SOLDADO 76

Siento que he fallado. Que he fracasado ante mi propia brigada y he dejado que todo se desmoronara como una baraja de naipes sin control. Agentes que desaparecen, agentes que se pasan al bando enemigo y ahora una persecución que nos obliga a marcharnos de nuestro asentamiento para ocultarnos en la siguiente base segura. Mi fe ciega en mis soldados ha hecho que falle de nuevo. Creí en Pharah, mantuve en todo momento que estaba con Talon no por propia voluntad sino en contra de ella... y este es el resultado.

Symmetra conduce nuestra aeronave a través del desierto haciendo desvíos y tomando caminos más largos de los normales, para evitar dejar rastro. Los soldados de Talon ya no nos siguen, pero en esta batalla lo mejor es mantenerse alerta y desaparecer por ahora.

—¿Volvemos a la antigua base México?—pregunta Junkrat. Va sentado en su asiento con las piernas recogidas, como si fuera un sapo.

—Sí—contesto tajante—mucho del material que hay allí ha quedado obsoleto e incluso inservible, pero tendremos que conformarnos.

McCree se desabrocha el cinturón de seguridad del asiento y se pasea por el pasillo de la aeronave con mala cara. Desaprueba todo esto, pero siempre le ha costado abrirse a decir lo que siente, así que no dice nada. No puedo reconfortarle y comentarle que todo irá bien, porque ambos sabemos que no es cierto. Ahora somos una especie de fugitivos, perseguidos por un enemigo que es diez veces mayor. Condenados a huir hasta que podamos hacerles frente. Podíamos asumir una operación de rescate para ir a buscar a Pharah, pero no una batalla contra cientos de soldados que nos cuadruplican en número. No tenemos nada que hacer.

—¿Esto es lo que vamos a hacer a partir de ahora? ¿Huir?

La voz de McCree resuena en cada punto de la aeronave y todos se giran para mirarle. Su descontento no se ha hecho esperar y ha escupido lo que siente por dentro.

—De momento no nos queda más opción que ocultarnos hasta que amaine la tormenta—contesto con calma.

—No quiero decir que tengamos que lanzarnos hacia el peligro como un kamikaze—gruñe—pero hasta ahora no hemos hecho ningún avance. Es más, creo que vamos hacia atrás. Tracer está desaparecida, Ana se ha ido y Pharah nos ha traicionado. ¿Cómo pretendemos tener éxito en estas condiciones?

El silencio se suma a él como un aliado, como dándole la razón que a mí me quita esta situación que ninguno había planeado. Nadie habla, solo nos miramos unos a otros sin saber bien qué decir. Mi intención es seguir con la conversación y explicarle que aún quedan esperanzas, que yo les llevaré a la victoria que estamos esperando... pero no puedo asegurar nada. Mi papel como líder es guiar, sin embargo yo mismo estoy perdido. Ese fracaso que siento como propio me hunde hacia un abismo del que no veo final.

—Parad.

Una voz firme con un ligero deje robótico se impone como una boya en el mar que me salva de estar a la deriva. Detesto admitir que mi firme postura y mi saber hacer en todo momento se ven quebrados poco a poco.

Genji se levanta y se sienta de cuclillas en medio de ambos.

—La paciencia es el único camino hacia la victoria.—recita—Si el pájaro se precipita para aprender a volar el único resultado será la muerte.

—¿A qué viene todo eso?—gruñe McCree

—Viene—Genji inspira hondo, aún sereno y tranquilo—a que debemos confiar en nuestro capitán y esperar. ¿Qué podemos hacer ahora más que esperar? Overwatch fue disuelta a la fuerza y por ahora solo quedamos... esto.—extiende los brazos para abarcarnos a todos—Demasiado débiles para enfrentarnos a un ejército enemigo que se hace más fuerte cada día, demasiado pocos para arriesgarnos a ir a buscar a los demás...

—... algo que deberíamos haber hecho hace mucho tiempo.—replica McCree—Juntos seríamos invencibles.

—Juntos aún seríamos demasiado pocos—interviene Mercy.

Se acerca a nosotros, lleva puesto su uniforme de combate. Acostumbrado a su bata blanca y a sus raídos pantalones marrones, verla así me devuelve a los viejos tiempos. Un traje blanco y resistente con el símbolo de unas alas que al verlas nos traían la esperanza al combate, la paz de sabernos curados para resistir un poco más.

—Necesitamos algo más que un puñado de héroes de Overwatch para combatir a Talon—sentencia tajante—no somos suficientes. El enemigo no nos ha cogido por sorpresa, simplemente ha crecido en número. Cada vez usan más sus fuerzas inteligentes lo que nos hará tener que migrar de una base a otra en busca de refugio, cada vez son más numerosos lo que provocará tener que buscar aún más aliados. Aunque consigamos reunirnos con el resto de Overwatch... tendremos que crecer en número.

