NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

¡Hola a todos! Finalmente he podido subir este capítulo xD

Comentarios:

digixrikanonaka: Muchas gracias. Me alegro que te hayas decidido a leerlo... se que el summary no es realmente bueno pero no se me ocurrió nada mejor... quizá debería cambiarlo ¿no crees? El cambio de Patán es necesario para la trama, pero eso será mas adelante. :)

TheOnlyNightFury: no sé quién crees que fue, aunque algo me da a saber la intuición... xD

Metanoia: No puedo creer que hayas entrado precisamente a leer esta (cuando te he recomendado muchas otras) Y de paso leas solo el primer capítulo... No puedo responder abiertamente a tu pregunta (arruino la trama) pero creo que, si lees lo demás, tu misma te darás cuenta de si es sí o no.

Y muchas gracias a los lectores anónimos que aumentan mis hits xD

Enjoy!


Capitulo 5.

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Unos copos de nieve iban cayendo del cielo hacia el verde pasto de la colina. Sentaba sobre una roca, Astrid sostenía en ambas manos el hacha de madera que siempre usaba como arma. La iba pasando de una mano a la otra y a veces le enterraba en el suelo, tratando de distraerse. El silencio era sobrecogedor, y ella comenzaba a entristecerse.

De repente, se escuchó un grito lejano. Alzó la vista y pudo contemplar cómo la silueta de un barco a la distancia iba acercándose a la costa. El hacha cayó de sus manos, rebotando en el suelo, ella se pudo de pie casi en un brinco mientras bajaba la colina con rapidez. Pronto la tierra y el pasto dieron forma a una silueta, resto de un intransitado sendero, que fue convirtiéndose en un camino.

Pasó por el pueblo en minutos, llegando al puerto en tiempo récord. Todos estaban también cerca, mientras la nave anclaba lenta y con movimientos tediosos.

Entonces, bajó la persona en quien tanto estaba pensando. Su cuerpo delgado estaba más fornido, con la prótesis de una pierna golpeando el suelo de madera casi con eco. Llevaba un casco en su cabeza y, detrás, iba descendiendo un dragón negro como la noche, que jugueteaba feliz de pisar Berk.

—¡Hipo!—lo llamó, alzando su mano—¡Hipo!

Él alzó su mirada y, entre el montón de personas, la encontró. Inmediatamente esbozó una amplia sonrisa y se fue con ella. Habían pasado dos semanas sin verse y se extrañaron de sobre manera.

Pero Hipo no había salido de Berk para pasear. Acompañó a su padre, Estoico, a una junta importantísima de las Tribus Vikingas.

—¿Cómo te fue?—le preguntó, cuando estaban cerca del bosque y alejados de todos.

—Mal. La verdad es que mal—y la sonrisa del muchacho desapareció—Las cosas se ponen feas, Astrid.

La muchacha había temido eso en todo ese tiempo. Bajó un poco la cabeza, cruzando los dos brazos

—¿Qué tan mal?

Hipo negó con la cabeza un poco, después, dejó caer ambos brazos con desdén. Se le veía angustiado.

—Taber ha sido destruida.

Astrid jadeó horrorizada. ¿Taber? Esa hermosa ciudad donde acudió tres o cuatro veces con sus padres, en fiestas enormes y coloridas, con personas sonrientes, amables, clima templado.. ¿Destruido?

—Pero… no ¿Cómo?

—Como lo oyes—suspiró—Fue atacada por sorpresa. Los romanos la quemaron por completo, no ha quedado nada salvo unas cuantas casas… ahora llaman a la península Alere Flammam.

¿Alere Flammam? Bah. Astrid nunca sintió ni un poco de curiosidad por aprender latín. Le tenía sin cuidado cualquier idioma extranjero. Lo que le importaba era la situación. Si Taber fue conquistada por los romanos ¿En dónde les dejaban a ellos, y a las demás tribus vikingas? ¿Era eso de lo que hablaron en la reunión?

—Se celebrará una reunión nuevamente, con las demás tribus—agregó Hipo—Mi padre y yo partiremos en una semana.

El ánimo le bajó a los pies. Astrid era una guerrera, entrenada para pelear pero… las cosas no iban bien. Los rumores sobre los romanos eran grandes y nada alentadores, pintados como los mejores soldados que el mundo haya visto. Pero ellos eran vikingos, y no había nada que un vikingo no pudiera hacer.

—Entonces debemos aprovechar el tiempo—le dijo Astrid.

Hipo asintió lentamente.

