FEEL
CAPITULO 6
"EL MAL DE LOS HUMANOS"
De todas las cosas en el mundo, lo que ahora mas deseaba, era poder tocarlo y ayudarle. Tenia tantas ganas de poder tocarle y reanimarlo, saber que le sucedía, moverlo y entender que era lo que estaba pasando. Sentía una gran impotencia al verse inútil de poder atenderle, ¿por que tenia que ser tan mortal el tocarle?, no sabia que hacer, solo podía llamarle.
- ¡Iván! Despierta, ¿Qué te sucede? - no recibía respuesta alguna.
Asustado se sentó en la arena y miro a su alrededor para poder ver si alguien podía ayudarle, pero no había señal alguna de alguien cerca, apretaba sus manos en puños, era lo único que podía hacer, no podía dejarle ahí, así que, decidido a perder su vida, iba a tocarlo. Estiro su brazo hacia la cabeza de este, justo iba a tocarle sus cenizos cabellos, pero se detuvo, observo la arena y tomó un poco de esta en su mano para dejarla caer en el rostro del demonio.
La suave arena caía sobre aquel rostro nívea, pero el demonio blanco seguía sin responder, tomó otro poco y esta vez la dejó caer cerca de la nariz de este, aquello hizo que reaccionará un poco moviendo la nariz.
- ¡Iván!, ¿qué te sucede?, ¿estás herido?, ¿sientes dolor? - preguntaba en un tono angustiante.
Abrió un ojo, veía algo borroso por los pequeños cristales de arena que habian en su rostro, trataba de entender que era lo que estaba pasando, sus sentidos estaban aturdidos, a excepción del olfato, el cual distinguía bien el dulce aroma embriagador del ángel que tenia a su lado. Aquello agudizo de nuevo sus sentidos, pero no de la forma deseada, alertándolo a una cosa, debía comer.
Con la poca cordura y fuerzas que tenia, antes de que perdiera la conciencia, gruñó fuerte para después decir en voz baja – Aléjate de mi…-
Alfred no sabia a lo que se refería – Pero…- titubeo asombrado por que lo que le estaba pidiendo – No me alejare de ti…. No quiero –
El maligno se sentó en la arena, enterró sus dedos en esta y volvió gruñir - ¡Aléjate de mi! – repitió.
El mensajero de Dios se asusto, jamás había escuchado de esa forma al demonio, sin embargo, no se alejó, en vez de eso se acerco, no entendía lo que sucedía. El albino de nuevo prolongo su distancia, esta vez se había levantado del suelo recorriendo metros lejos del rubio – No lo entiendes… yo… - el rugido del ente se hizo presente y esta vez mas fuerte, acomodándose en una posición como si fuera a atacar.
El dorado no tenía la capacidad de pensar mal en las cosas, por eso mismo no se daba cuenta de lo que sucedía. Iván luchaba con su lado bestial, no quería hacer algo solo por instinto, de lo cual le dolería y se arrepentiría.
-Grrr!... ¡Alfred vete de aquí maldita sea! - no pudo contenerse más, cayo de rodillas en la arena, sus ojos cambiaron de tonalidad a unos mas brillantes, sus dientes se volvieron mas filos, distorsionando por completo al ser oscuro. Su rugido era cada vez mas fuerte, lo cual anunciaba que ya no era ese quien el joven conoció.
-Iván…- susurro esa dulce voz, mirándole con esos ojitos azules llenos de angustia.
El espíritu de piel nívea sonrió macabramente, en sus ojos se veía el hambre que tenia, y como si fuera un lobo, corrió hacia el ángel, quien no entendía lo que sucedía, solo estaba triste y desorbitado por las repentinas acciones del demonio. En ningún momento se aisló, por el contrario, se quedó ahí quieto, solo deseaba que reaccionase y si no, morir en sus manos.
Iván se acercó levantando la mano, abrió grande la boca, al fin iba a comer.
