Disclaimer: Los personajes de The Lost Canvas le pertenecen a Shiori Teshirogi y a Masami Kurumada. Yo solo me divierto con sus personajes y no lucro con esto.


Capítulo 5

La estrella más brillante

Lorian fue hasta su estudio para ponerse a escribir nuevamente. Había dormido muy bien en la noche y su esposo estaría ocupado todo el día así que nadie la interrumpiría esa mañana. Fue hasta el balcón y dejó que la brisa acariciara su piel unos segundos. No quería esforzarse mucho y más aun estando embarazada, no era su primer hijo pero ese era el tercer intento por tener un hijo más, ya había perdido dos anteriormente. Había dicho que si no se podía con este entonces dejaría de intentarlo y era raro que una mujer joven tuviera problemas para tener hijos cuando ya tenía varios.

— ¿Te parece si nos ponemos a escribir un rato, bebé? —acarició su vientre suavemente y fue hasta la silla y se sentó tranquilamente. Tenía unos tres meses de embarazo y el pequeño bulto poco se asomaba— ¿En dónde me quedé ayer? —abrió su libro y leyó el último párrafo que había escrito—sí… esos días… —mojó la pluma en la tinta y comenzó a escribir.

"La noche de mis primeras Luces de Athena fui regañada por supuestamente haberme escapado de Evangelina. A pesar de ser mentira solo me castigaron quitándome la cena ese día y el que se llevó los golpes fue Aspros a pesar de que el solo me ayudó a llegar hasta la parte delantera de la procesión. Esas dos luces me habían "hablado" y su presencia me hizo sentir en familia, no entendía la razón de eso y lo más especial fue haber sentido a mi abuela… aquella persona que no tuve el placer de conocer pero que siempre me hablaron maravillas de ella.

Aspros me dijo esa vez que siempre lo metía en problemas, en parte sí lo hacía pero no era por mi culpa, solo eran cosas de la vida y él siempre estaba en el momento y lugar equivocados. De niña era inquieta y…"

— ¡MAMÁ! —Lorian paró en seco y dejó de escribir unos segundos al escuchar la voz de su hija llamarla desde el pasillo y cada vez el volumen de sus gritos iba aumentando. Cuando la niña entró al cuarto tenía toda la cara llena de lágrimas. Una pequeña con un vestido rosa pálido y en las manos llevaba unos pinceles— ¡Mamá! Mami…

—Ya, ya, ya hija cálmate y respira profundo tres veces—una niña de unos 6 años se acercó a Lorian y pegó su cara llena de lágrimas al pequeño bulto en su vientre a la vez que lloraba—estoy segura de que a tu hermanito o hermanita no le gusta oírte llorar—se escuchó gimotear a la niña sobre el vestido azul cielo que cargaba Lorian— ¿Qué sucede hija? ¿Por qué lloras?

—Andros no deja de molestarme… no me deja practicar con mis pinturas en paz y me dijo que mi pintura parecía un insecto aplastado en la pared—Lorian miró a su hija aguantando la risa al ver su pequeña y tierna carita, la tenía toda llena de pintura en varias partes y en varios colores.

—Dime una cosa hija, eso que tienes en toda la cara… ¿lo hizo Andros o fuiste tú mientras practicabas?

—Fue Andros—dijo la niña con un tierno puchero manipulador mientras su madre le sonreía.

—Muy bien… ¡ANDROS! —se escuchó cómo se rompía un jarrón afuera del cuarto. La pequeña volteó a mirar la puerta con una sonrisa triunfadora— ¡Ven aquí un momento hijo, por favor!

— ¿Sí, mamá?—un niño de unos 8 años entró a la habitación a paso lento mirando a su madre con miedo. Era alto y de piel clara— ¿Para qué llamabas, mamá? No le crees en nada, yo no hice eso, ella ya estaba así cuando la fui a ver al salón de pintura—dijo Andros con mucha educación.

—Cálmate Andros, ¿Qué te he dicho sobre molestar a Halcyon? —su hijo se quedó mirando el suelo unos segundos sin dar respuesta alguna sobre lo que pasó con su hermana menor—Andros, te hice una pregunta y estoy esperando la respuesta.

—Que no lo haga y que si lo hago otra vez me castigaras encerrándome en mi cuarto… y sin visitas del tío Lars—dijo Andros como si le hubieran preguntado algo en la escuela. Le gustaba cuando venía el tío Lars, él lo ayudaba mucho con lecciones sobre las estrellas—y que no me dejaras jugar con mis hermanos por tres días.

—Exactamente, ves que no era tan difícil—el niño asintió y miró el suelo nuevamente. Andros podía molestar a sus hermanos constantemente y eso requería un castigo fuerte—ahora pídele perdón a tu hermana— el joven asintió y fijó su vista en la pequeña.

—Lo siento, Halcyon.

—Lo pensaré—Lorian le dio un empujoncito a su hija para que acomodara esa respuesta—disculpa aceptada, Andros.

—Muy bien, esos son mis hijos—Lorian se agachó y le dio un beso a Halcyon en la cabeza y le estiró el brazo a su hijo para que fuera hasta donde estaba ella sentada. Andros se arrodilló y su madre le dio un beso y un abrazo ambos—son lo mejor que me ha pasado en la vida, ¿sabían eso? No sé qué sería de mi vida sin ustedes y sus hermanos.

—Sí mamá, siempre nos lo dices—dijeron ambos con una sonrisa en el rostro. Lorian los volvió a abrazar y luego los dejó en libertad.

—Mamá, ¿puedo ir a jugar con Astrea? —Lorian miró a Halcyon fijamente con una sonrisa—por favor mami, me portare bien en todo el día.

— ¿En todo el día? Deberías portarte bien todos los días.

—Por favor mami—la niña la miró con esos ojos azules que poseía y que podían derretir a cualquiera.

—Está bien, pero sin hacer desastres, ya saben que a su padre no le gusta el escándalo cuando está ocupado y ve a limpiarte la cara—la niña asintió y salió corriendo por la puerta dejando solos a su hermano y a su madre— ¿vas a decirme algo, Andros?

—No, solo quería decirte que eres la mejor madre de todo el universo.

—Dilo ya hijo, ¿Qué quieres?

— ¿Puedo ir con Ilarion y Anael a Rodorio?

— ¿Ilarion ya se bañó? —el chico no supo contestar a su madre—si ya se bañó entonces sí puedes ir con él y tu hermana pero si ninguno de los dos se han bañado—dijo señalándolo a él—ninguno va a ninguna parte. Y también deben cuidar a Anael, recuerden que le gusta correr mucho.

—Está bien mami—a Lorian le causaba gracia que le dijeran así con el propósito de conseguir algo.

—Y no quiero escuchar que vuelves a molestar a Halcyon—el niño asintió y se fue corriendo de la habitación—por Athena… cada día son más traviesos y revoltosos… espero que tu no salgas así—le dijo a su vientre—mejor continuo escribiendo.

