Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son propiedad de Suzanne Collins.
Una noche en el Majestic
Capítulo 6
Woodmere, 1915
"Maldito botón" farfulló Peeta al notar como el último botón de su camisa se había desprendido y rodaba por el piso de madera de su cuarto hasta perderse debajo de la cama. Bufando se agachó y tanteo el suelo. De pronto sus dedos rozaron una superficie metálica y fría, como una vara. Con cuidado sacó el objeto de allí. Era un reloj de malla de oro. ¿Qué diantres hacia un reloj de tamaño valor bajo su cama? Levantó las cobijas y asomó la cabeza. Otros relojes había allí, similares al que había encontrado, también algunas joyas y pañuelos de seda.
El crujido de las madera bajo unos pasos lo puso en alerta y rápidamente devolvió el reloj a su sitio. Si bien tenía muchas dudas, una sola respuesta vino a su mente. Ashton. La cuestión era, ¿por qué?
-¡Peeta!- oyó decir a Fred, su hermano mayor.- ¿Te apuntas a un partido rápido de baseball? Iremos con unos colegas del mercado al parque.- La cabeza rubia de Fred asomó por el marco de la puerta de su dormitorio. La sonrisa bonachona de su hermano era idéntica a la de su padre y siempre lo reconfortaba luego de los maltratos de su madre, cuyo hijo predilecto era el del medio.
-¡Claro!- respondió Peeta. Metió su camisa en sus pantalones, olvidando el asunto del botón, y luego calzó sus tiradores marrones. Tomó el guante de la repisa y salió tras las pisadas de Fred.
Estaban por salir, cuando su madre los intercepto.
-¿A dónde van tan apurados, jovencitos?- inquirió secamente.
-A jugar baseball- respondió Fred
-¿Y Ashton?
-Ha salido muy temprano hoy, todavía no ha vuelto, no sabemos dónde y hemos tenido que hacernos cargo de su recado de pan- respondió esta vez Peeta.
-Ha de estar con alguna moza- respondió Ethel, esbozando una pequeña sonrisa- Apuesto que la hija del pescadero ha desplegado sus encantos en él.
Peeta le echó una mirada rápida a Fred y este rodó los ojos. Su madre nunca se cansaba de remarcar cuán guapo, atractivo y bueno era su hermano mellizo. Pero Peeta sabía que Ashton era un lobo con piel de cordero, lo había vivido en carne propia.
-Supongo- masculló Peeta, con ligero fastidio.
-Él ha sabido siempre elegir lo mejor- dijo Ethel- No como ustedes dos, una mucama- miró a Fred- y una lavandera de la Veta- sus ojos azules, fríos como el hielo, se clavaron en los de Peeta.
-Pienso casarme con Bonnie, te guste a ti o no- desafío Fred, cruzándose de brazos, erguiendo su altura, adquiriendo un aspecto feroz. Su hermano no toleraba que Ethel criticara a Bonnie por ser una simple mucama.
-Haz lo que quieras- resolvió su madre- ¿Y tú? ¿Sigues penando por la lavandera? De seguro huyó de la Veta con algún muchachito de allí. Embarazada seguramente.- dijo mordazmente.
-¡Calla de una vez!- gritó Peeta indignado- ¡No sabes lo que dices!
-¿Cómo te atreves a levantarme la voz, mocoso?- gritó en respuesta su madre, sin mezquinar un golpe en su mejilla.
-¡Mierda!- espetó Peeta, tomando la mano de su madre cuando iba por el segundo golpe-No soy un chiquillo, ni se te ocurra volver a pegarme, ni hablar mal de Katniss, ni una mierda.- soltó bruscamente a la mujer.- Vámonos, Fred.
Estupefacto, Fred siguió a su hermano. Llegando al parque, Peeta aminoró la marcha. Fred se detuvo a lado.
-No aguanto más esto, Fred. Me iré de casa.- dijo Peeta con voz grave.
