Bueno, aqui cumplo con mi parte del trato, hermana xD

Ah! sorry por la demora (y con PE) pero veran que ando en finales y la escuela apenas y me da un respiro, sin mencionar que mi hermana considera que no debo usar la computadora mas que lo extrictamente necesario -haber como me las arreglo en vaciones- que para tareas...que mola¬¬

Ademas, que cuando tenia terminado este capi...descubri. que una escena no era justamente como yo la deseaba...y dale a reescribir hasta que quedo decente, espero les guste.

Adu, me tarde en cumplir con el trato. Por que mi "querida" computadora le dio por estarse apagando...me borro parte del archivo!!!!casi la tiro por la ventana y me arranco los cabellos...ahi me vez tratando de hacer que cooperara y ...restaurar el archivo T.T

pero aqui esta...Disfrutalo hermana!!! (y tambien los demas que leean) Este es el gran final, pero nos falta un prologo...espero les aya gustado...si no...aprieten al Go y diganme hasta de lo que mi perro se va a morir (tengo tres asi que cuentenlos xD) Hermana!!! me aprovecho para decir...quiero mas de "El Linaje de La Sangre" (seee...tambien es promo xD)

Waaa....seee ya....kises!! xD

Venganza y Amor

Ella permaneció de pie, imperita. Sus manos estaban llenas de sangre y su ropa manchada igual. Sus ojos, jamas se quitaron de su objetivo. Lo veía con el odio que aquel le correspondía

-Tu, me debes mucho- murmuro la vampireza hacia el vampiro Alfred-Es hora de que me pagues- Recuerdos, miles de ellos invadieron su mente, alimentaron su odio.

Su Lothian, sonriéndole

-No temas de mi-hablo con ternura

-No tengo miedo-hablo con voz segura, pero su cuerpo temblaba. Sin embargo, no podía regresar sin haberlo complacido, era eso o una tremenda tunda por parte de su dueña, su ama. La mujer que la compro a sus padres por unas cuantas monedas.

Aquel hombre le sonrió de manera consoladora

-No te haré nada- trato de acercar su gran mano a su rostro, por instinto, ella retrocedió. El bajo la mano, mas dolido que ofendido por aquel despliegue de miedo. Ella se arrepintió, tenia que hacerlo, aunque no quisiera. Sin más preámbulo, manteniendo su condena en su mente, se acerco a aquel inmenso hombre, que pese a las circunstancias, era exquisitamente atractivo. Sus ojos verdes, de alguna forma le recordaban el bosque en el que había crecido, al que quería regresar. Su cabellera negra, la oscuridad donde se sentía segura, el único lugar donde podía estar segura. El la recibió en un abrazo y ella trato de acercarse a sus labios, para su sorpresa el la evito. Observo sus ojos

-Tienes unos ojos muy peculiares-observo

-¿Son de su desagrado, mi señor?-hablo, odiándose por rebajarse en ser…simple mercancía

-No es el color lo que me ha llamado la atención- hablo sereno- Es la forma en que se expresan, decididos, soñadores, pero afligidos. Llevas muchos sentimientos en ellos, querida- bajo la cabeza

-Lo único que hay en mis ojos es mi devoción por usted-mentiras bien tratadas que su ama le había enseñado para ganarse las monedas. Con suma delicadeza el tomo su mentón con su gran mano y alzo su rostro, ella vio algo que distaba mucho de ser la mirada de un hombre que quería solo complacerse.

-Por favor, niña. Deja ese teatrito, me queda más que claro que tú no lo quieres, y no haremos nada, sin embargo. Necesito algo de ti-

-lo que usted pida, mi señor-a pesar de sentirse en parte tranquila-pues sabia que no serian noticias que alegraran a su ama- su voz siguió manteniendo ese tono monótono de un sirviente. El frunció el ceño

-Eres dulce, eres calida. A pesar de todo. ¿Qué es lo que quieres?-

-Complacerlo-respondió rápido, lo que le habían enseñado a responder. El negó con la cabeza.

