Disclaimer: Ni los personajes ni la historia es mía, esta es una adaptación y los personajes son de Meyer.
Este capitulo va dedicado a Valmich, por sus geniales reviews que me animan más a continuar esta historia. Un besote!
Capítulo 6.
Alice interrumpió a través de la puerta de mi habitación la mañana siguiente mientras me estaba vistiendo. –Quizás veo las cosas equivocadas ahora que me concentro. Creo que necesitas tener un pasatiempo, −anunció−. O encontrar un lugar fresco para pasar el rato.
No me gustó como sonó eso, − ¿Para qué?
− Si haces algo interesante, las cosas querrán conocerte. Quizás serías más feliz.
− ¿Quién dice que no soy feliz?
Alice rodó los ojos. –Por favor. Soy tu hermana. Puedo decirlo. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste amigos o fuiste a una fiesta?
−Quizás prefiero la compañía que ya tengo, −dije. Esta clase de conversación no tomaba en cuenta lo que vestía o lo que alguien diría de mí. Era del tipo donde necesito contar con un cambio del corazón.
−Claro, −dijo Alice, suspirando−. De todos modos, primero deberías…
Antes de que ella pudiera continuar, hurgué en el armario donde podía pretender ser sorda. En la oscuridad polvorienta, aplastada entre un par de suéter y un par de pantalones de pana, mi respiración era más fuerte que su voz. Todo allí olía al suavizante de telas que Reneé usa desde que era una bebé, suave y polvoriento. Cuando era pequeña, lavaba mis sábanas cada semana y mi cama olía así. El olor en los días que estaba enferma, recostada en mi cama con mamá arropándome, soplando aire frio mientras depositaba un beso fantasmal en mi frente caliente. Si me hubiera quedado el tiempo suficiente, la presión cálida de la ropa me hubiera hecho sentir como si realmente tuviera fiebre.
Esta vez, recordando esos momentos con mi mamá, me hizo pensar en Edward. O más bien en la madre muerta de Edward.
Toda la cosa que pasó ayer había sido por ella, por supuesto. Para eso era los libros. Pero él había sido tan persistente en hablar conmigo. ¿Cuánto sabe él? ¿Y si sabe todo?
Un lado de mi rostro se estremeció mientras Alice se filtraba a través de la ropa y se acercó a mí. − ¿Estás bien, Bella? –preguntó.
Salí del armario con una sudadera color vino y unas cargaderas negras –Estoy bien−dije.
¿Era posible que Edward hubiera visto a su madre como la primera vez que yo vi a Alice? ¿Y si era por eso que quería hablar conmigo? Pero estas preguntas sólo me llevaban de regreso a la primera− ¿Cómo es que sabe algo sobre mí? Si es así, estaría lo bastante jodida si me dejaba al descubierto, que otras personas se enterara, también. O a lo mejor no le creían, o pensarían que estoy loca, ¿Quién sabe?
Alice frunció el ceño por mi elección de ropa. ¿Es que no se cansaba?
−Siempre usas cosas que son tan oscuras, ¿Por qué? –dijo, y antes de poderle responder siguió−. Es deprimente. ¿Qué tal un poco de color por una vez?
−Sí, sí, −dije, tambaleándome para ponerme los jeans−. Y no se te olvide lavarte detrás de las orejas y el hilo dental después del desayuno. Ya tengo una mamá, gracias.
Alice me miró fijamente, con sus ojos muy abiertos. Luego parpadeó y se lanzó hacia el suelo.
−Lo siento, −dije rápidamente. No podía ver su expresión, pero no era necesario. Creo que me pasé esta vez. Observaba esos discursos de Reneé alrededor de la casa. Había estado allí cada vez que irrumpía en mi habitación llorando "¡Ella no quiere hablar conmigo! ¿Por qué no me habla?" y se lanzaba al suelo. Ese hecho le tomó a Alice una eternidad comprenderlo. Yo tenía una madre, y ella ya no, ya no.
Ella ha estado lejos mucho tiempo, ¿verdad? –dijo Alice. Me miró, con sus ojos hundidos en las sombras torpemente a mi lado. ¿Cómo podría consolar a alguien a quien no podía tocar?
−Sí, −dije−. Como de costumbre. Papá dijo que podría estar en casa el fin de semana. Está en el calendario.
−Correcto. Como de costumbre, −sus labios sonreían, pero el resto de su rostro no, se me vino a la mente la imagen de Edward.
