HOLA! LAMENTO LA DEMORA PERO AQUÍ ESTÁ EL SEXTO CAPÍTULO ESPERO LO DISFRUTEN Y COMO YA SABEN ASSASSIN'S CREED NO ME PERTENECE SOLO HAGO ÉSTE FIC CON EL FIN DE ENTRETENER UN POCO =)
(CORREGIDO)
CARGANDO...
PASANDO A UNA MEMORIA MÁS RECIENTE...
CARGANDO...
ROMA 1504
Era de noche y en toda la ciudad romana se encontraban en sus casas dormidos, salvo en "La Rosa en Flor" un burdel, donde se encontraban varios políticos para complacerse sexualmente. Las cortesanas parecían un tanto apuradas, pero lograban atender a todos por igual, Claudia Auditore, la administradora del burdel y hermana del mentor Ezio Auditore, iba de un lado a otro organizando el burdel y consiguiendo información para su hermano. De pronto, entraba un muchacho encapuchado y de inmediato las cortesanas se acercaban a atenderle, pero al ver un símbolo, corrían a llamarle a Claudia para que lo atendiera.
—Bongiorno, ¿Puedo ayudarle en algo? —preguntaba Claudia.
Leandro se veía un tanto tímido, pero en cierto modo ya estaba acostumbrado a estar en un burdel desde que Elena y su madre lo habían acogido a él y a su abuelo desde hace un año, a tan solo dos meses de conocerse y empezar con los asesinos. Leandro se acercaba a ella vacilantemente y le susurraba al oído.
— Bongiorno, soy Leandro y e-estoy... buscando información —confesaba no del todo convencido.
—Creo que primero deberías pedir las cosas con calma, Leandro —reía Claudia, quien ya era toda una mujer de 43 años, veía de arriba abajo a Leandro y reía conduciéndolo a un lugar más tranquilo y privado —. Veo que te da más miedo hablar conmigo que entrar a un prostíbulo como si nada.
—P-perdone, es que estar frente a la hermana de mi mentor es todo un honor —decía Leandro un tanto nervioso.
—Ten calma, Leandro, mi hermano me ha hablado de ti y dice que eres uno de sus mejores aprendices, en tan poco tiempo ya has alcanzado un buen rango, pero dime ¿Qué te trae por aquí? ¿A caso Ezio te ha mandado por algo? —preguntaba tomando asiento y ofreciéndole a él un lugar.
—Grazie. Sí, sí, me ha mandado por la carta que le dejó su madre antes de fallecer —respondía Leandro sentándose en el sillón y bajaba la vista en señal de respeto por el fallecimiento de María, madre de Ezio y Claudia.
—Descuida, Leandro, mi madre murió feliz y orgullosa de tener a mi hermano y a mí —decía y se levantaba caminando hacia un cofre guardado entre muchos libros y del cofre sacaba una carta a Ezio —. Espero que mi hermano esté mejor y que no se meta en más problemas.
—Descuide, signorina, por ahora nos ha estado preparando —respondía Leandro.
—Si quería Ezio la carta de mi madre ¿Por qué te ha enviado a ti? —preguntaba Claudia pícaramente sentándose nuevamente en el sillón y lo miraba con una sonrisa triunfante.
Leandro parecía ponerse aun más nervioso, respiraba agitadamente y se limpiaba el sudor de la frente haciendo que Claudia empezara a reír divertida.
—En realidad tuve que insistir en venir —confesaba Leandro completamente rojo de la cara —, p-porque quería pedirle un favor, signorina Claudia.
—¿A qué le temes, Leandro? ¿A pedir el favor o a lo que te vayan a decir por salir de un prostíbulo? —preguntaba divertida Claudia aun teniendo la carta en sus manos.
—He vivido en un burdel durante un año... mas menos y conozco de las cosas que se hacen aquí —manifestaba Leandro ya un poco más tranquilo —, sin embargo... he venido a pedir si conoce a Elena Di Pirlo, es... una amiga muy íntima.
—Tu novia —recalcaba Claudia.
—Nunca fuimos nada serio, en realidad dejamos de tener contacto hace meses —revelaba Leandro y sacaba la pequeña carta que había guardado tanto tiempo en su pecho —, me dejó esta nota que no he querido abrir y... necesito saber de ella, porque le pasó algo antes de separar nuestros rumbos.
—Elena Di Pirlo —decía pensativa Claudia —, creo que necesito más información que solo el nombre y por lo que he notado, debe ser una cortesana o algo así como para venir a un burdel y no a un gremio de asesinos.
—Ella es la hija de Franca Montecantini la dueña del burdel de Venecia "La Manzana de Adán" no sé si conoce el lugar que igual es un burdel como éste y ahí vive esa asesina... —soltaba Leandro rápidamente y sin respirar estando completamente ansioso.
