Muy bien, muy bien. Para ustedes, que lo esperaron, les traigo otra parte de esta historia :D

Con respecto a lo que viene, ehm...quiero dedicarle este capítulo a alguien.
Ann Kirai: usted estimula mi imaginación (?) HAHAHA

Ya, escribiendo en serio. Tienes tanta pasión por el yuri como yo, así que tengo que decir que me animaste (mucho) a seguir escribiendo con ese tema. Perdonen si no lo hago muy bien, es la primera vez que escribo algo como eso y no sé cómo me saldrá. Pero ¡disfrútenlo por favor! ñ.ñ


Aviso/advertencia: Contenido Yuri.


Recuerdos momentáneos
Parte 2: Petunia y Giggles

– Si, este lugar es muy lindo y todo –dijo Petunia–, pero...¡es algo asqueroso! –se indignó. Estaba en el agua junto con la pelirrosa, mojadas hasta el tuétano, y ambas sumergidas hasta la cintura. No era tan profundo en el lugar en donde estaban pero es que ésta no tenía muchas ganas de adentrarse más al fondo a pesar de que su compañera se lo había propuesto. Ahí en sus lugares estaban bien.

– ¿Qué? ¿Y eso por qué? –preguntó Giggles consternada, rascándose su fina nariz.

– Se me están enterrando los pies en la tierra –hizo una mueca– además de que hay muchos bichos...es asqueroso –Giggles suspiró, resignada.

– Mira, ya sabías que íbamos a venir hasta aquí, ¿por qué no sugeriste otro lugar entonces? –frunció los labios, sin querer ponerla de malas– Sólo olvídate de esto ¿si? Apenas acabamos de llegar...no te quejes Petu, sólo disfrútalo –otra vez suspiró, y cerró los ojos sintiendo como el agua fresca se calaba en su piel. La relajaba tanto que se hundió hasta el pecho.

– Si, bueno. No lo dije frente a las chicas porque no quería amargarles el día.

– Ah, ¿pero me lo dices a mí? –frunció el ceño levemente sin abrir los ojos.

– Tú eres más comprensiva.

– No tanto como Flaky.

– Tú me conoces aún más, ¿recuerdas aquella vez que no encontramos por primera vez? –la pelirrosa abrió los ojos con sorpresa y la miró. Luego sonrió con alegría. Hace 6 años...

" Después de arreglarse el cabello luego de ponerse un gorro rosa a rayas junto con su habitual moño rojo, Giggles sonrió frente al espejo. Se veía bastante linda según su criterio, con un toque de ternura para complementar.
En realidad no le gustaba demasiado la nieve que rodeaba su casa, así como la ciudad en donde -claramente- estaba viviendo desde hace unas semanas. Se había mudado hace poco viniendo del concurrido Japón con Kaname Hana, su hermosa y joven madre.
No le hacía mucha gracia el hecho de que pasaran de la estación cálida de Asia, hasta el horrendo clima frío -helado- de allí.

Pero Hana le había dicho que saliera un poco para disfrutarlo y, de paso, conocer personas. Pocas veces había nevado como en aquella semana, y estaba un poco deprimida por el hecho de no conocer a nadie allí, a pesar de que nunca había tenido problemas para socializar. Así que lo que le dio la razón. Tampoco hacía tanto frío...bueno, si se ponía la ropa adecuada.

Antes de salir se colocó sus guantes del mismo tono rosáceo que el gorro. Casi exageradamente, su color favorito era el rosa.

Al fin, luego de más o menos hora y media después de entrar al baño para bañarse, arreglarse y demás, agarró sus llaves.

– ¡Espera Giggles! –exclamó una mujer. Su voz estaba ahogada por un par de paredes.

– ¿Qué pasa mamá? –le preguntó en su idioma natal, aún rehuyéndose a hablar el español de manera usual.

– No te olvides esto –después de unos segundos, su madre salió del armario en el que estaba con unos palos y esquíes en sus manos–, esquía un poco y diviértete –sonrió con alegría.

Giggles Kaname se fijó en su sonrisa. La adolescente no sólo había heredado su cabello y parte de su figura, sino que también tenía gran parte de su carácter alegre y vivaz que tanto la caracterizaba. Lo que más le agradaba de su madre era su sonrisa brillante y perfecta, a pesar de ser su hija no era igual aunque las facciones entre ellas también eran bastante parecidas.

En fin, casi llegaba a envidiar esa sonrisa.

