VI

HONOR SIN VALOR

Decir que se sentía como la mierda era poca cosa.

Esta mañana Agasha no quería tener piel o huesos. La pobre florista incluso amaneció con un gran odio hacia la luz del sol porque sabía lo que pasaría una vez que su cuerpo cayese en conciencia completa y se enfrentase a los rayos luminosos del día.

Los golpes a la puerta de su casa la trajeron al mundo de los vivos. Luego el sol la castigó como si hubiese podido leerle la mente y se vengase por su insolencia; un grave daño atacó a sus ojos cuando los abrió de golpe. Tanto fue su ardor que Agasha hizo un movimiento brusco intentando evitar los rayos del sol y cayó de la cama.

Sí, de su cama.

Apenas recordando cómo funcionaban sus brazos y piernas la chica, sintiendo un dolor muscular inusual nada grato, se levantó con la rapidez de una tortuga recién nacida y lo primero que hizo fue esculcarse todo el cuerpo al darse cuenta que lógicamente hablando, ella debió haber amanecido encima de la acera… o una zanja.

Pero no, estaba en su casa.

Tenía puesta ropa enteramente limpia, su entrepierna no dolía en lo más mínimo (que el resto se halle entumido era algo normal dado a la cruda mañanera) y no se sentía extraña ni perturbada más allá de lo esperado.

Su actual ubicación y su cuerpo recién bañado la dejaron desconcertada. Su cabello se sentía húmedo aún y su piel algo fría.

Agasha se sentó en la cama soltando un suspiro prolongado, se llevó las manos a la cara con todo el desgano posible queriendo sacarse los ojos, acostarse otra vez y dormir el resto del día, pero los golpes a su puerta fueron insistentes. El ruido la molestó lo suficiente como para hacerla pararse e ir a mandar a quien sea que estuviese molestando al hades.

Se alegró bastante cuando estos golpeteos al fin pararon; ella a mitad de las escaleras no le encontró el sentido regresar a su cama estando ya afuera de ella. Primero bebería un poco de agua y después vería qué hacer primero de su larga lista de deberes.

«¿Pero cómo llegué aquí?». Nada tenía sentido para Agasha. Esta era su casa, esa era su ropa, su cama no tenía mancha alguna de perturbación a su persona y claramente su herida en la mano derecha (la cual ya empezaba a arder como el infierno por sus movimientos anteriores) había sido vendada a la perfección.

Su mano incluso tenía un súbito olor a pomada para la cicatrización que además era un buen remedio contra el dolor. Ella no pudo haber hecho algo tan perfecto en su patético estado de ebriedad.

La venda… ¿cómo no lo había notado antes cuando se levantó?

Un tanto alarmada miró por todos lados en busca de alguna respuesta a todas sus preguntas cosa que eventualmente no encontró.

Algo era evidente, ella no llegó sola a su casa. Agasha recordaba bien lo ocurrido incluso su vergonzoso accidente… bueno, todos sus vergonzosos accidentes, y en ninguna parte de su cabeza llegaba la información de haber entrado a su casa siquiera arrastrándose.

Ni mejor hablemos de haberse dado un baño y cambiado de ropa.

Con la vista nublada y aun mareada, Agasha corrió rápidamente como potrillo recién nacido hasta la puerta principal de su casa y para su alivio vio que esta no había sido forzada y de hecho tenía el seguro para evitar visitas indeseadas. Por otro lado sus muebles estaban en perfecto orden como siempre.

Si un ladrón hubiese entrado, para empezar la habría matado a ella y después se habría llevado hasta esas cortinas espantosas que su padre se había empeñado en guardar por ser las favoritas de su suegra. Agasha no había conocido a ninguno de sus abuelos, pero debía admitir que su abuela había tenido mal gusto para la decoración.

Hipótesis del ladrón, echada por la borda.

Sin entender nada, instintivamente Agasha volvió a tocarse la vagina y tampoco notó nada raro. Incluso abrió un poco la parte del vestido sobre su pecho y miró con asombro como este no tenía marcas salvo por los raspones que se hizo al caer al piso estúpidamente.

Nada raro aparte de todo eso.

—No lo soñé —se dijo viendo de nuevo su mano. Movió los dedos asegurándose de la realidad del ardor—. ¿Cómo llegué acá? —Se dio suaves golpes en la cabeza con sus nudillos tratando de hacer memoria.