—Calma, ragazzo —lo interrumpía divertida Claudia y luego chasqueaba los dedos recordando algo — ¡Montecantini! ¡Claro que la conozco! A veces intercambiamos cortesanas para variar un poco y no ofrecer lo mismo, si es que me entiendes, pero... ¿Por qué me pides a mí ayuda y no a alguno de los asesinos de allá? Escuché que Alba (1) iba a Venecia, tal vez ella te pueda investigar el paradero de Elena.
—Lo que pasa es que Elena está en... Rumania y lo único que tengo de ella es ésta nota que me dejó antes de marcharse —extendía su brazo ofreciéndole la nota a ella.
Claudia miraba la nota y la agarraba, la abría con cuidado al notar el aprecio que él le tenía a la nota y lo leía, alzaba la vista levantando una ceja extrañada y volvía a doblar la nota entregándosela a Leandro, quien al recibirla la guardaba de inmediato en su lugar.
—No has leído la carta ¿Cierto? —preguntaba sonando más como una afirmación departe de Claudia.
—No, de hecho he temido leerla así que la dejo tal y como me la dejó a mí —respondía con naturalidad Leandro.
—De acuerdo —suspiraba Claudia y se levantaba de su lugar y por cortesía Leandro se levantaba igual —, te ayudaré a saber lo que se pueda de ella, aunque de mi parte no podrás saberlo, me retiraré de éste negocio, pero mis chicas te mantendrán informado, así que no te preocupes y entrégale la carta a Ezio —decía en un tono como si lo regañara y le entregaba la carta a él —. Vete de aquí antes de que crean que te gustan las mujeres mayores.
—Grazie, signorina —agradecía Leandro con una sonrisa y se marchaba velozmente a entregarle la carta a Ezio.
CARGANDO...
PASANDO A UNA MEMORIA MÁS RECIENTE...
CARGANDO...
Se veían a varios asesinos correr por varios tejados y quitando a su paso a todo guardia que se pusiera en su camino, tenían que estar alertas, ya que estaban al servicio de su mentor Ezio Auditore, el cual lo podía llamar en cualquier momento, se acomodaban en las orillas de los tejados y preparaban sus arcos y flechas esperando la señal de su mentor.
—Tutto bene, ragazzo? —preguntaba un asesino a Leandro.
—Meraviglioso —respondía Leandro tensando el arco y apuntaba a un guardia que estaba cerca de Ezio, pero aun así esperaba la señal.
—¡Hey! Yo te he visto de alguna parte —avisaba un guardia acercándose a Ezio y detrás del guardia, aparecían unos brutos sospechando del asesino.
Ezio daba otra señal y se preparaba el primer grupo a las armas y bajaba del tejado empezando a pelear contra los brutos. De la nada aparecían otros guardias y Ezio volvía a llamar al segundo grupo de asesinos quedando Leandro solo, esperando la señal de su mentor, el cual nunca llegaba. Los asesinos lograban vencer a los brutos y se marchaban a recargar sus armas y a prepararse nuevamente, aun así Leandro debía permanecer cerca por si lo llamaban a la acción, pero como había sucedido desde que había llegado, no lo llamaban al combate ni una sola vez.
Al lograr cumplir con la misión de recuperar un cofre, estaban todos en isla Tiberina platicando de lo bien que había salido la misión. Ezio estaba entre ellos platicando con Maquiavelo, pero notaba que uno de sus aprendices no parecía estar del todo contento con la pequeña victoria que habían logrado esa noche, así que se levantaba de donde estaba sentado y se acercaba a su joven aprendiz, quien parecía tratar de entretenerse en limpiar su hoja oculta, la cual no había necesidad por no haberla usado aquella noche.
—¿ Tutto bene? —preguntaba Ezio poniendo una mano en el hombro del muchacho.
—Meraviglioso —respondía de mala gana.
—Eres el único que no anda celebrando una victoria —decía divertido Ezio.
—Me alegro por la victoria, sin embargo me siento suprimido ante todo esto, nunca me ha dejado participar en alguna misión desde que llegué aquí —respondía Leandro molesto.
—Calma, ragazzo —le palmeaba el hombro sentándose a su lado —, como asesinos debemos saber actuar ante cualquier entorno, saber pelear y defender a quienes en verdad lo merecen, la experiencia no solo se gana actuando, se gana aprendiendo de los errores que uno u otro puede cometer, aún no estás listo para subir un rango, no hasta que entiendas lo básico.
—¡Pero si he perfeccionado lo básico y hasta he ascendido a mercenario en menos de un año! —se quejaba Leandro.
