Capítulo 6
Recuerdos
Hoy no he ido a correr, después de desayunar con Daryl, he cogido las llaves del Ford de Ale y me he acercado a la ciudad, buscando una tienda en condiciones donde vendan guitarras, no eléctricas, sino españolas, tienen un sonido que me encanta.
Me ha costado lo mío encontrar una en la que tuviesen lo que buscaba pero después de vueltas, revueltas, negativas y un montón de ni idea, he encontrado una, en una tienda pequeñita en pleno centro, tenía cierto aire de los años cincuenta, decorado con chicas pin-up y anuncios de Coca-Cola.
De camino a mi hogar actual pongo la radio a todo trapo al escuchar la canción "Zombie" del grupo Cranberries, un temazo donde los haya, no sé si es por la música, la voz de la cantante del grupo o por el tema que trata, seguramente el conjunto de todo, pero es una de mis canciones favoritas, por la reivindicación y la fuerza que tiene.
Al llegar a casa de Ale dudo sobre si dejar la Ford allí para irme caminando o ir con ella al taller de los Dixon, me decido y la aparco en la puerta.
Dejo las llaves en la encimera de la cocina, meto mi libreta y un boli en mi bolso, me cuelgo la guitarra a la espalda y empiezo a andar, mientras lo hago pienso en todo lo que he dejado en Los Ángeles, mi sueño es ser cantante, sé que es difícil, por eso cuando Matt me convenció de trabajar como actriz en pequeños papeles y ahora secundarios me pareció algo bueno.
Una forma de darme a conocer, pero aunque actuar me guste y pague mis facturas no es algo que me apasione, y desde que empecé a hacerlo no he tenido nada de tiempo para componer, ya puestos ni para darme cuenta de que no lo hacía.
Eso me hace plantearme si quiero volver a Los Ángeles, por una parte sería tirar todo el trabajo hecho por la borda, pero por otro lado allí no soy feliz, ni estoy cerca de conseguir hacer lo que me llevó a mudarme de la ciudad del pecado a la soleada california.
Llego al taller sin haber conseguido sacar nada en claro, por no decir que mis pensamientos están más enmarañados ahora que antes de intentar aclararme, no tengo remedio, soy un caso perdido.
-Ey- saludo a Daryl, él me hace un gesto con la cabeza, reconociendo mi presencia, pero no aparta la mirada de lo que tiene entre manos, eso me hace sonreír, cuando se concentra en algo sea lo que sea, pone en ello toda su atención, es un hombre concienzudo y dedicado.
El jefe de Daryl me abre la puerta de la salita nada más verme para que pase, una vez dentro la cierro, tienen la radio puesta y si voy a tocar aunque sea unos acordes no quiero molestarles y quitarles de escuchar algo que les guste, solo porque a mí me apetezca "jugar" como diría mi madre.
Mentiría si dijese que no hay veces en las que la añore, pero a la que echo de menos es a la madre que tenía cuando era niña, la que a pesar de no tener un hombre a su lado, y tener dos trabajos siempre se las apañaba para llevarme y traerme al colegio y a las actividades extraescolares.
La madre que me decía que los truenos no eran malos, que solo era el ruido que hacían Los Ángeles jugando a los bolos, y al día siguiente me llevaba a jugar para que comprobase que el ruido era similar, solo que como los ángeles viven arriba en el cielo y son más grandes hacen mucho más ruido.
La que convenció a mi vecino de que me enseñase a tocar la guitarra cuando entre en el instituto para alejarme de las pandillas.
Luego conoció a Stan y la mujer a la que conocía y a la que amaba desapareció por completo para nunca volver, convirtiéndose en una arpía amargada que aprovechaba la menor ocasión para decirme lo ridícula que era, gritándome para descargar su frustración y castigándome solo por respirar demasiado fuerte.
Es curioso cómo la gente puede llegar a cambiar tanto, y como las palabras pueden abrir heridas en el alma que nunca cicatrizan del todo.
Toco unos acordes de una vieja canción que compuse cuando me fui de casa, sin prestar atención a lo que estoy haciendo, con la mirada perdida en la nada, pensando en los recuerdos, en especial en los felices que ahora me resultan tan amargos.
-Es bonito- me sobresalto cuando Daryl habla y dejo de tocar –perdón- dice tímido –no quería interrumpirte- niego con la cabeza.
-No interrumpes nada- le sonrío triste –solo estaba tocando notas al azar- dejo la guitarra a un lado del sillón. -¿Ya es la hora de comer?-
-Sí, si te apetece- cambia el peso de una pierna a otra inseguro, creo que quiere decir algo pero no se atreve.
-Vamos- le digo animada –yo invito, hoy me siento generosa- suelto en plan diva, aunque sé no consigo engañarle, sigue serio, pero no dice nada.
Nos sentamos en la mesa del fondo de la cafetería que al parecer tenemos reservada porque siempre que venimos está vacía, esperando por nosotros, me gusta pensar en mí y en Daryl como un nosotros, es una cosa tonta lo sé, pero me hace feliz.
Pedimos unas hamburguesas con extra de patatas fritas y mientras comemos le cuento mi mañana, en busca y captura de una buena guitarra.
Él solo me mira y hace gestos con la cara o me dedica algún gruñido que con lo expresivo que es no me cuesta interpretar.