"Antes de que pudiera continuar donde estaba, su hermana Halcyon me llegó llorando al cuarto llena de pintura y decía que Andros le había hecho algo… otra vez. Espero que en el futuro se comporten y se traten bien, son hermanos y cuando papá y yo no este solo se tendrán entre ustedes. Pero viéndolos ahorita son muy tiernos; ojala se quedaran así tiernos, me imagino que cuando lean esto más de uno se estará sonrojando pero siempre serán mis bebés.

Pero continuando en donde nos quedamos, yo siempre fui inquieta pero era porque mi curiosidad me movía cada vez que presenciaba algo nuevo para mí. Siempre había algo interesante que ver todos los días y mis vida en casa de la señora Lais eran siempre llena de cosas nuevas a pesar de que no me gustaba hacer los deberes que mandaba y Evangelina siempre me ayudaba con cualquier cosa que yo no pudiera hacer.

La señorita Arkhes me visitó una vez después de las Luces de Athena y siempre hablábamos de cualquier tema y, al igual que ella, el señor Ilias me visitaba y en esos momentos retomábamos lo que era ese regalo de cumpleaños que me dio hace meses… el conocimiento de cómo ser uno con la naturaleza"


Era una tarde de esas entradas al verano griego, el calor estaba más fuerte de lo normal. Lorian estaba junto con Ilias en el extremo más lejano del Santuario donde habían sido las Luces de Athena y ahí, cerca del borde, se ponían a meditar… al menos Ilias intentaba enseñarle a meditar a la niña de 6 años.

—Concéntrate Lorian—Ilias ahora sabía que su nombre había cambiado de Laura a Lorian—cierra los ojos y visualiza.

—Sí—la niña estaba encantada de tenerlo ahí.

No fue fácil para Ilias llegar a casa de Lais al día siguiente de las Luces de Athena y encontrarse cara a cara con esa mujer, la hermana de su maestro y la mujer que había pasado parte de su vida cuidando y educando a la hija y a la nieta de su maestro. A pesar de todo Ilias logró explicar con exactitud a Honor que había pasado cuando el espectro atacó, como fue que su maestro perdió la vida por salvarlo a él de un final que no debía pasar. Ambas mujeres lloraron al principio, los trabajadores de la hacienda habían tomado el cuerpo de Alonso y lo enterraron al lado del de su hija, Ilias había asistido al funeral para esa misma tarde irse de regreso a Grecia.

Honor tuvo más paz al saber que el cuerpo de su señor había sido sepultado junto a su hija y que ahora podría descansar en paz, no totalmente porque aún quedaba su nieta pero sabía que él y Celeste la estarían cuidando siempre. Luego de aclarar los hechos ocurridos en la hacienda, Honor pasó al punto que ella consideraba más importante con respecto a Ilias de Leo.

Ilias… ¿tú dejaste embarazada a Arkhes, la líder de las pitias?

—…

Ilias… yo no te juzgaré… pero necesito saber si fuiste tú y el por qué.

—… —mientras meditaba junto con Lorian, ese recuerdo del "sí" más sincero que jamás hubiera dicho lo llenó de dicha y no podía estar más feliz por eso.

Ilias se puso a recordar el momento en que él y Arkhes hablaban sobre varias cosas, ambos tenía una visión de la vida muy parecida, ambos eran muy unidos a la naturaleza. Hubo un tiempo en que ya no resistió más y confesó todo lo que sentía, el cómo esa chica había logrado atrapar su corazón y al poco tiempo de todo eso ya esperaban un hijo, uno fuera del matrimonio pero un hijo a fin de cuentas. El que ella quedara embarazada había sido error por parte de Ilias, se culpaba pero no se arrepentía de nada. La quería mucho, de eso no había duda. Ilias tenía un plan para Sísifo y Arkhes estaba incluida en eso… incluso su futuro hijo o hija estaba incluido en sus nuevos planes.

Ilias estaba enfermo… tuberculosis. ¿Quién lo hubiera dicho? El héroe más grande del Santuario iba a perecer por culpa de una enfermedad y no por el puño de la guerra. Por eso su maestro había muerto, fue su culpa y la de su enfermedad, Alonso se había dado cuenta de eso con tan solo estar unos días ahí en la hacienda, esa conversación que tuvieron maestro y discípulo sobre su enfermedad había sido secreta y Honor no tenía idea de lo que pasaba en el cuerpo de Ilias y aun si ella supiera no habría forma de ayudarlo… su destino estaba marcado ya. Planeaba irse apenas naciera su hijo, vivir con Arkhes y su futuro hijo o hija lejos del Santuario y quizás llevarse a Sísifo y a Lorian con él.

Ambos querían al bebé y que su hermano y la nieta de su maestro vinieran con ellos pero algo dentro de Ilias le decía que no todo sería color rosas, su vida no podía ser así de sencilla y menos siendo él quien era. Una de las cosas por las cuales estaba preocupado era que no entendía a las estrellas, era como si estuvieran en diferentes sintonías y no hubiera manera de entenderse. Por los momentos no tenía que preocuparse de eso, ahora debía preocuparse de la educación de Lorian, sobre la educación del cosmo y de todo lo que ello representaba.

Justo el día anterior había regresado de una misión, su última misión en el Santuario. El Patriarca no sabía nada de nada y prefería que siguiera así, Sísifo había recibido su armadura hace una semana, era hora de que Ilias comenzara a preparar lo que tenía para Sísifo.

—No puedo—dijo Lorian interrumpiendo el flujo de pensamientos de Ilias. El adulto miró a la niña de reojo y soltó media sonrisa. Estaba comenzando a ocultarse el sol frente a ellos.

—Sí puedes, solo piensa en positivo y respira profundamente tres veces—Ilias estaba en posición y Lorian intentaba mantenerse en su lugar en la misma incómoda posición—sé que puede ser difícil para ti al principio pero eres buena, me lo demostraste cuando estábamos ocultos y viste esas luces. Con el tiempo lograras desarrollar un fuerte cosmo y si quieres puedes ir a entrenar al Santuario.

— ¿Qué es eso?

— ¿Qué cosa?

—Eso… cosmo—los ojos de la niña parecían iluminarse al decir la palabra cosmo.

—Es un poco complicado.

—Mmm…—Ilias comprendía que por ser pequeña su mente no captaría mucho de lo que hablaba pero siempre encontraba la manera de interpretarlo de una forma que la niña entendiera.

—Olvídalo, creo que no soy el indicado para decírtelo… pero ahora vamos a concentrarnos en esto. Tienes que ser uno con el viento, que tu alma sea una con todo lo que te rodea, al hacerlo lograras ver más allá de lo que una persona normal ve—Lorian cerró los ojos y respiró profundamente al igual que hacia Ilias—tienes que ser capaz de escuchar al viento, a la tierra, a la vida que te rodea y cuando lo hayas hecho lograras ver con la mirada celestial.

— ¿Qué es eso?

—Lograras ver mucho más… las pequeñas cosas son las que le dan un sentido a la vida, sin ellas la vida sería un poco vacía.

—Vacía… —Lorian volvió a cerrar los ojos y respiró profundamente.

