6. Schmalzig
And he's the boy who gets your love / y el es el hombre que tiene tu amor
And gets your heart. / y tiene tu corazón
Very smart, Maria, very smart! / muy inteligente, María, ¡muy inteligente!
A boy like that wants one thing only, / un chico como ese solo quiere una cosa
And when he's done, he'll leave you lonely. / y cuando haya acabado te dejará solo
He'll murder your love /él asesinará tu amor
(A boy like that – West Side Story)
La fila afuera del Winter Garden Theater afortunadamente no es tan extensa. El clima asimismo es bastante agradable. Feliciano da saltitos y se empina cada dos segundos para ver cuánto le falta por entrar. Lamentablemente no Ludwig pudo conseguir tickets para el primer piso, pero la ubicación que consiguieron en la segunda planta tampoco es mala. Al encontrar sus asientos se dieron cuenta que quedaron al centro y se veía todo sin problemas.
Al comenzar la obra pudieron comprobar además que la acústica era buena. Para Ludwig este iba a ser toda una experiencia. Él no había visto este musical en su vida, ni siquiera la versión cinematográfica, porque debía decirlo: Para ser un chico musculoso con semblante tan serio tenía una considerable cultura en lo referente a teatro musical, cortesía de Feliciano.
Debe admitir que es bastante bueno, pese a las canciones de Abba, la trama melodramática, y el exceso de estrógenos que contenía la obra. Feliciano seguía las letras de las canciones con devoción y cuando apareció Sam, el co-protagonista, le indicó que ese sería su papel en la obra escolar.
Como era de esperarse, el aspirante a actor rompió a llorar en una parte de la obra, cuando la madre estaba cantándole a su hija mientras la preparaba para el matrimonio (1), Ludwig iba preparado para eso así que sacó el paquete de pañuelos desechables para alcanzárselos a Feliciano, que los agarró al instante, sonándose y jadeando dramáticamente. El rubio pasó un brazo alrededor de sus hombros para consolarlo y el chico apoyó su cabeza en el hombro del más alto.
-No puedes llorar así el día que te toque actuar – le susurró con un tono bastante divertido.
-No voy a ver esta escena el día que me toque actuar… - respondió él castaño con a voz quebrada – Oh, Sophie… - se lamentó como si el personaje en cuestión pudiera escucharlo quejarse desde tan lejos.
Una vez terminado el show, bastante tarde, pasan a comprar una pizza familiar – de la cual se podían hacer cargo ellos dos solos perfectamente – para dirigirse al hotel Michelangelo donde pasarían la noche antes de volver a Brooklyn al otro día. Pidieron una habitación doble, como siempre.
Cuando eran más pequeños sus madres los dejaban dormir en una habitación ellos solos para que no tuvieran que soportar los ruidos y tonterías de Gilbert y Lovino que hasta muy grandes, cuando iban de viaje, tenían que dormir bajo supervisión adulta. Los menores en cambio, gozaban de un cuarto de dos camas para ver televisión hasta que se cansaran, jugar a lo que se les ocurriera, saltar sobre los muebles, lanzarse cojines y pedir postres a la habitación hasta hartarse y dormirse.
Esa noche llegaron a encender la tele en el canal de películas clásicas donde estaban pasando la de "Dr. Jekyll and Mr. Hyde", la dejaron ahí de fondo mientras devoraban su pizza con unas gaseosas – una cerveza en el caso de Ludwig – y conversaban sobre cualquier tontería.
-Esta debe ser una de las películas preferidas de Randhy… me dijo que quería hacer una producción musicalizada sobre eso – comentó el ítalo mordiendo un trozo.
-Sobre eso… ¿Qué hay entre tú y Randhy?, parecen muy unidos y todo
-Ah no, nada de eso, es heterosexual, pasa que acá en el colegio no le gusta nadie, yo le digo que cuando vayamos a Manhattan conocerá hermosas chicas vampíricas como él y entonces tendrá cientos de novias, aunque me dijo que no quería tener cien novias, parece que las chicas son complicadas… aunque yo nunca lo voy a saber porque no creo que vaya a tener una novia en la vida… ¿tú crees eso? ¿María es complicada?
Ludwig se sintió algo mareado con tanto comentario y pregunta dichos tan rápido.
