Los personajes no son míos; yo solo los manipulo ;)

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Era de noche. Bella podía sentir el viento en su rostro. Su corazón latía violentamente en su pecho y podía sentir un hormigueo crecer de sus manos al resto de su cuerpo. No se debía al ejercicio que hacía al manejar bicicleta. Esa sensación siempre la experimentaba cada vez que hacía algo que no debía. A Bella le encantaba desobedecer a su madre. Le encantaba ponerse en situaciones que podrían crearle problemas. La hacía sentir viva. Esa sensación de saber que están a punto de pillarte. La adrenalina. Y luego cuando no lo hacen la sensación de saber que por un instante te saliste con la tuya. Bella no hacía eso siempre, a pesar de la graciosa expresión que tomaba el rostro de su madre con sus travesuras. La línea marcada del ceño. Los ojos chispeantes. Y esa vena en la frente que latía peligrosamente. De todas formas Renne siempre estaba muy ocupada para notar sus travesuras. Como esta noche. Bella se había escabullido para ir a ver a su padre. Renne ni siquiera lo noto.

Era su décimo cumpleaños y su padre le dijo que no iba a poder estar. Le había regalado una muñeca. Pudo sentir que su boca hacía una mueca tan solo al recordarla. Bella odiaba las muñecas, en especial las barbies. Casi había sido un día horrible. Pero su papá le puso una sorpresa en su cama que no vio hasta que se fue a dormir. Era un libro. No era cualquier libro. Era Carrie de Stephen King. Bella se lo había estado pidiendo a su madre; pero ella siempre le contestaba que no tenía la edad para leerlo. Se puso tan feliz que quiso agradecérselo en persona. Se escabullo a su estudio. Entro a su computadora. Su padre era uno de aquellos adultos que guardaba sus contraseñas en un archivo. Seguro pensaba que por poner un nombre común y ocultar la carpeta nadie se fijaría. Bella tan solo puso visible todas las carpetas ocultas y selecciono la que había sido usada hace poco. Fue tan sencillo que a Bella le entraron ganas de reír. Tenía un mensaje con la fecha de hoy en la que decía un sitio. Lo demás fue más sencillo. Bella estaba tan entusiasmada que no reflexiono sobre lo críptico e informal que era el mensaje para ser del trabajo.

Cuando llego al sitio, este no era lo que esperaba. Estaba alejado de todas las casas. Era enorme. La pintura de las paredes estaba gastada. Daba el aspecto de que nadie vivía ahí hace mucho pero de ella salía música alta. Había muchos autos. Pero en el interior de la casa no había luces encendidas. En las ventanas solo se podía apreciar un destello atenuado de luces de distintos colores.

Bella se sentió como en un sueño al caminar hacía la casa. Pero era uno de esa clase de sueño en el que sabes que algo malo va a pasar. Bella sabía que algo malo iba a pasar si entraba a esa casa pero era como si no pudiese evitarlo. No podía dejar de mover sus pies. No podía ordenar a su cuerpo que diera la vuelta y corra. Como una polilla que se dirige a la luz a pesar de que esta queme. Al ingresar supo al instante que no debió de haber entrado. El aire estaba lleno de olores que conocía y desconocía a la vez. Olió el humo del cigarro, la cerveza y el sudor. Pero había más que eso. Al principio le costó ver con claridad. Cuando por fin pudo deseó no haberlo hecho. Su mente de niña era incapaz de comprender que era lo que sucedía pero el instinto le dijo que era. Había varias personas. Varias parejas en realidad. Casi todas estaban desnudas. Aunque no todas eran parejas. Había varios hombres que tenían dos mujeres o más. Había también mujeres juntas. Todas tenían posiciones raras. Había un hombre en las piernas de una mujer. Parecía estar besando su…

Bella se ruborizo tan solo de pensarlo. También había mujeres en las piernas de un hombre. Bella no pudo seguir mirando las distintas posiciones que había. Pero pudo notar que sus ojos iban de rostro a rostro buscando uno conocido para ella. Pero lo peor de todo no era lo que podía ver, sino lo que se oía. Era insoportable. Se escuchaba un montón de quejidos y gritos. Mujeres y hombres. Frases que no entendía pero que por su entonación podía saber lo que significaba. Pudo divisar a una mujer que era golpeada fuertemente por un hombre. Ella gemía y no gritaba. Bella estaba horrorizada y confusa. Sintió nauseas. Quiso correr pero sus pies estaban clavados al piso.