—Todo los que nos rodea es lo que da vida, muchos creen que con lo material se vive feliz cuando en realidad en la naturaleza esta todo lo que necesitamos para vivir tranquilos y en paz, mi maestro me dijo una pregunta para analizarla ya hace mucho tiempo cuando apenas era un aspirante a caballero.

— ¿Qué pregunta?

—Si un hombre que todo lo extravió, ¿ha perdido su valor? O ¿Solo es el principio de una nueva vida? También deberás analizarla pero la responderás cuando quieras. Hay alguien a quien puedes tomar de ejemplo.

— ¿A quién?

—A tu abuelo, algún día cuando crezcas lo sabrás—Lorian quedó con la duda pero era mejor hacerle caso a Ilias, él era un adulto y sabía muchas cosas—ahora respira hondo y concéntrate en dejar llevar tu alma por el viento.

Cerró sus ojos y respiró hondo, no sabía si llevaba en la misma posición luego de mucho tiempo concentrándose. Dejó que las ráfagas de viento tocaran su piel, dejar que entraran en ella, ser uno como toda la vida. Lo que no sabía la niña era que si el destino quiere algo contigo siempre buscara la manera de hacértelo ver. Estaba muy decidida a lograr algo pero lo que veía no era nada cercano a lo que había hablado Ilias. Todo era oscuridad, estaba en el mismo risco donde estaba meditando. Una enorme luna iluminaba todo el valle… pero el fuego que lo cubría parecía iluminar más que la misma luna. Todo se quemaba e incluso el bosque a su alrededor ardía en llamas, llamas color violeta. No había gritos, no había vida, solo los restos de una tragedia sin precedentes.

¿Crees que será así de simple? ¿Crees que este es el fin? No saben lo que han hecho—Lorian notó que había una mujer parada en la punta del risco. Llevaba un vestido blanco largo con adornos dorados elegantes y el cabello corto como si lo hubiera corta con un cuchillo, no estaba uniforme, tenía unos mechones más largos que otros y la boca llena de sangre. Su mirada llena de rabia iba dirigida a una sombra que salía de entre las llamas—eres un maldito infeliz… Athena no dejará que ustedes se lleven la victoria.

Muchas gracias linda, pero acabemos con esto antes de que me canse de perseguirte—era un hombre, cargaba una armadura que brillaba de color morado y eran tan oscura como la noche—fallaron, todos murieron y no hay nada que Athena, el Patriarca, los caballeros o tú puedan hacer. Eres solo una humana que tuvo la mala suerte de enredarse con el destino del Santuario, una mala jugada de la vida, te lo aseguro.

Como se ve que eres un espectro… me repugnas, no se puede esperar menos de un juez del inframundo, llevas el peso de la muerte encima. No creas que ni después de muertos vamos a dejar de luchar—la chica de cabellos cortos se fue moviendo para atrás poco a poco mientras se tapaba el estómago—perdóname… —dijo en forma de susurro.

Voltea… mira a tu amado pueblo arder, a tu amado Santuario caer en las tinieblas mientras es consumido por las llamas del inframundo… mira a tu amado caballero morir como un insecto a manos de mi señor Hades. Creo que… digamos que disfrutó su vida junto a ti—la chica comenzó a llorar mientras el espectro reía macabramente—sabía que eras tonta pero enamorarte de un caballero es lo peor que una mujer como tú puede hacer. Enamorarte de un caballero dorado llega al límite de lo peor… y lo que hace que esto sobrepase el límite es que estas esperando un hijo de ese bastardo.

¿Celoso? —la chica sonrió de medio lado. Se notaba que quería molestar al espectro—no estés celoso Garuda, solo te diré que en esta vida ni en las que sigan lograran detener al ejercito de Athena.

No, no podría estar celoso de ese caballero. Pero soy piadoso y ya que no significas nada para mi… no más, te concederé un último deseo y te dejare ver como todo arde por última vez antes de acabar con tu patética vida. Como todo lo que conocías desaparece poco a poco, todo aquello por lo cual luchaste muere y como Athena y sus caballeros caen ante nuestro señor. Ya no eres nadie y morirás junto con los otros que quedan, me daré el gusto de verte morir de dolor lentamente y cuando llegues al infierno me encargare de mandarte al peor de todos junto con tu amado caballero de Sagitario y con tu diosa—Lorian miraba la escena esperando ver como se desarrollaba todo. De la nada la chica volteó a ver hacia donde estaba Lorian, la mujer tenía lágrimas en los ojos, su mirada reflejaban un dolor muy grande. Al principio era como si no notaran su presencia pero ahora esa mujer la miraba fijamente.

No dejes que la historia se vuelva a repetir… no dejes que el final sea oscuro… —y sin más que decir dio media vuelta y se lanzó por el risco hacia una caída llena de fuego.

— ¡AH! ¡FUEGO! ¡FUEGO! —Lorian gritó al ver como la chica saltaba y sintió su cuerpo mas caliente, en menos de lo que esperaba su mente estaba de vuelta en el risco donde meditaba.

— ¡Lorian cálmate! —la niña abrió los ojos y se encontró con la mirada de Ilias—¿Qué te pasó? ¿Por qué gritaste así?

—Yo… nada.

— ¿Cómo que nada? Estabas gritando "fuego" —Ilias la miró con preocupación pero Lorian no decía nada, parecía que no iba a sacar nada de ella—vamos a casa, es hora de tu otra lección.


"Esa vez mi mente me jugó una mala broma, no sabía si lo que vi fue real o no, no sabía si creer o no, no sabía si contar o no… estaba perdida con mis pensamientos. Que no se volviera a repetir la historia podía significar mucho pero mi mente de niña solo veía las tragedias y el fuego, desde ese día mi temor hacia los espectros se incrementó de manera considerable.

Además de las clases de meditación había una que era mi favorita y que desde que comencé estaba feliz por seguir aprendiendo sobre ello. Las constelaciones"


—Es hora de tu clase favorita—dijo Ilias sentándose al frente de la casa de Lais. Estaban sentados uno al lado del otro, solo los dos y la bóveda estrellada que se abría paso sobre ellos—ya sabes los nombres de las constelaciones del zodiaco, no es muy difícil.

—No—Lorian miraba el cielo con una sonrisa de oreja a oreja.

—Nómbrame las 12 constelaciones entonces.

—Aries, Tauro, Géminis, Cáncer… Leo, Virgo… —sí se las sabía pero alguna que otra se olvidaba—Libra, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.

— ¿No se te olvida una? —Lorian se puso a pensar cual era la escurridiza que se le había escapado.

—… ¡Escorpio!

—Exactamente, ahora dime la estrella más brillante de Virgo—Ilias también le había enseñado esas cosas y en un día ya se las había aprendido pero tenía que aprenderse las 108.

—Spica.

—Muy bien ¿y la de Tauro?

—Aldebarán.

— ¿Escorpio? —por alguna razón tenía el presentimiento de que Lorian no se llevaba bien con Escorpio.

—…

—Pareciera que Escorpio es tu constelación menos favorita—Lorian se quedó pensando un rato buscando el nombre de la estrella más brillantes de Escorpio.

—No es eso, solo no me acuerdo—dijo con un poco de pena—lo siento señor Ilias…

—Antares, y ¿Géminis?

