DISCLAIMER:

Los personajes aquí mencionados no me pertenecen, son de la propiedad de Masashi Kishimoto….

La historia es de mi total autoria.

Este Fanfic está siendo elaborado bajo la estricta supervisión de mi Beta querida: MariaTheCharmix

Notas:

Medio Gender Bender

Mundo Alterno

Fantasia/Romance

HinoxNaruko


CAPITULO VI


—Les informo que en aproximadamente 3 meses, el rey y la reina vendrán a visitar nuestras instalaciones como forma de incentivar más la educación.

La emoción embargo los corazones de los estudiantes, y los murmullos entre ellos no se hicieron esperar

—Silencio jóvenes; permítanme terminar— comento el maestro Kureno. —Nuestra sección deberá presentar algún acto increíble para ese día; así que hoy nos dedicaremos a presentar ideas.

Nuevamente se escucharon las voces de todos los alumnos tratando de hablar al unísono, cosa que perturbaba grandemente la paz mental del joven maestro.

—¡Silencio!—indico golpeando fuertemente el pizarrón –Van a reunirse en este instante con sus grupos y propondrán entre todos una idea que luego ira a votación.

Y esta fue la más sabia manera de controlar aquellos jóvenes con exceso de energía.

Tras haberse podido agrupar en sus respectivos equipos; las ideas comenzaron a emanar de todos ellos, al paso de los minutos cada grupo le entrego a Kureno una pequeña hoja de papel, describiendo con exactitud su idea.

Kureno tomo un pedazo de tiza y comenzó a escribir cada idea en el pizarrón:

Baile tradicional "bendición del fuego".

Coro polifónico

Obra teatral

Coro a dos voces

Instrumental de cuerdas

—Vaya, me han sorprendido, tienen buenas ideas, ahora vamos a votación.

Era una conmoción total, a pesar que las ideas eran muy buenas al final logro triunfar una sola; la danza.

Todos estaban emocionados, esa era una danza conmemorativa al país de fuego, los pasos eran muy complicados y necesitaban de mucha concentración y preparación espiritual, pues consistía en invocar al espíritu de fuego mediante movimientos armónicos para que este les obsequiara el poder del fuego que luego sería entregado por uno de ellos; que el mismo dragón escogiera; para llevar ese fuego hasta el cetro del rey.

Era un ritual famoso, que se enseñaba desde que los niños entraban en la adolescencia; en cada pueblo habían templos que preparaban a cada niño de noble familia para un día, llevar a cabo esta danza tan noble. Es por lo mismo que todos ahí poseían un traje especial, que se cocía con las más finas telas e hilos de oro; pues no existía en todo el reino baile tan solemne como ese.

—Sensei— pregunto un alumno – ¿No es probable que ya hayan tomado esa actividad en alguna otra sección?

A lo que Kureno sonrió con orgullo – Fui de los primeros en enterarme, y hoy mismo presentare la actividad, a los demás maestros les gusta tomar las cosas con calma.

Después de decir estas palabras su semblante cambio por uno más serio. – Y casi a ningún docente le gusta este rito; pues es el más solemne y con él se abre paso al resto de la celebración.

— ¡Es decir que seremos los primeros!

— ¡Que emoción!

— ¿Cuándo empezaremos la práctica?

—En un mes…— respondió el maestro.

— ¿Tanto?

—Ya todos se saben los pasos, pero la colocación la hare yo, así que solo deberán adaptarse a su lugar, en un mes hacemos eso, y todos deberán saber el paso del dragón mensajero; porque como bien sabrán; ese espíritu solo se presenta frente a su alteza real; y es ahí donde escoge cuál de sus súbditos del baile tendrá el honor de llevar su fuego.

—Es emocionante.

—No puedo creer que el rey venga.

—Ojala el espíritu me escoja, eso es la mayor bendición.

—Poder acercarse más a su alteza real.

—Dicen que sus ojos son como el mar.

—Y que su cabellera parece bendecida por los rayos del sol.

—Yo a la que quiero ver es a la reina, dicen que es muy hermosa.

— ¡Ya es suficiente!— les reprendió el maestro — ¡Mejor recojan sus cosas! La jornada termino.

— ¡Si!

Al salir de aquella aula la mayoría de jóvenes estaban emocionados, iban por los pasillos aun hablando de lo fantástica que era aquella danza; y lo increíble que sería poder tocar el fuego con las mano. Pero para sorpresa de algunos, el ser más hiperactivo del instituto caminaba en silencio, con la cabeza agachada y una mirada oscurecida. Sasuki mejor que nadie entendía el porqué; así que solo le acompañaba en silencio hasta que una de las jovencitas de su salón tomo a la rubia de la manga de la camisa y la jalo con fuerza, provocando que los libros que llevaba en su mano se cayeran.

— ¡Oye que te pasa Suiget!— le reprendió furiosa la rubia

—Es raro ver que estés tan callada Naruko, solo te di un empujón para que hablaras.

