AVISO IMPORTANTE.

Límite de fecha para comentar la opción del capítulo 03, es hasta la actualización del capítulo número 08. Después de ello, la pareja será decidida.

Opción 01: 5 votos.

Opción 02: 4 votos. Esta opción fue escogida en otra página en la cual he publicado éste fanfic y personas que conozco que leen esto y, ya sea por PM o personalmente, me han comentado su opinión.

Hago esto, porque veo que algunos no tomaron en cuenta el mensaje, para los que sí, muchas gracias =)

Su opinión me importa, espero que hagan saber sobre cual opción es más cómoda para ustedes.

Muchas gracias.

Disculpen si hay por ahí algún error ortográfico.

Bro. Con. No es mío.


Capítulo 05. Primer día de clases y... ¿Tamaki?

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La castaña observó a la mujer frente a ella con el ceño fruncido, mientras que ésta hacía globos con una goma de mascar rosada y la miraba con el aburrimiento más grande del mundo, sellando sin ni siquiera hojear los documentos.

Asuka bufó, fastidiada por la falta de hospitalidad en ese lugar. Le arrebató el programa de estudio de las manos y fue a buscar su salón de clases, pisando con todas sus fuerzas. Fuera de la oficina, Yusuke la esperaba con el uniforme de Hinode High.

—No tenías que quedarte. —expuso Asuka al llegar a su lado.
El pelirrojo apartó la vista, abochornado. Ni siquiera él asimilaba el haber permanecido allí parado durante más de media hora: —Ukyo-nii me regañaría si te perdieras. —rebatió.

La castaña asintió, haciendo memoria a las palabras del rubio antes de salir de la casa.

Las personas que pasaban por el pasillo del instituto los miraban con una curiosidad mal disimulada, la chica resaltaba a pesar de todos los esfuerzos que hizo por verse bien. Vaya, peinarse, maquillarse un poco, arreglarse. Debía de dar una buena impresión si quería sobrevivir en esa jungla desconocida.

La chica afirmó de nuevo, pero más para sí misma, mirando con detenimiento el mapa que le dio la incompetente empleada. Según su horario, su primera clase era Matemáticas II. Su materia predilecta en un mundo distante. Ni siquiera sabía dónde estaba en esos momentos, sólo se había dejado guiar por Yusuke y las indicaciones de Ukyo al pelirrojo. ¿Dónde quedaba su aula? No la veía por ningún lado del croquis.

—No le entiendo a esto. —farfulló, rascándose la mejilla, con el entrecejo aun arrugado. Decidió pedirle ayuda a su acompañante. Para ganar su interés, jaloneó la manga de su uniforme y miró esperanzada de que le echara una mano. — ¿Dónde se encuentra ésta aula?

Yusuke se acercó a verificar en el mapa.

—Ah, es el salón a lado del mío.

Genial, estaba sola.

—De seguro haces amigos fácilmente. —trató de animarle Yusuke, dejándose llevar por la cosa más lógica al comportamiento de la fémina a su lado. El comentario tranquilizó un poco a la castaña pero, no dijo nada y ambos caminaron hasta el salón de clases.

El domingo había pasado muy rápido en Sunrise Residence y hoy era el primer día en el instituto para Asuka. Estaban a medio curso, por lo que apenas llegó el viernes, el lunes entró. Por ese tipo de cosas, que alteraban demasiado el orden de la vida de alguien, –no sólo el de ella–, Asuka no siempre aceptaba los caprichos de Rintaro. Sino, ella se hubiese cambiado las veces que su padre recorriera el mundo, en una de sus ''aventuras'' como les solía decir él.

También cabe decir, que a raíz del gran susto que le dio Masaomi el sábado, la castaña se conservó a diez metros de él como distancia mínima. Pasó a darle toda la responsabilidad de su recuperación al segundo hermano de los Asahina, el cual sólo trabajó poco por ser domingo y no se molestó con ella por desertar a media enfermedad. Tampoco fue como si ella hubiese firmado un contrato que dijera: ''Prometo solemnemente, velar por Masaomi, el patriarca sustituto de la familia Asahina, hasta que su recobro de por finalizado completamente. ''

Lo malo fue, que se sintió culpable minutos después de ser poco considerada con un hombre que se la pasaba trabajando tanto como Ukyo.

Olvidando que dejó a Masaomi con una confusión de tamaño del sol.

—Oye, ¿Nos vamos juntos en la salida? —preguntó cuándo llegó a la puerta de su aula designada. Las risas del pasillo apenas la dejaron oír su propia voz.
Yusuke puso los ojos como plato, exponiendo un ligero sobresalto en sus facciones y negó repetidas veces con la cabeza. Asuka lo miró embrollada por su conducta, ¿Qué bicho le picaba? Vivían donde mismo, dormían donde mismo – casi –, ¿Cuál era el problema?

— ¡La gente pensará que somos…! Mejor nos vamos por separado. —expresó el pelirrojo con nerviosidad, marchándose y abandonando a Asuka con la palabra en la boca.

—… Como quieras. —contestó a la silueta del chico, que con cada paso que daba, se hacía más pequeña.

Desde que iban en el metro, Asuka había reparado en una indiferencia inexplicable en Yusuke, se situaba a tres asientos lejos de ella, contestaba con monosílabas y la dejaba atrás en el trayecto hasta las puertas de Hinode. Después de haber convivido normalmente un fin de semana completo. Sólo fue amable cuando pretendió confortarla fuera de las oficinas de información.

Tal vez se estaba fastidiando de ella…

Asuka se hizo una nota mental para después, dejándose llevar por la hipótesis demasiado cuerda y un tanto hiriente. Podía dejar ese tipo de cosas para luego.

Dejar de molestar a Yusuke.