No es que me importara que mamá regresara. Ella estaría tan lejos como Alice lo está ahora. Está lejos de todos los que viven, excepto de mí. Estuve tan enojada con Alice por sacarme de su vida en aquel entonces, y ahora soy yo todo lo que tiene. Esto no es exactamente la manera en que quería que fuera. O lo que Alice hubiera elegido si la playa le hubiera dado una opción.
−Sabes, −dije−. Creo que esta ropa necesita algo, −abrí un par de cajones, buscando hasta que encontré algo. Una bufanda de algodón fino, azul cielo, que Reneé me había traído de Grecia o Suecia o alguna parte. El rostro de Alice se iluminó cuando la usé alrededor de mi cuello. Le modelé.
− ¿Qué tal este color?
Estaba segura de que no combinaba con mi blusa, y que Alice lo notaría, pero ella sonrió de todas formas.
−Perfecto.
Ella se deslizó conmigo hasta la cima de la escalera y se detuvo. Charlie estaba abajo en la cocina, comiendo un poco de su tortilla de desayuno, espero que no esté chamuscada.
−Nos vemos, −dije en voz baja, y me dirigí a la puerta principal.
Afuera, todo olía a tierra, arrugué mi nariz. Llovió otra vez ayer por la noche, y el aire se sentía como una toalla húmeda y fría sobre mi piel. Me apresuré hacia mi camioneta, y me dirigí hacia el instituto, tratando de no pensar en el hecho de que estaría atrapada en el mismo edificio que Edward todo el día. Hay muchas oportunidades de que me arrincone. Había muchas cosas que podrían hacerme temblar cuando trato de imaginarme discutiéndolas con él. Si lo supiera, si alguien más lo supiera… lo importante era. ¿Cómo iba a lidiar con eso? ¿Sería mejor negar todo?
Giré en la esquina y vi el edificio de la escuela a la vista. Un par de estudiantes de último año se habían apropiado de los lados de las escaleras.
Ellos estaban apoyados contra el barandal, unos de las manos. Vacilé en el borde del césped, repentinamente no quería darle la cara a nadie. Por costumbre, mi mirada de deslizó al pequeño árbol que estaba cerca del borde de la acera. Sus ramas se movían por el viento.
Si parpadeaba, casi podía hacer que viera a Ben. Su espalda rígida debajo de su camisa blanca almidonada, sus brazos cruzados remilgadamente sobre un escritorio que no estaba allí. Extraño lugar para imaginar un escritorio, pero el árbol había sido su lugar favorito. Cada persona muerta parece tener un lugar favorito. Puede ser que se vayan por unas horas de vez en cuando, pero nunca se mantienen alejados por mucho tiempo. Para Alice era nuestra casa, para Jacob, era el segundo piso del instituto, para Jessica el corredor fuera del gimnasio, y para Ben, frente al césped, especialmente ese árbol.
Él había sido un chico agradable, Ben. Recogía los chismes de los padres, escuchando los murmullos que intercambiaban en los autos mientras dejaban a sus niños. Creo que a él le gustaba pretender que ellos eran todos sus padres, también. Algunas veces, incluso pareaba a casa de los niños después de la escuela, pero nunca hablaba de lo que veía. "Esas cosas son privadas", me dijo una vez, su cara delgada incluso más seria de lo usual, cuando estábamos sentados debajo del árbol a la hora del almuerzo, como a menudo lo hacíamos.
Teníamos un montón de opiniones sobre lo correcto y lo incorrecto, y no tenía miedo de compartirlo. Era genial.
Los chicos de Forks, los que viven, podrían haber aprendido mucho de él sobre honestidad. De cualquier muerto, realmente.
El junio pasado, él había estado aquí. En el verano, incluso, lo vi vagando un par de veces, sintiendo su brisa. Pero en septiembre, en mi cumpleaños, caminé hacia el árbol, y él se había ido. El olor a té que siempre estaba en el aire, a pesar de cuando él no estaba en el árbol, eso se había ido también. No lo he visto desde entonces.
Supongo que tiene sentido que los muertos vayan a otro lugar, eventualmente. Quiero decir, la mayoría de las personas desaparecen hacia lo desconocido al segundo que dejan de respiran. Pero él era la única persona muerta que conocí quien había estado aquí y luego ya no.
