla.

"Una vez que se inyecten con esta fórmula, ninguna herida los matará. Sólo funciona por 15 minutos."

Cuando llegaron a Volt-N-Save, tomaron caminos diferentes para entrar. Phoebe tuvo que irrumpir al edificio y abrirse paso entre los pasillos. Para Max fue más sencillo por su trabajo en cubierto. Pronto se encontró frente al líder de la Liga de Villanos.

"Arrodíllense ante Dark Slaughter." Les ordenó él, mientras hacía brillar más los ojos verdes de su máscara.

Después, Max se dio cuenta de que ese peligroso villano ya había descubierto quién era y para quién trabajaba. La misión estaba oficialmente comprometida, y antes de que pudiera enfrentarlo al lado de Phoebe, éste reveló su verdadera identidad; era el hijo de Dark Mayhem.

"¡Oh por dios! ¡Max... Estás sangrando!" Exclamó Phoebe mientras apuntaba hacia su espalda baja.

Max resultó herido luego del breve encuentro, y como perdió su fórmula, Phoebe decidió ayudarlo a sanar inyectándolo con su propia fórmula, poniendo su vida en peligro. Poco después tuvieron que pelear con esos 4 villanos que supuestamente atacarían Hiddenville, pues Dark Slaughter cambió su plan en el último minuto, y solo envió a sus esbirros.

Tras una feroz batalla, Max y Phoebe lograron vencer a los 4 siniestros, pero no eran los únicos ahí, pues Dark Slaughter apareció para pelear contra ellos una vez más, decidido a vengar a su padre.

"Si alguien va a asesinar a los Thundergemelos, voy a ser yo." Les dijo amenazantemente mientras creaba dos esferas de plasma con ambas manos.

Jamás habían enfrentado a alguien tan poderoso como él, ni siquiera Dark Mayhem, y aunque tuvieron problemas para contener sus peligrosos ataques sin salir heridos, al final, lograron detenerlo juntos combinando sus poderes.

"Ríndete ya." Le ordenó Phoebe, autoritariamente."

Pero las coas no salieron como esperaban, pues en un abrir y cerrar de ojos los gemelos se dieron cuenta de que la persona que capturaron no era Dark Slaugther sino Camaleón, el tipo que reclutó a Max dos meses antes se las arregló para engañarlos con su poder metamórfico.

"Siempre supimos que serías fácil de engañar Max." Dijo Camaleón, mientras le sonreía burlonamente.

Fue así que el hijo de Dark Mayhem logró acercarse a ellos por la espalda, y disparó una mortal bala calibre .45 directo al pecho de Phoebe.

"¡PHOEBE!" Gritó Max horrorizado, y corrió rápidamente hacia ella.

No había otra fórmula que ella pudiera usar para sanar esa herida, y mientras empezaba a desangrarse, cayó en brazos de Max. Parecía que no había nada que pudiera hacer para salvar a su alma gemela.

Las cosas estaban a punto de cambiar para siempre... en la vida secreta de los gemelos americanos.

"Max... perdóname." Respondió ella con una débil voz.

"No por favor Phoebe, quédate conmigo... ¡Phoebe!" Le rogó él repetidamente, antes de gritar su nombre.

Y ahora... el nuevo capítulo de Cornerstone.

Capítulo 6: Réquiem para mi hermana.

Torre Delta, Zona Urbana de Hiddenville.
10:12 AM.

Había un profundo silencio dentro de la habitación. Solo podían escucharse las suaves respiraciones de un joven que dormía plácidamente sobre la cama. Era Max quien dormía ahí recostado sobre su lado derecho, tratando de abrazar a una persona que realmente no estaba ahí.

Las persianas estaban casi cerradas pero aún así, había una brillante luz que venía del exterior, indicando el inicio de un nuevo día. Eran más de las 10 de la mañana y no parecía querer despertar, algo que se había vuelo muy normal para Max en los últimos días.

Por alguna razón había dormido mucho últimamente y no sabía por qué. Era una fresca mañana así que tenía una sábana encima y mientras se movía suavemente hacia el lado izquierdo de la cama, de pronto la puerta de la habitación comenzó a abrirse, sin que se diera cuenta.

Poco después Max empezó a sentir un extraño peso moviéndose sobre la cama. No estaba seguro de si estaba despierto o si seguía soñando, pero estaba tan cansado que prefirió ignorarlo y seguir durmiendo. De pronto escuchó una suave voz que le habló directo al oído.

"Buenos días solecito..."

Justo después de que escuchó esa voz abrió los ojos y se giró inmediatamente, solo para encontrarse con el rostro más hermoso que había visto en toda su vida. Era Phoebe quien estaba ahí justo frente a él, con una bella sonrisa que parecía iluminar aún más la habitación.

"Phoebe..." Dijo Max con una expresión de felicidad en su rostro. Creyó que había visto a un ángel.

"El desayuno está listo amor. Es tu favorito." Le respondió ella con una linda sonrisa.

"¿Hot cakes?" Preguntó él mientras se tallaba los ojos.

"Y el mejor jugo de naranja que la telekinesis pueda exprimir. Vamos, levántate dormilón." Dijo Phoebe, antes de inclinarse hacia él para darle un dulce beso en los labios. Luego le sonrió otra vez y mientras se ponía de pié, le dijo: "Te espero en la cocina." Y justo después, se dio la vuelta y salió de la habitación.

Max permaneció ahí un rato más hasta que despertó completamente, aunque no le tomó mucho tiempo pues le encantaba que lo primero que viera al despertar cada mañana, fuera el rostro de su amada, Phoebe. Varios segundos después, decidió levantarse de la cama y salir del cuarto.

Ni siquiera intentó cambiarse de ropa porque por alguna razón, quería llegar a la cocina lo más pronto posible, así que salió de la habitación vistiendo una camiseta blanca y un pants de color gris.

Mientras caminaba por el pasillo que daba a la sala, notó que había una intensa luz que entraba por las ventanas, y que casi le impedía mirarlas directamente. Creyó que solo seguía un poco dormido así que no le dio mucha importancia y siguió caminando hasta la cocina.

Cuando llegó ahí vio que Phoebe estaba muy concentrada con el lavaplatos, y igual que aquella mañana del Día de Gracias, Max tuvo una idea; hacer lo mismo, y como no traía zapatos se acercó a ella sigilosamente, solo que ahora no se distrajo con el desayuno.

