Juego Seductor

Experiencias nuevas y placenteras

Límites que rozan en la cordura

Para llamar el interés de una mujer de hielo

Sus objetivos eran muy claros, así como la forma en que tenía que ejecutarlos, ese fue el principal motivo para que ignorara el hecho de que Anna se estaba besando con su hermano y que minutos atrás estaba con él en vestidores haciendo una serie de maniobras bastante provocativas con esa misma boca. No le irritaba el hecho y estaba seguro que a ella tampoco, pero sí pudo percibir la forma tan inquieta en que se encontraba con su lejanía.

Al principio creyó que era broma cuando su abuelo le contó que una de las grandes habilidades de Anna era leer la mente, sólo que ahora que lo veía con atención, eso en vez de ser un don parecía una maldición para ella y más cuando se reunían multitudes y multitudes. Notaba día a día como su estado de ánimo decaía y cómo lo buscaba con la mirada entre varios grupos de shamanes.

Fue cruel desaparecerse de su vista, pero era necesario, el plan era ese… ser indispensable para ella. Ryu y Fausto lo acompañaron en esa misión. Acamparon a las orillas de un lago y él pudo ver a la distancia esa pequeña la casa que se situaba al pie de una montaña. Su casa de descanso, así lo había definido su padre.

-Chicos, tardaré unos minutos, iré a buscar algo de leña-Les mintió con simpleza, pero cómo decirle a todo su grupo que tenía que ir a sacudir un poco la confianza de Anna.

Se escondió de la servidumbre que la acompañaba y airosamente salió librado de eso, nadie notó cuando entró y se desvistió, ni siquiera Anna, quien al notar su presencia le vio con arrogancia desde la bañera, pero comprendió perfectamente que debía hacer y más cuando con bastante tranquilidad él besó la piel blanca de sus piernas.

-Eres una mujer, no una vaca, Anna-Refirió con una sonrisa encantadora mientras se despojaba de la toalla.- Ahora… ¿quieres que te de un masaje?

-Bien. Enséñame qué puedes hacer…

Era claro que sentía excitación en el momento, su entrepierna despertaba con cada mirada que ella le dedicaba y en vez de acercarse a ella, él le llamó.

-Acércate…-Le susurró con gravedad mientras su mano mojada palpaba sus pectorales en forma de apagar el fuego que sentía por dentro.

Se hincó a un lado de la bañera y Anna acomodó su cabello antes de verlo en una forma inquisidora, seguramente mentalizando la idea de obedecer o no, y no la culpaba, sabía cuan orgullosa y mandona era para dejarse controlar por alguien más. Pero finalmente, con la fina sensualidad de una pantera se acercó hasta él y su rostro chocó levemente con el suyo.

Le sonrió. Su sonrisa tal vez no era despreocupada como siempre, ni con afán de hacer sentir seguro a alguien, no, ella le modificaba el carácter totalmente y le sonreía con picardía, con la misma que metió su mano al agua para encontrar la parte más sensible de Anna. Estaba simplemente fascinado de hacerla derretir de calor.

Sus dedos exploraban sin miedo la intimidad de su acompañante y acariciaban sin cesar el pequeño botón que le provocó un grave gemido, mismo que tuvo que apagar mordiendo su hombro.

-¿No te tocas pensando en mí, Anna?

Sus palabras eran pura arrogancia, pero ella no necesitaba un niño que estuviera tentándose el corazón, sino un hombre que en verdad le hiciera delirar y temblar.

-Admite que has extrañado que te bese….

Y su lengua dibujaba ahora en el cuello de la rubia una serie de círculos. Claro que tuvo que aguantarse, tenía tantas ganas de meterse a la bañera con ella, pero quien le aseguraría que no llevaría a la otra fase que tanto estaba guardando.

-No… no voy a admitir nada-Le contestó finalmente, mientras sentía como sus uñas se clavaban en su espalda.

Pero él no necesitaba que lo dijera, simplemente cuando tuvo la oportunidad, sus labios buscaron los de ella para devorarlos en un ardiente y fogoso beso. No debía perder el foco, no cuando sentía la humedad de su vagina y su lengua jugando con la suya una danza, que sin duda estaba más que dispuesto a seguir piel con piel.