Suspiró, cambiando de tema en su cabeza y volviendo a la realidad, aun se hallaba parada fuera del salón de clases.

Y antes de que le dijeran algo por estar allí mirando al espacio, se preparó psicológicamente para entrar al lugar, y tocó unas cuantas veces a la puerta, hasta escuchar la voz de un profesor permitiéndole ingresar.

—Buenos días. —saludó Asuka, haciendo una reverencia, en el marco de la entrada.

Un hombre atractivo, lleno de juventud, de cabellos dorados y ojos encantadoramente oscuros, le sonrió amable detrás del escritorio y le hizo una seña para que se acercara. Asuka caminó con torpeza hacia él, subiéndose a un pequeño escalón cerca de la pizarra en medio del salón de clases.

—Buenos días. Usted debe ser… Asuka Hinata. —dijo, sacando unos cuantos papeles de un negro maletín. Era algo llamativo para ser un educador.

—Sí, disculpe el atraso. Aun no conozco del todo bien las instalaciones. —murmuró con la cabeza gacha. Se sentía incómoda con el uniforme delante de un profesor ¿Por qué la falda era tan malditamente corta?

—No es ningún inconveniente. Sólo debo decirle que los retrasos no serán permitidos en tiempo futuro. —advirtió, divertido. Le mostró una hilera de perfectos dientes, adornados de una hermosa sonrisa. Asuka alzó una ceja ante el relajo y la reprensión juguetona, no cayendo en los encantos. Bitch please, vivía con los Asahina. —Firma aquí para ratificar tu asistencia.

—Sí.

— Chicos, démosle la bienvenida a un nuevo estudiante. — enunció, levantándose de su silla y parándose frente a la clase. Miró a la castaña con la misma sonrisa. — ¿Nos haría el favor de presentarse?

Asuka asintió, con el rostro serio hacia la clase. Tomó el pliegue de la falda y lo bajó lo más que pudo para no sentirse tan expuesta. Todos la miraban con una expectación, rectos en su pupitre individual. Atrás había pequeños cubículos para guardar las cosas y el salón era lo suficientemente grande para que cincuenta alumnos entraran sin dificultad o sentirse sofocados.

Relajó el cuerpo un poco y comenzó.

—Mi nombre es Asuka Hinata, pronto Asahina. Soy de Hokkaidō, Sapporo. Estoy en Kichiyouji por consentimiento de mi padre. Espero que nos llevemos bien. Por favor cuiden de mí. —terminó con otra reverencia hacia la clase entera, todos guardaban silencio ante su presentación. Por alguna razón, eso hizo que Asuka se sintiera nerviosa.

— ¡Bien! Puedes tomar asiento cerca de ese chico. —indicó a un joven al final del salón.

El alumnado entero inició una ola de murmullos demasiado molestos, mirando con descaro a la chica que caminaba entre ellos. Ésta gruñó molesta, sentándose, sacando su material de trabajo e ignorando cualquier comentario con su nombre en él.

—Comencemos la clase de una vez—indicó el profesor, llamando la atención de todos los que tenían el cuerpo entero girado para ver a Asuka mejor. —, ya perdimos unos minutos valiosos. Estamos a punto de terminar la segunda fase de este ciclo. Les dije que estudiaran, ¿Cierto? ¿Qué? ¿No les dije? Lástima, Asuka-san, un examen sorpresa apenas comienzas. —profirió con un desánimo fingido. La castaña no supo si era una burla. —No te preocupes, tómatelo con calma. Los demás no, a ustedes si les afectará la calificación.

—Eso es favoritismo. —chilló una chica.

—No lo es. Hay que tratar de caerle bien a los nuevos. —el maestro rió. —Por cierto, mi nombre es Touma Eguchi. Para cualquier cosa que necesites que sea de esta clase, estoy dispuesto a ayudar. Exceptuando sobornos. Por lo omenos, yo no los acepto.


El timbre sonó con fuerza, diciendo que la última clase del día llegaba a su fin. Asuka se desperezó de su asiento y se estiró un poco, cuidando que la falda grisácea no se levantara más allá del muslo. El suéter del uniforme le quedaba algo grande y le cubría la mayor parte de la falda. Parecía que la persona que diseñó aquel vestuario era un lolicon que le gustaba ver las piernas de las jóvenes.

Algunas chicas le hicieron conversación entre las clases, pero siempre preguntaban por el apellido Asahina, si tenía algún parentesco con Yusuke Asahina. Lamentó el momento en que dijo el apellido de la futura esposa de Rintaro. Para que dejaran de molestarla, inventó que no conocía al pelirrojo. A leguas se notaban las dobles intenciones al volverse amiga de ella, al parecer Yusuke tenía buena reputación con las jóvenes.

Hablando de éste, Asuka tuvo que rehuirle todo el día. No fue mucho problema, porque para lo único que fue a buscarla, fue para decirle donde estaba la cafetería y el baño de chicas. Pero sólo para seguir los mandatos de Ukyo, claro.

Salió del aula con paso apresurado, para no perder el tren de esas horas y no tener que esperar quien sabe cuánto tiempo al siguiente. No había mucha gente por los pasillos de Hinode High, puesto que cada uno tenía horario diferente por clases.

Quizá por eso Yusuke no quiso ir con ella. Él aún no salía.

Anduvo hasta llegar a la entrada, donde había unos cuantos cerezos cubriendo las áreas cercanas y exteriores de ésta. El lugar era muy bonito en sí, con un cuidado perfecto en cada material utilizado. Le gustó mucho el esmero por mantener ese lugar limpio. Porque, en su antigua escuela, raramente alguien limpiaba los baños y muy pocas personas preservaban los jardines de los alrededores.

