Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen al gran Masashi Kishimoto-San, la historia descrita a continuación es producto de mi loca imaginación. Un día me dio por escribirla, y aquí está, "Entre el amor y la venganza".


Meus amores! Estoy de vuelta con un nuevo capítulo de esta historia. Ésta semana han estado un poquito tacaños con los reviews, pero no importa porque aun así los quiero por darle una oportunidad a esta loca ocurrencia de mi —retorcida— mente. He visto que el tráfico últimamente ha crecido un montón.

Cosa que me motiva mucho, no saben lo importante que ha sido darme cuenta que no lo hago tan mal después de todo —tendré que desempolvar y hacer pública a RXD for you Lishi— lo que me inspira a seguir desarrollando mi loca imaginación.

Hoy los dejo con la pequeña Hyuga que nos mostrará algunos momentos importantes de su vida. Nos leemos al final del capítulo. Espero no defraudarlos.


Hanabi (1)

Él no dejaba de mirarla. Esa tarde la pasó a su lado y aunque no le insinuó que sabía la verdad, por dentro la rabia, los celos y el miedo se apoderaban a cada segundo de su ser.

¿Arrepentirse? Nunca. ¿Estar dispuesta a perderlo? Jamás. Hinata siempre estuvo destinada a grandes cosas a pesar de no merecerlo, en cambio ella, solo fue su sombra. Por una vez en la vida quiso algo para sí misma.

La segunda hija, siempre tuvo que cargar con ese apelativo, aparte de estar destinada a formar parte del Boke, la rama secundaria de la familia. Ella era quién recibía las migajas que su hermana dejaba. Para Hanabi estaba claro que lo que sentía por su gemela tenía un nombre, se llamaba envidia... envidia de haber nacido unos minutos después, envidia de no ser la heredera... envidia de todo lo que representaba la querida Hime para los clanes Hyuga-Mishima y el mundo.

Uno de los peores pecados capitales —a su parecer— impulsaba su actuar con Hinata. Siempre envidió todo en ella, eran iguales físicamente, pero su hermana terminaba llevándose la mejor parte de todo, ella en cambio igual que su primo Neji, estaba destinada a ser la eterna segundona. No comprendía por qué su primo —siendo el genio tan orgulloso que era— aceptaba solemnemente ser el protector y consejero de su hermana.

Ellos eran los destinados para sacar adelante a esta familia, no Hinata. Desde chicos su nii-san era quién le ayudaba a humillar a la débil de su hermana. Quisieron acabar con su determinación, quebrar sus defensas hacerla fallar, rendirse y renunciar a todo siendo una vergüenza para los clanes. Hanabi siempre quiso todo lo que su hermana tenía y para ello siempre intentó tener a Neji de su lado.

Pero había algo de lo que nunca se percató, él la amaba. Estaba enamorado de su prima y todo lo que hacía al ayudar a Hanabi era por el simple hecho de aliviar la frustración que sentía al no poder estar al nivel de la rama principal, por no tener la oportunidad de alguna vez formar parte de la vida de Hinata. Nuevamente su gemela se quedaba con algo que ella no ¿Por qué no pudo despertar el amor de Neji si era quién más compartía con él?

Incluso su amado Sasuke la amó primero a ella... lo seguía haciendo, la intuición no mentía y el mensaje de Hinata esa tarde se lo confirmaba. Él había sucumbido ante su hermana después de haber hecho todo lo posible por sacarla de su mente y corazón. Después de jugar a ser ella el tiempo que estuvo encerrada en aquella clínica para enfermos mentales en la que Hisui y Hanabi la encerraron... después de dedicarse a acabar con lo que alguna vez hubo entre Sasuke y su hermana.

Se enamoró del Uchiha cuando tenía veinticinco años, pero esa no fue la primera vez que lo vio.

La primera vez fue cuando todo comenzó…

Doce años atrás…

Aquel día al verlo su corazón se paró en seco, él llegó a las afueras del instituto —donde ella usurpaba el lugar de Hinata desde hacía más de un mes— montado en una Harley Davidson del 76', llevaba una cazadora de cuero negra a juego con unos jeans gastados que se ajustaban perfectos a su anatomía, el casco era de color negro, tenía un diseño complejo donde solo se lograba distinguir las iniciales US.

