Hary Potter y todos sus personajes son propiedad de J. K. Rowling, esta fumada es mía.

Quiero agradecer a mis amigos por seguir la historia. Ahora, aquí está el quinto cap. ¡Disfrutenlo!

"Errar es humano, perdonar es divino".

V

Disculpas

Draco abrió los ojos, luces nebulosas fue lo primero que vio, después un rostro que tomó forma lentamente.

- ¡Malfoy! – Alguien lo llamaba. - ¡Malfoy! – Era Hermione, era su aroma. La miró a los ojos, su expresión era de angustia.

- Estoy bien. – Le contestó y una sonrisa afloró de sus labios. Ella lo dejó ahí y caminó con los otros. Vio moverse un enorme gato hacía los dementores. Los demás seguían ahuyentándolos. El gato arremetió fuertemente contra ellos y emprendieron la partida. El aire volvió a la normalidad y sintió que su alma descansaba de tristeza y pena. Se puso de pie y caminó hacia el grupo. La profesora McGonagall acababa de unirse al grupo seguida por el profesor Snape.

- ¿Estas seguro Potter? – Preguntaba incrédulo Snape, mientras la profesora miraba al fondo con el puño cerrado sobre la boca y las gafas desencajadas.

- Estoy seguro. – Respondió Potter irritado.

- Iré yo Minerva, tú llévalos al castillo. – La profesora no pudo contestar antes de que Snape saliera hacía el final de la calle.

- Bien, será mejor que regresemos con Rosmerta… - Se acomodó las gafas temblorosamente. - Señor Malfoy, – Lo tomó del hombro uniéndolo con los demás. - le ayudara al señor Potter a llevar al joven Weasley… ¿Se encuentran bien señoritas? – Dijo mirando a las chicas que abrazaban a Ginny, dejando a un lado a los demás. Draco levantó de mala gana a Ron y pasó uno de sus brazos por sus hombros, Harry hizo lo mismo y tuvieron el desagrado de cruzar sus brazos por la espalda y costado de Ron. Caminaron por detrás de las chicas en silencio. A Harry no le estaba costando mucho, pues Draco hacía la mayor parte del trabajo por ser el más alto.

- ¿Qué pensabas al seguirnos? – Soltó después de un rato. Harry estaba seguro de que lo escuchó a pesar de que la cabeza de Ron los separaba.

- ¿De que hablas?

- No te hagas el tonto Malfoy. Estabas siguiéndonos, ¿Planeabas algo o fuiste parte de esto?

- Te equivocas Potter, no permitiré que me difames por que crees que todo el mundo está en contra tuya. Por tu santo terror a la persecución

- Sí, por su puesto. – Dijo con sorna. – ¿Y que dices de Hermione?, la sigues a todas partes, ¿Crees que no nos damos cuenta?

- Estas alucinando, ¿Yo persiguiendo a Grager? – Draco se sonrojó y agradeció que la cabeza de Ron impidiera a Harry mirarle la cara.

- Pagaras caro si te atreves a hacerle daño… - El brazo de Ron osciló por encima de la cabeza de Draco y tras decir cosas sin coherencia, sobre arañas, lo dejó caer pesadamente sobre la cabeza del rubio. Draco dejó de cargarlo y Ron cayó de espaldas.

- ¡Maldito Weasley! Si mi… - pero se interrumpió a tiempo. Harry lo miraba serio, sabía lo que estaba a punto de decir. Cuando el sexto año comenzó Draco le había hecho la estancia más insoportable que nunca, reprochándole el encarcelamiento de su padre hasta que, después de vacaciones de navidad, había dejado de torturarlo. Ambos volvieron a levantar a Ron, que seguía inconsciente.

- Sólo quiero que sepas que no pienso hacerle nada, ni a ella ni a ustedes… - Harry lo tomó por bueno, jamás había escuchado hablar así a Malfoy. Cuando llegaron a las Tres Escobas Rosmerta atendió al desmayado Ronald Weasley, algo que de haber sabido lo habría aliviado al instante. Las chicas estaban tomando chocolate caliente en una mesa acompañadas por la profesora McGonagall.