Al verla más de cerca notó que parecía usar sólo una de sus camisas, pues a veces le gustaba usarlas por la mañana, luego de pasar la noche juntos. Phoebe ni siquiera se había percatado de su presencia, y seguía lavando el tazón de plástico que utilizó para preparar los hot cakes. Cuando Max estuvo lo suficientemente cerca, sabía exactamente lo que debía hacer:

"¡Buenos días preciosa!" Exclamó él sorpresivamente, mientras la tomaba por la cintura, lo cual la hizo brincar en ese mismo lugar.

"¡Max! ¡Me asustaste! Te encanta verme gritar, ¿verdad?" Gritó ella dándose la vuelta rápidamente, y reclamándole su pequeña travesura con una enorme sonrisa en su rostro.

"Si bueno... entre otras cosas." Dijo él, tratando de provocarla.

"Basta... anoche sólo grité un poco más." Reconoció ella, luego de recordar lo que hicieron juntos. "Por qué no... te sientas cielo, desayunemos juntos." Dijo ella mientras apuntaba hacia la mesa, tratando de cambiar el tema de conversación.

Max caminó hasta un extremo de la mesa y se sentó en la misma silla que usaba siempre. Phoebe lo siguió pero no se sentó en frente de él, en vez de eso se sentó a su lado derecho.

"Se ven deliciosos." Aseguró Max sonriente, luego de ver los hot cakes en los platos.

"No es lo que decían Billy y Nora cuando cocinaba en casa." Respondió ella mientras tomaba el tenedor.

Antes de que naciera Chloe, Phoebe intentó aprender a cocinar para la familia. Se inscribió a unos cursos de cocina en en el Centro Comercial de Hiddenville, pero por más que lo intentó, simplemente no era lo suyo. Y aunque estuvo a punto de rendirse varias veces, nunca dejó de practicar. Con el tiempo, fue mejorando sus habilidades pero la familia prefería evitar su comida, todos excepto Max.

"Eran muy jóvenes para apreciar tus deliciosos platillos." Se apresuró a decir Max, intentando convencerla.

"Eres tan dulce." Contestó Phoebe sin dejar de sonreír. "Ah espera..." Dijo ella luego de ver que tomó el tenedor de la mesa.

Una vez que agregó la miel de maple sobre sus desayunos, ya todo estaba listo. Siempre pasaban ese momento del día juntos, es por eso que fue muy difícil para ellos no verse todos los días, igual que la vez en que Max tuvo que trabajar encubierto en el Distrito Industrial. Se extrañaban tanto que todo lo que hacían era hablar por Skype.

Pero entonces algo cruzó por la mente de Max, un súbito recuerdo que tuvo luego de ver a su gemela vertiendo el frasco sobre los hot cakes de ambos.

"¿Recuerdas cuando fuimos de vacaciones a Hawaii? ¿Cuando me arrojaste miel por toda la cara?" Le preguntó el sin poder contener su risa.

"¿Cómo olvidarlo? Tu cabello quedó muy brillante toda la semana. Además, fue el día en el que supimos que sentíamos algo el uno por el otro, aunque siempre tratamos de negarlo. Dios... como moría por besarte cuando me sacaste del volcán." Confesó Phoebe, mirándolo directamente a los ojos.

"También yo, y no sé cómo pude contenerme." Respondió él, dejando su tenedor a un lado para tomar su mano sobre la mesa. "Nunca te he dicho esto pero... tenía mucho miedo de fallar, temía que mi telekinesis no fuera lo suficientemente fuerte como para traerte de vuelta." Confesó de pronto, bajando la mirada.

"Max, yo siempre supe que podrías hacerlo. Creo en ti, y siempre lo haré."

Entonces Max subió la mirada y se encontró con los ojos café obscuro de su hermana, aquellos ojos que siempre le daban tranquilidad incluso en los momentos más difíciles. No fue necesario que dijeran nada en ese momento porque ambos ya lo sabían, y ni siquiera tuvieron que usar su telepatía.

Tras compartir una sonrisa que pareció tranquilizarlos, ambos bajaron la mirada y siguieron comiendo su desayuno tranquilamente. Todo parecía haber vuelto a la normalidad, pero unos minutos después, Max se dio cuenta de algo:

"Son casi las 11, ¿no vas a ver las noticias de HNN?" Le preguntó de pronto, haciendo que Phoebe levantara la mirada.

"Hoy no. Prefiero pasar todo el día con cierto chico guapo de cabello castaño y unos lindos ojos color chocolate." Aseguró ella, justo antes de mandarle un beso que lo hizo sonreír en seguida.

12:33 AM.

Tiempo después, los gemelos se encontraban recostados en el piso de la sala, uno al lado del otro. Ahora tendrían todo el tiempo del mundo pues gracias a la misión de Evelyn, tuvieron que renunciar a sus empleos en Centri-k Cinema hace dos meses, así que ya no tenían que salir a trabajar. Ahora estaban sobre la cómoda alfombra, sintiendo ese ligero roce de sus brazos. Parecía que siempre trataban de tener un pequeño contacto, era inevitable.

Tenían su teléfono en las manos y aunque parecían estar absortos en su propio mundo, en realidad estaban compartiendo un momento juntos, tal y como querían. Los gemelos estaban usando la misma aplicación en sus teléfonos, y de vez en cuando deslizaban el pulgar sobre la pantalla para avanzar entre el texto que estaban leyendo. A veces lo hacían al mismo tiempo.

Esta aplicación no era otra más que FanFiction, la cual acababan de instalar para leer todas esas historias que la gente escribía sobre ellos. En la mayoría de ellas los involucraban sentimentalmente y podían ser identificadas fácilmente porque había una palabra que estaba escrita en todas: 'Thundercest'.

Habían querido leerlas desde la noche en que durmieron juntos en la guarida. Esa noche Max descubrió que había todo un mundo en internet que pensaba que ellos tenían una relación prohibida a escondidas del mundo, y sin siquiera saberlo, tenían razón.

Leyeron las que les parecían más interesantes, y cuando encontraban una historia prometedora, rápidamente la abrían al mismo tiempo con sus teléfonos, solo para leerla juntos.

"¡Aw, qué lindo! Me encantó este final." Expresó Phoebe, luego de leer las últimas palabras.

"A mí también. Sólo espero que podamos vivir esto algún día." Agregó Max, dejando su teléfono en el suelo.

Phoebe lo miró a los ojos y le dio una dulce sonrisa, antes de colocar su teléfono al lado del suyo. Se veían tan felices en ese momento, que todo lo que habían pasado durante el Viernes Negro, ahora parecía ser cosa del pasado.