—Eran dos… Castor y Pólux…

—Muy bien, ¿y la de mi armadura? —Lorian miró la dorada armadura que cubría el cuerpo de Ilias—tú sabes cuál es mi armadura.

— ¡Regulus! —dijo con emoción la niña.

—Muy bien.


"Ilias me enseñaba en sus momentos libres, no tenía muchas misiones en ese tiempo, al menos no lejos del Santuario y sus visitas fueron constantes por unos cinco días. Luego de eso no lo volví a ver sino hasta dentro de varios años. Se había esfumado, no estaba, no se despidió de mi… todos se iban y al final yo quedaba sola. Creo, mis niños, que ese es el destino de todo ser humano, nacemos solos y morimos solos. Ilias tenía sus razones para irse…

Lorian colocó la pluma a un lado de sus escritos y dejó salir unas lágrimas silenciosas. Solo las dejó caer, no hubo ni un gimoteo, no hubo sollozo, solos sus lágrimas caer al recordar esa época en la que la persona que más consideró un padre la dejó sola, al recordar al héroe del Santuario, Ilias de Leo.

—Sé la razón de tu ida… pero me dejaste sola… sola y… —muchas cosas pasaron pero también había mucho que agradecer. Si Ilias no se hubiera ido entonces varias cosas que pasaron en su vida no la hubieran hecho madurar y ser la persona que era—fuiste un padre… te extraño…

Al no haber conocido a un padre las únicas figuras paternas eran Alonso y él. Al morir Alonso quedó Ilias pero también se fue… tan repentino y silencio como el viento.

—Sé que estas aquí… pero no puedo evitar llorar por ti… —Lorian se limpió las lágrimas al sentir una brisa fresca entrar por el balcón de su estudio—lo siento, prometo no llorar más por ti y…

— ¡MAMÁ! —otro grito hacia presencia en esa habitación interrumpiendo sus meditaciones con los recuerdos. Ya era la segunda vez que escuchaba como alguien le gritaba así. Lorian conocía ese "mamá", no era igual a los otros, este era el de su hijo más pequeño.

—Por Athena… —dijo en voz baja Lorian— ¿Qué sucede, Rey? —un niño pequeño llegó con toda la cara llena de tierra. Tenía unos ojos azules enormes y un cabello castaño medio oscuro todo alborotado y un poco largo—estas hecho un desastre Rey, ¿Qué te pasó, hijo? Mírate la ropa y tienes toda la cara sucia.

—Me retaron a las luchas cuando iba de regreso de Rodorio con Mirielle—todos sus hijos tenían una doncella para que los cuidara ya que una sola lo intentó y terminó dejándolos—le gané a cinco yo solito.

— ¿Y Mirielle no te detuvo?

—Sí, tardó un poco en realidad—Rey tenía le descaro de admitir sus travesuras y que igualmente sabía que su doncella debía detenerlo y aun así no se detuvo—le di una buen paliza a los otros niños antes de que Mirielle me jalara por la oreja.

— ¿Qué te he dicho sobre eso?

— ¿Sobre qué? —de sus hijos, Rey era el más travieso, incluso más que Halcyon.

—Sobre pelear con otros niños de Rodorio.

—Ah… que no lo haga—Rey lo decía tan tranquilamente y sin ninguna pinta de arrepentirse de lo que había hecho.

— ¿Y por qué lo haces?

—Porque soy tu hijo, no puedo dejar que digan que tu hijo es un cobarde. Se burlan porque siempre estoy con Mirielle cuando voy a Rodorio—Lorian rió y tomó a pequeño de 5 años y lo colocó en sus piernas—pero gané y no me hice mucho daño, Mirielle me limpió las rodillas.

— ¿Y por qué crees que Mirielle siempre está contigo? —Lorian sacó un pañuelo de uno de los cajones de su escritorio y se lo comenzó a pasar por la cara—ojala que tu padre no te haya visto así. Te metes en muchas peleas y solo tienes 5 años.

—Casi 6—protestó el niño.

—Está bien pero tienes toda la cara llena de tierra, golpes y algunos raspones sin contar los que debes tener debajo de la ropa—el niño le dio una sonrisa enorme—eres muy travieso, Rey.

—Así debías ser tú cuando eras pequeña, mamá—el pequeño se sonrió enormemente y dejó que su madre le pasara el pañuelo con agua por la cara para limpiarle toda la tierra y un raspón con sangre que tenía en la frente.

—… sí, sí lo era pero eso no significa que me metía en peleas por razones sin fundamente. Soy tu madre pero no necesitas demostrar nada para hacer ver que eres mi hijo, no importa lo que digan los demás—el niño se abrazó a su madre fuertemente.

— ¿Escuchaste eso, hermanito? Mamá es una mujer muy fuerte y amorosa—Lorian reía internamente al escuchar a su hijo— ¿Puedo ir con papá?

—No creo, papá ha estado ocupado desde ayer y no quieren que lo molesten pero puedes ir con Andros que va a ir a Rodorio con Ilarion y Anael.

—Mmmm… mejor no, iré a ver que está haciendo Halcyon—el pequeño se bajó de las piernas de su madre rápidamente. Lorian tenía un mal presentimiento, si esos dos jugaban juntos las cosas podían salirse de control—nos vemos en el almuerzo, mamá—el niño salió corriendo dejando a Lorian preocupada.

—… —por un momento Lorian creyó ver a alguien vestido de oro a su lado, viendo como el pequeño salía corriendo de la habitación—… debe ser solo mi imaginación. ¿Dónde me quedé?

"Ilias tenía sus razones para irse y las respeté hasta el día que dio su último aliento. Durante esos días pasó algo que también me dejó marcada pero de una forma positiva, son esas vueltas que da la vida. Los recuerdos de la niñez son muy difíciles de rememorar pero hago mi mejor esfuerzo en ello.

Una semana después de la inesperada partida de Ilias, en una noche de verano, alguien tocó la puerta de la casa… esa noche fue una que dio inicio a otra gran aventura en mi vida y que a pesar de que esa noche fue el inicio, mi aventura no comenzó sino muchos años después… la maternidad"


Lais y Honor se encontraban en la sala de la casa, todas las niñas estaban en sus camas ya dormidas. Había sido un día muy largo para todos. Las niñas mayores habían comenzado sus deberes como doncellas en la zona de las amazonas, era parte del entrenamiento para ser doncella.

Primero comenzaban con los aprendices y luego con las amazonas. De ahí se iba a avanzando paso a paso hasta llegar a los caballeros dorados e incluso ir al templo principal. El Patriarca apreciaba mucho la ayuda de las chicas con todos ahí y en el templo principal. Lais era la encargada de todo y cada detalle era medido con extremo cuidado para no avergonzar a la casa de doncellas.

Honor era la encargada de la cocina desde que llegó, no era que las niñas cocinaran mal pero no les iba mal unos consejos de parte de alguien que llevaba muchos años con esa labor. Honor había permitido que Ilias enseñara a Lorian pero con la condición de jamás llevarla al Santuario y eso molestaba a Ilias un poco pero desde hace una semana que no aparecía cuando todos los días desde que había vuelto se la pasaba toda las tardes con la pequeña.