- Será mejor que tomes algo de chocolate, es bueno, te repondrá. – Draco le asintió con la cabeza y Harry se sintió extraño. La cordialidad entre Griffindors y Slyterins era algo muy inusual, por no decir inexistente. El profesor Snape le tendió una taza de humeante chocolate. Ese gesto hizo que olvidara la riña de la mañana, le sonrió y en los ojos de Snape apareció un brillo que Draco conocía muy bien.

- El director me ha pedido que no se hable sobre lo que ha ocurrido, especialmente sobre la muerte del Ministro. – Draco asintió y sorbió despacio. Sintió que las fuerzas regresaban a él. Cuando Ron estuvo en condiciones de caminar, subieron a los carruajes y regresaron al castillo donde la enfermera Pomfrey los recibió y suministró más chocolate en barra. Los colocó en camillas y durmieron un poco.

Más tarde despertó ante el alboroto, los Grinffindors se arremolinaban alrededor de la cama del Weasley y reían a carcajadas. Madam Pomfrey gastaba energías haciéndoles regresar a sus respectivas camas, pero estos ya no lo hacían alegando que estaban bien, sólo Ron que estaba tumbado en su cama. No habían permitido visitas, por lo cual Draco se encontraba renegado de los demás, que no dejan de lanzarle miradas sin cuidar que él no lo notara. Draco se sumergió en sus pensamientos, recordó lo que había revivido mientras el dementor intentaba arrebatarle el alma.

Había ido con su padre… ese día mamá había decidido visitar a su hermana Andrómeda. A Papá eso no le agradaba, Draco lo sabía, pero mamá se defendía alegando que era su hermana. Así que su padre aprovechando la oportunidad lo llevó a una de sus reuniones con Mortifagos. Estaban conocidos… torturando a unos muggles. Su padre reía junto a los demás hombres que hacían retorcerse de dolor a la pareja sobre el piso. Él no quería estar ahí, quería irse, las lágrimas le caían por los ojos, pero su padre le obligaba a ver, y cuando pensaba que no podía soportarlo más, una luz verde inundó cada rincón. Draco miró los ojos vacios del hombre frente a sí. Draco cerró los ojos, aun con el olor a muerte en su nariz. Varios años después comprendió lo que en verdad había visto: su padre le había mostrado la muerte de un hombre a los siente años. Claro que él podía ver los trestals, los veía desde el primer día que estuvo en Howgarts y comprendió que había estado cara a cara con la muerte.

- Señor Malfoy. – La enfermera lo sacó de sus pensamientos. Llevaba un buen rato llamándolo, los demás miraban silenciosos la escena desde la cama de Ron. – Debería comer un poco más de chocolate. – Dejó un trozo grande sobre el taburete y se alejó. Draco lo tomó después de un rato y se lo llevó a la boca. Miró a Hermione a un lado de Ron. Al parecer lo reprendía mientras los demás reían. Draco sintió celos recorrerle la sangre a pesar de que sabía que habían terminado su relación. ¿Y si pensaban volver?, Draco sintió un nudo en el estomago. Hermione le había salvado la vida, sintió de repente un leve impulso de levantarse, quitarla de él y agradecerle por su vida. Se contestó a sí mismo que era algo absurdo y se preguntó si valía la pena agradecerle, ¿Le importaría a ella tanto como a él? Ese día había sido una agonía, sentía que había muerto y vuelto a nacer. Sólo gracias a ella podía volver a ver la luz del sol y continuar con su vida. SU VIDA, se repitió incansables veces, ahora veía las consecuencias de los actos de su padre trazados en su piel. Sabía con certeza que debía hacer algo para detenerlo, algo antes de tener que portar una marca para toda la vida y quizás Hermione era el comienzo.

Una media hora más tarde el director había entrado a la enfermería y tras negar los pretextos de Madam Ponfrey sobre su salud, Dumbeldor aseguró que ya estaba bien y que debían ir a tomar el banquete de Halloween. Todos salieron a sus respectivas salas comunes, pero el director detuvo a Harry antes de salir.

- Harry, ¿Podrías acompañarme a mi despacho un momento?

- Claro profesor. – Harry lo siguió hasta la gárgola que ya los esperaba.