-Bueno, ciertamente no son como nosotros, pero la verdad no es tan difícil… no sé quién querría tener cien chicas de todos modos si basta y sobra con una– luego comentó algo que había llamado su atención - ¿Randhy viene a Manhattan también después del colegio?
-¡Claro que sí!, pero no va a ir a la Universidad, solo quiere meterse a una compañía de teatro independiente lo antes posible, pero no te preocupes Lud, Randhy sabe cuidarse solo así que voy a vivir contigo, como lo prometí, te cuidaré, te haré pasta y te compraré tu cerveza, porque no creo que María sepa hacer pasta o conseguirte tu cerveza…
-La verdad es que no – admitió el rubio – ella no viene conmigo de todos modos, lo que sea que tengamos se acabará cuando acabe la escuela.
Feliciano en ese momento lo observó con una expresión indescifrable. Entonces era cierto lo que le había dicho Ludwig hace unos días, eso de que no la amaba, de que solo le gustaba por ser animadora y por sus pechos. No pudo evitar esbozar una sonrisa algo tonta antes de tomar un cojín del sillón y estampárselo en la cara al germano que estaba observando la televisión con atención.
-¡Viva l'Italia! – gritó con un acento marcadísimo antes de salir corriendo en dirección al cuarto antes de que Ludwig recogiera el arsenal de cojines de la sala de la suite para contraatacar.
-¡Italiano traidor! – gritó – sentirás la furia del Reich
-¡No! – Comenzó con un tono trágico Feliciano - ¡Me rindo señor alemán! ¡Me rindo! – mientras agitaba una toalla blanca que había sacado del baño.
-No servirán tus súplicas verdammit italienische – advirtió Ludwig antes de lanzarle los cuatro cojines rápidamente uno después de otro mientras su amigo gritaba con una voz aguda y risueña.
Luego de decidir que la guerra germano-italiana estaba resultando agotadora para sus tropas, firmaron un "tratado de paz" dejándose caer sobre sus camas.
-Hey, Ludwig… - llamó Feliciano medio adormilado –gracias por lo de hoy… me divertí mucho.
El germano sonrió y respondió un cansado y sincero: "Cuando quieras" antes de dormirse en su cama.
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Randhy estaba al borde del ataque de nervios. Si hubiera sabido que la obra iba a ser así, con tanta música disco y coreografía ridícula no habría aceptado jamás nunca. Se sentía estafado y estúpido por haber sido arrastrado a eso por alguien tan torpe y fácil como era Feliciano. Realmente hubiera preferido participar en una cosa más terrorífica y menos rosa, algo como "Doctor Horrible" o "Sweeney Todd". Igualmente lo hace y se esfuerza para que las cosas le salgan bien, porque no puede negar que igual esto le servirá como curriculum actoral si quiere luego integrarse a una compañía de teatro.
Al menos el papel que le han asignado no es una mierda, le tocó representar a Bill, al aventurero australiano que recorre el mundo en yate escribiendo novelas de sus viajes. La ropa que debe usar para caracterizarse es un poco vergonzosa, considerando que debe cambiar sus ropas negras por coloridas camisas floreadas, pero es lo de menos. Podría haberle ido peor, como Feliciano que consiguió el papel de Sam, el co-protagonista, que es el con más solos y bailes. "Al menos", pensaba Randhy para consolarse - "no me toca pedir matrimonio a la chica cantando "I do" rodeado de florecillas".
El otro papel que agradece no haber tenido es el que obtuvo Feliks, un chico de otra escuela que llegó convocado ya que, debido a la falta de chicos les tocó hacer un casting abierto para papeles masculinos. Aunque no es como si Feliks fuera precisamente masculino, parece que era una tónica en los hombres que gustan del teatro. Y Randhy no sabía si el papel original era afeminado, o era cosa del actor en cuestión, pero el personaje de Harry, el banquero británico, le estaba saliendo bastante gay. Era una suerte que el personaje resultara ser gay al final, así que no tiene que aparentar mucha hombría.
El otro personaje masculino importante había sido conseguido por un chico de último año, Heracles Karpusi, el hijo de un congresista que era bastante popular en el colegio pese a ser abiertamente gay. Le había tocado interpretar a Sky, el novio de Sophie, le quedaba como anillo al dedo: Un playboy de ascendencia griega interpretando a un galán griego.