— ¿Sabes que le ha pasado a Ilias, Lais? Es raro que no haya aparecido en varios días—preguntó Honor mirando a la hermosa mujer.

—No.

—No sabes mentir—dijo antes de darle un sorbo a su taza de té.

—No miento, no sé nada de él.

—Y me supongo que tampoco sabes nada de sobre el enfrentamiento que tuvo Sísifo con Arkhes en el Oráculo de Delfos—Lais casi deja caer su tasa de té al escuchar eso—no soy tonta, el estar cerca del Santuario poco a poco ha vuelto parte de mi cosmo y las marcas rojas debajo de mis ojos han aparecido varias veces desde que Ilias dejó de venir.

—…

— ¿Sísifo no sabe nada del embarazo? —Lais negó con la cabeza— ¿Qué les pasa a esos hermanos? Son muy extraños, pareciera que Ilias no lo quisiera.

—Recuerda que son medios hermanos. Cuando Alejandría murió el padre de Ilias quedó muy destrozado. A los años logró encontrar a una persona que lo sacó de esa oscuridad, la mamá de Sísifo, Iliana.

—No me suena ese nombre.

—Era una chica de un pueblo de Creta, ella murió en un incendio cuando Sísifo tenía 3 años y Alexandro solo se le ocurrió dejar a Sísifo en un orfanato porque no podía cuidarlo, el pobre chico ha sobrevivido por si mismo durante años y no sabía de la existencia de Ilias hasta que el Patriarca lo puso como su maestro.

—Ya veo… —Honor volteó hacia la ventana—esta lloviendo.

—Qué raro, no es normal en esta época del año—Lais fue hasta la ventana y la cerró. Miró hacia el bosque y tuvo un extraño presentimiento sobre algo.

—Debe ser una señal—dijo Honor mientras recogía las tasas de té de la mesa—será mejor que… —las manos de la mujer la traicionaron dejando caer las tasas al suelo haciendo que se rompieron en muchos pedazos.

— ¿Honor? ¿Qué te sucede? —Lais se acercó a la morena y la ayudó a sentarse en la silla nuevamente—Por Athena, las marcas de las pitonisas…

—Algo pasa…

—No se quitan, esto es malo—Lais intentó no hacer ruido para no despertar a las niñas—algo debe estar pasando en el Oráculo de Delfos. Tú ya no eres su líder, estas marcas no deberían estar aquí más nunca.

Lais tomó a Honor de brazo y la llevó hasta la sala y la sentó en un sillón, tenía fiebre y comenzaba decir cosas que no tenían coherencia alguna. No podía gesticular nada y solo eran sonidos, pero las extrañas ondas de cosmo que salían de ella era mucho más raro. Lais tuvo que pedir ayuda a Evangelina, fue a despertarla con mucho cuidado, era la única que podía ayudar ya que Arena estaba en sus días de descanso porque parecía que fuera a estallar en cualquier momento con esa barriga tan grande.

—No baja… he hecho de todo—dijo Lais mirando como las marcas debajo de los ojos de Honor se hacían más visibles. Evangelina colocaba un trapo mojado en su frente para bajar la fiebre pero no servía para nada—esto no es cosa de la guerra, esto parece más… —la pelinegra dio media vuelta lentamente hacia la ventana—a menos que…

Sintió que alguien la miraba desde la oscuridad, había alguien afuera.

—A menos que… —Lais salió corriendo por la puerta y se metió debajo de la tormenta. Algo en su interior le decía que había alguien ahí afuera que necesitaba ayuda.

Afuera buscó y buscó. Sabía que había alguien, ella tampoco había perdido su cosmo y algo estaba resonando con el de ella. Buscó entre los arbustos y los arboles pero no había nada, la lluvia tampoco dejaba ver mucho. Estaba totalmente empapada por la tormenta y la brisa tampoco ayudaba, si seguía ahí se congelaría.

—Sé que estás ahí, por favor sal… —no sabía a quién le hablaba, solo trataba de hacer que saliera de donde estuviera—por favor… sal… no te hare daño.

—…

Algo se había movido entre las sombras. Lais vio a un lobo blanco salir de entre la espesa arboleda, parecía herido. Lo reconoció al instante, muchas veces lo había visto.

—Arkhes…

El lobo tomó la forma de la líder de las pitonisas. Arkhes cayó al suelo, algo había mal con ella, no podía caminar y hacia expresiones de dolor. Lais se acercó y la ayudó a levantarse del suelo, debía llevarla para la casa lo antes posible.

— ¿Estás loca? Estas afuera y con esta lluvia tan miserable…

—Ya es hora… —la cara de Arkhes se contrajo en una mueca de dolor y ahogó un grito antes de caer de rodillas al suelo. La pelinegra notó como tocaba su abultado vientre—lo siento…

—Por Athena…

Honor seguía con la fiebre y la marca debajo de los ojos parecía ya permanente. Evangelina no sabía que más hacer, esto era algo para lo que no había sido instruida. La lluvia no paraba de caer y ahora tronaba, era solo cuestión de tiempo para que las niñas más pequeñas se levantaran asustadas. En eso la puerta se abrió y entró Lais con Arkhes y sus dolores de parto.

—Esto era lo que faltaba… —Evangelina volteó y vio como Honor se levantaba poco a poco del sofá. Evangelina fue hasta dónde estaba Lais y la ayudó a poner a Arkhes sobre otro sofá grande—dime una cosa, Arkhes… ¿tú lo sabias, no? Que tu vida iba a terminar así.

—Es la desgracia de… ser una pitia… —la hermosa mujer le sonrió—pero si es por esto y por… Ilias… no me importa dar mi vida para que un legado quede en su lugar… un legado suyo y mío… perdóname mi señora…

—Tú sabias que hacer esto es contra la ley—Honor limpió la frente de la chica con cuidado—tus marcas se han ido.

—Lamento hacer que usted vuelva a ser la líder… no la conocí antes pero había escuchado cosas grandiosas de usted—otra contracción más se reflejó en el rostro de Arkhes—nunca pensé que iba a doler tanto. Lais… lamento haber hecho que te mojaras de esa manera bajo la lluvia.

—Descuida, no digas tonterías ahorita… es hora de que tu bebe nazca.

—Por favor… sé que es algo loco de pedir pero… yo sé que no voy a vivir lo suficiente para ver a mi hijo crecer pero… él me lo ha pedido desde que ustedes llegaron aquí—dijo mirando a Honor a los ojos—que Lorian este con él… que sea como su hermana… no sé por qué es así pero quiero que ella sea como yo, aquella persona que este con él y que le de todo el amor que yo no pude. Usted mi señora y tú también, Lais—Honro tenía la mano de Arkhes entre las suyas—yo no veo más futuro ni pasado… pero quiero que en la vida de mi hijo su futuro sea lleno de luz…

—Y lo será, su padre sabrá guiarlo en cada paso—dijo Lais.

— ¿Y cuándo Ilias ya no este? —ambas se sorprendieron—está enfermo y… nuestro hijo estará solo… por favor cuídenlo mucho. Sean unas madres para él.

