A mi bello gorrión ojos de tormenta… así que… soy un mal recuerdo…
Rise of The Powerless
Capítulo VI. Preludio. Sumidos en el infierno.
Sigyn tenía la certeza de que Thor estaría aun vociferando por los pulidos pasillos del palacio acerca de su batalla infructuosa o su partida tan precipitada cuando casi derrotaban a Sinmore la guerrera, puesto que su voz seguía siendo exterior y se propagaba su eco por todo el palacio, haciendo saber a todos el problema que había surgido en Muspelheim; la idea de que hubiesen dañado a su madre le causaba cierto temor, pues, a pesar de todo, ella era su progenitora y sentía un lazo intenso hacia ella.
-¿Qué fue lo que sucedió allá? –Susurró con levedad al estar tan cerca de Loki.
Todos habían entrado a tropel hacia donde el gran salón de Odín, entre escándalo por parte del rubio príncipe, el rostro estoico del dios padre, la comitiva de guerreros que venían igual de indignados pero silenciosos, la mirada ilusionada bajo una careta de guerrera de Lady Syf… pero el hechicero se había detenido abruptamente, jalando a la joven princesa hacia un lado para recargarla contra uno de los amplios pilares que sostenían la gran entrada, como si quisiera que ambos permanecieran ocultos de los que pasaban y evitarse infortunados oyentes. En respuesta, Sigyn obtuvo un beso por parte de él en sus labios, cortándole el aliento, mientras le aferraba en un fuerte abrazo contra él que casi le cortaba el aliento… aunque estaba lejos de sentir desagrado ante su anhelada cercanía.
-Partiremos en la noche hacia Muspelheim. –Susurró él con levedad, manteniéndose cerca de ella en todo momento.
-Loki.
-Ella… tu madre. –De repente se notó algo tenso, dejando ambas manos posadas sobre la espalda alta de la chica. –Puede controlar el fuego también, ¿o no?
-No. Ella no es un gigante de fuego, al menos hasta que contrajo matrimonio con mi padre. Ella es una guerrera entrenada por las Valquirias para resguardar Laevateinn.
-¿Puedes hacerlo tú?
-¿Qué cosa?
-Controlar el fuego.
Ella guardó un denso silencio, bajando la azulada mirada en un gesto de decepción… y Loki no pudo evitar sentirse brutalmente desconcertado con aquello, temeroso… no podía ser…
-La verdad. –Levantó la mirada nuevamente, aun indecisa al hablar. –Solo causo problemas. Es decir, se sale de mi control.
-Sigyn, se clara. Esto es serio.
-Perdona. Puedo crear fuego como mi padre, pero no puedo controlarlo, siempre sale de mi control y… termino quemando todo, encendiéndome hasta yo misma…la verdad es que yo… preferiría no tener que manipular el fuego.
Dio un suspiro de alivio al escuchar aquello, pues no había forma de que ella fuese hija de Odín su padre y pudiese utilizar el fuego tal como Surtr, nada preocupado a primeras de la calamidad que tenía como esposa aunque cualquier chispa que se dirigiera hacia ella significara un inminente incendio en el palacio. Y un pensamiento fugaz, punzante, se clavó en su cabeza tal como en otros tiempos cuando no tenía temor de exponer sus ideas casi infantiles… ¿por qué él era frío?
-¿Me contarás ahora? –Cuestionó con suma dulzura al notar que Loki se había quedado profundamente pensativo.
-Tu madre… comentó algo acerca de hermandad entre nosotros.
-¿Entre tú y yo?
-Ella lo dijo.
-O sea… que mi madre estuvo con tu padre.
-Yo supongo. –Alzó los hombros, bastante tranquilo.
Sigyn, por el contrario, palideció ante la idea de que su madre y el dios Odín hubiesen compartido la cama… ¿será por la batalla de Jötunheim? ¿Cómo había sido tan inocente como para creer que Odín utilizaría Laevateinn solo por ser el dios padre? Una suave sacudida por parte del hechicero le hizo volver a la realidad abruptamente, sin tener siquiera oportunidad de entrar en histeria por aquello.