—Vamos a la fragua, quiero mostrarte algo—ella lo acompañó en silencio.

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Esa mañana, Astrid se despertó confundida. Hacia mucho tiempo que no soñaba con Hipo ¿Por qué ahora, precisamente en estos momentos, empezaba a hacerlo? No tenía lógica. A menos que entrenar a una manada de dragones le haya traído tantos recuerdos de él. Inmediatamente se puso de pie, sabiendo que estar en la cama todo el día no la ayudaría. Era temprano en la mañana, seguro Bocón estaría desayunando. Y Brutacio con Brutilda no tardarían en llegar.

En el comedor no solo estaban ella y Bocón sentados en la misma mesa, si no varios muchachos y chicas que llevaban triviales conversaciones entre ellos. Bromeaban, relajándose de los entrenamientos, y vagamente le hicieron recordar a ella misma con sus amigos en Berk, años atrás.

No era ni por asomo la misma vikinga orgullosa e inmadura de antes. El tiempo y el dolor la habían transformado de manera radical. Sonrió cuando pensó en el apodo que los romanos le colocaron justo en la primera batalla que liberó contra ellos, en la fortaleza de Fyrya. "La Rubia Sanguinaria" definitivamente no eran nada creativos.

—Y… Bocón ¿Has pasado buena noche?—preguntó.

—No me quejo—aunque su voz sonara cansada—Pero ya vez, me hago viejo y la pierna me empieza a doler.

Llevó su mano hacia la rodilla, cerca de donde estaba su prótesis, y la sobó lentamente.

—Si quieres podemos ir con los curanderos…—Antes de la guerra, eran pocas las personas que se dedicaban a sanar. Ahora, abundaban hasta el grado en que cada misión tenía mínimo un curandero a bordo para atender heridos. Las necesidades de la época hacen milagros, haciendo que desarrollaran más cultura a la salud y a la higiene para evitar infecciones y heridas graves.

—No, no estoy todavía tan grave.—suspiró—Pero de verdad necesito hablar contigo y con los gemelos.

—¿Qué es eso tan importante que debes decirnos?

—Los relaciona a ti, los gemelos, Patapez y Patán. Pero éstos dos ya lo saben. Los vi antes, ya vez que Masla es la fortaleza más lejana de Berk…

—Sí.

Su conversación se vio interrumpida cuando las potentes voces conocidas atravesaron las paredes de Masla. Los dos hermanos rubios entraron bromeando en voz baja, lanzando repentinos gritos y con ojeras bajo sus ojos. Seguro habían viajado toda la noche.

Los saludos fueron fríos y hasta algo distantes, pero no ocultaron su sorpresa por ver a Bocón en Masla con ellos. El amigo íntimo de Estoico nunca, y dígase nunca salía de Berk.

—Ya ves lo que hacen las emergencias—les dijo—Miren, chicos, debo hablar con ustedes seriamente…

—Brutilda ¿Y para qué fueron a Thorum?—pregunto Astrid finalmente, curiosa—¿Noticias importantes?

—Hubo una junta del Consejo.

Los ojos de la rubia se abrieron y llenaron de indignación. Con coraje le pegó a la mesa, haciéndola vibrar.

—¿Una junta del consejo? ¡Yo soy parte del consejo! ¿Por qué no me mandaron hablar?—estaba colérica.

—Estoico nos dijo que él te llamará cuando sea necesario, hasta entonces, nada de juntas—le contestó Brutacio.

—¿Qué?

—¡Chicos!—gritó Bocón, capturando la atención de todos—Seguirás con tu discusión luego, Astrid, debo hablarles cosas importantes.

Guardaron silencio, poniendo toda su atención en el viejo vikingo. Y empezó:

—¿Recuerdan el primer ataque romano hacia Berk, cuando los lleve a la sala secreta?

—Sí—dijeron los tres al unísono.

—Bueno, en aquel momento Estoico y yo teníamos una teoría sobre cómo vencer a los romanos. Pero, como se han dado cuenta, las cosas han cambiado. Y el plan de emergencia que desarrollamos ya no podemos llevarlo a cabo…

—¿Plan de emergencia?—repitió Brutilda—¿Por qué un plan de emergencia?

—¿Acaso estamos a punto de ser derrotados?

—Algo hay de eso Astrid, algo hay de eso…

Brutacio pegó la mesa con puño cerrado.

—¡No es posible!—gritó—¿Cómo podemos estar a punto de ser derrotados si los romanos nos tienen miedo, no han podido atacarnos en meses y…?