—Lo prometemos, tu hijo jamás estará sol—dijo Honor para calamar a la pobre chica.

—Una cosa más… dejen que ella le coloque un nombre a mi hijo… no voy a vivir lo suficiente ni siquiera para verle sus hermosos ojos…

—Descuida, llevara un nombre digno de un rey—dijo Honor antes de comenzar las tortuosas horas de parto que se venían.

Parte de la noche fue eso, limpiar sudor, pujar, dar palabras de ánimo, limpiar sangre, limpiar lágrimas. Arkhes hacia lo mejor de si misma, con cada pujada sus energías se iban pero no podía parar, aún faltaba un poco más. Más de una vez un grito de dolor se escapó de sus labios.

—No te rindas ahorita, solo un poco más y tu bebé estará aquí contigo… por favor resiste un poco mas—Lais limpiaba y Honor hacia el trabajo de partera. Evangelina estaba vigilando que las niñas no fueran a salir de la habitación.

Arkhes pujaba y pujaba. La tormenta estaba comenzando a calmarse y al mismo tiempo el sol estaba comenzando a salir. Pasaron horas de trabajo para las tres mujeres hasta que la lluvia paró y con ella nació el llanto de un bebé. Lais miró hacia donde salía ese potente llanto y sonrió al ver como el pequeño se movía en brazos de Honor.

—Un varón—dijo Lais mirando al pequeño en brazos de la morena. Su llanto era fuerte y saludable—es hermoso Arkhes… ¿Arkhes?—no hubo respuesta.


"Según las palabras de nana, Arkhes hizo su mejor esfuerzo, el parto duro unas cuatro horas. Nana me contó todo esto cuando ya yo estuve más grande, debía tener unos 11 o 12 años cuando me contó todo referente al parto de Arkhes. Como todas dormíamos en el anexo de la casa no escuchamos ningún grito ni ruido de parte de toda esa situación pero al día siguiente si había preguntas, tantas como unas niñas pequeñas podíamos hacer. ¿Quién era ese bebé? ¿Dónde estaba su madre? ¿Su madre lo abandonó? ¿Su madre había muerto como las nuestras? ¿Su mamá lo quería?

Fueron tantas que creo que nana y la señora Lais no podían con todas ellas. Pero de algo estaba muy segura, ese bebé era la cosa más linda del mundo, lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Tenía una mata de pelo olor rubio tostado, tenía las mejillas más grandes que jamás haya visto, sus piernas eran regordetas y brazos también. La primera vez que abrió los ojos fue como ver el cielo. Era un bebé hermoso y sano"


— ¿De dónde salió ese bebé? —Lorian miraba como Lais mecía al pequeño en sus brazos mientras dormía—es muy gordito.

Esa misma mañana del nacimiento del bebé todas estaban alborotadas por ver al bebé peor estaba dormido después de haber comido bastante. Lorian lo miraba de lejos, se veía mucho más pequeño que todos los bebés que alguna vez hubiera visto.

—Es lindo, ¿verdad? —la niña asintió alegremente. El pequeño bostezo y siguió durmiendo plácidamente.

— ¿Cómo se llama? —Honor entró a la sala y se sentó en un sofá mirando la escena—debería tener un nombre, ¿no?

—Lastimosamente no tiene uno, su mamá no pudo darle uno… antes de partir—dijo Lais. El bebé dormía tranquilamente, era esa inocencia tan mágica que poseían los bebés lo que hacía que el mundo pareciera un lugar pacifico, un lugar diferente— ¿quieres ponerle un nombre?

— ¿Puedo?

—Sí, ¿Qué nombre te gustaría ponerle? —Honor se acercó a las dos y se sentó a un lado de Lais—nació bajo la estrella de Leo.

—… no sé… Leo no me gusta, no le quedaría bien—ambas mujeres rieron al ver la cara de Lorian—… el señor Ilias me dijo que la estrella más brillante de la constelaciones Leo se llamaba Regulus… ¿Y si lo llamamos Regulus?

— ¿Regulus? —dijo Lais escuchando con extrañez el nombre—¿Qué te parece, Honor? ¿Regulus es un nombre digno de un rey?

—Creo que es un nombre digno para un pequeño rey como él—Honor miró al pequeño con satisfacción. Habían hecho algo muy bueno por esa pobre chica. La pregunta ahora era ¿Dónde estaba Ilias? ¿Por qué no estaba con Arkhes?

Lorian se quedaba con Regulus todo el día. Lo miraba como si fuera la cosa más interesante del mundo y en ese estado pasaba horas y horas. Era como si ambos tuvieran una conexión especial y no había manera de separarla de él. Aunque la pequeña no había notado que las visitas de Arkhes también habían cesado en la semana que llevaba Regulus de nacido ya.

Se portaba bien y no daba mucho trabajo, solo el que un bebé pequeño puede dar, lloraba, hacia sus necesidades y luego al baño. Lorian siguió con sus estudios y día a día mejoraba ya que le ponían como condición que si lo hacía todo bien entonces tendría permiso de pasar la tarde con Regulus. Lais era la que lo alimentaba y Honor como era la más preparada con respecto a cuidado de bebés, se encargaba del resto de cosas.


"Pasaron dos meses más y ya teníamos otro bebé en casa, el de Arena. Ella di a luz una tarde y ahí si estuvimos presente varias, yo no vi casi nada y me quedé con Regulus en el cuarto con las otras pequeñas y Evangelina. Ahora que lo estoy pensado mejor, mirar a Regulus era mirar un reflejo del alma de Ilias. No sabía donde estaba, no sabíamos nada de él pero las alegrías en casa aumentaban y con el nacimiento de la pequeña Rue, la hija de Arena, la casa se llenó de llantos de bebés.

Pero no siempre las cosas buenas duran para siempre. A los tres meses de nacer Regulus, una tarde de otoño griego, el pequeño bebé desapareció de nuestras vidas… al principio sentí un vacío en mi corazón porque ya me había acostumbrado a ver esa carita todas las mañanas, a verlo comer, a vestirlo junto con nana, a sus sonrisas espontaneas y a esos hermosos ojos. No culpo al señor Ilias de nada, después de todo era su hijo".


—No me hagas esto más difícil, Lais—Ilias estaba dentro de la casa de Lais. Había llegado de la nada y estaba reclamando a su hijo—es mi hijo y se va a ir conmigo a donde yo vaya.

—No me vengas con esas Ilias, ¿Dónde estuviste estos tres meses? ¿ah? ¿Dónde estuviste cuando Arkhes mas te necesitó? Dices ser su padre pero llevártelo así les hará más daño a todas las niñas y especialmente a Lorian que vive por Regulus, no puedes quitarle eso a ella. No sabes lo triste que estuvo por tu desaparición repentina ¿y ahora también quieres llevarte a Regulus? La vas a destrozar—Lais tenía razón e Ilias lo sabía pero quería a su hijo con él.

