Madurez

Capítulo 6.


Una planta rodadora fue arrastrada por el viento hasta el campo de batalla con un silbido. Entrecerré los ojos a medida que caminaba lentamente hacia él. Mis pasos retumbaban por las espuelas metálicas y él sonreía al oírlas. Escupió un trozo de tabaco envuelto en saliva y se llevó las manos hasta el cinturón en el cual colgaban sus armas. A la derecha estaba «Mejor Amigo» y a su izquierda la famosa «Ex Esposo». Intenté adivinar cuál era la que usaría primero, qué argumento sería el que atacaría en el primer golpe.

Te amo —dijo finalmente, con una pequeña estocada de su dedo levantó su gorro vaquero milimétricamente y reveló una frente sudorosa. Los días eran calurosos, secos hasta las entrañas de amor de la tierra. Me llevé una mano al cabello rizado en las puntas y me lo acomodé. Sonrió—, por favor, vuelve a mí.

Nunca —respondí, él levantó sus cejas en un gesto que me decía que no le convencía mi respuesta. Su mano izquierda reposó sobre Ex Esposo. Rápidamente llevé mi mano de mi cabello hasta mi espalda y tomé una escopeta—. ¿La conoces? Se llama Destruye Pasado.

Muy tarde, querida —expresó despreocupado, entrecerré mis ojos a medida que apretaba el gatillo. Fue rápido, un par de disparos y fue el final. Michael tomó ambas pistolas en un abrir y cerrar de ojos y ahora todo lo que fui caía pesadamente el suelo, envuelta en sangre.


—Mimi.

—Lo odio —respondí espiando por la ventana. Hace horas estaba morando la habitación de la pequeña demonio Ishida, quien había pasado de encabezar mi gran lista de gente odiosa a que solo fuera molesta como un mosquito en medio de la noche, revoloteando sin cesar sobre tu cabeza. Michael era simpático, amable y excelente con los niños, no había pasado mucho tiempo para que les robara el corazón a todos en la reunión otra vez. Ahora mismo había tomado prestada la guitarra de Matt, puesto su gorro de vaquero y cantar una melodía country para mis sobrinas—. Odio cómo se viste y cómo habla.

—Mimi —me llamó por segunda vez. Izzy cerró la puerta y nos envolvió la penumbra. Se acercó con pasos sigilosos—, Michael…

—¡Todos babean por él! No empieces tú también.

—Michael piensa que el divorcio es un berrinche tuyo. Que volverás con él en cuanto se te acabe —explicó con pesar y al fin supe que el porqué estuvo tan callado cuando me escondí en la cocina. Puse los ojos en blanco—. Él me lo dijo antes de entrar… Estaba tan convencido de eso.

—¿Crees que no lo sé?—resoplé y me crucé de brazos—. Hasta Sora lo piensa, ¿viste cómo actuó anoche? Seguro debe pensar que soy como su hija, ¡o peor! Su neonato. Si se llama mi amiga…

—Deja eso, Mimi —indicó cansado—, ahora mismo no eres más que una inmadura.

—¡Izzy! Se supone que estas de mi lado —estaba con el ceño fruncido y los ojos tan abiertos como una lunática. Suspiró y se fue a sentar en la cama de la pequeña que usé la fatídica noche de ayer, todavía no la ordenaba pero supongo que no era urgente.

—Y lo estoy… —dudó cuando lo dijo, y me fui a sentar con él. Mis tacones retumbaron en la habitación infantil en penumbra y esa atmósfera depresiva fue opacada con las risas de todos allá en el patio. Entrecerré mis ojos, necesitaba mi atmósfera negra y Michael también destrozaba eso—. ¿Qué es lo que quieres tú?

—Lo que quiero es que se vaya —murmuré y me crucé de brazos, de alguna forma visualicé a la pequeña Yolei haciendo lo mismo al protestar, queriendo que su mamá fuera a buscarla. Al tener eso en mente, me descrucé de brazos y apoyé mis manos sobre el colchón con sábanas arrugadas. Intenté pasar inadvertida pero Izzy ya me había visto, tenía las cejas alzadas y casi podía leer sus pensamientos. Algo así como que «Sora tiene razón, eres inmadura», pero en vez de eso, dijo otra cosa que me dejó helada:

—Cuando sepas qué es lo que quieres, llámame —y se paró y salió. ¿Qué diablos quería decir con eso? Quiero a Michael fuera de este país. La puerta se cerró y quedé en mi atmósfera de depresión y pronto decidí que no me gustaba estar ahí sola. Ya no era divertido ni productivo. Afuera se oían las risas infantiles y el fin de la canción del norteamericano. No me sentí molesta, me levanté y volví a espiarlos por la ventana, Las niñas aplaudían y Michael agradecía humildemente, más allá todos los demás adultos compartiendo. ¿Por qué no podía estar ahí? Me aburría, si tan solo Catherine hubiese ido ese día, pero no sé qué era lo que le había pasado. Dejé de espiar y me apoyé en la pared contigua a la ventana. Suspiré, ¿a qué se refería Izzy con eso?

