Randy comprobó que Howard siguiese respirando, y luego, su pulso. Parecía estable y muy, muy agotado, lo cual lo tranquilizó un poco. Algunos garabatos alrededor del pelirrojo le indicaron que sólo necesitaba descansar, y que no estaba en peligro mortal. Así que el muchacho de ojos azules tomó al Nomicon, que ya había devuelto el plumero y el balde, lo colocó en su mochila, se la puso al hombro y levantó a su amigo del suelo.

Era mucho más liviano de lo que recordaba.

Eso, o el Tengu tenía unos efectos en su cuerpo que él no había notado.

Dejando balde y plumero en el taller, cerró las puertas y se dirigió hacia el bosque detrás de la escuela. No podía cargar a Howard por la vereda sin llamar la atención, y allí todavía había un nido más o menos funcional. Era una suerte que no hubiese viento ni amenazase lluvia esa noche. O en las noches anteriores.

Fue sencillo llegar al nido, aunque no tanto escalar con Howard en brazos. Sin embargo, logró hacerlo, y lo depositó en el centro, donde aún había algunas hojas suaves. Nada de plumón, lo cual le extrañó en un principio. Encogiéndose de hombros, Randy tomó su celular y le dijo a su madre que estaba con Howard y que dormirían los dos en el mismo sitio, y algo similar a la madre de su amigo. Nada de lo cual era mentira. Cuando su madre le contestó que lo vería mañana, Randy guardó su teléfono y miró al cielo, pensando.

Tenía mucho en qué pensar en ese momento.

.-.

Despertó a la mañana siguiente, con un familiar resplandor saliendo de su mochila, que había terminado como su almohada. Abrió el cierre y sacó el Ninjanomicon, que brillaba con impaciencia.

-¿Qué sucede?- abrió el libro y sintió el familiar tirón hacia dentro.

Randy apareció en el medio de un dojo, con pinturas de Tengu en las paredes, y lo que parecía ser dos humeantes tazas de té frente a dos almohadones. El muchacho cayó en uno, y frente a él, apareció una figura en colores fluorescentes, muy familiar. Pero los detalles en rojo eran verdes, y su larga bufanda parecía deshilacharse en el final, como encaje podrido.

El vapor del té entraba por uno de sus ojos y salía por el otro, y cuando abrió la boca, llena de dientes como desgarrones en la tela, Randy pudo ver que sólo había vapor verde en su interior, y oscuridad. Y lo vio con más detalle cuando abrió más la boca y se tragó su taza, y luego la de Randy, y entonces lo miró fijo, con ojos verdes llenos de veneno, y empezó a caminar como un orangután hacia él. El otro muchacho dio un salto para alejarse de la criatura, sabiendo que era el Nomicon, pero sintiéndose incómodo de todos modos.

Un pergamino se desenrolló sobre la criatura.

"La envidia es un primer paso hacia la maldad"

Randy miró a la criatura, muy distinta a cualquier cosa que el Nomicon le había mostrado antes, y se le hizo familiar, no sólo por tener el mismo molde que el traje del ninja. El piso se deslizó hacia los lados, dejándolo caer mientras el extraño ser lo miraba desde arriba, haciéndose más y más pequeño, hasta que regresó a su cuerpo.

Howard estaba sentado a su lado, mirándolo.

-Ey, hola Howard- dijo Randy, aún con una sensación extraña que no le gustaba -¿Has logrado descansar un poco?

-Sí, eso creo- aún se le veía debilitado, pero al menos pudo pararse sin ayuda -¿Es este el nido?

-Así es- el otro muchacho también se paró –Sería raro si yo te hubiese… ¿Eh?

El Ninjanomicon, aún abierto, brillaba con intensidad, como el cofre de un tesoro ante el primer rayo de Sol en siglos. Cintas negras y rojas surgieron de sus páginas, y en el centro del remolino, apareció.

-¡La máscara!- exclamó Randy, con una sonrisa de oreja a oreja.

La tomó con cuidado, aliviado al sentir la familiar tela entre sus dedos. Cerró el Nomicon y se sentó en el piso del nido, colocando el libro a un lado y con la máscara ahora entre sus dos manos. Se sentía como el nuevo modelo de algo que había estado usando toda la vida. Y entonces recordó lo que le había dicho el Nomicon.

-Howard, ¿tú me envidias?

-¿De qué hablas, Cunningham?

-¿Sientes envidia por algo respecto a mí?

-¿Envidia?- el pelirrojo pensó por unos momentos –No. Ni cuando te convertiste en el Ninja. En principio pensé que era genial, pero el ver todo lo que costaba serlo me frenó un poco. Es demasiado para mí. Demasiados NNV.

-¿Y ahora?

-Ahora, humano, estoy yo- los ojos rojos miraron a Randy con algo de cansancio –Y eso que tienes en las manos es mucho más poderoso de lo que tenías antes, y es gracias a mí… No siento envidia de mis creaciones- cerró los ojos y, al abrirlos, eran los de Howard –Y tú no puedes volar ni hacer trajes mágicos, así que no.

