(Redoble de tambor…)

¡Tachán! ¡He vuelto! xD

Y, como veis, aquí os traigo un nuevo capítulo. Muy largo, he de decir, así que espero que sea suficiente para compensaros por la tardanza. ;-P

Es un capitulo de información, pero tiene pinceladas importantes.

¡Espero que os guste!

Contesto reviews anónimos al final, como siempre.

¡A leer!


Amigo de Jason Raize: "I became friends with Jason 9 years ago. He was truly a nice person. If you ever got to meet Jason, his smile, would probably be the most memorable feature. Unfortunately none of us really knew how depressed he was. I think about Jason probably every day. His death, I don't think I will ever get over, but it is a learning experience for me. I learned to live for the moment. I learned to truly watch the people you love, because as much as people always smile and appear happy does not mean everything is always perfect.

Jason is a part of my heart and I feel that his spirit lives."

(Me hice amigo de Jason hace 9 años. Era realmente una buena persona. Si alguna vez llegabas a conocer a Jason su sonrisa era, probablemente, su rasgo más memorable. Desafortunadamente, ninguno de nosotros sabía realmente cuán deprimido estaba. Pienso en Jason probablemente todos los días. Su muerte, no creo que la supere nunca, pero es una experiencia que me ha hecho aprender. He aprendido a vivir el momento. He aprendido a velar realmente por las personas que quieres, porque por mucho que la gente siempre sonría y parezca feliz eso no significa que todo esté siempre perfecto.
Jason es una parte de mi corazón, y siento que su espíritu vive).

¡Busa, Simba!


Otras dos semanas pasaron, y lo hicieron volando. La recuperación de Gabriella adquirió un ritmo constante, aunque el dolor no había amainado. Pero la muchacha iba aprendiendo poco a poco a vivir con ello.

Kevin Benneth llevaba dos días viviendo con Josh, habiendo conectado ambos muchachos desde el primer momento que se vieron. Por otro lado, Gabriella y Kevin se habían convertido en grandes amigos y confidentes. Pasaban mucho tiempo juntos, a veces hablando de Troy, otras veces simplemente en silencio disfrutando de la compañía. Ambos encontraban mucho consuelo el uno en el otro. Gabriella, porque al escuchar a Kevin hablar de su primo sentía a Troy mucho más cerca, y le aliviaba conocer más cosas sobre él, porque compensaba de alguna forma el que ella jamás hubiera conocido realmente al muchacho. Kevin, por otra parte, se estaba beneficiando del don de Gabriella, quien, de alguna forma, siempre decía las palabras justas que conseguían aliviar su dolor (y a veces, su culpa) y le hacían aceptar un poquito más la fatídica muerte de su primo.

Además del alivio que suponía la muchacha para el dolor de Kevin, el muchacho se estaba sintiendo más y más cautivado por la belleza interior y exterior de la morena. Cada momento que pasaba junto a ella lo acercaba más y más a desarrollar unos profundos sentimientos hacia la muchacha contra los que luchaba, pues sabía lo que Gabriella había llegado a sentir hacia su primo (y su primo hacia ella) y no quería complicar más las cosas, ni tener que sentirse culpable por nada más. Estaba contento con tenerla como amiga, y no quería estropear eso de ninguna manera.

Gabriella, por su parte, había desarrollado un profundo aprecio hacia el muchacho. Le sorprendía que se hubieran acercado tanto en tan poco tiempo, pero no se quejaba. Kevin ya era muy importante para ella, aunque no veía que pudiera sentir algo más profundo hasta dentro de meses, o incluso años. Troy todavía estaba muy adentro en su corazón, y no podía hacer hueco para nadie más. No todavía. Pero, en el fondo, Gabriella sabía que algún día Kevin también se adueñaría de un trocito de su corazón. Aunque jamás lograría desbancar por completo a Troy. Jamás. Ni él ni nadie.

Las amigas de Gabriella, desde el primer momento que conocieron a Kevin, lo acogieron con los brazos abiertos. Más aún viendo el beneficio que su presencia estaba suponiendo para la morena. Sharpay, por ejemplo, estaba encantada, pues el muchacho se había deshecho en elogios aquella tarde que Gabriella lo llevó al ensayo de la compañía de teatro. Además, se había tomado en serio lo de hacerles un guión, con lo cual había conseguido ganarse a la rubia completamente. En cuanto a Taylor, la muchacha había observado al muchacho de arriba a abajo cuando Gabriella se lo presentó, y había sonreído apreciativamente. Además, le había sorprendido gratamente que el muchacho fuera capaz de llevar una conversación sobre grandes clásicos sin quejarse ni aburrirse, y haciendo comentarios sensatos e inteligentes.

Ryan y Chad, por otra parte, se habían encargado de enseñarle al muchacho la ciudad mientras Gabriella y Taylor trabajaban. No sólo porque quisieran ser amables, sino porque querían conocer más al muchacho, ver de qué estaba hecho y si era preferible alejarlo de Gabriella. No encontraron ningún inconveniente, así que lo aceptaron, pero siempre algo vigilantes. En el momento que el muchacho se pasara de la raya o hiciera algo perjudicial para la morena, sería hombre muerto. Kevin lo sabía, y lo aceptaba, pues de alguna forma se alegraba de que Gabriella tuviera tan buenos amigos y de que la protegieran tanto. Gabriella era una chica muy fuerte, pero su bondad innata hacía que a veces fuera fácil engañarla.

Quedaban menos de tres semanas para el homenaje a Troy en Nueva York, así que Gabriella había empezado a trabajar en su pequeña aportación al acto: un video de su propia versión de "Endless Night". Había pedido a una compañera de la compañía de teatro, Kelsie Nielson, que la ayudara a hacerle unos arreglos para personalizarla, y la verdad es que estaba quedando realmente bien. Las dos muchachas se la habían enseñado a Kevin una tarde, y el muchacho, con lágrimas en los ojos, no había podido más que darles las gracias. Más tarde, el muchacho había confesado a Gabriella que seguramente iba a ser uno de los videos más especiales de todo el homenaje, y la había avisado con una sonrisa de que muchos peces gordos de Broadway iban a asistir y la iban a escuchar cantar.

