Adaptación de JOSESO DI FARIAS
CAPITULO 6
De sobras sabía que todo era una mentira, siempre fue un juego, enfermo, pero un juego al final de cuentas. Pudo superar esa fase, darse cuenta que la realidad no es maleable con sus ilusiones, así que creció, se amargo, pero finalmente creció; se concateno con el mundo, fue necesario hacerlo e incluso lo gobernó momentáneamente, siguiendo las reglas e imponiendo otras, así que conocía como todo tenía que desarrollarse, como el buen gusto y la apariencia siempre ganaba aun cuando no lo mereciese. Y aun bajo todo lo aprendido y visto, había encontrado una anormalidad, una variante que estaba cambiando toda su tesis, su forma de ser; porque no podía perder, jamás fue una opción pero perdía la calma, los nervios aumentaban y las ganas de gritar le desbordaban, por lo que se repetía que era una mentira, un oasis en medio del desierto, que solo importaba el juego, el cual no podía perder.
Podía irse cuando lo dispusiera, claro que tendría nuevamente sexo con ella y después la dejaría estupefacta para volver con los suyos, para regresar a la realidad; se podía marchar cuando quisiera, pero primero tenía que ganar el juego que ella planteo tácitamente, le era imperante que suplicara ser fornicada, que demostrara que no podía estar sin él, que no era el único que enloquecía cuando no tenía el calor junto a él, el calor del cuerpo de Bella. Por esto, por todo lo que conocía y no es que alguna vez se hubiese equivocado en su juicio, estaba más que seguro que era una mentira cualquier tipo de sentimiento que creyese experimentar. Reitero que era parte de su orgullo, porque no iba a perder, no con alguien como ella, fea, gorda, con nada de encanto, que no daba nada, no ofrecía absolutamente nada; solo era cuestión de ganar y después irse, que se pudra en su propia miseria, tenía que ganar, era lo único que importaba. Esos ligeros impulsos que lograba controlar a tiempo, como de abrazarla, de besarla, de aspirar su aroma, era parte de la mentira, como también saber más de ella, era parte de su curiosidad y no una señal de debilidad, de que sentía algo remotamente opuesto a asco y odio por ella. Solamente esperaba el momento adecuado para irse, saciar la necesidad de fornicar aparte de las vacaciones que se estaba tomando de sus problemas, por más que a cada momento estaba más estresado que nunca.
Se le hacía cada vez más difícil controlar sus tics nerviosos, pero no era porque ella hiciera algún acto en particular, le costaba imponer en su mente y cuerpo que todo era una mentira, y aún más cuando no paraba de añorar que ella se abriese para él, que se enfocara en lo que hacían, que demostrara de una buena vez que sentía algo, no solo temblores o facciones fruncidas sino que jadeara y gritara, cualquier cosa similar a la desesperación que cada vez aumentaba y le reinaba.
Hacía nueve días que estaba en la casa, y desde hacía rato que podía irse de esta y no lo hacía, y no comprenderse a sí mismo además de no entenderla era lo que más le enervaba, detestaba estar así, estaba llegando al punto que detestaba todo menos estar con ella. Cerró los ojos, queriendo borrar esas reflexiones insulsas e improductivas, tener mucho tiempo libre conseguía que su mente tomara rumbos no requeridos y mal intencionados; cuando volvió a abrir los ojos se vio en el espejo de habitación, que estaba a un costado de puerta, desviando su vista, encontró a Bella parada en el umbral de la entrada.
— ¿Cuándo llegaste, Fea? No escuche el ruido del auto —le pregunto sin darle importancia mirándose nuevamente al espejo. Ella entro, para luego sentarse en la cama, Edward se giró para verla; la percibió dudosa y cuando ella se quitó los anteojos para masajearse los ojos, supo que algo le disturbaba.
Espero, no se rebajaría al demostrar preocupación por cualquier tema referente a ella, no iba a perder, era parte del juego, de eso estaba seguro.
