De acuerdo a las estadísticas, ésta historia ha superado los 100 views (¡yay!), siéntanse en libertad de dejar sus comentarios y cómo creen que evolucionará la historia, pues todo ello me ayuda en el proceso creativo y conocer sus opiniones; espero que estén disfrutando el leer tanto como yo el escribir.

Sólo me resta decir que Frozen, Tarzan y sus personajes, pertenecen a sus respectivos autores.

Parte 6.

-No sé qué está haciendo aquí- musitó Jane con enojo- No puede aparecer así como así y hacer como que no pasó nada, ¡ha pasado demasiado! Cambié, ¿o no? No soy la misma persona que cuando nos conocimos o cuando decidimos irnos de Arendelle; juré que la había olvidado-se volvió al retrato de su padre, que estaba sobre un viejo baúl-¿Entonces por qué me duele tanto el corazón?-el silencio la rodeó- Te extraño mucho, padre.

-No vuelvas a hacerlo, Elsa, nunca!- se sintió como una niña al ser regañada por Kristoff, eso no era parte de sus planes.

-Cálmate, Kristoff, me encuentro perfectamente; sólo mi orgullo y mi copia del mapa resultaron dañados en la expedición de este día" el rubio sonrió mientras le entregaba una taza de chocolate caliente una vez que la joven se cambió de ropa.

-Entonces…la encontraste, ¿verdad?- Elsa se entristeció.

-Así es.

-¿…y?- preguntó luego de un breve silencio.

-Está con alguien más.

-¿Los viste juntos?

-No- respondió luego de pensarlo un poco.

-¿Sólo lo mencionó?

-Pues…sí

-¿Y dejó abierta la posibilidad de volverse a encontrar?

-¿A dónde intentas llegar con todo esto?

-Bueno, quizá esté jugando contigo- Elsa sopesó la idea, ¿podría ser eso posible?-Piénsalo, vienes a buscarla luego de lo que sea que haya pasado entre las dos y que estuvieron separadas por cinco años, quizá aún tiene algo de resentimientos al respecto; escucha, no sé qué pasó entre ustedes, pero el hecho que estés aquí significa mucho, ninguna reina deja su reino sólo por buscar a alguien que ama y si esa Jane no se da cuenta, se está perdiendo de mucho.- La chica se recargó en su hombro, sonriendo con suavidad; por su parte, él le rodeó los hombros con un brazo tal como lo haría un hermano; quizá Kristoff también era un experto en el amor.

Las últimas palabras que le dijo su padre en durante el delirio la perseguían: cuida de Elsa, mi querida Jane, es un poco insegura, pero te ama más de lo que crees; para su buena suerte, estaban a solas. No sabía que hacer cada vez que recordaba esas palabras, por una parte, no quería otra cosa más que salir de la jungla e intentar regresar a Arendelle a cualquier costo; otra, le aseguraba que en ese reino no había nada para ella, que debería compartir el resto de su vida con el hombre que la amaba y le había mostrado una libertad desconocida hasta el momento. Pero no podía evitarlo; cada beso, cada caricia eran un error; los labios toscos y manos callosas la ofendían más de lo que la tranquilizaban y no podía evitar compararlos con un par de labios suaves y delicados ni con las frías pero tiernas manos que alguna vez conoció tan bien. Su cadera se movía en sincronía con la de él, desesperada por evitar el sentimiento de soledad en compañía, de anhelo por ciertos días vividos tanto tiempo atrás, para no sentir el dolor en el corazón; sonidos primitivos, como los que aprendió de niño, se ahogaban en su garganta; ella aferraba sus dedos a su fuerte espalda, como si soltarse le costara la vida misma; estaban cerca, dejándose arrastrar por el éxtasis, sus labios nombraron a la única persona en la que podía pensar para llegar al tan ansiado clímax, el nombre de Elsa atravesó la quietud de la jungla nocturna, mientras los ojos de Tarzan la atravesaron a ella con una mezcla de dolor y enojo.

Decidieron tomarse un tiempo, poco después, Jane decidió separarse de Tarzan, al menos hasta que estuviera segura que sus sentimientos por cierta Princesa (¿Reina?) de cabello rubio estaban superados y no sintiera que traicionaba a alguno de ellos, por fin incluyéndose a sí misma en el conflicto. Tarzan le ofreció la casa del árbol que sus padres construyeron cuando apenas era un bebé, luego de pensarlo, decidió ser egoísta y aceptar; el chico continuó con la vida nómada junto a los gorilas, la única familia que conocía, mientras que Jane adoptó un pequeño babuino perdido que encontró en una de sus cacerías; aprendió a ser independiente y amó cada instante de esa libertad.

Elsa caminaba por la jungla con algo de tranquilidad, una vez que aprendió de memoria unos cuantos kilómetros a la redonda del campamento, empezó a confiar más en su instinto que en el mapa; estaba sola luego de convencer a Kristoff que ésta podría ser su oportunidad de volver a ver a Jane y hablar como personas adultas; luego de unos kilómetros, la rubia se encontró sobre un acantilado, maravillada por la majestuosa catarata a la distancia, tomó el mapa y encerró el lugar en un círculo, luego sacó la bitácora y garabateó algunas notas y dibujos, estaba tan perdida en sus pensamientos, que casi le dio un ataque al sentir una presencia sobre su hombro.