- Seguro que acabas teniendo varias ofertas tras el homenaje. – le había dicho, con una sonrisa.

Gabriella había rodado los ojos y había negado con la cabeza en un gesto incrédulo.

- Ya verás, ya. – le había insistido Kevin. – Te apuesto veinte pavos a que recibes, al menos, cuatro ofertas.

- No digas tonterías. – había contestado Gabriella, caminando más deprisa. - ¿Quién me va a querer a mí en un show? ¡Y de Broadway, nada menos! Anda, vamos a comer, que tengo hambre.

Había sido el turno de Kevin de rodar los ojos, pero había seguido a la muchacha, riendo suavemente. Él sabía que Gabriella iba a acabar en algún show de Broadway. Era demasiado buena como para dejarla escapar.

Y sabía que su primo hubiera opinado lo mismo.


Gabriella se encontraba en el apartamento, viendo una película con Chad. Más bien sin él, pues el único aporte del muchacho estaban siendo sus ronquidos. La muchacha bostezó. Lo cierto es que la película era más que aburrida. Si Taylor hubiera estado allí, al menos hubieran podido burlarse juntas de la película (y de Chad), pero la muchacha tenía guardia esa noche. Y si al menos hubiera algo más que ver en la tele… pero esa noche en la mitad de las televisiones de Los Ángeles nada más que se podía ver ese canal. Algo se había roto, y los que estaban pagando las consecuencias eran los ciudadanos, que estaban teniendo que aguantar esa horrible película.

"A lo mejor es una conspiración de la cadena para que tengamos que ver este canal por la fuerza" pensó Gabriella, intentando cambiar de lado la cabeza de Chad, que había caído sobre su hombro y la estaba aplastando.

Justo cuando la muchacha pensaba que se iba a morir de aburrimiento, su móvil vibró. La morena se desembarazó del peso de la cabeza de Chad, haciendo una mueca de asco al ver que el muchacho había babeado sobre su camiseta. Tras rodar los ojos y acomodar la cabeza de Chad sobre el respaldo del sofá, Gabriella corrió silenciosamente hacia la cocina y contestó la llamada, sonriendo al ver el nombre en la pantalla del teléfono.

- ¿Sí? – contestó.

- ¡Eh, Gabby! Soy Kevin. – contestó la voz del muchacho.

- ¡Hola! – rió la muchacha. - ¿A qué debo el honor de tu llamada a las… - Gabriella se miró el reloj. – …diez y media de la noche?

- ¿Que a qué se la debes? – rió entonces el muchacho. – Al puro aburrimiento. Estaba viendo una película policíaca con Josh, y es horrible, así que me he escaqueado.

Gabriella esbozó una sonrisa divertida.

- ¿La del canal local? – preguntó, aguantando una carcajada.

- ¡Sí! ¡Esa! ¿No me digas que tú también la estabas viendo? – rió Kevin.

- Sí, y me estaba planteando pegarme cabezazos contra la pared. Menos mal que has llamado. – contestó la muchacha.

- Ah, pero tú serás una de las que tiene rota la señal, ¿verdad? – dijo Kevin. – Mi caso es peor, porque en nuestra tele sí se ven los demás canales. Es Josh el que quiere ver esta película. No sé qué le habrá visto.

Gabriella lanzó una carcajada.

- Sí, suena a Josh. – rió. – Te acostumbrarás.

- Ya, supongo. – dijo Kevin, rodando los ojos.

- En el fondo lo quieres. – le picó Gabriella, con una sonrisa.

- ¿En estos momentos? – rió Kevin. – Nada. Pero cuando la película termine, te diré que es un gran chico.

- Sí, lo es. – afirmó Gabriella. - ¡Y qué sentido del humor! No puedo parar de reír con sus bromas.

- Sí, ya he tenido que aguantar algunas de esas. – rió Kevin. – Menos mal que estoy inmunizado. Cuando vivía con mi primo era peor. No veas las que montaba él solito. A mis tíos los volvía locos.

Ambos muchachos rieron con cariño.

- Por cierto, hablando de mi primo. – comenzó Kevin entonces. - ¿Cuándo vas a grabar el video? Necesitamos que estén listos para el lunes de la semana que viene, y estamos a miércoles.

- Iba a hacerlo mañana. – contestó Gabriella. – Kelsie me está grabando el instrumental, sólo tengo que cantar por encima delante de la cámara.

- Vale. – aceptó Kevin. – Pásamelo en cuanto lo tengas, para que pueda mandarlo a Nueva York.

- Bien.

- ¿Sabes? – comenzó entonces Kevin. – Los amigos de Troy y míos de Albuquerque me han enviado el video que han preparado para el homenaje, y no lo he visto aún. Me preguntaba si… – el muchacho se interrumpió, y Gabriella lo oyó suspirar. - ¿Te apetece venir a verlo mañana? Tienes el día libre, ¿verdad?

- Sí, mañana libro. – contestó Gabriella. Lo pensó durante un instante. – No quisiera molestar, son vuestros amigos, yo…

- No digas tonterías. – la interrumpió Kevin. – Me gustaría que vinieras. – añadió. – La verdad es que no lo he visto porque no… no me siento como para verlo solo. Me gustaría que vinieras, de verdad.

Gabriella sonrió.

- Bueno, en ese caso… - empezó la muchacha. - ¿A qué hora te vendría bien?

- ¿A qué hora vas a grabar tu video? – preguntó entonces Kevin, con una sonrisa y gesto aliviado.

- Por la tarde. – contestó Gabriella.

- ¿Te apetece que nos veamos al medio día? – sugirió Kevin. – Salgo de la oficina a las doce, y Josh trabaja. Podemos venir a mi apartamento, comer y verlo después tranquilamente. Creo que dura una media hora.

- ¡Vaya! ¿Media hora? – se sorprendió Gabriella.