—Exacto y solo por eso es que aun te falta aprender realmente lo básico de ser un asesino —decía divertido Ezio —, no debes desesperar, Leandro, primero debes afinar tu puntería, aprender a escalar grandes alturas y practicar mas con la espada y la hoja oculta, por lo pronto te necesito para una misión y estés al pendiente de mis señales, los otros asesinos irán a otros países a otras misiones.
—Sí así lo desea, mi mentor —decía Leandro reverenciando.
Ezio suspiraba satisfecho y se levantaba del sillón estirando la mano frente al rostro de Leandro, al principio Leandro no entendía, hasta que reaccionaba y le daba su hoja para que la examinara más de cerca. Ezio sonreía al ver la hoja corta, la examinaba minuciosamente y volvía a sentarse junto a Leandro impresionado por la hoja corta que tenía entre sus manos, era de las hojas más antiguas que había y solo los mejores asesinos podían poseer tales hojas ocultas ya que, no solo habían sido fabricados en Japón con el mismo material con que una catana ninja se forjaba sin perder nunca su filo, sino también era porque eran hojas ocultas que no eran tan comunes en la actualidad.
—¿Sabes qué es lo que tienes aquí? —preguntaba Ezio.
—Era de mi padre, señor —respondía Leandro —, es lo único que me queda de él.
—Esta es de las más raras y apreciadas hojas ocultas —explicaba Ezio —, mi padre poseía una de ella, la cual ahora yo poseo —le mostraba su hoja oculta sin quitárselo del brazo —, será mejor que la conserves y la cuides muy bien, también debes demostrarme que eres merecedor de tan precioso objeto, ragazzo.
Ezio le entregaba su hoja oculta a Leandro y se levantaba del sillón por segunda ocasión, marchándose del gremio de asesinos. Leandro sonreía y gritaba a sus adentros, era la primera vez que Ezio le elogiaba algo, miraba frente a él viendo la chimenea suspirando, sus demás compañeros ya comenzaban a marcharse a realizar las grandes misiones que Ezio les había encargado por diferentes puntos del mundo. Leandro se colocaba sus armas nuevamente y se acercaba a una de las asesinas que había quedado un poco rezagada.
—Fabiola —la llamaba Leandro —, ¿Irás a Rumania?
—Así es, Leandro ¿Quieres un recuerdito de allá? —sonreía divertida Fabiola terminando de arreglar sus cosas.
—Algo así, necesito que me ayudes a encontrar información de... de una asesina que ha sido trasladada de Venecia para allá... mas menos... el mismo día en que yo arribé aquí.
—Con que una asesina ¿Eh? ¿A caso es tu novia? —preguntaba Fabiola poniendo las manos en su cintura y sonreía pícaramente poniendo a Leandro un poco nervioso.
—Claro que no —negaba Leandro un poco rojo de la cara —, es solo que... es una amiga de la infancia y... tú solo búscala, su madre me pidió información —mentía tratando de ocultar su nerviosismo.
—De acuerdo —accedía Fabiola y de un movimiento derribaba a Leandro, luego ella se colocaba encima de él —, pero necesitaré que pagues el favor.
—Debo... advertirte que no tengo experiencia en la cama —confesaba acalorado.
—Es un confesionario, Leandro —explicaba Fabiola —, quiero que me digas más acerca de ella.
Leandro se sentía más y más caliente, no dejaba de recordar aquellos momentos incómodos en donde él y Elena eran atrapados en posiciones similares o peores, aun así él suspiraba y le confesaba todo a Fabiola Fornari.
—De cuerdo, te ayudaré investigar acerca de ella... pero me pagarás —decía besándolo apasionadamente —no importa si no eres bueno en la cama, yo te ayudaré —agregaba divertida y volvían a besarse.
—¡Santo cielo! —gritaba Leandro abriendo los ojos de golpe.
—¿Qué sucede? —preguntaba alarmada Fabiola mirando por todos lados.
—Lo que sucede es que olvidé que Ezio me necesitaba —decía levantándose velozmente un tanto sonrojado —. Grazie, Fabiola, te pagaré en cuanto sepa algo de ella —decía dándole un beso y se marchaba dejándola un poco desorientada.
Leandro salía del gremio viendo a su alrededor, había olvidado por completo que Ezio se había marchado y como los demás debían irse a alguna misión lejos de Roma y él se quedaba, tenía que estar en alerta por si lo necesitaba, así que corría usando la vista de águila para buscar huellas o verlo resaltado ante los demás.
1( ) "Nada Es Verdad, Todo Está Permitido" de Tierbanre.
ESPERO LES HAYA GUSTADO Y GRACIAS MUCHISIMAS GRACIAS A TIERBANRE POR SER MI (Y HASTA AHORA ÚNICA) LECTORA O QUE AL MENOS DEJA ALGUN COMENTARIO QUEJA O SUGERENCIA ESPERO T EHAYA AGRADADO =) SALUDOS!