Al quitarse el casco se colocó unas gafas de aviador y la combinó con una sonrisa seductora que inmediatamente la dejó idiotizada. Tragó seco, para Hanabi, ese muchacho era la perfección hecha hombre.

Entró al parquecito donde estaba y se acercó poco a poco hacia ella, con cada paso que daba el corazón de la chica daba un salto de la expectación. ¿Quién era? —Se preguntó— Ese guapo muchacho iba a su encuentro. Al llegar a su lado él la tomó de la cintura y la pegó a su cuerpo, dijo algo que Hanabi no pudo distinguir. Lo que vino después la tomó completamente desprevenida. La besó.

El beso que ese chico le dio la hizo elevar al séptimo cielo. Era la mismísima gloria la que se posaba justo en ese momento sobre sus delicados labios. Salió de su ensoñación cuando el recién llegado la llamó por el nombre de su hermana, era él, Uchiha Sasuke, el amante de Hinata.

Hinata... —el nombre de su gemela divagó por su mente— era suyo. ¿Por qué siempre tenía que ser así? ¿Por qué su hermana podía tener todo lo que quería? Ese muchacho no era igual a ella, al contrario, se notaba a leguas que eran tan diferentes. Pero no sabía cómo se las había ingeniado para que un hombre como ese se fijara en alguien tan poca cosa como ella. Algo oscuro se removió de nuevo en su interior.

Él notó la diferencia entre los labios que comúnmente besaba y estos otros que a pesar de corresponder a su beso, no eran iguales, la sintió distinta. Para el moreno algo sucedía con su chica, Hanabi apartó la vista hacia un lado, algo le decía que la había descubierto. Estaba perdida.

—Hinata, ¿Qué pasa contigo?— el muchacho tomó el mentón de la chica y levantó el rostro para que aquellas extrañas pupilas lo vieran. Era su rostro, su nariz respingona y perfilada, sus tentadores labios color de rosa, pero... ¿Dónde estaban sus mejillas sonrojadas por la vergüenza de besarla en un lugar público? En cambio un brillo diferente se dibujaba en esa blanquecina mirada.

— ¿Qué te sucede conejita? —preguntó en tono juguetón. Tenía que saber qué sucedía con su chica.

—No me pasa nada —respondió con brusquedad— y no me llames así. —Su tono de voz era firme— No tienes derecho de tratarme como una cualquiera...

—A ti te encanta que te llame así, conejita. —El moreno intentaba reprimir una sonrisa burlona.

—Provengo de uno de los clanes más longevos de Japón como para recibir esos denigrantes injurias hacia mi persona.

Altivez

¿Qué rayos estaba haciendo? —Pensó Hanabi— si actuaba diferente a Hinata la descubrirían en menos de lo que canta un gallo. Mayor metedura de pata y lo estaba haciendo a lo grande. Sasuke soltó una risita divertida al ver a la que creía Hinata en esa pose de mujer ofendida.

— ¿Te estás alebrestando? —Se acercó más y la tomó con fuerza de uno de sus brazos sin que las demás personas que estaban en el parque notaran lo que hacía, la muchacha ahogó un gritito de dolor— sabes cómo me pongo cuando te pones altanera pequeña Hyuga... —No, en realidad Hanabi no sabía.

— ¡Suéltame! —Hizo un forcejeo, hasta liberarse del agarre del azabache— No permitiré que vuelvas a humillarme —ella conocía algunos detalles de aquella escabrosa y enfermiza relación— He cambiado, este mes y medio alejada de ti me ha hecho meditar las cosas, Uchiha.

Sasuke quedó sin habla. La sonrisa triunfal de Hanabi era un poema, con la sola mención de su apellido le había dicho al Uchiha que el juego había terminado. Su teatro fue descubierto.

—Mi padre lo averiguó todo. —Mintió— ya sé cuál es tu juego Sasuke. Y tu familia sufrirá las consecuencias, tu padre en especial por caer tan bajo alentándote a que me dañaras para humillar vengarse de mi padre. —Hanabi ya había hablado, era ahora o nunca que tenía que cumplir con su misión.