-Es bueno saber que sigues vivo.

-¿Él o yo?

-Primero, tú. Y, luego, el Tengu.

.-.

-Mortal.

Viceroy dejó caer su Tablet al piso al escuchar, de súbito, la voz del Hechicero proviniendo de uno de los tanos comunicadores de industrias McFist. Miró al ser de piel verde, y se recompuso tanto como pudo.

-¿Sí, señor?- la voz no le había temblado. Bien.

-Tengo un nuevo encargo para tu jefe y para ti.

El científico notó que el otro estaba de muy buen humor, y se tranquilizó un poco más.

-¡Viceroy! ¡Quiero que hagas un robot que…!- McFist entró vociferando, y se cortó en seco al ver al Hechicero. Esbozó una nerviosa sonrisa –Oh, hola, señor.

-¿Qué has logrado averiguar sobre los cien alumnos varones que quedaron?

-A nivel intelectual, varían sus aptitudes- dijo Viceroy -A nivel emocional y físico sucede lo mismo. Quizás con un seguimiento en el tiempo, podríamos obtener más información y achicar el grupo…

-Quiero que elijas a los más aptos de todos ellos con los datos que tienes ahora- dijo el Hechicero –Y pronto obtendrás más elementos para determinar la identidad del Ninja.

-Como diga, señor- dijo McFist, y se giró hacia el científico –Hazlo. Ahora- y se giró para sonreírle de nuevo al Hechicero.

-Y cuando tengas ese grupo, elige al menos estable emocionalmente. Tengo un regalo para él- dijo el otro, sonriendo con maldad.

.-.

-¡Ow! ¡Ay! ¡Sal del paso! ¡Cuidado, dragóóóóó..!

¡Crash!

-Al menos ahora-au-duré casi el doble de tiempo-au-que antes- dijo el Ninja, en medio de una pila de restos de dragón con armadura shogun, en un bosque japonés.

-Ahora ya no tienes el peso que tenías antes- le dijo Tengu-Howard, desde un árbol cercano, sentado en una de sus ramas –Ahora tienes el beneplácito de las plumas, y eso te da más y mejores habilidades.

-¿Debería comenzar a usar pesos en brazos y-au-piernas?- el Ninja había logrado pararse, y se frotaba las extremidades.

-No- Tengu-Howard bajó aleteando de la rama y se acercó –Debes aprender primero a dominar tu máxima velocidad, y luego usar los pesos.

-¿Pero qué pasa si alguien es poseído o si uno de los robots de McFist atacan?

Los garabatos a su alrededor indicaban que no debía preocuparse por eso.

-Sin aglomeración adolescente, hay pocas posibilidades que suceda- el Tengu tomó el brazo derecho del Ninja y lo examinó, pasando su mano por encima -¿Qué sientes?

-Algo de confusión, y molestias en el cuerpo.

-Eso es mejor que estar muerto. O encerrado.

El tono no pasó desapercibido para ninguno de los tres que escuchaban.

-Nomicon, vamos afuera- dijo Howard –Intentaremos los ejercicios de meditación que nos enseñaste. Nos vemos luego, viejo- dijo hacia Randy.

Cuando desaparecieron del bosque, el muchacho miró a su alrededor.

-Aun no entiendo del todo lo qué pasó entre ustedes- miró hacia el cielo, hacia los restos del dragón, hacia la rama del árbol en donde había estado Tengu-Howard –Y no entiendo qué clase de relación tienen.

El Nomicon callaba.

-Parece que bailasen alrededor del tema y no se decidiesen a discutirlo- siguió Randy –Lo cual me parece poco sano, ya que parece que el Tengu será tan parte de Howard como tú de mí.

Algunos garabatos aparecieron en el aire, mostrando a un Nomicon sonrojado.

-Y ahora, ¡a por esos super-saltos!

.-.

-¿Qué sucedió allí dentro?- preguntó Howard al volver a la habitación de Randy, con el muchacho de ojos azules aún recostado sobre su mesa, con la cara en el Ninjanomicon.

-Viejos asuntos- respondió el Tengu, rechinando el pico.

-Eso lo veo. ¿Fue por las plumas?

-¡Esa fue una de las últimas ofensas!- chilló el ave-demonio dentro de su cabeza, y el pelirrojo se llevó las manos a la frente –Hrm. Y entonces me encerraron, después de robar mi poder.

-Pues si vamos a seguir así, tendremos que conocernos más- dijo Howard, sentándose con las piernas cruzadas e intentando recordar algunos de los ejercicios –Sabes lo que a mí me gusta y lo que no, por mis recuerdos, pero yo sé poco de ti.

Silencio.

-Yo… no recuerdo mucho antes de haber sido sellado.

-¿Qué es lo primero que recuerdas?- dijo el muchacho, despacio.

