¿Dónde están todos

¿Dónde están todos?

Muraki siente una montaña rusa en su estómago; está eufórico por poder montar a un Shikigami, además está con Tsuzuki, se siente feliz sin que pueda combatir eso; por otro lado, un gran enojo hace que en su estómago se forme un nudo duro, le enoja la manera en que Tsuzuki se preocupa por Hisoka, aquel muchacho que es su marioneta, a ese joven cuerpo que poseyó una noche de roja luna. Si lo tuviera enfrente, con las posibilidades necesarias, lo marraría a un poste y comenzaría a golpearlo con un látigo, se regocijaría con cada grito y lamento que emergiera de su garganta, reiría feliz al disfrutar hacer sufrir al castaño insensato.

Tsuzuki acaricia el suave cabello de Muraki, sonríe al decir:

— Lamento que esté ocurriendo esto, me hubiera gustado que este día fuera tranquilo para todos… Que hubiéramos podido disfrutarlo en paz. — Aquellas palabras son suficientes, para que los pensamientos sádicos del médico desaparezcan. — Eres un niño muy bueno… —

Muraki siente la necesidad de quitarse de encima la mano de Tsuzuki con violencia, acorralarlo contra una pared, besarle el cuello, decirle con su voz más seductora que quiere poseerlo, hacerlo suyo; pues no es un niño bueno, sino un hombre que desea aquella boca, ese cuerpo esbelto y aquellos ojos amatista. Sin embargo, abraza efusivamente al Shinigami, entonces eleva su mirada gris, dice con toda la inocencia de un verdadero ángel:

— Te quello Suki… — Dentro de su mente comienza tirar patadas imaginarias, tensa sus manos, grita iracundo, se reclama aquellas expresiones que no puede controlar. Pero toda su ira vuelve a disiparse al sentir el cálido pecho del Shinigami, al sentirse protegido, al saberse querido y al escuchar:

— También te quiero. —

Gran conmoción se crea dentro de Muraki, es la primera ocasión que anhelaba sin saberlo que alguien le digiera: "Te quiero".

Mientras Muraki estaba a punto de ir un paso más allá de su propia locura, Hisoka se levantaba de su asiento, el tren se ha parado y las puestas se han abierto. El niño corre frente a él, al pisar la plancha de concreto pone sus manos tras su espalda y espera al joven.

Hisoka nota que están solos, no hay ni una cucaracha cerca, la estación está vacía. Camina sin dejar de sentir recelo hacia su anfitrión. Sin embargo cuando salen de aquel lugar, puede ver que hay un campo verde de un lado de la calle y del otro la ciudad. El niño señala hacia una pequeña duna de verde césped y flores, comenta:

— Allá está la laguna… Es divertido llegar rodando. —

El niño toma la mano de Hisoka y comienzan a correr juntos, avanzan entre las flores, bajo un impío cielo y el sol sonriente. El Shinigami no puede comprender el bienestar que lo invade, sospecha que puede estar bajo un hechizo.

Muraki toma con fuerza la camisa de Tsuzuki, esconde su mirada, desea aferrarse a él para no perderlo. Se ha dado cuenta que su habla empeora, es como si se convirtiera en un niño, le preocupa no tener la respuesta ni el control.

Hisoka y el niño llegan sobre la pequeña colina, ven al fondo la laguna de brillantes aguas, se sonríen al dejarse rodar sobre el pasto. Sin embargo, ninguno llega a la laguna, desaparecen a la mitad del trayecto.

Byakko desciende grácil sobre el pasto, sin pisar las flores. Tsuzuki salta para bajarse, después toma entre sus brazos a Muraki y lo pone en tierra firme. El Shikigami no siente a Hisoka cerca, es como si fueran los únicos en ese lugar, siente que algo no está bien. El Shinigami indica:

— Byakko cuida a Muraki un momento, iré a ver si Hisoka se encuentra cerca. —

El Shikigami asiente, pero Muraki toma del saco a Tsuzuki sin intenciones de dejarlo ir. El hombre se encuclilla, abraza a Muraki al prometer:

— Regresaré a buscarte. — Después de eso el galeno lo deja marcharse.

Muraki observa como Tsuzuki se aleja, cosa que le desagrada. Byakko no tenía ánimos para ser amable o cuidar a ese sujeto, que consideraba despreciable al igual que los otros Shikigamis; sin embargo, al ser una petición de Tsuzuki debía hacerlo.

Tsuzuki llega a la estación del tren ligero, se preocupa al verla tan desierta, de pronto escucha el rugir de Byakko, así que corre hacia donde dejó a su amigo. Sin embargo, cuando llega ya no está Byakko ni Muraki, han desaparecido sin dejar rastro. Grita al cielo:

— ¿DÓNDE ESTÁN TODOS?… —

Tatsumi, en aquellos momentos decide tomar un descanso, pues todos los aparatos electrónicos se habían vuelto locos por completo. Se recuesta un momento en un sillón con su antebrazo derecho sobre su frente, respira profundo. Watari entra al borde de las lágrimas, cierra la puerta al recargarse sobre la madera, entonces se escucha como varios cuchillos se clavan sobre la tranquera, corre tras el escritorio para esconderse.