- Ahá. – asintió Kevin. – Seguro que se lo han currado un montón. Me han dicho que han metido grabaciones nuestras de los años en el East High y todo.

- Suena bien. – comentó Gabriella. – ¿Nos vemos en tu apartamento a las doce y media?

- Doce y media, de acuerdo. – dijo Kevin. – Bueno, Gabby, creo que me voy a ir a dormir. Que, al contrario que tú, yo trabajo mañana.

Gabriella rió.

- Tiene narices que, para un día que libro, se estropee la señal de televisión. – se quejó la muchacha. – Supongo que yo también me iré a dormir.

- En ese caso, buenas noches. – sonrió Kevin.

- Sí, buenas noches a ti también. – contestó Gabriella. – ¡Que duermas bien!

- Igualmente. – bostezó Kevin. – Nos vemos mañana.

- Ahí estaré. – se despidió Gabriella, y Kevin colgó el teléfono.

La muchacha se desperezó entonces, y volvió a la sala de estar. Sin dignarse a mirar la televisión de nuevo, la apagó, y seguidamente se acercó a Chad, quien seguía roncando alegremente. La muchacha, aguantando la risa, lo sacudió suavemente.

- Chad… vete a dormir, anda. – dijo, cuando el muchacho abrió un ojo y la miró.

- ¿Me he dormido? – preguntó, con voz grogui.

- Sí. – rió Gabriella suavemente. – Anda, tira a la cama.

- Sí, mamá. – bostezó Chad, ganándose un pescozón por parte de Gabriella. – ¡Ouch! ¡Gabby!

- A dormir. – le ordenó entonces Gabriella, con una sonrisa.

- Que sí, que sí. – se quejó Chad, levantándose trabajosamente y tambaleándose hacia su habitación. - ¡Buenas noches! – gritó desde allí.

- ¡Que duermas bien! – contestó Gabriella, mientras recogía los restos de palomitas y los vasos de refresco que ambos muchachos habían dejado en la sala de estar.

Esa noche, Gabriella se metió en la cama pensando en el día siguiente. En el video que tenía que grabar como despedida oficial a Troy, y en el video que iba a ver junto a Kevin. Ambas cosas iban a ser muy duras para ella.

Y sólo entonces, escondida entre las sábanas de su cama, se permitió Gabriella volver a dejar resurgir los sentimientos de tristeza y dolor que llevaba dentro desde hacía poco más de un mes.

Sólo entonces, en completa soledad, se permitió la muchacha entregarse al desahogo del llanto.

Sólo entonces, en la oscuridad de la noche, se permitió llorar a Troy.

Cerca de allí, en otra habitación distinta, con la cabeza enterrada en la almohada, el cuerpo de un muchacho se sacudía en iguales sollozos.

Mañana sería un nuevo día.

Un día más sin Troy.


- ¡Hey! – saludó Kevin a Gabriella en cuanto le abrió la puerta.

- Hola. – le devolvió el saludo la morena, mientras Kevin se apartaba de la puerta para dejarla pasar.

La muchacha entró, y fue recibida por un apetitoso aroma a enchiladas.

- Mmm… - husmeó Gabriella, y se volvió hacia Kevin, sonriendo. - ¿Comida mexicana?

Kevin asintió.

- Te gusta, ¿verdad? – preguntó, súbitamente preocupado. – Si no, puedo pedir otra cosa…

- Me encanta. – rió Gabriella, interrumpiéndolo. – Es mi favorita.

- Vaya, ya tenemos algo más en común. – rió aliviado Kevin, guiando a la muchacha hacia la sala de estar. – Y con mi primo también.

- ¿La has cocinado tú? – preguntó la chica, con una mueca burlona, señalando los platos tapados que había sobre la mesa.

- ¡Qué va! – rió Kevin. – Me pasé por un restaurante mexicano al volver del trabajo y pedí comida para llevar. Yo soy de los que queman las cocinas.

Gabriella rió, sin saber si debía tomárselo en serio.

- De verdad. – le aseguró Kevin, interpretando bien la muda pregunta de la morena. - Un día quemé la cocina de mis tíos calentándome un vaso de leche. – confesó. – Se pusieron realmente furiosos. Aunque Troy se echó la culpa a sí mismo, y por mucho que protesté mis tíos se lo creyeron. Al fin y al cabo, siempre era él el que se metía en líos, y casi nunca era mi culpa. – dijo el muchacho, sonriendo al escuchar las carcajadas de la morena. – Así que me libré, y Troy estuvo castigado un mes. Se lo tomó con filosofía, aunque yo no paraba de reñirle por haberse culpado de algo que no había hecho y que además nunca haría. Porque Troy era genial en la cocina. Te hubieras sorprendido de lo bien que cocinaba.

- ¡Vaya! – se sorprendió Gabriella. – Eso sí que no me lo hubiera esperado.

Fue el turno de Kevin de reír.

- No da el tipo, ¿eh? – comentó. – Pero es cierto. Todos los genes cocineros se los llevó él, por desgracia para mí.

Gabriella sonrió, y se sentó a la mesa ya dispuesta, mientras Kevin destapaba todos los platos, que había cubierto para que se mantuvieran calientes.

- ¿Cómo te va en el trabajo? – preguntó Gabriella cuando comenzaron a comer.

- Bien. – respondió Kevin. – La verdad es que estoy muy contento. Y además, pagan bien. – rió.

- Me alegro. – contestó Gabriella, probando los nachos con queso. – Está todo muy rico. – comentó. - ¿De qué restaurante es?

- Es un sito pequeño cercano a mi trabajo. – le explicó Kevin. – Lo lleva una familia mexicana, y como es un sitio tan pequeño y poco conocido, la verdad es que le ponen dedicación en cada plato.

- Está realmente bueno. – afirmó Gabriella tras tragar un bocado de enchiladas.

- Ya te llevaré algún día. – dijo Kevin, encogiéndose de hombros.

