Desclimer:
1. Twilight & sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer.
2. Seduced in the Dark es una historia de C.J. Roberts yo sólo hago una adaptación.
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Advertencia.
Esta historia contiene:
*Situaciones muy perturbadoras.
*Consentimiento dudoso.
*Lenguaje vulgar.
*Violencia gráfica*
*Lemon/Lime
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CAPITULO 6
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Riley se esforzó por concentrarse en la pantalla del ordenador que tenía delante, pero a medida que escribía, su mente no dejaba de vagar. Isabella Swan estaba sin duda sufriendo el Síndrome de Estocolmo, suspirando por su amor perdido, su secuestrador y abusador. A Riley no le importaban los abusadores, bueno, un poco. Todos eran iguales. Su madre solía tratar de disculparse por golpearlo, llevándolo al parque. Los mejores abusadores podían hacerte creer que se sentían culpables por lo que habían hecho, justo hasta que te atravesabas de nuevo en su camino.
Aun así, estaría mintiendo si no admitiera, al menos ante sí mismo, que la capacidad de Bella de narración era bastante... convincente. Durante cuatro horas había escuchado su conversación sobre su relación con Edwrd y vio que sus mejillas y su piel enrojecían con lo que, él lo sabía, era excitación. "¿Cómo no iba a estar afectado?"
Sí, se le puso enorme y dura, fue incluso doloroso, pero no le gustaba. "¿Qué clase de persona tiene una erección mientras escucha la conversación de una víctima de abuso?" Le hacía sentirse enfermo. Estaba enfermo.
Y no era un problema nuevo. Tenía una larga historia de extrañas inclinaciones sexuales. Era la razón por la que tenía treinta y un años y todavía estaba soltero y sin perspectivas en el horizonte. Tenía miedo de que alguien lo viera como era. Estar solo no quería decir que se sintiera solo, la verdad. Se mantenía muy ocupado con el trabajo en el F.B.I. Sin embargo, a menudo pensaba que sería bueno tener a alguien al llegar a casa, alguien con quien hablar, que no lo hiciera sentir como un bicho raro (aunque lo fuera) y que tuvieran gustos similares. Se sentía muy atraído por las mujeres dañadas y fracturadas y ellas parecían sentirse atraídas por él. Isabella Swan no parecía diferente. Su atracción por él tenía alguna razón, podía intuirlo muy claramente, pero sabía que era una atracción que solo tenía una salida. Él nunca pondría en peligro una investigación, nunca tomaría ventaja de un testigo y nunca trataría de salvar a alguien que estaba tan obviamente roto. Había aprendido la lección muy bien.
Haría su trabajo. Es por eso que el F.B.I. lo mantenía a bordo, porque al final del día, sabían que haría lo que debía hacer. Era el que cerraba los casos. Nada lo desviaría de ese camino. Nadie se interpondría en su camino.
Volvió su atención de nuevo a la pantalla, continuó escribiendo la declaración de Bella sobre su tiempo en cautiverio. Trató de permanecer impasible mientras escribía, pero ciertas frases continuamente saltaban hacia él.
—Me hizo rogar por comida...
—Me pegó varias veces...
—...me obligó a correrme.
Su informe parecía más una novela erótica que un expediente. Su mente empezaba a divagar de nuevo, esta vez en dirección a su última novia, que no podía correrse a menos que él la llamara puta. Estaba empezando a ponerse duro otra vez. "¡Basta!"
Guardó el archivo y decidió tomar un descanso muy necesario, de Bella, de sus memorias relativamente inútiles. Abrió su navegador para buscar más información sobre Carlisle Cullen. Él era el eje central de toda la investigación.
Según la testigo, Edward había informado que su relación con Carlisle había comenzado porque necesitaba matar a Jacob Black, A.K.A. Dimitri Balk.
—¿Por qué? —susurró Riley para sí mismo y de pronto recordó el comentario sobre la madre y la hermana de Carlisle. "¿Estarían muertas?"
"No importa", pensó. Lo importante era la subasta, todo lo demás era intrascendente. Así que "¿por qué no podía quitárselo de la cabeza? ¿Por qué la historia parecía relevante?" Era un motivo, claro, pero "¿cómo encontraría el lugar de la subasta en Pakistán?"
Riley dejó escapar un profundo suspiro y se levantó para servirse otra taza de café. Había oído la queja de la policía local sobre el café casi a diario, pero a diferencia de ellos, él realmente disfrutaba el café de la oficina. Probablemente nunca habían limpiado las máquinas de café, pero tal vez le habían agregado algo al grano. Sonrió. De vuelta al escritorio, cogió su libreta y empezó a escarbar a través de sus notas para encontrar un punto de partida para la investigación. La estúpida historia de Bella no proporcionó ningún punto de partida, pero se las arregló para aprender que min fadlik significaba "por favor" en árabe. Edward aparentemente hablaba árabe con tanta facilidad que lo usaba en privado. Se decía que la gente solía hablar su lengua materna mientras estaba sola y sin duda, también ejercitando esa actividad en particular. Dios sabía que nunca había gritado en mandarín mientras estaba en la agonía del éxtasis. Por supuesto, él no hablaba mandarín.