De pie sobre el césped de la escuela, frotando una de las hojas contra mi pulgar, sentí mis ojos llorosos. Negué con mi cabeza, tratando de no sentirme así. Este no era un lugar para ponerme melancólica.
Los estudiantes que estaban por la escalera comenzaron a moverse. Uno de ellos dobló por la esquina, y los otros entraron a la escuela. Suspiré. Podía manejar lo que sucedió, podía manejar lo peor. Mis botas aplastaron el lodo mientras caminé hacia la puerta principal. Empujé la puerta hacia adentro y me dirigí hasta las escaleras.
El pasillo fuera del gimnasio estaba vacío, pero la práctica habitual de basquetbol de las mañanas estaba en su apogeo. La voz del entrenador hacía eco a través de las puertas, y las pelotas golpeando el suelo de madera. Una chica salió del gimnasio y trotó hacia la fuente por agua, su rostro estaba brillando por el sudor. Caminé junto a ella, hacia la cabina telefónica.
Jessica salió disparada de la pared como si ella hubiera sido lanzada desde una catapulta. Se dio una vuelta alrededor de un pie y siguió con un baile. –Sabía que estabas aquí, −dijo− solo lo sabía.
Bostecé, cubriendo mi boca con mi mano.−Estoy aquí, −concordé−Jodidamente temprano.
−Bueno, tengo cosas que decirte, −puso sus manos en sus caderas y meneó su cintura de un lado a otro−. No tan buenas como ayer, por supuesto, pero es duro superar eso, ¿verdad?
−Correcto, −dije, levantando mi estado de ánimo. La cosa con Edward me había mantenido tan ocupada que casi olvidé cuán cerca estaba de ver a Rosalie caer−. Entonces, ¿Qué pasa?
−Bueno, está este chico… cabeza rapada, grandiosos músculos, usa una camisa de beisbol todo el tiempo… Él estaba diciéndoles a sus amigos…
Mientras ella hablaba, escuché una puerta del pasillo. Quien sea que la sostenía hizo una pausa y se inclinó sobre ella, mostrando el ángulo de un hombro a través de la ventana. Una voz de mujer chilló, −Oh, no lo sé. ¿Qué piensas tú, Edward?
Corté la oración de Jessica con un "Shhht". Ella se agachó para echar un vistazo.
− ¿Qué? –preguntó, brillando con curiosidad.
−No importa. Tengo que irme.
− ¡Pero no he terminado de decírtelo!
−Regreso más tarde, y hablaremos mucho entonces. Lo prometo.
−Más te vale.
Acorté el camino a través de la cafetería y me dirigí hacia mi casillero. Mi corazón latía con fuerza. Cálmate, me dije. No era como si él fuera a correr por toda la escuela detrás de mí. Entonces a él le importaría más no asustar a la gente que puede verlo.
Pasé junto a un par de estudiantes por el pasillo. El olor del cabello de Jacob flotó en el aire, pero el chico no estaba a la vista. Debía de estar afuera de la práctica, eso esperaba. Él lo recordaría por un par de días más, y entonces yo tendría que recordárselo nuevamente. Podía tomar bastante conseguir algo sucio que yo pudiera usar. Emmett podría ser bastante tímido haciéndolo con Victoria ahora que Rosalie estaba en alerta roja. Él no utilizaría más el cobertizo, apostaría por ello.
Abrí mi casillero, y miré su contenido. ¿Qué clases tengo hoy? Había muchas cosas pasando; podía difícilmente pensar. Cerré mis ojos traté de empujar todo a un lado, aunque solo fuera por un momento.
Unos zapatos dieron vuelta en la esquina. Los suaves y espaciados pasos de alguien alto, todo lo supe por sus pies. Me di vuelta.
Edward deambulaba alrededor de una curva, pero se detuvo cuando me vio.
Mis opciones de irme revolotearon como las hojas cayendo por una ráfaga de viento. Podía callarlo antes de que él comenzara. Pero…
Lo miré parado torpemente, con sus manos dentro de sus bolsillos, y todos los comentarios que había pensado murieron en mi garganta. Lo que sea que Edward creyera de las cosas que las personas decían sobre mí, ahí estaba él frente a mí, en la escuela a esta hora, donde las personas podían verlo. Tenía que darle crédito por esto. Si él quería tomar otra oportunidad para decirme que diablos quería conmigo, quizás yo debería darle esa oportunidad. No le diría nada sobre mí y consideraba que él no era de confiar.
−Hola, −dije.
