Alas de Libertad
Capítulo 6: Born To Die
Hanji se levantó temprano. Aquella mañana habían ya pasado tres días desde que Levi la llevase de vuelta y desde que éste había desaparecido. Notaba cierta reticencia de Erwin para dejarla sola. Se sentía un poco sofocada. Pero el miedo que Levi había sembrado en su interior era una clara y fuerte evidencia de que no podía pasarse sola el resto de su vida.
Hasta cierto punto, la presencia de Erwin la hacía sentir menos preocupada de volver a ser vulnerada. Con ella era todo lo atento que se podía ser.
La noche anterior había sido bastante horrible, pero no mencionó nada, Erwin no lo merecía. Se había comportado con ella todo lo atento que podía ser.
Sí, Erwin era atento, eso le quedaba muy claro.
Pero no lo amaba. No le despertaba pasión, no la hacía querer destrozarse a sí misma. No despertaba en ella más allá de un pálido sentimiento de consideración y de conmiseración al mismo tiempo.
Como dije, la noche anterior fue un suplicio para Hanji.
Esa noche durmió en brazos de Erwin Smith. Éste se escabulló en su habitación, bebieron un rato y la medición del tiempo dejó de ser medida en base al reloj y en cambio al ver la botella medio vacía, comprendieron que era hora de ir a la cama. Hanji no echó fuera a Erwin. No cabía echar a su jefe de su habitación y que todos descubrieran que estaba allí si le veían salir. Así que le dejó dormir en su propia cama. Erwin fue extremadamente amable y trató de mantener distancia de ella, y ella recompensó esta amabilidad atrayéndole a su cuerpo.
Se sentía vacía. Vacía como un empaque de algo, como si de Hanji Zoe no quedara más que un simple envase. Un envase que no sufría más, que era incapaz de sentir nada, que no tenía más la menor intención de molestarse en doblegarse a sí misma para satisfacer la voluntad de nadie. Menos la de Levi.
Murmuraba en su oído mientras se movía, lentamente, dentro de ella. Aún estaba adolorida. Los huesos le reclamaban pronto descanso. Pero haberse quedado tumbada allí, sola, con el corazón carcomido por el resentimiento y el amor, su amor herido, la habrían devastado.
"Aún no moriré. Todavía tengo que luchar" se dijo a sí misma mientras Erwin murmuraba y su aliento cálido intentaba infructuosamente de calentar los pedazos fríos y moribundos de su corazón.
Tan adolorida se sentía, tan dolida en su amor propio, tan abrumada ante las marcas de todos los golpes de Levi, de todas las palabras hirientes, de cada herida abierta que cruzaba su cuerpo, que ya no contemplaba la posibilidad de estar utilizando a Erwin para sobrevivir. No le importaba.
"El ser humano usa a unos y a otros para satisfacer sus necesidades. El ser humano es egoísta por naturaleza. El ser humano no deja de ser un animal", se dijo, tratando de acallar el resto de conciencia que le quedaba, mientras en un rastro de ternura, Erwin pronunció las felices palabras. Felices palabras que para Hanji fueron una maldición.
- Te amo, Hanji.
Lo miró estupefacta. Se quedó inmóvil, se retiró un poco y comenzó a sollozar apretándose contra su pecho. Era tan fuerte y protector y sin embargo no era capaz de hacerla feliz. No era capaz de ser Levi. Jamás lo sería.
Y ella jamás sería feliz con otro que no fuera ése enano estúpido.
Las palabras de Erwin eran una maldición porque ataban su existencia de un modo peor del que antes Levi la había atado a él.
Hanji no podría sacarse de la mente cada vez que hiciera algo, cada vez que pensara en Levi, cada vez que Erwin se dirigiera a ella, las palabras de amor y deseo que no era la primera vez que había escuchado de sus labios, pero que ahora tenían un sentido muchísimo más profundo que cuando las pronunció por primera vez.
Sacudió la cabeza y Erwin le tomó despacio la barbilla mirándola a los ojos, buscando algo, esperando que ella dijera algo, quizá en respuesta a sus propias palabras, dichas en un momento de arrebato. Era un hombre. Entendía que no era el momento, que se había precipitado.
Besó a Hanji en la frente y se levantó, vistiéndose con rapidez pero sin rehuírla, para luego salir de allí con prisa.
Se removió en la cama y se miró, desnuda, a lo frío, en el espejo.
Tenía tantos moretones y heridas que se veía asquerosa. ¿Cómo Erwin podía encontrarla hermosa?
¿Cómo quien quiera que fuese podía encontrarla hermosa?
Se dirigió de inmediato al baño y una vez llena la tina, se sumergió en el agua caliente.
No quería pensar en nada, pero sobre todo, no quería pensar en que, siendo Erwin quien era, era muy peligroso que se acercara a ella, que la envolviera en dulzura, en palabras amables de amor y deseo. No las quería.
Se podía engañar a sí misma.
Y terminar complaciendo el amor de un hombre que no merecía vivir en la mentira.
Levi abrió los ojos y miró alrededor. Se sentía agotado. Sentía la pierna pesada, como si llevara una placa de plomo sobre ella. Su cabeza colgaba, bamboleante de su cuello elástico. La ropa, rasgada, caía sobre su cuerpo como si fuese un cuerpo muerto y desfallecido sobre él.
