Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, ese es del grandioso Akira Toriyama.

Destino

CAPÍTULO CINCO

"De ángeles y guardianes".

Resiste, Vegeta —escuchó que le decía una voz, quizá pertenecía a un niño.

Trató de decir algo, pero de su boca sólo salió un borbotón de sangre. Entonces se detuvieron y sus pies tocaron el suelo ¿Es que acaso habían estado volando en todo ese tiempo? Inmediatamente después se escuchó el sonido metálico de una puerta al abrirse.

Las manos que sostenían al pelinegro parecieron perder fuerza pues comenzó a resbalar de entre ellas, pero un cuerpo menudo y frágil le amortiguó la caída.

Quédate conmigo, quédate conmigo —le insistía repetidamente una voz femenina.

Quedarse era lo que él deseaba pero ya no era posible, su tiempo se extinguía. Sintió ganas de alzar la mano pero temió ensuciarle el rostro de sangre y partió con el deseo en el alma…

Sus ojos negros se abrieron, siendo un poco lastimados por la luz vespertina que entraba por la ventana de la habitación. Vegeta tardó un poco en reaccionar y comprender que se encontraba en un hospital, pues sus pensamientos se quedaron estacionados en su sueño. Tenerlo no le extrañaba, llevaba varios años repitiéndose y siempre despertaba con esa sensación de vacío en las manos y en el corazón.

Se preguntaba qué era lo que había pasado en su vida que accionó esas imágenes en su cerebro. Entones fue cuando se percató de que alguien más estaba en la habitación con él. Su primera reacción fue la de sobresalto no sólo por ser pillado desprevenido, sino porque no reconocía a la persona, aunque inmediatamente se tranquilizó pues pensó que podía tratarse del personal médico.

— ¿Se encuentra bien… señor? —Vegeta alzó una ceja. Se suponía que eso debía de preguntarlo él mismo.

—Entonces no eres médico —sus ojos se achicaron un poco por la suspicacia de la pregunta.

—S-sólo he sido la persona que lo trajo hasta aquí —sonrió tímidamente el joven.

Vegeta se le quedó mirando sin pestañear y pudo notar el nerviosismo del chico, al mismo tiempo en que trataba de recordar lo que había sucedido. Había dejado a la chiquilla en la puerta de su casa y después retomó el camino cuando… ¿el chico chocó contra él?

No.

—La motocicleta derrapó —se dijo así mismo el antiguo príncipe.

—Así es, señor. Yo, yo pasaba por ahí y le traje hasta acá.

—Te conozco —dijo sin titubear, el muchacho bajó la mirada, la alzó y después volvió a bajarla—. Sí, te he visto en alguna otra parte, pero no recuerdo en dónde ¡Uhg!

Vegeta trató de moverse pero todo el cuerpo le dolía. Sintió el tirón de la sonda que llevaba puesta en la mano derecha y el vértigo que le invadió le hizo quedarse quieto en la cama.

—Se recuperará pronto. Hasta luego.

—Espera —trató de detenerlo, pero el chico había salido ya de la habitación. Vegeta se sintió frustrado pues no podía hacer nada más en ese momento. Entonces algo en el suelo le llamó la atención.

Se trataba de una pluma blanca. Él ya las había visto antes en diferentes ocasiones y lugares.

Son plumas de ángel, Vegeta.

Las palabras de su madre se le venían a la mente cada vez que las veía. Cuando era niño él las creyó, pero después de la muerte de su madre dejó de preocuparse por esas tonterías. Ahora que las volvía a ver… simplemente no sabía qué pensar al respecto.

La puerta volvió a abrirse, esta vez sí se trataba de un médico acompañado de una enfermera.

—Vaya, ya ha despertado, joven Brief —el ojinegro chasqueó la lengua en señal de fastidio—. Hemos mandado a avisar a su padre y nos ha dado indicaciones de q…

—A la mierda con él —el médico y su asistente cruzaron miradas.

—Bien, no hablaremos de él si no quiere —los chequeos comenzaron y las indicaciones comunes para los cuidados fueron dadas. Les era asombroso que después de semejante accidente su paciente estuviera recuperándose tan rápidamente.