-No es necesario, Peeta, ya se calmará.- consoló Fred, mirándolo con gesto preocupado.
-No lo hará. Y no pienso controlarme si vuelve a levantar calumnias en contra de Katniss.
-¿Sigues enamorado de ella? Ya ha pasado un año…
-Por supuesto que sigo enamorado de ella. Y su ausencia está volviéndome loco… Lo único que puede averiguar es que marchó a Inglaterra.
-¿A Inglaterra? ¿Qué hace en Inglaterra, en plena guerra?
-No lo sé… Dios, Fred, si esa noche no me hubiera demorado tanto ahora ella y yo…
-Estarían juntos- completó su hermano.
-Estimo que sí, o al menos me hubiera esforzado más en tratar de conquistarla… Tenía todo planeado… Casarme con ella y montar una panadería en el otro extremo de Woodmere.
-¿Hubiera aceptado ser panadera?
-No lo sé… Soy un hombre enamorado, Fred, si ella me hubiera dicho que fuera pescador, me habría apuntado al primer barco pesquero que viera.
Su hermano rió imaginando a Peeta en alta mar, mareado por el oleaje.
Llegada la noche, corroboró que el botín se encontrara aún bajo su cama e ideó un plan, seguiría a Ashton y lo atraparía con las manos en la masa. "Un favor se paga con otro favor", pensó Peeta maliciosamente, mientras se acomodaba en su cama, fingiendo dormir, esperando el momento que su hermano hiciera algún movimiento. Tal y como suponía, a la media noche, Ashton se levantó sigilosamente y tanteó bajo su cama; Peeta contuvo la respiración. Retiró los objetos y se marchó. El más joven aguardó unos instantes antes de salir de la cama, con premeditación se había acostado con la ropa puesta. Sintió el rechinido de la puerta trasera y rápidamente se asomó a la ventana para divisar que ruta tomaría su hermano. Veloz cual saeta se apresuró a seguir los pasos de éste.
Al cabo de quince minutos, Peeta estaba escondido tras un auto mirando la entrada del antro donde se había metido su hermano. Se acomodó su boina verde y se apresuró a ingresar. El lugar esta atestado de personas, borrachos, jugadores, meseras y prostitutas, el humo y el ruido lo sofocaba. Algunas mesas más allá detectó a su hermano, apostando y usando el botín como dinero. Pidió una cerveza en la barra y se quedo allí, oculto tras una columna, observando, esperando. Unas manos de póker más tarde, Ashton se había alzado con una buena suma de dinero, pero al parecer sus compañeros de juego no estaban muy conformes, por lo que rápidamente tuvo lugar una pelea. Peeta estaba decidido a no intervenir.
-Chico, ¿no te apetece pasar un buen rato?- escuchó una voz sugerente y femenina atrás suyo.
-No, gracias.- respondió Peeta, volteándose para ver a la mujer.
-Vamos, encanto. Te prometo que la pasarás bien.- insistió la mujer, sonriendo de costado.
-No.- frunció el ceño, aquel lugar lo fastidiaba demasiado. La mujer rió ante su negativa y se apresuró a darle un beso rápido sobre los labios. Peeta suspiró frustrado y salió de allí.
La mañana siguiente Ashton amaneció con un ojo morado y fue motivo de discusión en la mesa del desayuno de la familia Mellark. Ethel estaba visiblemente molesta y no dudo en acusar al menor de los hermanos de la agresión. Tras una breve discusión, Peeta salió de su hogar más enojado que el día anterior, maldiciendo a su madre y su mala suerte.
-¡Extra, extra!- gritaba el niño pregonero en la esquina de la plaza central de Woodmere- ¡Atraco en la residencia Crane!