-Deja de torturarme, Asakura-Le dijo al oído con desesperación, pero no… él tenía una misión y mientras su mano apretaba uno de sus pechos la volvió a besar y después….

-Alguien viene…-Interrumpió bruscamente sus movimientos.

Y Anna, con gran sobresaltó se alejó de su lado. Supuso que sabía quién era. Pero sonrió airosamente al saber una cosa, Kyouyama estaba ya fuera de sus cabales y el rojo en sus mejillas delataba lo mucho que le excitaba su sola presencia para olvidar por completo que era Hao quien recién llegaba a verla.

-Nos veremos muy pronto-Le aseguró antes de tomar la toalla y recoger sus cosas antes de marcharse.

Se apresuró a salir, por suerte había disminuido su poder espiritual a la nada y comparado con el que ella emanaba era absolutamente insignificante. Aunque Hao no era tonto y por eso sospechaba que la vigilaba en ese extremo, no por nada la había besado en frente de él. Hao quería marcar a Anna como suya, exclusivamente su mujer.

Secó su cabello y llegó al campamento donde Ryu y Fausto ya dormían. Para su suerte, él tenía a Anna de su lado, y con ayuda de ese libro misterioso, obtendría una victoria más a su favor. Él siempre quiso una vida tranquila, no ésta que estaba viviendo en medio de la pasión y la desventura de ser descubierto por el shaman más poderoso del torneo.

-¿Qué es lo que te preocupa, Yoh?-Le había cuestionado Tao.- Tú no eres tan callado.

Su tono golpeado no denotaba preocupación, pero sí lo hacía cada vez que lo veía entrenar sin parar sólo para aumentar musculatura y nada más que eso. El entrenamiento físico era intenso, pero necesitaba algo más para incrementar su poder espiritual y lo que necesitaba no era una simple bitácora, sino una maestra que lo dominara.

Miró la excitación causada por la bella rubia y esta vez no quiso tocarse, no, aquello ya no requería una mano sino un verdadero calor que lo atrapara en su interior. Se desvistió y nado un rato en el agua helada, buscando que su mente quedara despejada de la lujuria que sentía por ella. No durmió más de tres horas y en los primeros rayos del sol le probaron que en efecto no estaba solo. Hao… estaba con él.

-Así… que vienes a buscarla-Espetó con clara amabilidad, como si todo lo tuviese controlado y fuera una más de sus habilidades, pero sólo lo probaba.

Su hermano leía a la perfección su mente y ésta se encontraba en blanco, ya había sacado a Anna de esa introspección. Él no era ningún tonto, sabía que podía hacerla tropezar antes de tiempo.

-Ella conoce la bitácora que me dio mi abuelo, busco… que me entrene-Contestó seguro, mientras sus compañeros despertaban y se alertaban con la presencia de su hermano.

Hao sonrió y no supo si fue por una simple burla o porque sospechaba algo más. No lo sabía, sólo que arriesgaba mucho al estar de frente al prometido de la mujer con la que buscaba acostarse y que pensaba robarse de su lado.

-Es mi mujer, no te atrevas a verla como algo más, Yoh. Porque aunque seas mi otra mitad, te aseguro que borrare tu alma de este… universo-Amenazó el castaño antes de irse.

Ryu se cayó de espaldas y Fausto le veía de una forma intensa. Era el líder del grupo, pero aun así respiró hondo cuando pudo evitar una confrontación más larga con Hao. Vaya, tenía que agradecérselo a Anna, pero también, le daba rabia pensar que se hubiese tenido que acostar con él, porque solamente así podía explicarse ese bendito humor de su hermano.

-¿Te habrás entregado a él, Anna?-Pensó con enfado y cierto recelo- Espero que no sea eso…

No, sus pensamientos no rodaban en algo más que no fuera ella acostándose con Hao. Estaba bastante excitada, tan ardiente, no, ella no pudo haber desecho su calentura con otro hombre. Tenía que probarla, necesitaba asegurarse que era por él por quien desvivía y no por el calor de su cuerpo ante cualquier hombre.

