Hipo dejó a Annie en casa y volvió con su padre para despedirse. Encontró a Estoico empacando algunas cosas para el viaje, muy concentrado en no olvidar nada. Apenas notó cuando Hipo abrió la puerta.
¿Necesitas ayuda, papá?-
Hipo… -Dijo ausente, como saliendo de una ensoñación- …qué bueno que alcanzo a conversar contigo antes de marcharme.-
Cuando Estoico quería "conversar" sólo podía significar dos cosas. Hipo estaba en problemas o se trataba de algo muy serio.
Si estás preocupado por que haga alguna estupidez, no te aflijas. Sea lo que sea, Bocón no me lo permitirá…-
Siéntate, hijo. –Le dijo cerrando el morral que había dispuesto para llevar en la travesía.
Esto no se estaba poniendo mejor.
¿Qué… sucede?-
El gigantesco vikingo suspiró preocupado. Dejó el equipaje a un lado y se sentó frente a Hipo.
Es necesario que estés consiente de algunas cosas. Desde el momento en el que aprendiste a controlar a los dragones, te hiciste de un poder muy valioso… y codiciado a la vez. Como sabes, todo gran poder implica grandes responsabilidades.-
El muchacho se sintió un tanto incómodo. Palabras como "gran poder" o "grandes responsabilidades" vaticinaban "grandes problemas". Se acomodó en su asiento y apoyó las manos sobre las rodillas.
Esas… responsabilidades de las que te hablo se refieren a las personas que te rodean, a las personas que amas. Y no siempre es fácil asumirlas…-
Hipo lo miró impaciente. Prefería al vikingo rudo y de pocas palabras. El padre comunicativo le estaba dando jaqueca.
Papá, pensé que tenías prisa… digo… si hay algo que tengas que decirme…-
Es Annie, hijo. – Lanzó por fin.
¿Annie? ¿Qué… pasa con Annie?-
Esto será difícil, Hipo… - Restregó sus ojos con fuerza. – Lo que tengo que decirte no te gustará…-
Basta, papá. Me estas asustando…-
En el momento que le digamos a Alvin que no estamos dispuestos a hacer esa alianza, comenzará un infierno para ti. Te obligará a enseñarle lo que sabes atacando tu punto débil… Y ese punto débil es Annie. –
El entrenador de dragones tuvo un sentimiento de angustia en el pecho muy parecido al que había sentido al ver a Craso arrastrando a Annie hacia su barco para llevarla a Roma a la fuerza. Pensar en ello le había hecho recordar todos aquellos terribles momentos que sufrió cuando creyó que ya no volvería a verla jamás. Se quedó en silencio, con la respiración agitada.
La utilizará para llegar a ti. Es por eso que debes protegerla.-
Enseguida comprendió que su padre tenía razón. Había que hacer algo, y rápido.
La llevaré lejos…- dijo poniéndose de pie, dispuesto a partir en ese mismo momento- … la llevaré a un lugar en donde nadie pueda encontrarla. Al menos hasta que esto acabe. Nos iremos ahora mismo y me encargaré…-
Annie no va a aceptarlo, y tú lo sabes bien.- Interrumpió, pesaroso- No dejará que la saques de Berk ni menos que luches solo contra los Marginados.-
¿Entonces cómo voy a protegerla, papá? -Hipo comenzaba a desesperarse- ¿La encierro en su casa hasta que todo este asunto se solucione? ¿Le doy una espada para que pelee a mi lado?-
Debes romper con ella.-
Hipo se paralizó. Se le vino el mundo a los pies. Cada gota de su sangre se tornó tan fría como la nieve que caía fuera. Bajó la vista y apretó los puños.
Y no puedes decirle la verdad. Si lo haces, se pondrá más desafiante y querrá demostrarte que no necesita que la protejas. Hijo… -Dijo Estoico acercándose a Hipo y cogiéndolo cariñosamente por los hombros- Conozco a esa niña como si fuera mi hija, y tú también. Es obstinada e imprudente. Si le dices el motivo real de por qué ya no puedes estar con ella, sólo herirás su orgullo y hará todo lo contrario a lo que le pidas. Debes alejarla lo más posible, Hipo.-
Maldición, odiaba que tuviera razón. Annie no rompería con él para protegerse. Pensaría que era una cobardía y lucharía con dientes y uñas a su lado. Y no podía permitírselo. Era una muchacha valiente y hábil, pero no lo suficiente como para enfrentar a Alvin. No se perdonaría jamás si algo, cualquier cosa, por pequeña que fuera, le pasaba por su culpa. Se le destrozaba el corazón, pero la única forma de protegerla era alejándola.
Alejarse de su Annie. No había nada en el mundo que quisiera menos que eso. Y sin embargo debía hacerlo. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? ¿Por qué no podían ser dos chicos normales pasándosela bien y haciendo lo que las personas de su edad hacían para divertirse? Ser vikingos era una carga tremenda y con el pasar del tiempo se hacía más y más pesada. Tal vez el destino de ellos no era estar juntos y sólo estaban pagando las consecuencias por desafiarlo.
Pero renunciar a ella… era por mucho lo más doloroso que le tocaría vivir. Ya ni siquiera podía recordar cómo era feliz antes, sin ella a su lado. La amaba tanto… y por ese amor que le tenía, sabía que tendría que dejarla.
Recordó a Marcus. Él también la había amado. Y él le había enseñado que el enamorarse de alguien significaba sacrificar la felicidad misma por la del ser querido. Se prometió que nunca olvidaría eso.
No tenía opción.
Confío en que harás lo correcto –Dijo Estoico. Tomó su morral y se dirigió hacia la puerta. Antes de cruzar el umbral, dio un último vistazo a Hipo, que seguía ahí parado, con las manos empuñadas y el rostro congestionado. Odiaba verlo sufrir. – Eres un buen chico sé que la amas.-
Y se marchó.
Hipo apretó los dientes y cerró los ojos como si estuviera padeciendo una tortura insoportable. Con todas sus fuerzas, dio tantos puñetazos en la pared que terminó por romperse la mano. Ni siquiera ese dolor pudo hacerle dejar de sentir el que ahora le embargaba el corazón.