Entonces ambos se giraron lentamente hasta quedar frente a frente. Era como si hubiera una extraña fuerza que los mantenía atraídos todo el tiempo, incluso cuando estaban dormidos y perdían contacto inconscientemente, ellos siempre trataban de abrazarse una y otra vez. Luego de tomar su mano, Phoebe dio un profundo suspiro antes de hablarle:

"Me encanta pasar tiempo contigo pero... creo que deberíamos estar preparados por si recibimos una llamada de la Liga de Héroes. Podría haber una emergencia en cualquier momento." Dijo ella cuidadosamente, tratando de no arruinar el momento hablando de sus responsabilidades.

"Tal vez deberíamos tomarnos un tiempo para nosotros. Si pasa algo, estoy seguro de que la policía de Hiddenville se encargará." Sugirió Max, luego de escuchar lo que dijo.

"Entonces... ¿no quieres salir a patrullar la ciudad?" Preguntó ella, con confusión en su rostro.

"No es eso, es solo que..." Trató de decir él, mientras huía de su mirada.

"Max... estaré bien. No es como si fueran a asesinarme un par de ladrones callejeros." Comentó Phoebe, en tono burlón.

Fue entonces que Max la miró directo a los ojos, sin poder creer lo que acababa de escuchar. Había un dejo de tristeza en su mirada, pues no podía olvidar lo que pasó en Volt-N-Save, y el hecho de que Phoebe bromeara con algo así, empezaba a preocuparlo.

"Amor, no es gracioso." Dijo Max, mientras soltaba su mano lentamente.

"Lo siento..." Se disculpó Phoebe luego de darse cuenta de lo que acababa de decir.

"No... está bien es solo que... casi te pierdo allá, y no me perdonaría si algo malo te pasara." Le aseguró él, con la expresión más seria que Phoebe jamás había visto.

"Lo entiendo. Mira... qué tal si activamos la aplicación de la Fuerza Z y si no recibimos ninguna alerta en todo el día, nos quedamos aquí." Sugirió ella, mientras entrelazaba su mano con la suya otra vez.

"De acuerdo." Aceptó él, luego de tomarse un momento para pensarlo.

Le dio una suave sonrisa y levantó la cabeza para ver hacia las ventanas otra vez, pero al igual que la última vez, se vio obligado a entrecerrar los ojos debido a la brillante luz que entraba del exterior. Ésto llamó la atención de Phoebe:

"¿Qué pasa amor?" Preguntó ella con curiosidad.

"Nada, es esa luz de las ventanas. Desperté hace unas horas y está igual de brillante que antes. Es extraño." Aseguró Max mientras se tallaba los ojos con ambas manos.

"Descuida, yo lo arreglo." Se apresuró a decir en su intento por ayudarlo.

Entonces Phoebe cerró los ojos y luego de dar un profundo suspiro, levantó el brazo izquierdo en el aire y empezó a cerrar todas las persianas del departamento usando su telekinesis. Sólo le tomó unos cuantos segundos para cerrar todas, y justo después, encendió varias las lámparas de la sala, dejando solo una tenue luz cubriendo la habitación.

"¿Mejor?" Le preguntó ella con una sonrisa en su rostro.

"Mucho mejor." Respondió Max, devolviéndole la sonrisa.

"Lo que sea por consentir a mi novio." Dijo ella mientras tomaba su mano para entrelazar sus dedos otra vez. "Y... ¿qué tal si ahora vemos algunas películas?" Sugirió ella repentinamente.

"Claro, ¿cuál quieres ver?" Preguntó Max curiosamente.

"Bueno, yo elegí la última historia que leímos así que... es tu turno de elegir." Dijo Phoebe mientras que él empezaba a frotar su mano con los dedos.

Max comenzó a pensar en varios de los títulos que aún no habían visto por falta de tiempo, y éste era el momento perfecto para disfrutar todas, juntos. De pronto recordó que compró una película de la última vez que estuvo en Metroburgo. Creyó que le gustaría a Phoebe.

"Creo que tengo una que puede interesarte, no leí la sinopsis pero creo que es sobre viajes en el tiempo o algo así." Concluyó él, levantándose del piso.

02:19 PM

Más tarde, los gemelos habían terminado de ver la película. La televisión seguía encendida pero no había nada ahí, excepto el logo de Blu-ray moviéndose a través de la pantalla una y otra vez.

Había un par de platos y vasos vacíos justo en el centro de la mesa de cristal junto con varias rebanadas de pizza de pepperoni, pues durante la película a ambos les dio tanta hambre que Max decidió pausarla para ir a la cocina y hornear una para ambos, la cual preparó en tan solo unos cuantos minutos con su aliento de calor.

Ahora estaban recostados en el sofá de la sala, abrazados cariñosamente como tantas otras veces. Phoebe ya no traía puesta su camisa sino que había vuelto a la habitación para vestirse con ese atuendo que le encantaba usar cuando no estaban protegiendo la ciudad; una blusa de tirantes blanca y un short de de color gris.

Su largo y ondulado cabello estaba suelto sobre su hombro izquierdo, y mientras sostenía la mano de Max firmemente, él jugueteaba con ese brillante cabello que tenía un dulce aroma a manzana que le encantaba percibir. Phoebe tenía los ojos cerrados pero no estaba dormida, disfrutaba relajándose en su cálido regazo.

"Creo que debo empezar a leer la sinopsis de las películas a partir de ahora." Dijo Max repentinamente, haciendo que Phoebe abriera los ojos luego de escucharlo.

"¿Qué? ¿No te gustó 'Te amaré por siempre'? A mí me encantó la historia de Henry y Clare." Dijo Phoebe luego de girar la cabeza para mirarlo a los ojos.

"Si me gustó, es solo que... no sabía que era una película para chicas." Trató de explicar Max.

"Sólo lo dices porque no hubo ninguna escena de Megan Fox o Margot Robbie medio desnudas." Aseguró ella, con un dejo de celos.

"Oye, solo hay una persona que me interesa ver medio desnuda, y está aquí en mis brazos." Se apresuró a decir él, justo antes de darle un beso detrás del oído, lo cual le erizó la piel inmediatamente.

"Supongo que no todos pueden decirle eso a su hermana." Expresó Phoebe mientras le sonreía a su amado.

Hermano, hermana, gemelos... eran varias de las palabras que les daba miedo pronunciar cuando estaban solos, y el hecho de que sus amigos o familiares los llamaran gemelos, era suficiente como para hacerlos sentir mal.

