Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
Aviso: Este fic participa en el reto especial "Romance en navidad" del foro Sol de Medianoche.
-Capítulo 6-
Esperé durante unos segundos aguantando la respiración, pero no oí nada; ni pasos, ni ruidos dentro… Como si no hubiera nadie. Volví a probar, golpeando con más fuerza que antes, hasta que el sonido de un cerrojo descorriéndose me sobresaltó. La puerta se entreabrió de malas maneras y por el hueco pude ver a Jasper, vestido con una camisa de cuadros y unos pantalones negros, mirándome como miraba a todo el mundo: con desprecio y resentimiento. Pero no me iba a amedrentar, no era como si no hubiera tratado nunca con su ira… La había recibido de primera mano. En el pasado ambos nos habíamos hecho mucho daño, muchísimo, y habíamos sufrido en momentos en los que hubiésemos necesitado el apoyo del otro, pero yo ya no podía cambiar lo sucedido y Jasper tampoco. Por eso lo miré fijamente y me crucé de brazos:
— ¿Podemos hablar?
—No tenemos nada que decirnos, Alice. Creo que eso ya había quedado claro —me respondió fríamente, haciendo el gesto de cerrar la puerta en mis narices, pero no lo iba a permitir. No iba a dejar que me tratara como lo había hecho con mi hermana y sus amigas. Por eso puse una mano en la puerta y con todas mis fuerzas intenté evitar que la cerrara.
—Esto no tiene nada que ver con nosotros, tiene que ver con cómo has tratado a Cynthia y a sus amigas esta mañana —le dije esforzándome por mantener la puerta abierta, y agradecí en silencio que Jasper finalmente la abriera, aunque estuve a punto de caerme hacia delante a causa de la fuerza con la que lo hizo. Cuando me recompuse, volví a mirarlo y lo encontré frente a mí, alto e imponente, mirándome con ese rostro serio que en más de una ocasión me había dedicado una sonrisa sincera y llena de cariño—. Te has pasado con ellas.
—Tendrían que haberme dejado en paz.
—Solo te estaban pidiendo dos dólares para una simple papeleta.
— ¿Has venido por el dichoso dinero? —alzó la voz, consiguiendo crisparme los nervios.
—No, he venido porque no tenías ningún derecho a hablarles como lo has hecho, ni a cerrarles la puerta en las narices. Solo son adolescentes, Jasper; ellas no te han hecho nada. No tienen la culpa de tus problemas.
—Mira, ¿por qué mejor no te largas de una maldita vez y me dejas en paz? —casi gritó, haciéndome dar un paso atrás.
Aun así no me quise amilanar y recobré la postura firme y seria que había tenido antes. Intenté respirar hondo pero estaba nerviosa, por lo que mi aliento salió entrecortado:
—Jasper, no he venido a discutir contigo. Solo quiero que hablemos.
—Yo no quiero hablar ni contigo ni con nadie. Pídeles disculpas a tu hermana y a sus amigas de mi parte si te da la gana, pero déjame en paz de una puñetera vez.
En esa ocasión sí que cerró la puerta de un portazo, sobresaltándome, y lo único que pude hacer fue cerrar los ojos e intentar acompasar mi respiración. Las cosas no iban a quedarse así, por lo que cuando me hube tranquilizado lo suficiente di la vuelta a la casa y me dirigí a la puerta trasera. Jasper volvería a gruñirme, lo sabía, pero me importaba un pimiento; no iba a ser yo la que siempre se quedara con la palabra en la boca. Al llegar a la otra puerta la golpeé suavemente al principio, sabiendo que no daría resultado. Como Jasper me ignoró, comencé a aporrearla con ganas, dispuesta a sofocar mi ira con ella si era preciso. Pero no me dio tiempo, pues la puerta se abrió, una mano me sujetó con fuerza del antebrazo y me hizo entrar a trompicones en la casa, asustándome. Todo pasó muy deprisa, y en menos de tres segundos me encontré con la espalda apretada contra una pared y acorralada por el enorme cuerpo de Jasper, que me sacaba aproximadamente una cabeza.
— ¿Se puede saber qué coño quieres? —gruñó en voz baja, mirándome como si deseara aplastarme cual cucaracha invasora.
Él nunca me había dado miedo, pero había cambiado mucho en esos años y no estaba segura de cómo iba a reaccionar conmigo en aquel momento… No obstante, me negaba a creer que no quedaba nada en él de aquel chico cariñoso y amable que consiguió enamorarme con tan solo dieciséis años.
—Yo… —tenía la boca seca, pues hacía muchísimo tiempo que no estábamos tan cerca el uno del otro como en aquel instante. Al ver sus ojos verdes clavados con fijeza en los míos mi corazón empezó a desbocarse, pero yo lo achaqué al sobresalto que había sufrido antes, a nada más—. Solo quiero que…
—Ya te he dicho que les pidas perdón a tu hermana y a sus amigas, y si quieres te doy dos, cuatro o seis dólares para ellas, pero déjame en paz, Alice. Por favor.
Se separó de mí sin mirarme y se cruzó de brazos. Yo me aparté de la pared cuando me percaté de que aún estaba apoyada en ella y me humedecí los labios resecos. Parecía que no solo le molestaba mi presencia… también le dolía. Era como si no soportara tenerme cerca.
—Perdóname por haber sido tan insistente —musité sin poder evitar mirarle. De adolescente había sido guapo, pero en aquel instante, a los casi veintinueve años, me parecía simplemente irresistible. Y no sabía por qué. Sacudí la cabeza cuando me di cuenta de las cosas que estaba pensando y me pasé una mano por el cabello—. Será mejor que me vaya.
—Sí.
Carraspeé y pasé por su lado deprisa, abriendo la puerta trasera y cerrándola a mis espaldas. Me apresuré a llegar a mi coche, pero sin darme cuenta pisé una piedra escondida en la nieve y me resbalé, cayendo al suelo de bruces. Supe que algo iba mal cuando un dolor afilado se apoderó de mi tobillo, y entendí al instante que era muy probable que acabara de rompérmelo.
Ay, esta Alice... Si es que la insistencia y las prisas no son buenas, jajajaja! Me encanta imaginarla aporreando la puerta de Jasper en plan mujer matona xD En fin, espero que os haya gustado mucho este capítulo y que os acomodéis para el siguiente porque no está nada mal (y está mal que yo lo diga, lo sé).
¡Hasta mañana! Xo