-Loki. –Le miró, tensando los finos labios rosados. -¿Tú crees que…?
-No, por eso te he preguntado acerca del control del fuego. Si Odín fuese tu padre no podrías usar el fuego, ¿no lo crees?
-Usarlo, que digas usarlo… no.
Sintió que ella lo abrazaba por los costados de su pecho con algo de fuerza, notando que había empuñado ambas manos por sobre su espalda. Él tan solo atinó a posar los labios sobre la frente de ella, estando pensativo pero alerta a los que pasaban por detrás de ellos.
-.-.-.-.-.-
Salir durante la noche fue más difícil de lo que pensó; no porque los guardias fuesen mucho más numerosos a esa hora por los pasillos y alrededores, o porque Thor aun tuviese tanto coraje en su interior que se reflejaba en un muy ruidoso insomnio… sino porque, al tener nuevamente a Sigyn en su cama, despertó aquella ansiedad por poseerla tal como aquella noche en la que la descubrió. No se resistió demasiado a ella, y ella cedía con suma facilidad a todas sus peticiones. Todas.
La tenía sentada sobre su vientre, el esbelto cuerpo completamente desnudo, el largo y ondulado cabello rubio cubriendo sus pequeños pechos; notó que le excitaba más ver el rostro de dolor que ella ponía cada vez que él hacía algún movimiento con la cadera, en su afán por sentirse aun más dentro de su cálido interior, sintiendo el cuerpecito de su joven esposa temblar y los gemidos entrecortados de ella en cada roce de su interior.
-Creo… que debes… aprender a controlarlo. –Susurró entre suspiros entrecortados, bajando la mirada hacia el vientre tembloroso de la dama.
-¿Qué cosa? Agh. –Se mordió e labio inferior al sentir el movimiento de su cadera en ella. Dolía pero ya no había lágrimas.
-El fuego. –Llevó ambas manos por el contorno de su cadera, siguiendo la línea de ésta hacia su cintura y costados de su pecho. –Sería… de mucha utilidad… para ambos… hmm…
Sigyn no pudo contestarle; se inclinó hacia él hasta dejar su pecho y abdomen sobre los de su esposo entre gemidos entrecortados provocados por cada movimiento de él, gemidos que fueron parcialmente callados con besos hasta que él culminó en ella, intensamente tal como la primera vez.
-.-.-.-.-.-
Finalmente pudieron salir de la habitación, tras haber cortado abruptamente una sesión de besos que pudieron echarlos a la cama y tirar por tierra sus planes de escape, todo gracias a la dama… algo que dejó parcialmente disgustado a Loki, nada acostumbrado a caer en tentaciones tan fácilmente tal y como le sucedía con ella. Había vestido a la delicada Sigyn como un soldado asgardiano de dorada armadura, el rubio cabello pulcramente recogido bajo el casco para evitar que fuese reconocida. Ambos caminaron a paso veloz y discreto por los pasillos, increíblemente pasando de largo para los soldados que hacían sus rondas nocturnas, mientras eran seguidos por el manto estelar que se reflejaba a través de los amplios ventanales que se encontraban en la parte alta del palacio.
-No sé qué has hecho conmigo. –Susurró él, aun disgustado tras aquella frustrante situación.
-Yo no he hecho nada. –Contestó, inocente, mientras seguía a su esposo tratando de ir a su lado en todo momento. –Loki, ¿por qué me has disfrazado y tú sigues en tu atuendo normal?
-Porque, de los dos, tú eres la más vistosa. Paseas por allí y todo el mundo tiene que mirarte a fuerzas.
-Perdona.
-No tienes que disculparte por ser bonita, Sigyn.