- Bien, ha sido muy bueno, han demostrado un gran valor y fuerza. Si no me equivoco, esos cursos no oficiales que impartes bajo las narices de unos cuantos, dan muy buenos resultados. – Harry sintió subírsele los colores, pero no sabía si era por pena o por el cumplido. – Una vez más me alagan, una gran agrupación, que además de sus grandes dotes, lleva mi nombre. – Harry se dio cuenta, divertido, de que el profesor estaba un poco chiflado ante la idea de "La armada de Dumbledore". – Verás Harry. – La mirada del director cambió repentinamente, ahora se tocaba lo que Harry quería saber desde que llegaron a las Tres Escobas. – Me supongo que ya has visto al ministro y no en uno de sus mejores tiempos, para desgracia tuya. Sí Harry, está muerto. – Contestó antes de que Harry asaltara. – Los dementores no le dieron el beso, pero supongo que eso ya lo sabes, ¿No es así? – Harry bajó la mirada, lo supo desde que vio su rostro.

- Señor, eso fue una maldición.

- Sí Harry y no voy a negarte que suponemos que Voldemort está tras esto. Sin embargo, probablemente el Ministerio y el Profeta cubran el fatídico crimen, como han estado ocultando otra clase de cosas.

- ¿Qué clase de cosas señor?

- Fechorías Harry, aunque Voldemort no ha querido dar la cara y creo que será conveniente que ninguno de ustedes hable sobre ese asunto ahora. ¿Me lo prometes?

- Sí señor.

- Pensamos que estará quieto por un buen rato más… sólo quiero que te mantengas tranquilo y que disfrutes la mayor parte posible de tu ultimo año en el colegio.

- Sí señor. – Harry había aprendido, a través de los años, que no siempre preguntando hasta el cansancio se lograban las cosas, mucho menos viniendo de Albus Dumbeldore.

- Ahora, debo prestar atención a asuntos concernientes al Ministerio. – Le sonrió y Harry se puso de pie. – Por cierto Harry, si no te molesta, me gustaría hacerle una visita a la clase, tomate tu tiempo, esperaré la invitación ansioso. – Harry recuperó toda alegría, asintió al profesor Dumbledore fervientemente y bajó las escaleras en saltos de dos en dos.

Draco bajó a las mazmorras y tomó un baño caliente. Cuando salió a la sala común Millei y los demás habían regresado, le preguntaron si se encontraba bien y él, agradecido, les contó lo sucedido a acepción de la muerte de Fudge, pues Snape le había prohibido hablar de eso. Subieron al banquete y una vez frente a los platillos, el hambre, por no haber comido casi nada en todo el día, lo atacó duramente y comió hasta llenar. Miró con molestia que antes del final del banquete algunos miembros de Ravenclaw y Hufflepuff se encaminaban a la mesa de Griffindor, especialmente al grupo de Potter. Amargamente se preguntó si sería posible ir a reunirse con ellos y agradecerle a Hermione que le salvara la vida. Se contestó a si mismo que era imposible, sin embargo estaba decidido a darle las gracias.

- ¡Por la A.D! – Neville fue a apabullado por las voces vitoreas que respondían con la misma frase en un susurro para que nadie, fuera de contexto, sospechara más de lo normal.

- ¡Por Harry! – Ernie fue igual de aclamado y Harry sintió sus mejillas teñirse de rojo. Tuvo el impulso de ponerse de pie para darles la noticia, pero pensó que eso llamaría demasiado la atención. Sobretodo siendo él. Levantó las palmas y todos guardaron compostura, esperando a que hablara.

- Tengo algo que comunicaros, hoy el profesor Dumbledore me ha pedido… una invitación formal a nuestra clase. – Todos parecían no entender, con gestos fuera de orbita. Hermione apretaba los labios como en otro mundo. – Quiero decir que la Armada de Dumbledore contará con la presencia del mismo Director de Howgarts.

- ¿Estás hablando en serio? – Ron rompió el silencio. Harry afirmó con la cabeza.

- ¿Te lo ha pedido él? – Hermione salió de su trance.

- Me parece que el profesor está muy orgulloso de nosotros… por lo de está tarde. – Harry no pudo contener más la sonrisa en su rostro.

- ¡Pero… oh por Merlín! – Parvati Patil chilló y a Harry le pareció poco que el oído de Lavander quedara aturdido por mes y medio.

- Harry, Eso tiene que ser un broma – Neville estaba movido.