Rió un poco ante lo dicho por ella– Esta bien, iré por ahí. Tal vez me encuentre con alguien agradable en el camino –ahora se tomó en serio lo de hablar 'normalmente', así que tomó las cosas y le dio un abrazo de despedida a la mujer. Luego salió directo al parque central.

No hacía tanto frío como había pensado. De hecho, el gorro le molestaba un poco porque estaba acostumbrada a estar siempre con un sencillo moño que sujetaba cierta cantidad de cabello, pero apartó el pensamiento al ver a varias personas circular en patines para hielo en una gigantesca pista de patinaje. Hana le había dicho que originalmente ese suelo había sido construido para que las personas, en su mayoría niños/as menores de edad, se divirtieran recorriéndolo con algún objeto con ruedas. Monopatines, rollers, patinetas, hasta bicicletas.

Y que, naturalmente, debido a las bajas temperaturas que hacía en esos momentos la pista se había congelado, ofreciendo un espectacular suelo hecho de hielo brillante.

Luego de unas horas de estar ahí en medio del frío intenso patinando y encontrándose con muchas personas que la miraban con curiosidad debido a su asiático rostro y a su conjunto rosáceo, muchas de las familias que llevaban a sus hijos se fueron directo a sus casas. Ella quedó sola debido a que todo aquél al que le había hablado amistosamente también tuvo que irse a casa. Un poco cansada, se dirigió a un tronco pequeño que había sido cortado y colocado en la nieve como una banca. Aún no eran ni las 6, pero el cielo estaba muy gris aunque la visibilidad no era mala, y cada vez oscurecía más.

¿Por qué ahora se le dificultaba conocer a la gente y hacer amigos? Se sentó y suspiró, relajándose.

Ni bien lo hizo observó cómo una chica de más o menos su edad (unos 17 años), sin duda algo más alta que ella, se precipitaba con un grito de histeria en una sección de nieve un poco embarrada unos metros más allá. No dudó en ir rápidamente a ayudarla;cualquiera habría pensado que se había lastimado.

– ¡Oye! ¿Estás bien? –preguntó, ni bien estuvo cerca de ella. Le pareció curioso que, antes de siquiera contestarle, se levantara con rapidez y se alejara del barro con una mirada inquisitiva. La chica se observó a sí misma y se sacudió el barro de las piernas, echando una leve maldición. Luego la miró.

– Oh...hum, hola –dijo, algo desconcertada. Al parecer no había reparado en Giggles en ningún momento. Sin embargo, a esta no le molestó aquello.

– ¿Estás bien? He visto que te caíste... –habló la pelirrosa.

– Ah, sí. Estúpido barro –bufó–. Me gusta la nieve en realidad, pero el barro es asqueroso, tan lleno de gérmenes y suciedad...simplemente no lo vi y caí...¿tengo algo sucio? ¿Puedes quitármelo? ¡Ah! Y, revisa mi cabello por favor –exclamó a toda velocidad con ansiedad. La chica le dio la espalda a Giggles y se sacó el gorro dejando caerla larga coleta de un hermoso pelo azulado, con algunas mechas levemente más claras. Giggles tuvo ganas de reírse, pero en cambio le quitó algo de nieve y barro de la espalda y el trasero. Por lo demás estaba todo perfecto, así que con una sonrisa le dijo:

– Ya está. No tienes nada –rió.

– Gracias... –se dio media vuelta, con una mirada de agradecimiento. Luego sonrió– ¿Cuál es tu nombre?

– ¡Giggles! –respondió con demasiado entusiasmo– Kaname Giggles, hace un par de semanas me mudé aquí, ¿cuál es el tuyo?

– Yo soy Petunia Rachelle, un gusto –dijo, de una manera más formal pero con la misma alegría."

– Cómo olvidarse de ese día –se carcajeó, hundiéndose un poco más– Tu grito fue genial, como el de hace un rato. Sabes, desde un principio me di cuenta de que te preocupabas por tu aspecto y por la suciedad…bueno, tal vez demasiado. Pero me caíste bien, después de eso me convidaste un poco de ese té Earl Grey que habías llevado, ¿te acuerdas?

– Si, y que después se nos apareció ese viejo verde con peluca naranja –hizo una mueca. Su compañera echó una carcajada al aire, pero se ahogó un poco con el agua que la rodeaba, haciendo que Petunia riera con histeria.