Pasó a través de más notas y encontró que Edward también hablaba español; el inglés lo hablaba con acento extraño, descrito como "... una mezcla de inglés, árabe y persa... tal vez más persa." Riley sacó un mapa de Pakistán y trató de reducir un área con esa mezcla. Parecía muy poco probable. Aun así, el acento significaba que Edward nació o estuvo inmerso por un largo espacio de tiempo en un lugar donde había oído esos idiomas cotidianamente. Afganistán, India e Irán, todos alrededor de Pakistán y todos y cada uno de ellos tenían, sin duda, similitudes en las características demográficas y las convenciones sociales. Los británicos, obviamente, tenía influencia en cada país mencionado, pero sabía que su influencia era más fuerte en la India. Era obvio que Edward no era de la India pero si hubiera crecido allí, habría aprendido el dialecto.
Tenía que reducir la lista de posibles ubicaciones para la subasta y tenía muy poca información, solamente los archivos de antiguos casos e internet. Pakistán estaba dando grandes pasos hacia la reducción y eliminación del número de delitos cometidos contra las personas dentro de sus fronteras, pero estaba muy lejos de tener el éxito necesario para afectar a su sociedad y a su política. La esclavitud era muy popular y la mayor parte de la fuerza de trabajo contratada eran mujeres y niños.
La gente se compraba, se vendía y se alquilaba de forma usual en Pakistán y era hora de que el gobierno de Estados Unidos comenzara a tomar nota y a trabajar con la ONU para hacer algo al respecto. Riley no era ingenuo, sabía que la razón por la que los Estados Unidos habían decidido cambiar su punto de vista sobre Oriente Medio tenía más que ver con los recursos en el extranjero. Sin embargo, si eso significaba menos mujeres y niños vendidos como esclavos sexuales, o menos mano de obra en condiciones de servidumbre, entonces significaba todo para él. Petróleo y libertad para todos.
Las provincias de Sindh y Punjab eran grandes focos de tráfico de personas, pero optó por excluirlos temporalmente, siendo la zona principalmente agrícola, la esclavitud era una labor conjunta. Ciertamente no era lugar para playboys elitistas o terroristas con miras a organizar una subasta lujosa de esclavos de placer. ¡Joder! Iba a ser una noche muy larga.
Riley miró su reloj y decidió pedir la cena, antes de que cerraran su restaurante chino favorito. Prácticamente se le hacía la boca agua con la idea de los fideos de ajo y las empanadillas crujientes. Hubo un tiempo en que ordenaba para dos, pero hacía casi un año que no tenía un compañero con quien compartir el tiempo de investigación. En estos días, trabajaba solo.
Daba igual, ya que no era muy bueno tratando con la gente. Era demasiado honesto y la gente no apreciaba eso.
Era bueno en su trabajo y la gente lo respetaba, pero eso no quería decir que aprovecharan una oportunidad para trabajar juntos o quisieran salir con él para tomarse unas cervezas después del trabajo. Sin embargo hacían lo que les pedía, no se podía quejar. Si le pedía a uno de los analistas que se quedara para ayudar un poco con la investigación, lo haría a regañadientes y guardaría sus comentarios despectivos para cuando se encontrara en mejor compañía.
Riley había solicitado un Grupo de Trabajo Especial para asistirle en el caso. Había un tiempo de respuesta potencialmente corto y la posibilidad de un incidente internacional si llevaban a cabo una redada en Pakistán. Aun así, su jefe se negaba a reunir un grupo de trabajo decente a menos que Riley tuviera pruebas concretas de que habría sospechosos de terrorismo y objetivos políticos en la subasta.
Si no lo supiera mejor, habría acusado a la Agencia de dejar caer en el olvido el caso a propósito. El rostro de Isabella Swan había salpicado todos los noticiarios, junto con videos borrosos de vigilancia y de cámaras de teléfonos de su enfrentamiento con la patrulla fronteriza. Algo como eso no desaparecería fácilmente.
Se desplazó por la información que tenía disponible sobre Carlisle Cullen y sus cómplices. Era un oficial militar pakistaní y de los de alto rango. Había luchado junto a las fuerzas estadounidenses como parte de la coalición durante la Tormenta del Desierto. Estaba altamente condecorado y se rumoreaba que era muy cercano al antiguo Mayor General que apoyó el golpe de estado que derrocó al presidente pakistaní en 1999. En resumen, el hombre tenía a unas cuantas personas poderosas en su círculo.
Si quería a alguien muerto, no podía imaginar que fuera difícil para él llevarlo a cabo. Por supuesto, tendría que hacerlo sin avergonzarse a sí mismo o a sus superiores frente a la comunidad internacional. "¿Podría su implicación ser la razón de que el F.B.I. dudara en atacar este caso con toda su fuerza?"
Riley recogió su pluma y escribió una lista de cosas sobre las que necesitaba obtener información: bases militares en Pakistán cercanas a pistas de aterrizaje, o sobre ellas, aduanas y estaciones de reabastecimiento de combustible. Una cosa era cierta, Carlisle no iba a entrar o salir a través de medios comerciales, necesitaría un avión privado para no lidiar con los funcionarios de aduana. No era mucho, pero era un comienzo.