Si pensaba de forma lógica ella no pudo haberse puesto de pie y caminar sola entre las calles de Rodorio y llegar a su casa, darse una ducha, limpiarse las heridas y acostarse para dormir como un bebé.

Tampoco había llegado ahí por arte de magia, evidentemente alguien que la conocía había entrado con ella a su casa, la había limpiado en todo sentido (perturbador) y no conforme con eso la había dejado con cuidado en su cama para que tolerase sola y junto a los pedazos de su dignidad, una resaca tan grande que ni siquiera el propio Atlas soportaría.

Pasando la mano izquierda por su cabello decidió regresar a la cocina, tratar de beber algo de agua e intentar de recuperar todos sus sentidos pues aún tenía trabajo que hacer.

«Sea quien sea no pudo haber sido alguien con malas intenciones» trató de animarse. Posiblemente una de sus vecinas fue o algún hombre muy bien intencionado… o tal vez gay.

Tratando de sobrellevar el ardor de sus ojos, la resequedad de su boca y el dolor corporal, Agasha caminó arrastrando los pies hacia la cocina; oyendo algo de ajetreo afuera, típico de un nuevo día de celebraciones más tranquilas que las de ayer, procuró dejar de pensar en el tema que le intranquilizó durante varios minutos.

«Nunca más» pensó refiriéndose al alcohol.

Hoy la mayoría de las familias pasearían o simplemente comerían en casa todos juntos. Agasha no pudo evitar sentirse triste por la falta de sus padres.

No es momento de pensar en eso.

Agasha ignoró todo pensamiento deprimente, dispuesta a continuar con sus planes para hoy. Comería un poco de pan y se relajaría un poco, entonces empezaría con sus tareas pues al ser un día soleado y casi perfecto para la mayoría de las personas, al menos una que otra pareja se acercaría para comprar flores. O algunos podrían ir a visitar a algún pariente en el cementerio.

Luego de un par de minutos de pie decidió ser razonable. Ya no debía esperar a encontrar a nadie en su casa, es decir, ¿qué tipo de hombre (o mujer) no se hubiese aprovechado de ella ayer al verla en ese estado tan deplorable? O si habían ingresado a su hogar, ¿por qué no se habían llevado su dinero o algunos objetos de muy escaso valor?

Asunto cerrado, seguro fue una vecina o vecino que quiso hacerle el favor.

Todo estaba en orden y su persona no estaba herida salvo por lo que ella misma se hizo la noche de ayer. Así que Agasha respiró un poco más aliviada agradeciendo al extraño con una sonrisa.

Pero la vida a veces obraba de formas misteriosas, pues luego de agarrar el cántaro de agua, un vaso y girarse hacia al frente, dispuesta a servirse un poco y comenzar su día de forma más amena, Agasha pudo visualizar al fin, a la completa perfección, a alguien durmiendo a un lado de la puerta de la entrada de su hogar.

Su semblante palideció.

¿Cómo no lo había visto antes?

Con los ojos casi fuera de su órbita, Agasha simplemente no pudo creer lo que estaba viendo.

Seguro seguía borracha.

Incapaz de aceptarlo, Agasha se giró de nuevo y tomó la maldita agua. Estaba convencida de que su mente no se encontraba nada bien y tenía que dormir un poco más, en esas condiciones ni de chiste intentaría hablar con algún cliente y ponerse en ridículo.

Nadie podía aguantar tanta humillación en tan poco tiempo.

Tomó por lo menos 3 vasos de agua y luego respiró agitadamente.

Envalentada se volteó de nuevo; el alma casi se separó de su cuerpo. Claramente no estaba imaginando nada pues terminó por escupir el agua del cuarto vaso, debido a la sorpresa.

El más increíble y apuesto hombre sobre la faz de este planeta despertó ante el ruido que ocasionó.

Temblando, Agasha dejó el vaso a un lado del cántaro, sobre la barra y frente a una pequeña ventana que daba como vista el centro del pueblo de Rodorio cuya escultura hecha de marfil era la de la diosa Athena, con su majestuosa armadura en toda su divina gloria.

Nada de eso importaba ahora. Sólo él lo hacía.

—¿Se-señor Albafica? —Musitó rogando a todos los dioses que conocía porque esto no fuese una cruel ilusión.

Ya estaba demasiado crecidita para seguir dejándose engañar por esas apariciones imaginarias.

Él inhaló fuertemente cerrando los ojos, al exhalar los volvió a abrir.

