Resumen: Harry Potter sabe exactamente qué es lo que quiere para Navidad. ¿Logrará hacerse realidad el único deseo que tiene este año? DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Como siempre, les agradezco infinitamente por todos sus alertas, favoritos y reviews. En esta ocasión, quiero enviarles un saludo más que especial a mESTEFANIAb, Kuroneko1490, FeNiiX-D18, yumeatelier, xonyaa11, Afrodita1 y Sakura Hecate, por dejarme sus hermosos comentarios que tan feliz me hacen. De verdad lo aprecio.
Ahora sí, los dejo leer. ;)
My Only Wish This Year
23 de Diciembre de 2001
Harry despierta completamente sudado de esa frustrante duermevela en la que ha quedado atrapado, apresado entre un lío de sábanas y junto a una desagradable sensación dentro de su agitado pecho que le impide respirar con normalidad. Girando el rostro hacia la derecha, entrecierra sus ojos lo suficiente para poder distinguir la hora que marcan las agujas del reloj colocado sobre la mesa de luz. A través de su aguda miopía, logra descubrir que sólo ha alcanzado a dormir dos horas.
Frunciendo el ceño ante la desagradable sensación de sudor apegándose a la vestimenta con la que calló dormido, Harry consigue desenredarse de las arrugadas mantas que lo mantienen prisionero y dirige sus somnolientos pasos al cuarto de baño adjunto en su habitación. Una vez dentro, se apresura a desvestirse y meterse en la ducha, con la intensión de relajar todos sus doloridos músculos bajo el caliente chorro de agua.
Inmediatamente después de sentir parte de sus preocupaciones desvanecerse junto a la densa neblina provocada por el vapor de la ducha, Harry suelta un suave suspiro y posa su borrosa mirada en el blanco azulejo frente a él. Rápidamente, pone a trabajar a toda marcha su cerebro para terminar con la situación que lo ha estado atormentando por años.
Porque sí, los sentimientos que tiene por Malfoy no son algo recientes. Siempre han estado ocultos en lo más profundo de su ser y tratando de pasar desapercibidos; pero aun a pesar de esto, se han encargado de dejar leves indicios de su presencia. Y como si se tratase de la voz de una segunda conciencia, los mismos eran los encargados de susurrarle cada ínfimo defecto en sus anteriores amantes, asegurándose de mostrarle con discretas insinuaciones que el único capaz complementarlo es Draco.
Con todas estas realizaciones en mano, Harry entiende que ya no puede seguir perdiendo el tiempo como lo ha estado haciendo hasta ahora. Porque los sentimientos que tiene por Draco no desaparecerán ni lanzándose un Obliviate, eso lo tiene bien en claro. Pero aún más preocupante es el hecho de que haya un contrincante que esté luchando contra él para ganar el corazón del Slytherin. Y eso es algo que no puede permitir bajo ningún costo.
Harry golpea con total frustración sus puños contra los empapados azulejos, tratando de descargar algo de la rabia que siente recorrerlo al imaginar a Draco en los brazos de otra persona. No, sin dudas no iba a permitir que nadie le ponga las manos encima a su futuro novio. Porque sí, Draco Malfoy sería suyo así sea lo último que haga en esta vida. Eso es algo total y absolutamente irrefutable.
Una gran determinación se apodera de sí, haciendo refulgir el esmeralda de su mirada con una feroz intensidad, una que no se ha visto reflejada en sí desde que supo que él sería el único capaz de derrotar a Voldemort. Cerrando el grifo, Harry toma una de las blancas y afelpadas toallas colgadas a un lado y comienza a secarse a toda prisa. Todavía quitando algunas gotas arraigadas en su cuerpo, regresa a la habitación en busca de algo que ponerse para cubrir su desnudez. Una vez que encuentra ropa interior limpia en uno de los desordenados cajones de su armario, comienza a remover entre el no tan extenso repertorio de prendas que posee, en busca de las más rescatables. Sin embargo, un exasperado bufido escapa de sus labios al ver que lo más decente dentro de su guardarropa es la túnica que utilizó para la boda de Percy y Audrey.
Harry entiende que por más apuesto que deba verse para finalmente invitar a Draco a salir, no puede utilizar algo excesivamente formal como una túnica de gala. Después de todo, pasearse en ese tipo de vestimentas no es algo que lo caracterice o le haga sentirse cómodo. Y sin lugar a dudas no quiere aparentar ser algo que no es frente a Malfoy; ya que si de algo puede estar seguro, es que jamás ha habido pretensiones ni máscaras entre ambos. Por el contrario, siempre se han mostrado tal cual son.
Descartando a lo más alejado de su armario la ostentosa túnica, Harry continúa rebuscando impaciente por algo con qué cubrir su semidesnudo cuerpo. Tan ensimismado está en la tarea, que no distingue el leve sonido de una aparición. Sólo consigue percatarse de la otra presencia en su habitación gracias al enfadado gruñido que se escucha a su derecha.
─ ¡Oh, Kreacher! No te oí llegar. ¿Qué ocurre? ─ Pregunta distraído, tratando de desenredar la manga de una blanca camisa del sweater de lana que le regaló la señora Weasley la Navidad pasada.
─ El amo le ordenó a Kreacher que le recordara ir a la casa del pequeño lobo. Y Kreacher está aquí para cumplir con su tarea.
─ ¿Cuántas veces te he dicho que no llames a Teddy…? ─ Comienza a reprenderlo con cansancio, pero se frena en el acto cuando su cerebro termina de comprender las palabras dichas por su gruñón elfo. ─ ¡Maldita sea, me olvidé por completo de Teddy! ¿Qué hora es?
─ La una de la tarde, amo.
Levantándose apresurado, toma lo primero que encuentra y se viste lo más aprisa que puede, sin dejar de reprochar entre dientes su mala suerte. Porque al instante Harry recuerda que, unos meses después de que la guerra terminara, una especie de costumbre se instauró en su rutina. La tan dichosa costumbre consistía en almorzar cada domingo junto a su ahijado y la abuela del mismo. Y hasta el día de hoy, ésta aún perdura. ¿En qué estaba pensando cuando se le olvidó tal importante detalle?
Nuevamente, la imagen del apuesto rostro de Draco se cuela entre sus pensamientos, demostrándole la identidad del responsable de su descuido. Entre variados insultos, Harry entiende que no tendrá otra opción más que posponer el momento en el que lo invite a salir. Porque no importa cuánto desee mandar todo al diablo y simplemente ir a buscar a Malfoy, ante todo siempre estarían primero sus responsabilidades como padrino.
Y pensándolo bien, quizás esto lo beneficie. Porque ahora que lo recuerda, Andrómeda es la hermana de la difunta madre de Draco. A lo mejor y con algo de suerte, ella sepa qué fue lo que ocurrió con el matrimonio Malfoy. Sí, al ser un familiar directo sin duda ella tendría conocimiento de toda la historia, sin importar que ambas hermanas hubieran dejado de hablarse. Y quizás si el destino lograba alinearse de su lado, hasta podría brindarle más información sobre alguno de los tantos secretos que guarda Malfoy.
Con renovadas esperanzas, se apresura a terminar de abrochar su abrigo y dirige sus pasos hacia la chimenea de su sala. Una vez allí, toma un puñado de polvos flu y suelta con claridad la dirección a la que desea ir. En cuestión de unos pocos segundos, aterriza entre un fulgor de llamas esmeraldas en el vacío salón de la casa de Teddy. Harry no alcanza a terminar de quitar algunos restos de hollín, cuando escucha abrirse una puerta a su izquierda. De la misma emerge una mujer alta e inquietantemente parecida a Bellatrix Lestrange, secando sus manos en un floreado paño.
─ ¡Oh, Harry! Creí que no vendrías.
─ Lamento la tardanza, Andrómeda. ─ Deja salir apenado, sin poder evitar que sus mejillas se sonrojen bajo la intensa mirada de la bella dama frente a sí.