-Por lo visto, ustedes son el grupo que entrenaré… este mes-Habló con imponencia, había llegado hasta su campamento y llevaba a dos mozas acompañándola.

-Doña Anna, es un honor…-Comentó de inmediato Ryu, y prácticamente se había postrado a sus pies, lo mismo que Fausto cuando se acercó a preguntar si podía traer el alma de su esposa.

La calidez de sus ojos brilló con cada pedido, cada palabra hermosa que Ryu le dedicaba, pero no obtendría nada de él frente a tantas personas, así que como una simple extraña, él se acercó caballerosamente a entregarle la bitácora. Un simple movimiento, lejano, tan ajeno a aquellos que compartían en la lejanía de los ojos mirones.

-Es un honor que nos acompañé, señorita Kyouyama-Resaltó con serenidad, a pesar de que se moría por mandar al demonio tanta formalidad- Será un desafío interesante el que usted nos entrene.

-Sí, lo será-Añadió Anna con arrogancia y sí que lo hacía, ya que no se dejó intimidad por estar rodeada de hombres y menos cuando comenzó a dar instrucciones.

Ella creía que tenía el control y prácticamente era cierto, excepto por una cosa, ella ansiaba que la mirara con complicidad, casi lo sabía por la frecuencia con que desviaba su mirada hacia él. Y no le tenía miedo, sus amigos estaban muy concentrados ejecutando cada movimiento y técnica, él podía darse el lujo de verla de vez en cuando y pensar una maniobra muy buena.

-Hace calor aquí-Comentó limpiándose el sudor de su frente y rió como solía hacerlo antes de quitarse la playera por completo.

Tenía unas pequeñas gotas de sudor, pero no tanto como para verse terriblemente empapado, así que metió la mano al lago y se dio unas palmadas en su pecho a fin de aminorar el calor que decía sentir. El agua estaba helada y las pequeñas gotas en su cuerpo hacían magia, que estaba seguro no pasaba por alto por ella.

-Don Yoh, no es correcto, tal vez intimide un poco a la señorita Anna-Comentó Ryu bastante apenado.

Yoh sonrió despreocupado, lo que menos pensó era que Anna se intimidara, era más fácil que ella lo intimidara a él si comenzaba a deshacerse del vestido hermoso de gasa que llevaba puesto.

-En lo absoluto, siéntete libre de bañarte si quieres, yo no te miraré-Dijo en un tono tan seguro que casi lo creyó, de no ser porque por ratos tenía fija la mirada en sus abdominales y en su espalda desnuda.

Descaradamente pasó una mano por su cabello, a fin de que este también consiguiera humedecerse y el efecto fue perfecto, parecía recién salido de la ducha.

-Gracias, porque en verdad siento mucho calor-Pronunció el castaño regresando a la serie mortal de abdominales que ella le había impuesto.

No tenía que ser genio para saber que esa conexión que tenía con ella había pasado al siguiente nivel, su abuelo le había dicho que tenía que seducirla en toda la extensión de la palabra y debía admitir que entre los consejos de su padre y los del anciano, se estaba comportando como todo un maestro. Si Hao lo viera…

Afortunadamente no tuvo que hacerlo, o de lo contrario hubiese tenido que sufrir largamente una tortura, pero de todas maneras lo haría y estaba dispuesto a prepararse cuando ese momento llegara. Entrenó y dejó el alma en el campo de entrenamiento, por un momento sacó a Anna de sus pensamientos y en lo único que pensaba era en derrotar a su hermano. No quería un mundo tan espeluznante como el que Hao quería, por eso debía ganar.

-Ya terminamos, Asakura-Le dijo Anna tan de repente.

Tan concentrado en el ejercicio estaba, que no se dio cuenta de cuando todos se fueron a bañar, ni cuando se quedó solo con ella, lo cual no estaba ni remotamente en sus planes. Se levantó y tomó la pequeña toalla que estaba a su lado, secó su rostro y le dirigió una mirada bastante provocativa cuando estuvo justo al lado de ella.

-Háblame de ella, abuelo, ¿por qué es tan importante?-Recordó de repente como de niño pensaba en Anna.