Bajé las escaleras hasta la cocina pensando en el tema. Iría por un jugo de naranja para refrescarme las ideas. Cuando el vaso fue rellenado dos veces y bebí hasta la última gota suspiré nuevamente, pensando qué era lo que quería. Debía admitir que el divorcio me asustaba, perder el trabajo, el marido y el enfoque en la vida en un año sería totalmente traumático. Volver desde cero a mis veintisiempre años sí que era un peso enorme sobre mis hombros. Suspiré, dejé el vaso sobre la mesa y me fui a hojear una revista a la sala.

Hoja tras hoja, vi todo el guardarropa que tendría en unas semanas y cerré la revista. ¿Con qué dinero? Me mordí una uña pensando que todo este tiempo, el dinero que tenía en los bolsillos era de mi millonario futuro ex esposo. ¿Dónde viviría si no con ese capital? Me asomé por la ventana y vi a Yolei, se reía con la boca abierta con espontaneidad y me imaginé compartir habitación con su hija hasta que ella cumpliese la mayoría de edad y se fuera; dejándome la habitación para mi sola. Descarté la idea. Viviré con Sora y su pequeño demonio, la imaginación fue más horrenda. Cambiaría pañales en la ausencia de los padres.

Me entraron ganas de llorar. Con Tai, viviría en el mismo techo que Catherine y nuestros temperamentos serían los mismos y colapsarían. Con Joe me vería inmersa en un mundo de consolas y peleas con su hijo. La pareja feliz me desesperaría a la hora de mudarme. Davis, no, él no; descubriría a los pocos días que había perdido mi capacidad de entrar a una cocina y salir con arte sabroso en las manos. No podía enterarse. Cody… ni siquiera sabía su apellido.

Salí temerosa al patio. Ignoré a Michael olímpicamente y caminé directamente hasta mis amigos. Supe que él se había emocionado al verme salir de la casa y de mi atmósfera de depresión y su cara se fue deformando hasta que la nube negra fue a parar a su cabeza. Pero no le importó, suspiró dándose ánimos y comenzó a tocarles una nueva canción que lo transformaba en vaquero para las niñas. Gracias al cielo.

—La princesita se dignó a aparecer —señaló el novio de Catherine, apuntándome con su pequeña botella cerveza. Sonreí y me quedé callada para que siguieran hablando de lo que sea que estuviesen hablando antes de salir. El silencio se cernió en el grupo y varios comenzaron a aclarar con la garganta. Solo la voz del vaquero se oía de fondo.

—¿De qué hablaban? —pregunté, incómoda. Hablaría de cualquier cosa, lo juro; pero, por favor, hagan que deje de escuchar a mi futuro ex marido. Jugué con mis manos, nerviosa. Ken fue el primero en romper ese silencio infernal.

—Hablábamos de los cambios hormonales —dijo con su voz aterciopelada que a Yolei tanto le gustaba. Perfecto, yo siempre tengo cambios hormonales horrendos. Me dolía la cabeza, el estómago y me ponía de muy mal humor. Sonreí, esta era mi oportunidad.

—¡Son horrendos! Hacen que me vea espantosa y me salgan espinillas si no me regularizo con hormonas… ¡Espinillas! A esta edad. Me siento como una adolescente,

Por alguna razón, el silencio volvió a envolvernos. Michael estaba tocando un solo con la guitarra del dueño de casa y se equivocó varias veces en el punteo, pero las chicas aún así gritaron extasiadas. Sora sonrió.

—El cabello brilla y mejora la piel —dijo ella, ¿o será, tal vez, corrigió? Jamás en mi vida me había pasado eso en un desequilibrio hormonal tan drástico como la menstruación. Vi las caras de Matt, Tai y Davis, parecían divertidos. Me sentí tímida y quería cavar un hoyo y enterrarme allí. Hace años no me ponía roja y sentía que subía el color excesivo a mis mejillas.

