La semana había pasado volando para Obito que en contra de todo pronóstico no se encontraba en su desolado pero como departamento de joven soltero independiente. No, ahora se encontraba reguardado en su automóvil frente a una casa que conocía bastante bien pues había pasado en ella gran parte de su vida y la cual había huido a la más mínima posibilidad. Sin embargo no podía huir del todo, no si hay costumbres a las cuales quisiera o no hacer tenía que cumplir con diligencia.

Ese hábito siempre ocurría todos los sábados en las mañanas sin excusa que valiera la pena exentar eso. El propósito era simple: iba a visitar a su padre. Aquel hombre que por más que esforzaba en recordar haber pasado algunos momentos memorable no lograba recordar nada y el cual su madre odiaba con toda su alma.

Él no le guardaba rencor por jamás haberle prestado atención. Sabía que no se encontraba bien, que por llamarlo de alguna manera no estaba en sus facultades mentales y que sabía que muy en el fondo le quería solo que no llegara de demostrarlo.

Izuna, su padre sufría de depresiones desde que él tenía memoria lo que siempre le provocaba problemas en su vida diaria. Eso agravo más cuando por fin había perdido su trabajo y su amada esposa le había dejado simplemente colapso. Eso había pasado cuando el solo tenía 7 años y desde ahí jamás se sintió aceptado. Pero había comprendido. No le guardaba rencor, solo le quería un poco y sentía lástima.

Salió de su automóvil en completo silencio contemplando aquella casa. No era su padre en realidad, sino de su tío Madara al cual si odiaba con todo su ser, y el motivo salió de esa casa. No tenía tiempo para pensar en esas casas. Avanzo a la entrada principal mas no hubo necesidad de tocar pues su padre había llegado en ese momento. Se veía demacrado y sin paz, como siempre. No dudo en abrazarlo siendo correspondido

-Pensé que no vendrías- comento el mayor deshaciendo el abrazo.

-Siempre vengo- dijo entrando a la casa.

-Es cierto, no me hagas mucho caso- dijo a manera de disculpa cerrando la puerta.

-Y ¿Cómo han ido las cosas esta semana? - pregunto cómo la rutina le dictaba esperando la misma respuesta de cada semana que pasaba de un ligero encorvamiento de hombros seguido nada. Pero esta vez no fue así.

-Le comento a Madara que quería volver a trabajar- dijo yendo a la sala seguido de su hijo- dije que era importante retomar mi carrera. Volver a trabajar como abogado porque me ayudaría.

-¿Qué te dijo?- pregunto seco. Nunca esperaba nada bueno de Madara. Puede que su padre le quería, pero el no, veía que solo fingía amabilidad solo para obtener sus propósitos y juraba que lo hacía con todo incluso con su propio hermano.

-Que sentía que no le veía el caso de que lo hiciera- suspiro- que aquí tengo todo lo que necesito y lo que menos debo pensar es en trabajar. Pero yo no quiero trabajar por dinero…quiero porque así me sentiría útil- soltó desganado.

-No deberías hacerle caso, es tu vida, haz lo que deseas "y deja de depender de tu odioso hermano, joder. Dice ayudarte, pero solo quiere que estés encerrado en esta maldita casa" se reprimió en soltar todo lo que pensaba. Lo que menos quería era desanimar a sus papá con esas palabras tan hirientes que se negaba escuchar.

-Es que, tal vez tenga razón…

-Papá, tal eso te ayude. Saldrás de casa, conocerás personas "él dejara de ser el centro de tu atención, por eso le aterra que hagas eso" te hará bien.

-Supongo que si- murmuro.

-Lo harás bien. Confió en ti.

Izuna miro a su único hijo con una sonrisa que le fue difícil de comprender. Se odiaba mas no lo demostraba. Se sentía así pues su hijo le daba consejos cuando él tenía que darlos.

-Tienes razón- suspiro- ¿tú como estas?

-Normal, supongo- tuvo una pausa- sigo en terapia.

-Oh- soltó bajando la mirada. Por una parte de sentía biológicamente responsable que Obito acudiera el psicólogo en busca de terapia.

-Voy bien- mintió- ha participado- mintió más.

-Me parece bien que lo tomes en serio ¿y las clases?

-Voy bien- contesto rápido- y en la tarde tengo una cita- conto, prefería hablar de eso.

La actitud de Izuna mejoró notablemente al escuchar eso o eso noto Obito. Si, que su hijo de 23 años contara de su primera cita era algo de suma importancia, ironizo en su amargada cabeza.

-Déjame adivinar- sonaba interesado- Rin ¿verdad? Siempre me hablas de esa chica cada vez que vienes.

Sintió una punzada en el pecho cuando escucho eso. Sintió deseos de decirle que sí, que tendría una cita con ella de lo más romántica con ella y que estaban profundamente enamorados. No era la verdad, ni siquiera se aproximaba. Solo tendría una cita nada romántica con una chica que conoció en terapia hacia unos días y que por poco la había asesinado con su carro.