Pensó en la razón por la que estaba ahí; y antes de poder detenerse, sus pies avanzaron hacia delante. Se tapó los oídos. Quiso llamar a su padre, quería decirle que la sacará de ahí. Pero no grito. No dijo ni una sola palabra. Nadie se había fijado en ella. Todos los rostros en especial los de los hombres estaban idos. No era que no tenían expresión sino que parecía estar en otro mundo. Uno entre placentero y doloroso.

Seguía con las orejas tapadas. Pero esto no impidió que escuchara a alguien gimiendo.

-Si… Quiero ver tus tetas saltar, nena. Ahhh…

Conocía esa voz. Nunca la había escuchado con ese tono. Pero era su voz. Era la voz de su padre. Su instinto le dijo que no viera, que se vaya de ahí. Pero el sonido venía de la habitación que estaba frente a ella. La puerta estaba entreabierta y por ella se podía ver todo con claridad. Era un tanto desconcertante y divertido cómo funciona la mente humana. Divertido en una muy rara forma. Bella podía ver lo que sucedía. Pero era como si esa información no procesara en su mente. Como si no la captara. Como si su mente se protegiera. Pero cuando pudo unir los puntos. Cuando pudo conectar la razón con lo que veía, pudo apreciar cada detalle. Y Bella sabía que siempre iba a tener esa imagen en su mente. Era su padre y a la vez no lo era. Estaba desnudo y antes de que pudiera avergonzarse de ver a su padre desnudo, vio otro cuerpo desnudo encima de él. No era su madre. Esta chica era más joven y delgada. No podía ver su rostro y la forma de su cuerpo era confusa debido al movimiento que este realizaba. Su padre estaba atado a la cabecera de la cama con unas esposas. Y tenía a una chica desnuda cabalgando encima de él. Estaba atado y a él parecía gustarle. No paraba de gemir. Bella retrocedió al ver el rostro de su padre. Tenía la misma expresión ida que los demás. No se debía a ninguna droga. Al menos no a ninguna que se administre al cuerpo. Era sexo. Bella sabía el significado de la palabra. Sabía toda la teoría de eso. Pero nunca se lo había imaginado así.

Antes de que Bella pudiera echar a correr sintió una mano que le recorría la cintura. Sintió su sangre helarse. Y escuchó una voz ronca hablar en su oído.

-Asi que te gusta mirar, preciosa. Yo te puedo enseñar bastantes cosas.

La mano del sujeto comenzó a recorrer su cuerpo. Eso rompió la parálisis de Bella Trato de quitarse las manos del sujeto. Pero era más grande que ella.

-¿Con que te resistes? Eso está bien. No sería divertido si no lo hicieras. Vamos a ver qué tan apretado es tu coñito.

Sintió que la arrastraba con fuerza. Bella comenzó a gritar. Pedía ayuda a su padre. Por un instante Bella pensó que la había visto, que la había escuchado. Sus ojos se encontraron. Pero los de él seguían idos. Nublados de placer. Él la había visto pero no le prestó atención. Estaba en su mundo de placer. Solo tenía ojos para el cuerpo de la chica que lo montaba. Bella gritó y grito pero parecía que los gritos ahí eran comunes. Nadie se volteaba o si lo hacían era con expectación y no con alarma. El hombre la tiro al piso en una sala que no había entrado. Por fin pudo ver su rostro. Era de edad. Tal vez tenía unos 40 años. Pero la miraba con lujuria. A Bella le entraron ganas de vomitar. Quiso intentar correr; pero el hombre, como si le hubiese leído el pensamiento saco una pistola y le apunto en la cabeza.

-Vamos, nena, verás que te gustara. – Dijo con voz ronca- Te ves tan joven. Me pregunto qué tan grandes tienes las tetas. ¡Muéstramelas! ¡Muéstramelas, carajo, o te volare la cabeza!

Ya no había nada sereno en su voz si alguna vez lo hubo. Era amenazante. Pero no era solo su voz lo amenazante. Sus ojos la aterraban. Eran negros como el carbón. Eran despiadados y crueles. Pero también tenían una expresión que denotaba locura. Él no dudaría en matarla. De hecho hasta puede que lo disfrutara. Temblando sabiendo que no podía hacer otra cosa, se fue sacando su polo. No tenía sujetador. Bella era plana.

-Desde tan pequeña y ya andas sin ropa interior. No te quejes después de que te folle duro, perra.