—Querida, a ti no se te notaría la diferencia —indicó Yolei, tomándome de un hombro—, siempre te ves fantástica. Tu cabello y tu piel son divinos.

Ahora sí que no entendía nada y mi cara debió delatarme.

—Princesita, hablamos de los cambios hormonales que tiene ahora Sora —indicó el líder castaño con una sonrisa—, ¿de qué hablabas tú?

—¿Dónde está Izzy? No lo veo por aquí —pregunté rápidamente para evitar el tema de mis espinillas en etapa madura. Tai no podía verse más divertido antes de mi pregunta y ahora solo sonreía de forma burlona. Fruncí mis cejas con enojo infantil.

—No está aquí.

—Estaba aquí hace unos minutos, ¿cómo es que no está aquí?

—Se fue, querida —Yolei sonreía cómplice con Tai y pronto vi esa expresión en casi todos mis amigos. Menos Cody, él era formal en cada faceta de su vida. Si es que alguna vez llegase a conocer su apellido y viviera con él, tal vez la convivencia sería buena. Cody no hablaba si no era necesario y era excesivamente serio y su hija… no hablaba.

—¿Y cuándo volverá?

—Tiene mucho trabajo en el Centro de Investigación —indicó Tai, mirando hacia arriba como si allí estuviese plantada la respuesta—, quizás en unos días. Tú sabes cómo se obsesiona cuando no logra resolver un problema.

Y supe el significado de la pregunta.

—Debo llamar —dije de pronto—, Sora, ¿puedo usar tu teléfono? El mío quedó sin saldo—ya que Michael no había pagado la cuenta. La pelirroja asintió y pude irme de aquella conversación nefasta. Lo intentaría nuevamente en un rato, cuando dejaran de hablar temas tan desconocidos para mí.

Pasé junto a Michael con una mano tapando el lado de mi visión en donde él aparecía. Su mano se deslizó sobre las cuerdas y sentí su atmósfera de depresión repelerme hasta muy adentrada en la casa.

Llegué al teléfono y marqué. Esperé el tono hasta que finalmente apareció Izzy en la pantalla.

—Mimi.

—Sé que piensas que soy inmadura pero…

—Mimi —fui cortada por el norteamericano y por el impulso, corté. No quería que Michael supiera que lo pseudo engañé con mi querido y abstraído amigo de la infancia. No sé porqué. Quizás todavía no tenía el valor suficiente de pedirle el divorcio ante un abogado. A mis ventisiempre, todavía no era independiente.

—¿Qué es lo que quieres? —indignada y molesta me levanté del asiento junto al teléfono. Él sufrió con un gesto con las cejas, me horroricé al notar que era tan infantil en los gestos como yo.

—Ya no gusto este juego que haces —habló con su acento y su inhabilidad de hilar una frase no tarzánica. Siempre caía en eso cuando se ponía nervioso y olvidaba todos esos años que pasé enseñándole a hablar a la perfección mi lengua materna—. Fue demasiada lejos esta vez. No miras mi. It's rude*.

Me llevé las manos a la cara para sofocar un grito. Nada de lo que le había dicho anoche lo había retenido en la cabeza. En su fantasía todavía pensaba que se trataba uno de los tantos berrinches que sufría anualmente en donde me iba a vivir sola por un mes, pero era en la misma ciudad, ¡no en el otro lado del mapa terráqueo!

—¡Qué fue lo que te dije!

—Quiere sola estar, while…*

We arranged the divorce papers* —completé la frase cansada. Dejé que mis brazos cayeran pesados a cada uno de mis costados. Exhalé profundamente y cerré mis ojos. Cuando volví a abrirlos, él seguía mirándome pero su expresión era de felicidad. Finalmente nos habíamos entendido, se decía mentalmente. Podía leer los subtítulos de su mente y ya no era gracioso conocer tanto a una persona que no te despertaba ninguna emoción.

Are you going to stay here all week? I would like to go home by the end of it.*

Me enfurecí.

—¡No! Quiero el divorcio ahora —grité a todo pulmón y me dirigí hasta el patio como una leona atacando a su presa—. ¡Cody, dónde estás! Te necesito. ¡Cody, el abogado!

El abogado apareció en el grupo con la mirada congestionada. Por supuesto que no se esperaba que lo necesitara, nadie más a kilómetros a la redonda lo hacía. Michael corría detrás de mí y me indicaba lo grosera que estaba siendo con él, que su apellido era Hida. Todo, en su lengua materna.