Gabriella levantó la vista hacia él, pero el muchacho siguió comiendo sin levantar la suya. Había sido una frase muy normal entre amigos, pero el tono en el que lo había dicho había sido como de… cita, o algo así. Kevin levantó entonces la mirada para encontrarse con el escrutinio de Gabriella.

- ¿Qué? – preguntó. - ¿Tengo algo en la cara?

El muchacho agarró la servilleta, pero Gabriella sólo sonrió, rodó los ojos y negó con la cabeza.

Seguramente se lo habría imaginado.

Tras la excelente comida, Gabriella ayudó a Kevin a recoger la mesa y lavar los platos. Ambos muchachos se sumieron en un largo silencio mientras retiraban los restos de comida y limpiaban todo lo que habían usado, preparándose mentalmente para el video que iban a ver a continuación. Gabriella entendía por qué Kevin la había llamado. Ella tampoco sería capaz de ponerse a ver un video de media hora, con archivos de video y todo, sola. No en esos momentos, cuando todo estaba todavía tan reciente. Kevin se sentiría mejor compartiéndolo con ella, y ella se sentiría mejor compartiéndolo con Kevin. Porque ambos compartían el mismo dolor.

Cuando por fin se sentaron en el sofá, el uno al lado del otro, tras meter el video en el reproductor, los dos se lanzaron una sonrisa, dándose ánimos.

- Vamos allá. – murmuró entonces Kevin, dándole al botón del play en el mando a distancia.

Lo primero que salió fue un título gigante que ponía "WILDCATS" y una foto en blanco y negro en la que salían Troy, Kevin y unos cinco chicos más tirados en el suelo hechos un lío de piernas y brazos y poniendo caras graciosas a la cámara. La música de fondo era de esas cintas viejas de los Pitufos.

Kevin rió suavemente y pausó el video.

- Así se llamaba el equipo de baloncesto del East High, y así nos llamaban en el barrio desde que cumplimos 14 años. – explicó. – Recuerdo esa foto… Jason Cross, uno de nuestros amigos (el que está al otro lado de Troy) se tropezó y se cayó. A Troy no se le ocurrió otra cosa que tirarse en el suelo a su lado, y pronto todos le seguimos. Pedimos que nos echara la foto a un hombre que pasaba por ahí, ya que teníamos la vieja cámara del padre de Craig (el que está a mi lado). El pobre hombre pensaría que estábamos locos. – se interrumpió y comenzó a señalar a los chicos. – Ese, como ya te he dicho, es Craig. El del otro lado de Troy y mío es Jason. Por encima están, de derecha a izquierda, Chris, Ethan y Alex.

Gabriella sonrió mientras Kevin volvía a darle al play y comenzaban las siguientes imágenes.

- ¡Vaya! Ese es Troy en la guardería. El resto de los chicos también está por ahí, aunque no los vas a reconocer. – dijo. – Yo aún no estaba viviendo con mis tíos.

Se sucedieron una serie de imágenes de Troy en el colegio, siempre con los mismos amigos a su alrededor. Troy repleto de chocolate de la cabeza a los pies mientras sostenía con expresión triunfal un trozo de tarta de chocolate que le había enseñado a preparar su profesora. Troy con Ethan jugando al baloncesto en una cancha que, según Kevin, era la del jardín de atrás de sus tíos. Jason, Craig y Troy subidos a un árbol y haciendo gestos como si fueran Tarzán (más bien parecían Chitas, como puntualizó un gracioso cartel en el mismo video, haciendo reír a Kevin y a Gabriella). Troy y Ethan jugando con un scalextric mientras los otros cuatro amigos animaban al uno o al otro.

Había algunas fotos de Troy con su familia, con su madre y con su padre. Era increíble el parecido que tenía con su padre. Mismos ojos, mismos labios, misma nariz, mismo mentón, mismo pelo… Los rasgos parecidos eran muchísimos.

- Mi madre y mi tío eran gemelos. – explicó Kevin. – Por eso yo me parezco tanto a Troy. Porque, igual que él se parecía más a su padre que a su madre, yo me parecía más a mi madre que a mi padre. Quizás esta es una de las razones por las que Troy y yo desarrollamos un vínculo tan fuerte, porque nuestros padres eran gemelos.

En la siguiente foto salía por fin Kevin, con Troy, el segundo pasándole un brazo en ademán protector por encima de los hombros al primero. Kevin volvió a pausar el video y respiró hondo.

- Eso es del año que me fui a vivir con mis tíos. – dijo con voz suave. – Mis padres habían muerto, y yo me había convertido en un niño triste y taciturno. Cuando llegué a casa de mis tíos, Troy comenzó a tomarse como reto personal el hacerme reír, el cuidarme, el hacerme sentir como en casa. Todo eso con sólo diez años. – explicó Kevin, sin dejar de mirar la foto. – Fue como una especie de renacer para mí.

Kevin miró a Gabriella de reojo, quien observaba la foto con una lágrima resbalando por su mejilla.

- A veces… - continuó el muchacho con un hilo de voz. – A veces pienso que quizás yo también tendría que haber cuidado de él como él lo hacía conmigo. Quizás si lo hubiera hecho el hubiera venido a mí antes de… hacer lo que hizo.

Gabriella se volvió hacia Kevin y lo hizo levantar la vista al tomarlo de los hombros. Los ojos del muchacho estaban repletos de culpa, y su color verde claro se había oscurecido por el dolor.

- Eh. – dijo entonces Gabriella. – Cuando una persona llega hasta el punto en el que estaba Troy lo que menos quiere es que le ayuden. Porque esa ayuda supondría tener que enfrentarse a la vida, algo que, precisamente, es lo que quieren evadir. Desgraciadamente, Kevin, Troy no quería vivir. – siguió susurrando la muchacha. – Y, aunque tú hubieras estado cuidando de él, nunca hubiera acudido a ti ni a nadie que le pudiera ayudar.

- Pero si me hubiera dado cuenta… - protestó Kevin.

- Dime, Kevin, ¿hizo Troy algo que te hiciera sospechar lo que iba a hacer? – interrumpió Gabriella.