Peeta pasó al lado del niño y algo llamó su atención. Compró uno de los periódicos que ofrecía el pequeño y descubrió con asombro la noticia del robo. La familia Crane era una de las más adineradas de Woodmere, el señor Seneca Crane era un importante petrolero que prefería la vida tranquila de Nueva Orleans. Pero no era la vida de Seneca lo que al joven rubio le llamó la atención, sino las fotos y la descripción de las joyas y relojes. Eran los mismos que había encontrado bajo su cama el día anterior. Sin dudarlo echó a correr a su casa, rogando que su hermano estuviera fuera, haciendo el recado del pan. Ashton no estaba. Cuando toco el botín bajo su cama, sonrió. Finalmente la suerte estaba de su lado.
Sin dudarlo y con toda la frialdad que podía concebir en su ser, entregó a su hermano, quien, tras una ardua investigación, fue sentenciado a prisión.
-¡Me las vas a pagar, Bebe Peeta!- gritó Ashton la tarde que fue apresado, mientras trataba de zafarse del agarre de la policía.
-¡Lo que tu digas, imbécil!- respondió Peeta, cruzándose de brazos. Volteó a ver a sus padres. Su padre tenía el rostro contraído en un gesto que denostaba furia y tristeza al mismo tiempo, su madre no dejaba de llorar.
Seneca fue generoso en su recompensa con Peeta y decidió regalarle una suma de dinero.
Pasado un tiempo, el ambiente en su hogar era insostenible. Su madre oscilaba entre la depresión y la furia, sobre todo para con él, por lo que todo el tiempo sentía que estaba en medio de un reguero de pólvora con un fosforo en la mano. Su padre estaba más serio que de costumbre.
-Padre, ¿puedo hablar contigo un momento?- preguntó Peeta, una tarde mientras terminaba los glaseados.
-Por supuesto, pequeño- respondió su padre, con un tono amoroso que Peeta había añorado los últimos tiempos.- ¿Qué sucede?
-Voy a comprar unas tierras en Nuevo México.- respondió seriamente el rubio.
-¿Cómo dices?- preguntó Klein con estupor.
-Qué voy a comprar unas tierras, me marcharé de aquí.
-Peeta, hijo, sabes que no te culpo por la manera de obrar de tu hermano, has sido correcto y noble en tu manera de actuar… pero no hay necesidad de que te vayas.- explicó Klein.
-No es por eso que deseo marcharme.- murmuró Peeta- Simplemente deseo emprender mi vida de una vez y Woodmere encierra muchos recuerdos amargos por el momento.- agregó, perdiendo la mirada en el gran ventanal. Klein no necesitaba demasiadas explicaciones para comprender la pena de su hijo.
-Entiendo. Has como tú desees, Peeta, eres ya mayor y te he educado bien. Confió en que serás un gran hombre. – dijo Klein, pasando su brazo por los hombros de su hijo menor. Peeta no dudó en abrazarse a él.
-Yo no te defraudaré, papá
-Nunca me defraudas, Peeta.
Chicago, 1920
Cerró las últimas notas de su canción con una magnifica sonrisa, que lentamente se fue apagando en su rostro. El público inexistente le propinaba mudos aplausos. De pronto sintió la calidez de unos labios en su cuello y aquel roce la hizo salir de la ensoñación que siempre sentía cuando ensayaba en el escenario del Majestic. La sala estaba vacía, dado que era muy temprano en la mañana, pero su noche de insomnio la había hecho madrugar.
-¡Gale! Me asustaste. No hagas eso- exclamó Katniss, mientras volteaba a ver al joven moreno que la miraba con una sonrisa en sus labios. Gale se desplazaba con pasos tan ligeros que era imposible sentirlo venir. Katniss atribuía aquello a los días de cacería con sus hermanos en los bosques de Viena que él con tanta añoranza recuerda.
-Lo lamento, Catnip.- dijo Gale- Pero tu cuello se ve tan deseable esta mañana. –Y arremetió nuevamente contra él. Katniss no dudó en apoyar sus manos contra el pecho de su compañero, percibiendo su marcada musculatura bajo la fina tela de su camisa.