-Mi cómodo nido en el bosque.

-Ahora tienes otro, por si quieres volver. Y no está tan mal después de todo.

-Tu casa no es un bosque.

-Nop. Mi casa es algo hecho por humanos para humanos, pero con muchas cosas que se pueden usar para hacer nidos. Como almohadones. Y hay muchos frente al televisor y la consola de videojuegos.

Luego del primer ejercicio, pasaron al segundo, que consistía en acostarse sobre un sitio cómodo y controlar la respiración, sin hablar. Howard utilizó sus pensamientos.

"¿Estuviste siempre consciente durante todos esos siglos?"

"No. Estaba dormido."

"¿En dónde te sellaron? Esta no es tierra de Tengus."

"En las islas del otro lado del mar. Japón, creo que le llaman hoy en día."

"Hombre, estás lejos."

El Tengu guardó silencio.

"¿Extrañas a tus amigos?"

"No tenemos eso llamado ´amistad´ por los humanos."

"Entonces, ¿qué sucede?"

"Es el Nomicon. Él es la principal causa."

"Y de nuevo al punto de partida. ¿Qué pasa con él?"

-¡Howard!

El chillido de Randy los sacó a ambos de su estado de relajación.

-¿Qué sucede, Cunningham? Estábamos en uno de nuestros ejercicios de relajación o meditación- le dijo, molesto -¿Qué no te acuerdas que tenemos que hacerlo?

-No, no es eso, Howard. Y Tengu- dijo Randy, acerándose a su amigo –El Nomicon ha detectado algo muy, muy extraño, como la magia del Hechicero pero con otra forma. ¿Ha habido alguna posesión por aquí cerca?

-Que sepamos, no- los ojos rojos lo miraron, un poco tristes -¿Qué detectaste ahora? ¿A un Oni?- preguntó al libro, con bastante menos sorna que antes.

-Es algo grande, chicos- el muchacho de ojos azules fue hacia la ventana –Algo como aquélla vez en cuando… cuando apareciste tú, Tengu.

-Pues que yo sepa, soy el único Tengu por aquí- miró al libro –A menos que haya cosas que no me hayas mencionado.

-El único que se me ocurre que podría ser es el Hechicero, pero él sigue bajo tierra- entrecerró los ojos a la distancia –Y no obtuvo suficiente poder como para liberarse de su prisión. Pero sí el suficiente para hacer… algo.

.-.

-¿Para mí?

-Así es, muchacho- dijo McFist –Como eres un cliente habitual de los productos de Industrias McFist, te hemos invitado a las oficinas centrales para probar un nuevo producto. Es un prototipo apto para el uso, pero quisiéramos que nos des todas tus impresiones al respecto para pulir detalles- sonrió con su mejor cara de millonario filántropo ante el emocionado adolescente.

-¿Puedo abrirlo?

-¡Pero por supuesto!

El muchacho rompió el papel de regalo promocional, y luego abrió la caja, emocionado. Se sorprendió al ver que un resplandor verde surgía de su interior, y se maravilló al ver lo que había dentro.

-¡Es una máscara del Ninja!

-Digamos que, por motivos de derechos, modificamos un poco el modelo, pero en esencia, es lo mismo- dijo Viceroy. Le alcanzó al muchacho un contrato –Por favor, firma aquí el contrato de confidencialidad. Es un prototipo secreto, y nadie debe saber que Industrias McFist o sus asociados lo han fabricado. Es indispensable para que puedas quedarte la máscara. Y, por supuesto, cuando salga al mercado recibirás una edición de lujo única en el mundo.

-¡Genial!- firmó con entusiasmo, sin leer.

-Ahora, muchacho, pruébatela aquí, a ver si hay que cambiarle el talle- McFist estaba muy, muy controlado respecto a sus gritos. El Hechicero no le perdonaría otro fallo más, y se lo había dejado muy en claro.

El sonriente muchacho se puso la máscara, deslizándola por sobre su cabeza. Por un segundo no sucedió nada. Luego, unas cintas que más se parecían a tentáculos fantasmas, negros y verdes, salieron de los bordes inferiores de la máscara, envolviendo al joven.

-¡Uau! ¡Es como una transformación de chica mágica! ¡Pero en chico!

Una vez terminada la transformación, Viceroy y McFist vieron a un Ninja en negro y verde, con la bufanda ondeando al inexistente viento como algas en la podredumbre de un lago quieto. Esperaron lo que sabían que vendría, y cuando el muchacho se detuvo en seco, silenciando sus exclamaciones de asombro, su tensión aumentó.

El ser en negro y verde abrió la boca, mostrando dientes como jirones de una tela desgarrada.

En su interior, sólo había oscuridad.

-Creo que ha sido un éxito, señor- dijo Viceroy.

.-.

.-.

Y a partir de este punto el fanfic se desvía casi por completo de la historia, inspirada por la serie de la que trata este fanfic.

Nos leemos

Nakokun