—Debimos ir a buscarles antes...

—¡Claro! Y no hubiéramos visto la luz de un nuevo día—gruñe Mercy, agotada—Ninguno de nosotros podía moverse ni salir de su escondite, al menos no sin un plan estructurado. Talon está por todas partes, necesitamos algo más que todo el coraje que podamos reunir para salir en busca de los demás. ¿Acaso piensas que íbamos a quedarnos así para siempre? ¿Separados?

—Hemos estado como señoritas tomando el té en el Saloon—replica Jesse—no debimos dejar que se multiplicaran, debimos actuar antes.

—Hemos actuado con estrategia, algo de lo que tú no sabes. Jack nos ha liderado bien, y seguiremos un plan para poder salvarnos.

—¡Éramos héroes! Nada podía con nosotros, ¿y ahora nos limitamos a escondernos? ¿A huir?

—Sabes tan bien como yo, por más que te lo niegues, que aunque fuéramos todos contra Talon acabaríamos entre las listas de sus víctimas.

La última frase de Mercy calla por fin a McCree que vuelve hacia su asiento, decepcionado. La miro y le dedico un gesto de agradecimiento. Siempre ha sido fiel, leal y ha acatado todas mis decisiones aunque a veces cometiera algún fallo. Con ella siento esa seguridad que me transmite cada vez que llegaba volando hacia nosotros en la batalla, una pata firme en la que apoyarme. Un cayado de salvación.

Les dejo a todos atrás y avanzo hacia Symmetra que conduce mientras no deja de observar los radares por si detectan presencia enemiga. Este territorio no es controlado por Talon pero aunque los hayamos despistado nunca podemos estar seguros.

—¿Has colocado las torretas en el techo de la nave?—pregunto. Se sobresalta levemente, pero no quita los ojos del frente.

—Solo una, este trasto es demasiado viejo para aguantar nada más.

—Si queréis puedo subirme yo al techo—comenta Junkrat, que ha llegado hasta nosotros—también se me da bien colocar explosivos...

—Tú quédate aquí—gruñe Symmetra—si te caes y te estampas contra el suelo no pararé para ir a buscarte.

—No es justo que solo tu torreta se divierta, si viene el enemigo yo también quiero disparar—comenta divertido—¡Pam! ¡Brooom!

—Si sigues tomándote esto como una de tus bromas te machacaré en cuanto lleguemos a la base.

—Satya, tienes muy mal carácter—replica Junkrat—¿sabes qué te vendría bien...?

Junkrat hace ademán de poner las manos sobre sus hombros para hacerle un masaje, pero Symmetra se tensa.

—¡NI SE TE OCURRA!

Al grito le sigue un temblor y todos nos callamos de pronto. Sentimos otro temblor más, y a ese le siguen otros tantos. Parece que no estamos solos...

OoO

OoO

WIDOWMAKER

Salimos de la base de Overwatch y bajamos hasta el hangar donde ocultaban viejas aeronaves. De los tres emplazamientos ocultos solo uno contenía una destartalada aeronave vieja mientras los otros dos permanecen vacíos. Me subo con dificultad al transporte y dejo que Lena se coloque al mando del aparato el cual enciende fácilmente. Con un zumbido la aeronave se eleva unos metros sobre el suelo y sale despedida del hangar rumbo al desierto. No hay nadie ni nada alrededor, tan solo arena de un color tan amarillo como el Sol.

—Abróchate el cinturón—ordena.

Observo su cara de concentración, se le da extremadamente bien pilotar trastos como estos. Viéndola con esta fuerza, esta energía y esta seguridad me siento por primera vez débil y vulnerable. Herida y sin tener más opción la sigo hasta un lugar donde sé que es probable que me encañonen con un arma. Sin embargo no es eso lo que me preocupa, porque aunque ella no me defendiera como dice que hará por deberme la vida, lucharía hasta el fin con todas mis armas. No. Lo que en realidad me preocupa es eso a lo que una vez creí llamar corazón... Desde los últimos acontecimientos ha comenzado a latir más deprisa y el tono violáceo de mi piel, antes intensificado, ahora comienza a palidecer. Mi mente se colapsa intentando buscar una explicación, intentando hallar la esencia de mí misma... ¿qué es lo que está pasando?

—¿Podrías bajar la guardia un momento? Quizá solo lo que dure el viaje, por eso de la comodidad, ya sabes, cherie.

Señalo con suavidad hacia su brazo derecho, el cual está tendido a un lado de su cuerpo, pero cuya mano sujeta su arma. Es sorprendentemente habilidosa conduciendo con la mano zurda pese a ser diestra. Una piloto nata.

—¿Acaso no has escuchado eso de que no me fío de ti, cielo?