—Me lo llevare y es mi última palabra…

—Entiende él necesita de nosotras, tu eres su padre pero ¿Cómo harás para alimentarlo, para cambiarlo, mimarlo, amarlo como lo haría una madre? ¿Acaso sabes sus horarios? ¿Acaso sabes la canción de cuna que le gusta? No le hagas eso a Regulus—Honor retaba a Ilias, era la única que podía hacerlo porque Lais estaba por el suelo.

—Soy su padre y con eso es suficiente. No necesito dar explicaciones de nada a nadie, ni siquiera a ustedes que han ayudado tanto pero ya perdí a Arkhes, no quiero perder a mi hijo también. Conservara su nombre, creo que es el indicado para él, descuiden que ambos estaremos bien.

—No vas a perder a Regulus, solo te estamos pidiendo que no te lo lleves. Puedes venir a verlo las veces que quieras pero hasta tú sabes que él estará mejor aquí con nosotras, solo tiene tres meses de nacido.

Ilias tenía al pequeño en brazos y lo que le impedía salir de casa era que Lais estaba casi suplicándole de rodillas que no se lo llevara, que dejara al pequeño Regulus con ellas. Las niñas estaban en Rodorio ese día. Arena se había llevado a Rue con ella y la casa estaba vacía, las niñas más grandes estaban cumpliendo su servicio en el Santuario.

— ¡No te lo lleves, Ilias!

—Lo siento…


"Cuando volvimos ese día a casa fue como si un pedazo de mi corazón se hubiera esfumado… a pesar de que me explicaron una y otra vez que el señor Ilias se lo había llevado porque ahora iba a cuidar de él… no lo quería entender… lloré y lloré toda la tarde y parte de la noche hasta que me quedé dormida. Llegué a odiar al señor Ilias por eso… porque me había apartado de Regulus, ni siquiera me pude despedir de él en aquel entonces…

— ¡Lorian! —se detuvo al escuchar su nombre una vez más ese día. Esta vez era su esposo el que la llamaba, su voz no sonaba muy contenta que se diga—amor, ¿Qué se supone que estas haciendo?

—Escribir… —dijo como si nada mostrándole la pluma—escucha, desayuné, almorcé y ya pronto voy a bajar para cenar así que no te preocupes por…

—Son pasadas las diez de la noche, ya todos cenamos e incluso los niños se quedaron esperando por ti para que bajaras a cenar con ellos pero prefieres estar aquí encerrada recordando tragedias que lo único que hacen es ponerte mal a ti y a nuestro bebé. Halcyon y Anael se quedaron esperando que fueras al cuarto para pasar un rato contigo antes de dormir pero tuve que decirles que estabas ocupada en otra cosa.

—Sé que eres mi esposo pero no puedes hablarme así, yo no me quejo de lo que tú haces. Lamento si no pude ir con las niñas pero el tiempo se me fue volando—Lorian se paró y fue a enfrentar a su esposo cara a cara, él era más alto que ella pero eso no impedía nada— ¿Qué te crees? Yo también tengo derecho a hacer lo que quiero ahora que nuestros hijos están grandes y al bebé no le pasa nada de nada, necesito tiempo para pensar.

— ¡Me preocupo por ti eso es todo! Soy tu esposo y ellos son tus hijos, necesitan a su madre no importa la edad que tengan—el hombre alzó el tono de voz—me la paso trabajando para ti y por los niños porque no quiero que vean los desastres que dejó la guerra, para que no vean que todo a su alrededor es destrucción, para que todos comencemos otra vez y solo quiero que tu estés feliz pero al parecer nada de lo que hago es suficiente para que seas feliz a mi lado.

— ¡Soy feliz a tu lado! ¡Entiéndelo de una vez! ¡Los niños me necesitarán a mí pero también necesitan a su padre! ¡Los niños son felices así como están, jamás exigen nada y tú solo quieres cargar con toda la familia pero no puedes hacerlo! —las palabras de Lorian eran ciertas.

— ¡Sí puedo porque soy tu esposo y el padre de esos niños! ¡Lo hago porque es mi deber! —la expresión de Lorian cambió al escuchar esas palabras salir de la boca de su esposo. El hombre se dio cuenta de sus palabras demasiado tarde.

— ¿Ser el padre de ellos es solo un deber para ti…?

—No Lorian, no quise decir eso. Ellos son mi mundo, yo no quise…

—Sí lo hiciste… —unas lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Lorian—perdóname si ser padre no estaba en tus planes, perdóname en verdad por haberte obligado a ser un padre.

—No quise decir eso, ellos son mis hijos y tu mi esposa—tomó a Lorian del brazo y la atrajo hacia él en un fuerte abrazo—nunca pienses que hago esto por deber, ellos son mis hijos y tú la mujer con la que me casé.

—Hay veces que no veo que sea así… —Lorian se soltó y se limpió las lágrimas.

— ¿Otra vez están peleando? —ambos voltearon hacia la puerta y se encontraron con las caras soñolientas de Rey y Halcyon—¿Por qué peleaban mamá, papá? —la pequeña se rascó el ojo mientras Rey soltaba un bostezo.

—No mis niños, no estábamos peleando—el padre se acercó a la niña y Lorian a Rey—no es nada, cosas de adultos que mamá y papá ya resolvieron—la niña se acostó en el hombro de su padre y se acurrucó.

—No me gusta que discutan, mamá—dijo Rey ya acomodado en brazos de su madre—me gusta más cuando los dos sonríen—Lorian contuvo unas lágrimas para evitar que sus hijos la vieran llorar.

—No peleen más… —la niña cayó dormida al instante en brazos de su padre.

Lorian fue y dejó a Rey en el cuarto con sus hermanos mientras que su esposo fue hasta el cuarto que la pequeña compartía con su hermana mayor. Ambos estaban profundamente dormidos y no se movieron en todo el camino. Esos dos eran los más pequeños de la familia pero parecían los más maduros, debía ser por sus inocencias de niños que crían que el mundo es solo juegos y risas… ojala fuera así.

Ambos padres volvieron al estudio de Lorian y se miraron las caras por un rato, ninguno parecía querer decir algo pero el silencio fue roto por el hombre primero.

— ¿Sabes que los amo a todos ellos? —Lorian asintió— ¿Sabes que una de las mejores decisiones de mi vida ha sido casarme contigo y tener a todos estos alborotadores niños? —Lorian asintió lentamente con una pequeña sonrisa— ¿Sabes que te amo con toda el alma?

—… —Lorian se acercó y se abrazó a su esposo con muchas fuerzas.

—No me molesta que escribas pero no olvides que en el presente tienes una familia, no dejes que los recuerdos del pasado te consuman.

—Entendido—ambos se miraron a los ojos y lentamente sus labios se unieron en un beso que duró unos segundos—voy a seguir solo un rato más, los recuerdos están fresco y quisiera plasmarlos antes de que se me vayan.

—Está bien, te veo en la habitación—le dio otro beso fugaz en los labios antes de desaparecer por el pasillo.

Lorian volvió a sentarse en su silla y tomó la pluma.