─ ¿Un día algo agitado en el cuartel? ─ Pregunta con un maternal tono, a la vez que envía el paño a la cocina con un floreo de su varita.
─ Algo así. ─ Responde sin comprometerse demasiado, no queriendo dejar salir el verdadero motivo de su retraso.
─ ¡No te quedes ahí parado, querido! ¡Pasa! ─ Cuando Harry finalmente se acerca y la saluda con un torpe beso en la mejilla, Andrómeda deja salir una pequeña risita y vuelve sus pasos hacia la cocina. ─ Tendré todo listo en unos minutos. ¿Podrías ser tan amable de hacer que Teddy se lave las manos mientras termino la comida?
─ Por supuesto, yo me encargo.
─ Gracias, Harry.
Luego de que la puerta de la cocina se cierra con suavidad, Harry se dirige hacia la habitación de Teddy. Cuando está a tres pasos de alcanzar el lugar de donde provienen ruidos de diversos juguetes, siente un pequeño peso abrazarse a sus piernas con fuerza. A la vez, el sonido de un infantil y agudo grito resuena con energía en el angosto pasillo, llenando su pecho de una cálida sensación.
─ ¡Harry!
─ ¡Hola, enano! ─ Saluda al instante, sin poder evitar soltar una risita al ver el malhumorado mohín que su ahijado hace al ser llamado de esa forma.
─ ¡No soy enano! Soy grande. ¡Como un dragón! ─ Se apresura a contradecirlo utilizando sus pequeños bracitos para abarcar un gran espacio, en una mímica para hacerse entender con mayor claridad.
─ ¿Cómo un dragón? ¿Tan grande?
─ ¡Sí! ─ Grita con felicidad al saberse comprendido. Inmediatamente, eleva sus manos en una muda petición a que lo alcen. Y como el buen y consentidor padrino que es, Harry no tarda en agacharse lo suficiente para tomar entre sus brazos al pequeño. ─ ¡Quiero un dragón!
Sonríe cariñosamente al escuchar el ilusionado tono con el que Teddy habla, mientras hace cambiar el color de su cabello a un intenso magenta. Dentro de su mente, Harry no puede evitar pensar que también quisiera tener un dragón, aunque precisamente él no está refiriéndose a una esas aladas criaturas. Irónicamente, está casi convencido de que sería mucho más sencillo conseguirle un dragón de mascota a su ahijado, que hacer que Draco acepte salir con él. Juntando su frente con la del pequeño, murmura nostálgicamente.
─ Yo también, Teddy. Yo también quiero uno.
Distraídamente escucha todo el apresurado balbuceo del inquieto niño en sus brazos, mientras dirige sus pasos al cuarto de baño unos metros por delante para realizar la tarea que le fue encomendada. Una vez dentro, Harry conjura un taburete para que el pequeño alcance el lavamanos. Luego de colocar un poco de jabón entre las manitos del mismo, empieza a frotarlas para quitar la suciedad de ellas. Después de asegurarse de enjuagarlas bien, toma la toalla y las seca con suavidad. Harry sólo sale de su autómata estado cuando escucha una emocionada exclamación.
─ ¡Compremos uno!
─ ¿Qué?
─ ¡Un dragón, Harry!
Harry siente algo apretar dolorosamente en su corazón ante esas inocentes palabras, ya que el dragón por el cual él ha estado suspirando por años no sería tan fácil de obtener. Porque sin duda no hay dinero en el mundo capaz de hacer que una persona despierte verdaderos sentimientos de un día para el otro.
─ Ojalá fuera así de sencillo, Teddy. ─ Al ver la desilusionada mirada en el rostro de su ahijado, Harry se apresura a tranquilizar al abatido niño, evitando así el claro llanto que está a punto de desatarse. ─ Pero quién sabe… si te portas bien, quizás esta Navidad recibas uno.
La forma en que el rostro de su ahijado parece iluminarse ante la idea de recibir un dragón como regalo de Navidad, es más que suficiente para arrancarle a Harry otra tierna sonrisa. Nuevamente, Draco estaba en lo cierto. No hay nadie que sepa mejor lo que un niño quiere recibir para Navidad, que el mismo pequeño en cuestión. Rápidamente se apresura a apartar de sus pensamientos la imagen del atractivo y sarcástico joven que ha estado despertando en él sentimientos que creyó jamás poder experimentar por nadie.
Después de desaparecer el conjurado taburete, sale en busca de Andrómeda con un inquieto Teddy aun entre sus brazos. Una vez en la sala, descubren que la mesa ya está puesta y toda la comida ha sido servida. Luego de que cada uno toma su lugar, los tres comienzan a degustar de un apetitoso almuerzo, mientras intercalan entre bocados animadas pláticas sobre las travesuras realizadas por el pequeño de la casa.
Cuando todos terminan el exquisito postre, Teddy arrastra a su padrino hacia su habitación mientras su abuela se encarga de asear todo. Los minutos pasan entre risas y juegos, logrando que algunas de las preocupaciones de Harry queden relegadas a un costado de su mente, al menos durante el tiempo que pasa jugando con él. No obstante, cuando Andrómeda se apoya contra el marco de la puerta e insta a Teddy a acostarse a dormir la siesta, todos sus problemas retornan rápidamente a sus pensamientos con la fuerza de una avalancha y provocando que esa dolorosa opresión en su pecho, que jamás se ha desvanecido sólo enmascarado, se extienda implacable por todo su ser.
Sabiendo que Andrómeda es la única que puede quitarle alguna de las preocupaciones que lo acometen, se apresura a ayudar a la agotada mujer que intenta persuadir a su nieto de acostarse. Acercándose a la pequeña cama, Harry convence a Teddy de ingresar en ella. Una vez que éste se encuentra debidamente arropado por gruesas mantas, le explica al enfurruñado niño que si no se porta bien y hace como su abuela le indica, no habrá ningún dragón para Navidad. Totalmente aterrado de no recibir como regalo lo que tanto desea, Teddy asiente con toda la solemnidad que alguien de su edad puede reunir y cierra sus ojos, dispuesto a dormir.
Cuando finalmente logran hacer que el pequeño caiga en los brazos de Morfeo, salen sigilosamente de la habitación para no despertarlo. Inmediatamente después de que se encuentran a una prudente distancia de él, Andrómeda se gira hacia el auror y lo invita a pasar a la cocina por una taza de té. Y ante este ofrecimiento, Harry no puede evitar pensar que la astuta bruja parece haberse percatado de la seria conversación que está a punto de ocurrir entre ambos. Una vez que están sentados en la iluminada cocina, con humeantes tazas de por medio, la Slytherin eleva una de sus estilizadas cejas y aguarda a que hable.
Desafortunadamente, las cuerdas vocales de Harry parecen haber desaparecido junto a la capacidad de su cerebro por poner a funcionar sus neuronas. Porque no importa cuánto fuerce su mente a encontrar una forma de abordar el tema, ninguno de los posibles escenarios que se presentan en su cabeza parece ser lo suficientemente adecuados. Al ver la gran y dolorosa lucha interna que está sufriendo, Andrómeda se apiada inmediatamente del joven frente a sí.
─ Sólo hazlo. ─ Harry se sobresalta al oír las mismas palabras que le espetó Malfoy unas horas antes. Aunque esta vez, son dichas con la tranquila voz de Andrómeda. ─ Dime qué es lo que te tiene tan cabizbajo, Harry. No te he visto de esta forma en años. Al menos no desde la vez en la que aún estabas descubriendo cuáles eran tus verdaderas preferencias sexuales.