-No lo hagas.- suspiró, mientras sentía nuevamente los labios posar allí. Su relación con Gale era más que extraña. Eran amigos, sin embargo la atracción física entre ellos era innegable, pero para Katniss aquello no ibas más que de eso, el plano de lo físico, pero tenía sus serias dudas respecto de Gale. Jamás había ido más allá de estrechos abrazos y miradas significativas. Pero aquella mañana él parecía estar decidió a ir por más y Katniss debatía en cómo detener la situación. Era el carácter explosivo del joven el aspecto que, quizás, más aborrecía de él.
-Catnip, yo…- murmuró Gale, mientras atrapaba su fina cintura.
-Shh..- lo calló Katniss, posando uno de sus dedos en sus labios.- Vamos a ensayar. Este sábado tenemos que actuar en el cumpleaños de la hija del alcalde y no podemos cometer ningún error.
-Pero Katniss…- comenzó nuevamente el joven
-Ningún error, Gale.- repitió ella, ahora libre de su agarre.- O el jefe nos colgará a todos del pescuezo.
Gale profirió un bufido y se alejó de allí, dejándola nuevamente sola. Se bajó del escenario y comenzó a recorrer las filas de mesas y sillas. Nuevamente acogida por la soledad del lugar comenzó a cantar de nuevo, pero esta vez con un tono diferente.
En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce,
hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;
recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo
y, cuando los abras, el sol estará en el cielo.
Este sol te protege y te da calor,
las margaritas te cuidan y te dan amor,
tus sueños son dulces y se harán realidad
y mi amor por ti aquí perdurará.
En lo más profundo del prado…
-Qué bonita voz tienes, preciosa- una voz masculina se oyó desde la entrada. Katniss volteó rápidamente y sus ojos se anegaron de lágrimas.
-¡Haymitch!- exclamó y corrió hacia el hombre de aspecto descuidado-¡Oh, Haymitch! Pensé… pensé que habías muerto- sollozó
-Hierba mala nunca muere, preciosa.- luego de un breve abrazo y, tomándola por los hombros se dedicó a contemplar su rostro.- Estas preciosa, preciosa. Pero dime, ¿Cómo lograste llegar hasta aquí? Luego del bombardeo perdí tu rastro…
-Es una larga historia.- respondió Katniss suspirando.- Ven, te contaré. Apropósito, ¿qué haces tú aquí?
-Negocios.
-¿Con Snow?- preguntó curiosa. El rostro de Haymitch mostró un gesto tenso.
-¿Snow está aquí?
-Es el dueño del Majestic.
Haymitch guardó silencio un momento. Luego miró con cierta preocupación a la joven.
-Sírveme un whisky, preciosa. Quiero saber tu historia.
-No puedo servirte alcohol, Haymitch. La ley seca…- respondió Katniss.
-¡Al cuerno con esa ley! Si Cornelius Snow es dueño de este lugar, entonces Cornelius Snow sirve alcohol. Con o sin ley.-masculló Haymitch mientras se sentaba en una de las sillas mullidas.
Katniss revoleó los ojos, sabiendo lo irracional que se ponía aquel hombre sin su ración de alcohol. Se perdió tas la barra, violando el lugar sagrado de Gross, el cantinero del Majestic, quien cuidaba celosamente su barra, a sabiendas de la ley. Al cabo de unos segundos volvió con un vaso lleno del líquido ambarino.
-Gracias. Sigues siendo una buena niña- dijo ahora risueño Haymitch.
-Ya no soy una niña- respondió Katniss, falsamente ofendida.
-Para mí siempre lo serás- le dio un largo sorbo al trago- ¿Y bien? Perdí tu rastro luego de que el zepelín alemán dejara caer la primera bomba.
-Estaba en la puerta del Victoria's cuando sucedió aquello, con algunas bailarinas nos refugiamos tras las boleterías.- explicó ella- Cuando terminó estaba tan aturdida que no sabía qué hacer, solo veía escombros y heridos, por lo que me apremié a auxiliar a las personas que estaban en las cercanías, recordando algunas cosas que me enseñó mi madre.