—Necesito que me divorcies de él, ¡Inmediatamente!

—No puedo hacerlo aquí…

—¡No aceptaré un no! No aguanto estar vinculada con él ni un minuto más —me giré hacia mi casi ex marido y le grité en la cara—. ¿¡Entendido!?

You can't do this*

Yes, i can —le dije ebria de soberbia. Sonreí con malicia, esperando a que nadie más entendiera esta lengua—. I slept with Izzy. ¡All week!*

Todos los adultos contuvieron la respiración y los murmullos saltaron a escena. Parece que todos entendían el inglés.


Corrí por los pasillos hasta que mis costillas parecieron enterrarse en mis pulmones. Me detuve en seco frente a una puerta del Centro de Investigación. Me apoyé con una mano en la perilla y otra en el costado. Leí en la puerta Departamento de Fotónica y Cuántica, ese nombre difícil me parecía digno de Izzy y entré con el corazón en la garganta. Jadeando, vi dos cabezas asomadas en la penumbra; traían batas blancas denotando su rango científico. Tomaban un café mientras la pantalla lanzaba dígitos y símbolos, pertinente a su investigación.

—¿Izzy? —mi voz salió en un jadeo. Uno era alto y joven y el otro viejo y menudo. El segundo me respondió:

—Buscando un café, señorita—luego supe que él era el papá de Sora—, volverá en un segundo, ¿quiere sentarse? Se ve agotada.

Negué rotundamente con la cabeza.

—Estoy bien —pero mi respiración todavía no podía normalizarse. El viejo señaló hacia atrás y me volteé—. ¡Izzy! Debes irte de aquí, le dije a Michael que nos habíamos acostado. ¡Quiere golpearte!

El viejo y el joven murmuraron divertidos. Un no-sé-qué de Izzy y su faceta desconocida.

You, bastard!* —se oyó desde el pasillo oscuro que conducía a la oficina, que era muy linda por cierto. Solté un grito, horrorizada, y me fui a ocultar detrás de los colegas de Izzy. No podía estar pasando, ¡por qué tenía que ser tan impulsiva! Arrastraba a todo el mundo a mi miseria, Tai y Matt corrían detrás del norteamericano pero él era enormemente escurridizo. ¡Michael e Izzy! ¿Quién sería más torpe en la batalla? Izzy solo tenía desarrollada la cabeza y Michael tenía los músculos tan pequeños y obsoletos que debería ser una pelea penosa de ver, pero el rubio estaba encolerizado.

Izzy dejó su taza con café caliente en un mesón de al lado y esperó al iracundo extranjero.

—No es lo que piensas.

Step outside, please*—intentaba ocultar su ira pero simplemente no estaba en su sistema parecer calmado.

Leave him alone*—dije tímida desde la espalda de los hombres que acababa de conocer.

—¿Debo arrastrar trasero afuera? —indicó el norteamericano con horrible pronunciación. Tai e Matt aparecieron en escena y Michael los empujo para salir. Su respiración agitada se oyó hasta que salió del edificio. Finalmente salí de la protección de los hombres en bata y me dirigí hasta el grupo de mi infancia.

—¡No vayas! —supliqué e Izzy me miró en silencio, como si tratara de entender lo que estaba sucediendo. No nos habíamos acostado, solo nos habíamos besado brevemente en su casa.

—Estamos en pésimo estado, Matt—oí decir a Tai a modo de broma y cuando respiró hondamente se dirigió al pelirrojo—. Te metiste en un gran problema, debes salir. El gringo te sacará a golpes si no lo haces. Uno simplemente no se mete con la esposa de otro.

—¡Ex esposa! —grité desde el costado. Matt se había ido hacia donde su suegro y el hermano de Joe y nos mirada desde ahí.

—Solo golpéalo —indicó Matt y Tai asintió. Me sentí como una pintura—. Se cansará luego, es un debilucho. No podrá mantener mucho tiempo sus puños en alto.


Michael se lanzó hacia el cuello de la camisa de Izzy apenas lo vio salir a la luz del día. Lo arrastró hasta la calle excesivamente transitada por autos a alta velocidad. Me horroricé pensando en que quería lanzarlo en el camino de un camión, pero el pelirrojo prontamente se zafó de su agarre y se echó hacia atrás. En la confusión de Michael, él puso a arreglarse la camisa que había quedado levantada hasta por encima de su ombligo y cuando el norteamericano se volvió con la cara furiosamente roja, Izzy quiso hacer inmensa la distancia entre ellos. No quería pelear, eso se notaba a la gran distancia en que nos encontrábamos.