─ Yo… ─ Harry muerde su labio inferior, en un intento por reunir las fuerzas suficientes para dejar salir aquello que lo atormenta. Afortunadamente, el tan afamado valor Gryffindor que lo caracteriza sale presuroso en su auxilio, haciendo que las palabras fluyan de su boca como una imparable catarata. ─ Unos días atrás me topé con Draco Malfoy a las afueras de una juguetería. El gorro que llevaba se me había volado con el viento hasta donde él se encontraba y eso fue más que suficiente para que unas adolescentes me reconocieran y empezaran a seguirme. Creí que no podría escapar de esas molestas fanáticas, pero contra todo pronóstico, él me ocultó y se encargó de ahuyentarlas para que pueda desaparecerme sin que me vean.
Harry hace una pausa en su relato, esperando ver algún rastro de molestia en las bellas facciones de la bruja, pero se sorprende al ver comprensión y un leve rastro de tristeza. No queriendo indagar en nuevos interrogantes cuando aún no ha podido responder los que tiene, continúa con su explicación.
─ En fin, estuve horas enteras preguntándome por qué demonios Malfoy, de entre todas las personas en el mundo, se encontraba trabajando en una juguetería. Y después de pasar unos insoportables días repletos de incertidumbre, la curiosidad por responder a esa pregunta finalmente me venció. Así que fui a verlo. Imagínate la sorpresa que me llevé cuando en una de mis, llamémoslas visitas, descubrí que Draco no parece poder utilizar magia. No me preguntes por qué, ya que no tengo idea del motivo por el cual no lo hace. Y a pesar de que se lo pregunté con las mejores de las intenciones, lo único que obtuve a cambio fue que se enfadara alarmantemente y… y yo… yo no quería…
─ Harry… estás desvariando. Cálmate, ¿sí?
Harry asiente rápidamente y toma la taza frente a él. Luego de darle unos apresurados sorbos al dulce té, siente parte de su nerviosismo digerirse con la caliente infusión. Tomando una gran bocanada de aire, reanuda su confusa explicación.
─ El punto es que, después de pasar toda la noche preguntándome el motivo de su enfado, volví a la juguetería con la intensión de obtener de una vez por todas las respuestas que tanto he querido saber, pero lo único que conseguí fue conocer una noticia para nada agradable sobre su familia.
Al momento que deja salir esto, observa el rostro de Andrómeda en busca de algún signo que le indique que ha captado sus crípticas palabras. Y la misma no lo defrauda, ya que las bellas facciones de la mujer reflejan de inmediato un auténtico dolor y desolación. Por el rabillo del ojo, Harry ve cómo las finas manos de la Slytherin aprietan con fuerza la taza de porcelana que sujeta entre ellas. Sin embargo, a pesar de todas las señales que muestran el completo conocimiento que tiene sobre ese nefasto hecho, no parece dar indicios de querer decir nada.
Harry carraspea con nerviosismo, producto del extenso e incómodo silencio que se produce. No pudiendo soportar más la incertidumbre de no saber qué ha ocurrido con los padres de Draco, y temiendo no obtener las tan ansiadas respuestas por las que vino, toma una de las manos de Andrómeda hasta hacer que ésta conecta su mirada con la suya.
─ Andrómeda… ¿Qué fue lo que les ocurrió a los padres de Malfoy?
─ ¿Por qué? ─ Pregunta en un apático tono, aunque parte del mismo se ve arruinado por un sufrimiento imposible de ocultar. ─ ¿Por qué quieres saberlo? ¿Por qué ahora, después de que han pasado tres años?
─ Yo…
Harry trata de hallar una forma de contestar a estas preguntas, mas ninguna de las respuestas que asoman en su mente termina de convencerlo. Porque, ¿qué se supone que iba a decirle? ¿Qué en realidad, y aunque suene completamente desalmado, sólo quiere saber lo que ocurrió con su difunta hermana para poder acercarse a Malfoy? ¿Qué quizás, si sus sospechas resultan ser ciertas, él podría encargarse de atrapar al culpable y lograr que así Draco confíe en él? ¿Acaso podía decirle que sólo está haciendo todo esto para que Draco acepte salir con él? ¿De verdad podía ser tan cruel e insensible de decirle todo esto a ella?
Posando la mirada en la temblorosa mano que Andrómeda tiene aferrada con la suya, inmediatamente Harry siente asco de sí mismo al siquiera haber llegado a pensar estas aberrantes cosas. Jamás podría decir algo como eso, mucho menos a alguien como ella. Especialmente no después de todas las desgracias y pérdidas que ha sufrido esta noble y valiente mujer a lo de su vida.
No obstante, Harry sabe que para obtener las respuestas que busca necesitará al menos dejar entrever parte de sus verdaderos pensares. Tomando una fuerte bocanada de aire e intentando reunir todo su coraje, eleva la mirada y la posa en esos ojos castaños que lo observan expectantes.
─ Por favor, Andrómeda. Sé que debí haber sabido esto en su debido momento. Como también sé que no tengo pretexto alguno por mi falta de conocimiento. De hecho, hasta a mí me parece extraño que jamás me haya percatado de esto. Y créeme cuando te digo que no pretendo excusarme al decir que difícilmente podría haberme enterado sin leer El Profeta. Como también sé que no soy nadie para exigirte una explicación a lo ocurrido, no cuando jamás he mostrado señales de interesarme por ninguno de ellos. Y con ellos me refiero a Lucius y Narcissa… Y ahora que lo pienso… de Draco tampoco, porque yo no… ni siquiera intenté…
─ Cálmate, Harry. ─ Se apresura nuevamente a tranquilizarlo, tomando entre sus finos dedos la otra mano del joven. Por su lado, Harry se fuerza a estabilizar su agitada respiración y poner en orden todos sus confusos pensamientos. Cuando finalmente recupera algo de coherencia y estabilidad, Andrómeda continúa hablándole en un suave tono. ─ Jamás podría acusarte por algo de lo que no has sido responsable. Así que prométeme que no seguirás culpándote a ti mismo por ello.
Harry asiente completamente apenado, con la mirada fija en sus entrelazadas manos. Entendiendo que esto es lo máximo que obtendrá de él, Andrómeda trata de desviar la conversación a temas más banales. No obstante, Harry sigue fervientemente decidido a averiguar de una vez por todas la verdad, así deba hacer hasta lo imposible por forzar a la astuta mujer sentada frente a él.
─ Por favor, Andrómeda… Necesito saber la verdad.
Algo debe haberse reflejado entre la intensidad de su desesperada mirada, ya que Andrómeda suelta un resignado suspiro y cierra sus ojos, como si lo que fuera a decir le doliera profundamente. Cuando finalmente los abre y posa la vista en el expectante rostro frente a ella, Harry descubre que los marrones iris están difuminados por las lágrimas retenidas en ellos. Dándole un último apretón a las callosas manos del joven, aparta la silla y dirige sus pasos hacia la silenciosa sala.
─ Aguarda aquí.
Harry la sigue con la mirada hasta que sale de la cocina y la ve pararse frente a un mueble cerca de la chimenea. Por unos segundos, Andrómeda rebusca con temblorosas manos en uno de los cajones, hasta que retira del mismo una pequeña carpeta. Silenciosamente cierra la cajonera y regresa a la cocina, donde un más que expectante joven la espera ansioso en el lugar que lo dejó. Una vez que la bella mujer se sienta, posa su vista en el objeto retenido fuertemente entre sus manos. Finalmente, y no sin algo de vacilación, lo extiende hasta ponerlo frente a Harry.
─ ¿Qué hay aquí?
─ Allí encontrarás todas las respuestas que tanto has estado buscando.
Infructíferamente trata de descifrar algo en el rostro de Andrómeda que pueda indicarle qué encontrará allí. No obstante, una imperturbable máscara en las afiladas facciones de la mujer se encarga de frustrar sus intenciones. Golpeándose a sí mismo por perder el tiempo de esta forma, siendo que finalmente posee las tan ansiadas respuestas en su poder, Harry suelta un imperceptible suspiro y con un leve temblor en sus manos abre la misteriosa carpeta. Lo primero que aparece frente a su campo de visión es un amarillento recorte del Profeta. En éste, puede apreciarse un macabro titular en letras de color negro. Con las manos aun temblándole, Harry toma el desgastado papel y comienza a leer la antigua noticia.