-No, ella solo es mi amiga, incluso se va a casar- ahora no solo sentía una punzada en el pecho si no como si unos pequeños pedazos de cristal se incrustaban en su garganta de manera sádica y sin piedad.

-ya veo, lamento haberlo malinterpretado- se disculpó.

-No pasa nada. Negó.

-Y ¿quién ese esa chica?

-Se llama Hinata…es interesante- conto de manera abreviada. Quiso contarle de manera irónica que tal vez en lo que parecían es en el intento de suicidio pero se limitó a no hacerlo.

..

Hinata se encontraba en su recamara totalmente solo lo cual no era ninguna novedad para ella a no sé qué estaba arreglándose para su cita; estaba nerviosa y realmente confundida ¿eso era una buena idea? No conocía de mucho aquel sujeto aunque no demostrara que fuera un completo sociópata, tenía problemas incluso similares a los suyos así que suponía que era de fiar ¿no? Tampoco podía decir que eso se consideraría como una cita por lo menos no una cita del tipo que cualquier chica se emocionaría al solo escuchar la palabra. Solo saldrían a matar el tiempo. Nada más eso.

No le interesaba Obito y estaba seguía que el sentimiento era correspondido lo que le aliviaba, lo más seguro es que él estuviera enamorado de aquella castaña, se le notaba incluso en la mirada, era algo tan obvio y ella estaba enamorada de… un imposible. También sospechaba que en eso se parecían.

Reviso lo que tenía puesto. Llevaba el cabello suelto sin ningún accesorio que lo adornara. Una blusa blanca sin magas, jeas azules y botas cortas de piel color negro, y en su rostro no había ninguna huella de maquillaje. Considero que no tenía por qué arreglarse tanto.

Teniendo todo listo se fijó en el pequeño reloj que descansaba en la mesita de noche 12:00 am. Faltaba tiempo y se sentía nerviosa. Tal vez si tenía ganas de verlo.

Salió de su recamara notando a su hermano menor frente a ella, al parecer la estaba buscando.

-Hola Hanabi- salido con una pequeña sonrisa pero sincera.

-Hola- dijo- me preguntaba si querías ver una película conmigo- ofreció. Era un sábado aburrido y que mejor que pasarlo con su hermana mayor.

-Solo será un rato, tendré que salir en la tarde- dijo sorprendiendo a la castaña que lo demostró muy claro.

-¿Tienes una cita?- pregunto sin darle mucha vuelta al asunto. Eso realmente presentaba un fenómeno sin precedentes. Y eso hablando de la mejor manera posible.

-Sí, algo así- asintió- pero será en cuatro horas, tenemos tiempo.- informo.

-Entonces puedes quedarte todo ese tiempo conmigo_ le tomo de la mano jalándole- vamos.

-Vale- dijo yendo con ella. Después de todo, no estaba tan sola.

Miro por unos intentas el reloj de pulsera que tenía en la muñeca derecha mientras seguía conduciendo; 3:30 pm, hizo una mueca y acelero lo más prudente que podía. Porque en todo tenía que estas retrasado. Estuvo unos cinco minutos que manejando y lanzando leve maldiciones llego aquella casa que recién conocía. Se estaciono en frente de esta y tomo aire. Ella no merecía verlo molesto por lo que decidió darse su tiempo para calmarse y cuando se sintió que la repentina ira de disipaba en al aire salió del automóvil. Se acercó a la puerta principal tratando de lucir despreocupado y casual. Un tipo cool, algo que definitivamente no creía que era. Pronto aquella puerta se abrió siendo recibido por una chica parecida a Hinata. Supuso que era su hermano, y acertó.

-Disculpa- empezó tratando de disimular su nerviosismos ante la inquisidora mirada de la adolescente- ¿se encuentre Hinata?

-Depende- dijo- ¿así que eres el tipo que invito a salir a mi hermana?- pregunto.

-Sí, soy yo- afirmo.

-Espera aquí- y sin esperar más le estampo la puerta en la cara. De manera literal. Incluso le dolía la nariz por el fuerte impacto.

Y mientras trataba de aliviar su dolor salió Hinata sonriéndole de esa manera encantadoramente tierna que hizo que se le olvidara el dolor.

-¿Estas bien?- pregunto acercando su mano por temor a que se hubiera lastimado.

-No te preocupes, no hay ninguna hemorragia. Bromeo dejándose el rostro en paz como si nada hubiera pasado- ¿ya nos vamos?

-Ah claro- asintió- solo voy por mi bolsa y a despedirme de mi hermana no tardo.

-Claro, no te preocupes- dijo confiado viéndolo como entraba de nuevo en la casa. Luego de eso se sentó en el porche de la casa para esperarla pues estaba consciente de que todas las chicas se tardaban aunque juraran lo contrario, incluso Rin cumplía esa regla como si fuera una obligación. Más en esta ocasión no paso, pues en un par de minutos aquella chica le tomaba un hombro para llamar su atención. Eso le sorprendió pero sonrió, era bueno saber que no todas hacían eso.