Pero las cosas cambian, y los días en que se presentaban como hermanos ante desconocidos habían quedado en el pasado. En frente de cualquiera que no fuera un miembro de la familia solo eran una joven pareja, y ahora era completamente normal que bromearan con esas palabras en su día a día.

"Lo sé. Me siento tan afortunado por tenerte a mi lado Pheebs. Te amo tanto." Dijo Max mientras la acercaba más hacia él.

"También te amo, cielo." Respondió ella justo antes de posar su cabeza sobre su pecho, profundizando su abrazo.

Permanecieron abrazados así por varios minutos, solo para sentir ese contacto entre ellos. Había un profundo silencio en el lugar y todo lo que escuchaban eran sus propias respiraciones, además de sus tranquilos latidos.

De pronto Max abrió los ojos lentamente y al bajar la mirada, se encontró con algo que lo devolvió a un pasado que trataba de olvidar; era la cicatriz en el pecho de Phoebe, muy cerca del corazón. Fue la única marca que dejó esa fría bala durante la batalla del Viernes Negro. La bala que casi le arrebata al amor de su vida.

"¿Aún te duele?" Le preguntó seriamente, mientras frotaba su pulgar sobre su hombro.

"Solo un poco." Respondió ella luego de dar un profundo suspiro.

"No puedo creer que casi te pierdo allá por culpa de ese bastardo. Creo que... no podría continuar si tú no hubieras sobrevivido." Confesó Max mientras deslizaba el brazo hasta su cintura para abrazarla otra vez.

"Max ni siquiera digas eso, estoy segura de que hubieras podido seguir con tu vida sin mí. Eres muy fuerte, nunca olvides eso." Afirmó Phoebe, luego de colocar su mano sobre la suya.

El no dijo una sola palabra, solo bajó la mirada y guardó silencio por varios segundos. Había miles de cosas pasando por su mente en ese momento pero no quería que ella lo notara, fue por eso que intentó cambiar de tema:

"¿Por qué no mejor vemos otra película? Te toca a ti elegir la siguiente." Dijo Max, intentando fingir su sonrisa.

"Okay, como ya que vimos una romántica, elegiré una de acción sólo para nivelar las cosas." Respondió Phoebe mientras se levantaba de su regazo para después caminar hacia las repisas y elegir la película.

Luego de tomar la caja que buscaba, se dio la vuelta para mostrarle a Max la que había elegido.

"'Poder sin límites'. Excelente elección." Admitió Max antes de tomar otra rebanada de pizza.

Ella sonrió nuevamente.

04:03 PM

Más tarde, la televisión ya solo mostraba los créditos de la película en medio de una inquietante música de fondo. Los gemelos estaban sentados justo en medio del sofá, mirando la pantalla sin prestarle mucha atención. Phoebe se había acurrucado cariñosamente entre sus brazos mientras descansaba la cabeza en su pecho, y Max trataba de abrazarla incluso más que antes. Era como si no quisiera dejarla ir de su lado.

Ya no quedaban más rebanadas de pizza en los platos, y los smartphones que dejaron sobre la mesa de cristal no habían sonado en horas.

"Es increíble lo que hicieron con esta película. Simplemente llevaron la telekinesis a otro nivel completamente nuevo." Dijo Max sin dejar de ver la televisión.

"Lo sé. Cada vez que la vemos siento que aún tenemos mucho por aprender." Respondió Phoebe mientras escuchaba esos rítmicos latidos que provenían de su pecho.

"Yo igual, quiero decir... ya tenemos un buen control sobre nuestros poderes pero... ¿Crees que algún día podamos tener esa clase de control sobre nuestra telekinesis? ¿Poder volar a voluntad?" Preguntó él con seriedad en su voz.

"De hecho, sí. Estoy segura de que algún día podrás hacerlo." Le aseguró ella después de girarse un poco para poder verlo mejor.

"Querrás decir podremos, ¿no?" Intentó corregirla luego de oír su respuesta.

"Tienes razón, nosotros." Contestó ella con una leve sonrisa.

Ese era el mejor día que habían tenido en meses y aún no terminaba. Por una vez podían recostarse a ver películas juntos sin tener que preocuparse por la ciudad. No es que no les gustara hacerlo, solo que a veces preferían portarse como una pareja normal.

Ambos estaban listos para vestirse y salir a salvar personas, pero por alguna razón no habían recibido ninguna alerta de la app de Fuerza Z, ni tampoco habían recibido una sola llamada de la Súper Presidenta. Con el tiempo se convencieron de que las cosas se complicarían por la noche, así que trataron de disfrutar todo el tiempo que tuvieran.

"Entonces... es mi turno de elegir ¿verdad?" Preguntó él de pronto, haciendo que Phoebe se moviera de su regazo para dejarlo ir a tomar la siguiente película que verían.

"Eso creo. ¿Y cuál tienes en mente?" Inquirió Phoebe curiosamente.

"Te lo diré en cuanto vuelva de la cocina, tengo un fuerte antojo por palomitas de maíz." Contestó él mientras se levantaba del sofá.

Phoebe se quedó en el sofá mientras Max se dirigía hacia la cocina. Miró hacia atrás en más de una ocasión sólo para verlo regresar. No podía evitarlo, empezaba a extrañarlo luego de estar lejos sólo un par de minutos. No pasó mucho tiempo para que empezara a oír ese clásico estallido que hacían los granos de maíz dentro de la olla.

Varios minutos después, Max estaba de vuelta en la sala con un tazón lleno con palomitas en las manos, y lo colocó sobre la mesa. Entonces se dirigió a las repisas para tomar la película que tenía mente.

"Bueno... las palomitas están listas. ¿Cuál va a ser?" Preguntó ella luego de ver que había tomado una de las cajas.

"Sí, sobre eso... no es solo una, adivina qué... ¡Es tu trilogía favorita! 'El Conjuro'." Dijo Max muy efusivamente, mostrándole la caja entre sus manos.

"Oh por Dios..." Exclamó ella muy angustiada, sin poder creer lo que veía.

Los ojos de Phoebe se abrieron inmediatamente en cuanto vio la caja de colección que contenía todos los 3 Blu-ray de esa famosa trilogía, la misma que le había causado pesadillas por varias noches luego de ir a cada una de las premieres.