— Tuve que llevar el auto al taller y vine en micro —le conto sin atreverse a mirarlo, estaba avergonzada pero aun no descifraba de que, por más que hubiese tantas situaciones por las cual debería bajar la mirada; Isabella aclaro la garganta—. ¿Quieres llamar a tu familia Edward? —él se paralizo, desde hacía días que no pensaba en contactarse con ellos, estaban presentes pero al mismo tiempo no eran parte de su aflicción.
Sonriendo, disfrutando que ella pareciese sentir culpa, se burló.
— ¿Qué? ¿Después de hablar con ellos piensas matarme, fea? —Bella frunció el ceño mirando sin comprender, a lo que él giro los ojos— ¿y porque quieres pretender que eres buena persona ahora, fea?
—Yo no soy una mala persona, Ed —le aclaro, causando que la bronca, no por estar encerrado sino porque ella era cada vez más hermosa y no tenía la necesidad de tener sexo con ella pero si de que no se apartara.
—Entonces tendremos que redefinir tu diccionario, fea. —Camino irritado, aunque realmente no estaba tan enojado, solo quería hablar con ella, que le dijera algo, cualquier cosa que le ayude a comprender el desastre que tenía dentro de él—. En primer lugar, me golpeaste, después me secuestraste para al final de abusar de mi ¿o me equivoco? —Con signo de asco, Isabella suspiro.
—Te pedí disculpas por eso Edward. Lo siento y cuando tu familia esté preparada, también me disculpare con ellos personalmente, no te preocupes, lo hare; sé reconocer mis errores, y no sería capaz de matar a nadie —él se detuvo y levanto una ceja provocativo.
—Tú misma me contaste que apuñalaste a alguien, fea, así que permíteme tener miedo por mi seguridad personal y no acordar contigo en ese punto. —Ella se quedó quieta y por un momento pareció perder el color de su rostro, pero no se retractaría, no perdería, no era una alternativa. Isabella trago en seco, luciendo dolida pero fue momentáneo, pasó sus manos por sus bolsillos en busca de sus cigarrillos que los había olvidado abajo así que no tenía nada para evitar hablar.
Movió su cabeza a un costado enfocándose en el piso, y de pronto, ella se achico ante sus ojos, como si el mundo fuese demasiado grande y el pasado muy pesado para sus hombros.
— No iba a dejar que mataran a mi madre, no importa lo que ella haya hecho, no iba a dejar que me la quitaran. —Y el tono de ella cambio endureciéndose. Edward trago con dificultad y espero su historia, pero ella levanto la cabeza y el odio estaba, no lucía amenazante sino cansada, como si no le importara, como quien cuenta un cuento pero no se identifica con este—. Él no murió pero ahora eso no importa —saco del bolsillo de su pantalón el móvil de él para tirarlo en la cama— si quieres puedes llamar a tu familia, diles que te hice y donde estas— fue hacia la puerta sin dignarse a verlo—. Iré a preparar para comer.
Y le dejo ahí, sin comprender, sin nada más que el móvil para al fin comunicarse con los suyos y ser libre de una vez.
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Quería matarlo, cuando apareciera lo mataría, de eso estaba seguro, no pensó que su hijo mayor fuese tan egoísta, infantil y estúpido, sin siquiera dignarse a llamar nuevamente, ni para dar a conocer cuáles eran los motivos de su huida, porque solo había sido una pelea, una maldita y estúpida pelea. Era mayor de edad, pero era su hijo y no importaba la edad, tenía que saber si estaba bien, si estaba a salvo; Edward era obstinado y volátil, aunque no lo pareciera, lo controlaba con bastante ahínco, pero cuando estallaba, era potente y devastador, y ahora él se había ido, quien sabe dónde, sin dejar dicho cuando regresaría. Estaba enojado, furioso hasta la histeria pero más que nada estaba preocupado y también arrepentido; era tiempo que Edward enfrentase sus problemas, que dejase el pasado, que disfrutase el hecho de que su padre biológico le amaba y sabía, por más que no lo demostraba, él lo amaba también. Pero el pasado y lo que sufrió había hecho más daño de lo que había contemplado, y ahora, cuando Edward se había ido se preguntaba cuan profundo era ese dolor.