—Sé que me comporté como una idiota desde el principio, pero soy una Hyuga después de todo... no pensarías que me usarías como te diera la gana y te saldrías con la tuya ¿Verdad? —Lo vio con desprecio.

Hanabi se acercó a Sasuke. Posó ambas manos en sus mejillas —cosa que desconcertó al azabache— y lo acercó hacia sí para susurrar algo en su oído. El Uchiha se hizo a un lado, la miró inquieto. ¿Qué diablos había pasado? ¿En qué momento Hinata se había vuelto una manipuladora de ese calibre?

La sonrisa que adornaba la boca de la Hyuga denotaba que ella disfrutaba cada cosa que estaba diciendo, y haciendo.

Amenazó a Sasuke para que se apartara de su hermana como su madre se lo había ordenado, su misión no había tardado mucho tiempo en completarla. El azabache sin decir nada más salió del lugar hecho una furia por lo que la aparentemente inocente Hinata había dicho minutos antes en su oído. Al parecer tampoco estaba enterado que la insulsa de su hermana tenía una gemela, así que la ejecución del plan fue perfecta. —pensó la joven dirigiéndose de nuevo al interior del Konoha High School.


Así transcurrió un año haciéndose pasar por la loca de su hermana, pero ella sabía que eso no era cierto, hasta ahora. Hinata al parecer sí terminó cayendo en la completa locura, eso fue lo que dijo Hisui a su hija.

"Ella intentó estrangular a la enfermera que le atendía por las noches."

Hanabi fue a visitarla al día siguiente de recibir la noticia. La clínica era discreta y tenían registrada a su hermana con otro nombre que no guardaba relación con su familia. La doctora Harper Smith y Thomas Evans eran los médicos tratantes de su caso.

Al llegar a aquella fría y solitaria recepción donde se registró en el libro de visitas firmando como Evangeline Coleman. Su hermana, a quien visitaba, aparecía como Brenda Coleman.

Pronto pasó hacia el consultorio del doctor Evans antes de poder siquiera visitar a Hinata.

La habitación era amplia, toda pintada de blanco, había estantes llenos de libros y reconocimientos por todas partes. Este hombre era un médico de renombre en todo el Reino Unido —Lástima que se vendió por unas cuantas libras— pensó Hanabi.

En el centro de la habitación se hallaba el escritorio donde un hombre de unos cuarenta y ocho años estaba sentado pensativo con los codos sobre la madera y las manos unidas reposando bajo su barbilla. Al ver a la joven levantó la vista e hizo un ademán para que tomara asiento.

—Señorita Hyuga... —Hanabi abrió tanto los ojos advirtiendo al doctor que no la llamara así— disculpe, señorita Coleman —el doctor Evans hozo énfasis en el apellido falso de la chica.

—Antes de que diga cualquier cosa sobre mi hermana, le quiero hacer una pregunta —el médico asintió, la Hyuga tomó aire y continuó— ¿Cree que si no hubiésemos tomado medidas tan drásticas mi hermana estaría bien?

—Señorita, si hubiesen actuado de otra manera, pero haciendo lo que todos sabemos se iba a hacer de todas maneras, los resultados serían los mismos. Nadie saldría bien parado después de una situación tan traumática como la que atraviesa su hermana.

El doctor la miró directo a aquellas blancas orbes que reflejaban el temor que sentía, su hermana ahora estaba loca y en parte era su culpa —pensó Hanabi— ahora tenían que enfrentarse a su padre si Hinata no reaccionaba pronto.

—Quiero verla —soltó de golpe la temerosa muchacha— no importa si es peligroso, ella nunca atentaría en mi contra.

—Hmmm. No sabe lo que dice Hyu... digo, señorita Coleman. Su hermana está en un estado de... —Hanabi lo cayó, ya sabía perfectamente lo que tenía su gemela, aun así necesitaba verla.


No tardó mucho hasta que por fin la condujeron al lugar donde estaba Hinata. La llevaron hasta un jardín donde estaban dispuestos un sin número de bancos blancos donde se sentaban, paraban o se acostaban muchos pacientes de esa clínica.