Al encontrarse a unos cuantos pasos de la placa de enfrente con el nombre del instituto, oyó como decían su nombre entre gritos a la lejanía.

— ¡Asuka-chan! ¡Asuka-chan!

No tuvo tiempo de girarse.

Tsubaki se acercó corriendo a ella, abrazándola y alzándola del piso. El peliblanco sonreía abiertamente con una alegría pura y la chica soltó un gritito de sorpresa, mientras se cubría por detrás para que sus pantaletas no fueran visibles. No fue tan rápida como creyó, Subaru y Azusa lograron divisar una rayitas lilas.

Azusa hizo de la vista gorda, había que ser maduro en ese tipo de situaciones, y el rostro de Subaru se tornó de un intenso color carmín, estando para nada acostumbrado a ver ropa interior femenina. Y menos la de su futura hermanastra.

— ¡B-Bájame, Tsubaki-san!—chilló, sonrojada por el atrevimiento del chico y con miedo a caer, cuando Tsubaki comenzó a dar vueltas con ella cargada. El piso se veía tan lejano y borroso, su estómago se revolvía con cada segundo que pasaba. — ¡Me vas a tirar!

—Tsubaki, se está mareando. —lanzó Azusa. Antes de que las cosas pasaran a mayores, como que la chica vomitara encima de su hermano, detuvo cualquier comportamiento inoportuno del contrario.

La cara de Asuka estaba demasiado empalidecida para ese entonces.

El peliblanco se carcajeó y la soltó de una vez. Era una felicidad contagiosa, menos para ella. La castaña tuvo que agarrarse de él para no desplomarse, su cabeza daba muchas vueltas.

— ¿Estas bien?—preguntó Subaru, alarmado.

—S-Si…creo. —contestó. — ¿Qué hacen aquí?—dijo, ya estando recuperada. Subaru era universitario ¿Cierto?, ¿Qué hacia fuera de sus clases? ¿Azusa y Tsubaki no trabajaban?

Los tres hermanos se miraron entre sí. Discutían telepáticamente.

— ¿No te dijeron?

— ¿Decirme qué?

Azusa carraspeó.

—Bue-

— ¡Queríamos ver cómo te fue en tu primer día! —dijo Tsubaki, sin soportar el suspenso de las cosas. Su gemelo le dio un coscorrón.

—En parte es verdad, pero eso no era a lo que veníamos. —confesó el azabache, acomodándose los anteojos. Dejó salir un largo suspiro. —Miwa y Rintaro están por llegar a casa. Nos pidieron que los recogiéramos del instituto. Al principio iba a venir Ukyo-nii pero, le llamaron de su trabajo.

— ¿Y Yusuke?—Subaru rebuscó a su hermano menor con la mirada.

—Aún no sale. Esperen, esperen. ¿Mi papá…y Miwa estarán allá?—pronunció Asuka, sin creer lo que oía.

Todo parecía ir muy pronto.

— ¡Sí! ¿No es genial? ¡Dijeron que tenían una sorpresa!

—Y-Ya me imagino.


Cinco de la tarde.

— ¡Estamos en casa!—gritó Tsubaki, con Subaru agarrado por los hombros, al muy estilo ebrio escandaloso.

—No me digas, pensé que eras un holograma. —dijo Fuuto lleno de sarcasmo, pasando de largo a los recién llegados para irse al piso de arriba y encerrarse fuera del ruido que provocaban sus hermanos. Su propósito fue ofuscado por las manos de Tsubaki, despeinándole el cabello con intenciones de molestarlo.

Los presentes voltearon su vista a la puerta, sin dejar de moverse y saludando escuetamente. La mayoría de los Asahina apenas se estaban arreglando para la llegada de Rintaro y Miwa.

Kaname, siempre con su sonrisa coqueta, se acomodaba la corbata morada, al tiempo en que se ponía los zapatos; Iori cambiaba las flores con una destreza increíble y ya no llevaba el uniforme de siempre, en lugar de eso, portaba una simple camisa de rayas con los primeros botones desabrochados; Louis, ya vestido para la ocasión, arreglaba el cabello de Hikaru, mientras que el bermejo peinaba el de Wataru, el niño llevaba un trajecito de conejo y un gorrito con orejas; Masaomi, quien también estaba con ropas formales, ya menos enfermo, limpiaba y ponía un mantel en la mesa con rapidez.

— ¿Por qué tanto alboroto?—preguntó Yusuke, al ver como todos sus hermanos se volvían locos.

Aquella pregunta fue interrumpida por un estrepitoso portazo.

— ¡Vayan a sus habitaciones, cámbiense de ropa y bajen rápido! —gritó Ukyo, llegando cubierto de sudor, despeinado y quitándose el saco. —Dijeron que en media hora estaban aquí, para ese entonces deben de estar listos. ¿Por qué no estás haciendo nada Fuuto? ¡Muévete! ¡Los que no están haciendo algo vayan a ayudar a Masaomi! ¡¿Por qué rayos no llega Natsume?!

—Tranquilízate, Ukyo. —dijo Masaomi, sonriendo algo preocupado a su hermano, quien estaba más que histérico intentando hacer cientos de cosas a la vez. Ni siquiera tomó aire para hablar. Como si del exorcista se tratase, el rubio se volteó lentamente hacia su hermano mayor y lo fulminó con la mirada, sacando rayos láser en todas direcciones.

—No. Hay. Tiempo. ¿Crees que en diez minutos pueda preparar la cena? ¿Crees que en cinco segundos todos estén perfectamente arreglados para recibir a nuestra madre y a Rintaro-san? ¿Crees que tengo súper poderes? ¿Eh? ¿Lo crees?—el tono demasiado calmado y la sonrisa alargada de Ukyo, hizo estremecer al castaño, retrocediendo como perro asustado para esconderse en la cocina. Reinó el silencio en la sala. El de ojos azules los miró a todos con un aura oscura. —Tienen quince minutos.