-Siempre tan servicial- dijo Haymitch.
Katniss lo miró de mala manera.
-¿Y qué hay de ti?
-Pues para serte sincero, estaba tan ebrio al momento del bombardeo que cuando la policía me ayudó a salir de entre los escombros, me llevaron a un hospicio. Entre las heridas y la resaca, desperté dos días más tarde sin saber ni quien era ni donde estaba.
-¿Estabas ebrio cuando ibas a buscarme?- preguntó indignada.
-¡Hey! Te había conseguido una audición para el Holland's Leaguer tenía que celebrarlo de alguna manera- exclamó el hombre, levantando las manos.- No te enfades, preciosa.
-Todos estos años lamentando tu perdida- dijo Katniss molesta.
-Lo lamento. Cuando me dejaron ir, habiendo confirmado que lo mío no era demencia, sino resaca, te busque por todas partes. ¿Dónde diablos te metiste? Fui a varios hospitales, a la morgue ¡incluso al cementerio!
Ella rió imaginando a un Haymitch desesperado llamándola por las calles.
-Cuando la policía llegó, me apresaron, después de todo estaba en la puerta de un burdel con ropa algo llamativa. Estuve en prisión cuatro días hasta que descubrieron que lo mío era solo cantar. Por las molestias causadas me exigieron hacer tareas comunitarias, y en vista de los heridos que había atendido, me dieron una plaza en el St. Mary. Comencé como una asistente y luego llegue a enfermera.
-De cantante de burdeles a enfermera, tu madre debe estar orgullosa de ti- rió Haymitch.
Nuevamente lo fulminó con su mirada gris.
-Eso no viene al caso- masculló Katniss.
-¿Y luego? ¿Cómo terminaste trabajando para Snow?- preguntó el hombre, ahora serio.
-Bueno. Conocí a alguien mientras trabajaba en el hospital.- respondió ruborizándose-Él y yo…
-¡Haymitch Abernathy! ¡Pensé que estarías muerto!- gritó una voz desde la entrada. Ambos voltearon a ver, para encontrarse con la verde mirada del señor Snow.
-Vaya. La gente realmente quiere verme muerto- masculló Haymitch por lo bajo haciendo una mueca- Cornelius…
-Muchacho, lamento mucho lo de tu esposa. Era una bella mujer.- dijo Snow, palmeando la espalda de Haymitch con deliberada fuerza.- Veo que has conocido a mi nueva adquisición.- agregó, dirigiendo una mirada maligna a la joven.
-Ya la conocía.- respondió secamente el hombre.- Si. Effie era una hermosa mujer- agregó con un dejo de tristeza.
A los ojos de Katniss, rara vez Haymitch había mostrado algo diferente a la hosquedad, la sorna o la burla, sin embargo el simple hecho de mencionar a su difunta esposa lo hacía entristecer, mostrando su lado más humano. Sabía que su esposa había muerto en un accidente, al menos eso le había contando él en una ocasión, cuando lo descubrió mirando con ensoñación el pequeño relicario que llevaba escondido entre sus ropas. Recordaba el dulce rostro de una mujer con los cabellos claros recogidos en un esponjoso rodete.
-Señorita Grant, ¿no debería estar practicando sus pasos de baile? Apuesto que señor Hawthorne está esperándola ansioso.- señaló Snow- Con el señor Abernathy tenemos mucho de qué hablar.
No esperó más y se marchó de allí. En el salón superior del Majestic la esperaba el grupo de baile. El matrimonio ruso Ivanov, Cato y Clover, calentaban juntos con la profunda seriedad que los caracterizaba. Cato era alto y esbelto, pero de movimientos agiles, mientras que Clover era más bien baja y menuda, con el cabello oscuro cortado a la altura del mentón. Sus expresiones serias les otorgaban un aspecto ligeramente amenazador bajo el cual Katniss solía sentirse algo intimidada. Los escucho intercambiar algo en su ruso natal, ella sonaba algo molesta, mientras le echaba miradas furtivas a Glimmer, una despampanante bailarina francesa.