Los dos profesionales salieron y dejaron a Vegeta con una sola idea en mente: irse lo antes posible de ese lugar. Las preguntas eran ¿cómo y en qué?

((…))

El joven que había llevado a Vegeta al hospital cruzó la calle y antes de dar vuelta en una esquina volteó a darle un vistazo al edificio.

—Menos mal que está bien —dijo en medio de un suspiro de alivio y una genuina sonrisa.

Te he visto en alguna otra parte, pero no recuerdo en dónde.

—Sí, nos hemos visto y es extraño que a pesar de los tiempos sigas siendo el mismo, padre.

Los ojos azules del ángel enfocaron una imagen multicolor que comenzó a materializarse a un lado de él. Una voz proveniente de ella se escuchó.

—Enma Daioh sama quiere hablar contigo, joven guardián.

Su mirada se endureció, pues no había hablado con el dios desde el día en que se le concedió ser un Guardián. Sin embargo, no se preocupó pues él creía haber hecho lo correcto. Echó un último vistazo al edificio y finalmente desapareció.

((…))

La llegada al Otro Mundo fue para Trunks un proceso frustrante y hasta podría decirse que traumático. Había muerto repentinamente y sin tiempo para reaccionar. Sin embargo, lo que más le dolió fue ver el sufrimiento de su madre y el trágico final al que ella decidió llegar.

No podía culparla y mucho menos juzgarla, aunque el suicidio era un crimen altamente penado por el dios del Más Allá.

Enma Daioh Sama, es injusto —había dicho el chico mientras todavía se encontraba frente al escritorio del dios y en espera de que terminara de decirle su futuro en el Otro Mundo.

¿Te parece? —el dios de piel rojiza tomaba nota en su libreta.

Ella se merece otra oportunidad.

Se ha suicidado, eso es grave.

Pero debe entender que se le ha arrebatado todo. Sus amigos, su vida, su familia —Trunks apretó las manos en puños— Sin ella nadie en el universo estaría en paz, líneas temporales han sido salvadas por ella.

El joven le miró con intensidad, estaba a punto de decir algo que sabía no era correcto, pero él la sentía como una verdad absoluta.

Algo que ni siquiera los dioses con todo su poder lograron hacer.

Hubo silencio total en la sala de juicio, hasta las pequeñas almas que esperaban parecieron hacerse más pequeñas.

El castigo para quienes cometen algo grave es limpiar sus almas y mandarlos de nuevo a la Tierra.

Enma Daioh… —los ojos de Trunks se iluminaron y todo rastro de ira desapareció, sintiéndose un poco mal por el modo de decir sus pensamientos.

Y esa había sido la forma en cómo él había influenciado en la decisióndel dios de los muertos para que le diera otra oportunidad a su madre.

Ahora caminaba de nuevo por esas calzadas, pero ya no como un alma recién llegada, temerosa y preocupada por los acontecimientos pasados y futuros, sino como lo que en algún momento aprendió de su padre: con la frente en alto, lleno de orgullo y poder.

No le preocupaba demasiado la actitud que el dios rojo pudiera tomar por salvarle la vida al que una vez fuera su padre biológico, después de todo era su deber protegerle como guardián que era. Sólo que Annin le había advertido de interferir en demasía.

Deseó por un momento haber pasado a verla antes de acudir al llamado del supremo dios entre los muertos, pero no había tenido tiempo para hacerlo, así que simplemente cerró los ojos y respiró hondo antes de entrar a la sala de juicios.

El gran dios le miró mientras consultaba sus notas escritas en su libretita, se encontraba a punto de dictar juicio a una pobre alma. Tomó uno de sus sellos y lo imprimió en el papel.

—Al cielo —premió y la blanca y esponjosa alma brincó de alegría.

—Era mi deber y todavía no era su tiempo —se adelantó Trunks.

—Claro, yo mismo te di esa comisión —respondió el dios poniendo otro sello en papel. Tenía tanto trabajo que no podía darse el lujo de dejar a un lado su misión, así que arreglaba sus demás asuntos al mismo tiempo en que juzgaba.

El mitad saiyajin no dejaba de preguntarse si en más de una ocasión no llegaba a clasificar a un alma equivocadamente. Esperaba que no fuera así.