Fue cuando Feliciano lo vio cantando con la chica que interpretaba a la hija de Donna, el número "Lay all your love on me" (2), que se produjo el flechazo. El chico andaba sin camiseta intentando seducir a la novia, y Feliciano parecía desear estar en la piel de la chica que interpretaba a Sophie, porque no pudo apartar la vista de él y en un momento, cruzaron miradas de un modo que fue tan "comedia romántica americana" que Randhy pensó que iban a salirle arcorises por el culo en cualquier momento, solo por atestiguar semejante escena.
Luego del "flechazo musical" - como lo había llamado Randhy irónicamente – Heracles comenzó a rondar a Feliciano. Y él, como no es un idiota que le guste hacer mal tercio, siempre se hacía a un lado cuando venía el galán griego hacia ellos e instruía a Feliciano de que se comportara delante de él "Nada de llantos, ni de tonterías, ni de tics verbales como "veee" o "pastaaa"… ponle más carácter, tienes que ser un enigma… a los hombre les gustan los enigmas". Y que quede claro que esto lo hacía estrictamente por su amigo, la verdad es que no es que Karpusi le cayera especialmente bien, pero con tal de que Feliciano consiguiera pronto un ligue y se olvidara de su enamoramiento por el nazi futbolista que tenía como amigo, él se daba por pagado.
Feliciano primero sintió una ola de admiración por Heracles, como sus abuelos son nacidos y criados en Grecia él es heredero de las costumbres y el idioma, aportando una serie de datos importantes para el musical que está ambientado en las islas griegas. Bueno, estaba eso, y el hecho de que era insoportablemente guapo, con su piel tostada, el torso marcado de una tenue musculatura, la quijada masculina, ese perfil helénico, el cabello castaño ondulado y los ojos oliva.
Ahora, dejando las frivolidades de lado, además resultaba que Heracles era inteligente y culto, lo que era aún mejor. Citaba constantemente filósofos y poetas griegos en su conversación. Le mandaba versos de Safo por mensaje de texto. A la hora de almuerzo leyó en la pantalla de su teléfono:
»Eros me sacudió los sentimientos
como el viento en las montañas sobre las encinas batiéndose
Eros de nuevo, el que relaja los miembros, me estremece
dulce-amargo e incombatible»
Feliciano sonríe con un embeleso indescriptible y Randhy tiene que negar con la cabeza, divertido. Es agradable ver que por una vez su amigo sea el centro de las atenciones de alguien en vez de ser aquel que orbita alrededor de un chico indiferente, para variar.
El primer fin de semana de conocerse nada más Heracles lo invita a cenar y a la ópera. La expresión en la cara de Feliciano no tiene precio, pero acepta gustoso mientras está hecho un atado de nervios y maldice no tener amigas o un amigo con buen gusto que le ayude a escoger su ropa, igual habla por video llamada con Randhy antes de salir.
-¿Qué me pongo? – Chillaba desesperado hacia el monitos de su laptop– por favor… dime
-No sé por qué crees que yo podría darte un buen consejo al respecto… vamos, eres Feliciano Vargas, embajador de Louis Vuitton en Abraham Lincoln High, lo que te pongas estará bien
-Oh dios, creo que me pasé con el perfume… qué hago ¿Va a parecer muy desesperado si huelo demasiado?, por qué me pasa esto…
-Estas cosas te pasan porque estás siendo peor que una chica, vamos… el hombre no se ve muy exigente, puede que ni note que te has mandado el frasco de perfume encima y apúrate con esa corbata porque creo que en quince minutos pasan por ti – contestó el gótico para luego volver a fijar su vista de su batalla en "World of Warcraft".
Y puntualmente el timbre sonó a las siete de la tarde. Feliciano chilló agudamente haciendo que Randhy mandara sus audífonos a volar y maldijera antes de desearle suerte a su amigo.
Heracles lucía un traje color crudo y estaba distrayéndose con la pajarera del jardín hasta que vio al menor de los Vargas aparecer deliciosamente tímido con un pantalón negro, camisa blanca, y una corbata color vino llevaba uno de esos ajustado chalecos de tela y se veía ambas cosas: deseable y delicado. Tras él por supuesto venía el terror italiano: Lovino Vargas, con una pinta asesina.
-Muy bien, playboy de cuarta – comenzó con su perorata poniendo sus manos en la cintura para darle más dramatismo, esto del drama parecía ser patrimonio familiar. Era imposible tomarlo en serio si se ponía en esa pose tan cliché.