Después de toser, añadió– Ese tipo...dios, nos lo encontrábamos cada dos por tres. ¿Recuerdas lo que le gritaste en una ocasión? –ninguna iba a olvidar ese momento en el que se exasperó tanto que Petunia le gritó la frase "¡Cierra la boca, cerdo!" en su cara. La gente alrededor se alejó de ellas y de él cuando se escuchó aquello en medio de la calle.

– Oh si, realmente me había sacado de quicio –rió. Luego se puso seria, recordando abruptamente otra cosa–. Giggles...

– ¿Qué pasa? –la miró con curiosidad.

– Sé que ya pasó hace tiempo, pero...voy a preguntártelo de todas formas –suspiró–. ¿Te acuerdas la fiesta de pijamas que habíamos hecho con Lammy hace 2 años? –Giggles asintió, preguntándose por qué se acordaba de aquello en esos momentos– Bien... ¿Recuerdas lo que le habías dicho a Lammy sobre mi?

El mundo se detuvo por unos segundos. La pelirrosa pestañeó, recordando.

– No sé porqué sacas ese tema ahora –dijo, pausadamente–. Pero...bueno, era cierto. ¿Qué es lo que te sorprende? Eres mi mejor amiga, y sé que me aceptas como soy... – «Esto se está tornando algo incómodo» Pensó, con el ceño algo fruncido Lo has dicho siempre.

Ninguna dijo nada por unos minutos. Sólo pensaban en aquello de lo que estaban hablando.

– Si, lo dije –respondió Petunia Pero, ¿por qué no me lo dijiste a mí?

– Creo que te habías ido al baño, ¡fue cosa del momento! Supongo que ni siquiera estaba sobria, no lo recuerdo bien –trató de salirse por la tangente. Esto era incómodo de verdad.

– Yo... –suspiró– En realidad no te estoy reprochando nada, pero... –por millonésima vez, volvió a suspirar. Luego sonrió levemente– Acércate.

– ¿Qué?

– Que te acerques, tonta –rió.

– ¿Qué planeas? –Giggles rió también, dejando salir parte de su nerviosismo mientras se acercaba frente a su amiga.

– Je, nada que tu no quieras... –le guiñó un ojo. Volvió a ponerse seria mientras veía cómo la tenía justo enfrente– Mira, sé que...somos amigas, pero también podemos...intentarlo.

– Intentarlo –repitió Giggles, como si no comprendiera de lo que le hablaba. Pero en realidad sabía perfectamente lo que quería decir.

– Sólo por esta vez, si quieres.

Silencio. Ambas se miraban directamente a los ojos.

– Bueno, pero trata de no morderme –recitó Giggles tomando la iniciativa, y le sacó la lengua brevemente. Le tomó el rostro con ambas manos y acercó su cara a la de la peliazul.

– Tu tampoco –bromeó Petunia, tomando su cintura para atraerla hacia sí con un tierno abrazo.

Y unieron sus labios sin vacilar.


Huellas

Flippy no había podido dormir más que un par de horas, o tal vez menos, desde que sintió que alguien abandonaba la carpa (casi) en silencio.

No sabía quién había sido puesto que no había abierto los ojos durante un buen rato. Además de que solo supuso que tal había simplemente ése alguien había ido a un árbol o algo así. Por lo tanto, no se preocupó…al menos no demasiado.
Pero cuando despertó sintió como si se estuviera quemando del lado derecho aunque no había fuego en ningún lado, y ahí descubrió al culpable: al estar acostado justo al lado del borde de la tienda donde daba de cara al sol, se estaba asando. No habrán sido más de 2 minutos que la luz le pegaba con fuerza, así que agradecía a su bien preparado sistema el que no se hubiera dormido con aquella molestia. No tenía ganas de tener una mitad de la cara más oscura que la otra.

Se levantó y salió afuera sin hacer ningún ruido. Ese idiota de Splendid, ¿dónde se había metido? Supo que era el peliazul el que no estaba ya que sólo había visto cabelleras de colores cálidos ahí adentro, y al recorrer la zona con su vista y oídos supo también que no estaba muy cerca de ahí. Y se había marchado hace rato, cuando se había dormido.

Se pellizcó el puente de la nariz suavemente mientras cerraba los ojos. Cuando algo lo molestaba o pensaba en alguna estrategia por ejemplo, siempre hacía eso. El chico no le preocupaba en realidad, pero le daba cierta curiosidad el saber qué estaría haciendo. Además, por más que disfrutara el estar ahí en silencio y contactado perfectamente con la naturaleza, todavía tenía sus instintos de supervivencia que le habían enseñado febrilmente en la armada, y le daban ganas de recorrer el lugar sigilosamente, como un cazador buscando presas.