- No, no les, ¿Verdad Harry? – Ginny lo miraba y él veía su misma cara reflejada en la suya.

- Si tan sólo hubiéramos estado ahí. Esto debe ser una verdadera demostración de poder. – Dean golpeaba la mesa totalmente alegre.

- Y conocimiento. – Luna aprobó a Hermione.

- Deberíamos hacer una gran cena, una fiesta. – Lavander comenzaba a titubear.

- ¡Luces! – Gritó Nigel.

- Yo propongo un duelo. – La voz de Seamus cayó a los demás. Harry se sentía totalmente glorioso, y eso que aun no tenían a Albus al frente.

- Debemos planear todo, tenemos que aumentar las clases y decidir la fecha. Harry, debe ser lo más pronto posible, Dumbledore no debe estarnos esperando.

- Tranquila Hermione… la espera lo hace aun mejor. – Ron intentaba retener la conmoción que inundaba a Hermione.

- ¿Pero, están seguros de que es buena idea? – adelantó Susan Bones nerviosa. – Es sólo que creen que él… bueno… es sólo que ¿Creen que podremos con eso?

- Calma Susan… sé que no suena muy fácil para algunos, pero sé que somos un gran grupo y que tenemos mucho que mostrarle a Dumbledore. – Dijo Harry

- Los patronus son muy buena idea… ¿No? – Susan puntualizó más tranquila después de un momento y sus compañeros la ovacionaron. El resto de la cena se dedicaron a planear sobre el decorado, la cena, lo que aprovechó Harry para pedirles a Ron, Hermione, Ginny y Luna que no dijeran nada sobre la muerte de Fudge hasta que recibieran noticias del Profeta. Las ideas surgían ante la maravillosa idea de que el mismísimo Albus Dumbledore los viera trabajar. Todos estaban animados y sobreexcitados.

Draco estaba desesperado, la mayoría del alumnado ya se había retirado del gran salón, pero el grupo de Potter aun seguía chillando. Casi fueron los últimos en retirarse. Draco salió con su grupo, pero se quedó a tras, esperando a que Hermione saliera del comedor. Minutos después la vio salir con el resto de Griffindors. Estaba un poco rezagada mirando un gran pergamino mientras los demás no dejaban de cuchichear. Los siguió lentamente, buscando el momento apropiado. Justamente cuando todos atravesaron una puerta, ella se hizo a un lado para guardar el pedazo de papel en su bolsillo y todos pasaron. Draco no dudó un monumento y conjuró una barrera invisible ante la puerta. Hermione al querer atravesarla se golpeó la cabeza y sobándose la nariz sacó la varita, giró rápidamente y se encontró con un par de ojos grises. Malfoy bajó su varita y se acercó a ella.

- ¿Qué diablos te has pensado… eh Malfoy? – Draco guardaba silencio, Hermione dudó en continuar.

- Yo sólo… quería darte… - Draco respiró entrecortadamente, nunca se había fijado en lo hermosa que era. – las gracias por haberme salvado la vida. – Hermione perdió la compostura por el impacto. Su boca cayó prácticamente al piso y regresó a su posición haciéndola recobrar la compostura.

- Sí claro y yo creo en los nairgels°°°.

- Estoy hablando en serio… tal vez tú no lo comprendas… pero me has salvado la vida. Sé que no me crees… pero es verdad.

- No tienes por que agradecérmelo… lo hubiera hecho cualquiera.

- Sí… bueno, el caso es que fuiste tú… - Ambos guardaron silencio, la situación no podía resultar más irreal. – Granger, quiero que sepas que no pienso volver a agredirte. – Hermione no soportó más y se dio la vuelta. - ¡Espera! – Hermione decidió girarse un segundo después. – Te doy mi palabra, ni a ti, ni a Potter o a Weasley… ¡Fiorette! – Un ramillete de flores blancas aparecieron en su mano y se las tendió. Hermione no pudo evitar sonrojarse. – Tómalas como muestra de mi agradecimiento y por favor acepta mis disculpas… por todo… lo de estos años. – Hermione las tomó y asintió con la cabeza. Draco le sonrió y ella pudo apreciar lo bien que se veía haciendo eso. Ambos se despidieron sin palabras y retomaron sus caminos.

Besos y... reviews por fis!!

Adios. Ailad.