No, este era el verdadero. Y no sólo eso, sino que portaba la misma capa que ella vio ayer en el Santo Dorado que ingresó a la taberna poco antes de que ella se fuese agitando una botella de licor como una solterona ebria sin dignidad o sentido de la decencia que era.

Oh dioses.

Por su lado, Albafica de Piscis tenía algunas cosas que explicar, él lo sabía y muy en el fondo no quería hacerlo ni hoy ni mañana. Al igual que Agasha había bebido mucho y aunque no cayó en la ebriedad total sus ojos le pasaron factura de haber consumido más de lo usual, cosa que lo enfermaba pues nunca le había pasado algo semejante.

Pero mientras no haya dejado muertos a sus espaldas no se arrepentía de nada, y el presunto violador de ayer había dejado de contar para él.

Albafica cerró los ojos dejándose caer de nuevo a la pared que designó para dormir un poco antes de regresar al Santuario y esperó la reacción de la chica. Sólo aguardaba porque ésta no fuese agresiva y comprendiese que no hizo nada con malas intenciones, cosa difícil de creer si se tomaba en cuenta su fachada actual.

Cuanto había estado deseado que ella no despertara hoy.

Quiso reír ante la burla de los Destinos y su afán por no concederle siquiera esta mugrosa petición.

Cuando la vio en la taberna, él inmediatamente supo que la reconocía de algo, y dado a que su vida social se reducía drásticamente a sus allegados caballeros, diosa y Patriarca, no le fue tan difícil saber quién era esa chica vivaz de cabello castaño y ojos verdes.

Incluso su delicada voz infantil no había cambiado mucho con los años, lamentablemente no así podía decirse lo mismo del resto.

Delgaducha, con piernas largas y brazos cortos, la niña que él había conocido ya era toda una señorita. Una muy irresponsable; tanto que quería levantarse únicamente para darle un largo sermón y un buen tirón de orejas. Pero Albafica no era su padre ni tampoco su amigo, y suficiente había logrado ya con dejarla saber quién se tuvo que hacer cargo de los resultados de su vergonzosa ineptitud sobre el manejo del alcohol como para esforzarse en decírselo.

Por otro lado tampoco tenía muchos ánimos para reprenderla. Así que como siempre iría sin rodeos con el único fin de tratar de conseguirse algo de paz para sí mismo.

—Ayer te oí gritar una grosería tras otra —dijo sin abrir los ojos—, cuando llegué a ti ya estabas desmayada, con una herida abierta y completamente sucia —de eso último no entró en detalles.

Si hubiese abierto los ojos habría presenciado una muy gráfica y perfecta imagen de la vergüenza sobre la cara de Agasha.

—¿Us-usted me e-encontró…?

Él asintió sin clemencia alguna.

—Sí, recordé dónde vivías y te transporté acá sobre mi hombro —soltó un suspiro—. Admito que eso fue bastante estúpido de mi parte, porque cuando llegué a tu casa te orinaste sobre mí.

Hubo silencio, hermetismo total.

«¡No! ¡¿Qué?! ¡Esto puede ser!» Enmudecida, Agasha se aferró al vaso vacío y apoyó su espalda sobre la barra para no caer de rodillas.

¿Por qué?

¿Por qué estas cosas tan vergonzosas tenían que pasarle a ella? ¡¿Por qué?!

—¿E-e-e-en se-s-es-serio hice e-e-eso? —Tartamudeó sin control y sin poder detenerlo.

Albafica lucía muy sereno.

—Sí, me molesté un poco pero ya no importa, estabas ebria hasta la médula. Me di un baño, lavé mi ropa y la dejé secando afuera junto a la tuya, la tomaré una vez que esté lista. ¿Me harías el favor de ir por ella?

Al abrir los ojos, Albafica vio que Agasha estaba tan enrojecida que alzó una ceja.

—¿Estás avergonzada?

¿Por qué tiene que ser tan directo?, Agasha no lo entendió así que sólo asintió enrojecida de la cara por la pena que la carcomía por dentro.

—Entonces la próxima vez no bebas tanto alcohol si no puedes controlarlo —regañó con severidad, afilando su lengua—. La herida que te hiciste en la mano hubiese podido ser grave si no se atiende a tiempo, fue una estupidez de tu parte no tomar tus precauciones antes de emborracharte así.

Agasha bajó la cabeza antes de caer en cuenta de algo. El Caballero dijo que ella se había orinado encima de él y por eso lavó su ropa dejándola afuera… él fue quien la encontró y la llevó a casa para limpiarla.