-Ah, tú otra vez-el babuino la observó con curiosidad-escucha, sé que tuvimos un inicio algo complicado, pero debido a que tenemos a alguien importante para ambos en común, sugiero que nos comportemos el uno con el otro-el animal la vio sin inmutarse, parecía una loca hablándole a un animal; estuvo a punto de ahuyentarlo, cuando el simio empezó a inspeccionar sus pertenencias, la Reina no pudo evitar soltar una risilla hasta que sintió que jalaba el collar que llevaba bajo la camisa, del cual pendía un dije con la figura de medio copo de nieve; una leve sonrisa surcó sus labios hasta que el pequeño rompió la tira de cuero y corría con el dije.

-¡Elsa!- la voz de Jane, de entonces diecisiete años, llamó a la Princesa mientras caminaba por los jardines del palacio -¡Elsa, espera!

-Le aseguro que no es necesario correr, señorita Porter, es una actividad muy poco femenina-dijo Elsa burlándose del acento inglés de su amiga.

-Para serte sincera, me parece que estás tomando demasiado en serio tus clases de modales con Gerda-le respondió con sorna, ambas rieron y caminaron en silencio.

-Y ¿a qué se debe tu emoción?-preguntó la rubia mientras se sentaban en el borde de piedra de una pequeña fuente, era una hermosa tarde de primavera.

-¡Ah, es verdad!- la joven revolvió en su bolso estilo mensajero y sacó varios artículos como libros, una libreta, lápices y una pequeña bolsa de tela con dulces de menta, Elsa la tomó y se echó un par de caramelos en la boca.- Basta, esos son míos.

-Puesto que soy la futura Reina, todo en el reino me pertenece.

-Perfecto, sigue hablando así y serás toda una tirana- la Princesa quedó paralizada ante esas palabras. –No, Elsa. Ugh, soy una tonta, sabes que no lo decía en ese sentido.

-No, está bien; debo ser más cuidadosa con mis palabras, podrían malinterpretarse en algún momento- respondió en voz baja.

-Te lo he dicho mil veces, Elsa, serás una de las mejores Reinas que Arendelle tenga, lo sé, lo siento en mi corazón-Jane cubrió la mano de la rubia con la suya, ambas usaban guantes, ambas se sonrojaron.

-Estabas por decirme porqué estabas emocionada-Elsa carraspeó retirando su mano y desviando la mirada de las hermosas orbes turquesas que eran los ojos de Jane; la chica de cabello castaño sonrió con dulzura, extrayendo un pequeño saquito de tela de su bolso.

-Pasé por el mercado luego ir a la librería a recoger unos volúmenes para mi padre-hablaba con ánimos mientras deshacía los pequeños nudos-entonces encontré una tienda de antigüedades y no pude resistirme a ir a curiosea, así que entré y vi esto-la chica le mostró un collar con un pequeño copo de nieve plateado.

-Es hermoso-susurró la Princesa, entonces vio dos cuerdas de cuero colgando del dije y cómo Jane lo dividía en dos-Pero está roto-dijo.

-No realmente, el dueño de la tienda dijo que es un collar divisible; una persona toma una mitrad y alguien más la otra, así cuando se encuentren, el copo de nieve estará completo otra vez.

-Suena romántico-dijo Elsa sonriendo con timidez.

-La cuestión es-Jane suspiró con nerviosismo, evitando la mirada de su acompañante-que quiero que conserves la otra mitad-ambas se sonrojaron-así si mi padre y yo partimos en la expedición que planeamos, una parte de mí siempre estará contigo.- Silencio, la chica empezó a lamentar lo atrevido de sus palabras, cuando unos fríos pero suaves labios le acariciaron la mejilla.

-Me encantaría-se pusieron los collares la una a la otra, intercambiando también sonrisas tímidas; las miradas de amor inocente se convirtieron en caricias que evolucionaron en besos ciegos; compartieron ese momento de intimidad sin percatarse de la presencia de la Reina Idun en la distancia.

-¡Alto, detente ahora mismo!- Elsa corría desesperada en pos de Kima, gruesas lágrimas cayendo de sus hermosos ojos azul cerúleo, aterrada por la idea de no recuperar el dije, de perder esa parte de Jane. Luego de percató de dónde estaban, una casa en un árbol se apreciaba a la distancia; sin detenerse a pensar, Elsa cruzó el umbral y encontró al pequeño monstruo sobre el hombro de Jane. –¡Regrésalo!-gritó-díselo, Jane; dile que puede tener lo que quiera, mi morral, mi mapa, mi comida, mis plumas, lo que sea, pero no el dije- Jane la miró sorprendida, Kima le entregó a la castaña el pequeño objeto plateado luego de decirle algo en su idioma; fue entonces que levantó la muñeca, mostrándole a Elsa la cuerda de cuero que tenía atada.

-Kima cree que es mi dije-la otra mitad del copo de nieve reflejaba la luz.