En un lugar apartado se hallaba una muchacha de unos casi dieciocho años, su larga cabellera estaba sujeta en una coleta alta mientras unos flequillos rebeldes se escapaban y enmarcaban su pálido rostro. Aquellos ojos que eran orgullo del clan Hyuga se perdían en el horizonte, miraban a la nada, unas largas ojeras reposaban bajo sus párpados, si Hanabi era honesta consigo misma esa chica que tenía en frente no se parecía en nada a la Hinata feliz que vio hace más de un año, antes de traicionarla.

Su hermana le confió su más íntimo secreto ese verano en que viajó a Londres por petición de Hisui, claro a espaldas de su padre quien no les permitía acercarse la una a la otra.

La distancia había servido para aliviar la tensión que existía entre ellas, pero hallar a Hinata tan dichosa le hizo reavivar aquel sentimiento que aun albergaba dentro de su corazón. Todos los detalles de su relación con Tomoya Sasuke le causaron algo:

Envidia.

Ese sentimiento volvía a posarse en Hanabi Hyuga como si de una maldición se tratase. En el tiempo que llevaba en América no había tenido la suerte de su hermana, su mundo era todo lo contrario, cada vez estaba más sola y amargada para su corta edad, lejos de su familia, atrapada en un castillo de mármol que le servía de prisión.

Hinata asistía al lugar más exclusivo de todo el Reino Unido, en cambio, ella era adoctrinada para ser la fiel servidora de su hermana.

Después de que Hina se confesara pensó en guardar el secreto, pero un impulso la llevó a creer que si ella contaba todo lo que sabía acerca de la relación inmoral que ésta llevaba con aquel muchacho, automáticamente sería desheredara y repudiada por las familias Hyuga-Mishima. Era la oportunidad que Hanabi esperaba para tomar el lugar que según ella siempre le perteneció.

Pero su madre no actuó de la manera que la gemela menor pensó. Al contrario, el primer movimiento de la matriarca al conocer la verdad de los labios de su benjamina hija, fue el mantener todo bajo estricto secreto.

Intentaron advertir a Hinata por las buenas para que se alejara de aquel muchacho, que no se apellidaba Tomoya como había asegurado la joven, sino que pertenecía al clan con el cual los Hyuga llevaban una rivalidad que transcendió durante generaciones y aun se mantenía vigente. El chico era un Uchiha.

Hinata creyó que todo lo que decían tenía un objetivo, acabar con su recién adquirida felicidad. La Hyuga no hizo caso a las advertencias de su madre, al contrario continuó frecuentando a Sasuke, se atrevió a retar a Hisui Mishima. Una mujer que llevaba tatuada la palabra moral en la frente.

Hanabi recordaba perfectamente cuando llegó al dormitorio de su hermana en el instituto de Konoha. Iba acompañada de Hisui y un tipo trajeado de negro y gafas oscuras. Su madre y ella iban también con un par de ellas y su aspecto era de ir en plan de no ser reconocidas, a Hina le pareció extraña la actitud de sus dos familiares que cortésmente le invitaron a dar un paseo para platicar.

Esa salida no fue precisamente para eso, el matón que estaba a su lado les ayudó a llevarla en contra de su voluntad a aquella institución de salud mental. La amenaza de Hisui a Hinata fue que durante un tiempo iba a estar encerrada en ese lugar "meditando" mejor las cosas sobre su relación con Sasuke Uchiha.

Fue en ese momento que Hanabi entró en el juego usurpando el lugar de su hermana.

Pero todo se complicó, Hinata no entraba en razón, y un mes después de su ingreso la doctora Harper les dio aquella noticia tan devastadora para su madre. Hinata luchó con todas sus fuerzas durante mucho tiempo, incluso intentó quitarse la vida a causa de las torturas y choques eléctricos a los que era sometida, ella luchó contra todo aquello hasta que finalmente tuvieron éxito en su misión, mas no fue de la forma que todos esperaban.

Hinata realmente estaba trastornada, su escarmiento por deshonrar a la familia terminó siendo su perdición y ese día el resultado de aquella horrible destrucción mental se sentaba frente a ella.