−Uh, hola, − Edward se pasó una mano por su cabello −. Yo… verás, de verdad lamento lo de ayer. Quiero decir… se salió de control.
−Sí, lo sé.
− ¿Podemos…? ¿Me das otra oportunidad de explicarme?
−Seguro. Escúpelo.
−Nadie está usando la oficina del consejo estudiantil en este momento, −dijo−. Podemos hablar allí.
Lo seguí por el pasillo y dando la vuelta en la esquina, pasando los salones de clases, hacia la pequeña habitación donde el consejo estudiantil hacía su trabajo. Edward sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta. Él la mantuvo abierta para que yo entrara. Había un par de sillones y una mesa de café en el medio, una computadora sobre un escritorio en una esquina, que, era la que Lauren usaba para chismosear en el periódico escolar, junto a un mini refrigerador a su lado. Me senté en unos de los sillones, barriendo a un lado las migajas de frituras. Edward se sentó en frente de mí. Se inclinó hacia mí, con sus codos apoyados sobre sus rodillas.
−Muy bien, −dije, yendo al grano−. Así que esto es sobre tu madre, ¿verdad?
Por un par de segundos, él perdió su lengua. Inhaló, lentamente. Supongo que lo sabes, un par de meses atrás…
−Ella murió, −dije, asintiendo−. ¿Qué te hace creer que tiene que ver algo conmigo?
Él miró sus manos, luego miró nuevamente hacia mí. No había rastro de la sonrisa de ayer. –creo, −dijo cuidadosamente−. Que tú sabes algo sobre esos libros que yo llevaba. ¿Eso es cierto?
Lo miré y no dije nada. Concordé escuchar, no hablar.
−Entonces, quiero decir, ¿Puedes hacerlo? Como, ¿Contactar con el más allá? O quizás conoces una manera, o conoces a alguien que pueda… sé que no es de mi incumbencia, pero de verdad es importante para mí.
Él sonó desesperado. Realmente desesperado. Una sensación que no pude reconocer. Corrí con mis dedos a lo largo del borde de la mesa de café, observándolo.
−Si hay alguna manera de que pueda hablar con ella, −continuó, las palabras salían apresuradas ahora−. Contactar con ella, verla, como sea que funcione, yo haría cualquier cosa. Sé que es algo extraño lo que pido. Pensé que existe la posibilidad de que tú puedas tener una idea.
Levanté mi mano y su boca se cerró. Así que él no podía verla, no podía escucharla. Solo quería hacerlo.
Y él no sabía lo que yo puedo hacer, sólo que podía hacer algo psíquico o mágico, nada en específico, solo lo suficiente para preguntar.
Mordí mi labio. Podía decirle que no sabía, que lo que hago no tiene nada que ver con esto, que debería tratar de hacer lo que los libros dicen, y quizás funcionaría. Él extrañaba a su mamá, y lo lamentaba, pero él era también Edward Cullen, VIP. Edward, quien aparte era un buen amigo de Edward, Mike y Rosalie y el resto de ellos.
Algo hizo clic en mi cabeza, y los engranajes en mi cerebro comenzaron a zumbar tan rápido que casi podía escucharlos.
Edward debería saber cosas sobre Emmett, sobre Rosalie, cosas que Jacob y Jessica nunca podrían enterarse. Esta era la llave del cofre, estaba en frente a mí. Si jugaba bien las cartas, podía obtener lo suficiente para mostrárselo a todo el mundo –sobretodo a Rosalie−para demostrar cuán lejos estaba de ser perfecta. Y Edward conseguiría lo que él quería al mismo tiempo. Y los dos seríamos felices. ¿Qué clase de idiota sería si dejaba pasar una oportunidad como esta?
Sería la clase de idiota que prefiera mantener las cosas en secreto.
− ¿Le has dicho a alguien? – le pregunté.
Su frente se arrugó. − ¿Decir qué?
−Sobre la cosa de contactar con los muertos.
Él tuvo el descaro de reírse. − ¿Estás loca? ¿Decirles a las personas que estoy tratando de contactarme con mi madre muerta? Sí, claro.
Claro que no. –No quería decir eso, −expliqué−. Quiero decir acerca de mí.
−No, no he dicho nada sobre ti.
− ¿Ni siquiera una pista? ¿Por qué tus amigos creen que me estas molestando?