—No te metas con ella Suiget, no estamos de humor.

—Sasu, Sasu, Sasu, aún me pregunto cómo alguien de tan noble estirpe puede juntarse con esta… zorrita.

— ¡Ya te dije que no le digas así! —dijo la joven morena colocándose frente a aquella chica.

—Es la verdad, ella no es nadie Sasuki, te vendría mejor juntarte con los de tu clase; no con una simple criada.

Eso fue el colmo para Sasuko quien llena de ira cerro su mano y la dirijo hacia su compañera con la plena intención de estrellar su puño en la cara de aquella chica de mirada burlona. Pero antes que ella pudiera tocarla, otra chica de cabellos naranja le tomo el brazo, colocándolo tras su espalda imposibilitando su movimiento.

Shikamaru, Sai y Kiba trataron de ayudarlas, pero frente a ellas aparecían más de la cuadrilla de aquella joven de plateada cabellera. Y para desgracia de todos, la única que podía defenderlas estaba postrada en el suelo, con la mirada perdida y sin ánimos de levantarse.

—Déjame ver— comento Suiget tomando el mentón de la rubia y obligándola a ver su rostro. –Que ojos tan depresivos tienes hoy, acaso te preocupa no ser capaz de bailar con nosotras, sé que ha sido la única que nunca ha tomado las clases de danza, porque tus pobres padres nunca pudieron pagarlas.

Al mencionar a los seres más importantes para ella, la rubia se paró frente a Suiget, teniendo los puños cerrados y una mirada llena de furia. – No te metas con mis padres, rata de alcantarilla, a menos que quieras que borre esa estúpida sonrisa de tu rostro.

—Eso quiero verlo.

— ¡Naruko no lo hagas, solo conseguirás que te manden a dirección!— Grito preocupada Sasuki.

— ¡Vamos Naruko, ¿No que ibas a borrar mi sonrisa?!

— ¡Naruko, no te dejes llevar!

Y respirando profundo la rubia dio media vuelta, Sasuki tenía razón, no debía dejar que las palabras de Suiget le nublaran la razón; no este día.

—Tus padres criaron a una cobarde, fueron unos pobres tontos que no supieron enseñarte el valor de la palabra; por supuesto, gente sin valor como ellos… que saben de lo que es mantener una palabra.

Pero eso no lo dejaría pasar, nadie, nunca ofendería a sus padres y se libraría de la paliza de su vida.

Iba a estamparle la cara, a mandar sus dientes fueran de la boca, a hacer que se tragara aquellas palabras…pero una mano imponente le detuvo el brazo y se colocó entre ellas, era Hino Hyuga, quien pese a que su prima le pidió no interferir no pudo soportar el escuchar como ofendían a aquella joven que había tomado gran parte de sus pensamientos y de su corazón, y no fue solo eso; una fuerza que no sabía que tenía le impulso a moverse a gran velocidad y detener el puño de su rubia amiga.

—Sasuki tiene razón Naruko, no vale la pena.

Los ojos de Hino tenían un brillo aterrador, provocando en Suigetsu un miedo indescriptible, sentía como si aquel hombre hubiera entrado en su mente, husmeado en cada espacio y le hubiera liberado sus temores, así que se soltó con desesperación del agarre y retrocedió unos cuantos pasos, deseando poner una distancia entre la profunda mirada de aquel caballero y la suya.

— ¡Vámonos de aquí!— grito un tanto desesperada.

Y sus amigas presas de la confusión se alejaron de las demás jóvenes y se fueron tras Suiget.

—"Maldita zorra, ¿Crees que podrás librarte de mí usando el poder del clan Hyuuga? ¡Juro que ésta me la pagaras!"

Y divagando en sus pensamientos iba cuando se estampo con nada más y nada menos que la directora del centro, quien había podido observar desde las sombras aquella pequeña batalla y le sonreía muy complacida; podía aprovechar el odio de esa chica para poder al fin deshacerse de ese maldito estorbo que para ella era, Naruko Umino.

.

.

.

— ¿Estas bien Naruko?

—Muchas gracias por detenerme— comento un poco cabizbaja.

—No podía dejar que te hicieran nada malo.

Esta afirmación alegro un poco el ensombrecido corazón de la rubia y le dibujo una tenue sonrisa en su rostro –Gracias Hino-kun.

— ¡Pensabas pelear con ella!— apareció furiosa Sasuko — ¡¿Acaso quieres que te pongan a fregar los pisos con tu lengua?!

—No seas exagerada…

—Bueno, pero te castigarían y justo hoy…— y antes de finalizar la oración guardo silencio.

—Debo salir un momento, gracias por ayudarme Hino— y diciendo esto salió de aquel lugar a toda prisa.

— ¿A dónde va?— pregunto el joven confundido.