—Pero te has sobrepasado —Trunks guardó silencio—. Para realizar tu trabajo no era necesario que te materializarás frente a ellos, que te vieran en toda tu forma ¿O me negarás que, incluso, esa jovencita ha tenido contacto contigo?

—Mi madre olvidará todo eso.

—Esa humana ya no es tu madre. Su nombre es Bulma Ryu, no Bulma Brief y deberías de…

—Ellos tienen recuerdos, se comportan y sienten igual ¿cómo puede decirme que no son mis padres? Ellos… ellos se conocieron…

—Porque hablaste con Uranai Baba. Le vendiste la idea de que algún enemigo poderoso podría aparecer y la Tierra necesitaba de sus héroes y ella te la compró. Esas almas no tenían que reunirse.

— ¿Y por qué no? Ambos han pasado por muchas cosas, han sufrido, se merecen ser felices.

—Y lo pueden ser, pero no juntos ¿Tienes idea de lo que pasaría si de algún modo les hicieras recordar? Su mente no lo soportaría, son… ¡agh! Los humanos son tan débiles que simplemente se volverían locos.

—Más bien, creo que tú los sobreestimas demasiado.

Enma colocó un nuevo sello y el escritorio pareció crujir al mismo tiempo en que le dedicaba una furiosa mirada.

—Perdóname, pero no estoy de acuerdo contigo —agregó Trunks.

—Todo este problema se ha creado debido a que se trata de tus anteriores padres. Si se hubiese tratado de los otros guerreros no los hubieras querido reunir para entrenarlos en las artes marciales o algo por el estilo ¿verdad?

—A los demás Guerreros Z les diste destinos diferentes, ni siquiera a tres de ellos les permitiste conservar sus cuerpos.

— ¡Suficiente! —Enma se levantó de su silla y las palmas de sus manos chocaron sobre la superficie del escritorio— Juzgar y tomar las mejores decisiones no siempre es sencillo, eres demasiado joven e impetuoso y te dejas llevar por el corazón.

A Trunks se le escapó una sonrisa irónica. Su padre, en la otra línea temporal, ya le había dicho eso.

El dios rojo impuso un nuevo sello.

—Al infierno —Trunks y él se miraron y el viajero del tiempo no supo si la sentencia iba para él o para alguna alma desafortunada. Nuevamente se preguntó si Enma no mezclaba sus asuntos con el destino de las almas.

Entonces, el asistente de Enma, un chico de cuernos y lentes enormes, se le acercó extendiéndole la mano derecha. Trunks le miró y después al dios del Más Allá.

—Tu insignia que te identifica como Guardián, por favor —dijo el asistente.

La mirada celeste de Trunks se endureció.

—No he hecho nada de lo que me arrepienta —defendió el pelivioleta.

—Quizá, pero eso no quiere decir que haya sido lo correcto —respondió Enma.

Trunks no dijo nada y sacó de entre sus ropas una pequeña moneda de oro. La miró antes de entregarla, de un lado llevaba tallado sus iniciales en kanji y del otro lado las de su padre. Cuando le había sido entregada experimentó un sentimiento cálido de amor por lo que simbolizaba. Sus nombres se encontraban grabados en dos diferentes caras de una moneda y sin embargo era como si formaran uno solo, encontrándose entrelazados.

Con dolor la entregó, notando como ambas iniciales se esfumaban en el aire. Dio media vuelta, con la mirada ahora ensombrecida, aunque eso sólo duró por un instante, recordando las enseñanzas de su padre durante su entrenamiento en la Habitación del Tiempo.

Si en realidad eres mi hijo, entonces demuéstramelo ¿En dónde está ese poder y ese orgullo saiyajin?

Alzó la vista. Aunque nunca llegaría a sentir todo por lo que su padre se enorgullecía, sí podía demostrar que era un digno hijo suyo. También pensó que no importaba lo que decidiera Enma, ellos siempre estarían siempre cerca, pues eran dos caras de una misma moneda y su madre iba a ser siempre como aquellas letras inscritas en ella.

Trunks se fue en busca de Annin.

El dios rojo soltó el aire contenido, aunque todavía se sentía molesto por la situación, logró tranquilizarse y sentarse de nuevo para proseguir con su trabajo.