Ver películas de terror era algo que le encantaba hacer a Max, pero no a Phoebe, pues aunque fingía que no la asustaban los fantasmas o demonios, en realidad se moría de miedo con cada una de esas películas, y durante las funciones jamás soltaba su brazo ni por un segundo. Era una de las razones por las que Max siempre la llevaba a ver ese tipo de películas.

Luego de colocar el primer disco dentro del reproductor, Max caminó hacia el sofá y se sentó junto a su gemela. Ella tomó el tazón de la mesa y se abrazó a él nuevamente.

"Tratas de asustarme para que te abrace por horas, ¿verdad?" Preguntó Phoebe repentinamente.

"Sí, aunque ibas a hacerlo de todas formas." Estableció él mientras tomaba el control del sofá para oprimir el botón de 'play' y empezar la película.

Pronto los créditos del inicio estaban ya mostrándose en la pantalla.

"Es cierto. Pero ahora me tendrás abrazándote como por... 6 horas. Espero no aburrirte." Respondió Phoebe, justo antes de tomar varias palomitas del tazón.

"Eso sería imposible, además, todo fue parte de mi plan maestro." Le aseguró Max en tono burlón, haciéndola sonreír por su improvisado comentario.

10:23 PM

Tras varias horas frente a la televisión, los gemelos al fin habían terminado de ver la trilogía que tantas veces había asustado a Phoebe. El tazón de palomitas estaba vacío sobre uno de los extremos del sofá, y la pantalla que había estado encendida por más de 6 horas ahora estaba apagada, así como las luces de la sala.

Max y Phoebe se encontraban ahora en la cocina sentados a la mesa, en el mismo lugar en el que habían desayunado varias horas atrás. Phoebe había servido dos raciones de sushi para ambos. No fue muy complicado para ella preparar la cena, no después de que Keely le enseñara a consentir a su novio durante sus entrenamientos, sin saber realmente quién era este novio del que hablaba.

Sus teléfonos no habían sonado ni una sola vez en toda la tarde, y tampoco recibieron ninguna llamada de la Liga de Héroes. Sin embargo, los gemelos mantuvieron cerca sus celulares solo en caso de que alguien les llamara, pero hasta que eso sucediera podían permitirse tener una cena tranquila.

"¡Diablos me muero de hambre!" Exclamó Max, tomando los palillos de la mesa.

"Lo sé, yo igual. No habíamos comido en horas." Respondió Phoebe mientras servía dos vasos de limonada.

"Sí, el tiempo vuela cuando te diviertes. Por cierto... se ven deliciosos." Comentó él, llevándose una mirada de halago de su parte.

"Bueno... a comer." Agregó ella antes de tomar el primer rollo con los palillos.

Durante la cena todo parecía tan tranquilo. Con frecuencia podían escuchar varios ruidos de la ciudad, como el claxon de los autos en medio del tráfico, la sirena de alguna ambulancia de camino a una emergencia, o simplemente un helicóptero sobrevolando cerca de ahí, pero esta noche las cosas estaban demasiado tranquilas.

Luego de pasar la mayor parte del día con la persona que más amaba, Max se había olvidado completamente de esa brillante luz que vio por la mañana. Inclusive había olvidado abrir las persianas nuevamente, pues a veces solían ver la iluminada ciudad desde esas enormes ventanas. Después de todo, la vista era impresionante.

Poco después, los palillos yacían sobre los platos vacíos. Habían tenido una de las cenas más agradables que podían recordar, porque por alguna razón, esta noche significaba más para los dos que cualquier otra. Era una noche especial.

"Estaba ansioso por probar tu nuevo platillo. Me encantó." Expresó Max sin dejar de mirar esos ojos café obscuro que tanto le encantaban.

"¡Me alegra que te haya gustado!" Exclamó Phoebe, muy emocionada.

"No puedo esperar para ver qué otras sorpresas me tienes preparadas." Confesó él mientras se levantaba de la silla inmediatamente.

"Claro... Consiento a mi novio, no lo enfermé con mi comida... ¡Todo le sale bien a Phoebe!" Respondió ella con una graciosa voz.

Poco después, tomó su celular de la mesa y deslizó su índice sobre la pantalla para desbloquearlo, sólo para confirmar lo que ya sabía; no había ninguna alerta.

"Oye... creo que tenías razón, parece que no habrá llamadas de la Liga de Héroes o de la Fuerza Z así que... ¿Qué dices si vemos una última película antes de ir a dormir?" Sugirió ella, tratando de aprovechar las horas que quedaban del día.

"Seguro. La que tú quieras, solo dila." Aceptó Max mientras tomaba su teléfono.

Ella ni siquiera tuvo que pensarlo, ya sabía exactamente cuál sería la última película que verían por esa noche, así que luego de juntar todas las cosas que usaron para la cena, volteó a verlo con una sonrisa llena de emoción:

"Creo que te encantará la que tengo en mente." Le aseguró ella con un brillo en los ojos.

"¿En serio? ¿Y cuál es?" Inquirió él, cruzándose de brazos mientras esperaba su respuesta.

Entonces Phoebe dirigió su brazo hacia las repisas de la sala, y con solo mover un poco sus dedos hizo volar telekinéticamente uno de los Blu-ray hasta su mano, luego le entregó la caja.

"Hansel y Gretel..." Dijo Max con su clásica sonrisa.

"Cazadores de brujas." Agregó ella para terminar su oración. "Solo voy a lavar estas cosas y estaré ahí en un minuto." Concluyó ella mientras tomaba todo de la mesa para caminar hasta el lavaplatos.

"Yo te ayudo. Así acabarás más rápido." Aseguró él, y la siguió justo después.

10:55 PM

Apenas unos minutos después, los platos y vasos que usaron estaban limpios en la isla. Max siempre evitaba esa clase de tareas incluso cuando vivían en la casa de sus padres, pero extrañamente, esta vez decidió ayudarla. Ahora los gemelos estaban en la sala, abrazados en uno de los extremos del sofá.

"Nos quedamos los dos solos. Pero aprendimos un par de cosas estando atrapados en esa casa. Una: Jamás entres a una casa hecha de dulce. Y dos: Si vas a matar a una bruja, incendia a la desgraciada." Dijo Max, imitando uno de los diálogos que Hansel tenía al inicio.

"Debieron hacer una secuela para esta película. Recuerdo que la esperamos por años y jamás la lanzaron." Se quejó Phoebe cuando empezaron los créditos iniciales.

"Lo sé, pero al menos tenemos la versión extendida." Concordó Max, intentando ver el lado bueno.

"Tienes razón. No puedo esperar para ver mi escena favorita otra vez." Agregó ella con una emocionada voz.