-¿Lista?- escuchó la voz de Gale detrás suyo y se sobre saltó de nuevo.
-Si vuelves hacer eso de nuevo, te mataré. Lo juro.- masculló molesta.
-Si haces eso irás presa. Allí no te llegaran tus bonitos regalos.- puntualizó él, dirigiendo la mirada a la pulsera que ella lleva en esa ocasión.
-Cállate- respondió, más molesta aún.
-Apropósito, ¿Quién es tu pretendiente ahora?- preguntó Gale, bajando la voz-La joya que llevas no se ve tan ostentosa como en otras ocasiones. ¿O ya se dio cuenta de que las vendes o esta vez te esta cortejando un pobretón? A Snow no le gustará eso.
-A ti que te importa.- respondió Katniss, entre dientes- Lo que a Snow le guste o no, no es mi problema.-Eso era mentira y lo sabía.- Vamos a ensayar.
-Catnip- la llamó tomándola de la muñeca.- Podríamos huir, ¿sabes? Este país es lo suficientemente grande para escondernos. Tú y yo.
-Es una locura. Nos buscaría sólo para tener el placer de matarnos. Lo sabes. Recuerda a la pobre Lavinia. – Se mordió el interior del carrillo pensando en la joven y bellísima bailarina rusa que había llegado a bailar en el Teatro Bolshói, luego de una lesión había terminado sus días de baile en las salas para cabellos, donde conocería a Cornelius Snow. Lo que Lavinia no sabía es que cuando trabajara para él, jamás podría dejarlo, se convertiría automáticamente en otra pieza más de sus negocios. La muchacha, ingenua como pocas, se enamoró de un joven solado que frecuentaba uno de los salones, él la convenció de irse juntos y establecerse al norte de Francia. La noche que Lavinia decidió comunicarle a Snow que se retiraba se encontró con la peor de las respuestas que solía dar su jefe, a la mañana siguiente la encontraron muerta en el callejón trasero del teatro. Cuando le comunicaron a Snow lo que había sucedido, fingió dolor, pero tras puertas cerras del teatro se dirigió a su notable elenco: "Nadie abandona el juego, hasta que yo decido que abandone el juego".
Gale meneó la cabeza. Seguramente volvería a insistir con aquello de huir en otro momento. Katniss suspiró y fijo la mirada en su nueva pulsera, una fina cadena de oro con una perla por dije. Había encontrado el regalo la noche anterior, luego de su actuación, sin ninguna nota ni referencia. Sin embargo solo con verla supo que era perfecta y sencilla, se sentía muy identificada con una joya tan simple. La intriga por saber quién se la había obsequiado se alojaba en su pecho.
Hola! Cómo están? Espero que muy bien! Capítulo nuevo, vamos lentamente llegando a lo bueno! :)
Muchas gracias por los nuevos follows y favoritos, ni que hablar de los reviews y los lectores silenciosos (tengo cerca de 400 visitas ni yo me lo creo jajajaja)!
Edy: Qué puedo decirte? Amo a Finnick y es mi misión hacer que más gente lo ame! jajajaja Muchas gracias por el review! :)
KoyukiBetts: Me alegro que te haya gustado la portada y la idea de que Finnick tuviera una hermana, elegí a Maysilee por lo mismo que tu has puesto, si bien no es 100% el mismo personaje, decidí hacerle justicia. Realmente tenía muchas dudas sobre como iban a reaccionar al ver que Katniss no estuvo todo el tiempo penando por Peeta, me reconforta saber que no fue una mala idea; ella intentó rehacer su vida, después veremos que no todo fue color de rosa. Muchas gracias por el review! :)
Saludos,
Ekishka