—Enma Daioh sama, creo que has cometido un error —Uranai Baba salió de detrás de una de las columnas del recinto, como siempre montada en su bola mágica.

— ¿Una simple adivina va a decirme lo que debo hacer?

—Los años te han hecho terco y corto de miras.

— ¿Te refieres a esa visión que dices haber tenido? Llevas años pronosticando un mal para tu planeta, pero ya vez que llevan muchísimo tiempo en completa paz ¡Oh, vamos bruja! ¿Qué no tienes almas que ayudar o suertes que adivinar? Déjame tranquilo y vete ya.

Uranai cruzó las manos sobre su regazo y miró sin pestañear al dios.

—Algo va a pasar dentro de poco, sólo espero que no sea demasiado tarde para hacer algo —la adivina desapareció en medio de la sentencia del dios.

—No era tu tiempo, vuelve a la vida —imprimió su sello y el tipo frente a él sonrió malignamente.

Malleus malleficarum.

— ¿Qué? —el alma desapareció y el dios parpadeó un par de veces— ¿Dijiste algo?

—No, Enma Daioh Sama —le respondió su asistente al tiempo en que alzaba los hombros.

El dios también le imitó bajando la mirada de nuevo a su cuadernillo y sin que nadie se percatara del extraño símbolo que apareció en la base de su escritorio.

((…))

A Vegeta todavía le dolía la cabeza, de hecho sobre la venda llevaba un rastro de sangre fresca al abrirse la herida debido al esfuerzo hecho de escaparse del hospital. Había logrado burlar a los enfermeros diciéndoles que iba al baño y después de eso robó la ropa de algún otro paciente que estaba a punto de ser dado de alta y salió bajando por las escaleras de emergencia.

Una vez afuera no le fue difícil escoger un vehículo y robárselo, después de todo cuando algún tonto ingenuo deja las llaves pegadas todo se hace mucho más fácil. Ahora se encontraba estacionado en algún punto de la carretera, la cabeza todavía le punzaba y de vez en cuando le nublaba la vista. Esta vez aprovechó el tiempo para detenerse y reflexionar sobre las circunstancias de su accidente, si es que así podía llamársele.

Primero su oído le indicó que hubo un disparo y antes de que la moto explotara alcanzó a percibir el olor a pólvora. Era, sin duda, la prueba de que había sido objeto de un atentado y sólo conocía a una persona capaz de hacer algo por el estilo. Se trataba del mismo que asesinó a su madre.

El vinil del volante crujió al aferrar sus manos en él y el gesto sólo provocó que el dolor en la cabeza se agudizara aún más.

Si todo eso era cierto entonces no le quedaba, por el momento, más que desaparecer y mantenerse escondido, al menos hasta que se recuperara completamente. En medio de todo ese remolino que las molestias le provocaban el recuerdo de Bulma surgió.

Podríamos hacer otra cosa. Me has contado tu secreto, así que ahora estamos metidos en esto. Juntos. Nos veremos después y ya veremos qué se nos ocurre.

Vegeta esbozó una sonrisa de medio lado.

—Creo que eso no va a ser posible, chiquilla, ni hoy ni mañana —encendió el motor del carro y después de meter reversa, salió de la carretera para ir por el llano.

La venda que llevaba en la cabeza se deslizó y el viento la condujo por otro camino.

FIN DEL CAPÍTULO CINCO

Un capítulo con mucha información y, a la vez, con más misterios ¿Qué les pareció?

Tuve un tiempo de bloqueo artístico (XD) y por eso la tardanza en la actualización, nada que el nuevo álbum de Nightwish no pudiera arreglar… y bueno también haberme atorado un poco en el Dragon Ball Xenorverse que me ha quitado el tiempo y el sueño ja, ja, ja.

Neko- ili: gracias por leer y comentar. Hubo quienes tampoco se imaginaban que era la misma Mai, de hecho ni yo ja, ja. Bueno, es que al principio no me decidía, pero eso fue lo que salió, después de todo, creo que ellos siempre serán los malos eternos de la serie n.n

Y pues, bueno, agradecer a todos los demás que han comentado, ya les haré llegar sus respuestas.

¡Nos seguimos leyendo!