Sus mirada fue hacia la recién llegada, la vio con odio e instintos primitivos que la menor no supo identificar. Esa de allí no era su hermana asustadiza y llorona que creció con ella. Era una mujer desquiciada totalmente. Pidió a la enfermera que las dejara a solas, que en caso de necesitar algo ella llamaría para que fuera en su ayuda.

La mujer de unos treinta años asintió y se marchó sin decir más. Cuando por fin quedaron solas sin que nadie más escuchara que hablaban, Hinata la miró y comenzó a hablar:

—Pensarás que estoy mal de la cabeza... —volvió a desviar la mirada hacia la nada— pero no es así, al contrario estoy tan cuerda que realmente quisiera estar loca para olvidar todo por lo que me han hecho pasar tú y mi madre. —Su voz era serena, pausada, sin ningún matiz de emoción— Me han arrancado todo lo que tenía por dentro de la manera más vil... solo por egoísmo, tú egoísmo, el de ella…

Hanabi tragó en seco, su hermana estaba en sus cabales, pero ¿Por qué se comportaba como una psicópata al querer matar a una enfermera?

—Nunca pensé que me odiabas tanto, hasta llegar a esto. —volvió a mirar fijamente a los ojos de Hanabi— Traicionar mi confianza por envidiar mi felicidad... pero sabes, a pesar de ser la que está cautiva en estas cuatro paredes, ustedes son las verdaderas prisioneras de sus conciencias... los inocentes pagamos por sus complejos.

Levantó sus manos a la altura de sus ojos

—Cuándo salga de este lugar, entenderán de lo que hablo —una larga pausa se instauró mientras observaba sus manos— Juro que cada uno de los que me hizo daño pagará por ello... Pídele a todos los Kami que puedas, que me declaren loca y me encierren de por vida, porque de no ser así, tú vas a sufrir en carne viva todo lo que tengo preparado para todos.

—Si estás tan cuerda como aparentas, ¿Qué razón tenías para hacerle eso a la enfermera? —preguntó con un hilo de voz, después de darle tantas vueltas a la misma incógnita con temor de escuchar la respuesta.

—Porque necesito tiempo…

Ella fue quien dijo casi todo en aquella extraña conversación. Ese día Hanabi solo escuchó atentamente cada palabra de su boca. Y le hizo caso, rezó para que el día de la salida nunca llegara, pero ningún Kami concedía injusticias. Ese tal Naruto Uzumaki y su primo Neji Hyuga —a espaldas del clan— la sacaron de aquel lugar del que Hanabi le hubiese gustado que nunca saliera.


Cuatro años atrás…

Sí, Hinata había cumplido su palabra y a algunos de los que formaron parte de su desgracia los hizo pagar. El doctor Evans, perdió por completo su credibilidad, en pocas palabras acabó con su carrera a esa fecha estaba tras las rejas... A su madre, bueno, la atormentó tanto con un crimen —que estaba segura Hisui no cometió— hasta enloquecerla, doblegarla y manejarla a su antojo, la convirtió en su títere.

Y la pobre doctora Harper... ¡Oh! Solo Kami sabía qué pasó realmente en aquella habitación. La perseguía la imagen de su hermana enfundada en guantes de látex quitando aquella joya que su madre había entregado a aquella mujer en forma de pago por sus servicios.

Era la escena más sádica que había visto en su vida, Hinata con una de sus manos recorría el bello rostro de la dama que permanecía inerte en el piso, luego observó en su otra mano un hermoso brazalete de rubíes y diamantes. Una sonrisa maliciosa se dibujaba en sus labios junto a un extraño brillo que se apoderó de su nacarada mirada.

— ¿Qué hiciste Hinata? ¿Acaso tú la asesinaste? —los ojos de Hanabi casi salían de su rostro con la escena tan atroz.

—Yo no he hecho nada… —siguió contorneando el rostro de la pobre mujer— me sorprendí tanto como tú al encontrar tan... artística escena. —Hinata se apartó del cadáver y miró con sorna a Hanabi— A esta mujer no le lucía esta joya tan… exquisita. La conservaré para mí.