- así serán las cosas…- continuo Lovino con un gesto de suficiencia - te dejo llevarte a mi hermano, pero si le faltas el respeto, lo devuelves después de las doce o sé que le has hecho algo indebido voy a tragarme un barril pólvora solo para cagar un arsenal bombas de verdad en tu casillero y en todo edificio relacionado con tu estirpe ¿capisci?
-¡Lovino! – le reprendió desesperado Feliciano cubriéndose la cara de vergüenza.
-Lo entendí fuerte y claro, no le haré nada a tu hermano, al menos nada que él no quiera – agregó con cierta chulería. Feliciano debió cerrar la puerta de golpe y agarrar la mano de su cita para subirlo al auto antes de que Lovino apareciera con su escopeta de aire comprimido a arrancarle los testículos de un disparo. Su hermano mayor había sido muy claro con que eso haría si alguien se atrevía a mancillar el honor de los Vargas. No dudaba que fuera capaz en absoluto.
Lovino abrió la puerta inmediatamente, no iba a perder tiempo buscando un arma. Castraría al bastardo griego con sus propias manos, pero al asomarse notó con decepción que su víctima había huido. Supo que no sacaba con intentar llamar al móvil a su hermano para exigirle que trajera al bastardo de vuelta, porque probablemente no le contestaría y él único que se llevaría un mal rato era él. En este momento hasta hubiera deseado que hubiera sido el macho patatas el que se llevaba a su fratello. Al menos así no tendría que preocuparse de que le quitaran la virginidad al chico, el macho patatas era muy frígidamente asexual como para intentar propasarse con alguien.
Igual le daba un poco de envidia que Feliciano fuese tan importante como para que se tomaran las molestias de venir a buscarlo en semejante coche, con semejante pinta. A él, no solo nadie le pedía salir, sino que además nadie defendería su honra de ser necesario. No es como que deseara que un hombre lo estuviera acosando. Antes muerto y célibe que homosexual.
Se dirigió a la cocina a robar una botella se sangría de la zona de Málaga que había traído su padre en uno de sus viajes. Había pocas cosas que amara más que andar instalando explosivos de salva con su amigo Gilbert, cosas como los tomates y la Sangría española de elaboración artesanal. Cuando sentía el sabor frutal y añejado de ese licor especial, todo su mal humor desaparecía y se convertía hasta en una persona más risueña.
Luego de haberse bebido la mitad de la botella subió a su habitación a observar por la ventana la claridad del cielo nocturno en primavera. Podría jurar que vio pasar una estrella fugaz, o un avión, a estas alturas daba igual. Aprovechando que en la privacidad de sus pensamientos no había nadie que pudiera reírse de él, pidió un deseo patético: Que un día lo encuentre alguien que sepa capaz de quererlo tal como es, que lo quiera con fervor e insistencia, que no le importe su rudeza ni nada.
Aunque sabía que era imposible. Los deseos pedidos por borrachos de sangría a las luces de los aviones nunca se cumplen.
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Feliciano pudo tener su cita de ensueño y pese a todos sus temores, la opera estuvo preciosa. Vieron "I Pagliacci", obviamente en la escena en que el payaso cantaba lastimeramente Feliciano se convirtió en un mar de lágrimas. Heracles solo lo observó, fascinado con la reacción del sensible italiano, le alcanzó un pañuelo de tela que andaba trayendo pero el chico se negó, sacando en vez, su propio pañuelo, encogiéndose en su emoción, deseando sentir el brazo fuerte de Ludwig consolándolo. Ese refugio que lo hacía sentir seguro pero no cobarde ni patético, como se hubiera sentido si Heracles lo hubiera abrazado, cosa que, por supuesto, ni intentó.
Al final de la obra se excusó para ir al servicio a lavarse la cara, tenía los ojos algo hinchados. Ludwig tenía razón, era demasiado sensible para estas cosas. Sonrió al recordar las veces que su amigo le había terminado consolando al ver una película, diciéndole que era ficticio, que no era necesario ponerse mal, que si tanto le afectaban estos dramas entonces no tenía por qué verlos. Pero entonces Feliciano se defendía acérrimamente declarando que era precisamente por eso que los veía.