Una vez pago la cuenta volvemos al taller, Daryl vuelve al lio y yo a la salita, esta vez cojo la libreta e intento terminar la canción con la que llevo un par de días trabajando.
Estoy tan inmersa que no me doy cuenta del tiempo que pasa hasta que noto un peso hundirse a mi lado provocando que ruede hacia el cuerpo de Daryl. –Hola- le digo sorprendida, estoy casi encima de él, que no es que me importe, lo que me sorprende es que sea él quien haya provocado la circunstancia de dicho hecho.
-Hola- me dice con una media sonrisa. –Veras, he estado pensando- me dice.
-Ah ¿sí?- me acomodo mejor contra su cuerpo. -¿En qué?- le pregunto.
-En que ya sé porque Ale te llama Rainbow, pero todavía no tengo ni idea de porque narices, tú le llamas unicornio.- Suelto una carcajada por su forma de decirlo.
Me mira con el ceño fruncido, pero no aguanta mucho y me dedica su sonrisa torcida.
-Venga dime, ¿o es un secreto?- pregunta golpeando mi hombro con el suyo.
-Que va, pero lo cierto es que no me acuerdo exactamente de porque lo hago- me rio divertida –creo que fue por algo que él dijo en plan "si eso es verdad, entonces yo seré tu jodido unicornio" y al parecer, se tratase de lo que se tratase, debió de serlo porque es y será mi unicornio, a pesar de que nunca joda con él, por el resto de la vida que nos quede a ambos- me muerdo los labios conteniendo la risa. –Si quieres más información tendrás que preguntarle a él, a ver si se acuerda, pero lo dudo, así que, buena suerte- pongo mis piernas por encima de las suyas, una de sus manos va a ellas cuando se empiezan a resbalar y las sostiene.
Sus manos son ásperas por el trabajo, pero cálidas y agradables. ¿Qué sentiría al ser recorrida por esas manos?
Daryl ríe sin imaginar por lo más remoto en lo que estoy pensando –estáis locos- dice.
-Ciertamente, pero…-bajo la voz -¿quieres que te diga un secreto?- Daryl asiente cohibido, yo me acerco más a él aprovechando la ocasión, después de mirar alrededor como si no quisiese que nadie me pueda oír, cosa que estando solos como que no puede pasar le susurro –las mejores personas lo están,- mis labios rozan accidentalmente el lóbulo de su oreja, noto como un escalofrió le recorre.
Me tienta la idea de pensar que no le soy indiferente.
Pero decido no arriesgarme, me aparto un poco y le sonrío como si no hubiese pasado nada.
-Ahora dime tú, ¿por qué coches y motos?- pregunto, haciendo un gesto con la mano para señalar a nuestro alrededor
-Bueno, siempre me han gustado las motos, y la mecánica se me daba bien en el instituto, así que cuando acabe lo básico, dejé los estudios y empecé a trabajar aquí con Merle- se encoge de hombros. –Mi vida no es interesante.-
-A mi si me pareces interesante- me mira como queriendo saber si pretendo tomarle el pelo –oye, que va en serio, dime ¿Por qué te gusta trabajar aquí? Puede que Merle te arrastrara, pero por algo decidiste quedarte ¿no?-
-Se me dan bien los motores, la mecánica me relaja, al ser un taller pequeño puedo hacer mi trabajo sin presión y estar a mi aire-
-Yo cada vez que te veo con la cabeza dentro de un motor no entiendo como sabes para que sirve cada cosa- le digo con sinceridad.
-No tiene nada de complicado, de hecho, es bastante simple una pieza va aquí o allá y sirve para algo en específico, la gente,- se encoge de hombros, -bueno, nunca sabes por donde te van a salir-
-Así que prefieres las maquinas a las personas- afirmo, hundiendo mi dedo en sus costillas al ver que no me mira.
-La mayor parte del tiempo si- me mira de reojo, antes de que pueda preguntarle si yo soy una excepción, su jefe le llama y tiene que volver al trabajo.
Cansada de estar sola conmigo y con mis pensamientos, recojo mis cosas y me despido de ambos hombres. Mientras me voy, percibo una mirada fija clavada en mí y sé que pertenece a Daryl.
Caminando de vuelta a casa, toco la guitarra y canto Nobody´s home, creo que en ella me refiero tanto a mí, a mi como a mi madre, las dos nos perdimos a nosotras mismas y a la única familia que teníamos y ahora no queda nadie en Kansas por quien volver a casa.
Lo sé porque regresé solo una vez, cuando estrenaron la serie en la que trabajo ahora, me abrió la puerta mirándome con desprecio, no me dijo nada, ni falta que hizo, estaba demacrada, con la ropa sucia y un golpe en el pómulo. Cerró de un portazo en toda mi cara, no nos hemos vuelto a ver.
Desearía que no me doliese, pero creo que siempre lo hará.
Hola sonrisas encharcadas, hoy me he centrado en el pasado de Cassidy para que la conozcáis un poquito mejor, por mucho que alguien sonría y este siempre animado, eso no significa que su vida sea todo luz y color.
También hemos podido ver como Daryl cada vez se siente más cómodo con el contacto físico, al menos si ese contacto es con Cassidy, son más ricos estos dos.
Hoy no tengo mucho por lo que desvariar, así os dejo hasta la próxima, espero que os haya gustado, besototes.
