Capítulo 6
—Si tanto deseas, deberías volver con tus compañeros.
—Yo estoy aprendiendo muchas cosas aquí, con usted, —Murmuró apenas Kagome, al tiempo que agarraba su arco y volvía a apuntar al centro del círculo. Este estaba dibujado en un árbol escondido a simple vista. Había mejorado mucho, y ya podía ver un poco más allá de lo físicamente visible. Lo que estaba aprendiendo en ese momento sin embargo, era a dirigir la flecha en un trayecto no lineal, y eso era lo más complicado.
—Por lo menos deberías avisarles que estás viva ¿no? Llevabas una herida muy grave.
Kagome soltó la flecha al escuchar a la anciana y la flecha recorrió la distancia, moviéndose entre los árboles exteriores, y clavándose finalmente, fuera del círculo del árbol marcado.
—Hmp. Has vuelto a fallar niña.
—¡No puedo hacerlo si usted intenta perturbarme con culpabilidad! –Le exclamó la joven mientras salía caminando a recoger la flecha en el interior del bosque.
—Te he dicho que debes enfocarte y mantener tus emociones controladas —Le dijo la anciana elevando la voz para que pudiese oírla, antes de desaparecer en el bosque.
Había pasado una semana y no sabía nada de sus amigos… ni de Inuyasha. Sabía que debía volver, pero simplemente no podía confrontar al hanyou. La idea la aterraba. Y sin embargo, sabía que debía hacerlo en algún momento.
Pudo percibir su flecha a unos cuantos árboles por delante de ella. Corrió al divisarla y se fijó la distancia en que había fallado antes de quitarla.
Se quedó parada en ese momento, casi inmóvil. Pudo percibirlo, venía a gran velocidad. Esa vez, no la agarrarían desprevenida.
Agarró el arco que tenía colgado en el hombro y tensó la flecha en él. Era la única flecha que tenía, recalcó su mente.
Lo sintió acercarse más y más, pero no podía verlo, ni a los cinco, ni a los cuatro metros… Empezó a inquietarse y a temblar, perdiendo por un momento el temple, hasta que se dio cuenta.
—¡Al suelo! —Gritó. Y casi como una orden, la flecha salió disparada hacia unas cortas malezas a unos escasos metros de ella.
Se acercó lentamente y revolvió entre las malezas hasta hallar su flecha atravesando la cabeza de un demonio escorpión. Su cuerpo casi la doblaba en tamaño, sin mencionar el largo aguijón que marcaba el final de su cola.
—¿Qué significa esto? —Se preguntó para sí.
—¡Niña! ¡Rápido, atacan la aldea!
Kagome levantó la vista al tiempo que la anciana aparecía entre los árboles.
Al salir del bosque, ambas tomaron sus arcos y sus flechas. Se dirigieron al centro de la aldea, pero la anciana le explicó que los demonios estaban saliendo del bosque, y que, según había sentido, eran demasiados como para que un par de sacerdotisas y unos aldeanos pudieran defenderse.
—Debemos crear una barrera protectora.
—¿P-Para toda la aldea? —Kagome rio nerviosamente.
—Sí, y necesito que me ayudes, no podré hacerlo sola.
—A usted le ha dado algo —Dijo Kagome sin pensarlo mientras miraba hacia el bosque.
La anciana suspiró y no quiso replicarle su falta de respeto.
—Ven.
Kagome siguió a la anciana mientras veía como la gente se apiñaba en la desesperación y corría hacia todos lados, sin algún lugar para ir realmente. La mayoría sabía que, aunque huyeran de la aldea, los demonios los alcanzarían. Kagome pensó entonces, que no le quedaba otra que colaborar con la anciana.
La vio entrar a un templo y sacar varios pergaminos.
—Esparce estos alrededor de la aldea. ¡Corre!
Kagome no lo pensó dos veces y salió corriendo con el puñado de pergaminos, alcanzando a los aldeanos más calmados para que la ayudasen.
.
—¡Inuyasha!
Los tres giraron a ver como Kaede llegaba agitada en su caballo. Hacía días que la habían estado buscando por los alrededores, pero según los aldeanos, estaba haciendo trabajos en otras aldeas más lejanas.
—Señora Kaede —Miroku se apresuró a ayudarla a bajar del caballo mientras Sango e Inuyasha se acercaban.