La chica se sonrojó intensamente tras escuchar aquellas palabras, aunque fueron dichas en un tono bastante simple, luchando por seguirle el paso con toda la discreción que una armadura podía darle; él la consideraba bonita, y eso era lo único que le importaba en ese momento, independientemente de a dónde le condujera. Trató de seguir sus pasos por el vistoso palacio, conteniendo intensamente su inercia de tomar el brazo o la mano de su esposo en el trayecto como normalmente acostumbraba; la condujo con calma hacia donde los jardines traseros del palacio, los cuales normalmente permanecían abiertos para que pasara cualquier persona… el suelo era de color arena, casi dorado, pero no había flores que adornasen con sus colores o alguna otra planta que identificara tal lugar como un jardín propiamente, tan solo una enorme fuente de piedra caliza por la que caía agua de forma incesante, tan alta que levantaba una cortina de rocío al caer sobre el estanque debajo de ésta. Loki parecía dirigirse a esta, despertando temor en la princesa.
-¿Cómo lograrás evitar que Heimdall se dé cuenta de nuestra partida? –Cuestionó ella, mirando fijamente aquella fuente, de la cual desprendía un aire bastante helado para ella.
-Verás. –Loki se recargó en la orilla de la fuente, extendiendo la mano para tomar la de Sigyn y cambiar su armadura por aquél vestido aperlado que llevaba antes. –El Bïfrost no es el único lugar por el que se puede entrar y salir de Asgard, recuerda que el Yggdrasill es un árbol con muchas ramificaciones, las ramas más grandes son las que sostienen los reinos. Sin embargo, hay ramificaciones más estrechas que aparecen caprichosamente en varios reinos, creando una pequeña conexión entre éstos sin necesidad de que Heimdall nos conduzca.
-Así fue como llegaste a Muspelheim en esa ocasión.
-Sí. –Se dio media vuelta, pasando las piernas dentro del agua de la fuente, que le llegó hasta medio muslo. –Son conexiones directas. Ésta, por ejemplo, es la que conduce a tu reino. Vamos.
Sigyn dudó durante unos instantes, recibiendo la mirada impaciente de Loki; finalmente se atrevió a pasar dentro de la fuente… sintiendo un intenso dolor atravesar la piel de sus piernas hasta sus muslos, paralizándola de forma inmediata, pero conteniendo la mueca de dolor que estaba a punto de aparecer en su fino rostro para evitar preocupar o molestar a su esposo. Notó que él le había extendido la mano para que se la tomara, por lo que se afianzó a él, sintiendo el dolor clavarse en ella como miles de alfileres conforme caminaba a través del agua, sintiendo la lluvia helada que le caía en la cabeza y la empapaba por completo.
-Debemos darnos prisa. –Susurró él, tranquilo.
-Claro.
Dio tres pasos más hasta quedar al lado de su esposo, la fría agua bañándola por completo de forma dolorosa, pero aun así se mantuvo de pie a su lado; contempló que Loki había extendido su mano libre hacia el frente, donde se encontraba la base de piedra por donde subía el agua desde la base, notando que había ondeado como si de una cortina se tratase… antes de que el límite de tolerancia de su dolor la dejara completamente inconsciente, inmune ya al frío que le provocaba el agua, tirando la mano de su esposo en el momento de sumergirse parcialmente en el agua transparente.
-¿Sigyn? –Cuestionó Loki, girándose parcialmente. -¿Qué es lo que…?
La princesa se había desvanecido en el agua; su piel usualmente rosácea se encontraba ahora completamente pálida, casi azulada, el rubio cabello flotando libremente en el agua, los labios azules… Loki tardó unos segundos en comprender que Sigyn estaba pasando por una descompensación idéntica a la que él tuvo cuando se encontraba visitando Muspelheim pero a la inversa. El agua de la fuente estaba terriblemente fría para ella.
-¡Demonios! –Exclamó con bastante fuerza, asustándose casi de forma infantil. -¡Lo pasé por alto!