Era la décima vez que veían esa película y seguían disfrutándola como la primera vez. Aquel día, se suponía que los gemelos se encontrarían con sus amigos en el Super Centro Comercial de Metroburgo, sin embargo les cancelaron a último minuto, así que cuando se encontraron en medio del lugar por pura casualidad, decidieron ir juntos a ver esa película.

Al salir de ahí, trataron de fingir que no habían pasado un buen rato sentados al lado del otro por más de una hora y media, pero en realidad fue uno de los momentos que más habían disfrutado juntos. En ese entonces eran muy orgullosos para admitirlo. Era más fácil fingir que no se soportaban el uno al otro.

Todavía eran muy jóvenes para prestarle atención a esos sentimientos, pero ninguno de ellos podía negar aquella burla del cosmos, pues el universo parecía haber conspirado para hacer que ambos encontraran a su otra mitad en ese enorme lugar, sin siquiera saber que estarían ahí. Era como si se atrajeran inconscientemente.

Y ahora ahí estaban, compartiendo un momento juntos mientras veían la película que tantos recuerdos les traía.

12:23 AM

"Hansel... de veras te odio." Dijo Phoebe, repitiendo el diálogo de Gretel palabra por palabra.

"Y tú... te ves asquerosa. ¿Lo sabías?" Respondió Max, haciendo lo propio con el de Hansel.

"Tú también." Aseguró ella, haciendo sonreír a Max por su comentario. "No tengo idea de por qué eliminaron esta escena. ¡Es mi favorita!" Agregó Phoebe justo después.

Pasaba de media noche y solo le faltaban unos minutos para que acabara la película. Max seguía recostado sobre el sofá con Phoebe envuelta en sus brazos, con su cabeza descansando sobre su pecho pacíficamente mientras lo abrazaba. Él podía percibir ese dulce aroma de su cabello perfectamente, con solo mover su cabeza un poco.

Era la primera vez en meses que podían pasar un día entero juntos, incluso desde que fueron asignados para proteger Hiddenville. Y aunque Max disfrutaba salir a los patrullajes nocturnos con ella, muy en el fondo estaba feliz por no haber recibido ninguna llamada de emergencia.

Disfrutaba tanto su compañía, hasta el punto de perder interés en todo lo demás. Fue así que en un abrir y cerrar de ojos pasaron las últimas escenas junto con los créditos finales, y la película al fin había terminado. Poco después, Max puso el disco de Blu-ray de vuelta en la caja.

Se hacía tarde. Normalmente se quedaban despiertos hasta altas horas de la noche, pero no esta vez, pues Phoebe tenía otros planes.

"Cariño... tal vez deberíamos ir dormir." Dijo ella repentinamente.

"¿Estás segura?" Cuestionó Max luego de poner el control remoto sobre la mesa.

"Sí, es que estoy un poco cansada." Respondió Phoebe con una leve sonrisa.

No fue necesario preguntar dos veces, porque justo en ese momento Max se apresuró a cargar a su novia entre sus brazos para después dirigirse hacia la habitación, aquella que tantas veces había sido testigo del amor que sentían el uno por el otro. Los días en que se sonrojaban al vestirse con sus súper trajes en la misma habitación, estaban ya en el pasado.

Y mientras salían de la sala, Phoebe cerró los ojos y cada una de las luces comenzaron a apagarse mientras caminaban por ahí. Pronto el departamento quedó completamente a obscuras, excepto por la luz que ahora los conducía hasta su nido de amor.

Una vez que entraron ahí, Max la colocó en su lado de la cama muy cuidadosamente, como si tratara de no lastimarla. Caminó alrededor de la cama mientras se quitaba la camiseta para arrojarla al suelo, al lado de la ropa que usó Phoebe la noche anterior. Sus ojos lo siguieron hasta dejó su teléfono sobre la mesita de al lado. Luego se subió a la cama con ella.

Cuando por fin estaba a su lado, deslizó el brazo alrededor de su cintura, lo cual hizo que Phoebe se girara hacia su derecha acurrucarse junto a él. A ella le encantaba sentir su brazo envolviéndola cariñosamente, es por eso que solían dormir así todas las noches. Entonces buscó su mano para entrelazar sus dedos, y cuando logró lo que quería dejó salir una hermosa sonrisa que él no pudo ver.

Phoebe cerró los ojos para usar su telekinesis otra vez y apagar la luz afuera de la habitación. Pero la obscuridad no duró por mucho tiempo, porque inmediatamente encendió una pequeña lámpara que tenía en la mesita a su lado.

"¿Por qué encendiste esa luz Pheebs? Ya no la necesito, estás aquí conmigo." Le susurró Max al oído.

"Lo sé es solo que... está un poco obscuro aquí." Respondió ella con una suave voz.

"Y Phoebe Thunderman le teme a la obscuridad desde... ¿Cuándo?" Preguntó él, tratando de molestarla.

"No le temo a la obscuridad, solo quiero iluminar la habitación un momento." Explicó ella mientras apretaba su mano.

"Okay, yo la apagaré por ti más tarde." Le prometió él justo antes de besarla detrás de su cuello.

"Gracias amor." Dijo ella después de sentir su piel erizándose con ese inesperado beso.

Fue entonces que ambos cerraron los ojos lentamente mientras se acurrucaban más. Pronto había un profundo silencio que cubría la habitación, y sus respiraciones eran lo único que podía escucharse, casi al mismo tiempo. Luego de varios minutos, Max sintió la imperiosa necesidad de expresar sus sentimientos una vez más:

"Quisiera quedarme así para siempre." Pensó él mientras jugaba con su largo y ondulado cabello.

"También yo." Respondió ella dentro de su mente, acercándose más a él.

En ese momento no existía nada que pudiera romper esa conexión especial que habían formado durante todo el tiempo que llevaban viviendo juntos. Era algo que nadie más podía entender, ni siquiera su familia. Pudieron haberse quedado así para siempre tal y como quería Max, pero de pronto algo sucedió:

"Max..." Lo llamó Phoebe pocos segundos después.

"¿Sí?" Inquirió él luego de oír la voz de su gemela.

Temía escuchar lo que había rondaba por su cabeza. Era algo que no quería escuchar, al menos no aún, pero sabía perfectamente lo que significaba ese extraño sentimiento que estaba teniendo.

"Ya es hora." Dijo ella con una seria voz.