Tomó el brazalete y lo guardó en su pequeña bolsa. Su hermana no podía creer la frialdad con la que trataba el asunto. ¡Por Kami! Esa mujer estaba muerta y había un charco de sangre bajo ella. Su respiración se agitó... En cualquier momento llegaría la policía, pero Hinata estaba de lo más tranquila.

—No tengas miedo —dijo Hina al notar la respiración acelerada de Hanabi— No la he matado yo, todo es obra de nuestra madre. Ella es la asesina.

Continuó merodeando por el lugar observando cada detalle, era una residencia preciosa. Lástima que pronto estaría invadida por policías. La fiesta que se celebraba en el salón de abajo también acabaría muy mal. Hinata volvió a sonreír.

—Yo estoy aquí para no dejar rastro de alguna conexión con nuestra familia. Este brazalete —dijo mostrando la delicada joya hacia su gemela— pertenece al tesoro familiar Hyuga. —Otra carcajada se escapó de la boca de Hinata— Hisui fue una estúpida al regalar una joya que fácilmente pueden identificar su origen... ¿Sabes que aparece en muchos de los retratos familiares y siempre fue portado por la primera hija del líder del clan?

Hanabi la miró extrañada, jamás hubiese imaginado que existía un tesoro familiar Hyuga, ni mucho menos que esas joyas pasaran de generación en generación a la primera hija del líder. Después comprendió por qué no sabía nada sobre tales cosas, ella era del Bouke, no era la primera hija mujer y por tanto no tenía derecho a saber nada relacionado con eso.

—No sabías nada, cierto, eres una pobre infeliz destinada a ser mi sirvienta del Bouke de por vida. —la voz de Hinata sonó llena de burla, sabía que Hanabi siempre odió ser la segunda hija— Pues entérate que tu madre aun con la absurda imagen del honor familiar, no sabe ni siquiera cometer un crimen perfecto... si no fuera por mi perspicacia, nuestra familia terminaría en las primeras planas de los diarios londinenses, con una peor que la mía.

Caminó hacia una pequeña salida que Hanabi no se había percatado que existía. Dio un último vistazo hacia su hermana menor y desapareció sin decir más.


Regresó a Japón después de la muerte de Harper Smith, para ello tuvo que tomar una larga travesía, volver a Canadá por todas sus pertenencias y de ahí partir para tratar de olvidar todo lo sucedido durante los últimos nueve años.

Una mujer de apenas veinticuatro años de edad —casi veinticinco— no debía estar sometida a tanto. Y menos si involucraba un crimen de por medio. Varios a decir verdad, porque lo que Hanabi y Hisui hicieron se pagaba con cárcel.

Su padre la recibió sin decir una palabra, en sus ojos ella pudo notar reproche hacia ella. Sentía que de alguna manera, él sabía algo acerca de sus acciones. Neji seguramente contó algo de lo que descubrió... Él fue quien liberó a su hermana.

Su madre en cambio, la recibió como si nada hubiese pasado. Como si todo fue parte de un mal sueño para todos. Su regreso a Japón pasó desapercibido por todos, una simple cena familiar y prácticamente que su padre realizara la imposición de sus deberes como parte del Bouke para cuando Hinata regresara de Londres.

Él en ese gesto le dejaba claro cuál era su lugar dentro de la familia. "Permanecer siempre al servicio del Souke, la familia siempre debía estar por encima de todo". Nada nuevo a lo que le adoctrinaron en Canadá. Sería la sirvienta de su hermana.

Lo bueno fue que Hinata decidió quedarse en territorio inglés, la menor no comprendía como su hermana se exponía tanto permaneciendo en aquel lugar después de ser prácticamente la asesina de la doctora Harper. Si su madre fue la causante de todo aquello, ahora lo pagaba con su obsesión con proteger a su gemela a costa de todo.

Hanabi tuvo la suerte de replantearse su vida, en parte dejó de envidiar a su hermana, cosa que para ella fue un nuevo comienzo. Estaba harta de tanta locura, odio y sed de venganza por parte de sus dos familiares más cercanas.