Y cuando estaba por decidir hacia dónde podría ir se fijó en las huellas que había por ahí, casi ocultas por unas plantas más allá.

– Pero qué imbécil –se rió, refiriéndose a Splendid. Si había algo de lo que se enorgullecía, era el tener los sentidos bastante bien cuidados y desarrollados. La visión nunca le fallaba.

Empezó a caminar por ahí. El peliazul había caminado por un sendero que era algo fácil de seguir, debido a la forma que tenían los arbustos luego de que alguien pasara por ahí sin mucho cuidado, y por las huellas de grandes pies de hombre en la tierra fresca y húmeda. No sabía hacia dónde estaba yendo, pero estaba atento a su ubicación y hacia dónde se dirigía. Y, por supuesto, sus oídos captaban cualquier ruido desconocido que pudiera escuchar. No por nada le habían enseñado a defenderse como un buen y experimentado soldado, aunque no alardeaba de ello más que en su mente.

Si bien había sido obligado en un principio a seguir ese camino, con el tiempo se había empezado a hacer a la idea de que podría servirle de mucho. Había comprendido hace tiempo que el ser humano (así como cualquier animal de ese planeta) anhelaba en lo más profundo de su ser un instinto poderoso, y ese instinto era el sobrevivir a toda costa. ¿Por qué? ¿Cuál era el objetivo?
Nunca se había respondido con certeza esas preguntas. Había gente que no era masoquista como para elegir vivir aunque le valga el dolor de la pérdida de lo que más deseaba, ni egoísta como para dejar morir a algo o alguien con tal de no morir.

Pero él era masoquista de otra forma. No iba a rendirse nunca, jamás, en una guerra contra la muerte. Pero tampoco iba a abandonar nunca más a algún compañero durante una lucha.

Todavía quedaban en él fragmentos del dolor por la injusta pérdida de sus amigos…de sus hermanos.

« Basta » Se dijo. No deseaba ponerse sentimental en esos momentos, cuando estaba en ése lugar…

Estaba tan perdido en sus pensamientos que se golpeó mentalmente por distraerse en un lugar así. Todavía seguía algunas huellas que se dirigían a un lugar muy húmedo, por lo que podía ver y sentir en el ambiente. Unos cuantos pasos más y vio varias cosas a la vez: más vegetación que se cortaba abruptamente en una orilla; aguas cálidas que emanaban de una cascada no muy grande; el sol que calentaba…y un cuerpo semidesnudo arrodillado con la cabeza entre unos arbustos.

« ¿Qué carajos? » Se preguntó. Alzó una ceja al reconocer casi de inmediato a Splendid, con un short de baño color azul claro con rayas rojas.

– ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó tranquilo como si nada, acercándose. Desde kilómetros se podía ver cómo Splendid se tensaba profundamente.


Besos y pechos

Las chicas no se habían molestado en fijarse si posiblemente había alguien observándolas. La cosa entre ellas era ir directo al grano.

Después de unos momentos de darse un largo y húmedo beso, mezclando sus lenguas en una danza que solamente ellas podían manejar entre sí, Giggles decidió ir más adelante. Después de acariciar los mechones mojados de pelo azul que tenía Petunia en sus mejillas, descendió sus manos por la mandíbula y por el cuello suavemente hasta ir más abajo aún, donde se topó con dos pechos bien formados y cubiertos sólo por la tela fucsia. Los apretó, causando que un gemido se escapara de la garganta de Petunia.

Esta se separó de ella dejando un rastro de saliva uniendo ambas bocas, sin mostrar ni una pizca de enojo por ello– Así que, ¿este era tu plan? –dijo, respirando agitadamente– Bueno –no esperó respuesta y, sonriendo con picardía, también hizo una jugada como la de Giggles.

La única diferencia, es que (incluso ella) era un poco más atrevida que su compañera. Por lo que subió sus manos (que se habían posado en la cintura de la chica) hasta tocar la tela de la bikini, y sin vacilar la subió hasta dejar al descubierto dos pechos más pequeños que los de ella, aunque no tanto. Rodeó con sus manos los senos y con sus pulgares movió suavemente los pezones haciendo que se endurecieran casi al instante.