No bastó que dijera más.

Yusuke y Asuka dejaron su mochila en el gigantesco sillón rojo de la sala, demasiado paralizados para replicar, y corrieron a cambiarse el uniforme, por separado claro está.

La castaña se recargó en la puerta de su habitación y arrancó a buscar alguna prenda decente entre todo el mugrerío que tenía en sus cajones. Desde aquel incidente con Hikaru, que no había tocado sus cosas y dudaba saber combinar bien la ropa.

Sus piernas temblaron levemente.

De repente, le habían entrado unos grandes nervios al saber que conocería a la futura esposa de su padre. El cómo sería ésta, tanto físicamente como en personalidad. Rintaro era demasiado enamoradizo como para quedarse ciego ante los peores defectos, podía cometer el más grande error de su vida al casarse con Miwa. Como podía ser feliz y vivir en pura dicha a lado de esa mujer. Asuka no era demasiado escrutadora, también se equivocaba. Su padre, también lo hacía. Bien podía escoger la primera opción, y en dado caso de que así fuese, la relación nada estrecha con los Asahina, se iría por la coladera.

Los primeros segundos en que se conocieran serían definitivos.

Pero, no debía ser pesimista.

La segunda opción era igual de segura que la primera.

Fue a bañarse rápidamente. Usó la secadora y se hizo una cebolla desordenada, con varios mechones sueltos. Finalmente, quedó entre usar una de las falditas o alguno de los vestidos que sobresalían entre toda la ropa de distintos colores. Tomó uno de los vestidos más discretos que pudo encontrar, de color azul marino y corte hasta un poco por encima de las rodillas, y unas zapatillas oscuras con listones.

Se veía bien, debía aceptar, pero no la hacían sentir del todo cómoda... O normal. No podía caminar con esos zapatos, le dolían sus dedos del pie. Las curitas en sus rodillas la hacían ver algo ridícula, al tener un vestido lo suficientemente corto como para mostrarlas. Parecía una niña jugando a ser adulta, intentado gustarle a un chico que jamás se interesaría en ella.

Pero, aunque no le gustaran las cosas femeninas, hoy era la excepción.

Se tragó las ganas de ponerse un pijama desgastado y bajó hacia la sala.

— ¡Onee-chan! ¡Mamá quiere conocerte!—chilló Wataru, sonriendo y saltando al final de las escaleras, las orejas de conejito en su cabeza se movieron de arriba abajo. Endemoniadamente adorable.

Ese niño era su única debilidad en esa casa.

—Hola, Wataru-kun. ¿Ya han llegado?—inquirió, conteniéndose de las ganas de apapachar al niño entre sus brazos, dándole palmaditas y acariciándole los cabellos, escudriñando el lugar para ver en que podía brindar su ayuda.

— ¡No, aun no!

Asuka respondió con una sonrisa hacia el pequeño y se acercó hacia Subaru, parecía ser quien más necesitaba una mano con toda esa vajilla y cubiertos, socorriéndole para terminar más deprisa. El azabache se ruborizó al verla tan de cerca, recordando instantáneamente el color lila de su ropa interior debajo de la faldita del uniforme y asintió sin parar al ofrecimiento de la chica, taciturno, mirándola cada cierto tiempo de reojo. No tenía ningún interés sentimental por ella, pero esa imagen no se le iba de la cabeza.

Era inevitable.

Desconociendo ese dato primordial, Wataru concibió un desazón en su interior al ver como su hermano le echaba la mirada a ''su onee-chan''. Según el pequeño, Subaru se la comía con la mirada, cosa que en la vida real estaba desmedidamente fuera de lugar.

Y era el colmo, que su hermana no le proporcionara todita su atención por estar con Subaru. El niño arrugó el entrecejo. No se dejaría vencer tan fácil por alguien tan poco adonis como su hermano. Brincó hacia delante y sujetó la mano de la chica.

Wataru era un manipulador cuando quería, desde que él estaba en sus primeros meses de vida, que todos los Asahina lo sabían. Todos, menos la integrante más reciente de la familia. Y procuraba utilizar sus armas en ese momento, con todo lo que tenía. Si no por nada le nombraban en su colegio: "Wataru -miradas locas- Asahina".

— ¡Onee-chan! ¡Soy un conejito! ¿Me veo bonito?

La castaña viró hacia la inofensiva vocecita de Wataru.

Sus ojitos relumbraban más que las estrellas, con ese matiz entre la miel y el chocolate. Las mangas del trajecito le quedaban algo grandes y Wataru se cubría la boca de manera que, el puchero quedaba perfecto.

El ángulo de las cejas.

Las largas pestañas.

Los mofletes enrojecidos.

El signo de lágrimas por el rabillo del ojo.

Wataru había ganado aquella tácita guerra que él había iniciado por su cuenta.

De no ser porque no era de esas, Asuka estaría muriendo de una hemorragia nasal en esos instantes. ¡Wataru era la cosa más adorable y tierna que había visto!

—Sí, Wataru-kun. Eres un conejito muy bonito. —exclamó la chica, sonriendo y riendo dulcemente. Si, riendo. Ver a Wataru vestido de conejito era como viajar a un mundo de caramelo. —Deja que te tome una foto. Esto se lo tengo que enseñar a Tamaki.

Sacó su móvil de la mochila y apuntó con la cámara al niño frente a ella. Wataru hasta hacia poses de conejito bebé.

—Listo. Muchas gracias. —dijo, con una amplia sonrisa.

—De nada, onee-chan.

— ¿Pero qué...?

Subaru miró excluido todo ese espectáculo. No necesitó hacer muchas conjeturas para darse cuenta de que su hermanito había hecho de las suyas. De nuevo.