Había una belleza indescifrable e el dolor de los héroes de sus obras. Ese dolor virtuoso, entregado y digno. El dolor de María al llorar sobre el cuerpo de Tony en "West side story"; la resignación de Hedwig al darse cuenta de que pese a que su alma gemela es Tommy Gnosis están destinados a estar apartados, como dos seres individuales y que nunca podrán ser uno. El horror de Sweeney al ver que ha matado al amor de su vida; el desgarro de Crhistian al ver morir a su Satine, sin remedio bajo la tuberculosis. Era tan bello, no había manera de que una comedia musical pudiera compararse con esas obras que le estrujaban el corazón en llanto y le hacían sentirse más liviano, más humano que nunca.
Al salir del servicio Heracles lo esperaba con una sonrisa y le dijo:
-Tu catarsis al presenciar la fatalidad de los personajes es conmovedora.
Y Feliciano supo que tal vez, si había alguien que entendía un poco de sus sentimientos frente a la belleza de la tragedia: Un punto para Heracles.
Otro punto se lo había ganado al escoger el lugar donde comer en la segunda cita. Nunca había entrado a un restaurant griego y debió aceptar que el sabor mediterráneo era bastante semejante a las comidas que servían en su restaurante, pero con la novedad del los quesos de cabra, los mariscos frescos y ese sabor característico de las setas.
Luego, en la tercera cita, habían ido al museo de arte contemporáneo; habían ido a ver la nueva colección de Marl Jacobs a Manhattan; a una exposición de escenografías teatrales. Había algo muy agradable en salir con alguien que tuviera gustos similares a él y que estuviera asumido respecto a su sexualidad.
Heracles no temía darle la mano en la calle ni en los pasillos del colegio. Olía a olivos y a brisa marina, tenía una manera muy tierna de hablarle con esa voz perezosa y cuando se inclinaba a darle un beso lo hacía con mucha parsimonia, rozando apenas sus labios, haciendo que su pulso se desbocara hasta índices peligrosos para su salud, antes de profundizarlo y hacerlo flotar por las baldosas del pasillo del colegio.
Cuando Heracles lo envolvía en un abrazo protector en el pasillo le era posible ignorar las miradas burlonas de los malintencionados, los comentarios bromistas de Randhy, las miradas asesinas de Lovino; incluso podía llevar de mejor manera que Ludwig estuviera abrazando a María unos metros más allá y le dedicara esa mirada azul que él deseaba poder observar con más frecuencia.
Y no es que Heracles no lo notara. Él era lento, pero no era tonto, y sabía que pese a que su nuevo novio se sentía bastante bien con él, no dejaba de mirar a Bielschmidt. Considerando que el germano se vía como un bruto, era como para sentirse ofendido. Él podría soportar las miraditas suspicaces, las miradas de asesinas de Lovino Vargas, pero no que Feliciano le pusiera más atención a otro que a él.
Igualmente sabía que tenía todas las ventajas a su favor, estaba todo el día interactuando con él: los ensayos eran intensos, siempre encontraba excusas para terminar ayudándole con sus rutinas de baile y luego llevárselo a de paseo por ahí con la intención de hacer las cosas más interesantes. Feliciano no le dejaba las cosas fáciles; apenas sentía una mano deslizándose hacia la cara interna de sus muslo saltaba como un gato asustado y eso a Heracles le ponía un poco mal, porque él era un semental, no habían motivos para que se espantara al ser tocado por él.
-¿Te es desagradable? – preguntó el mayor con una voz calma mientras acariciaba la palma de la mano de Feliciano.
-No es eso, es que… es demasiado pronto, no estoy listo, llevamos solo dos semanas saliendo
-No te estoy pidiendo tener sexo… aún – intentó tranquilizarle – solo pensé que unas caricias no vendrían mal, no es que no me gusten tus besos, por supuesto – aclaró dándole un pico en los labios para aclararlo – tienes una boquita muy dulce.
-Gracias – expresó el menor notablemente nervioso- creo…
-Te voy a dejar a tu casa, van a ser las nueve y tu hermano me matará por secuestrarte un día de semana.
-No puedo creer que le tengas miedo – se sonrió Feliciano.
-No es eso, es que, somos compañeros y no sabes cómo es tenerlo todo el día encima de ti, insultándote, llamándote pedófilo, es bastante molesto.
-Oh dios, qué vergüenza – Feliciano se cubrió la cara. Tenía que hablar con Lovino, había que ver con los hermanos mayores cuando se ponen insoportables.
