El español se levantó del suelo, confuso. Poco después, escuchó fuertes pasos frente a la puerta de su casa, para finalmente escuchar un leve "Click" que le informaba que se acababa de abrir. Sin miramiento, echó a correr al piso de arriba. Lovino trató de agarrarle, mas no llegó y debía ponerse a cubierto del tiroteo que iba a ocurrir. Seis hombres armados entraron y comenzaron a disparar sin siquiera fijarse si había alguien o no. Tras mirar al italiano agazapado en el suelo, este les indicó el piso de arriba.
Antonio corrió mientras escuchaba disparos procedentes del piso de abajo y se introdujo por una trampilla la cual estaba escondida en el hueco de las escaleras. Al bajar, abrió la puerta acorazada de un pequeño búnker con salida y la cerró a cal y canto, sintiéndose seguro al fin.
-¿Cómo han conseguido abrir mi puerta? Sólo se abre con una llave única…
Comenzó a pasear por el pasillo, encontrando a su amigo el francés tumbado en un colchón del búnker.
-Francis ¿Qué haces aquí? ¿Y qué hace el sombrero de Lovino contigo?- preguntó, recogiendo la fedora y poniéndosela.
El otro no se molestó siquiera en esconder la ropa interior que había robado al moreno.
-Nuestro topo nos informó de que iban a hacerte un ataque sorpresa y te esperé aquí.
-¿No se te ocurrió la brillante idea de mandarme un mensaje?
-Y lo hice. Mandé treinta y dos. Contados. Estarías demasiado ocupado coqueteando con el italiano ese.
El español no pudo evitar sonrojarse un poco al recordar cómo antes Lovino le había besado, aunque fuera únicamente para asesinarlo después. Ignoró al rubio y siguió por el túnel hasta llegar a la salida, dando a un pequeño bosque. Antonio se acomodó el sombrero y cuando iba a cerrar la tapa del túnel, el francés le paró, visiblemente molesto por abandonarle.
-Supongo que ahora tendré que vivir en otro sitio. Es una lástima. Me gustaba esa casa… ¿Sabes el dinero que me he gastado en ella? ¿Todas las armas que allí había?
-Al menos no eran parte del comercio.
-Ay… Mis queridas metralletas…
-Tu hermanito Francis te comprará nuevas. Tranquilo.
Pasó su brazo alrededor de sus hombros, colando la mano por la camisa del español, el cual pasó siquiera de llamarle la atención.
-Oye- Comentó el francés- ¿Alguien más sabe de la existencia de ese túnel?
-Nadie. Tú, yo, y los arquitectos que descansan en el cementerio. No hay de qué preocuparse.
El italiano se llevó las manos a la cabeza y gritó, furioso.
-¿¡Dónde coño está el bastardo ese!?
-Consiguió escapar aunque no sabemos cómo. Revisamos todas las habitaciones, y no vemos posible que saltara desde la ventana. Además, si hubiera hecho eso, nuestros hombres le habrían visto.
Lovino apretó ambos puños, intentando reprimir la rabia que sentía ya que además de haber perdido su dignidad intentando en un ataque completamente desesperado asesinarlo, había conseguido escaparse de rositas. Fue a la sala de armas y recogió una cualquiera. La próxima vez que lo viera lo mataría con su propio subfusil.
Poco después, el grupo de la mafia italiana descubrió un alijo con papeles a nombre del buscado en los cuales se le mencionaba de tráfico de drogas además del de armas. Este hecho enfureció todavía más al joven el cual sólo deseaba recuperar su sombrero. A pesar de buscar por todo el lugar, no apareció. Se lo habían hecho de diseño, y había sido realmente caro. Maldijo varias veces en alto y abandonó la casa del español.
Al llegar a las oficinas, recibió continuas quejas de su superior.
-Has fallado suficientes veces. Te degrado.
-¡No puedes degradar más a un Soldato! Además, el contrato…
-No dice que no pueda hacer esto- El Don sonrió- A partir de ahora te encargarás del papeleo y vigilo del casino "Mundo". ¿Estarás a la altura?
-¿Enserio? ¿Seré un vigilante?
-Nocturno. Es cuando hay mayor peligro- Volvió a sonreír de forma burlesca.
-Está bien.
El italiano estaba que se subía por las paredes. Incluso su hermano menor tenía un trabajo más importante, cosa que le sacaba de sus casillas. Salió hacia casa, para al llegar, tumbarse en el sofá y no hacer nada más que fumar y ver el televisor. Cerca de la noche, llegó Feliciano completamente sonriente, como siempre. Aquel hecho le recordó aún más al asqueroso y escurridizo español, consiguiendo que frunciera el ceño.
-Fratello! ¿Qué tal en tu asesinato?
-Adelante. Finge que no lo sabes. Creo que hasta lo sabe la familia vecina.
-Oh, vamos. No te martirices… No se te escapó a ti, sino al grupo. Venga. Prepararé pasta para alegrarte el día. ¿De acuerdo? ¡Anímate!
Ante el silencio del mayor, su hermano volvió a hablar.
-¿Quieres algo más? ¿Llamo a un burdel o pido algo de cocaína?
-Devuélveme la dignidad y asunto zanjado.
-Ve… ¡Qué deprimente, Lovi!
-Ah. Encarga un sombrero nuevo. El mío se lo agenció el bastardo ese. Seguro que lo utiliza para cosas pervertidas. Trató de abusar de mí.
-Eso es horrible… ¿Tan malo es? En las fotos parece inofensivo…
-Que no te engañe esa sonrisa perfecta y esos ojos verdes intenso, o su tonificado cuerpo ligeramente moreno, o su olor… ¡Todo eso es para engatusar a la gente! Si te lo encuentras, pégale un tiro sin planteártelo.
Sólo con tener la imagen de Antonio en la cabeza, sentía arcadas. Deseaba no volver a cruzarse con él por no verle el rostro nunca más.
El teléfono del menor comenzó a sonar, por lo que el joven de pelo más claro se excusó un momento. Tras estar fuera cinco minutos, regresó, completamente pálido.
-Acaban de atracar una de nuestras sucursales.
-¿Qué dices? ¿Quién se ha atrevido? ¿Cuántos eran?
-Sólo tres, y llevaban máscara. Uno tenía nuestro sombrero.
"Antonio… Te voy a matar."
-¿Cómo han conseguido burlar a los guardaespaldas y vigías unos tres mentecatos?
-Aún no se sabe… Asocian este ataque a la familia Germania. ¿Crees que tendrán algo que ver?
Lovino se estiró en el sofá, pensativo. Apagó la tele y vio hacia su hermano.
-No creo. Deben ser un grupo independiente los cuales han tenido mucha suerte. Finito.- Se levantó de forma pesada- ¿No ibas a preparar la cena? Quiero ir al casino a "estudiar" mi nueva zona de trabajo.
...o...o...o...
Pobre Lovino. Nada le sale como él quiere, aunque nada malo le podrá pasar en el casino... Claro... Nada malo... *rie maléficamente*
Si os ha gustado, no olvideis comentar. No es obligatorio pero sí me alienta a seguir escribiendo ^^
Sé que este capítulo es especialmente corto... pero el siguiente os prometo que lo compensará (No soy capaz de hacer capítulos largos...)
Hasta la próxima