¡Oh santas almas del hades!

¿Qué demonios fue lo que pasó?

—Se-señor Albafica… ¿u-usted me-m-me li-limpió s-sin m-mi ro-ropa?

Él la miró como si estuviese hablando con un ser humano muy estúpido. Así justamente se sentía ella bajo sus afilados ojos, reprochándole con su sola expresión irritada.

—¿Acaso te bañas con ropa?

Instintivamente se cubrió los pechos formando una cruz encima de ellos con sus brazos, Albafica resopló acomodándose de nuevo sobre la pared.

—Te cubres ahora pero ayer me pediste que me acostara contigo.

—¿Qué…? No. Y-yo pu-pude ha-ber dicho eso —Agasha tragó saliva pesadamente. «Zeus… ¡no puede haber peor humillación!». Oh sí, sí podía.

—Usando tus palabras textuales.

«No por favor, ¡no!».

—Dijiste…

Antes de que cualquier cosa pudiese salir de sus (magníficos) labios, la puerta fue tocada por alguien que resultó ser Edesia.

—¡Señorita Agasha, ya llegamos mi hermano y yo para llevar las flores al Santuario! —Tocó de nuevo con más fuerza—, ¡¿está usted en casa?! ¡Señorita Agasha!

¡Por los dioses! ¡Lo había olvidado por completo! Ni siquiera había terminado los arreglos.

¡Bravo Agasha! Qué responsable eres. Tu papá ha de estar retorciéndose en su tumba exitosamente como un pez fuera del agua por tu fina manera de hacer crecer el negocio familiar.

Qué estúpida se sentía.

—Yo creo que no está —ese era Demóstenes ya cansado—. Hemos venido dos veces y no contesta, vámonos ya.

La niña replicó por mucho tiempo pero al final terminó cediendo a las quejas de su hermano preguntando en voz alta por el paradero de Agasha, preguntándose si se encontraría bien. La joven en el interior de su casa, aún enmudecida por la vergüenza, se dejó caer al piso cubriéndose la cara con sus manos temblorosas, incapaz de seguir viendo al Caballero Albafica a la cara.

El Caballero, por su lado, no tuvo problemas en mirarla a ella en silencio, y menos ahora que Agasha (inconscientemente tal vez) había flexionado las rodillas dejándole ver su desnudez por debajo del pequeño vestido que él por la noche había tomado deprisa luego de secarla con una toalla, que en estos momentos, también se encontraba bajo el sol junto a la ropa que ambos llevaban por la noche.

Con descaro hizo un largo y lento recorrido visual detallado; su mirada afilado pasó lentamente por sus piernas, sus rodillas enrojecidas por los golpes que se dio ayer. Su mano derecha vendada y su cara oculta entre ambas. Mientras la pobre se atormentaba a sí misma, él sabía que con todo lo que le había dicho la chica estaba que se moría de la vergüenza; cosa más que evidente. Pero él nunca fue alguien especialmente piadoso y menos cuando se hallaba tan molesto. Molesto por su irresponsabilidad al salir de la taberna si iba a desmayarse en medio de una calle. Calle que pudo haber sido su tumba si contaba con la desgracia de ser encontrada por un malviviente.

Molesto por insinuársele durante todo el camino de regreso a la casa de ella, completamente ebria. Más molesto estaba porque ella se atrevió a tocarlo con sus sucias manos llenas de sangre y aun así calentarlo de una forma que le sorprendía.

Y sobre todo, Albafica estaba molesto con ella por haber crecido hasta alcanzar proporciones físicas auténticamente peligrosas para la cordura del Caballero de Piscis y para el bienestar físico de ella.

Albafica entrecerró sus ojos sin dejar de mirarla. Tenía unas ganas inusitadas de poner sus manos en ese delicado y suave cuello, y exprimirlo hasta que su cabeza dejase de dolerle.

Entendía y agradecía que Agasha ya haya aprendido su lección, pero eso lamentablemente no le quitaba el malhumor con el que había amanecido.

Y es que en su propio estado de ofuscación, él pudo haberle hecho cualquier cosa y largarse sin nada que temer; demonios, incluso pudo haberla tomado como ella se lo estuvo pidiendo mientras la lavaba, o simplemente Albafica pudo haberla dejado en la acera esperando que siguiese viva al día siguiente. Para su maldita mala suerte, los cálidos recuerdos que mantenía de ella siendo deleitantemente amable a su alrededor eran demasiado fuertes como para dar la vuelta e ignorarla. Jamás había hecho caso omiso a la llamada silenciosa de auxilio de alguien, y menos de alguien tan tierno y valioso para el mundo como ella.