– A-aah… –exclamó en voz baja Giggles. Estaba entrando a un terreno que ya conocía, pero que nunca había intentado con una mujer experta como su amiga. Le daba un poco de vergüenza, pero sólo por estar en un lugar tan abierto y precioso como aquél, y por estar haciendo esas cosas con alguien que conocía desde hace mucho.

A pesar de todo, no se atrevieron a mirarse con la lujuria sobresaliendo en sus respiraciones y en los ojos. Ninguna dijo nada, el calor estaba incrementándose a cada segundo mientras gemían en voz baja. Volvieron a besarse, esta vez más dulce y lentamente.

¿Hasta dónde estaban dispuestas a llegar?

Ambas se hicieron esas preguntas, pero ninguna se la contestó, porque temían que después llegara la otra pregunta: ¿Qué iba a pasar después de aquello?

Sin embargo siguieron con lo suyo. Petunia, después de acariciar por algunos momentos los suaves pechos, bajó una de sus manos muy lentamente por el torso de la pelirrosa, tocando delicadamente el plano abdomen sólo con sus dedos mojados. Llegó hasta abajo.

Pero ni siquiera tocó la tela porque por suerte (o por desgracia, se mire por donde se mire) no tuvieron que pensar mucho más: del otro lado se escuchó algo que no llegaron a entender de qué se trataba. Pero lo suficientemente fuerte como para que ambas pararan bruscamente la acción.

Durante un momento se paralizaron, sin saber qué hacer. Petunia reaccionó más rápido y quitó su mano derecha como si se estuviera quemando.

– Creo que… –trató de calmarse, algo molesta pero consciente y tranquila– …debemos irnos –dijo al fin. Con suavidad sacó sus 'garras' del otro cuerpo y la vio. Sonrió levemente y le acomodó correctamente la bikini celeste.

– Supongo que si… –murmuró Giggles, con aspecto distraído. Se encogió de hombros y quitó sus manos del pecho de Petunia mientras sentía la cara arder y cómo le acomodaba la prenda– ¿Qué habrá sido eso?

– No quiero saberlo –dijo, mirando de nuevo al otro lado–, es mejor que nos vayamos. Si es algún mirón no va a querer encontrarse conmigo –dijo con la furia manchando un poco sus palabras cuando caminaba hacia la orilla.

Estuvo a punto de decirle "No seas paranoica. Aquí no hay nadie más que nosotras".

Pero algo le dijo que no era así, tal vez estaba totalmente equivocada. Así que la siguió, y ambas salieron del agua para luego dirigirse a la tienda.


General Fliqceth

– ¿Ah…? –musitó Splendid, sacando lentamente su cabeza del follaje. Miró a Flippy totalmente descolocado y algo sonrojado, cosa que ni el uno ni el otro pasó por alto.

– ¿Te cortaron la lengua con cuchillos o qué? –preguntó el peliverde, cruzándose de brazos.

– ¿Qué? No no, tu…¿qué haces aquí? –ahora estaba empezando a entrar en razón. Parpadeó, aún sorprendido por el giro rarísimo que había dado el ambiente: desde el sorprendente erotismo de las chicas besándose (¡¿y manoseándose?!); hasta la inesperada aparición de Flip…

– ¿Sabes qué es lo gracioso? Hace exactamente 15 segundos te pregunté lo mismo, y sin embargo reaccionaste como si te hubiese descubierto haciendo alguna maldad. Desde aquí se escucha cómo tu cerebro trata de inventar alguna excusa. ¿Es eso Splendid? ¿Estuviste haciendo alguna maldad mientras yo no estaba aquí? –habló con seriedad.

– ¿Maldad? ¡Por supuesto que no! –sin embargo, eso sirvió para sonrojarlo un poco más. Un momento, ¿él también las habría visto…?

Flippy largó una carcajada al verlo tan nervioso.

– Tranquilízate tarado. ¿Qué demonios te pasa? Es como si hubieses visto algo que no se ve todos los días…o más bien, como si nunca hubieses visto ése algo. ¿Qué sucedió? –preguntó, impacientándose.

– ¿Cómo? ¿No las viste cuando…venías por acá? Espera, ¿hace cuánto tiempo estás aquí, por esta zona?

– Sólo caminaba porque sabía que desde hace rato alguien faltaba en la carpa, y recién te encuentro. ¿Verlas? ¿A qué cosas…? No, espera. Eran personas, ¿no es cierto? –dijo el peliverde, dándose cuenta. Splendid frunció el ceño y asintió, aún sin atreverse a relajarse– ¿En dónde?