Bella tembló. Podía sentir el arma presionando su rostro. Sintió sus dedos recorrer su pecho. Se entretuvo en sus pezones. Iba a vomitar. Podía sentir las náuseas. El olor la asqueaba. Los sonidos… ¡Oh por Dios! No podía escuchar más gemidos. No quería escuchar más gemidos. No quería escuchar su gemido.

-Ahora vas a mamármela. Vamos a ver cuánto puede soportar esa boca pequeña.

Bella no entendía de lo que hablaba. Pero ya no pudo reprimir más las lágrimas. Lloraba y temblaba sin saber muy bien lo que el hombre deseaba. Tenía miedo. Quería a su mamá. Quería ayuda. Pero su mamá seguía pensando que estaba dormida en su cuarto. Y su papá…

Sin saber muy bien como sintió algo duro rozar su boca. Bella se echó hacía atrás de forma automática.

-¡No te muevas, perra! ¡Te voy a volar los sesos si te mueves! Vas a tragarme.-dijo apuntando dolorosamente en su cien.

Lagrimas brotaban de sus ojos sin poder detenerlas. Con una mano temblorosa agarro su cosa. Era repugnante. Estaba dura y era peluda. Le entraron nauseas solo de pensar que debía ponérsela en su boca. Bella preferiría morir. Pero antes de poder apartarse. El hombre metió con rudeza su cosa en su boca.

Bella no podía respirar. Oh por Dios. Esto era el infierno. Ya no podía ni siquiera moverse. El hombre se sentó encima de sus hombros y agarro sus dos manos con una. El hombre metía y sacaba su miembro de su boca. No podía ni siquiera gritar. Cerró los ojos porque no podía soportar ver esos ojos negros. Pero aun oía. Podía oír como gemía. Y también podía oler. Olía su sudor. Lo olía a él. Y se preguntó si iba a desmayarse o a vomitar. Se lamentó que él hubiera dejado la pistola al ver que ella era incapaz de moverse. Quería que la matara. Por lo menos muerta iba dejar de sentir como se sentía. Muerta podía dejar de escuchar esos gemidos. Dejar todo.

De un momento a otro de ella se apodero una cólera fría. Lo odiaba. Odiaba a ese hombre que le había obligado a…

No, se dijo. Piensa. Recordó la expresión de todos los hombres en la habitación. Nublada de deseo. Y supo que hacer. Trato de no llorar. Comenzó a chupar su cosa. Y el emitió un sonido apreciativo. Bella nunca había sentido tanto asco en su vida. Mientras más lo hacía. Más relajaba la fuerza que cernía sobre ella hasta que esta desapareció. Cuando fue demasiado insoportable tenerlo en su boca comenzó a usar las manos. Comenzó a mover rápido. Como había visto que la chica que estaba encima de su padre se movía. Cuando la expresión del hombre estaba más ida, pateo al hombre lo más fuerte en su cosa. Agarro su polo y corrió. Corrió como antes nunca había corrido.

A penas alcanzó la puerta cuando el vómito vino. Las arcadas eran terribles. Nunca había vomitado tan fuerte. Pudo sentir las lágrimas en los ojos. Cuando acabo de vomitar se puso su polo y comenzó a correr. No llevaba mucho rato cuando una mano le agarro el brazo.

-Nooo… Nooo…- dijo una y otra vez porque conocía ese olor. Se le había grabado en su memoria. Jamás podría olvidar ese olor.

Isabella abrió sus ojos. Todo su cuerpo estaba tenso. Respiraba agitadamente. Estaba oscuro. Parecía como si siguiera en el sueño. Como si pudiese olerlo. Agarro una botella de su velador e inspiro fuertemente. El olor a vainilla siempre la tranquilizaba. Aunque en momentos como ese nada solía calmarla. Su cuerpo temblaba. Y no pudo evitar sentir nauseas. Siguió inhalando con la esperanza de borrar ese olor de su mente. Miro al techo. Vio la imagen del cielo lleno de estrellas en una mezcla de colores blancos y negros. Era mágica. Esa imagen la calmo ligeramente. Ella la había hecho hace un mes. Le tomo una semana entera terminarla. En Phoenix también había hecho una. Cuando una lleva teniendo seis años de pesadillas se aprenden algunas cosas. Su respiración seguía agitada. Se dijo así misma por enésima vez que esa última parte de su sueño no era cierta.