Pero ninguna de las amigas de Naruko se atrevía a contestar, solo agacharon la mirada; hasta que Sai, haciendo caso omiso al silencio de sus amigas contesto –Hoy es el aniversario de la muerte de sus padres…— esto le hizo ganarse varias miradas de reprimenda, pero no se detuvo —… siempre va con su hermana a la tumba de sus padres que queda pasando la laguna de las garzas, ellos están enterrados en el jardín de su antigua casa…

— ¡Sai!— le hablo furiosa su prima –No tienes derecho a comentar la vida de los demás, ven, nos vamos ya antes que tu bocota nos meta en líos.

Y así las cuatro amigas se dirigieron a su habitación, llevando casi de las orejas a la pequeña Sai que empezaba a lamentarse de haber abierto su boca.

.

.

.

—Pensé que nunca vendrías.

—Lo siento Iru, pero tuve un inconveniente al salir, pero ya estoy aquí.

—Que bien, no podría aguantar tanto tiempo en este lugar sin tu compañía hermana.

Y ambas jóvenes se arrodillaron frente a las dos rocas que tenían gravadas en sí, el nombre de sus padres.

—Padre, madre… estamos aquí— pronunciaron juntas, como hacían cada año, en esa misma fecha, reviviendo el trágico día que les había arrebatado su más preciado tesoro.

—Iru despierta

— ¿Qué pasa Naru?

—Me pareció escuchar un ruido en las afueras de la casa.

—Ya duerme, es tu imaginación.

—Iré a decirle a papá y a mamá.

—Estas alucinando Naruko, vuelve a dormir, no vayas a despertarlos.

Pero haciendo caso omiso, la joven salió de su habitación, y cuál sería su sorpresa al ver al causante de su despertar esa noche; un hermoso conejo de color dorado que saltando en aquel lugar había botado algunas cosas.

Trato de atraparlo pero no pudo, el conejo saltaba de un lugar a otro, huyendo de las pequeñas y traviesas manos de aquella niña de ojos azules y sonrisa risueña.

—Déjate atrapar amiguito, no pienso hacerte daño.

Pero aquello era imposible para la pequeña rubia. Cansada suspiro y se sentó en el suelo, y para su sorpresa aquel animal salto hacia sus piernas para luego posar sus pequeñas garras frente a su pecho.

Tenía ojos color carmín que hipnotizaban; y justo eso hicieron con la pequeña quien entre sueños escucho una voz que le susurró al oído.

Debe salir de aquí Naruko-sama, no podemos perderte, ni luchar por ti en estos momentos; debes salir y seguir escondiendo tu poder hasta el día que el nuevo sol aparezca sobre este cielo y la lucha por el dominio del nuevo mundo de lugar; aun eres muy joven para entender cuál es tu misión y eres el arma que los dioses le han otorgado al mundo, debemos cuidarte sin que quieran apoderarse de ti, así que huye en estos momentos, pues un peligro muy grande acecha esta morada.

Fue casi un susurro que la hizo entrar en un estado de ensueño, pero su cuerpo se movió solo. Abrió la puerta y comenzó a caminar, siguiendo el sendero que aquel conejo le indicaba.

Iru al notar que su hermana no volvía salió de la cama y su sorpresa seria el ver la puerta abierta; presa del miedo salió en su búsqueda, corriendo desesperadamente hacia donde su corazón le indicaba, justo por el sendero que adentraba al bosque.

Al paso de unas horas, justo cuando el corazón de Iru latía con desesperación, pudo divisar el diminuto cuerpo de su hermana que estaba recostado sobre una cuna de hermosas flores rojas.

Iru corrió hasta aquel lugar y llamo a su hermana sacándola del estado de sueño.

— ¿Iru?

— ¡Naruko! ¿Estás bien? Me asustaste, ¿qué diablos haces aquí?

— ¿Qué me paso? ¿Dónde estamos?

—Eso debería preguntarte yo.

—Bueno… solo recuerdo al conejo dorado y una voz muy dulce.

— ¿Conejo dorado? ¿De qué hablas?

—Se metió a la casa, y no se dejaba atrapar…

—Naruko estabas soñando, vaya, solo esto me faltaba, que caminaras dormida.

—Lo siento hermana.

—No te preocupes, ven, volvamos a casa antes que nuestros padres despierten y nos regañen.

—Hermana.

— ¿Qué pasa?

—Tengo hambre.

—Jajajaja, ¿Por qué no me sorprende? Cuando lleguemos a casa te daré una empanada de las que mamá guardo.

— ¡Sí, que rico!

Pero eso no ocurrió, no volvieron a probar aquellas deliciosas empanadas hechas por su madre, no volvieron a recibir el llamado de atención de su noble padre, pues al llegar a su casa… todo estaba ardiendo, las llamas les habían arrebatado su hogar y gran parte de su familia. Ahora solo quedaban ellas, solo se tenían la una a la otra.

Y como mayor que era, Iru prometió proteger a su hermanita, no dejaría que le arrebataran de nuevo ese tesoro de los brazos.