Kevin lo pensó un momento.

- No… - susurró. – Quiero decir, sabíamos que estaba deprimido, pero jamás pensamos que lo estaba tanto. Lo… lo escondió muy bien.

- Bueno, ¿entonces de qué te culpas? – preguntó suavemente Gabriella. – Si él fue el que lo escondió.

- Sí, pero… - comenzó Kevin, no encontrando palabras para seguir.

- Kevin… - llamó Gabriella, haciendo que el muchacho la mirara a los ojos de nuevo. – Troy no era tu responsabilidad.

- ¿Y por qué yo siempre fui la suya? – susurró Kevin.

- Quizás porque tú sí te dejabas ayudar. – contestó Gabriella en el mismo tono de voz. – Como te estás dejando ayudar ahora mismo. Creo que no me equivoco al decir que él fue siempre muy independiente.

- Sí, él era muy independiente, pero Gabby, yo era quien más lo conocía. – dijo Kevin, negando con la cabeza. – Debería haberme dado cuenta, al menos de que la cosa era más grave de lo que parecía.

Gabriella guardó silencio un instante, y luego comenzó a hablar de nuevo, con voz temblorosa.

- Cuando yo tenía doce años mi padre se suicidó. – confesó Gabriella. Kevin levantó la vista hacia ella, sorprendido. – Y aún viviendo con él ni mi madre ni yo nos dimos cuenta de la situación tan seria en la que se encontraba. Y vivíamos con él, Kevin. Si le notábamos algo y preguntábamos, él se deshacía en sonrisas y fingía que no le ocurría nada. Nosotras nos lo creíamos. ¿Por qué íbamos a pensar que nos mentía, si mi padre siempre había sido muy honesto? Y un día lo encontramos muerto. Se ahorcó en la sala de estar de casa.

La morena levantó entonces la vista hacia la mirada horrorizada de Kevin.

- Si nosotras, que vivíamos junto a él, no nos dimos cuenta de hasta donde llegaba la angustia que lo consumía, ¿cómo pretendes haberte dado cuenta tú, cuando tu primo no hacía más que viajar y viajar por su trabajo y apenas os veíais? – preguntó. – Bastante hicisteis con daros cuenta de que estaba deprimido.

- Yo… - comenzó Kevin. Se había quedado sin palabras. – Lo siento…

Gabriella le quitó importancia con un gesto.

- Fue hace mucho tiempo. – contestó. – Kevin, no es culpa tuya. No es culpa de nadie. Ni siquiera de Troy.

El muchacho, simplemente, asintió con la cabeza. Gabriella se acercó y le dio un beso en la mejilla y un apretón cariñoso en el brazo.

- Anda, vamos a ver el resto del video.

Kevin le dio al play de nuevo, y Gabriella y él presenciaron el crecimiento del grupo de amigos, que habían acogido a Kevin con los brazos abiertos.

La música de fondo cambió de los Pitufos a la canción principal de la serie "Campeones".

- ¡El primer día de instituto! – exclamó Kevin con una sonrisa de añoranza ante una foto de los siete amigos delante del East High. – Y el primer castigo que nos ganamos. – rió. – A Troy se le ocurrió encerrar a Jason en su taquilla (ni idea de cómo lo metió ahí), y llegamos tarde a tutoría. La señora Darbus, la profesora de drama y nuestra tutora durante todos los años de instituto, nos tomó ojeriza desde ese día.

Gabriella sonrió divertida, y las fotos siguieron sucediéndose. Los años de instituto de los siete amigos estaban repletos de fotos divertidas. Por ejemplo, Troy corriendo por los pasillos con una expresión de pánico en la cara siendo perseguido por una horda de chicas porque, según Kevin, él y sus amigos habían puesto un cartel en el tablón de anuncios que ponía que era el día de besar a Troy Bolton.

- Fue una de las pocas bromas que le gastamos a él, normalmente era al revés. – rió Kevin. – No pensábamos que fuera a funcionar tan bien. Pero era el chico más popular del instituto, deberíamos haberlo imaginado.

La siguiente foto mostraba a los siete amigos vestidos de mujeres en unos carnavales, posando en posturas absurdas. Otra foto mostró a los siete amigos en uniforme de baloncesto, rodeados de animadoras. Gabriella se dio cuenta de que el uniforme de Troy era ligeramente distinto a los del resto de los chicos.

- Fue el único que llegó al primer equipo con 16 años. – explicó Kevin. – Al año siguiente, con 17, cuando entramos en el equipo los demás, Troy fue nombrado capitán.

- Impresionante. – comentó Gabriella.

- Sí. – asintió Kevin. – Aunque Troy tuvo que demostrar continuamente que estaba en el puesto porque se lo merecía, ya que mi tío era el entrenador del equipo.

En ese momento salió un archivo de video. Un partido de baloncesto en un gimnasio que Gabriella reconoció como el del East High, donde le habían hecho la misa memorial a Troy.

- ¡Oh! – exclamó Kevin, poniéndose súbitamente derecho. – Uno de nuestros partidos contra el West High. ¿De dónde habrán sacado esto?

En los cinco minutos de partido que Gabriella y Kevin presenciaron, Troy metió diez puntos. Kevin y Jason metieron tres cada uno, con dos triples espectaculares. La última canasta fue de Troy. Fue también espectacular, pues se marchó de todos los componentes del equipo contrario, hizo un amago de pase a la izquierda pasando al final el balón a la derecha hacia Kevin, quien avanzó para devolverle el balón justo debajo de la canasta. Con un movimiento rápido, Troy lo atrapó y saltó desde un ángulo casi imposible, metiendo el balón en la red una milésima de segundo antes de que se finalizara el final del partido. El video terminó cuando todos los compañeros de Troy, las animadoras e incluso gente de la grada se lanzaron encima del capitán en medio de una algarabía inmensa.

- ¡Wow! – exclamó Gabriella, muy impresionada. – Chad tiene que ver esto.