-No, querida. Hablo en serio. Deja eso. Que es lo que deseas en verdad, con que sueñas. Que esperas-

-Yo…- Adunafael se sintió consternada. Nunca nadie le había hecho esa pregunta, ni siquiera ella misma, por lo tanto no sabía la respuesta-no lo se- dijo apenada, el le acaricio el cabello de forma paternal

-Si, lo sabes. Dímelo. Que quiere ese corazón tuyo-ella cerro los ojos, arrullada por la suave voz de el. Su mente viajo, como por medio de un encanto, al tiempo que era una niña y veía curiosa, como el sol se escondía y la luna salía, como la oruga entraba a la crisálida y salía convertida en una hermosa mariposa, como el fuego nacía y bailaba aportando calor, tantos conocimientos que deseaba. Recordó también el correr por los bosques, sentirse una mas de aquel mundo, esconderse entre ellos, nadar entres sus ríos

-Ser libre y…Quiero saber- murmuró con los ojos cerrados

-¿Saber?-repitió intrigado aquel guerrero

-Si, saber el nombre de las estrellas, por que el sol se oculta y vuelve a nacer. Saber que tan lejos puedo lanzar una roca antes de que caiga, que hace que las flores crezcan…saber-

-Interesante ambición para una joven- ella lo vio a los ojos para después agachar la cabeza

-Pero una ambición imposible. Mi lugar es aquí. Complacer a los caballeros hasta que mi cuerpo no les sirva mas, para después pudrirme en vida, hasta que al fin, la dama de la muerte venga y me salve de esto- le dolía, dolía demasiado. No importaba cuantas veces su mente representara aquello, yaciendo con cada hombre que tuviera para pagarla, diciendo que era lo que quería. Dolía más de lo que aceptaba, y no podía escapar, si lo hacía, tan segura como el sol se ocultaba, que su ama iría cobrarse con sus padres y si estos no tenían con que, sus hermanas pagarían el mismo precio que ella. Prefería sufrir ella, ha hacer que la dulce alegría e inocencia de ellas, a pesar de la guerra, se borrara por esta cruel vida.

-Yo también tengo una ambición, y creo que es tan imposible como la tuya-intrigada por la forma en que aquel caballero la trataba de comprender y sintiendo cierta ternura, pregunto

-¿Cuál es?- el acaricio su rostro, ella no se negó.

-Querida, he visto más de lo que mi alma, si es que aun no la he condenado, pueda soportar. Necesito abandonar esta oscuridad.-

-La oscuridad no es mala-

-Oh, querida, esta que me abraza cada noche, lo es. Se aferra a mi cada que el crepúsculo cae, y me susurra, que veré miles de ellos, pero aunque aya amaneceres, la oscuridad nunca caerá- la habitación, se hizo mas calidad. Adunafael culpo a la chimenea, pero el calor provenía de aquel ser, a pesar de su tacto frió, trasmitía calor. Cosa ilógica

-Entonces aléjala- se sentía tan cómoda en la oscuridad de la que el temía, que no era capaz de entenderlo

-No puedo querida, forma parte de mi ser, de mi existencia. Será asi hasta el final de los tiempos- Le extrañaba que usara el termino "mi existencia" en lugar de "mi vida" o que dijera "final de los tiempos" a "el final de mi vida". Antes de pensar que se viera o estuviera mal, ella alargo su brazo y acaricio el fuerte rostro de aquel ser, su piel era suave como el mármol

-No, no es asi. Tú eres libre, tú puedes tener lo que yo quiero. Disfrútalo entonces. Hazlo por los dos- el hombre rió

-Chiquilla inocente. Ojala fuera fácil, ojala entendieras- ella se enojo

-Lo entiendo, tu no quieres soltar las ataduras con las que yo fervientemente lucho, tu te aferras a ellas, mientras yo escapo, ese es el asunto- un haz de furia cruzo los ojos de el

-¿No escapo?-

-No, no lo haces-

-Claro que lo hago, lucho con su yugo. Pero la oscuridad es más fuerte, y la soledad la inmuniza ante mis intentos desesperados-

-¿Es cosa de soledad?-pregunto-Entonces, deshazte de ella. Aya quien te acompañe en la oscuridad-dudo por un segundo, pero las palabras se amontonaron en su labio- Yo misma, te ayudare. Ven a mí cuantas veces quieras. Eres bueno, lo veo. A pesar de todo veo luz en ti.¿Quieres alejar la soledad? Entonces ven a mi cuantas veces sea necesario para alejar la soledad y la oscuridad- lo abrazo. Era extraño, había estado nerviosa por este encuentro y ahora, no parecía querer alejarse de aquel hombre que la protegía con su sola presencia. El la abrazo más hacia si, sus ojos llenos de fervor. Hubo un espacio en que ambos permanecieron en silencio, midiendo el valor de cada uno

-No querida, no puedo ir a ti. Seria huir-medito- Mejor, ven tu a mi. Te daré la libertad y todo lo que quieras. A cambio, se mi salvación- no lo pensó, no lo dudo. Ni siquiera vio ventajas y desventajas. Simplemente asintió-

-Seré tu salvación, si tú eres la mía-

-Cambio justo de entrega-

-Amor-el sonrió. Le gustaba la palabra.