Con el alma decaída espero a lo que seria su fin, no iría a quitarse de ahí ni a dejarle por nada del mundo, mucho ya había hecho con haber desafiado al arcángel Ludwig. Sintió ese aire voraz acercarse y en cuestión de un parpadeo de sus ojos, un extraño portal se abría enfrente de él, de la cual salió sorpresivamente un sujeto familiar.
-Kesesesese… vamos Ivancito, no hagas algo de lo que te arrepentirás- mientras decía aquello interceptó de frente a su amigo, deteniendo el inminente ataque hacia el ángel.
El demonio de ojos violetas estaba convertido en otra persona, había enloquecido por la falta de nutrientes – ¡Iván contrólate! No quieres lastimar este estúpido ángel de verdad- ponía fuerte resistencia, no obstante, el otro en ese estado era muy fuerte.
-Grrr…agrrr!- estiraba las manos para poder alcanzar al ser divino,
-Bien no me dejas otra opción…- estiro su brazo derecho a un costado dibujando un gran circulo con esta abriendo un portal, cada demonio tenia control diferente del espacio tiempo – Escucha bien lo que diré, Iván ahora no es el de siempre, le falta alimento y es por ello que esta así. No te reconoce y solo te esta viendo como comida, cruza el maldito portal si quieres vivir…-
-Pero... ¿el estará bien? -
- ¡Si!, ¡solo entra ya! Maldición…no puedo detenerlo ya-
-Esta bien…- saltó al portal cayendo en un suelo rocoso, jamás dejo de observar a Iván, percibiendo como en su pecho se movía desesperado su corazón, era la existencia del demonio que sentía que era su motor de vivir. Rápidamente se cerro el portal, se levanto del suelo y pudo distinguir que estaba muy arriba del nivel del mar, el cual tenia muy por debajo de sus pies, otra maravilla de dios que conocía, a pesar de tener la vista tan bella, no estaba en nada tranquilo, solo deseaba que Iván estuviese bien.
Gilbert tomo fuerte a su compañero y lo llevo a una ciudad no tan lejana, donde la población era de gente ruin, personas crueles que ya no le tenían ningún respeto a la vida ni a dios, donde los demonios comían a gusto, el plato principal, almas de gente podrida, no exquisita, pero al menos comida, ningún arcángel había podido erradicarlos de ahí, era una ciudad perdida.
Ahí se abasteció de alimento, tuvo que comer varias almas para poder regresar en si, estaba devorando el alma de un adolecente rubio cuando regreso en si, se alejo ágilmente asustado y gritando – ¡No!, ¡Alfred! -
El demonio de ojos carmesí se aproximo a tocarle el hombro para calmarle – Hey! Cálmate, no es Alfred-
Observó mejor lo que se estaba comiendo y suspiro - Yo...-
-Tampoco le hiciste daño…llegue a tiempo antes de que te fueras encima- le palmo fuerte la espalda- Te lo había dicho animal, estabas débil, nunca me haces caso-
-Me hubiera vuelto loco si le hubiese lastimado-
-Lo se, por ello los seguí, jamás irías a perdonarte por algo así, hehehe, ahora dame las gracias-
Iván no respondió, Gilbert le conocía tan bien que sin decirle nada adivinaba su pensar. El demonio parlanchín se quedo mirando con cierto desgano a su aliado, le tocó el hombro apretando un poco – Ya no sé qué pensar, si fue Dios quien se equivoco al crearlo a él o a ti-
Se miraron unos segundos, Iván se alejó de su compañero. Pese a que no había comido demasiado, aquello había sido suficiente. Se sacudió las ropas y miro al horizonte de aquella ciudad infernal.