Suspiró.

—Subaru-san, ¿Cómo acomodo esto?— en un dos por tres, Asuka volvió a ser la joven reservada de unos instantes atrás y todo vestigio de sonrisa se suprimió.

Ella misma se dio cuenta de qué tanto bajó la defensa por su debilidad maternal.

— ¿Bipolar?—soltó Subaru sin pensar.

— ¿Disculpa?

— Eh, ¡No, nada!—tuvo suerte de que la castaña estuviera de buenas.

—Dejen eso, necesito que bajen unas cosas de la camioneta. —interrumpió Masaomi, girando entre sus manos las llaves del transporte. —No son cosas pesadas, así que Asuka-san podrá ayudar con ellas.

La castaña retrocedió por acto instintivo del hombre y eso no pasó inadvertido por unos cuantos hermanos. Incluso por el propio Masaomi. Ambos jóvenes la miraron extrañados, preguntándose a sí mismos el porqué de la reacción demasiado excedida.

— ¿Y dónde las pondríamos, Masaomi-san?—preguntó Asuka, con una fingida paz y diciéndose internamente que lo estaba de verdad. Aun no se acostumbraba a estar junto al castaño. Sólo eso.

Masaomi le dio las llaves a Subaru.

—Pónganlas en la barra de la cocina, si está desocupada. Si no, pues en la mesita de la sala.

—Yo les ayudo. —ofreció Louis, sonriendo.

—Gracias. —respondió Asuka con una aprobación. —Bueno, ya vamos.

Masaomi los observó alejarse, con una duda dentro de su cabeza. Una que le rondaba y picaba con insistencia desde el sábado en la noche, cuando la chica salió amedrentada de su habitación.

A pesar de la oscuridad de aquella noche, él lo vio. Los ojos abiertos de par en par de la joven, bañados por la poca luz de la ventana.

Su mano alzada en ese momento no lo ayudó a averiguar la razón.

¿Qué hice mal?


—Esto es lo último. —señaló Louis hacia unas cajas en el piso.

Asuka asintió, sin oírlo realmente.

La castaña pensaba en una solución a su sutil recelo hacia Masaomi. No le diría jamás lo que hizo o trató de hacer. Ni siquiera ella sabía si él intentaba algo con ella. Estaba dormido cuando todo sucedió, ¿cierto? Él era un sonámbulo ¿cierto? Así que no contaba.

No contaba.

Era como con Fuuto.

Sólo que nunca se lo esperó de alguien tan apacible como se vio Masaomi.

No tenía por qué temer.

Se aseguró de grabárselo en la cabeza.

— ¿Asuka-san?—Subaru pasó la mano repetidas veces frente a ella, pero sus ojos apuntaban al vacío. Un mechón le cayó en la mejilla y no lo volvió a acomodar dentro de su peinado, ni siquiera pareció sentirlo.

El azabache la observó durante unos segundos. Hasta que la misma imagen de tiempo atrás apareció frente a él e inevitablemente, un sonrojo se expandió hasta llegar a sus mejillas. Maldita mentalidad de virgen. Gruñó para sí, en su mente. Debía de dejar de pensar en ese tipo de cosas.

Louis, estando consiente de que los otros dos estaban en un universo muy lejano-, acomodó las cajas en la entrada de la casa mientras tarareaba una canción, ya listas para ser metidas, y tocó el hombro de Asuka, para que la chica regresara a la realidad de una vez.

—Ya hemos sacado todas las cajas, Asu-chan. —dijo Louis, dibujando una sonrisa en sus labios. La chica parpadeó un par de veces.

—Ah, sí. Tomaré algunas.

Subaru juró haber visto algo insólito reflejado en sus ojos. Antes de que entraran, la detuvo.

—Tienes un…—el azabache hizo gestos extraños, para indicarle que tenía un mechón suelto a lado de su rostro, pero la castaña parecía no entender muy bien a que se refería. No vio el problema en colocárselo él, así que extendió su brazo ante la mirada interrogante de Asuka. —… cabello suelto.

Y lo hizo.

Asuka le agradeció con un asentimiento y se observó en el espejo retrovisor de la camioneta de los Asahina, no obstante, la mano de Subaru aún seguía ahí. La miró con serenidad, esperando que la apartara.

— ¡Asuka!

Un hombre altísimo, de cabellos azabaches y anteojos de armazón azulado se hallaba parado detrás de ellos, un cigarro en los labios y un semblante serio, demasiado serio. Destinaba su vista hacia la mano del otro, con la mandíbula apretada y el entrecejo fruncido por los celos. Asuka lo reconoció y sonrió con gusto, ignorando aquello fácilmente.

— ¡Tama-! —en dos zancadas, el susodicho se acercó a ellos y le metió una paleta en la boca de golpe, parando su habla. Tenía un rostro de pocos amigos en su dirección.

— Vine porque Rintaro me invitó y lo primero con lo que me encuentro es con esto. Es increíble, ¿Tan rápido conseguiste un novio? ¿Por qué no me dijiste nada? De seguro ni recordabas mi existencia ¿Cierto? —cada palabra la pronunciaba con disgusto y si las miradas matasen, Subaru ya estaría tres metro bajo tierra.

Fue entonces, que se acordó de aun tener la mano sobre el pómulo de la castaña. Pasmado, la apartó, enrojecido hasta las orejas. Que vergonzoso. Había tocado a una chica. Por segunda vez en su vida.

Asuka resopló, cruzándose de brazos y rodando los ojos. Su amigo veía muchas películas y novelas baratas. Ese genio siempre lo tenía al momento en que ella o cualquier otra persona, tomaban cosas de su recamara sin pedir permiso.

Mientras más viejo, más hostil.