Ella logro escapar.

Se dijo que nadie le agarro el brazo, esa parte surgía de una auténtica pesadilla.

Todos los días soñaba lo mismo. Uno pensaría que si soñara la misma pesadilla una y otra vez se acostumbraría a ella. Pero Isabella descubrió que hay algunas cosas que uno nunca se acostumbra. En realidad ni siquiera era una pesadilla. Isabella no tenía el consuelo de ello. Porque lo que soñó fue real y lo vivió. Eso era lo peor. No podía consolarse diciendo que solo fue una pesadilla. Tampoco podía consolarse diciéndose que eso no volvería a pasar. Pues aunque se encontraba a miles de kilómetros de distancia de donde sucedió, no podía asegurarlo. Isabella no había vuelto a ver al culpable de sus pesadillas desde esa noche. Pero la policía no lo había encontrado. Quito ese pensamiento de su mente pues solo serviría para alterarse más. Cuando los temblores de su cuerpo cesaron se levantó. Eran las 5 de la mañana. Renne no estaba. Se había ido por una semana con su novio Phil. Se hallaba sola. Toda la casa estaba oscura. Isabella normalmente no le temía a la oscuridad. De hecho le atraía. Pero cuando estaba así, no podía evitar sentir pánico. No podía evitar sentir miedo. Se odiaba por eso. Sin mirar atrás salió de la casa y corrió. Estaba con su pijama y descalzo, pero eso no la detuvo. El ejercicio hizo que sus músculos trabajaran. Hizo que su respiración se acelerara por un motivo diferente. Corría en la carretera. En cualquier momento podía pasar un auto y chocar con ella. Eso no la aterraba, eso la encendía. No fue sino hasta que recorrió un par de kilómetros cuando se dio cuenta de que estaba empapada. Estaba lloviendo. No se percató de ello cuando salió de su casa. Siguió corriendo hasta que sus músculos ardieron. Cuando un auto pasó en la dirección contraria regresó.

Para el momento que llego a la casa sus músculos se quejaban. Pero se sentía bien. Se sentía fuerte y despierta. Se dio cuenta que dejo la puerta abierta. No le importo. Era Forks. Allí nada interesante pasaba, ni siquiera un robo. Cuando vio la hora, se dio cuenta que había estado 2 horas corriendo. Con razón sentía punzadas en su pierna cuando caminaba. Estaba tarde para ir al instituto. Cuando se dirigía a la ducha se acordó de lo que paso el día anterior. Había aceptado ir a una cita con Edward Cullen. Ella no sabía en lo que pensaba cuando acepto. Pero no pudo negarse. Su expresión cuando le pregunto fue la misma que tomo cuando le dijo que su mamá lo abandonó. Tenía esa miraba que a veces tomaba cuando sentía que lo iba a dejar. Tan llena de desesperación y soledad. Entonces Isabella comprendió que no era lo suficientemente fuerte para rechazar a Edward. No era que estaba enamorada de él. No lo estaba. Ella no era lo suficientemente fuerte para negarle nada a él. Por alguna razón su corazón se ablandaba con él. Decidió no asistir al instituto. No después de darse cuenta de aquello. De todas formas había pedido permiso en el instituto para salir temprano. No pensaba cancelar la cita de Edward, pero necesitaba tiempo para ella. Si iba al instituto estaba segura que Edward podría notar el poder que él tenía sobre ella. Era insultante. Ella que siempre se había vanagloriado de ser tan independiente, ahora se sometía a los deseos de un chico. Un chico que le había dado su primer beso. Y también un chico que tenía una reputación de prostituto.

La tranquilizaba el saber que no estaba enamorada de él. Recordó el beso que compartieron. Recordó lo aturdida que se sintió después. Aturdida porque no podía creer lo que había hecho, ni lo lejos que había llegado. Pero cuando sus labios se tocaron todo su cuerpo ardió. Y supo que aunque su corazón estuviera a salvo. Su cuerpo no lo estaba. Había besado a chicos antes, desde luego. Había dado besos así de intensos antes. Pero en ninguno de ellos se había perdido. En ninguno de ellos había olvidado todo. Y lo que era aún peor. Con ninguno de ellos se había sentido tan bien, tan segura. Segura en las manos de un hombre. Ese era un pensamiento peligroso. Pues ella mejor que nadie sabía de lo que eran capaces los hombres. Uno nunca debía de bajar la guardia ante ninguno.