Víctima de su propia desesperación, echó por tierra su misticismo y elegancia para levantar en brazos casi de forma desesperada a la chiquilla empapada antes de que tragara agua y se le ahogara (para variar), cruzando con toda prisa y poco cuidado el estrecho pasaje dimensional, llevándose en el proceso parte del vestido de ella y un poco de su cabello oscuro; a pesar de que sintió un doloroso corte a la altura de la mejilla de donde voló aquél mechón de cabello, la mantuvo contra si esperando que ella no fuese a recibir alguna herida fuera del trozo de vestido que dejó descubierta una de sus esbeltas piernas. Tan pronto se vio invadido por el intenso calor de Muspelheim y pisó el suelo de obsidiana, cayó de rodillas sin soltarla ni dejar que el calor sofocante le rodeara hasta la asfixia, pues aun se encontraba levemente fresco por el agua de la fuente.
-Sigyn. –La movió un poco, sintiendo que el agua que goteaba de su cabello comenzaba a evaporarse por el calor. –Sigyn, dime algo… ¡Sigyn!
Notó entonces que había terminado nuevamente en aquella amplia plaza, esta vez con gente y puestos acomodados de forma errática tal como la primera vez que había ido… los cuales los miraban fijamente como si se trataran de algo inusual, y es que lo eran; estaban completamente empapados a pesar del calor infernal que los rodeaban, algo inusual en ese reino, y lo peor de todo era que tenía a la princesa de fuego entre sus brazos, pálida como papel.
-¿Es esa la princesa Sigyn? –Cuestionó en un susurro una de las mujeres que se había detenido, de pesado vestido color vino.
-¿Qué hace en ese lugar con ese sujeto? –Otro susurro.
-¿Será su secuestrador?
-Hay que llamar a la guardia…
No tuvo tiempo para pensar detenidamente; movido por su desesperación, se alzó tomando en brazos a su esposa y corrió con bastante prisa en dirección opuesta a la muchedumbre que susurraba como fantasmas, dejando marcas de agua tras él que se consumían rápidamente por el calor. Loki se escondió con sigilo entre los edificios hechos de una curiosa roca color pajizo, sumergiéndose en aquella curiosa oscuridad, manteniendo contra si a la chica de forma impetuosa esperando el bullicio de los soldados que los habitantes amenazaron con llamar.
-Este no soy yo. –Gimió, andando con calma para evitar lastimar aun más a la chica. –No entiendo como pude pasar por alto tu temperatura… Sigyn…
Se mantuvo unos momentos estáticos tras una de las casas, corroborando que no se acercaba ni el viento hacia donde ellos, para comenzar a correr con rapidez hacia aquella escalinata de jade y obsidiana, subiendo con suma rapidez pensando en que tal vez aquella reina podía decirle la manera para que Sigyn recobrara su temperatura, puesto que su abrazo era gélido y, aunque el contacto de ella le era grato, no era la persona indicada para hacerla entrar en calor. Se topó con ocho soldados de frente antes de terminar de subir la escalinata que aun seguían enteros tras el enfrentamiento que habían tenido, debiendo frenar antes de poder cruzar la puerta de entrada.
-Alto. –Ordenó uno de los soldados, de cromada armadura, mientras le apuntaba con su lanza.
-Soy Loki, de Asgard. –Exclamó, frunciendo el ceño levemente. –Quiero hablar con la reina Sinmore. Tengo conmigo a Sigyn.
Inmediatamente los soldados acercaron sus lanzas rodeándolo por completo, cerrando sus movimientos, bastante inconscientes puesto que el hechicero, aun sofocado por el calor que estaba sufriendo, podía acabar con ellos con suma facilidad. Loki se notó bastante impaciente con aquella respuesta.
-¡Reina Sinmore! –Gritó, bastante consciente de que ella aun no se recuperaba de aquella batalla. -¡Reina Sinmore, dame la cara ahora! O tu hija pagará las consecuencias.