-Amor-dijo y se inclino hacia la calida piel de ella, donde su cuello lo esperaba para alimentarlo, donde el pulso le hablaba.

Cuando aquellos colmillos se clavaron, ella no sintió miedo ni sorpresa. Fue como haberlo sabido siempre, como haberlo esperado. Solo lo abrazo y lo dejo beber. Una especie de calor la inundo. Y al tiempo que ese calor la llenaba, se lo transmitía a el, esperando que la llama alejara la oscuridad cruel de Lothian.

Sintió su propia oscuridad abrazarla, sin embargo, no estaba asustada. Sintió a Lothian, el gran guerrero, abrazándola aun, sosteniéndola. Y aunque sus labios absorbían con fervor, escucho el suave susurro de su voz "no pasar nada, amor".

Acabo todo, se sintió recostada entre los brazos de el, cuando escucho la voz de su ama.

-¿Qué hace con ella?- espeto-Es mía-

-Ya no, la tomo como mía- la voz, llena de una posesión, que en vez de ofenderla, la llenaron de alegría. Era suya pero no como posesión, era suya por que el la quería, le amaba.

-Pague mucho por ella- lo sintió moverse, y luego el ruido de algo pesado al caer sobre una mesa de madera

-ahí hay dinero suficiente como para alegrar a todo un pueblo. Cubre la cuota- No oyó nada mas, sintió el frió de el aire, sintió la velocidad, pero estaba sobre una nube "Juntos hasta que asi tu lo desees, mi salvación, mi ángel" escucho al caballero murmurar y, le creyó. El la cuidaría, y ella a el. Solo cuestión de verse frente a frente y saber, que ambos eran lo que necesitaban y buscaban.

Dos noches mas, dos mordidas mas y entregarle su amor por sangre. Fu eso lo que basto para que Lothian la recibiera en su mundo con amor y la llenara de todo cuanto ella deseara, pero sobre todo, amor y protección. Jamas se arrepiento ni dudo, era lo que deseaba.

La primera de muchas noches dulces, la ultima de un futuro que pudo ser tormentoso. Todo lo que Lothian le entrego desde el primer segundo en que la amo aun cuando ella, no pudo protegerlo como quiso, cuando debió. Ya no.

Alimentada por todo aquello, se lanzo.

Sus manos como zarpas, lanzadas hacia delante al tiempo que rugía. Su odio, su fuente de ataque. Alfred fue rápido, pero no lo suficiente. Ella rozo su cuello con sus manos y un río de sangre salio. Manchándola a ella de la sangre de su enemigo al tiempo que una sonrisa aterradora aparecía en sus dulces labios. Estaba lejos de ser la chica dulce y pacifica. Un monstruo de verdad.

Alfred soltó un grito desgarrador, el dolor fue inmensurable, su garganta chorreaba, pero no lo detuvo

-Maldita zorra-murmuro, mientras su cuerpo se bañaba en su propia sangre. Se lanzo hacia delante y le dio un golpe de lleno a ella que la hizo caer hacia atrás, su labio sangrando. Apenas intento levantarse cuando su enemigo se lanzo sobre ella, la acorralo en el piso e inmovilizo con su gran cuerpo el de Adunafael, ella luchaba por quitárselo de encima.

Se lanzo contra su cuello pero ella logro safarse y logro protegerse con el brazo izquierdo, aun asi, los colmillos de Alfred se hincaron en la piel de ella. Profirió un gruñido de dolor.

Las manos de Alfred trataban de retenerla en su lugar, al tiempo que la herían.

Y desapareció.