- Ya te dije que era bueno. – sonrió Kevin, pausando de nuevo el video. – Mi tío se disgustó mucho cuando Troy eligió la carrera de teatro en vez de la beca de baloncesto.

- ¿Por eso no se hablaban? – preguntó suavemente Gabriella. Kevin asintió con gesto disgustado.

- Estuvieron diez años sin hablarse. Desde que Troy entró en la universidad hasta que se… hasta que lo hizo. Mi tío no puede perdonarse a sí mismo. Él es el que peor se lo ha tomado, y con mucha diferencia. Y con mi tía muerta, ya no le queda nadie más que yo. Hablo con él todos los días.

- ¿Tu tía murió? – preguntó Gabriella suavemente.

Kevin asintió.

- De una larga enfermedad degenerativa. – contestó. – Murió el año pasado. Fue horrible verla, como se fue estropeando…

- Lo siento.

Kevin negó con la cabeza.

- No, mejor, así al menos no tuvo que pasar por la muerte de su hijo. – susurró. - Vamos a seguir viendo el video.

Después del archivo de video del partido había otro de una fiesta. Kevin volvió a pausar, riendo.

- Dios mío, la fiesta de cuando ganamos el último campeonato… - rió. – No te asustes.

Gabriella alzó una ceja cuando Kevin volvió a poner el video en marcha, y rió mientras escuchaba a un ligeramente borracho Kevin grabar la locura que le rodeaba. Kevin escondió la cara entre las manos, muerto de vergüenza.

La cámara se acercó a una mesa en la que Troy y Ethan estaban compitiendo por ganar un concurso de chupitos. Quien más bebiera, ganaba. Tras unos doce, ganó Troy. El muchacho levantó la mano en el aire con un grito de triunfo, y seguidamente bajó la mano hacia su boca y contuvo una arcada. Se levantó tambaleándose y fue corriendo hacia lo que Gabriella supuso que seria el baño. Se oyó la risa de Kevin por detrás de la cámara y las voces de sus amigos haciendo bromas. Al cabo de unos minutos, Troy regresó haciendo eses y se plantó, pálido, delante de la cámara.

- Kev, por lo que más quieras, no vuelvas a dejarme hacer eso. – ordenó, arrastrando ligeramente las palabras.

Tras esas palabras tan serias, Troy pegó un salto, riendo, aparentemente recuperado.

- ¿Quién se apunta a jugar otra ronda? – gritó.

La cámara se tambaleó, y la mano de Kevin salió desde detrás y agarró a su primo de la manga.

- ¡Troy, no!

Seguidamente, la cámara se apagó.

- Dios mío… - susurró Kevin pausando el video. – Estábamos locos…

Gabriella rió.

- He visto a Chad pegarse peores juergas. – afirmó.

- ¿Peores? – rió Kevin, alzando una ceja.

Gabriella asintió sonriente, y se inclinó sobre Kevin para darle al play.

Las siguientes imágenes mostraban a los siete amigos con un grupo de chicas.

- Oooh, las chicas… - sonrió Kevin pausando el video. – Una chica nueva llegó al instituto, Kaylee, esa chica morena al lado de Troy. Ella fue la que metió a mi primo en los castings para el musical del instituto, y juntos fueron seleccionados para los papeles protagonistas. – explicó. – Ella está en Broadway ahora, en "The Phantom of Opera". Era increíble verlos cantar juntos. Cuando Troy comenzó a salir con ella, las amigas de Kaylee se nos unieron. Grace (la rubia), Natalie (la pelirroja), y Rachel (la morenita bajita). Yo estuve saliendo con Nat un tiempo también, pero todos nos separamos al entrar en la universidad. Todos quedamos como amigos, y seguimos hablando de vez en cuando. Kaylee me envió un montón de fotos al enterarse de lo del homenaje. Ella también lo ha pasado muy mal.

- ¿Ella está…? – preguntó Gabriella.

- ¿Enamorada de Troy? No, no. – interrumpió Kevin. – Al cabo de los años acabaron siendo mejores amigos. Casi como hermanos. Después de mí, ella era la que mejor lo conocía. Vivieron juntos en Nueva York, como compañeros de piso, durante la época de "The Lion King". También se culpa por no haberse dado cuenta de nada. Fue la última que habló con él, justo cuando Troy iba a coger el vuelo hacia Albuquerque. Su último vuelo. – la última parte Kevin la dijo en un susurro.

- Se os ve tan felices. – susurró Gabriella, sonriendo con ternura.

- Lo éramos. – afirmó Kevin, volviendo a darle al play.

Después de esa foto llegó otro archivo de video. Un pequeño escenario en el que aguardaban Troy y esa chica, Kaylee.

- Ooooh, el último casting para el musical. – rió Kevin. – Todo el instituto acudió a ver al capitán del equipo de baloncesto. Lo cierto es que ninguno de nosotros pensaba que Troy fuera tan bueno, esta fue la primera vez que lo oímos cantar. La madre de Kaylee lo grabó, supongo que habrá sido ella quien se lo ha pasado a los chicos.

Una suave música de piano sonó, y fue Troy quien comenzó a cantar.

We're soaring

Flying

There's not a star in heaven

That we can't reach.

Ahora era el turno de Kaylee. Tenía una voz maravillosa.

If we're trying

Then we're breaking free

La canción continuó, con las dos voces acoplándose perfectamente la una con la otra. Gabriella y Kevin escucharon en silencio. Cuando terminó, Kevin volvió a pausar el video y se volvió expectante hacia Gabriella.

- Qué bonito… - dijo ella, con lágrimas en los ojos. – No es de extrañar que ambos acabaran en Broadway.

- A partir de aquí… - comenzó Kevin. – Troy comenzó sus andaduras por los teatros. Mi tío jamás se lo perdonó a Kaylee… hasta ahora, claro. El día del funeral ambos se dieron un muy emotivo abrazo.

- Es increíble que lo hiciera así de bien sin haber pasado nunca por un escenario. – dijo Gabriella, señalando la imagen pausada.