-No hay problema, vale la pena el esfuerzo – le guiño el ojo Heracles dándole un último beso antes de enfilar a la casa de los Vargas.
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Ludwig en tanto estaba en el asiento trasero de su camioneta arriba de María, con la mano perdida bajo su blusa. No había que culparlo, si bien era bastante cohibido con el tema del sexo, era un adolescente y si el mayor atractivo de su novia era precisamente lo que tenía bajo la blusa, hubiera sido un estúpido al no intentar comprobar que la mercancía era real y estaba en su lugar. Y sí, lo estaba, la chica abrió un poco las piernas para que él pudiera posicionarse mejor.
Las sesiones de besos y las meteduras de mano eran prácticamente el centro de toda la relación. Eso de que iban a ir al cine o a cenar era una simple coartada. Por lo general no salían del jeep de Ludwig, ya ni siquiera se ponía en cuestión que en vez de buscar un restaurante o un multicine el chico condujera hacia un mirador en donde tener algo de privacidad.
Lo único molesto de todo esto es que, cuando no estaban metiéndose la lengua hasta la garganta o asaltándose con las manos, no había mucho más que hacer. Siempre podían saltar directo al sexo por supuesto, ella no ponía mayores reparos para ello, cómo pudo haber puesto cualquier otra chica con un poco de decencia, pero hasta ahora, eso era lo único interesante. María no era precisamente una lumbrera, no se podía hablar con ella de mucho, porque su único tópico eran chismes, o las fiestas o la última canción de Justin Bieber. Y la verdad Ludwig prefería hablar de cosas más interesantes como la última actualización de Halo, de futbol, o de los programas que ofrece la universidad de Columbia, de las maravillosas construcciones que se pueden encontrar en Manhattan para inspirarse a planificar edificios nuevos.
Tenía completamente claro, también, que no podía simplemente mostrar el lado ñoño, maniático y obsesivo compulsivo ante cualquier persona. Se cuidaba especialmente de no tener el impulso de ponerse a pasar el paño por el vidrio cada vez que María dejaba sus huellas impresas en el ventanal; o de no decirle que por favor, no dejara migas de galleta en el tapiz inmaculado – al que había comprado forros cobertores – o que cuando ya recogiera el asiento del auto a su posición erguida tratara de alinearlo con el suyo.
El único capaz de encontrar gracia en esas manías era Feliciano, pero nuevamente él estaba ahora entreteniéndose con el playboy griego en quién sabe dónde. A veces le daban ganas de salir a echar un vistazo afuera del auto en el mirador, no fuera cosa que le estuvieran metiendo mano a su mejor amigo en el auto de al lado y el nunca se hubiera dado cuenta.
Era absolutamente normal querer defender la honra de su mejor amigo, porque Feliciano era inocente, romántico, y seguro no le gustaría eso de que lo trajeran a un sitio solitario y oscuro a sobarle hasta la conciencia. Porque antes que nada Feliciano era decente, dulce y virginal. Sobre todo virginal ¿verdad?
¿Estaba mal esperar que aún fuera así?
No pudo seguir preguntándose cosas indebidas porque de pronto María, en no sabe qué momento, se había deshecho de las bragas y se las había arreglado para introducir a Ludwig en ella tomándolo por sorpresa. Y un hombre tiene el deber de responder ante semejantes circunstancias así que con una entrega y disciplina francoprusiana se entregó a sus labores.
(1) Ver en Youytube el video: Siento Que Se Aleja - Mamma Mia! México , es que es la escena del llanto colectivo.
(2) Ver Lay all your love on me - Mamma Mia soundtrack from ABBA + lyrics en youtube esa es la escena en que las minas chillan en forma colectiva, el muchacho no esta nada mal
Nota: Bueno, Espero que estén más contentos ahora, Feliciano tiene galán y se lo pasa bien.
Originalmente, este capi iba a tener más, pero lo corté en dos, así que ahora el fic tiene... 15 capis + epilogo jajaja y la salida de Antonio se retrasó para el 9, lo bueno, agregué una mas al medio para desarrollar más el Spamano así que habrán como 7 capítulos con spamano (unos con más que otros) eso al menos hasta ahora... a mi los alargues me nacen de no sé donde (¿se dan cuenta? si este fic tendría 9 capis no mas), eso sí, de segundas temporadas nada... cómo que tardarán tanto en armarse las parejas que no merecen un drama que los separe.