Adunafael tardo un minuto en reaccionar, y no fue hasta que comprendió de donde salía aquel desgarrador grito. Se incorporo, para ver delante de ella, a Alessandro protegiéndola. Veía su espalda, y aunque la herida había parecido querer curarse, el nuevo movimiento estaba retardando eso. Si, la herida no lo mataba, pero lo estaba dejando muy débil, sin contar la perdida de sangre.

-Déjame que te diga algo- lo oyó decir, su voz completamente diferente, llena de odio y amenaza- Jamas debiste subestimarme, pero por sobre todo…Jamas debiste atreverte a tocar a Adunafael en mi presencia- soltó una risa siniestra- Eso lo pagaras-

Alessandro se lanzo contra Alfred, este, se quedo petrificado en su lugar por la increíble velocidad con la que su nuevo adversario se lanzo contra el. Ese segundo de sorpresa le basto a Alessandro, quien tomo de los hombros a su contrincante y lo lanzo contra el duro muro de pared, el cual los acogió con un temblor y la amenaza de caerse en pedazos, cosas que ambos podrían con un simple movimiento de su brazo, pero la intención de Alessandro era esa, acorralar a su enemigo contra la pared. Alfred se debatió en el abrazo de Alessandro, pero como era de suponer, los siglos de experiencia que tenia el rubio sobrepasaban por creces al de aquel cazador.

Ciertamente, esa experiencia hubiera ayudado a Alfred a morir rápidamente, pero el enojo de Alessandro jugaba en su contra. No solo era el hecho de que había herido a Adunafael en sus narices, si no que, por su culpa; ella había cargado con un dolor por mas de 140 años, eso para el era imperdonable, quien osara lastimarla física o sentimentalmente, moriría en sus manos.

Si, era muy raro que uno se quedara al lado de su creador. Pero, igualmente era rara una transformación. Tal ves por su complicado proceso, esta solo se realizaba estrictamente cuando había algún sentimiento de por medio. A Alessandro le constaba, que aun cuando uno no siempre se quedaba con su creador, los sentimientos que albergaban siempre era potentes por aquel que los había traído al mundo oscuro, ya fuera amor y odio –aunque para el, no eran muy diferente el uno del otro- por mas que uno quisiera, uno nunca podría ser indiferente ante la presencia de su creador. Le constaba a el, que a pesar de que su creadora lo había repudiado, por otro, el aun albergaba con cariño a la ojiazul, Leila. Y lo haría siempre.

No era de esperar menos de Adunafael, que sabia, el incluso sabia el momento exacto en que la mente de la vampireza viajaba hacia los años al lado de su creador y el dolor de su perdida, por aquel rostro que para el, era la expresión máxima de dolor, haría pagar al culpable.

Acerco su perfecto rostro con una sonrisa aterradora contra el vampiro que se sacudía en un intento de soltarse, sus ojos empezaba a proclamar miedo y eso complacía a Alessandro.

Una de sus manos se guió hasta el hombro de Alfred y apretó con toda su fueras, aun a pesar de los gritos de terror, escucho el suave crujido de los huesos contra su agarre, empezó a halar. El grito de su contrincante se hizo más potente mientras la dura piel cedía contra la fuerza de Alessandro, la piel desgarrándose era la suave música para sus oídos, acompañada de los desgarradores aullidos de Alfred. Al fin el brazo cedió y cayó seco contra el piso, la sangre burbujeo de la herida.

Alfred se dio un respiro en la agonía para mirar con odio a su enemigo, sus dientes trataron de alcanzarlo pero de un sonoro golpe en su mandíbula Alessandro lo dejo atrás.

-Esa, Fue por mi amada- ni el mismo tomo conciencia de sus palabras.-Este, por su Creador- Con total lentitud alzo su mano hasta donde estaba el hombro cercenado, aun tenia tiempo antes de que el brazo empezara a reaccionar a la auto regeneración, el brazo caído luchaba por buscar su conexión al cuerpo del vampiro, retorciéndose en el piso. Alessandro coloco la manos por sobre la herida a modo de garras, y empezó a arrastrar su uñas –tan afiladas como cuchillas- contra la piel del hombro y a descender de manera diagonal por su pecho; haciendo surcos sobre la piel y la ropa del vampiro, mas sangre siendo derramada mientras el sonreía y su mirada era la de un demonio disfrutando de la lenta y tortuosa masacre de su victima que luchaba por liberarse a la agonía que era sometida.