- Troy tenía un talento innato para el espectáculo. – explicó Kevin. – Tú también lo tienes.

Gabriella rodó los ojos.

- Dale al play. – dijo simplemente.

Después del video del casting había otro video. Todos los amigos junto con las chicas estaban sentados en una pizzería, con varias cajas de pizza vacías delante. Troy estaba sentado en el respaldo de su silla, apoyado contra la pared en una pose despreocupada, y se pasó los cinco minutos que duró el video contando chistes uno detrás de otro con la cara completamente seria. A su alrededor, el grupo de amigos al completo se desternillaba de risa. Llegó un momento en que Craig, quien sujetaba la cámara de su padre (que era, según le había dicho Kevin, técnico de imagen en el canal de televisión local de Albuquerque y tenía, por tanto, un montón de cámaras nuevas para la época) se cayó de la silla. Entre una oleada de nuevas carcajadas, la cámara se apagó.

Kevin pausó de nuevo el video, pues él y Gabriella estaban riendo tanto que iba a ser imposible ver o escuchar lo siguiente.

- Dios mío… - rió Gabriella al final, cuando pudo hablar. - ¿Cómo podía contar todo eso con la cara tan seria?

- A mí no me lo preguntes. – rió Kevin, limpiándose las lágrimas. – Él era un experto en hacer reír. Recuerdo ese día. Fue el último día que pasamos todos juntos en Albuquerque. Troy salía hacia Nueva York junto con Kaylee para hacer la carrera de teatro musical, ambos con beca; yo me iba con ellos para estudiar en una escuela de guionistas. Ethan y Jason salían hacia Boston con becas de baloncesto, Craig y Alex se quedaban en la Universidad de Albuquerque a estudiar educación física y Chris se iba con Nat, Grace y Rachel a la Universidad del Sur de California, él con otra beca de baloncesto y ellas con becas académicas para estudiar ciencias. La verdad es que todos salimos muy bien parados. Tuvimos mucha suerte.

Gabriella sonrió, y Kevin volvió a darle al play.

Se sucedieron varias fotos de Troy en distintos escenarios, esta vez con la música de la canción "Hakuna Matata" de fondo. Gabriella se dio cuenta de que el padre de Troy ya no salía en ninguna foto, solo la madre de Troy de vez en cuando.

- Estas son las fotos que mandó Kaylee. – rió Kevin. – Son de los años de carrera de Troy. Enseguida lo cogieron para distintos pequeños shows. Y al fin llegó a "El Rey León" con 21 años y cumplió su sueño de llegar a Broadway y originar un personaje. Lo logró con Simba. Recuerdo el día que me llamó para contarme que había conseguido el papel. – sonrió el muchacho. – Creo que todavía tengo un pitido en el oído derecho gracias al grito que me soltó.

Gabriella rió divertida, sin dejar de mirar las distintas fotos, observando el inequívoco brillo de pasión en la mirada del muchacho cada vez que se subía a un escenario. Se notaba que había nacido para ese mundo.

Siguieron otras fotos de Nueva York, muchas de ellas curiosas y divertidas, como si Kaylee y Troy se hubieran dedicado a buscar lo más interesante y divertido de la ciudad para plasmarlo en fotografías. De vez en cuando, Kevin se les unía.

- Eran expertos en encontrar las cosas más curiosas. – señaló Kevin. – O más bien, quizás el sentido del humor de ambos les ayudaba a encontrar el lado divertido a cada imagen. Yo vivía en la otra punta de Nueva York, pero nos veíamos siempre que podíamos.

Las últimas fotos eran del backstage de "The Lion King", habiendo ido todos los amigos de visita, y con los chicos probándose las máscaras y haciendo tonterías. En algunas fotos salía Troy con cara de pánico intentando quitarles algo especialmente valioso de las manos.

- Ese día rompimos cuatro accesorios de los trajes y dos decoraciones. – rió Kevin. – Menuda bronca le cayó a Troy.

Por fin, una imagen cercana de un Troy sonriente hizo de fondo para las últimas letras, y los acordes de Endless Night con la voz de Troy sonaron acompañándola.

"Te queremos, Troy.

Siempre serás nuestro capitán.

Te echamos muchísimo de menos.

Sólo esperamos que hayas encontrado la paz que buscabas.

La paz que no fuimos capaces de darte.

Nunca te olvidaremos, hermano.

Volveremos a vernos.

Craig, Ethan, Alex, Jason, Chris y Kevin"

Cuando el video terminó, Kevin apagó la televisión, y se hizo un silencio absoluto en la sala de estar. Gabriella se limpió las lágrimas con la mano, y tras unos minutos se volvió hacia Kevin. Él también tenía lágrimas en los ojos, y seguía mirando la televisión aunque estuviera apagada.

- No sabes la suerte que tienes… - comenzó Gabriella, suprimiendo un sollozo. – De haberlo conocido, de haber pasado tanto tiempo con él. Ojalá yo me hubiera atrevido a hablar con él aquél día en el parque, cuando tuve la ocasión. Me arrepiento tanto… Sí sólo pudiera volver atrás y remediar eso…

Kevin se acercó más a la muchacha y la abrazó.

- Eh, eh… - dijo, con voz algo temblorosa. – Él tampoco habló contigo aquél día. No fuiste tú sola.

- Oh, pero no era él el que había agarrado el spray de autodefensa. – dijo Gabriella con voz algo sarcástica. – Probablemente lo asusté.

Kevin se separó de ella y la miró con expresión perpleja.

- ¿Qué hacías con un spray de autodefensa en la mano? – preguntó, sorprendido.

- Porque en un principio no sabía quien era. – murmuró Gabriella. – Hasta que no se acercó más no me di cuenta de que era él. Si tú eres una chica joven y estás en Central Park sin nadie alrededor más que un misterioso hombre que se te está acercando cada vez más… pues es obvio que hay que tomar precauciones.

Súbitamente, Kevin rompió a reír, y Gabriella lo miró como si estuviera loco.