El suelo estaba sucio, tan sucio que le provocaba náuseas. "Maldito Erwin", pensó para sí. "Pretendía matarme de asco en esta celda de mierda". La cabeza le daba vueltas, la poca luz que entraba por los hoyos con barrotes que fungían como ventanas le hacía escocer los ojos y los golpes en las costillas, sobre todo en la que estaba rota, no le permitían respirar sin dificultad.
Escuchó el sonido de unos pasos en el pasillo empedrado. Los pasos pesados de un hombre fornido de alta estatura. Era Erwin Smith. Escuchó el sonido de la reja al abrirse, y de los barrotes siendo golpeados con algo similar a un tubo. La risa clara y sonora de Erwin resonó luego haciendo eco en las paredes de piedra, al darse cuenta que los sonidos, intensificados por el sufrimiento al que evidentemente le había sometido con la golpiza de hacía dos días, le estaban haciendo reventar el cerebro de dolor.
- Vaya, Levi, ¿Te duele? – Una patada directamente en su mandíbula le golpeó de lleno y el citado quedó tambaleando, colgante, de las cadenas que sostenían sus brazos desde unos grilletes en sus muñecas.
- Tsk, ¿Dónde está Hanji?
Erwin se inclinó acercándose al rostro de Levi.
- Está tomando un baño ahora seguramente. La dejé hace apenas un momento.
Levi se acercó agresivamente, tratando en vano de atacarle, gruñendo, frustrado ante la imposibilidad de romperle el alma al hombre rubio.
- Dime, Levi… ¿Amas a Hanji?
Levi no respondió, sino, por el contrario, se sumió en un mutismo avergonzado que para Erwin no pasó desapercibido.
- Pues acabo de decirle que yo también la amo.
Levi elevó los ojos. Un calambre, intenso, agudo, le cruzó el torso, donde la costilla rota le molestaba para incluso respirar. Los ojos, pequeños e intensos se fijaron con profundo odio en los límpidos ojos azules de Smith que, arrogante, nuevamente se acercó al rostro del soldado más fuerte de la humanidad.
- ¿Tienes idea de qué hizo ella?
No.No tenía idea. Por la cara de Erwin, se podría decir que lo sabía. Ni siquiera tuvo que decírselo. De entre su capa, sacó algo. Una especie de fina tela de encaje negro con cintas aperladas de un intenso color carmín. Erwin la acercó a su nariz. Se percibía perfectamente el olor del cuerpo que había llevado la prenda puesta apenas hacía algunos minutos.
Su cara entonces se tornó pálida y confusa y olvidó su nombre y su cargo abalanzándose furioso contra Erwin, que reía con esa manera tan cargante y propia de él.
- ¿Cómo conseguiste eso?
- ¿Cómo que cómo? ¿Quieres que te lo cuente todo? No es propio de un caballero y yo respeto a Hanji. ¿Sabes? Aquí, entre viejos amigos… -y se acercó sonriendo – Tiene hermosas piernas, largas que se prenden a ti mientras entras en ella…
De un cabezazo, certero, fuerte, con una rabia superior a toda su persona, Levi hizo caer de espaldas al jefe de su batallón y le miró con tanta rabia, que de no estar atado, le habría matado allí mismo.
- ¡Hanji es mía! ¡Siempre será mía! ¡Hagas lo que hagas, no importa cuántas veces tengas su cuerpo, ella me pertenece!
Limpiándose la sangre que manaba de su ceja y de la comisura derecha de sus labios, Erwin se levantó, y con la cara muy alta, como si estuviera dando un discurso a los soldados, repuso:
- ¿Y por qué, Levi, si Hanji es tuya, no está aquí contigo intercediendo por ti?
Y después de unos momentos, terminó dejándole solo en la celda no sin antes decir:
- Sabes que perdiste. Aunque sea tuya, no la tendrás de nuevo. Sobre mi cadáver.
Y salió de la celda para reunirse con Armin Arlet, a quien acababa de nombrar cabo, a fin de que asistiera a la Teniente Zoe en la investigación que se llevaría a cabo los días siguientes.
Mikasa tocó a la puerta.
Hanji acababa de vestirse y se secaba el cabello cuando abrió la puerta de su habitación. El rostro inexpresivo, blanco y frío que la miraba con desdén, con preciosos ojos grises y rasgados, la hizo enfurecer.
Con la misma furia de un titán a punto de comer, se abalanzó sobre Mikasa Ackerman, la que no levantó una mano para defenderse. Pero Hanji no se detuvo. La golpeó tres veces en las mejillas, con los puños cerrados, sosteniéndola bajo su cuerpo y gritándole improperios.
No podía soportar la presencia de la persona que había acabado con todo entre ella y Levi.
- ¡Te acabaré, Ackerman! – gritaba mientras Eren se llevaba a Mikasa y Moblit la sostenía a ella que no era capaz de controlarse o dejar de gritar.
Cuando entró a su habitación, comenzó a ponerse su uniforme y su equipo de inmediato.
Necesitaba matar algunos titanes o probablemente si atacaba a Mikasa, sería ella la que acabaría muerta.
Pensaba que después de todo, para eso había nacido de todos modos.
Pero aún no.