Adunafael, que aun no salía de su asombro. Miraba horrorizada lo que Alessandro hacia. Del amante tierno y pasional que había visto ya no quedaba nada y si era cierto que deseaba vengarse de Alfred, cada grito de agonía lanzado al aire por el vampiro, se calaba hasta el centro de su ser como un tormento. Ella jamas había sido participe de una pelea y jamas había visto tal acto despiadado –Lothian siempre la protegió de cosas asi- sus quijada se dejo caer, no podía creer que fuera Alessandro el que estuviera haciendo eso, y por ella.

El vampiro seductor, el que se la pasaba de bar en bar, de apuesta en apuesta. Siendo asi de cruel. El que la hacia reír y la entretenía con horas de divertida charla. El que la había besado y acariciado con tal sutileza.

Y a pesar del horror que su parte racional le obliga a sentir, no hizo nada por acabar con aquello, dentro de ella, un ser se regocijaba de placer, dentro de ella, había una parte que disfruta viendo como Alessandro lo hacia y le excitaba mas aun la idea, que lo hacia por ella y no quería que parara. Si fuera otro vampiro la victima, tal vez lo consideraría, pero no cuando era Alfred.

-Maldito engendro-siseo Alfred en medio de sus alaridos- Aunque yo muera, habrá quien acaba contigo y tu furcia- La sonrisa de Alessandro se ensancho mientras tomaba la quijada inferior y enterraba sus garras

-Hablas mucho…y aun no gritas lo suficiente- y antes de darle tiempo a decir algo, halo de la quijada y el chasquido que se oyó hubiera calada los huesos del más valiente, y de ser contrario, el último grito de Alfred si lo hizo.

Alessandro estaba bañado de sangre, y hubiera continuado, por los dioses que deseaba continuar con eso. Pero Adunafael llamo su atención.

-Alessandro- a pesar de que no la miro, supo que toda su atención estaba en ella, con voz monótona hablo-Acaba con el. Ya. Por favor-vio como el asentía levemente, mientras arrancaba una de las piernas de Alfred, era la misma imagen de un niño arrancándole las alas a un insecto, mil veces aumentada.

Antes de Que Alfred terminara con su grito, Alessandro se movió y tomo uno de los tanques de gasolina que tenían los muertos y lo vertió sobre el vampiro, y en un tiempo record prendió fuego sobre este. El fuego se prendió rápido y comido las carnes de Alfred en un tiempo corto, ya que el cuerpo de los vampiros eran demasiado flamables.

Alessandro vio con satisfacción reducirse el cuerpo del vampiro en nada más que polvo.

Por su parte, Adunafael se quedo tirada en el piso observando este. A pesar del gozo que sentía, una parte de ella, sufría.

Su pecho se contrajo, recordando al vampiro que la amo por tanto tiempo. Aunque sonara ilógico, ahora que el causante de su muerte había desaparecido, sentía que ya no había nada que la atara al dulce recuerdo de aquel vampiro de mirada de bosques e infinita sabiduría. Sin embargo, descubrió otro sentimiento dentro, uno que la estaba sanando, lentamente, tanto, que no había reparado ante el hasta el momento en que el causante de este, termino de fulminar a Alfred.

No lo había visto, no había asumido que estaba ahí, pero, amaba a Alessandro.

Su impertinente intromisión en su vida, la forma en que silenciosamente la reconfortaba, en que la distraía del dolor, en que la sanaba.

Y ahora, la forma en que la había protegido; la forma en que se había hecho pagar a aquel ser por el dolor que le infligió, por separarla del su creador, de amante, de su mentor.

No era de ella negar sentimientos que poseía, por eso, no iba a negar en ese momento. Que estaba perdida e irrevocablemente enamorada de Alessandro y que no había sido una decisión de momento, este se había insertado dentro de si, desde el mismo momento en que lo vio con su sonrisa despreocupada y este creció dentro de si a lo largo de los días. Ella no lo vio claramente, pero si lo sintió, ahora era imposible negarlo, aun cuando la forma de Alessandro, tan libre y sin ataduras, la mandara lejos de el. Aun asi lo amaría.

Su rostro fue alzado con suave lentitud y obligada a ver, no se asusto, desde el momento mismo en que esa piel entro en contacto con ella, sintió una calma infinita que le dijo exactamente quien era.