Todo marchaba mal, las máquinas azoraban a todos, en especial a Watari, quien comenzaba a sentir pavor hacia sus propios experimentos, los cuales lo perseguían como la peor pesadilla que pudo imaginar.

El jefe gritaba de un lado al otro, los Shinigamis trataban de solucionar aquello, pero nada parecía suficiente. Tatsumi se quita los lentes, masajea el puente de su nariz al pensar:

— Tsuzuki debe encontrarse mejor… —

Muraki abre sus párpados, está en el hotel, las luces de la habitación están prendidas. Ve el esbelto cuerpo de Tsuzuki sobre la cama, con la camisa desabotonada. Camina hacia allá, al ver que lleva puesta su gabardina blanca, uno de sus trajes y no es un niño; es como si esta fuese la realidad. El rostro del Shinigami se encuentra oculto entre las sombras. A pesar de lo tentadora de la propuesta, se acerca al rostro de ese hombre, entonces no encuentra los ojos amatistas sino los de Saki. Da un paso atrás, está horrorizado, Saki tiene el cuerpo de Tsuzuki.

Su hermano comienza a reír, después con un movimiento rápido golpea Muraki, lo pone contra la pared. Entonces con brusquedad comienza a arrancarle la ropa. El doctor cierra sus párpados, se repite que eso no puede ser, que las cosas no pueden resultar de esa manera. Se estremece y abre sus ojos, ve frente a él unos barrotes, se encuentra en una celda diminuta. Se abraza al alegarse que aquello fuera una pesadilla, entonces escucha el eco de la voz de un hombre, al menos eso cree:

— ¿No es eso lo que deseabas?… —

Los labios de Muraki se contorsionan, no puede negarlo, pero ahora no considera aquello una gran idea. Sin importar las ganas que tenga de matar a Saki con sus manos, le repugna recordar la imagen del cuerpo de Tsuzuki sin la cabeza de Shinigami. La voz comienza a carcajearse mientras se aleja.

Muraki se abraza a si mismo, mientras desearía que Tsuzuki lo acogiese entre sus fuertes brazos. Mira hacia fuera de su celda, entonces ve a otros tres sujetos, alguien con cabello castaño que no podía distinguir bien por la poca luz, un niño pelirrojo y uno de unos cinco años de cabello blanco con orejitas de gato; se aventura a deducir que uno es Hisoka y el otro Byakko, mientras al tercero no lo reconoce.

El doctor se sienta al esperar que los demás despierten, pero no aguarda mucho, pues Byakko es el primero es espabilarse, rasca su cabeza, se encuentra confundido, su cabeza le punza por el golpe que recibió a traición; pronto ve los barrotes y a Muraki viéndolo, considera prudente hablarle:

— ¿Estás bien?, ¿Qué pasó?… — El doctor sólo responde con un seco:

— No séh. —

Byakko cruza sus brazos, mueve su cola para sacar una conclusión, después de un rato comenta:

— Nos capturaron. — Muraki responde con sarcasmo.

— Evidete. — (Evidente)

El Shikigami se da cuenta de algo, la celda es muy reducida para alguien tan enorme como él. Mira sus manos, nota que son humanas, no puede creerlo, pues se supone que no debería ser así, toca se cara y luego su cabeza, no hay duda, parece un humano; pero con cola y orejas de gatito. Muraki le indica al notar el asustado talante del Shikigami:

— Hay algo peor… — Byakko no puede saber a qué se refiere Muraki, así que decide considerar ese comentario como mal intencionado; aún está aturdido como para preocuparse por eso.

El pelirrojo se despierta, se acerca a los barrotes, entonces pregunta:

— ¿Están todos bien?… — Muraki dice:

— Yo eto ensheado… — Byakko comenta al sentir un fuerte dolor de cabeza:

— Me duele la cabeza. — El niño pelirrojo comienza a llamar al otro:

— Hisoka… Hisoka… — Pero Hisoka no puede despertar.

El niño pelirrojo comienza a llorar mientras grita, cosa que hace qua a un niño pelirrojo se le ericen los pelos:

— ¡PAPI! ¡SÁCANOS DE AQUÍ!… ¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!… ¡BUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUAAAAAAAAA!… — solloza — ¡Haré cosas malas!… — se limpia los mocos con sus mangas. — ¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAA!… —

Mientras tanto, Tsuzuki recorre la ciudad, camina por las calles, entra a los comercios, nota que todos los seres vivientes han desaparecido. Comienza a lanzar aves blancas, desea encontrar algún indicio, una pista, algo que le indique qué dirección tomar.

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Muchas gracias por sus comentarios, son muy importantes para mí. Espero darle mayor velocidad a este Fic, así que intentaré hacer actualizaciones pronto, lo bueno es que parece que pronto llegará a su fin… jejejeje…

¿Ustedes creen que a Hisoka le hicieron algo similar que a Byakko? Por favor, opinen 

Mil gracias a:

Kaho – Kazuki antes Syaoran-Sakura.

Kaguya Hime

Nekozumi Hime

Hibary-Hiwatari

Soley de Lioncourt.

Hasta luego…