- L-lo siento… - rió Kevin. – Es que t-te estoy imaginando… con expresión fiera y… y el spray ese… - una serie de carcajadas interrumpieron al muchacho.

La risa de Kevin era contagiosa, y pronto, Gabriella estuvo riendo también.

- ¡Qué tonta! ¿Verdad? – rió. – Total, no me hubiera servido de nada, con lo flojucha que soy.

Tras el ataque de risa, ambos muchachos se quedaron más relajados. Charlaron un rato más sobre las imágenes que habían visto, hasta que Gabriella se miró el reloj.

- Debería irme si quiero pasarme por casa de Kelsie a recoger la cinta que me iba a grabar con el instrumental para la canción. – dijo.

Kevin se levantó y la ayudó a levantarse. Gabriella recogió su abrigo, y Kevin la acompañó a la puerta.

- Gracias por venir, Gabby. – murmuró Kevin con honestidad. – No hubiera podido verlo solo.

- Me ha encantado verlo. – afirmó Gabriella. – Gracias por permitirme compartir esos momentos.

Kevin sonrió y besó a la chica en la mejilla. Los labios del muchacho se demoraron una milésima más de lo normal en la mejilla de la muchacha.

- Esperaré impaciente tu video. – le dijo entonces, y Gabriella sólo sonrió y salió del apartamento, cerrando la puerta tras ella.

La morena no imaginaba que ya no iba a volver a ver a Kevin hasta un tiempo después. Y en una muy diferente situación.

"Si sólo pudiera volver atrás y remediar eso…", había dicho ella. Sus palabras fueron tomadas al pie de la letra por los hados.

El destino ya había puesto la cuenta atrás en marcha.

Durante el viaje de vuelta a casa, Gabriella no paró de secarse las lágrimas. Tenía la mirada de Troy, ese brillo que se le veía cuando hablaba o reía, o cuando interpretaba un papel, clavado en la mente. Pero esos ojos ya no veían. Esos ojos ya no brillaban. Esos ojos ya no eran capaces de expresar nada. Porque estaban muertos. La muerte había apagado ese brillo, había velado esa mirada, había detenido esa expresividad.

Esos ojos ya nunca volverían a brillar con la luz de la vida.

Estaban muertos.

Cuando llegó a casa de Kelsie, la muchacha tuvo que esperar un rato hasta que sus ojos se aclararon y su corazón desbocado se tranquilizó. Tuvo que recoger los pedazos de su entereza, esa entereza que tanto le había costado reunir durante esas semanas, antes de decidirse a salir del coche y recoger esa cinta. Estaba más convencida que nunca de lo que iba a hacer. Tenía que hacer ese homenaje bien.

Por Troy.


Gabriella ya lo tenía todo dispuesto. La cámara que le había prestado Sharpay, la cinta preparada en el reproductor, el micrófono, también cortesía de Sharpay. Había hecho una prueba de sonido, y había quedado muy bien.

La muchacha se había recogido el pelo dejando sueltos algunos bucles y se había maquillado ligeramente para dar un toque de color a su rostro de forma que destacara algo más en la imagen. Se había puesto una blusa beige que destacaba su color de piel.

Y ahora ya estaba lista.

En la soledad de su apartamento, la muchacha encendió la cámara, suspiró hondo y comenzó a hablar.

- Hola, mi nombre es Gabriella María Montez. Quiero cantar esta canción y dedicársela a alguien muy importante para mí, quien, aunque jamás lo conocí, me enseñó muchas cosas y me ayudó a tener confianza en mí misma y en mis capacidades. Por ti, Troy Bolton… estés donde estés.

Rápidamente, la muchacha le dio al play, y una suave música de piano comenzó a tocar los acordes de Endless Night.

Cuando la muchacha comenzó a cantar, el mundo se estremeció.

Esa canción era tan importante para ella que el sentimiento que estaba poniendo al cantarla era infinito. Le dio además un toque de blues con la voz, dándole un punto especial a la letra. Y junto con la música, que era sólo de piano, la versión estaba quedando bellísima.

En un momento de la canción, Gabriella cerró los ojos, sin dejar de cantar, estremecida hasta lo más hondo de su alma.

Y la cuenta atrás terminó.

Súbitamente, y sin previo aviso, el cuerpo de Gabriella desapareció, dejando la cámara grabando y la suave música del piano como único sonido en la habitación.


¡Tachán! xD

Y en el próximo capítulo… ya veremos que pasa.

¡Reviews si queréis que tarde poco en actualizar!

Contesto anónimos:

TaniaEfron: ¡Gracias por tu review! Yo también prefiero a Troy, jaja… por algo este fic es Troyella. Pero Kevin es muy tierno también. Y no es porque lo haya inventado yo… xD Es muy buen chico. ¡Nos vemos! ¡Un beso!

Gabriela: ¡Hola! ¡Gracias por tu review! Madre mía, me estáis llamando todos diosa, ¡vais a hacer que me sonroje! xD Como le he dicho a Tania, a mí también me gusta más Troy que Kevin, por algo esto es Troyella. Pero Kevin también me gusta mucho, ¡qué le vamos a hacer! Por algo es un personaje mío. xD ¡Un beso, y hasta la próxima!

Samantha: ¡Hola! ¡Wow, muchísimas gracias por tus "words" (siguiendo tu tradición del Spanglish, jeje)! Y también por tu apoyo. Gracias, de verdad. ¡Si es que tengo unos lectores que no me los merezco! xD En cuanto a Troy, "renacerá" (no es la palabra exacta, que digamos) en el próximo capítulo. Espero que, aún así, te haya gustado este. ¡Un beso, y hasta la próxima!

Lucia: ¡Hola! Sí que me acuerdo de ti, ¡me alegra verte por aquí! Pero, ¿por qué dices que nunca más vas a leer uno de mis fics? Joooo… xD Muchas gracias por tu review, por tus palabras, y espero verte más veces por aquí. ¡Besos!

¡Nos vemos en el próximo capítulo! ;-)