En ese preciso momento, el corazón de Max comenzó a latir más rápido que antes. Era como si su mundo se derrumbara a su alrededor. Y mientras trataba de abrazar a Phoebe tan fuerte como podía, apenas halló las palabras que estaba buscando, pero no quería pronunciarlas:

"Lo sé." Dijo él luego de cerrar los ojos con resignación, dando profundo suspiro.

La sonrisa en el rostro de Max había desaparecido. De pronto comenzó a sentir una fuerte presión en el pecho. Él ya sabía lo que estaba por suceder. Sus brazos aún seguían alrededor de Phoebe, podía sentir su cálido cuerpo contra él, así como su ligera respiración. Todo parecía ser como solía ser, tal y como era antes... pero las cosas no eran lo que parecían.

"¿Y si te quedas aquí... para siempre?" Max intentó convencerla, mientras ponía un mechón de cabello detrás de su oído.

"Max... Es que no puedo. Tengo que irme." Comenzó a explicar pero no logró encontrar la forma correcta de decirle. Entonces se giró hacia él para estar cara a cara. Fue ahí que vio la desesperación en sus ojos.

"Por favor. Quédate conmigo." Le suplicó súbitamente una vez más, tomando su mano.

"Amor, teníamos un trato. ¿Un día más?" Pheobe trató de recordarle el acuerdo que tenían.

Fue suficiente para que Max bajara la mirada y rozara ligeramente su frente con la suya. No fue necesario que leyera su mente para saber lo que estaba pensando, pues sus ojos ya se lo habían dicho; él no quería aceptar la verdad.

"No te preocupes, todo estará bien." Ella intentó tranquilizarlo, pues casi podía escuchar los fuertes latidos de su corazón.

"¿Pero qué hay de nuestra promesa? ¿Qué hay de nuestra vida juntos?" Se quejó él de pronto, con lágrimas en los ojos.

"Lamento no poder compartir mi vida contigo, pero debes continuar. Tienes que convertirte en el más grande héroe que el mundo ha conocido. Estoy segura de que estás destinado a hacer grandes cosas, Max." Le aseguró ella, animándolo a continuar con su vida mientras acariciaba su mejilla.

"No puedo... no puedo hacerlo sin ti. Te necesito." Trató de decir él a punto de sollozar.

"Claro que puedes. Creo en ti, y siempre lo haré." Afirmó Phoebe, tratando de animarlo durante este difícil momento en su vida.

Ahora había lágrimas corriendo por sus mejillas. Aún seguía en negación, sabiendo perfectamente que ya no podría ver al amor de su vida otra vez. Jamás podría sostener su mano, darle un abrazo o inclusive compartir un beso con ella. Todo lo que pudo hacer en ese momento, fue dar un profundo suspiro que casi lo dejó sin palabras.

"Phoebe..." Dijo su nombre sollozando, dándose cuenta al fin de su destino.

"Max, siempre estaré contigo... siempre." Le aseguró ella mientras sostenía su mano entre las suyas.

"Te amo Phoebe." Dijo él, sin poder dejar de mirarla.

"Yo también te amo." Respondió ella justo antes de darle una dulce sonrisa.

Entonces Max la observó profundamente a los ojos por última vez. Tenían ese brillo especial que casi le permitía ver su propio reflejo. De pronto una lágrima comenzó a recorrer por una de las mejillas de Phoebe, hasta que Max la detuvo acariciando su rostro, muy delicadamente.

Bajó un poco la mirada, solo para ver esos labios perfectos que rápidamente trajeron a su mente varios recuerdos. Él sabía perfectamente que esta era la última vez en que podría besarla, así que sin pensarlo dos veces, se acercó a ella y unieron sus labios en un apasionado beso que parecía no tener fin.

Poco después sus labios se movían simultáneamente, como si trataran de hacer que durara para siempre. Ahora sus manos comenzaban a acariciar sus rostros, en un intento por sentir ese contacto especial una última vez, era ahora o nunca. Nada más importaba porque después de esa noche, las cosas nunca serían iguales.

"Siempre estaré contigo." Dijo Phoebe una vez que pudo recuperar el aliento tras ese inolvidable beso.

Poco después, se abrazaron igual que antes. No pasó mucho tiempo para que Max se quedara dormido, con Phoebe entre sus brazos. La última cosa que recordó sentir fue el latido de su corazón.

Esa fue su última despedida.

Torre Delta, Zona Urbana de Hiddenville.
Lunes 28 de Noviembre del 2022.
10:12 AM.

Había un profundo silencio dentro de la habitación. Solo podían escucharse las suaves respiraciones de un joven que dormía plácidamente sobre la cama. Era Max quien dormía ahí recostado sobre su lado derecho, esperando abrazar a una persona que no estaba ahí.

Eran más de las 10 de la mañana y no parecía querer despertar, algo que se había vuelo muy normal para Max en los últimos días, luego de lo que ocurrido el Viernes Negro. Últimamente prefería estar dormido que despierto, esperando con ansias irse a dormir para tratar de soñar con ella.

Su mano yacía sobre el lugar en ese lugar en el que Phoebe acostumbraba dormir. Con frecuencia ella se despertaba antes que él para preparar el desayuno, pero aún así, su lado de la cama siempre estaba luego de despertar. Era como si aún estuviera ahí recostada. Pero ahora su lado de la cama estaba muy frío, al igual que la mano de Max.

Fue entonces que comenzó a despertar, tallándose los ojos lentamente, y mientras lo hacía, de pronto recordó lo que pasó la noche anterior, así que rápidamente volteó hacia su derecha, solo para encontrarse con un espacio vacío. Pronto dos lágrimas corrieron por sus mejillas, mientras veía con tristeza la almohada de Phoebe.

De pronto un sonido muy familiar se escuchó por toda la habitación. Era el teléfono de Max, el cual aún seguía sobre la mesa del lado, justo donde lo dejó la noche anterior.

Quiso ignorarlo pero muy en el fondo sabía que podía ser algo importante, y tras varios segundos finalmente decidió contestar la llamada, así que estiró su brazo hacia la mesa para tomar el celular, oprimió el botón verde para aceptar la llamada, sin siquiera molestarse en ver quién era.

"¿Si...?" Dijo él mientras se quitaba las lágrimas de los ojos. "¿Qué pasa Chloe?" Preguntó él después de escuchar la voz de su hermanita. "Sí, dile a papá y a mamá que ahí estaré" Respondió una vez que escuchó la respuesta de la pequeña. Poco después dio un profundo suspiro y dijo: "Estoy bien, pero gracias... Nos vemos." Concluyó entonces la llamada.