– Ahí –señaló–, no es que me sorprendiera la presencia de dos personas. Pero… –dudó, ¿debía contarle? Incluso él mismo podía considerarse un pervertido hijo de puta si lo que había visto era producto de su imaginación, porque ¿cómo es que al principio estaban y luego justo en el momento en el que apareció Flippy ellas habían desaparecido? No le cuadraba. Además, eran esas dos chicas…

– ¿Pero? –repitió. El muy tonto se había distraído con sus pensamientos.

– Pero nada, creo que el sol me afectó demasiado –decidió irse por la tangente.

– Si es eso entonces el sol te afecta todos los días –se rió.

– Puede ser –musitó distraído, sin captar el chiste–, lo que me sorprendió fue el hecho de que estaban ahí y justo cuando llegaste tu, ya no estaban…

– Ah ¿sí? Que mal, seguro hiciste algún ruido y las espantaste antes de que yo apareciera por aquí.

– En realidad…–se levantó algo avergonzado, mientras acariciaba su cabeza– sí, me caí entre esos arbustos. Supongo que hice ruido.

– Bueno, no es que no tenga ganas de estar aquí… –Flippy se acercó a la orilla, luego de sacarse la camiseta oscura– pero después de esto –hizo una pausa, se empapó la cabeza metiéndola en el agua que corría por ahí, y luego suspiró–, yo digo que volvamos a la carpa. Volvamos con los chicos y…no sé. ¿Comemos o algo de eso? –sugirió.

– Tus deseos son órdenes capitán –el nivel de sarcasmo de Splendid era captable.

– Capitán mis pelotas. General Fliqceth para ti.


¿Tres chicas?

Las chicas que habían estado a menos de 20 metros de Splendid sin darse cuenta, habían salido del agua para dirigirse a su tienda. Caminaban bajo los árboles que las protegían un poco del intenso sol veraniego luego de secarse un poco en el césped poco tupido que crecía alrededor. Como se sabe, la esbelta peliazul era la más delicada de las cuatro mujeres, así que por defecto era obvio que odiaba caminar sobre tierra cuando ella estaba mojada, porque contribuía a que se le forme barro en las plantas de los pies y que se volviera algo histérica del asco.
Así que más o menos a las 11 de la mañana estaban volviendo. Por un ratito ninguna habló.

– Mira, no hay que andar divulgando sobre…esto, ¿de acuerdo? –susurró Petunia.

– ¿Y qué me dices sobre aquella persona que nos estaba viendo en medio de la acción? –contestó Giggles casi de inmediato, sin mirarla.

– ¡¿Qué?! –se horrorizó. « ¡¿Alguien nos estaba viendo?! »

– EH, perdón no quise asustarte –se disculpó rápidamente, con los ojos muy abiertos–. Lo siento Pet, es que estaba pensando estupideces…no creo que nos hayan visto, pudo haber sido un animal que andaba por ahí –ahora sí logró tranquilizarla un poco.

– ¿Tu dices que es así…? –dudó.

– ¿Quién sabe…? Oye, no nos pongamos así –sonrió–, después de todo debemos disfrutar de esto, ¿no? Las chicas lo entenderán en caso de que lo sepan…creo.

– Supongo que tienes razón…estamos de vacaciones –sonrió como ella.

Un tramo más sin hablar, y justo antes de llegar ambas de miraron y rieron con disimulo. Entraron a la carpa de color claro y se acomodaron en silencio para dormir un poco. Tan agotadas estaban, que no se dieron cuenta de que una de ellas no estaba en donde debía estar.

× Fin del capítulo ×


Oh si, estoy tan feliz de poder por fin subir este capi *-*
La verdad no me convenció del todo, creo que le faltó algo pero...bueno, quería subirlo y dejarme de joder xD

Habrán notado que le cambié el nombre al fic, ¿cierto? Es porque me dije que algo no me cuadraba, y hace unos días me puse a pensar en que en realidad no me gustaba ni me convencía el título. Así que después de mucho meditar, le puse aquél nombre que da origen a esta historia: Gesell.
(tengo que escribirlo: no sé si existe en la realidad un lugar que se llame así) xD

Les agradezco mucho a cada uno de ustedes, a los que leen, los que comentan (y/o critican ñ.ñ), y por supuesto a los que ponen esta historia en sus favoritos, por seguir animándome con esto. Realmente, gracias (/*-*)/

Miau.-