— ¿Cuál novio, idiota? ¡Es uno de los hijos de Miwa! Y tú no sabes si yo…—calló abruptamente, dándose cuenta del certero comentario.

Era verdad, la presencia de Tamaki le había resultado sin relevancia durante los tres días con los Asahina. Pero, no era porque se olvidara totalmente, habían sido tantas cosas en ese poco tiempo, que la noción de la realidad se veía retirada. La culpa la hizo bajar la cabeza y morderse por dentro la mejilla, degustando el sabor cereza artificial de la paleta.

—Pues está muy cariñoso ¿No?—replicó el de anteojos, con una ceja alzada. No estaba para nada entusiasmado con esa aproximación entre los dos. Por eso le dijo a Rintaro que Asuka no podía estar allí con esos…Asahina.

Subaru tuvo que detenerse a analizar el montón de sandeces que soltaba aquel desconocido que rivalizaba con el aura de Ukyo en modo cascarrabias. Él era fuerte, sabía defenderse, sin embargo, la persona era conocida de Asuka, tal vez alguien importante. Aquello lo frenaba.

Louis sólo observaba lejanamente, por si las cosas se volvían algo locas con ese chico extraño. Su mente le decía que no debía inmiscuirse en esos asuntos, pero no podía dejar que su hermanito y su Asu-chan tuviesen problemas por ese. Tejiendo ideas para no llevar las cosas a mayores, el de cabellos cenizos sonreía tranquilo.

— ¿Qué? S-Sólo la estaba ayudando. —intentó decir Subaru, ante el suceso malentendido. No comprendía las aprensiones tan agresivas y sin cimiento. Mala idea.

— ¿A qué? ¿Estabas viendo si besaba bien? De seguro te atrae y es una maldita excusa. ¡Ese tipo de escenas son de lo más repugnante!

Cualquier cosa que explicase el azabache, sería tentación para más insultos por el chico de anteojos.

Asuka y Subaru lo miraron con los ojos abiertos de par en par, los labios en una línea recta. El basquetbolista se sentía de lo más ofendido por el comentario lleno de celos, y la castaña trataba de contener las ganas de golpear al único hombre con el que convivió a excepción de Rintaro. No podía permitir que la situación se saliera de control.

Si, ella podía ser hasta ese punto distraída e inconscientemente herir a su compañero por no dignarse a llamarlo cada cuando, pero, su futuro hermanastro no había hecho nada malo como para ser despreciado de esa manera. Le molestó la forma en que se expresó sin conocerlo siquiera.

— Te equivocas, Suba-chan no es así. Creo que te estas excediendo con tus conjeturas, muchacho. Por lo que dices, eres un invitado, por favor guarda respeto. Estas en nuestra entrada. Y si no te gustan esas escenas, allá está la parada del autobús. —señaló hacia unas calles atrás. Louis surgió al rescate. Hasta él podía hartarse cuando faltaban al respeto tan insoportablemente. Sus ojos fulguraban en molestia, la sonrisa era amenazante.

Al parecer, tal comentario lastimó al chico.

—No me quedo porque quiera, Rintaro-san me dijo que viniera. —gruñó Tamaki, cruzándose de brazos y agachando la vista. Cada que no tenía elección, inflaba los mofletes. Algo cómico, ya que aún mantenía el cigarrillo y era como un adulto intentando ser un niño. —Mira como son conmigo, Asuka. No nos hemos visto en casi un mes y así me tratas…

Por unos milisegundos, la mirada del chico se volvió llena de desilusión, algo que le hizo sentirse culpable. La castaña estaba a punto de contestarle para consolarlo, cuando Masaomi salió como alma que lleva el diablo hacia la camioneta, colocándose una bata blanca y hablando por teléfono mientras corría desesperado. Con un ademán, le pidió las llaves a Subaru, el cual se las dio sin chistar, sorprendido por la repentina aparición.

— ¡Díganle a Ukyo que me llamaron del hospital, pero que intentaré llegar a tiempo para ver a Rintaro y a nuestra madre!—gritó, arrancando el auto y dando de reversa.

Los cuatro lo miraron en silencio, hasta que sólo se vio una cosita chiquita. Masaomi los hizo tranquilizar el enojo con su manera tan salvaje de salir hacia el trabajo. Les dejó lo más difícil del mundo: ''Decirle a Ukyo que uno de los hermanos no estaría hasta después de la cena''. La castaña exhaló, miró al azabache basquetbolista y a Louis, caminando hasta la puerta de la casa. Agarró unas cuantas cajas y, ya estando por entrar, se giró hacia Subaru con una pequeña sonrisa.

—Yo le digo si quieres, tal vez explota menos. —el chico asintió, esperando que su hermano mayor fuese más dulce con ella por ser Asuka. Después, la chica volteó hacia Tamaki, con el ceño fruncido y el rostro un poco decaído. No le gustaba enojarse con él. — Yo estaba feliz porque llegaste, pero atacaste de la nada. Puedes entrar cuando quieras. —y agrandó la sonrisa.

Cuando se trataba de Tamaki, Asuka perdonaba rápido.


— ¿Él es tu primo?—preguntó Tsubaki, examinando al azabache que lo observaba con molestia. Era una grata y gran sorpresa que los integrantes aumentaran para la hora de la cena. Tal vez así, Ukyo no se molestaría tanto.

Fuuto, Yusuke, Iori y Kaname, se encontraban sentados en la sala principal, atendiendo al joven invitado que llegó minutos atrás. Los demás hermanos aún tenían cosas que hacer. La castaña podía sentir la incómoda atmosfera que los rodeaba a todos, incluso hasta Tsubaki.

—Primo segundo. —contestó Asuka, sentada en el sillón de la sala. A su lado, estaban Iori y Tamaki, el primero con aura demasiado agradable y el último matando a todos con la mirada.