El timbre del portero lo sobresaltó. Su comida había llegado finalmente. Tomó el ascensor hasta el primer piso y se encontró con el repartidor, le dio una propina generosa y caminó de regreso arriba para disfrutar de sus grasientos y deliciosos manjares.
Varias horas más tarde, Riley decidió dar por terminada la noche y regresar a su hotel. Planeaba levantarse temprano para visitar a Hinata en el hospital otra vez. Ella estaría esperando noticias sobre la solicitud que hizo para participar en el programa de protección de testigos y no tenía noticias nuevas que ofrecer, pero aún necesitaba el resto de su declaración.
Si la información obtenida resultaba lo que él había propuesto a sus superiores, su petición probablemente se concediera, pero no por las razones correctas. Lo que la chica necesitaba era justicia. Ella necesitaba que los hombres responsables de su secuestro, su violación y tortura pagaran por sus crímenes en un ámbito público. Ella necesitaba que aquellos hombres fueran juzgados y hallados culpables por falta de la más básica decencia humana, sólo entonces podría recoger los pedazos de su vida y seguir adelante.
Sin embargo, si él tenía razón, la Oficina estaría más interesada en los elementos de seguridad nacional que en la justicia de una niña de dieciocho años. No habría ninguna detención oficial ni juicios públicos, ya que la información provocaría una operación encubierta para reunir pruebas de la implicación en el tráfico de personas a líderes militares ricos y poderosos, jefes de Estado y magnates millonarios. Esto sería un activo de valor incalculable en las manos del gobierno de los .
Era algo así como un enigma moral en lo que a Riley se refería. Bella estaba huyendo. Ella no quería enfrentarse a su mundo anterior ni a sus habitantes y era un sentimiento que Riley comprendía bien, pero no podía aprobarlo. A la vez, era la persona menos adecuada para aconsejar sobre cómo se deberían superar los traumas personales. Él fue dañado y todavía estaba mal de la cabeza, no importaba los muchos terapeutas con los que había hablado desde su adolescencia. Sus expedientes habían sido sellados y para todos los efectos, era apto para el servicio, pero conocía su propia mente. Conocía sus propias limitaciones y sesgos. Este conocimiento le servía y le daba una perspectiva cuando se trataba de su trabajo.
Entró en su habitación del hotel y dejó su maletín sobre la mesa de siempre. Vació los bolsillos, cuidadosamente apiló según su valor todas las monedas y las colocó en una fila según su tamaño. Sus llaves, la cartera y el reloj también fueron colocados con cuidado. Se desabrochó la chaqueta y la colgó en el armario. A continuación, se sentó y se quitó los zapatos y los calcetines, después la camisa y la corbata. Por último, se quitó el cinturón, lo enrolló, y lo puso sobre la mesa con las otras cosas antes de quitarse la ropa interior. Alineó sus zapatos debajo de la cama y colocó los artículos para la limpieza en seco en la bolsa del hotel. Era su rutina nocturna, le daban consuelo las acciones repetidas. El orden era importante.
Desnudo, se puso en pie sintiendo el aire cálido y ligeramente húmedo de Texas e ignoró la sensación de hormigueo de su pene cada vez más erecto. Sabía por qué se estaba poniendo duro y deseó que no fuera así. Había sido incapaz de resistir la tentación de hojear sus notas de la entrevista, a pesar de la información prometedora que había obtenido con la investigando más a fondo de Carlisle. Esa parte de la historia de la chica estaba llena de una violencia lamentable, la violencia que resulta de una circunstancia cargada de sexo es despreciable, pero la forma en que relató la historia, con entusiasmo tortuoso, manipulación y una excitación evidente fue suficiente para llevarlo al límite. Apretaba todos sus botones y de la mano de su disgusto vino la innegable aceleración de su pulso.
Sin embargo, no lo haría. No quería fantasear. No se masturbaría. No buscaría gratificación sexual. De lo contrario, sería un paso en la dirección equivocada, sabía que esto lo llevaría a la culpa debilitante que inexorablemente venía después.
En su lugar, bajó hasta el suelo y se puso a hacer tantas flexiones como le fue posible. Estaba cansado y sus músculos protestaban. Las dos de la mañana no era la hora adecuada para eso. Sus músculos gritaban, pero era mejor que la alternativa. Se esforzó hasta que el sudor le corrió por la espalda y el estómago se estremeció, hasta que sus brazos amenazaron con rendirse... hasta que no hubo una jodida oportunidad de que algo le inspirara lujuria. Luego se dio una ducha y se metió en la cama.
Durmió tranquilamente y sin sueños.
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Pues misión cumplida :3 aquí les dejo el segundo capítulo del día, espero les guste.
Mar: Gracias por tu review y bienvenida :3 actualizo todos los días a excepción de los sábados y domingos puesto que siempre estoy ocupada y tengo obligaciones como esposa, pero por lo demás siempre estoy disponible entre semana :3
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By: Amy - Estrellita.