Por fin sonríe, como siempre. Incluso en los peores momentos y con miles de balas volando hacia ella, es capaz de sonreír. Sin embargo hay muchas cosas que le quitan la sonrisa y no siempre puede mantenerse así. Tiene sentimientos. Algo que hace tiempo que yo ya no tengo. El solo hecho de que lo mencione y me lo plantée vuelve a hacerme sentir débil y confusa.

—Estoy herida de un brazo y una pierna, ¿crees que podría acertarte con el rifle siquiera?

—No nos engañemos, Amelie, puedes.

Sonrío de lado.

—Tampoco sería lo más inteligente, cherie. Si quiero que me lleves hasta tu base, quiero decir.

—Obviamente—concide, divertida—es simple protocolo, no te ofendas: nunca te fíes del enemigo.

—Es curioso—ironizo—siempre hemos sido enemigas pero conmigo has mantenido un lazo bastante más estrecho que con cualquiera de tus compañeros. ¿Qué dirían al respecto, mon amour?

—No tienen nada que decir.

—Les traicionaste—doy en el clavo y lo disfruto. Por fin vuelvo a sentirme poderosa—estuviste viéndote con el enemigo a sus espaldas. Qué golpe tan bajo, Oxton...

—Si me estuve viendo contigo fue por un motivo diferente, pero ya que hablamos de ello. ¿Qué sacabas tú? Nunca te revelé ningún tipo de información, jamás te conté nuestros planes... No tenías nada que sacar de mí, no averiguaste nada. ¿Entonces?

—Jugar...

Suelta el arma y aferra con las dos manos el volante de la aeronave. Sus dedos empalidecen debido a la fuerza con que los aprieta.

—No te creo. No querías mi información. No me dejaste caer en ninguna trampa para que te contara cosas de nuestra brigada. ¿Para qué otra cosa sirve acercarse y engañar a tu enemigo si no es para sacar algo a cambio? ¿Solo para jugar? ¿Sabían de esto tus superiores? ¿Sabían lo que hacías? Porque de no ser así tú también te arriesgabas.

—¿Para qué iba a contarles qué hacía en mis ratos de ocio, cherie?—pregunto con sorna—Solo estaba jugando, no tenía nada que perder. No es una traición, si lo piensas... tus sentimientos eran distintos, pero yo sólo jugaba. ¿Por qué iba a ser una traición el salir a jugar?

Frena la aeronave con una sacudida y quedamos ancladas en mitad del desierto. Inspira hondo y se desabrocha el cinturón con lentitud, mientras la luz azul de su acelerador cronal se refleja en sus brazos. Me mira, aunque no sabría descifrar su expresión, y se acerca a mí lentamente.

—Ahora dime que era solo un juego.

Contemplo a través de sus gafas de aviador naranja que sus cejas trazan un arco que refleja su angustia, sin embargo pretendo que no me afecte, porque no lo hace. No contesto aún, en su lugar me tomo tiempo para atusar mi largo pelo oscuro, mirándola con la misma fijeza que ella me mira. Sonrío lentamente mientras enarco una de mis cejas.

—Era solo un...

Como si fuera una maniobra fallida, no lo veo venir, y noto la firme presión de sus labios sobre los míos. Abro mucho los ojos, contemplando como los suyos, detrás de sus inconfundibles gafas, están apretados. Mueve sus labios intentando hallar una respuesta por mi parte que no quiero darle pero que al cerrar mis párpados, por fin llega. Algo en mi interior lucha por no seguir con esto y me enfurezco conmigo misma, pero no puedo detenerlo. La furia crece en mi interior y me inclino aún más contra ella, atrayéndola hasta mí cogiendo el cuello de su chaqueta con mi brazo sano. El beso se vuelve frenético y familiar, tantas veces he recorrido sus labios, tantos e innumerables besos a escondidas, que recuerdo perfectamente cada recoveco de los mismos, cada pliegue... y su sabor. Bebo de ella como si estuviera muriendo de sed en este desierto que nos rodea y se aprieta contra mí sin dejar ni un espacio entre nuestros cuerpos.

Pese al aura de tranquilidad que me envuelve un resquicio de miedo invade mi mente, entendiendo por fin qué es lo que me sucede. Lena con este beso ha dado sin querer con la clave de lo que está pasándome, y me ha salvado una vez más.

Ahora sé porqué Talon ha decidido, silenciosamente, prescindir de mí.

Ahora sé porqué me han sustituido.

Ya no soy la misma de antes. Ya no soy la implacable asesina, y lo noto.

Algo dentro de mí está cambiando.

Se borran los efectos de lo que hicieron conmigo hace tantísimos años.

Nadie lo ha confirmado pero lo noto dentro de mí misma y ahora no sé quién soy. No sé porqué ni en qué momento empecé a dejar de ser Widowmaker para volver a ser Amélie Lacroix.