19 de Diciembre de 1998
HALLAN MUERTOS A LUCIUS Y NARCISSA MALFOY EN SU MANSIÓN
Por la corresponsal del diario El Profeta, Rita Skeeter.
Ayer por la tarde, aurores del ministerio de magia hallaron a Lucius Malfoy, fiel Mortífago seguidor del Innombrable, junto a su esposa, Narcissa Malfoy (de soltera Black), y partidaria de los nefastos ideales de quien ustedes saben, muertos en el salón de su mansión en Wiltshire. La alerta a las fuerzas de seguridad del renovado ministerio fue dada por su desahuciado hijo, Draco Lucius Malfoy, al que de seguro recordarán por haber sido quien permitió la entrada de Mortífagos al colegio Hogwarts de magia y hechicería, además de las múltiples acusaciones en su contra por los intentos de asesinato hacia uno de los magos más respetables de nuestra época, el fallecido Albus Dumbledore.
Según fehacientes fuentes dentro del cuerpo de aurores, un devastado Draco Malfoy trató de explicar entre sollozos el desgarrador descubrimiento. Sin embargo, cuando el prestigioso auror John Dawlish apareció en la mansión que otrora sirvió como cuartel general para el Innombrable, nada se podía hacer por ellos. De inmediato y realizando un impecable trabajo, el auror Dawlish apresó al joven Malfoy, único sospechoso del asesinato de Lucius y Narcissa Malfoy hasta ese momento.
Por otra parte, los encargados de realizar las pericias de los cadáveres confirmaron que, previamente a su asesinato, el matrimonio Malfoy había sido severamente torturado bajo la maldición Cruciatus. Nuestros fidedignos informantes aseguran que ninguna de las protecciones de la mansión fueron forzadas, por lo que esto sólo contribuye a que se abran nuevas interrogantes sobre cómo pudo ocurrir este doble asesinato, siendo que una escasa lista de personas tenía libre acceso a la propiedad.
Todo esto sólo parecía incrementar las sospechas que los aurores tenían sobre el hijo del difunto matrimonio. No obstante, Draco Malfoy prestó de inmediato las debidas declaraciones ante las autoridades correspondientes. En las mismas, según nuestras inequívocas fuentes, el joven Malfoy desmintió cualquier acusación en su contra adjudicando que, durante el momento del asesinato, se encontraba dentro del ministerio de magia y sin varita mágica en su posesión, debido a un llamado que había recibido desde el Departamento de Aurores para aclarar algunos puntos sobre el arresto domiciliario de su padre. Luego de ser corroborada esta versión de los hechos por varios respetables funcionarios del ministerio, el joven Malfoy fue dejado en libertad a las pocas horas.
Todavía se desconoce quién o quiénes han sido los responsables del asesinato, aunque no descartan la posibilidad de que el culpable esté dentro del seno familiar. A pesar de las pocas pistas que poseen, algunos aurores ya se han puesto a trabajar en el caso. Con lo cual, es sólo cuestión de tiempo antes de que se descubra la verdad.
Por lo pronto, las hipótesis de lo ocurrido son muy diversas y aterradoras. Desde enfermizos celos e infidelidades entre el matrimonio, hasta el resultado del accionar de un codicioso joven por hacerse con la fortuna de sus padres. Sin embargo, la opción más factible y que parece tener todas las apuestas de su lado, es la de una simple venganza a mano de familiares de víctimas que apoyaron a nuestro héroe Harry James Potter, vencedor del pérfido mago tenebroso que tanto terror provocó a nuestra pacífica comunidad.
Y con esta suposición sobre la mesa, es imposible no cuestionarse si la muerte de estos dos reconocidos Mortífagos no es sino una obra del mismísimo karma, quien silencioso ha venido a cobrar justicia por los crímenes y perversiones realizados por estas tenebrosas personas. Al menos así lo cree esta humilde reportera.
Una vez que termina de leer, Harry siente sus manos temblar con mayor intensidad, al mismo tiempo que su magia comienza a correr desenfrenada por todo su cuerpo. La ira que lo aborda se refleja peligrosamente en sus tensas facciones. Inmediatamente, percibe unos irrefrenables deseos de hechizar con los maleficios más desagradables que conoce a esa infame bruja, hasta que nada quede de su despreciable ser. El último rastro de raciocinio que le queda se pierde en el momento que su mente recuerda la repugnante forma con que fueron expuestos los hechos, como si el asesinato de los padres de Draco no hubiera sido más que una placentera recompensa para la sociedad mágica.
Harry siente un agudo dolor en su pecho al pensar por todo lo que ha tenido que pasar Draco. No sólo era el hecho del indescriptible trauma y sufrimiento de haber encontrado muertos a sus padres, o de lo solo que debió haberse sentido durante todo este tiempo. Sino que además, y como si esto no fuera suficiente, ha tenido que hacer frente a los reproches y perfidias de una sociedad que lejos estaba de querer dejar el pasado atrás y perdonar.
No entiende cómo es posible que él jamás se haya percatado de todo esto. ¿En qué demonios estaba pensando cuando Draco sufría de esta forma? ¿Cómo es posible que nunca haya visto las discriminaciones que todavía se cometían hacia los que estuvieron en el otro bando? ¿Acaso tan encerrado en sí mismo se encontraba que sólo con un estúpido y viejo recorte de diario ha sido capaz de ver la realidad?
Harry no tiene tiempo de seguir autocastigándose dentro de su mente, porque Andrómeda le da un apretón a sus manos que lo fuerza a levantar su aterrada mirada.
─ Harry… recuerda que me lo prometiste. No ibas a culparte de algo que no ha sido tu responsabilidad.
─ Pero yo… yo debí haber hecho algo. Debí haber…
─ ¿Qué? ¿Qué podrías haber hecho, Harry? Si mal no recuerdo, tú y Draco jamás fueron ni siquiera medianamente civilizados el uno con el otro. ¿Cómo podrías haberlo ayudado sin que él lo considerara como una clara burla a su situación? ─ Se apresura a interrumpir el nervioso balbuceo de Harry, asegurándose de tomar con mayor firmeza las manos del joven.
─ Pero al menos debí saber lo que ocurrió con sus padres. ¿Cómo es posible que yo jamás haya visto u oído nada de esto? ─ Pregunta con desespero, tratando de aferrarse a una ínfima esperanza que justifique su imperdonable descuido.
─ El asesinato de Narcissa y Lucius no fue algo de lo que se habló en demasía, Harry. De hecho, si haces el favor de mirar, verás que sólo hay otros dos recortes más con respecto a todo esto. Y uno de ellos ni siquiera tiene relación directa con la investigación. ─ Al ver que Harry parece querer replicar, se apresura a continuar su explicación. ─ Además, por esos entonces, tenías la mente ocupada en otros asuntos más urgentes sobre tu sexualidad, como para enfocarte en algo más que ello.
─ ¡Eso no es excusa para…!
─ Sé que no lo es, pero las cosas se han dado de esta forma, Harry. Y por más que quieras, no podrás cambiar el pasado. ─ Ante esta reprimenda, Harry baja avergonzado la mirada e intenta controlar sus desbordadas emociones. Cuando finalmente parece serenarse, Andrómeda vuelve a hablar en ese pacífico tono. ─ No puedes cambiar el pasado, es cierto. Pero si puedes aprender de él para no cometer los mismos errores en el futuro.
Soltando sus entrelazadas manos, Andrómeda toma uno de los dos recortes que hay en la delgada carpeta y se lo extiende. Temerosamente, lo toma en sus manos y comienza a leer. Al instante que su cerebro registra las palabras impresas en él, Harry abre su boca sintiéndose totalmente ultrajado.