Este planeta ya tenía a demasiados bastardos tratando de destruirlo como para dejar morir a alguien sumamente decente. Aunque en este caso en particular él le agregaba las palabras "inconsciente" e "irresponsable", pues todo eso era lo que esa niña bonita representaba.

Albafica trató de ignorar los ardientes recuerdos de su cabeza. El calor y la excitación que lo embriagó aún más que el alcohol mientras pasaba el paño por sus senos, su cuello, sus hermosas y ligeras piernas, sus nalgas redondas y suaves y sus delicados brazos. Ahora que lo pensaba bien, el guerrero tuvo que admitir aquí y ahora que se había vuelto loco por tomarse tal atrevimiento, pero una vez iniciado el proceso ya no pudo parar.

Él se bañó después de haberla puesto sobre su cama, tratando de no considerar la posibilidad de acostarse junto a ella y que pasara lo que tuviese que pasar. Quizás ella no lo recordaba, pero Agasha vomitó una vez en el camino y una segunda después de la ducha. La buena noticia es que muchos se emborracharon ayer y ahora nadie sabía nada de los desastres que habían sido dejados en la oscuridad. Sólo él, por supuesto y sus bochornosos recuerdos de su persona arrastrándola junto consigo mientras intentaban ponerse de pie eran los que apenas perduraban.

Seguramente si Kardia o Manigoldo hubiesen estado presentes ya lo estarían fastidiando hasta la muerte por no haber aceptado la invitación de la florista, sin embargo no estaba tan desesperado por compañía como para abusar de una mocosa alcoholizada.

Viendo a Agasha aún en la misma posición de pena absoluta le hizo sentir lo divertido del asunto. Algo irónico se rio adentro de su corazón mientras la veía hundirse en su vergüenza.

Debió reconocer que ya comprendía un poco más a ese par de idiotas y su incesante gusto por joderle todos los días. No es que pensase en volverse un dolor en el trasero como Manigoldo o Kardia, pero ahora que se sentía del otro lado del tablero, Albafica ya no se creía con la autoridad de juzgarlos por sus jueguitos estúpidos.

Ya es suficiente.

Aunque había algo que Albafica se preguntaba:

¿Acaso Agasha aún no había caído en cuenta de que él no tenía ropa por debajo de la capa?

Mientras se debatía si decírselo o no, la pobre florista seguía atormentándose con la vergüenza que la recorría desde los pies hasta la cabeza, aunque lo peor vino cuando ella sintió un frío poco inusual en sus partes nobles y recordó que el señor Albafica estaba justo enfrente de ella.

Soltando un gemido aterrado, Agasha bajó los pies y apretó las piernas con fuerza. Sin tener el valor de quitarse las manos (ya temblorosas) de la cara.

«Maldición» Albafica quiso gruñir, «se dio cuenta» giró su cabeza para otro lado.

La chica ya no sentía la posibilidad de escapar de este suplicio.

«Zeus, ten piedad de mí y lánzame un rayo» pensaba completamente abochornada.

Zeus no le mandó nada, pero el señor Albafica no le dio tiempo de invocar a otro dios más generoso que pudiese matarla pues lo oyó levantarse de su sitio. Al oírlo acercarse a ella, Agasha quiso convertirse en un árbol y desaparecerse de algún modo, pero no tenía ningún escape de esto.

—Agasha —habló él enfrente de ella. Su voz ronca, masculina y profunda, tal y como la recordaba.

¡Santa Afrodita! ¿Cómo podía seguir estando loca por él? Ansiosa por recibir su atención, aunque sea una mirada de reojo, con eso ya sería feliz. Pero no, las Moiras han de estar odiándola lo suficiente como para ponerlo enfrente en esta situación tan embarazosa.

La hubiesen colgado del cuello, desnuda en un árbol. Eso hubiese sido más compasivo y rápido.

—Alza la cabeza —le ordenó.

Agasha negó con la cabeza.

—Y-y-yo n-n-no pu-pue… —la vergüenza era demasiada como para cargar con ella, no se sintió con el suficiente valor de verlo de frente.