Cuando el agua caliente se terminó, salió de la ducha. Se vistió y salió de la casa. Tenía una cita. Hizo una mueca. Ese era el motivo por el cual se había mudado a Forks. Ahí se encontraba el mejor psiquiatra de los Estado Unidos. Carlisle Cullen. Nadie entendía como un gran medico como él, decidía ir a trabajar a un pueblo tan pequeño como Forks. Pero claro, podían inventarlo. No llevaba ni un mes en el instituto y ya conocía todas las teorías de ello. Todas relacionadas con Alice Cullen.

Aunque su cita era a las 12, decidió que no podía estar más tiempo en su casa. Llevo un libro para leer en la sala de espera.

Cuando llego al consultorio y se sentó a esperar; la recepcionista la miro desconfiada. No la culpaba, traía unos pantalones pitillos con agujeros y una camiseta negra que dice: "He tenido sexo y no he estado enamorada". Ese polo solo lo compro para cabrear a Renne. Isabella se había dado cuenta que la gente estaba más propensa a creer en las cosas malas que en las buenas. Si decía que era virgen nadie le creería. En cambio sí decía que era una zorra, todo el mundo le creería. Cuando la gente leía el polo, la censuraban. Pues creen que lo que dice el polo es cierto. Y automáticamente la consideran una zorra. Eso le divertía. Ver la expresión de censura y superioridad de las personas. Isabella era virgen. Pero eso carecía de importancia. La definición de verdad la definen las personas. Después de todo, si todas las personas piensan que algo es cierto; ¿eso no lo transforma en verdad?

Se ponía ese polo siempre que iba a una visita de algún psiquiatra. Le gustaba analizar las reacciones que tenían estos. Isabella era buena leyendo a las personas. Y le divertía desconcertar a los psiquiatras tanto que dejaban caer su máscara inescrutable y calmada.

Saco Jane Eyre y se sumergió en la lectura.

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Sintió que alguien le jalaba el cabello. Levantó la vista y descubrió a Alice Cullen parada en frente de ella. Tenía una expresión hostil.

-Tú debes ser el nuevo capricho de Mike Newton. No pareces demasiada cosa.

Isabella se tensó. Sus ojos negros destilaban un profundo odio. Se le erizo los vellos de la nuca con su mirada. Los ojos negros siempre la ponían nerviosa.

Isabella se forzó a sonreír.

-Y tú debes ser la que se revolcó con un hombre casado, y que además tenía 20 años más que tú. Sin mencionar que lo despidieron de su puesto de profesor gracias a ti.

Todo su rostro se suavizó. Y una sonrisa sustituyó a su mueca de odio. Isabella parpadeó. De no haber visto el odio tan intenso de sus ojos se habría preguntado si no se lo había imaginado. Sus ojos ya no parecían pozos de aversión, sino que brillan con intensidad.

-Veo que Jessica Stanley te ha puesto al corriente sobre todos los rumores de Forks. Se te olvidó mencionar que mi padre también sobornó a la policía para que él no vaya a prisión.- Sonrió como si le divirtiera que las personas hablen a sus espaldas. Una sonrisa se formó en el rostro de Isabella. Esta vez verdadera. – Seremos grandes amigas.

Alice dio brinquitos como si la idea le emocionara. Y sin decirle nada a Isabella, la cogió de la mano y se la llevo afuera. Isabella tuvo que maniobrar con dificultad su otra mano para no soltar su libro. Casi tropieza cuando se dirigían a los ascensores.

-¿Qué haces? Tengo una cita dentro de una hora.- le dijo Isabella cuando el ascensor comenzó a descender al primer nivel.

Alice sonrió y por algún motivo su expresión le recordó a ella misma.

-Mi cita comenzó hace cinco minutos.

Isabella le devolvió la sonrisa y la siguió a su coche, que era un Porsche amarillo. Ese coche le iba a la perfección. No se la imaginaba con otro que no fuere ese coche.

-¿A dónde?- Alice le pregunto cuando subieron a su coche.

-A cualquier lado. Cualquier cosa menos ir de compras. – Isabella añadió luego de examinar la vestimenta de Alice y la mirada que esta dedicaba a la vestimenta de Bella.

Alice hizo un mohín como si le hubiesen quitado un dulce.

-Bien.

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Déjenme un review con su opinión y si quieren mas BPOV :D No tardare tanto en actualizar como tarde la vez pasada. Nos vemos pronto