22 de Diciembre de 1998
¿VENDETTA ENTRE MORTÍFAGOS? THEODORE NOTT ES ACUSADO DE ASESINAR AL MATRIMONIO MALFOY
Por la corresponsal del diario El Profeta, Rita Skeeter.
Como pudieron leer primero en El Profeta, el pasado viernes aurores del ministerio de magia encontraron los cuerpos torturados y sin vida de Lucius y Narcissa Malfoy (ex partidarios de los ideales del Innombrable) en el salón principal de su mansión. Este misterioso e inesperado asesinato no tenía pistas concretas que llevaran a resolver el enigma. Hasta ahora.
Ayer por la noche, Draco Lucius Malfoy, único hijo de las víctimas del homicidio, fue emboscado y amenazado a la salida de un bar de dudosa reputación por su ex compañero de escuela, Theodore Nott. Uno de los clientes del establecimiento, que por razones de seguridad nos ha pedido permanecer en el anonimato, fue testigo de todo el intercambio entre los dos seguidores de quien ustedes saben. Según esta anónima declaración, el reconocido y despiadado Mortífago confesó abiertamente, y entre desquiciadas carcajadas, ser el autor del crimen. Inmediatamente, el joven Malfoy tomó del cuello de la túnica al prófugo Mortífago y trató de vengar la muerte de sus padres. No obstante, el estado de embriaguez en el que se encontraba y el hecho de no tener consigo una varita mágica, fue más que suficiente para que Nott pudiera librarse con facilidad.
Nuestra fidedigna fuente asegura que, luego de liberarse de las manos de Malfoy, Theodore Nott apresó entre su cuerpo la tambaleante figura del otro en un doloroso agarre, a la vez que escupía el verdadero motivo de su maniático accionar. Por lo que se sabe, Nott habría torturado y asesinado a los padres de Malfoy como venganza a la alta traición que los tres integrantes de la familia Malfoy profesaron hacia su señor, al haber cambiado de bando minutos antes de que la guerra finalizara y contribuyendo con ello a la caída de quien no debe ser nombrado.
El único testigo de los hechos afirma que esto no fue lo más aterrador de todo ese intercambio. Después de algunos infructíferos forcejeos por intentar escapar, seguido de una letanía de insultos soltados con el mayor desprecio posible, el joven Malfoy pareció perder todas sus fuerzas y esperanzas. Según nuestro informante, Draco Malfoy levantó la vista en un retador gesto e incitó al asesino de su familia a que lo matara a él también, para que así terminara de una vez por todas con el trabajo. No obstante y contra todo pronóstico, Theodore Nott no hizo nada de ello. Por el contrario, se acercó al asustado rostro de Malfoy y susurró unas palabras junto al oído de éste.
Desafortunadamente, el leve tono con el que fueron murmuradas no le permitió a nuestra anónima fuente captar el significado de las mismas. Sin embargo, dicho testigo asegura que debió de haber sido algo completamente atroz; debido a que, inmediatamente, el rostro de Malfoy se contrajo en absoluto terror.
Ante esto, nuestro informante afirma que estaba dispuesto a llamar a los aurores, aunque sus planes se vieron frustrados cuando Theodore Nott dejó salir otra trastornada carcajada, y después de escupir el suelo junto a Malfoy, se desapareció del lugar. De todas formas, y demostrando el correcto accionar a seguir en un caso como este, el testigo del aterrador intercambio salió presuroso a dar alerta a las fuerzas de seguridad. Desgraciadamente, cuando los aurores arribaron al lugar, ni rastro quedaba del buscado Mortífago y mucho menos del hijo de Lucius y Narcissa Malfoy.
Por otro lado, Draco Malfoy aún no ha hecho la correspondiente denuncia. Y por lo que se sabe, tampoco parece mostrar indicios de querer realizarla en un futuro. También continúa siendo un misterio qué fue lo que Nott le dijo a Malfoy la noche del incidente; pero por lo que podemos intuir, esto influyó sobremanera en la reticencia del joven Malfoy a denunciarlo frente a los aurores como el autor intelectual y ejecutivo de la muerte de sus padres.
Según nos informan en el ministerio, un grupo de aurores ya se ha puesto en marcha para tratar de resolver el enigma e intentar apresar a Nott. Sólo el tiempo dirá si conseguirán dar con el peligroso prófugo antes de que trate de asesinar, esta vez, a inocentes personas de nuestra comunidad.
Sin embargo, después de ver toda la historia desde una objetiva forma, esta humilde corresponsal no puede evitar preguntarse si realmente los aurores deberían perder el tiempo con este claro ajuste de cuentas entre Mortífagos. ¿No sería más productivo dejar que lo resolvieran entre ellos? Quizás con algo de suerte, ambos jóvenes terminen matándose mutuamente; brindándole indirectamente un gran alivio a nuestra pacífica sociedad que sólo quiere recomponerse del trágico pasado.
Entre los muggles hay un afamado refrán que dice: "Siembra vientos y recogerás tempestades". ¿Acaso no es esa una perfecta analogía a la situación que involucra a estos ex seguidores del Innombrable? Los dejo que saquen ustedes mismos sus propias conclusiones.
La magia que ya había comenzado a inquietarse en su interior con la primera noticia, parece descontrolarse por completo una vez que termina de leer el segundo recorte. Ambas tazas colocadas sobre la mesa se hacen añicos al instante. A su alrededor, una peligrosa ráfaga de viento comienza a arremolinarse huracanada, haciéndolo ver como un irascible dios del viento. Por otro lado, sus manos están fuertemente apretadas en puños, en un intento por detener la eléctrica corriente que fluye de ellas.
Andrómeda comienza a observar el poderoso despliegue de salvaje magia con asombro y algo de inquietud. Temiendo que la situación se salga por completo de control, cubre vacilante los cerrados puños de Harry con sus manos. Esto parece devolverle algo de cordura al descontrolado joven, provocando que sus encolerizadas esmeraldas se posen en el rostro de la mujer frente a él.
─ Voy a matar lenta y dolorosamente a esa maldita arpía. ─ Deja salir con los dientes apretados e impregnando en estas palabras un alarmante aborrecimiento.
─ De nada serviría que hicieras algo como eso ahora, siendo que han pasado tres años desde estos acontecimientos. De hecho, sólo le provocarías mayores inconvenientes a Draco. Más de los que ya posee, cabe aclarar. ─ Se apresura a advertirle Andrómeda, a la vez que saca su varita del bolsillo de su túnica y repara ambas tazas con un hechizo. Ante esto, Harry siente sus mejillas arder en vergüenza, no sólo por el descontrol de su magia sino también por el inintencionado reproche que le dio la mujer.
─ ¿A qué te refieres con eso? ¿Cuáles inconvenientes?
Andrómeda lo observa suspicaz, como si no estuviera segura de decir lo que tiene en mente. Por fortuna, la marcada súplica en las facciones de Harry terminan de convencerla para que deje salir las palabras que les darán las respuestas a sus interrogantes.
─ Como de seguro debes saber, o quizás no, los aurores jamás atraparon a Nott. ¿De verdad crees que ese maldito psicópata realmente ha desistido de sus planes? No, Harry. Durante estos tres años, él no ha hecho más que tratar de terminar de cumplir con su cometido. Afortunadamente, Draco es mucho más listo que él y ha sabido evitar que éste se salga con las suyas. ¿Pero a qué precio? ¿Y por cuánto tiempo más podrá seguir resistiendo?
─ Nott… ¿Sabes qué fue lo le dijo a Draco y que el testigo no escuchó? ─ Pregunta con la vista fija en el rostro de la mujer frente a él, mientras siente como los engranajes de su cabeza se mueven para recopilar cada detalle y declaración que le sirvan para dar con el paradero de quien ha estado lastimando a Draco.
─ Sí. Unas horas después de la emboscada en el bar, Draco envió a uno de sus elfos para que me diera esta carta.