Finalmente aceptó cuál era su lugar, no intentó nada más en contra de Hinata, o eso creyó hasta que nuevamente apareció él en su vida.

Estaba en la barra del bar en el club al que su familia tenía membresía, tomando un trago acompañado de una rubia curvilínea que iba enfundada en un uniforme de tenis y charlaba muy alegremente con él.

Fue como si sintió la mirada de la muchacha posarse en él que el azabache no tardó en desviar la mirada hasta ella. Una exclamación de sorpresa se dibujó en su rostro. La Hyuga levantó la piña colada que sostenía en su mano e hizo un gesto de salud hacia el moreno.

Él volvió a hablar con la rubia y segundos después se acercó a Hanabi, aun con la sorpresa impresa en sus facciones. Su oscura mirada se posó en la chica peli azul de ojos perlados que portaba un hermoso vestido azul turquesa de estilo hindú con un lindo sombrero a juego.

—Hola —una sonrisa de medio lado se posó en los labios del Uchiha.

—Hola... —respondió la ojiluna devolviendo una tímida sonrisa a su interlocutor.

— ¿Cuándo regresaste a Japón? —preguntó el moreno con sumo interés.

Oh, sí ya recordaba él pensaba que era Hinata.

—Hace tres meses. —Dio una risa incrédula y preguntó— ¿Cómo sabes que no estaba en este país? —esa pregunta tenía toda la intención de hacerse notar, ya no sería Hinata, sería Hanabi.

— ¿Acaso ya olvidaste que nos conocimos en Londres hace nueve o diez años? —la miraba con incredulidad.

—No, no lo recuerdo... porque no estaba en Londres, estaba en Toronto, Canadá —la sonrisa de Sasuke se descolocó por completo.

— ¿Canadá? En serio Hinata, basta de juegos y hacerte la que no me conoces, sé que mientes. —Sasuke se cruzó de brazos y continuó observándola atentamente.

La muchacha comenzó a reír de forma histérica, por cómo la había llamado el Uchiha. Tenía que sacarlo de una vez por todas de su error.

—Yo no soy quien dices... —lo miró directamente a los ojos— soy Hanabi Hyuga, la gemela de Hinata.

— ¿Es una broma no? —Hanabi negó con la cabeza.

—Soy Hanabi Hyuga, según tú ¿Por qué razón tendría que mentirte? —arqueó una ceja, desafiándolo para que respondiera a su pregunta.

—Vamos Hyuga, no te parece poco que te mintiera al no decirte cuál era mi verdadera familia —la repasó de arriba a abajo— y como olvidar toda esa pasión desbordante que vivimos tú y yo.

El rostro de Hanabi cambió su expresión divertida a una más seria. Sí, él hacía alusión a su affaire con Hinata.

—No sé de lo que hablas —comentó más seria— Hinata nunca deshonraría nuestro apellido de esa manera, exijo que te retractes

Ella sabía perfectamente que lo que decía el Uchiha era cierto, pero en su nueva vida, se juró dejar todo en atrás, empezar de nuevo. Volver a recordar ese episodio de su vida no traería nada bueno.

Sasuke la miró con incredulidad, debía ser una maldita broma, cómo Hinata nunca le dijo un detalle tan importante como tener una hermana gemela.

—Tú… eres la chica que me amenazó haciéndote pasar por tu hermana el día que terminamos. Pero ¿Por qué?

Algo dentro del cerebro de la Hyuga retumbó, no podía creer que Sasuke Uchiha la hubiese descubierto con hacer simples deducciones.

— ¿De qué estás hablando? En todo el tiempo que llevo en Canadá no he pisado Europa hasta hace unos cuantos meses. Pero oye nadie puede saber esto que estoy diciendo, es secreto de Estado, mi padre no lo puede saber. —mintió.

— ¿Secreto de Estado? Pero qué… —Hanabi tocó sus labios para que se callara, luego habló muy bajo.

—Ni Hinata ni yo tenemos derecho de vernos, somos de familias diferentes, ella es de la rama principal llamada Souke, y yo del Bouke, o sea, la familia secundaria. Mi deber es servir a mi hermana y mi familia cuando llegue el momento oportuno. —Algo de lo que dijo era verdad.