Las lanzas amenazaron con atacarlo; bastante irritado, Loki levantó una cortina de estacas finas y largas, ensartando sin piedad a los soldados que se habían acercado a él sin comprobar si los había dejado heridos o fallecidos en su defecto, apenas visualizando la sangre de éstos que había caído sobre sus estacas y el suelo de obsidiana negra. Se preguntó mentalmente qué habría dicho Sigyn por la facilidad con la que había terminado con aquellos soldados, ¿se habría asustado? O tal vez ella lo hubiese aceptado tal como todo lo que venía de él. Como respuesta a todo aquél escándalo, una maltrecha reina Sinmore apareció frente a la entrada, embestida en su armadura de guerrera y el cabello mal trenzado, herida y vendada tras la batalla que habían tenido antes.
-¡¿Qué es lo que has hecho con ella, hechicero idiota?! –Cuestionó, furiosa, andando hacia él por la escalinata hasta donde las estacas. –Por todos los…
-No estás en condiciones de atacar ahora, reina Sinmore. He venido solamente a dialogar contigo.
-¿Y traes a mi hija inerte, usándola como amenaza?
-Se hace lo que se puede. –Y alzó los hombros con calma.
-¡Maldito…!
¿Puedes despertarla?
-¿Qué? –Se quedó perpleja con aquello.
-Tengo que admitir que fue mi error, no mi real intención. –Se arrodilló sobre la escalinata, haciendo desaparecer aquellas estacas de hielo y dejando caer a los soldados heridos en el charco de su propia sangre caliente, colocando a la princesa pálida sobre el regazo propio y la rubia cabeza en el hombro de él. –La he metido en el agua fría de la fuente sin pensar para poder llegar aquí, y creo que se ha descompensado… no tengo idea de qué hacer ahora, se mira tan pálida…
-La metiste al agua fría. –Sinmore se llevó la mano al rostro, como si le frustrara aquél comportamiento de niño. Seguido se retiró su pesada capa color vino, para arrojársela al hechicero. –Cúbrela con ella, estúpido. El calor de Muspelheim la reavivará en corto, le hará mejor que estar cerca de tus gélidos brazos.
Frunció levemente el ceño, sin permitir que aquella doncella tocara el suelo manchado de sangre, alzándola solamente un poco para cubrirla con aquella gruesa capa que parecía hecha de piel… inmediatamente levantó un alto muro de hielo transparente, pues Sinmore se había arrojado hacia él en un intento infructuoso por arrebatarle a su esposa, terminando estampada sobre aquella gruesa pared fría.
-Te he dicho que vine a dialogar, no a pelear. Sigyn ya no te pertenece.
-No tendrás a Laevateinn. –Golpeó el muro con bastante fuerza usando el puño cerrado.
-En este momento hay otras cuestiones que me inquietan. Por ejemplo, que mi padre tuvo algo que ver contigo y querías echarle en cara que Sigyn era hija suya.
-Usó la espada Laevateinn para derrotar al gigante de hielo Laufey de Jötunheim hace catorce años. –Exclamó bastante segura de sus palabras.
-No. Fueron más años de eso, Sinmore. Es imposible que Sigyn sea hija de mi padre, o me hubiese electrocutado un poco al menos. Pasemos a otra cuestión que me indigna un poco. –Se notó levemente pensativo. -¿Por qué Surtr está tan apartado de todo esto? ¿Cómo hiciste para mantenerlo silencioso?
-¿Qué gano yo contestándote eso?
Loki se inclinó sobre el suelo, tomando una de las filosas lanzas que los soldados tenían y habían quedado tiradas tras el ataque de él mismo, alzándola en su mano derecha firmemente; dio un suave giro a ésta tras comprobar que la punta de obsidiana seguía tan afilada como parecía, apuntando la punta filosa al cuello de la doncella Sigyn a manera de amenaza gráfica. La princesa de fuego ya había recobrado brevemente el color rosado de su piel blanca.