-¿Ya nos vamos?- pregunto la joven.

-Claro- asintió levantándose dando su mano- me permite- bromeo.

Hinata enrojeció ante el gesto pero no dudo en tomar su mano. Vamos, eso no sucedía todos los días, pensó. Y así tomados de la mano mirando que el chico le miraba algo dudoso, como si pensar que lo que estaba haciendo estaba mal. Le sonrió un poco dando a entender que estaba bien y lo capto. No había necesidad de palabras. En esos momentos.

Así fueron al auto que duro muy poco, se ofreció, como todo buen caballero a abrirle la puerta en una cómica reverencia que la hizo reírse a la hora de sentarse de lado del copiloto. Le cerró la portezuela y fue a su respectivo lugar, poniendo en marchar el auto y poniendo la rabio donde la atípica música pop inundo el ambiente.

En el transcurso del viaje nadie se atrevió hablar en un principio porque no lo veían nada necesario. Obito seguía concentrado en el camino- si, porque luego de casi matar a alguien uno se vuelve más precavido- mientras Hinata se limitaba a mirar por la ventana los paisajes que pasaban. Casas residenciales, una parecida a la otra, bloques de departamentos que hacia semejanzas a figuras descoloridas de LEGO, comercios que iban desde lo más prósperos y brillantes a lo que simplemente caían en el caos financiero. Gente que caminaba en la calles con calma o totalmente desesperada por llegar a su destino. Eso la distrajo el tiempo necesario como para que se pusiera a pensar en l: no detenía el auto.

Ahora que se lo ponía e pensar mejor jamás había fijado a ir a un sitio determinado y eso le inquieto. Y si su personalidad amable y simpática no era más que una fachada para ocultar sus verdaderas intenciones que eran temibles y oscuras. Incluso, le haría daño a su hermana por ser testigo.

La miro asustada por la negra y nefasta película que paso por su mente sobre aquel joven que más, ausente no podía estar. Tomo aire, no podía pensar tan mal de él, no de esa manera tan neurótica. Debía de preguntarle de manera que no sospechara nada a donde se dirigían y si no le contestaba o actuaba de manera sospechosa saltaría del auto. Oh vaya que haría eso.

-Y… Obito ¿puedo preguntarte algo?- empezó a decir, estudiando sus reacciones. Se mantenía sentado de manera muy correcta y no se notaba nervioso. Era un psicópata, divago.

-Dime- dijo aun manteniendo su vista al frente aun indiferente ante la actitud de la chica.

-¿A dónde vamos a ir?- pregunto ya sin más rodeos, necesitaba una respuesta ya.

-Te quería llevar al centro comercial pero al parecer es más lejos de lo que pensaba – conto mostrándose desanimado- pensé que podríamos tomar algo y después ver una película al cine.

Iba a protestar su argumento. Para empezar el centro comercial no quedaba muy lejos. Le exigiría saber que era lo que realmente planeaba. Más no pudo articular palabra alguna pues cuando miro de frente pudo ver el gran centro comercial. Bajo rápido la mirada, sintiendo una gran vergüenza por ella misma por pensar esas cosas de ese chico.

-Bueno- dijo mientras pagaba el estacionamientos- ya llegamos- anuncio como su no se hubiera dado cuenta de eso.

Solo asintió con la cabeza sintiendo que era lo mejor y fue. Se estaciono en un lugar al fondo y suspiro-

-Está bien ¿Qué sucede?- pregunto-

-No pasa nada- contesto nerviosa.

-Has estado así caso todo el camino, si tienes algo que decir no lo calles y dímelo de una vez- su voz cambio. Mo sonaba amable aunque tampoco agresivo. Solo quería explicaciones que ella no quería hacer pero que tenía que hacer.

-Es que… me puse nerviosa eso es todo- dijo tratando de quitar todo signo de importancia a sus palabras.

-¿Por qué?- pregunto arqueando una ceja.

-Apenas te conozco… y es mi primera cita y no me decía donde iríamos, por eso.

-Oh ya veo- soltó mas compresivo no te preocupes no soy ningún asesino en serie o algo por el estilo si eso piensas.

-No he pensado en nada de eso- negó rápidamente- creo en ti- sonrió dejándole sin palabras.

Él quiso hablarle pero nada salía de su garganta. Apretó los labios formando una pequeña mueca. No entendía porque estaba así.

-Bien- logro a duras penas abriendo la puerta- tenemos que salir.

-Ah claro- asintió nerviosa

Los dos salieron y cuando Obito sintió que el auto estaba lo suficientemente seguro se dirigieron aquel complejo que tenía una pinta de mezclar el pasado y el presente que ofrecían con fines lucrativos un aire agradable para todo el público que entraba a comprar cosas "fundamentales" o simplemente para matar el tiempo. Tanto Obito como Hinata pensaban en hacer lo segunda opción, pero no sería así, jamás funcionaban lo que planeaban.

Continuara.