− ¿Crees que ellos lo saben? –dijo, con un mueca de "¿de verdad le contaría a Lauren esto?" –A ellos ni siquiera les importa. De todos modos, esto no tiene nada que ver con ellos. Mira, no voy a decirle nada a nadie acerca de esto.
Tenía todos los síntomas de la sinceridad, también: manos crispadas, la mirada sin pestañear, el mentón desafiante.
−Tenemos que ser claros, −dije−. Si yo alguna vez escuche que has estado hablando de mí, y voy a saberlo si lo haces, conseguirás lo contrario de ayuda. ¿De acuerdo?
Él asintió.
−Y quiero que hagas algunas cosas a cambio, −vacilé y decidí dejarlo así. Había más posibilidades de que él eligiera irse con sus amigos si se enteraba de lo que estaba buscando. A pesar de lo que me ha contado de ellos, estoy empezando a pensar que pude conseguir al que podría darme más información, y al más guapo, pero eso no lo admitiría nunca.
Regresé a la tierra.
−Claro, −dijo−. Eso es justo. –Perfecto.
−No puedo garantizarte nada, −continué, midiendo mis palabras, no podía soltarle la bomba así −. ¿Tienes alguna razón para creer que tu mamá está atrapada aquí?
−Yo… no lo sé.
−Bueno, no puedo sólo chasquear los dedos. Mucha gente simplemente se va, y eso es todo. Hay una gran posibilidad de que no vaya a encontrar nada.
−Está bien, −dijo Edward, la esperanza brillaba en sus ojos verdes−. Sólo quiero intentarlo.
Dejé escapar un suspiro. –Siempre y cuando estés listo. Ella puso haber sido la mejor madre y aún así tomar un boleto de avión para el más allá sin pensarlo dos veces. Ellos son así.
Edward asintió, pero su rostro cambió. La parte de arriba, alrededor de sus ojos, comenzó a ceder, al mismo tiempo que su boca y su mandíbula se tensaba. Ese momento selló nuestro acuerdo. Lo miré, y fue como ver a Alice otra vez. Alice con ese rostro cuatro años atrás, cada vez que gritaba para intentar que Reneé la escuchara. Alice haciéndolo esta mañana cuando recordaba que mamá está lejos, otra vez, como siempre.
Una parte de mí decía que Edward no tenía derecho a verse de esa manera, tan perdido. Él tenía un padre, tenía toneladas de amigos, tenía esperanza. Si él tuviera una idea de cómo era, la manera en la que Alice estaba, son nadie más que yo y sin todas las personas que ella deseaba hablar, y yo ni siquiera la podía tocar.
Pero todo lo que yo sabía es que él podría estar fingiendo. Ni en un millón de años le diría algo.
−Muy bien, −dije−. Estoy dentro. Por ahora.
−Gracias –dijo Edward−. De verdad, gracias. Ya tengo un montón de cosas que, bueno, obviamente no puedo traerlas aquí –se removió incómodo en el sofá y miró hacia el reloj de pared. Creo que él podría llevarme hacia su madre ahora mismo si pudiera.
− ¿Nos vemos en el almuerzo? –preguntó.
Perder matemáticas me mataría, pero puedo saltarla esta tarde. Me encogí de hombros, si para el Sr. VIP estaba bien saltarse clases… −Está bien para mí –le respondí.
Holaaa! Volvii.. este cap fue eterno para mii! Jajjaa.. espero que les haya gustado! Que harán este par ahora? Gracias por los reviews, alertas y favs!
Nohemi: jaja tienes toda la razón! El no sabia que ella podía, solo sospechaba.. un besote! Kath: Edward no se rindió! Y por fin Bella lo dejo explicarse jaja, gracias y beso! Valmich: jajaja bueno no se sabe si el si esta fingiendo o no! Espero que te haya gustado el cap! Un beso! CaMuChI: muchas gracias! Me alegro que te guste! Este capitulo para mi fue uno de mis preferidos… junto con otros que vendrán! Cuidate! Mac Masen: muchas gracias! Me montiva mucho que me digan eso jajaja.. espero que te guste este cap! Un besote! AnaisDifi: jajaja si yo también me rei mucho con Jacob, y si! Edward quiere contactarse con su mama! Y no le importa acosar a Bella para lograrlo jajaja.. un beso! Melanie Stryder: jajaja no estas muy lejos! El solo sabia que hablaba con muertos, pero no sabia como! Y ya hicieron un trato, de parte de Bella fue bastante maquivelico! Jaja.. cuidate!