—¡Keh! Vaya la hora en que apareces anciana.
—No tengo tiempo para tus insolencias, la aldea donde vive una querida sacerdotisa amiga, está siendo atacada. Algunos de los aldeanos que han logrado escapar, han pedido refuerzos a todas las aldeas que pudieron hallar, y me encontraron en una de ellas. Tenemos que partir.
—¡Ja! ¿Tenemos? No me hagas reír vieja, tengo mis propios asuntos.
—¿Y Kagome? —Le preguntó Kaede al monje, ignorando completamente a Inuyasha.
Inuyasha sintió que se le caía el alma al suelo nuevamente, pero mantuvo la compostura. Había pasado una semana y se estaba volviendo loco por ello. Había corrido día y noche, buscándola por los alrededores de la aldea. Había mandado a Kirara a hacer lo mismo hasta agotarla, pero no habían encontrado rastros de la joven.
—Kagome desapareció hace una semana señora Kaede —Le respondió Sango desanimada.
Kaede miró inmediatamente a Inuyasha, pero él solo bajó la mirada.
—¿Y por qué no están buscándola?
—La hemos estado buscando, señora Kaede, pero no hemos encontrado nada que nos llevase a ella. Estábamos convenciendo a Inuyasha para que fuera la época de la señorita Kagome a avisar a su familia.
—¿Y cómo están tan seguros de que no volvió a su tiempo?
—No lo estamos. Pero Inuyasha se niega a ir por miedo a tener que decirles que no la encontramos.
Inuyasha miró instintivamente en dirección al pozo. Casi podía sentir a Kagome saliendo de ahí con dificultad debido a la cantidad de cosas que se traía de su mundo los primeros días. Aún podía recordarla sonriéndole al salir. No quería admitirlo, pero la extrañaba hasta dolerle.
Era posible que nunca más pudiera verla otra vez… y eso le aterrorizaba. El miedo real no era decirle a su familia que había desaparecido, el miedo real radicaba en que, como última instancia, si no la encontrara en su tiempo… perdería completamente la cabeza; no podía ni imaginarse lo que haría si no volvía a verla.
Si Naraku la había secuestrado, como Miroku le había dicho, un par de noches atrás, por lo menos tenía la esperanza de que estuviera con vida.
—Oh cielos —Murmuró Kaede, sintiendo otra preocupación más en su cansada espalda.
—Creemos que Naraku puede estar detrás de eso —Le dijo Sango.
Miroku se sacudió las mangas incómodamente y pensó por un momento, empezar a refutar esa idea; pero no quería lastimar a sus amigos con una posibilidad tan amarga. No mientras no supiera qué razón tendría Kagome para abandonar al grupo.
—Naraku… —Kaede se quedó pensando un momento—. Ahora necesito ir hacia la aldea urgentemente. He venido a buscar algunas cosas. Con suerte llegaré a la batalla antes del anochecer.
—Yo iré —Dijo Sango mientras salía a buscar sus cosas.
—Yo también, matar a algunos Youkai me haría distraerme un rato —Secundó Miroku.
—Si Kirara puede llevarnos, puede incluso que lleguemos antes —Sango miró a su gatita acostada entre sus cosas, la cual todavía se encontraba cansada—, si es que puedes Kirara —Agregó en un tono de disculpas —Kirara respondió maullando y transformándose segundos después. La exterminadora le sonrió con culpabilidad.
Kaede llamó a Sango para que le ayudase a preparar las cosas. Ambas se dirigieron hacia la aldea, seguidas por los dos muchachos, unos pasos más atrás.
—Inuyasha… tu presencia nos sería de gran ayuda —Le dijo el monje, colocándole una mano en el hombro. Si había algo que quería hacer, por más retorcido que pareciera, era darle a Inuyasha algo para hacer, así podría ayudarlo a escapar un poco de sus pensamientos.
Inuyasha se quitó la mano de Miroku con un movimiento brusco y cruzó los brazos.
—Debo estar aquí por si…
—Yo me quedaré —Tanto Miroku como Inuyasha se detuvieron al ver al pequeño Shippo descender en su forma de globo rosa—. Yo me quedaré por si Kagome vuelve o encuentra el pozo para irse. Aunque… no he encontrado nada en los alrededores —Masculló desanimado.