—Y mejor amigo. —añadió Tamaki, pasando el brazo por el hombro de la chica.

Los Asahina notaron el aire posesivo.

—Está guapo. —confesó Hikaru, aplaudiendo los buenos gustos de su hermanastra. El receptor se sonrojó levemente.

—Pero… ¿No estás muy juntito? Digo, eres su primo nada más. Algo me dice que tu no-

— ¿Qué dices, Yusuke? No creo que este tipo sea demasiado estúpido como para no hacer un movimiento en dieciséis años. —exclamó Fuuto, sonriendo engreídamente y moviéndose como un experto en el tema. Más de uno de sus hermanos lo vieron divertidos, sabiendo el expediente amoroso del chico de cabellos cobrizos. —A menos que crea la insulsa idea de que puede conseguir a la chica siendo el amigo. Sólo te irás a la friendzone.

—Uy, sí. Tú nunca has tenido novia. —rió Kaname, dándole palmadas en la espalda.

— ¡E-Es porque no quiero, no porque me falten mujeres!

—Ya, ya. Dejen de hablar sobre eso enfrente del invitado. —dijo Ukyo. ¿Cuándo había llegado? Bueno, apenas iba entrando. Al contrario de tiempo atrás, ya estaba de lo más calmado con los deberes. Hermanos listos, casa lista, comida lista. Todo bien, ¿Por qué no sonreír tranquilamente?—Están por llegar.

— ¿Te lo dijeron por teléfono?

—Sí, madre habló hace cinco minutos. Espero que por lo menos Masaomi los alcance a saludar. ¡Nos faltan dos Asahina! De veras, no entiendo como esos dos no pueden darle un descanso al trabajo. —exclamó afligido. Azusa asintió, comprendiendo lo que decía su hermano mayor.

—Natsume, ¿Cierto?

—Sí, me marcó segundos después de nuestra madre, diciendo que su jefe lo llenó de trabajo a último momento.

—Hay que ser comprensivos, a Ukyo-nii también le llegó trabajo hace una hora. —opinó Iori. Él sólo estudiaba pero, se daba cuenta del esfuerzo que hacían sus hermanos por vivir cómodamente como lo hacían en la actualidad.

El rubio suspiró.

—Ya sé, pero esta cena era importante.

— ¿Por qué?—preguntó Subaru, al azabache simplemente le comentaron que comerían todos juntos.

—No me dijeron.

—Imouto-chan, ¿No será que tienes otra hermanita escondida?—le dijo Kaname, haciéndose un espacio entre su hermano y la castaña. Asuka, quien se había mantenido conversando con Tamaki, alzó la vista al oír la voz del monje muy cerca de ella.

—Hasta donde sé, era hija única hace dos semanas. —murmuró. —Mi padre ama las sorpresas, de una vez los prevengo. Es muy capaz de decir que Miwa-san está embarazada.

Todos abrieron los ojos, sorprendidos y asustados.

— ¡No puede! ¡A su edad un embarazo es de alto riesgo!—chilló Ukyo.

— ¡Otro hermano sería genial!

— ¡Claro que no, Tsubaki!, aunque si fuera verdad lo amaríamos mucho. —apuntó Azusa, para no ser malinterpretado.

—Pero… ¿Y si sale niña?—sondeó Hikaru con una sonrisa de oreja a oreja.

—Asu-chan no sería la única futura princesa de esta casa. —contestó Louis.

—No, gracias. Odiaría ser una princesa, usan muchos vestidos.

— ¡Asuka! Vámonos juntos, lejos de estos locos. —Tamaki la jaló hacia la puerta, desorientado por la forma de ser de los Asahina.

—Ya me acostumbré en unos días, no te preocupes. —retrocedió ella. Pero, más por el tener que caminar que por realmente querer quedarse.

— ¡Suelta a mi onee-chan!, ¡Ella vive aquí!

Wataru saltó encima del azabache, se abrazó con brazos y piernas, y mordió la piel que tuviese al alcance de sus dientes. La castaña se alarmó e intentó que lo soltara, sin embargo, el niño mordía con más fuerza y su amigo se quejaba de dolor. Además de Ukyo y Azusa, ninguno de los demás hermanos se paró a ayudar, con temor de ser agredidos también.

— Wataru celoso da miedo. —masculló Yusuke.

—Eso debió doler. —Tsubaki hizo una mueca, sintiendo que le pegaban a él.

—Yo digo que Wataru gana. —se burló Fuuto, al ver que el niño no cedía por más que Ukyo le gritara que se zafara, incluso se había agarrado también de los cabellos.

—Apuesto que imouto-chan se molesta con Wataru.

—Yo que lo toma por algo sin importancia.

—El que pierda hará lo que el otro quiera por… cinco días.

—Trato. —el ídolo y el monje, cerraron su juego.

— ¡Wataru, suéltate!

— ¡No quiero! ¡Se la quiere llevar!

— ¡No me llevará a ningún lado!

Aun si lo negaba, muy en el fondo le divertía ver cómo había reaccionado Wataru con Tamaki, a la vez, se conmovía al saber que el pequeño no quería que ella se fuera. Así que realmente no hacía nada porque se bajara de la espalda de su amigo, es más, hasta le ayudaba.

Con todo ese alboroto, ninguno de los chicos pudo notar las presencias detrás de ellos, los cuales, miraban la escena asombrados. Una voz femenina, habló entre todo el mar de voces.

— ¡Silencio!

Miwa fruncía el ceño frente a sus hijos y colocó los brazos como jarra en su cintura. Rintaro la seguía atrás, con una sonrisa congelada. Miró a su hija y vio como ella lo veía molesta, supo que aún no lo perdonaba por lo de la ropa, si bien él le dijo que había sido Miwa.