La sonrisa de Alessandro era tan amplia y brillante, que al instante le causo que ella le correspondiera con una igual

-No luchas mal para ser principiante-le dijo, divertido-Y no te ves tan mal asi- ella hizo un mohín

-Ya quisieras, soy buena en lo que hago y no me ensucie tanto como tu-el hizo un gesto de fingida ofensa

-Es simplemente, querida, que me encanta meterme de lleno en mi trabajo. Además, no digo que seas buena, me consta que en lo que haces…eres magnifica.-Ella sintió un bochorno de vergüenza al sentir el doble sentido de sus palabras. El se rió divertido.

-Cuida tus palabras o serás mi próximo contrincante-Alessandro solo un sonoro gemido de placer

-Me encantaría ser tu contrincante, amor- le acaricio la mejilla-Pero en una pelea más suculenta y que su cuadrilátero es una suave cama-

-Ja, ¿Y crees que tú lograrías llevarme a una cama otra vez?-

-Bueno, por lo general tu eres el que me lleva- se encogió de hombros-pero no me importa que escojas otro ambiente, me acodo igual donde sea para ese tipo de peleas, incluso el piso me parece buen lugar de combate- le dio un suave besos para acallar su respuesta.

Las heridas y golpes de Aduna, había sanado casi por completo. Pero Alessandro no pudo evitar lamer la sangre que había quedado bajo su labio, ante aquel acto ella vibro de placer. El empezó ha hacer un dulce recorrido de besos con sus labios sobre el mentón de ella.

Antes de que el continuara ella se separo.

-Para tu carro, Don Juan-

-Me degradas, amor- ella puso los ojos en blanco y lo hizo girarse sobre si mientras le arrancaba la camisa

-Adoro cuando eres agresiva-

-Enfría un poco tu humor, necesito ver tu herida-contesto cortante. Reviso la herida, la cual aun sangraba por un pequeño orificio, pues la pelea no le había permitido sanar bien, pero lo estaba logrando.

Sin dudarlo ni pensarlo, ella se acerco a esta al tiempo que sus brazos se enredaban alrededor de Alessandro, sintió como las manos de el retenían su abrazo sobre su pecho al tiempo que lo escucho suspirar de satisfacción.

Ella empezó a lamer la herida.

-Comienzo a creer que te gusta hacer eso, querida, no es que me queje, pero tal ves podamos tomar otras alternativas en las que yo no tenga que verme con un objeto punzo cortante- concentrada en lo que hacia, solo alcanzo a soltar un bufido molesto que lo hizo reír a el.

Cuando al fin termino, ella trato de alejarse, pero el no se lo permitió, se giro sobre el abrazo de ella.

Ella se sintió cohibida, al ver en los ojos de el no solo lasciva, si no que una infinita gratitud y… ¿amor?

-Gracias por curarme-su voz era un arrulló tierno y sensual. Ella negó con la cabeza

-Gracias a ti, por protegerme- el empezó ha hacer una negativa mucho antes de que terminara de hablar

-Haría eso una y mil veces mas de ser necesario, por ti- acaricio su mejilla mientras Adunafael empezaba a sentir cierta vergüenza ante la intimidad de las palabras

-Gracias también…por lo que hiciste, en nombre de mí…en nombre de Lothian- la primera vez en mucho tiempo que pronunciaba su nombre

-Asi que Lothian…-suspiro-No lo conocí pero me hubiera agrado, solo alguien demasiado grande pudo haberse ganado tu amor- ella sonrió triste

-Solo…nos entregamos de igual forma, fuimos la salvación uno del otro…-su voz se fue apagando, el acaricio su rostro

-Me lo contaras, se que lo harás. Cuando este lista, y tengo toda la eternidad para que me lo cuentes.-La beso. Hubo un momento de silencio

-Será mejor que te alimentes, estas débil- el se encogió de hombros y se dispuso para alejarse a cazar, pero ella lo retuvo

-Yo…-dudo- Si no te molesta, puedes beber de mi- Alessandro enarco una ceja

-Resultaste herida-

-Pero no tanto como tu. Puedes beber de mi y después ambos tendremos fuerzas para cazar- ella sintió sus mejillas enrojecer –a pesar de que era imposible- el acto de que un vampiro bebiera de otro, era asociado a una unión mas que cordial. Era como el sello de amor y fidelidad. La forma en que se declaraba estar juntos.