Shippo volvió a su forma original y aterrizó limpiamente en el suelo. Evadió la mirada de Inuyasha y se quedó mirando a Miroku.
—Muy bien Shippo, tú te quedarás a cargo —Sentenció el monje.
—¡¿Qué?! ¿Y solo porque lo dices tú? —Le increpó el hanyou con un puño levantado.
—¡¿Y dejar que vuelva a pasar desapercibida para ti?! ¡Te irías corriendo con la primera serpiente recolectora de almas que veas! —Le gritó Shippo.
Inuyasha tuvo el instinto de golpear al zorrito, pero se contuvo. Él sabía que la ausencia de Kagome afectaba tanto a Shippo como a sí mismo. Y también, seguía culpándolo por todo.
—Ya está todo listo, partiremos ahora mismo—Anunció Kaede interrumpiendo la discusión—. Inuyasha, Kirara está cansada para llevarnos a todos, así que tú llevarás al monje Miroku.
Inuyasha les dio la espalda a todos y se metió las manos en su haori.
—¡Keh! Te dije que tenía mis propios asuntos. No pienso ir.
—Te interesará saber que esas criaturas están siendo enviadas por Naraku.
Inmediatamente la orejita izquierda de Inuyasha empezó a moverse, pero no se giró.
—¿Cómo puedes estar segura de ello, anciana?
—Según han contado los aldeanos, los demonios en forma de escorpión estaban acompañados de avispas demoníacas. Aunque no atacan, solo giran alrededor de la aldea.
Inuyasha bajó las orejas y se preguntó por enésima vez en el día, donde estaría Kagome. Ya había mandado a un demonio a matarla… Lo lógico sería que él también estuviese tras su desaparición. Quizás siguiendo el rastro de Naraku, podría dar con ella.
Un dolor de cabeza le vino enseguida y apretó los puños. Si algo le había pasado a Kagome, nunca se lo perdonaría. Pero la incertidumbre de no saber siquiera donde estaba, o si estaba bien, le estaba matando.
—Pienso que hay algo en la aldea, aunque si no busca a la sacerdotisa que la protege, no sé qué podría querer —Dijo Kaede atrayendo la atención de todos—, pero ha de ser algo importante ya que está atacando con muchos Youkai a una aldea tan pequeña. Por eso no hay que perder el tiempo.
—¿Y cómo es posible que siendo tan pequeña, esté resistiendo tantos ataques? —Se preguntó el monje.
—Me llegó el comentario de que mi querida amiga, está recibiendo ayuda de alguien desconocido, aunque no sé nada más.
Inuyasha suspiró derrotado y decidió ir, quizás podría encontrar alguna pista o paradero del demonio. Resignándose se acercó a Miroku y se agachó frente a él.
—Oh Inuyasha, qué propuesta tan indecente frente a Shippo…
Todos vieron como el monje caía al suelo por el esperado golpe que Inuyasha le había propinado en la cabeza.
—Ahora arréglatelas para ir corriendo, monje pervertido.
N/A: Venía demasiado dramática la cosa, tenía que poner algo de humor al final xD
Vuelvo a preguntarme por qué he hecho a Miroku tan retorcido para hacerles creer que Kagome fue raptada, cuando él piensa que está muerta –lo aclaro porque creo que me he enrollado un poquito con el tema y quizás no quedaba claro-.
Y Kaede… tan manipuladora para hacer que Inuyasha vaya a ayudarlos xD "Te interesará saber que esas criaturas están siendo enviadas por Naraku" esta Kaede habla como capo de la mafia.
Prefiero pensar que Miroku hace esto con deseos de almacenar esperanzas, pero la verdad es que a pesar de ser el más pervertido, lo considero el más inteligente de la serie, siempre analizando cada detalle. Si algo así pasara, me consta que Miroku sería el primero en averiguar qué pasó, aunque no sepa con exactitud porqué. Pero también me da la impresión, que a pesar de saber la verdad de las cosas, a veces prefiere callarlas, porque hay cosas que es mejor no saber. Él será un monje pervertido, pero la tiene clara (?
Si te gustó o tienes alguna crítica, o tomate podrido en su defecto, por favor sigue la flecha :3 Eso me ayudaría mucho a seguir escribiendo!
l
l
l
l
V