-De verdad que ese ángel esta chiflado, lo que hace pareciera que no puede entender que esta mal, se deja llevar por sus emociones, solo vi en sus enormes ojos la tristeza inundándole al no saber que te pasaba y el tener que alejarse de ti-
-No digas más, es suficiente – Se limpio los labios – Tengo que ponerle fin a esto-
- ¿Realmente crees que esa sea la solución?, no creo que diciéndole "shu shu angelito lindo vete por ahí" vaya a funcionar –
-De alguna forma debe entender-
-Eso tengo que verlo…- dijo en tono burlón – Que tan convencido no te ves
-Idiota….- frunció su ceño -¿Dónde esta?-
-Donde guardas tus secretos…- levantó una ceja y se rasco su cabeza, sabia que su amigo iría a hacer cosas locas.
-Vale, gracias Gilbert…-
-No hay de que, hahahahaha, haces cosas interesantes en nuestra existencia-
-Hehehe….- chasqueó los dedos y desapareció ante los ojos de su amigo.
Para el ángel el tener que esperar al demonio era un tiempo eterno, relevante a su tiempo, el cual no era nada parecido al tiempo de los humanos. Se abrazó a si mismo con sus alas, escondiéndose dentro de ellas, cada que se sentía mal o triste se escondía en ellas.
- ¿Otra vez escondido como una pelota emplumada? - Iván apareció justo delante de sus ojos, Alfred sonrió emocionado, extendió sus alas y se acercó lo mas que pudo al demonio. Incluso intento tocarlo, pero al darse cuenta que no debía, llevo sus manos al pecho ansiosamente. Ya no podía negarlo, la maldición del amor estaba en el.
- ¡Iván! -
Alfred se había enamorado por completo de Iván, un ser hermoso e imperfecto y tal parecía que era correspondido.
Extrañamente ambos empezaron a sonreír, la aureola del bello ángel brillaba demasiado, lleno de vitalidad, causada por ese noble amor que sentían.
El ser oscuro no podía gesticular palabra alguna ante aquellos ojos zafiros brillantes, tenia un gesto bello, hizo una mueca sonriendo, sin duda Alfred era un bello ángel y las expresiones mas bellas son las que hacia de corazón.
-Tranquilo, estoy bien, no pasa nada-
-Pero te desvaneciste… -
-Es normal, suele pasar de vez en cuando no como bien, tranquilo- miro hacia el vacío del paisaje, cerró los ojos un segundo para sentir la brisa del mar.
-Iván yo…-
-Se llama mar es eso azul. Realmente tiene un hermoso color, el cual es cubierto por los rayos del sol, dando un hermoso paisaje, me da tranquilidad, me hace olvidar mi desdicha-
El ser de luz alzo su mirada para observar el cielo y el mar, por esta vez iba a creerle que estaba bien, levanto sus alas y sintió como el viento las agitaba fuerte, se acomodo su cabello que se movía vigorosamente.
-Me encanta-
El ente se acerco a la orilla de la roca, donde el agua chocaba en ella, tomo asiento y acto seguido Alfred le imito, pero este se atrevió a poner sus pies descalzos en la orilla y sentir lo frio del agua, el cual con el paso del tiempo se empezaba a sentir caliente. La sonrisa del ser de luz era majestuosa, agitaba sus alas logrando hacer que pequeñas gotas de agua saltaran al chocar ambos vientos, era como un niño jugando con la naturaleza.
No había duda, era tal como había dicho Gilbert, se había enamorado de nueva cuenta y esta vez de un ángel. Le había hecho Dios de corazón tan enamoradizo, odiaba ese aspecto de él, pero Alfred no se tenia la culpa y aquel juego de escapar de los arcángeles, de los demonios y de dios debía terminar de una vez.
-Alfred… no podemos seguir así- comentó serio.
El rubio no respondió.
- ¿Me escuchaste? - preguntó el demonio.
-Yo tengo el mal de los humanos Iván- giro su rostro hacia el -Estoy sintiendo amor…- se llevó las manos a la boca y se empezó a reír, estaba feliz por decirlo – Si … estoy enamorado de ti-