-Bueno, podemos acabar con la guardiana de Laevateinn, acabar con tu hija. –Movió suavemente la cabeza, levantando la mirada esmeralda para mirar el rostro de la reina. –Así la espada no tendrá más remedio que regresar al Yggdrasill a manos de las Valquirias, y ya no serás de mayor utilidad para Surtr, por lo que solo puede esperarte el destierro o la muerte en sus manos.
-¡Es tu esposa, hechicero!
-No es más que un colateral para mí, y ella lo sabe perfectamente. Lo acepta con docilidad.
Sigyn comenzó a abrir la azulada mirada en ese momento, aun tiritando de frío por el baño que había recibido momentos antes… notando que se encontraba entre los brazos de Loki, y que él le estaba apuntando al cuello con una filosa lanza a punto de degollarla; miró a su esposo fijamente, miró de nuevo aquella lanza con la que amenazaba con cortar su vida, contempló aquella pared transparente de hielo grueso… y a su madre Sinmore, herida y furiosa, golpeando con el puño diestro el muro que les separaba.
-¡Bastardo! –Gritó ella, alterada.
-Madre. –Pronunció Sigyn, sin comprender lo que sucedía.
-Silencio. –Ordenó Loki, sin mirarla, manteniendo la mirada fija en Sinmore con el ceño levemente fruncido.
La doncella tensó los labios, sumamente aterrada al no entender la situación en la que se encontraba, subiendo unos cuantos grados la temperatura de su cuerpo… calor que fue contenido en la capa con la que se encontraba cubierta. Sin embargo, guardó silencio en obediencia a su esposo, sabiendo que todo el teatro que estaba armando tenía una razón de ser, y quería serle de ayuda.
-¿Y bien, Sinmore? –Continuó Loki, tranquilo.
-Angrboda. –Soltó la reina de repente, como si escupiera aquella palabra.
-¿Eh?
-Es una bruja de Jötunheim, hace pócimas y hechizos. Dormí a Surt para ceder la espada a Odín cuando ocurrió la batalla contra el gigante Laufey. Ahora he hecho lo mismo para evitar más caos por culpa de su impetuosidad, al menos mientras recobraba a Sigyn. –Miró a su hija, manteniendo el ceño fruncido con dureza. –Le entregaste a Laevateinn, ¿no es así?
-No contestes.
-¡Sigyn! –Exigió, golpeando la pared con ambos puños.
El filo de aquella lanza hizo presión sobre la piel de la doncella de fuego, haciendo un corte levemente profundo en ésta; prontamente una gota de sangre caliente e intensamente roja corrió por el cuello de la chica hasta terminar en el suelo de obsidiana negra, arrancando un gemido de dolor alto en ella. Sin embargo, ella no pronunció palabra alguna a pesar del punzante dolor que le aquejaba y de su sangre que le abandonaba el cuello de forma lenta pero constante.
-Finalizando. –Continuó Loki, bastante tranquilo a pesar de ver a aquella niña retorcerse y contener su llanto de dolor. –Sigyn no es hija de mi padre, y obras a tu placer utilizando pócimas de una bruja. Eres más sucia y ruin de lo que creía.
-¡Mira quién lo dice! ¡Estafador! ¡Mentiroso! Tampoco eres hijo de Odín, en todo caso.
Sintió una punzada en su interior tras escuchar aquellas palabras.
-¿Qué es lo que acabas de decir? –Susurró, levemente intranquilo.