—M-Mamá…

— ¿Qué está pasando aquí? ¡Compórtense, mocosos! ¡Aunque algunos sean mayores de edad todavía puedo castigarlos!... ¿Por qué mi bebé está arriba de Tamaki-kun?—exclamó Miwa. Al instante, Wataru se bajó de la espalda del azabache y corrió hacia ella con lágrimas en los ojos.

—Mami… se quiere llevar a onee-chan. —gimoteó, escondiendo su rostro en las piernas de ella.

Lo miró, confundida por las palabras de su hijo más pequeño. Los demás hermanos estaban congelados e intentaban digerir que su madre estaba ahí con ellos, como muy pocas veces lo hacía. También, se encontraban un poco asustados por ver por primera vez a su futuro padrastro, ¿Qué tal si era un hombre con complejo de dictador machista? Ukyo y Hikaru, eran los únicos que lo conocían en persona, los demás, sólo sabían que se llamaba Rintaro Hinata.

Ah, y que tenía una hija que vivía con ellos.

— ¿Qué? Nadie se quiere llevar a Asu… ¡Asuka!—gritó, sonrojada.

¿Cómo se le había pasado algo tan importante como conocer a la hija de su futuro esposo? Rápidamente, con toda la vergüenza del mundo, fue hacia Rintaro y le quitó su bolso, ya que muy caballeroso se lo pidió a cuidar. Vio que el maquillaje no se hubiera corrido y el cabello estuviese intacto. Perfecta.

— ¡Dios mío!, ¡Debí parecer una bruja! ¿Me veo bien, cariño? ¡Y no me mientas que tengo espejo en el bolso!

Rintaro rió, igualmente sonrojado.

—Te ves preciosa, Miwa. —dijo, antes de besarla dulcemente delante de todos. Miwa le sonrió y pasó sus manos por su cuello en un abrazo.

—Bueno, mamá, esto…—dijeron los Asahina, incómodos por ver a su madre de esa manera.

— ¡Oh! Si, lo siento. A mí…

La rubia giró su rostro hacia Asuka, quien se encontraba congelada en su lugar y sonrojada como un tomate, se le veía demasiado nerviosa. Inhala, exhala. Inhala, exhala. Se dijo mentalmente al ver que la hermosa mirada azulina de Miwa se posaba en ella. Sin duda, ella era una de las mujeres más preciosas que había visto en su vida. Su cabello era dorado como el sol y sus ojos azules como el inmenso mar, era, la persona con más fulgor en el mundo.

—Hola. —murmuró Asuka.

—Hola. —repitió Miwa, con las mejillas carmesíes.

Ambas se observaron en silencio, ninguna sabía qué hacer en esos momentos. Ninguna rompía el contacto visual.

Aquella mujer parecía la perfección misma, Asuka supo inmediatamente que no encontraría problemas con el matrimonio. Sin embargo, una parte de ella le decía que no todo era perfección en la vida, no se expresaba, más podía saberlo sin palabras. Recelosa, desconfiada al exterior y lo que le indicaba su mente, se mantuvo escéptica a la idea de que las cosas serían felices. Tal vez, Miwa escondía su verdadera personalidad.

Sólo esperaba estar equivocada.


Extra 04. (N/A: si es el número cuatro, ¿verdad? Disculpen que sea despistada)

Érase una vez, en un lugar muy, muy, muy lejano, un hámster de nombre Hamtaro. Aquel animalito de anaranjadas orejas y grandes ojos, vivía en un bosque hechizado junto al sargento Levi Ravioli. Juntos, se encontraban en la legión de Pocahontas y aniquilaban a sangre fría caracoles come-gente.

Un día, cuando Hamtaro estaba solo con Kuroko Tetsuya, su hada padrina, un monstruo de gigantes y aterradores tentáculos, tomó a Hamtaro de sus orejitas y le comió las tripas. Jean Horse Face, una mariposa que veía todo a lo lejos, corrió a pedir ayuda a su amante, Maruco Bodoto. Más no supo, que a los pocos segundos, Slenderman vomitó los huesos del roedor, pues Hamtaro estaba podrido por dentro.

Y todos fueron felizmente devorados por el Slender.

Fin.


¡Acabé! ¿Saben? Creo que cada vez hago los capítulos más largos. Pero bueno, ya qué. Para ser sinceras, no estoy satisfecha con éste cap, siento que quedé limitada, quería poner más palabras pero no pude u_u Estoy en la etapa de que todo lo que hago siento que no lo hago bien. En estos momentos, siento que la cabeza está a punto de explotarme, me duele tanto… quiero llorar. Y no soy de las que lloran por eso.

Éste extra fue hecho por mi hermanito Aza, no tengo ni idea de porqué esa historia, sólo me encargué de embellecerla un poco. Pero el contenido es exclusivo de él. Es un extraño crossover de SnK, Hamtaro y no sé qué más.

No pregunten como se le ocurrió todo eso, pero él me pidió que lo pusiera :B

Por cierto, quisiera decir que a partir de ahora tardaré mucho, MUCHO más para actualizar ya que estoy a punto de entrar a la Universidad… Omaiga, estoy creciendo TnT

Para finalizar, me gustaría agradecer por sus reviews y quienes han puesto a favoritos o follows, y a los lectores fantasmas (: por darse tiempo de leer la historia. De veras, muchas gracias.

Si no contesto algunos reviews, no es porque los ignore, repito, me da mucha pena contestar, aunque hago el esfuerzo por hacerlo c:

Finalmente, si les he hecho spam alguna vez, me disculpo. Nunca lo haré de nuevo, para cuando me di cuenta, vi que podían tomarlo como spam. Lo siento):

¡Hasta la próxima!