Remus se había olvidado de cómo es una batalla.

Dumbledore lo había mantenido ocupado con otras cosas la última vez, así que sólo había estado involucrado en unas cuantas. Cada una había sido pequeña y planeada con anticipación, emboscadas organizadas donde habían al menos el doble de miembros de la Orden que Mortífagos.

Sólo había estado en el otro extremo una vez, durante un ataque Mortífafo en el segundo piso de lo de James y Lily. No había habido tiempo de pensar esa noche, de pensar en cómo su nuevo escondite había sido encontrado tan rápido, o porqué había pasado una noche en la que Peter no se había presentado para cenar. Sólo hubo locura, simple caos, el escalofrío del terror y el frenético deseo de vivir.

Dos cosas los habían salvado aquella noche – la auténtica determinación de James para proteger a su familia y la completa indiferencia de Sirius sobre su propia seguridad. La varita del mismo Remus había sido efectiva y rápida, pero había estado tan atemorizado que cuando había terminado, se sorprendió de haber sido útil en absoluto.

El Departamento de Misterios está oscuro y plagado de Mortífagos, y la única cosa que Remus recuerda de la primera vez es la completa confusión y el helado escalofrío del miedo.

El Stupefy a Dolohov viene en seguida del Petrificus Totalus a Rookwood, pero Remus no registra apuntar su varita, no se da cuenta que está diciendo las palabras. Simplemente las dispara, una tras la otra, y la única cosa en la que puede pensar es en el hombre que ama y el chico que apenas está empezando a conocer.

Mira a Harry y Sirius juntos, Neville se apareció entre ellos, y de repente hay destellos de luces, verdes y rojas y amarillas, y de pronto desaparecen, regadas por distintas partes de la habitación. Cuando ve a Sirius de nuevo, está parado frente a Bellatrix, riéndose, sus ojos oscuros y su mano con la varita levantada.

En un instante, Sirius está cayendo, y en menos de un segundo, Sirius se ha ido.

Escucha a Harry gritar, lo mira tropezar, y sus brazos se extienden, atrapándolo. Jala a Harry de vuelta, sosteniéndolo, porque es lo único que le impide seguir a Sirius él mismo.

El velo se extiende hacia delante y atrás, y no hay nada.

Remus cierra los ojos, agarra el brazo de Harry con más firmeza, y se dice a sí mismo que va a estar bien.