—Ella nunca me contó nada de eso. —Comentó un Sasuke aún escéptico.

—Créeme, un Souke nunca hablaría de ello, los del Bouke somos quienes debemos conocer donde está nuestro lugar y cuáles son nuestros límites en relación a los líderes. Son tradiciones legendarias, que aún considero absurdas en pleno Siglo XXI. —Suspiró largo— pero de todas maneras tengo que seguirlas al pie de la letra.

—Me convenciste. No eres Hinata Hyuga. —Hanabi rápidamente se posó en aquellos ojos tan opuestos a los suyos.

—No me mires así, si fueras ella, no hubieses hablado más de cinco palabras en toda esta conversación. —Le regaló una sonrisa de medio lado— Y quizás se te hubiese escapado mi nombre —Los ojos de Hanabi se abrieron como platos— Por cierto, me llamo Uchiha, Sasuke Uchiha.

A Hanabi se le paró el corazón en seco cuando él dijo su nombre y le regaló una perfecta sonrisa de anuncio dental, pero esa no era prefabricada, no. Era una sonrisa genuina.

Con un leve sonrojo ella le devolvió el gesto de manera más discreta. Ese fue el comienzo de otra historia… el comienzo de la felicidad de Hanabi Hyuga.


Pero como todos saben nada dura para siempre… esos maravillosos tres años y medio de felicidad junto a Sasuke pronto se vieron pendiendo de un hilo con el regreso de la mujer que Hanabi sabía, continuaba presente en los pensamientos de su prometido.

Todos la rodearon para el brindis, Sakura se paró a su lado. Para Hanabi, la mujer de cabellos rosados era una buena amiga. A pesar de ser seis años mayor que ella, se llevaban muy bien y realmente creía que de todas las chicas que frecuentaba, esa mujer extrovertida era quien mejor la comprendía.

La Haruno le tocó el hombro en un gesto que Hanabi supo comprender. Era a la única persona a quien le había confiado parte de sus secretos, aunque la verdad, lo que ella sabía no era ni siquiera la punta del iceberg.

Siempre aceptó que la parte más escabrosa de su vida siguiera siendo una incógnita para su mejor amiga. Por ello pidió un favor a la de mujer a su lado, que la ayudara a desenmascarar a Hinata, que la mantuviera cerca de ella para averiguar que planeaba en contra de su futura familia y proteger a los Uchiha de su maldad.

Sabía que a los enemigos era mejor tenerlos cerca y más a un ser perverso como Hinata. Hubo un momento en el que miró hacia su hermana quien estaba perdida en otro punto. Lo que vio desconcertó un poco a la joven, ella clavaba su mirada en un Uchiha, y no, no era Sasuke. Era Itachi, la sonrisa que le brindó al hombre ubicado en el otro extremo de la habitación —sobretodo esa mirada— le heló la sangre, un mal presagio nuevamente se instauró en su interior. Ya comenzaba a entender las artimañas que traía preparadas Hinata para todos.


N/A: Y díganme ¿Qué les pareció el capítulo? Hanabi no resultó ser tan buena después de todo. Al contrario, tiene sentimientos horribles contra Hinata, es una vil envidiosa de primera… y la forma como utilizaba a Neji… vamos y de paso mentirosa, la combinación perfecta.

Sasuke se sacó la lotería con semejante novia, y pensar que unos capítulos atrás él cree que con ella tiene una relación sólida y honesta.

Diamante No Mai:

¡Holaaaa sensei! En este capítulo he tomado en cuenta tus observaciones… ya no lo vuelvo a hacer xD. No sabes cómo me alegra que te haya gustado mi Hinata psicópata, a mí me encanta todo este tipo de temas —lo sé estoy demente— y pues escribo cosas de este tipo gracias a la insistencia de mi hermana, quien adora mis retorcidos relatos.


Ahora sí meus amores, hasta aquí llegamos el día de hoy. Recuerden dejar de ser tan tacaños con los reviews dejando sus quejas, burlas, en fin lo que sea. Un Beso gigante y que tengan un óptimo fin de semana. No leemos en la próxima.