—Y están preparando un ataque masivo desde Roma ¡Tus espías lo han dicho!

—Para cuando llegue el ataque de Roma nosotros…

—¡No podremos contra ellos!—gritó Bocón, por primera vez enojado en esa conversación—¡Necesitamos repelerlos YA!

—¿Y cuál es tu plan?—preguntó Brutilda.

—En un principio pensamos combinar las habilidades de Hipo para domar dragones con las destrezas en el combate de ustedes. Pero ya que ningún solo vikingo a demostrado tanto talento al domar y pues Hipo… ya no está—lo último se le notó afligido—Estamos preparando una nueva estrategia. Y ustedes son parte importante de la misma.

Entonces, sacó de su pantalón un par de papeles cuidadosamente doblados y los estiró para mostrárselos. Eran dibujos y planos de diferentes armas, que ellos jamás habían visto antes. De todos, fue Astrid la única que reconoció el estilo de los trazo.

—Encontré esto en el gabinete de Hipo hace unos meses—continuó Bocón—Patapez se ofreció a ser mi herrero, necesito a uno de ustedes además de él para que me ayuden a hacer estar armas en la fragua… y de paso descifrarlas.

Los gemelos se vieron entre ellos. Astrid estaba a punto de ofrecerse cuando Brutacio habló:

—Yo iré contigo—le dijo—Mi hermana puede encargarse perfectamente de Masla y Astrid debe entrenar a los dragones.

Ambas chicas asintieron, sabiendo que tenía la razón.

—Bien Brutacio. Saldremos de inmediato.—aspiró, como si se estuviera preparando mentalmente para decir algo importante—Haremos un ataque especial. Estoico pedirá ayuda a las demás tribus vikingas. En dos semanas exactas ustedes, chicas, deberán ir a Berk. Planearemos el ataque más fuerte y ambicioso contra los fuertes romanos, para destruirlos de una vez por toda ¿Entendido?

—¡Entendido!

—Astrid—ella volteó—Necesito a los dragones entrenados para ese día ¿Bien?

¿Entrenar a veinte dragones en dos semanas? ¡Acaso estaba loco!

—Trataré.—admitió.

—Vámonos chico—le dijo a Brutacio—Creo que tus padres se alegrarán de verte nuevamente en la aldea ¿No?

La despedida entre los dos gemelos fue muy… ellos. Desde la muralla, Astrid y Brutilda vieron a los dos chicos alejarse encima de un barco. Tenían mucho trabajo que hacer en esas dos semanas.

Astrid se fue a los establos y Brutilda se quedó sentada en la costa, pensando en todas las cosas que ocurrían esos días. Había tenido una charla interesante con Estoico el día anterior, una que no terminaba de descifrar.

Flashback.

—Estoico—habló Brutacio—¿Por qué nos impidió que Astrid viniera? Ella es parte del consejo.

—Merecía mínimo enterarse, es de nuestras mejores guerreras.

Estoico, que estaba subiendo unas cosas a un barco, volteó para verlos cara a cara. Y dijo con su potente voz.

—Escuchen, Astrid no participará en próximas juntas hasta nuevo aviso, es mi orden.

Los dos gemelos no podían entender la razón.

—¿Por qué?

—¿Ha hecho ella algo malo?

—No—dijo Estoico—Pero temo que Astrid se encierre tanto en su faceta guerrera que se olvide de sí misma. Ella no acepta aún… algunas cosas. Como lo hacemos nosotros.

Y tenía mucha razón.

—No…. ¿No tendrá alguna relación con Finn?

Estoico miró a Brutacio, y su propia hermana tenía los ojos abiertos. Como si hubiera mencionado algo prohibido. El líder de la aldea sacudió la cabeza y, después, contestó, ignorando ese comentario por completo.

—No le digan esto. Solamente que… después hablaré con ella para explicárselo ¿Bien?

—Como usted diga.

Fin de flashback.

Finn… ese asunto, sobre él y Astrid la tenían llena de pensamientos. Nadie nunca supo exactamente que pasó entre los dos, y la curiosidad era grande. Un día de estos debería preguntarle a su amiga las razones de aquella pelea.

Pero, por el momento, debía prepararse bien. En dos semanas sería una de las batallas más importantes de la historia.


Vamos llegando al nudo de la historia... ¿Que pasó entre Finn y Astrid? ¿Qué fue lo que Bocón encontró en el gabinete de Hipo? ¡Esto y muchas más cosas en el próximo capítulo de "War"!

¿Comentarios? :)

chao!