"Yo no podía traer de vuelta a Regulus, no había forma que una niña como yo lo hiciera. Pasando el hecho de que Regulus ya no estaba yo solía meterme en peleas tontas cuando iba a Rodorio con las otras niñas. Siempre agradecí a Evangelina por no decir nada a la señora Lais, ella me regañaba pero lo hacía por mi bien. Muchas cosas pasaron en realidad, creo que fue en el año 1729 cuando me metí en una pelea con un niño más grande que yo pero eso tuvo un lado positivo en todo… creo que a partir de ese año mi vida comenzó a tener giros inesperados y me involucré mas con el Santuario, aquel lugar lleno de misterios terminaría siendo un hogar más para mí.

Fue en una tarde de invierno creo, yo estaba con Evangelina haciendo un encargo y pasamos por Rodorio, ella ya había cumplido los 10 años y era principio del año 1729 cuando conocí a ese futuro caballero".


— ¡Si eres tan fuerte ven y me lo dices más de cerca!

— ¡Solo eres una niña! ¡Pero al parecer te hace falta una lección de respeto a los hombres!

En las afueras de Rodorio un grupo de unos 4 niños se dedicaron a molestar a dos niñas que pasaban por ahí porque iban camino al Santuario a dejar una carta de parte de la señora Lais que era para el Patriarca. Los gritos de los niños fue lo que hizo que Lorian se detuviera. Habían comenzado a gritar que todas las mujeres que vivían en la casa de la señora Lais eran entrenadas para otro tipo de servicios.

Lorian no lo entendió bien pero sí logró entender las otras palabras como inútiles, tontas, estúpidas y buenas para nada. Al igual que había hecho con Aspros la primera vez, se acercó y le dio una parada en toda la rodilla al niño que se había dedicado a insultarlas. Esto terminó en una disputa que estaba a punto de terminar en puños.

— ¡Mi padre dice que todas las que van al Santuario son para que los caballeros se diviertan un rato ya que no pueden tocar a las mujeres que viven ahí!

— ¡Eso no lo sabes! ¡Solo eres un mentiroso y horrible cerdo!

El niño salió corriendo con sus puños cerrados listo para darle un buen golpe a Lorian. Evangelina no sabía que hacer para frenar la situación… pero no fue necesario que interviniera.

— ¿No te enseñaron a respetar a las damas?

—… ¿de dónde salió este niño? —Lorian miraba como le puño del brabucón se había detenido a una distancia muy pequeña de su rostro ya que otro niño lo había detenido con una mano.

—Los puños se deben usar contra los malos, no contra una indefensa niña menor que tú—de una sola patada lo mando hasta donde estaban sus amigos—personas como tú son las que infectan el mundo—los niños ayudaron a levantar a su amigo y miraban feo al recién llegado.

—Otro raro más, de seguro va al Santuario.

Todos salieron corriendo dejando a Lorian y a Evangelina solas junto con su salvador. El chico miró a Lorian que seguía con sus puños arriba y soltó una media sonrisa. Lorian lo miró de arriba abajo. Sabía que en esa época hacia un poco de frío ya que lo había logrado experimentar pero ese niño iba hasta con abrigo, toda su vestimenta no parecía para un clima como el de Grecia.

— ¿Estas bien? —la pregunta hizo que la niña volviera a la realidad.

—Sí, gracias pero yo podía con ellos sola.

—Ya me lo imagino, pude sentir un cosmo y supongo que es el tuyo—otra vez el cosmo y nadie le había explicado que era— ¿Cómo te llamas?

—Lorian, ¿y tú? —no era una niña penosa, eso era obvio.

—Degel, vengo desde muy lejos y voy al Santuario con mi maestro ¿y ustedes? —Evangelina se acercó a los dos niños interrumpiendo la charla.

—Gracias por salvar a la cabeza dura de Lorian. Íbamos al Santuario para entregar esta carta al Patriarca pero ya que tú vas con tu maestro me imagino que irán a ver al Patriarca.

—Sí.

— ¿Podrías llevársela, por favor? Nosotras vivimos un poco lejos y aún nos falta mucho por recorrer, de seguro se hará tarde ora cunado nos toque volver a casa.

—Sí, no hay problema, estoy seguro que a mi maestro no le molestara. Un placer conocerlas—Degel tomó la carta y siguió su camino hacia el Santuario.

A medida que el chico iba desapareciendo de su vista Lorian miraba aquellas colinas donde un poco más arriba se encontraba el Santuario, aquel lugar que la parecer no se le era permitido ir o el destino aun no quería que fuera así para ella. Se preguntaba si algún día vería otra vez a ese niño, debían tener la misma edad pero él se veía más fuerte y alto. Le recordó un poco a Aspros, lo otro que se había enterado era que Aspros había mentido, aun n había logrado conseguir su armadura. Cuando lo viera se burlaría de él.

—Evangelina…

—Dime.

— ¿Alguna vez has ido al Santuario?

—Sí, una vez fui con Arena.

— ¿Cómo es ese lugar? —la curiosidad la estaba matado de repente, no sabía el por qué ahora quería ir al Santuario y recorrerlo de arriba a abajo

— ¿Por qué quieres saber eso?

—Quiero ir ahí.

— ¿Por qué? Ahí solo pueden quedarse los caballeros y las amazonas. Alguna que otra doncella también pero tienes que trabajar duro para estar ahí.


"Evangelina me explicó muchas cosas sobre el Santuario, al menos lo que sabía y me pareció un buen lugar para investigar pero aún era muy pequeña para estar allá. Durante meses me esforcé para ser la mejor en todo pero no siempre lo lograba, había ocasiones en que fallaba. Ayudaba mucho a Arena con la bebé Rue, era una felicidad más en la casa y se portaba muy bien.

Con respecto a ese chico que me salvó, no lo volví a ver. Me dejó una impresión extraña ya que nunca había visto a alguien como él y sus vestimentas eran muy llamativas para la zona donde estábamos. Solo sabía que se llamaba Degel.

Los siguientes meses pasaron rápido para mí. Fue tan rápido que no me di cuenta cuando ya era mi cumpleaños otra vez, había cumplido mis siete años y todos los días rogaba a los cielos que el pequeño Regulus estuviera bien sea donde sea que estuviera. Con el tiempo avanzando al parecer mi cosmo se iba desarrollando y eso lo notó nana en un ínstate e intentó hasta lo imposible por evitar que siguiera creciendo. No tenía control sobre mi cosmo pero tampoco lo desarrollaba.

Un día de primavera estaba en Rodorio con Arena y la bebé Rue cuando después de muchos meses volví a ver a Aspros y ambos nos enredamos en una situación que casi terminó con la destrucción de la fuente de la plaza de Rodorio".

Continuara.


Holiiiiiis aquí dejo este capi laaaaaaargo.

Espero que les guste, recuerden que esto es semi-AU, no vayan a creer que algunas cosas como con Arkhes pasaron o con Ilias, son solo cosas que moldeo para que funcionen en el fic. Si las situaciones a veces pasan como que rápido es porque no tiene mucha importancia, que solo pasan y ya. Para los siguientes capis se verán más enredos y travesuras, solo espérenlo.

Nos vemos en el siguiente capi, espero que les guste, dejen rw y lesmando besos y abrazos.

Althea de Leo.