Andrómeda rebusca en el fondo de la pequeña carpeta y extrae de ella un desgastado sobre. Tomándolo con delicadeza, Harry saca la carta de él y lee las crípticas palabras escritas en una estilizada y afilada caligrafía.
Andrómeda:
Necesito verte. Es urgente. No le digas a nadie de esto. Deja a Teddy con alguien de extrema confianza (en lo posible con Potter) y encuéntrame lo más pronto posible en el parque muggle al que solías escaparte con Ted Tonks, voy a estar esperándote. Asegúrate de venir sola y de quemar esta carta cuando termines de leerla.
Draco.
Harry se queda pensativo unos minutos al leer esto, sin poder salir de su asombro al ver que Draco lo considera como alguien de confianza. Al menos en lo que cuidar a Teddy respecta. Inmediatamente, siente un agradable calor inundar su pecho, a la vez que las comisuras de su boca intentan elevarse en una boba sonrisa. No obstante, la urgencia con la que fueron expresadas esas palabras es más que suficiente para aniquilar cualquier rastro de ingenuos pensamientos.
Totalmente anonadado, recuerda que una madrugada de Diciembre de mil novecientos noventa y ocho, Andrómeda se apareció en su casa y le pidió que cuidara de Teddy por unas horas, alegando que una de sus amigas estaba enferma y necesitaba que le preparen poción pimentónica. Por ese entonces, él tenía todos sus pensamientos puestos en descubrir sus inclinaciones sexuales, volviéndolo aún más despistado de lo normal y siendo éste el motivo por el cual aceptó cuidarlo sin muchos miramientos. Porque de haber tenido un mínimo de concentración alerta, se habría percatado que algo no andaba bien en todo eso, especialmente debido al evasivo tono con el que Andrómeda había hablado.
─ Recuerdo la vez que me pediste que cuidara de Teddy. Supongo que fuiste a ver a Draco. Pero, ¿por qué no destruiste la carta como él te indicó?
─ No estaba segura de qué es lo que Draco querría, pero intuí que debía ser algo realmente peligroso, de otro modo no se hubiera tomado todas estas molestias para hablar conmigo, siendo que podría simplemente haber venido a casa o hablar a través de la red flu. Después de todo, incluso antes del asesinato de Narcissa y Lucius, ya habíamos estado retornando la relación entre sobrino y tía que nunca pudimos tener. Soy la única familia que le queda, Harry. No podía dejarlo solo. No después del traumático momento por el que estaba pasando. Pero tampoco podía estar segura de que no fuera una trampa de quien había matado a mi hermana. Así que dejé la carta sobre la mesa, en caso de que no regresara. Al menos así sabrías dónde comenzar a buscar.
Cuando Harry asiente a esto y no parece mostrar señales de añadir nada, Andrómeda toma una inspiración y continúa con su relato.
─ Fui a verlo, no sin antes asegurarme de mantener cerca mi varita. No pasó mucho hasta que lo encontré sentado en un oxidado columpio y con la mirada completamente perdida en el horizonte. Se veía totalmente desconsolado, tan… roto. Ni siquiera alcancé a dar dos pasos cuando sintió el movimiento y se giró. Al verme, algo del terror que desbordaba sus facciones pareció desvanecerse, dando paso a una gran determinación. Me pidió que nos sentáramos en una banca a unos metros y cuando se aseguró de que nadie me había seguido, comenzó a relatarme todo el intercambio que tuvo con Nott.
Andrómeda se queda perdida unos segundos en sus pensamientos, rememorando con pesar las dolorosas declaraciones de Draco. Por su parte, Harry siente su sangre hervir con rabia al pensar en el joven del que está enamorado sufrir de esa forma. Dejando salir un leve carraspeo, el Gryffindor saca de su estado de ensimismamiento a la mujer.
─ ¿Y qué fue lo que Nott le dijo? ¿Con qué lo amenazó? Porque es obvio que el maldito lo amenazó, ¿verdad? ─ Pregunta con irritación, deseando asesinarlo con sus propias manos. Andrómeda observa silenciosa las exageradas muestras de enfado de Harry y comienza a atar cabos al instante. Con el mismo suave tono, deja salir la verdad del por qué nadie parece haber sabido nada de Draco durante todo este tiempo.
─ Cuando Draco le pidió que lo asesinara, Nott le dijo que esa nunca había sido su intención. La verdadera venganza no implicaba la muerte de los tres Malfoy desertores, sino el sufrimiento de mi sobrino. Ese demente muchacho perdió la cordura en el mismo instante en que vio morir a su padre, Harry. Al parecer, Nott piensa que si él lo perdió todo en esta vida, a pesar de haber sido fiel a Voldemort hasta el final… Draco, el traidor responsable de que Lucius y Narcissa cambiaran de bando, también debería perder todo lo que más le importa y lo hace feliz.
Ante esta declaración, Harry boquea como un pez fuera del agua, sin poder hacer ni decir nada. Andrómeda sonríe tristemente y continúa con su explicación.
─ Draco relató con detalle cómo Nott le advirtió que, sin importar qué hiciera, él se encargaría de destruir a todas y cada una de las personas importantes en su vida; logrando con ello volver su peor pesadilla una realidad. Entre nerviosos balbuceos, Draco me dijo que ese Mortífago no pararía hasta matar a todas las personas que lo significan todo para él, porque eso es lo que más dolor le provocaría. Es por ello que debía alejarse de Teddy y de mí, para que así estuviéramos a salvo. Draco sabía que Nott no tenía idea de que nosotros habíamos comenzado a hablarnos, por lo que supuso que estaríamos a salvo. Aun así, él me pidió que tuviera más cuidado a partir de ahora, porque nada podía garantizarme que éste no descubriera la verdad.
Harry siente sus ojos llenarse de lágrimas al escuchar todo lo que Draco ha hecho para poner a salvo a la familia que le quedaba. Unos irrefrenables deseos de abrazarlo y protegerlo lo asaltan a instante, haciendo temblar sus manos descontroladamente. Andrómeda vuelve a tomarlas entre las suyas y les da un pequeño apretón, mientras continúa con su relato.
─ Draco pareció quedarse más tranquilo después de que le aseguré que te pediría que renovaras las protecciones en nuestra casa. Luego de un momento de vacilación, sacó dos sobres de su abrigo y me los dio. Los mismos estaban dirigidos a Pansy Parkinson y Blaise Zabini, quienes se encontraban en esos momentos en Italia. Me suplicó que buscara una manera de enviárselas de forma segura y que no nos pusiera en riesgo a Teddy y a mí. En ellas, Draco les explicaba de la peligrosa situación en la que se encontraba y que, indirectamente, los ponía en riesgo a ellos también; aconsejándoles a la vez que no intentaran contactarlo ni regresaran a Inglaterra, a menos hasta que él les dijera que era seguro hacerlo. Sin embargo, yo no podía perder el tiempo buscando una forma de contactarme de manera segura con ellos, viendo que Navidad estaba a la vuelta de la esquina y de seguro sus amigos intentarían hablar con él o venir a visitarlo. Así que les envié las cartas ni bien regresé a casa, luego de añadirle múltiples hechizos de seguridad y confidencialidad. ─ Andrómeda hace otra pausa, esperando una reprimenda del joven auror por su irresponsabilidad, mas Harry no dice nada, demasiado aturdido por toda la información. ─ Y antes de que nos separáramos, Draco me pidió algo totalmente inesperado y que me desconcertó por unos segundos.
─ ¿Qué te pidió? ─ Pregunta con una agrietada voz, sintiendo un doloroso nudo apretar su garganta con saña.
─ Me pidió que jamás te dijera sobre todo esto, a menos que tú me lo exigieras.
Harry queda completamente perplejo ante esta extraña petición, no entendiendo el motivo de la misma. Y así se lo hace saber a Andrómeda.