Max soltó el teléfono sobre la cama y recogió la camiseta que había dejado en el piso. Luego de ponérsela se dispuso a salir de la habitación, no sin antes echar un último vistazo a la cama, como si esperara ver a alguien ahí, durmiendo tranquilamente. Cuando se dio cuenta de lo que hacía, dio media vuelta y salió de ahí.

Las persianas estaban cerradas desde el día anterior, solo que esta vez ya no parecían cubrir esa brillante luz que lo hacía cerrar los ojos. La sala estaba tal y como estaba la noche anterior. Había un tazón con restos de palomitas, dos vasos con un poco de soda, un plato grande con restos de queso y pepperoni, y varias cajas de Blu-ray apiladas una sobre otra.

Cuando salió de ahí, se dirigió a la cocina para servirse un poco de agua, y mientras caminaba por ahí vio los platos limpios que se usaron la noche anterior, así como un plato con varios rollos de sushi. Max dio dio trago al agua y puso el vaso sobre la mesa, medio vacío. Tenía los ojos enrojecidos y no parecía estar de humor para nada, ni siquiera planeaba despertar tan temprano ese día.

Pero la llamada de Chloe no fue más que un triste recordatorio; aún debía preparase para el día más difícil de su vida.

2:12 PM.

Varias horas después, Max estaba frente al espejo anudándose una corbata negra que no había usado en años. Incluso después de darse una ducha su aspecto lucía peor que antes. Y no porque no hubiera dormido bien últimamente, sino porque difícilmente podía dejar de llorar la pérdida de su amada.

Para él era más sencillo dormir por grandes periodos de tiempo, era la única forma en la que podía verla. Tenía la mirada completamente perdida, era como si estuviera en piloto automático preparándose para la parte más difícil de este día. Una vez que terminó con su corbata, salió de la habitación.

Durante los próximos 40 minutos tendría que conducir hasta Metroburgo para verse con su familia ahí. Chloe se ofreció a recogerlo con sus poderes pero Max se negó. Prefirió ir por su cuenta porque temía que los demás se dieran cuenta de lo mal que se encontraba.

Cuando pasó por la sala, tomó el saco de su traje negro y se lo puso lentamente. Luego se acercó a la pared en la que solían colgar ambas llaves; la del Thundercar y la del Pontiac. Estuvo tentado a tomar las llaves del Thundercar pero al final, se decidió por conducir el viejo auto que usó durante su misión encubierto, aunque le trajera malos recuerdos. Jamás volvería a conducir el Mustang azul otra vez, no sin ella.

Con las llaves en su mano, salió del departamento y se dirigió a los elevadores, aunque no sin antes deslizar su pulgar sobre la pantalla de su smartwatch para asegurar la puerta. Cuando llegó el elevador, dio un profundo suspiro y entró ahí.

4:05 PM.

No pudo dejar de pensar en Phoebe durante todo el viaje. Cada vez que trataba de concentrarse en el camino seguía recordando todos los momentos que habían vivido juntos, y sus ojos se humedecían una y otra vez. Con frecuencia volteaba hacia el asiento de al lado, aún sabiendo que no encontraría nadie ahí.

Max se reunió con su familia tan pronto llegó al servicio funerario. Amigos y familiares que no habían visto en años estaban ahí también.

El féretro estaba abierto durante el funeral, así que cada persona en la iglesia tenían la oportunidad ir a ver a Phoebe por última vez. Había una fotografía de ella justo en medio del altar, con esa hermosa sonrisa que siempre iluminaba cada lugar al que iba. Todos estaban muy tristes la primera hora, en especial cuando la familia Thunderman caminó hasta su ataúd uno por uno. Max fue el primero.

Después de la ceremonia, todos estaban reunidos en el Cementerio de Metroburgo. Era un día frío y con obscuras nubes surcando el cielo. El frío viento obligó a que algunos usaran largos abrigos. Era un día difícil.

Barb estaba desconsolada cuando cuando el padre comenzó con las últimas oraciones. Hank trató de consolarla abrazándola, pero él también compartía su dolor. Tíos, tías, primos, amigos, todos sentían la muerte de Phoebe.

La Súper Presidenta y el Escuadrón B estaban detrás de la familia debido a los honores que la Liga de Héroes solía otorgar a los héroes caídos, incluso el Dr. Colosso estaba junto a ellos, mostrando su respeto. La tía Mandy y el primo Blobbin estaban cerca de Billy y Nora tratando de consolarlos, y Chloe sostenía la mano de Max mientras lloraba en silencio.

"Él restaura mi alma. Me guía por senderos de justicia por amor de su nombre. Aunque pase por el valle de sombras de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. Phoebe Mónica Rachel Thunderman... descanse en paz." Recitó el sacerdote frente al ataúd de Phoebe.

Max derramó una lágrima en cuanto escuchó la última parte. Estaba destrozado por dentro pero aún así, trataba de no llorar frente a la gente. A diferencia de varios miembros de su familia, él no traía lentes obscuros que ocultaran el dolor de su rostro, y creyó que a Phoebe no le gustaría verlo así.

Entre la multitud, había una chica rubia que seguía llorando sin parar. Era su mejor amiga Cherry, la primera persona que conoció cuando se mudaron a Hiddenville estaba ahora llorando incontrolablemente sobre el hombro de Oyster, justo cuando comenzaron a preparar el féretro.

Había una bandera de la Liga de Héroes sobre el ataúd de Phoebe, y luego de darle sus respectivos honores, fue entregada en manos de Hank Thunderman por la Súper Presidenta. Era una de las formas más honorables de mostrar su gratitud hacia la familia de una dedicada heroína como ella, incluso si era un miembro muy joven de la Liga.

Y mientras el féretro era colocado dentro de la sepultura, podían escucharse varios llantos sollozos en el lugar. El corazón de Max latía más rápido que antes. Apenas y podía contener sus lágrimas al ver esto. Esta situación podía ser difícil de resistir para algunos, es por eso que varias personas comenzaron a retirarse. Pronto, los únicos que quedaban eran los familiares y amigos más cercanos.

Cuando el mecanismo había dejado de bajar el ataúd de su hermana, Max se acercó hasta ahí y se arrodilló frente a la tumba. Tomó un puñado de tierra y lo siguiente que hizo, fue esparcirlo dentro de la tumba, muy cuidadosamente.

"Adiós Phoebe." Susurró él, con el corazón roto.

Continuará...