Era tan sólo un infante cuando su abuelo y su familia comenzaron a plantearle todos sus objetivos. Entrenar, ser un gran shaman y conquistar a esa niña. Hablaban de los magníficos poderes que tenía y de la forma en que la tribu apache la estaba criando. Debía odiarla, sólo por quitarle parte de su vida y haber sido durante muchos años el objetivo principal para su familia.

Y no comprendía a cabalidad porque tanta importancia, por qué si era sólo una mujer, pero ella no era cualquier mujer, encerraba poderes asombrosos y tenía una madurez y temple de acero. Anna tenía algo especial que odiaba reconocer, le hacía sentir bien. Le sonrió y besó su frente antes de marcharse.

-Lo siento, Anna, tenemos… mucha compañía-Le susurró con premura.

Claro que eso era sólo una excusa, bien pudo decirle a sus amigos que se fueran, pero no, ese no era el punto. Mandó a Ryu para escoltarla y al día siguiente a Fausto. No tenía muchos momentos a solas con ella y eso generaba más tensión sexual entre ellos. Miradas que se perdían en toda su anatomía, no se cortaba cuando la imaginaba desnuda nadando junto a él en el lago. Era una suerte que Anna pudiera leerle la mente ocasionalmente, porque así podía saber que a pesar de la distancia, la deseaba y mucho.

Una semana y media pasó y no tenía idea cómo pudo resistirla, no cuando Anna se vestía tan sensual ante sus ojos. Ryu se desvivía en halagos y Fausto en atenciones, y él… en apariencia era el más distante, cuando en realidad era el más cercano.

-En el bosque, nos vemos a media noche- Le aseguró con firmeza y vaya que a ella le agradó la idea.

-¿Qué te hace pensar que estaré ahí?-Le respondió en voz muy baja, pero que denotaba interés.

-Esta noche… tendremos sexo.

Francamente, el sólo mencionarlo le provocaba un gran placer, ya imaginaba todo… el lugar, los aditamentos, la improvisada cama, su silueta caminado hacia él. Abrió sus ojos y su imaginación no le jugaba ninguna jugarreta, Anna estaba impresionante en un vestido corto.

-Has venido puntual.- Comentó sorprendido de verla con una apariencia relajada.

Y le sonrió con encanto. Ryu y Fausto dormían, y él estaba a punto de disfrutar de una gran velada al lado de la mujer que tanto quería.

-Supongo que hoy culminaremos, esta… aventura.- Sugirió Anna quitándose la capa transparente que cubría el vestido blanco que había elegido para esa noche calurosa.

Se acercó a ella y con firmeza la tomó de la cintura. El poder era suyo, lo sentía correr en su sangre con la adrenalina que tenía, si Hao venía qué importaba, hoy culminaría todo. La besó, y sus manos se aferraron a su cuerpo con premura, supo que el momento había llegado y moría porque así fuera. Pero él la detuvo antes de que continuara elevando su deseo y apetito sexual.

La tenía justo donde quería, en el lugar que había escogido, puntual a la cita y desesperada como él por sentir la fricción y el roce de piel. Todo estaba perfecto, salvo una cosa.

-Anna, antes que hagamos esto, hay algo que quiero que respondas y de eso depéndelo que haremos hoy y los días siguientes.

Era una seriedad inusual para él, mucho más porque siempre sonreía y se jactaba con ser el hombre más feliz cuando estaba seduciéndola, le daba una motivación extraña y una conexión que no había tenido por nadie, pero hoy, justo en este momento no había lugar para dudas, ni para arrepentimientos.

-¿Qué quieres?- Le cuestionó intrigada por la pregunta que lanzaría.

-Cásate conmigo


Continuará….

N/A: Y finalmente aquí está el capítulo decisivo, trate de apurarme, en serio que sí, pero bueno hay muchas cuestiones que considerar antes y tratare de hacerlo más seguido, después de esto viene cosas interesantes por discutir.

Agradecimientos especiales: Neverdie, Liax-ws, Anna Kyouyama de Asakura, Q.C18, Katsumi Kurosawa, gaahina eterniti

Nos veremos pronto.