Trabajaba más horas, no quería tener que lidiar con el llanto de su esposa y el reproche en la mirada de sus hijos, Emmett era más conciliador pero Jasper no, adoraba a su hermano mayor y no quería que se viese afectado bajo ningún concepto. No acompañaba a su esposa, porque no compartía la idea de que él se hubiese dañado o estuviese en algún tipo de peligro, pero de poco, las dudas aparecían cuando las horas seguían acumulándose desde que él se había marchado. Se refregó con los dedos de la mano izquierda sus ojos, los planos enfrente de él jamás se le hicieron tan complicados como en ese momento; había estado varios minutos mirando a la nada, sin pensar, apenas respirando, esperando que el desgraciado que consideraba y había criado como su hijo se comunicase nuevamente. Se acomodó sobre la silla y regreso su vista hacia los planos, aunque en sí, no les estaba prestando atención, solo estaba pendiente del móvil que estaba en una esquina de la mesa de trabajo. Pero los minutos pasaron y al igual que desde el problema se desato no sonó, nadie se comunicó con él, ni su hijo ni su esposa avisando que tenía noticias, el total silencio, por lo que intento hacer su trabajo por más que su mente no estuviese en ese lugar.
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Se quedó ahí, parado al lado del espejo mirando el móvil pero sin mirar, pendiente de los sonidos de la cocina, aunque eran tenues, estaban, ella cocinaba y el aroma a pollo frito inundo la casa. Su cuerpo se tensiono mientras que su saliva quería desbordar su boca, mas no porque tuviera hambre sino porque quería comer algo más, quería comerla a ella; lo que la razón de Edward jamás contemplo fue el aparato enfrente suyo, no era una opción llamar a su familia para que le ayudase, podía soltarse cuando quisiera. Y no era porque quisiera vivir en esa habitación, sino que aún no acababa su tiempo, tenía tantas cosas que hacer con ella, saciarse hasta chuparle cada hueso, para llenarse y así poder seguir con su vida, en ocasiones el cuerpo es pequeño cuando la imaginación es basta y prometedora; por el momento no encontraba otra solución, no podía proyectarse sin ella, y no se arriesgaría a irse y perderla. Así que necesitaba follarla hasta morir y recién ahí podría regresar a la vida, de eso estaba más que seguro. Se dirigió hacia la cama tomando el móvil para después desarmarlo, quitándole el chip y la batería, no quería interrupciones, demasiado tenía que soportar que cada mañana se fuese a clases y le dejara sin ella, así que no quería que nadie se atreviese a llamarle mientras saboreaba su cuerpo, mientras descubría la manera de hacerla jadear su nombre.
Se sentó dejando las partes del aparato a su lado, entonces ella apareció por la puerta; los ojos de Bella se abrieron sorprendidos al notar como estaba el móvil y dejando la bandeja con la comida en la mesa del costado, se acercó para tomar las partes. Frunciendo ligeramente el ceño, no llego a preguntar nada cuando él hablo.
— Tú no me vas a decir que es lo que tengo hacer — estupefacta giro la cabeza para verle y sus facciones se presentaron rígidas, y al tragar con dificultad, estaba nervioso—. No eres nadie para ordenarme cuando puedo o no hablar con mi familia ¿me entendiste, fea? —No era amenazante, pero si estaba enojado por algo más pero Bella no pudo captarlo— voy a llamarlos cuando quiera, no cuando una loca de mierda como tú me lo indique —rezongo, sin quitar la vista de ella, para que al fin entendiera que ella no impondría las reglas, él estaba ahí porque así lo quería, no porque ella tuviera algún tipo de control— así que metete eso en el culo y no me quieras ordenar a mí ¿me entendiste? —Bella levanto las cejas sorprendida y hasta cierto punto divertida, pero no dijo nada limitándose a quitar el aparato de la cama para luego dejarlo en un cajón al alcance de él, que llamara cuando él lo dispusiera; tomando la bandeja la coloco en la cama, había comida para los dos, pero Edward no demostró su estupor por comer junto a ella por primera vez.