—¡Golpéalo! —animó Tai.

—¡Qué romántico! —exclamó Yolei con sus manos sobre mis hombros, como si me consolara—. Ambos pelean por tu amor, Mimi —pero yo no lo veía tan optimista como ella. Me mordía las uñas, ¡hasta los dedos! Todo por nerviosismo. Izzy no me había ultrajado como había señalado Michael varias veces antes de decidirse y salir a hacerse un matón.

El rubio golpeó al pelirrojo y por primera vez vi un atisbo de arrepentimiento en su rostro foráneo. Volvió a ser el Michael con el que me casé y me contenté, terminaría esa ridícula pelea callejera en donde ninguno tenía experiencia. Izzy se llevó la mano a la nariz y al parecer vio sangre en sus dedos cuando los rozó con su cara. Algo en su cara se debió haber endurecido que hizo que Michael corriera e Izzy lo persiguió.

—¡Ya era hora! —gritó Davis y con Tai se animaron a sí mismos y rieron. La pelea ya era entretención sádica para mis amigos.

—¡Michael, Izzy, deténganse! —pero ninguno me oyó. El científico tomó burdamente al extranjero del cuello de su chaqueta y lo lanzó a la acera. Michael rebotó de cara al suelo y esta vez él se puso a sangrar. Recordaba que no le gustaba la sangre pero en la pelea no le importaba mucho. Se levantó a duras penas y ambos se miraron largamente. ¡Me hastié! —. ¡Deténganse, par de imbéciles!

Grité tan alto que dejaron de mirarse y se concentraron en mí. Caminado hacia ellos con el sonido rítmico de mis tacones contra la acera de concreto. Izzy tenía manchada su camisa y bata con sangre y Michael goteaba rojo en el cemento.

—Michael, entiende. Quiero el divorcio, no hay vuelta atrás—le dije. Miré a Izzy, confundida. No sabía qué decirle, no iría a decirle que me quedaría con él sin antes averiguar si lo que sentía por él era un capricho o era real—. Volvamos a la casa de Matt y Sora.


Bueno, aquí está Madurez sexto. Quise escribirlo inmediatamente después del capítulo 5, pero las escenas no me gustaban(escribí siete hojas de posibles comienzos de capítulo pero nada me convencía), hasta que una Hikari Blossom salvaje apareció y me iluminó el camino:P ¡Gracias!

Algunas podrán recordar la última escena en una película, pues me inspiré en eso. Imaginé a Izzy y Michael peleando torpemente y no me pude contenerxD

¿Es molesto este gringo? Ya no me parece odioso, ahora solo es divertido:D Mi querida Catherine no apareció en esta entrega porque quería que Mimi estuviese sola en su nube negra. ¡Ya aparecerá!

Se preguntarán, ¿y la escena del principio? En mi no producción escuché música que tenía toques Western y me pareció divertido hacer esa mini escena de cómo sería la relación de Mimi con Michael en una faceta vaquera. Es tan ellos dos.

Gracias a neorosemon, May-chi, Digific, Ragdoll Physics, Asondomar, Japific y Hikari Blossom.

*Las frases en inglés: Le Diccionario.

—Ya no gusto este juego que haces —habló con su acento y su inhabilidad de hilar una frase no tarzánica. Siempre caía en eso cuando se ponía nervioso y olvidaba todos esos años que pasé enseñándole a hablar a la perfección mi lengua materna—. Fue demasiada lejos esta vez. No miras mi. It's rude*. (Es grosero)

—Quiere sola estar, while…* (Mientras)

We arranged the divorce papers* (Arreglamos lo de los papeles de divorcio)

Are you going to stay here all week? I would like to go home by the end of it.* (¿Te quedarás aquí toda la semana? Me gustaría irme a casa cuando acabe)

You can't do this*…(No puedes hacer esto)

Yes, i can —le dije ebria de soberbia. Sonreí con malicia, esperando a que nadie más entendiera esta lengua—.I slept with Izzy. ¡All week!*(Sí, puedo. Dormí con Izzy. ¡Toda la semana!)

You, bastard!*(Tú, bastardo) xD!

Step outside, please*—intentaba ocultar su ira pero simplemente no estaba en su sistema parecer calmado. (Vamos afuera, por favor)

Leave him alone*—dije tímida desde la espalda de los hombres que acababa de conocer. (Déjalo solo)