-Esa bruja lo sabía, y el mismo Odín me dijo que no podía haber hermandad entre ustedes aunque Sigyn fuese hija suya…
Loki, irritado, pronunció en un leve susurro una frase en un idioma desconocido para ambas mujeres; inmediatamente el suelo de obsidiana se abrió bajo los pies de Sinmore, atrapándola y cortándola dolorosamente con el filoso material negro y lustroso. Aquella tierra caliente llena de la filosa piedra se alzó hasta rodear completamente a la reina, que gritaba de dolor ante la mirada aterrada de Sigyn, cubriéndola completamente hasta el cuello; el grito de la reina cesó hasta hacerse gemidos entrecortados, pues la presión de la roca obsidiana sobre su cuerpo era tan fuerte como para cortarle el aliento, pero no para matarla. Loki bajó finalmente aquella pared de hielo tras notar que Sinmore ya no era una amenaza para ellos… por lo que retiró del cuello aquella lanza con la que amenazaba a su esposa, arrojándola lejos, y le ayudó a incorporarse al tomar su mano de niña con toda la sutileza que podía haber en él, mirándola detenidamente de los pies a la cabeza.
-¿Estás bien? –Cuestionó el hechicero con suavidad, llevando los dedos hacia la herida sangrante de la niña.
-Tengo frío solamente. –Contestó ella en un suave susurro, sintiendo un leve punzar de dolor tras el contacto de sus dedos. -¿Sangra mucho?
-No es para tanto. –Se arrodillo frente a ella, terminando de romper parte del vestido que ya estaba abierto para tener un trozo de tela… y comenzó a anudarlo para evitar que la pierna de la chica siguiera expuesta. –Pero te vendaré propiamente cuando lleguemos a Asgard.
-Llamaré mucho la atención. –Se vio levemente sonrojada al ver lo que su esposo hacía.
-Los vestidos con el cuello alto me parecen elegantes en una doncella. –Llevó el trozo de tela hacia el cuello de la chica, apartando suavemente el cabello rubio para mirar su herida. –Inclina un poco la cabeza.
-Dará menos frío, si. –Inclinó la cabeza como le indicaba, sintiendo que le limpiaba la herida del cuello con delicadeza. –Si a ti te gusta… lo usaré, solo para ti.
-Perdona por meterte al agua helada, no pasará de nuevo.
-Espera, ¿qué es lo que está pasando? –Susurró Sinmore con el escaso aire que cabía en sus pulmones, siendo que estaba siendo estrujada por su prisión de obsidiana, bastante confusa con el cambio de roles por parte de ambos.
Sigyn dirigió la azulada mirada hacia Loki de forma inmediata, como si esperara algo de él; el hechicero se miró algo pensativo, y terminó asintiendo con la cabeza mientras dejaba que ella sostuviera el trozo de tela contra su cuello.
-Me alegra verte, madre. –Comenzó aquella doncella, dirigiéndole una sonrisa dolorosa. –Pero no pienso regresar a Muspelheim. Mi lugar es con Loki.
Dicho esto, la joven pareja se dio media vuelta, la doncella tomando del brazo a su esposo con toda la elegancia que tenía como princesa, haciendo la visión de una pareja perfecta ante aquella reina. Sinmore dibujó una tenue sonrisa, sabiendo que demoraría un poco en salir de aquella prisión en la que el hechicero la había encerrado.
-Eres una digna hija de tu madre, Sigyn. –Pronunció con levedad.
-.-.-.-.-.-
La fuente que decoraba el jardín color arena del palacio comenzó a ser mucho más gélida, hasta que el agua que corría libremente por esta se congeló súbitamente hasta detener su fluidez por completo; por el pilar de roca apareció Loki, oculto parcialmente bajo la cortina congelada de agua, convencido de que no iba a llamar la atención de los guardias a esa hora a pesar de lo aparatoso de su hechizo. En sus brazos llevaba a la doncella Sigyn, la cual aun temblaba de frío, tenía el vestido anudado manualmente por un lado, y su cuello estaba suavemente vendado por la tela color perla teñida en rojo.
-Puedo andar sobre el hielo. –Susurró ella, sosteniéndose de los hombros de su esposo con ambas manos de forma suave, encogida contra él hasta rozar la frente con su mejilla templada. –No es necesario que me lleves así en brazos, has perdido un poco de fuerza por el calor de Muspelheim.
-Estás temblando aun, e igual quiero hacerlo.
