Montaña

Es un poco difícil respirar, al ir subiendo sienten como se les acaba el aire más rápido.

–Es el oxígeno –dice Luna –. A grandes alturas, es menor la cantidad que hay en el aire.

Draco podría jurar que Luna habría sonado como Granger si no fuera por el pequeño detalle de que la rubia excava en ese momento en la nieve y come las raíces que encuentra, además le da la mitad a una ardilla que andaba por ahí y establece una conversación con ella.

– ¿Y eso nos beneficia a nosotros? –pregunta Draco distraído, viéndola acostarse en la nieve y hacer figuras en ella.

–Generas mejor condición física.

De nuevo, si no estuviera haciendo soniditos con la garganta y tratando de atrapar pequeños seres invisibles con las manos, sonaría más serio su comentario.

Pero a él no le importa. Prefiere a su Luna danzando entre los árboles cubierta de nieve y susurrándole a los Hientenits mientras habla de las condiciones climatológicas, aun si todo el mundo la toma como una loca. Para Draco no hay nada más que ese momento en el que ella voltea y le sonríe.

–Pronto nos acostumbraremos, sólo es cuestión de aclimatarse –dice con una rama en la cabeza y hojitas de pino entre su cabello. Es el perfecto ejemplo de la contradicción en sí misma, pero para él, no hay nada más que tenga sentido que aquello.