─ ¿Por qué no quería que supiera? ─ Cuestiona con suavidad. Andrómeda lo observa por unos segundos, intentando descifrar algo en la mirada de Harry. Finalmente, sonríe con melancolía y deja salir unas palabras que harán darle fundamento a sus esperanzas con Draco.
─ Porque Draco no quería que terminaras dentro de la lista negra de Nott, al ponerte en plan de "San Potter, salvador y guardián de víctimas inocentes". Sus palabras, no las mías.
Harry no consigue evitar soltar una amarga risita ante ese apodo, mientras que siente unas insoportables ganas de besar a Draco hasta que ambos pierdan la conciencia. Las pequeñas esperanzas que se han arraigado en su pecho, se extienden a alarmante velocidad por todo su cuerpo, dándole la certeza de que quizás su final feliz no sea tan inalcanzable como pensaba.
─ Antes que cometas algún otro error y hagas enfadar a Draco… ─ Harry se prepara a rebatir, sin embargo, Andrómeda levanta una afilada ceja en su dirección, haciéndolo callar al instante. ─ Haz el favor de leer el último recorte. En él descubrirás uno de los interrogantes que tanto te han inquietado.
Harry toma el pequeño trozo de papel y comienza a leer. A diferencia de los anteriores, éste tiene una menor extensión. No obstante, el contenido de la noticia es más que suficiente para terminar de destruir cualquier resquicio de tranquilidad que le quedaba.
25 de Diciembre de 1998
DE MILLONARIO HEREDERO A HUÉRFANO INDIGENTE
Por la corresponsal del diario El Profeta, Rita Skeeter.
Una impactante noticia trascendió ayer por la tarde y se expandió más rápido que una plaga de Horklumps. Según fidedignas fuentes dentro del ministerio de magia, Draco Lucius Malfoy, hijo de Lucius y Narcissa Malfoy (reconocidos seguidores del Innombrable) y heredero de toda la abundante fortuna de su familia, ha quedado en completa indigencia. Pero, ¿cómo es posible que una de las personas más adineradas de nuestra comunidad lo perdiera todo de la noche a la mañana?
La respuesta a tal interrogante nos la da uno de los miembros del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Antes de darles la explicación, primero sería prudente recordar las sentencias que se dictaron por los crímenes ocasionados por cada miembro de la familia Malfoy. Sin duda todos recordaremos que Draco y Narcissa Malfoy, gracias a la inexplicable defensa que Harry Potter les brindó, quedaron completamente libres de cargos. Sin embargo, el patriarca Malfoy no sufrió la misma suerte. Por el contrario, Lucius Malfoy fue sentenciado a diez años de arresto domiciliario, junto a una sanción millonaria, por su activa participación dentro de las filas de Mortífagos.
Ahora que ustedes recordaron esto, finalmente podemos decirles el motivo del inesperado estado de pobreza en el que ha caído el único Malfoy con vida. Según indica la ley mágica por crímenes cometidos por Mortífagos, nada puede exonerar de sus cargos al procesado. Y en caso de no poder ser acatadas las sentencias debido a la muerte del acusado, las mismas recaerán sobre el siguiente en la línea de sucesión de su familia. Por lo tanto, las condenas a las que se vio envuelto Lucius Malfoy deberán ser infaliblemente cumplidas. Y como éste pereció días atrás, su hijo Draco deberá encargarse de tomar su lugar.
No obstante, los defensores del joven Malfoy han logrado librarlo de la pena de diez años de arresto domiciliario, gracias a un acuerdo hecho con el ministerio. Por lo que pudimos averiguar, el mismo consiste en que, a partir de este momento, los bienes y posesiones materiales de Malfoy (los cuales incluyen, además, todas las cuentas bancarias) pasarán a pertenecer al ministerio, siendo éstas quienes se empleen en la reconstrucción del mundo mágico. Con ello, Draco Malfoy se asegura de estar a mano con la ley.
Sin embargo, la pérdida total de sus bienes no es el único cambio al que deberá acostumbrarse el joven Malfoy. A pesar de haberlo librado del arresto domiciliario, sus defensores nada pudieron hacer por la prohibición exterior que se le dio a su difunto padre. En ella, la ley mágica prohíbe al acusado a comerciar, viajar o tener ningún tipo de contacto con el extranjero. Puesta en práctica esta sentencia, Malfoy no podrá ni siquiera enviar una lechuza a una persona que haya salido del país, sin arriesgarse a ser encarcelado por incumplimiento a la ley.
Todo esto nos hace inevitablemente pensar si no ha sido demasiado duro el fallo que Draco Malfoy deberá cumplir por obra de los accionares de su padre. Esta humilde reportera, y estoy segura que muchos de ustedes también, creen que por el contrario, desde el ministerio han sido bastante condescendientes con él.
Al terminar de leer, levanta la vista y la posa en la mujer frente a él, intentando hallar un indicio de que lo que acaba de ver no es más que una cruel mentira. No obstante, Andrómeda le devuelve una impasible mirada, confirmándole con ese silencioso intercambio sus temidas sospechas. Antes de que siquiera pueda comenzar a despotricar contra la vieja arpía de Skeeter y todo el ministerio al completo, la Slytherin empieza a explicar.
─ Como podrás notar, a los miembros del ministerio poco les importó dejar sin hogar y ni un mísero Knut a un joven que acababa de perder a sus padres. Y en víspera de Navidad ni más ni menos. Eso sin contar el hecho de que Draco se encontraba sin varita mágica y que desde el ministerio no tenían idea de las siniestras intenciones que tenía, y aún posee, Theodore Nott para con él.
Harry posa la vista en la vieja noticia y descubre que es cierto. Sobre el margen derecho de la misma, la fecha le indica que esos despiadados e injustos miembros del ministerio le habían quitado todo a Draco un día antes de Navidad. Sintiendo su magia descontrolarse nuevamente, conecta la mirada con Andrómeda, en un intento por mantener a raya esos alarmantes deseos de destruir todo a su paso.
─ ¿Por qué se encuentra sin varita?
─ Según recuerdo, la varita que estaba usando antes de que la guerra terminara era la de mi hermana, pero esa la perdió el día de la batalla final. Y sin duda todos sabemos qué ocurrió con la suya.
Andrómeda eleva una de sus cejas en un altanero gesto, instándolo a decir algo. Sin embargo, Harry no hace más que bajar la mirada y forzar a su rostro a deshacerse del intenso calor que siente adueñarse de sus mejillas. Sacudiendo su cabeza, posa la vista en la abuela de su ahijado y pregunta algo que aún lo desconcierta.
─ ¿Qué fue lo que Draco hizo después de que le quitaran todo? ¿Y cómo llegó a trabajar en una juguetería?
─ Después de leer lo que habían hecho los del ministerio con Draco, tomé la decisión de salir a buscarlo para que viviera con nosotros. Poco me importaban las amenazas de Nott, no iba a permitir que mi sobrino muriera de hambre y frío en la intemperie. Así que tomé a Teddy y me aparecí en el Callejón Diagon. No sé por qué, pero tenía un presentimiento de que lo encontraría allí. Caminé por horas en las heladas calles hasta que, al pasar por la juguetería del señor Clausell, Teddy comenzó a llorar y extender sus manos hacia un dragón en la vidriera. Fue entonces cuando vi la inconfundible cabellera rubia de Draco ingresando en la trastienda. Me apresuré a entrar para tratar de hablar con él, pero Nicholas Clausell vino a atenderme. Él se encargó de decirme que Draco nos había visto, pero por cuestiones de seguridad prefería no tener ninguna interacción con nosotros.
Andrómeda hace una pausa para observar el expectante rostro de Harry. Sin querer hacerlo esperar más, continúa con su relato.