-¿Cómo… te sientes?
Bajó finalmente a la doncella sobre el suelo tras salir de la fuente congelada, dando un suave suspiro como si aquella pregunta le irritara, algo que fue visible para ella.
-¿Es tan importante que lo sepas, Sigyn? –Cuestionó con cierta arrogancia.
-Me atrevo a decir que es importante para mí, Loki. Todo lo que escuchamos…
Loki extendió la mano derecha al frente, ante aquella dama; en ésta se formó una fina estaca de hielo, estética y lisa. Ella no pudo evitar remembrar aquella bella flor que él le había obsequiado la ocasión en que lo ayudó.
-Todo este tiempo me he sentido como un forastero en Asgard. Lo que me ha dicho tu madre no es más que la confirmación de mis sospechas, de esa sensación que me abordaba intensamente. Jötunheim. Debo ir allí con esa bruja…
-Angrboda no es de fiar, Loki. –Interrumpió de inmediato sus palabras, frunciendo el ceño notoriamente… algo inusual en ella.
Se sintió extrañamente amenazado por el tono de voz de la chica. Frunció el ceño igualmente, cerrando el puño para destrozar el trozo de hielo con facilidad.
-¿Quién es de fiar a estas alturas, Sigyn? –Cuestionó en un tono más alto de voz.
-¿Qué dices? ¿La herida de mi cuello no significa algo para ti? Te entregué todo lo que soy y hasta lo que no me pertenecía. Creo que merezco un poco al menos de tu confianza, si no, no sé qué es lo que quieres de mí.
Tensó los labios, sintiéndose inmediatamente arrepentido de las palabras que escaparon de sus labios; incapaz de seguir con aquella discusión (no podía imaginar gritándole a esa niña tal como lo hacía con Thor), llevó ambas manos hacia los antebrazos de ella para sacudirla con suavidad, tratando de ocultar que se había sentido avergonzado de una manera casi infantil.
-Obviamente eres la única que no entra en la categoría del resto, creo que ya deberías saberlo. –Contestó en un tono algo más bajo.
-Me lo dices ahora apenas.
-Eres… la única en que confío. Lo sabes ahora, textualmente. –Resopló, aun más avergonzado, apareciendo un leve rubor sobre sus mejillas. –Tienes toda mi gratitud por lo que has hecho, y…
Se trabó un poco, víctima de su propio nerviosismo. Ah, deliciosa situación tan irreal, algo que fue notorio para Sigyn.
-Y… ¿qué más? –Susurró ella, tratando de contener la sonrisa que sustituía su ceño fruncido.
-Y… y todo mi cariño. –Soltó de repente, sintiéndose como un completo estúpido.
Sigyn olvidó por completo todo aquello que había ocurrido esa noche, y hasta ese pequeño enojo que le había causado por sus impetuosas palabras; se lanzó de forma inmediata hacia él, abrazándolo con efusividad al pasar los brazos por sobre los costados de su pecho hasta rodearle por la espalda, ocultando el rostro contra su pecho.
-Oh, Loki… es lo más dulce que me has dicho. –Susurró, empuñando ambas manos por sobre la espalda de su esposo. –Me siento… sumamente dichosa…
Loki tuvo que relajarse un poco, levemente asfixiado por el abrazo posesivo en el que su joven esposa lo tenía envuelto; tras unos instantes, terminó colocando ambas manos por sobre los hombros de su esposa, obligándole a que se le separara un poco para poder mirar su rostro.
-Igual… debo ir a Jötunheim, Sigyn. Pero en esta ocasión iré solo.
-Pero, Loki…
-No puedo dejar que te congeles. –Se inclinó un poco hasta dejar la frente apoyada en la de ella, mirando sus ojos fijamente. –Curaremos tu herida dentro, y descansaremos unos momentos.
-Está bien. –Y cerró los ojos, aun sonriendo con levedad.
-.-.-.-.-.-
Yuy.