Eso a él no le importó en lo absoluto y pronto, sus grandes manos ásperas y con dedos largos, se posaron sobre las suyas con una insólita calma que le provocó un vuelco en el estómago.

Agasha pudo haber gemido del gozo y la sorpresa. Incluso del miedo. Por sentir su calor nuevamente cubriéndola.

Un minuto…

¿Él estaba tocándola?

Absortamente segura de que estaba alucinando, Agasha dejó que él le quitase las manos de la cara, entonces lo vio tan cerca como lo estuvo anhelando durante mucho tiempo en la soledad de su casa.

Cuando sentía frío y se imaginaba lo reconfortante que debería ser sentirlo abrazándola por la espalda, como deberían sentirse sus fuertes brazos rodeando su cuerpo, que era simple y delgaducho. Ahora Agasha comprendía lo fácil que sería para él simplemente hacerle lo que quisiera y marcharse.

Bastaba con su sola mirada para ponerla de rodillas y eso la asustaba como la excitaba.

¿Por qué de todos los hombres de Rodorio, sólo él podía hacerle sentir todo lo bueno y lo malo de estar enamorada? El gozo y la ilusión de alimentar el corazón con sueños y poemas escritos que jamás mandaría a ninguna parte, y el dolor y la desesperación por saberse no correspondida.

—Se-señor A-Albafica… e-está to-tocándome…

Él no quitó esa expresión seria, tan suya como lo era su aroma. La embriagaba con su perfume, tanto que Agasha quería mandar todo al hades y enterrar su cara en ese cuello, únicamente para aspirar de tal modo que él la apartase y la repudiase, si no es que ya lo hacía.

—Larga historia, pero no queda mucho tiempo —dijo en voz baja.

—¿Ti-tiempo?

Una sonrisa ladina y pecaminosa cubrió los labios del Santo a la hora de que con los ojos azul turquesa la incitaba a mirarlo bien. Oferta que ella por supuesto no rechazó.

De haberse reusado a mirarlo no habría caído en cuenta de que el pecho masculino se hallaba expuesto y sólo su cintura estaba cubierta por la larga capa oscura que antes había estado por encima de él.

Albafica quiso reírse en serio cuando la vio abrir los ojos exageradamente, enrojeciéndose hasta el cuello; le pareció haberla visto llegar a un nuevo tono de rojo. Si no lo supiese mejor, vería que ella no había sido tocada jamás por ningún hombre, o no estaría siendo tan infantil al observarlo semi desnudo.

Cualquier otra mujer en su lugar ya se le habría lanzado encima con el fin de quitarle la capa.

La visión rápida de la diosa Hera le borró parte de la sonrisa y el humor.

—Se-se-ñor Albafica…

Agasha podía decir y ver lo que quisiera, pues él increíblemente había perdido la noción de su presencia. La mente de Albafica de manera traicionera se desvió brutalmente a su pasado con una sola pregunta rondando por su cabeza.

¿Cuándo fue la última vez que él pudo acercarse a una mujer que de verdad desease?

No le costó nada encontrar la respuesta:

Nunca.

Su pasado jamás le permitió sentir nada por el estilo por nada ni por nadie, éste se encargó bien de que el fiero caballero terminase de repudiar el contacto ajeno sin muchos esfuerzos ni maromas.

Algo en su pecho se oprimió como si alguien hubiese podido agarrar su corazón y pulmones, únicamente para estrujarlos hasta hacerlos papilla.

—¿Se-señor A-Albafica?

Ver esa inocente expresión avergonzada en Agasha ya no le pareció gracioso.

—CONTINUARÁ—


Con ustedes el capítulo más largo del fic.

Wow, ¿verdad que las dejé en suspenso? 7w7

Bueno no se preocupen, no me gusta dejar las cosas a medias pero les aseguro que valdrá la pena el que haya cortado esta parte. ;)

Por cierto, ¿alguien más ha sentido que se hace chiquita (como Agasha) cuando hacen algo vergonzoso frente a alguien importante?

¿Cómo se imaginan a Albafica paseando por la casa de Agasha con sólo la capa puesta? 7w7 No sé ustedes pero yo tengo una magnífica visión XD.

El próximo capítulo quizás esté listo para la siguiente semana, ya saben, entro en exámenes y debo concentrarse un poco para no reprobar con tanta pena ajena.

¡Ojalá les haya gustado! Si fue así, ¡por favor comenten!

Muchas gracias por leer y comentar:

dianix96 y Cristal-Libra.


JA NE! ;)


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