El midió su expresión por tiempo interminable, sintiendo una punzada de dolor por el rechazo se apresuro

-No tienes por que…digo, solo…ha…solo para que…digo…no te obliga a nada- al tiempo que lo decía agacho la cabeza, pero antes de poder esconder sus rostro el tomo su mentón y la hizo encararlo. Su voz, lejos de ser burlona, con total seriedad

-¿Lo deseas?-ella se ahogo en los ojos verdes de el, muy diferentes a los de Lothian, estos eran un verde esmeralda que la tranquilizaba. No pudo hacer uso de voz, solo asintió. El sonrió-Lo haré, entonces-pensó que se iba a inclinar directo a su cuello, sin embargo el hizo una parada en sus labios, que devoro con pasión y con dulzura. Y ella le devolvió el beso a igual nivel. A penas se separo empezó a recorrer su mandíbula en una suave caricia dada por sus labios, hasta llegar a su cuello. Dio un suave beso antes de encajar los colmillos y ella gimió de satisfacción. El único que había bebido de ella había sido Lothian, pero ahora, ella se entregaba a Alessandro y lo hacia de manera total, mientras una parte de ella, suplicaba que a través de la sangre que le daba, también fueran mezclados sus sentimientos.

Ella lo abrazo mas hacia si, incitándolo a beber, mientras sus labios besas cada parte de el que estuviera a su alcance, en cuanto lo hizo, sintió los labios de el extenderse en una sonrisa mientras sus brazos la aferraban y acariciaban su espalda.

Un momento en el que se sintió completa, un momento en el que no pensó y no reacciono ante sus miedos, un momento donde fue totalmente sincera

-Te amo- susurro contra su iodo y sintió como el temblaba entre sus brazos, bebió un poco mas antes de separarse.

Creyó que el se alejaría o se burlaría, sin embargo, sus ojos estaban llenos de admiración y…alegría.

-Repítelo- murmuro el con un dejo de incredulidad. Ella acaricio su perfecto rostro

-Te amo- tardo un momento en reaccionar. Primero su sonrisa se hizo grande y después le estampo un beso en los labios

-Como yo a ti, mujer- dijo en cuanto se separo-Como yo te amo a ti.-

La felicidad no entraba en el cuerpo de Adunafael, sintió, como una parte oscura de su vida se esfumaba para entrar en una calida luz. Por primera vez, comprendió lo que Lothian quiso decir, con una oscuridad que te atrapaba y te consumía, hasta que la encontró, hasta que ella fue su salvación en la inmortalidad. Ella lo había tenido desde el principio, y no lo comprendió hasta que se fue. Ahora lo hacia, con Alessandro ante ella, algo que la curaba, alejaba a la oscuridad. El le dio un último beso

-Vamonos- ella asintió feliz-Iremos por tus cosas, debemos movernos rápido, no sabemos si los cazadores en realidad si supieron donde vivías. Después iremos a mi casa-

-¿Y después a donde?- pregunto con un tono inocente y despreocupado mientras empezaban a caminar tomados de las manos

-¿Te gusta viajar en góndola?-

-¿Venecia?- el se encogió de hombros. Adunafael lo miro suspicaz- Se acerca el carnaval- apóstalo ella y lo vio sonreír como un niño descubierto en plena travesura-Ni de broma –

-Vamos cariño, tómalo como una luna de miel-

-¿Y esto no tiene que ver con las miles te turistas que llegan, y el alboroto que hay?- el se carcajeo

-Sirven para la caza-

-¿A que tipo de caza te refieres?-

-Me ofendes querida, yo jamas haría eso-

-¿Y con "eso" a que te refieres?- el sonrió conciliador

-A que no necesito estar filtrando con humanas-

-No, y las cientos de cabezas que he tenido que leer no…- la interrumpió

-Pero yo no las busco, ella vienen a mi. He ahí la diferencia-Ella bufo-Además…Ya no habrá mas ojos que para ti- ella sonrió con un deje de irritación

-Ver para creer- la halo mas hacia el

-Te lo demuestro cuando quieras- hablo en un susurro con su voz mientras le depositaba un dulce beso en el cuelo, justo sobre donde había posado sus colmillos. Que provocaron que ella temblara de la excitación y el riera ante su acción.

Todo fue tan rápido, pero tan real. Que no entro ninguna duda. Estarían juntos siempre.