Pollo frito rebosado con un puré de patata, en cualquier situación hubiese comido rápidamente, pero en esta oportunidad lo hizo despacio, porque ella así lo hacía, y los dos en silencio comieron mirándose de a ratos. Pasaron unos minutos, degustando la comida y le pregunto.
— ¿Qué problema tiene el auto? —lo hizo en forma casual, para entablar una conversación, ella le ojeo antes de continuar con su comida calmadamente.
—Hacía mucho ruido, y Charlie me dijo que lo lleve a revisar; no sé cuál es el problema, no entiendo nada de autos. —Edward asintió lentamente, tomando el pollo con la mano, sin modales algunos, ante otra persona no lo hubiese hecho, pero con ella era diferente, no tenía que ocultarse de ninguna manera. Isabella suspiro dejando la comida en su lugar, y sin mirarlo le dijo—. Hoy vi a tu hermano llorando —Edward se detuvo automáticamente, con la boca ligeramente abierta— tuve que ir a buscar tiza en el subsuelo y estaba ahí junto a su novia; no me vieron. ¿Seguro que no quieres llamar a nadie?
Edward frunció el ceño, triste y al mismo tiempo dudoso; levantándose, fue hacia el baño para lavarse las manos, pero Bella no le siguió con la vista sino que cerró los ojos un rato, reprimiendo la culpa, la ira, la vergüenza y el dolor que tendría cuando el tiempo se acabara y ella se liberara.
— Pelee con mi padre ese día —la voz de él le desconcertó, girándose para verlo en la puerta del baño, apoyado contra el marco de la puerta friccionándose las manos nervioso—. Por eso ellos deben creer que hui, no es la primera vez que desaparezco, aunque la última vez fue solo por unas horas; no quería regresar pero no tenía dinero y —ella permaneció quieta sin modular palabra pero sabía que también estaba afectada, se estaba mordiendo las uñas, el tic nervioso de ella estaba ahí— no quiero regresar, no aun —no aclaro más y Bella no presiono sobre el asunto, él estaba equivocado y ambos lo sabían.
Él se acercó hacia ella, sus orbes estaban cansados al igual que los de ella; cuando se colocó enfrente a ella bajo la cabeza para darle un pequeño beso en su frente pero sin quitar los labios de su piel.
— Tengo sueño —murmuro y se separó de él para quitar la bandeja de la cama, Edward se quedó esperando que haría, si se iría o tal vez… Bella regreso hacia la cama y se quitó la ropa, primero el buzo que tenía puesto, mostrando las marcas que tenía en la partes que se visualizaba, y después de quitarse el pantalón se recostó en la cama, quitando las sabanas, golpeando a un lado de ella—. Vamos a dormir por hoy, Ed.
Edward sonrió cálidamente y fue hacia ella
— Sí, yo también estoy agotado. —Cuando los dos estuvieron acostados, él no se atrevió a moverse, hasta que ella apartando el brazo de él, utilizándolo de amortiguación para su cabeza y rodeando su brazo sobre su pecho, cerró los ojos y por primera vez en mucho tiempo, desde que era pequeña, pudo dormir sin tener miedo, sin esperar lo improvisto, protegida por el cuerpo de él y como el calor que despedía aplastaba al frío que siempre amenazaba con querer matarla. Por otro lado, Edward no pudo dormir, estaba perdiendo el juego, estaba perdiendo el rumbo al sentir que nada de eso estaba mal, como si fuese lo natural y correcto; percibir como ella respiraba sobre su piel, como su cuerpo se acoplaba al suyo y nada en su vida se sintió tan bien como ellos dos. Estaba perdiendo y no le estaba importando, solo el miedo constante, advirtiendo que todo eventualmente terminaría, que la realidad haría estragos en lo que le quedaba; y meditar que ella era parte de lo que le quedaba, demostraba lo terriblemente jodido que estaba y como el juego ya no lo era, y por ende, estaba arruinado.
GAME OVER para Edward...
¿REVIEWS?
***GIS CULLEN ***