─ El señor Clausell me contó qué había hecho mi sobrino durante esos dos días. Después de que el ministerio le quitara todo, Draco guardó las pocas pertenencias que le permitieron quedarse en un bolso de viaje y fue hasta el Callejón Diagon en busca de un empleo y un lugar donde pasar la noche. No obstante y como era de esperarse, nadie quería brindarle refugio o contratarlo por el simple hecho de estar marcado. Durante horas, Draco continuó buscando infructíferamente, hasta que una terrible nevada se desató. Totalmente resignado a no encontrar un lugar donde poder refugiarse, Draco se acercó al callejón sin salida a un lado de la juguetería y se dejó caer junto a unas grandes cajas que había allí. En ese momento, el Señor Clausell salió de la trastienda a ingresar la mercadería y no tardó en ver a Draco sentado en el húmedo suelo. Inmediatamente, le preguntó qué estaba haciendo allí bajo una gélida tormenta de nieve, no dándole otra opción a Draco más que responderle con la verdad. Una vez que le explicó la triste situación en la que se hallaba, Nicholas le ofreció quedarse esa noche en uno de los departamentos por encima de la tienda, a cambio de que entrara esas cajas al depósito y las acomodara. Sin siquiera pestañear, Draco aceptó al instante. Al ver la facilidad con la que el joven cuerpo de Draco podía alcanzar los estantes más altos de la tienda y sin el menor esfuerzo, el señor Clausell le ofreció darle un empleo en su tienda. Con éste, él podría pagar la renta, comprar lo necesario para vivir y hasta comenzar a ahorrar algunos Knuts.
Al escuchar esta explicación, Harry siente al instante un gran respeto por el anciano dueño de la tienda. Inmediatamente, se hace una nota mental de agradecerle por haber estado allí para Draco cuando más lo necesitó. Harry sale de su ensimismamiento al escuchar el leve carraspeo que suelta Andrómeda.
─ Al principio, Draco sólo se encargaba de ordenar la trastienda, reponer los faltantes y limpiar todo al cerrar la juguetería. Sin embargo, a la Navidad siguiente, una de sus empleadas enfermó y tuvo que dejar el empleo, por lo que Nicholas le ofreció incrementar su sueldo significativamente si aceptaba también trabajar atendiendo a los clientes. Para fortuna de las ventas de la juguetería, Draco pareció adquirir con el paso de los días un don especial que lo hacía hallar el juguete indicado para cada pequeño. A su vez, Draco encontró en el señor Clausell alguien que se preocupara por él al igual que un padre. Al menos tenerlo a Nicholas con él me deja más tranquila de que no se sienta completamente solo.
─ ¿No has vuelto a hablar con él? Con Draco, me refiero. ─ Pregunta Harry, tratando de despejar su mente de ese opresivo dolor dentro de su pecho que aún no ha cesado.
─ Algunas veces. Suelo poner como escusa ir a comprar juguetes para Teddy cada dos o tres semanas, sólo para asegurarme de que está bien. Trato de que Draco sea quien me atienda, aunque él no siempre permite que esto pase. Sigue temiendo que Nott descubra que somos importantes para él.
─ ¿Y qué hay de sus parejas? ¿Acaso nunca nadie ha intentado invitarlo a salir? ¿O rechaza a todos por temor a lo que Nott pueda hacerles? ─ Deja salir Harry lo más casualmente que puede, pero muriéndose por conocer este hecho. Andrómeda lo observa con una divertida mirada que sólo provoca un incremento en su sonrojo.
─ Draco no suele tener muchas citas. Su pasado como Mortífago es más que suficiente para que muchos ni siquiera quieran estar cerca. ─ Al ver la enfadada mirada que se posa en las facciones de Harry, Andrómeda se apresura a aclarar. ─ ¡Oh, no me mal interpretes! Estoy segura de que ha tenido algún que otro affaire por ahí. Pero como bien lo has dicho, jamás ha pasado a algo más serio con nadie por temor a que esa persona entrara dentro de la lista de Nott. De hecho, me sorprende que a ti te deje acercarse tanto.
La significativa mirada que Andrómeda le da lo pone nervioso, por lo que busca desestimar estas palabras con un poco convencido balbuceo.
─ A lo mejor sea porque poco le importa si Nott decide matarme.
─ O quizás sea porque, por mucho que lo intente, no puede resistirse a ti. Siempre creí que Draco tiene una… peculiar debilidad por ti, Harry. ─ Con esta declaración, Harry siente sus mejillas arder más que una hoguera. No obstante, su conciencia le susurra con alegría que esto sólo incrementa aún más sus posibilidades con él. ─ Y de no importarle tu seguridad, jamás me hubiera pedido que no te dijera toda la verdad sobre Nott.
Y esto es lo último que necesita para terminar de decidir cuál es el siguiente paso a dar. De inmediato, su esmeralda mirada se llena de determinación y ferocidad. A la vez, siente todo su cuerpo ser recorrido por un excitante cosquilleo, mismo que percibe cada vez que está por tener éxito en una peligrosa misión. Levantándose de su lugar con un leve estrépito, Harry se prepara para poner en marcha su plan.
─ Gracias por contarme todo esto, Andrómeda.
─ ¿A dónde vas, Harry? ¿Qué es lo que vas a hacer?
Ante estas simples preguntas, Harry se pregunta qué es lo que va a decirle ahora. No obstante, la divertida y aprobadora mirada que Andrómeda le dirige es más que suficiente para que suelte nada más que la verdad. Después de todo, ya ha pasado demasiados años perdiendo el tiempo negando sus sentimientos por Draco, como para continuar haciéndolo.
─ Voy encargarme de atrapar al maldito de Nott y hacerle pagar por todo lo que ha hecho. Porque esto ya se ha vuelto algo personal. No sólo debido a que los ha puesto a Teddy y a ti en peligro, sino porque se ha atrevido a lastimar al idiota del que me enamoré. Y eso es algo que no le perdonaré jamás. No permitiré que nadie vuelva a dañar a Draco.
─ Y si logras tener éxito y consigues atrapar a Nott… ¿Qué harás?
─ Cuando tenga éxito, voy a acosar a Draco hasta que acepte salir conmigo. Después de todo, ambos estamos acostumbrados a obsesionarnos y perseguirnos el uno al otro. No será algo distinto a lo que hemos hecho por años.
Andrómeda no puede evitar soltar una divertida risita ante esta explicación. Levantándose de la silla, se acerca al joven parado frente a ella y lo abraza con delicadeza. Harry le devuelve torpemente el saludo, mientras sonríe con agradecimiento por el apoyo que está recibiendo. Separándose del valiente joven, toma una de sus manos y dice:
─ Buena suerte, Harry. Y por favor, ten mucho cuidado. Nott en verdad es más peligroso de lo que aparenta.
─ Descuida, lo tendré. ─ Responde distraídamente, dirigiendo sus pasos a la sala para colocarse el abrigo que dejó colgado en el perchero.
─ ¿Vendrás a cenar mañana? Es víspera de Navidad.
─ Por supuesto. Teddy no me lo perdonaría por nada en el mundo.
Cuando termina de abrochar el último botón de su abrigo, Harry toma un puñado de polvos flu de la repisa en la chimenea y se desaparece entre un esmeralda fulgor de llamas, mientras su mente viaja a toda velocidad para buscar la manera de conseguir, de una vez y por todas, su final feliz.
oOoOoOo
Aclaración dentro del capítulo: en la tercera noticia se menciona una plaga de Horklumps. Según el libro "Animales fantásticos y dónde encontrarlos" de J.K. Rowling, los Horklumps son unos animales parecidos a una setas carnosas, rosadas y que tienen una capacidad de reproducción prodigiosa, pudiendo cubrir un jardín de tamaño medio en cuestión de días.
Notas finales: espero que les haya gustado. Este capítulo fue bastante largo, y a pesar de que Draco no apareció, fue más que necesario para que se descubran varios de sus secretos. Trataré de tener listo el próximo lo más pronto posible. Besitos enorme y ya nos leeremos.
