Taiyou Yagami (9 años, hijo de Taichi y Akane)

Aiko y Yuujou Ishida (9 y 5 años, hija e hijo de Sora y Yamato) *-*

Chikako Izumi (8 años, hija de Koushiro y Mina)

Michael Kiyoshi "Mishi" Barton (8 años, hijo de Mimi y Michael)

Makoto Kido (10 años, hijo de Jyou y Momoe)

Musuko Motomiya (11 años, hijo de Daisuke y Keiko)

Minako, Osamu y Yoshi Ichijouji (11, 8 y 7 meses, hija e hijos de Ken y Miyako)

Shizuka Hida (11 años, hija de Iori y Yuuna)

Tenshi Takaishi (11 años, hijo de Takeru y Nicolette)

Kibou Hayashiba (11 años, hijo de Hikari y Yuuto)

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Reencarnación:

Por fin, tras tantos años esperandom podría cumplir su venganza. El sólo hecho de poder matar a Hikari con el cuerpo de su hijo era de lo más reconfortante para el demonio y no esperaría más, estaba deseando reencontrarse con la luz.

Los señores Hayashiba todavía no se habían acostado, la preocupación por el comportamiento de su hijo era tan grande que Hikari no podía pegar ojo, no solo por eso, ella lo presentía en su interior, aunque lo negase, sabía que la oscuridad rondaba cerca.

Se sobresaltaron al ver a su hijo parado delante de ellos.

-Kibou, que susto.- habló Yuuto llevándose la mano al pecho.- pero me alegro que hayas decidido hablar con nosotros por fin.

Iba a acercarse, pero la mano de su esposa le detuvo, ese que tenían delante ya no era Kibou y ella lo sabía. Conocía demasiado bien la mirada de su amado hijo como para dejarse engañar.

-Deja a mi hijo, no lo metas en esto.- ordenó firmemente, impresionando a su marido y también al propio Kibou.

-Mamá ¿qué dices?, solo quería disculparme por mi comportamiento.- habló el chico, a pesar de que su tono trataba de ser amable, era imposible que Hikari se lo creyese, era increíblemente irónico.

-Hijo sabía que reflexionarías.- se adelantó el psicólogo alegremente.- sabes que nos puedes contar todo, nosotros te apoyaremos.

El hombre apoyó paternalmente su mano en el hombro del chico, acción que nunca debió hacer, porque en el momento que Kibou sintió ese contacto se volvió hacía él con mirada demoníaca.

-No me toques escoria.- ordenó y antes de que Yuuto pudiese actuar, de un empujón sobre humano lo sacó por los aires, incrustándolo contra unas estanterías, cayendo al suelo inconsciente.

-¡Yuuto!.- se llevó las manos a la boca Hikari.

Pero esta tampoco pudo reaccionar más, porque en seguida el demonio se abalanzó sobre ella estrangulándola con fiereza.

-No sabes la de tiempo que llevo esperando esto.- hablaba el chico, ya con su verdadera voz, que por supuesto Hikari reconoció en el acto.

-Myotismon… deja… a mi hijo…- intentaba hablar la castaña, tratando de liberarse de la mano con la que Myotismon le estrangulaba.

-He esperado tanto este momento luz, 18 largos años, pero por fin, podré vengarme y hacer lo que debí haber hecho cuando tan solo eras una mocosa, ¡matarte!.- habló, intensificando la fuerza.

-Maldito… dijiste que… renacerías en el… hijo de esperanza y… luz… es… es…

-Mentí.- confirmó el digimon con una estruendosa carcajada.

Hikari ya estaba al límite de sus fuerzas, tanto físico como mental, sentía que ya no le pasaba el aire, que de un momento a otro su traquea se rompería en dos. Pero, ¿y su hijo?, ¿dónde estaba?, a ella no le importaba morir si sabía que su hijo estaba a salvo, sin embargo, la cruda realidad era que ese demonio había renacido en su hijo, que su hijo era quien le estrangulaba. Con lágrimas recorriendo por sus mejillas, dejó de luchar, si su hijo se había transformado en esto, prefería morir, ¿y que mejor forma de morir que a manos de lo que más amaba?

-¡Golpe de gato!

Kibou soltó a Yagami cuando le impactó ese ataque, llevándose la mano al rostro, por donde ahora sangraba consecuencia del arañazo de la gata.

-Gatomon.- masculló el demonio con rabia.

-¡Yo me ocuparé amo!.- pidió BlackGatomon, posicionándose para la lucha.

El Gotsumon, compañero de Yuuto, se unió a Gatomon preparándose para combatir, mientras Hikari seguía de rodillas en el suelo tosiendo fuertemente, tratando de recuperar la respiración. La reencarnación de Myotismon le hizo levantar la cabeza tomándola con fiereza del cabello.

-¡Suéltala maldito!.- advirtió Gatomon con desesperación, momento que aprovechó BlackGatomon para atacarle duramente.

-He cambiado de planes maldita mocosa.- empezó Myotismon con malicia.- quería que sufrieses, todo lo que he sufrido, quería que tu hijo sufriese igual, porque él está aquí y es consciente de que voy a matarte…

-Kibou.- llamó con un sollozo.

-… pero dejaste de luchar, lo que significa que prefieres que te mate el cuerpo de tu hijo antes de hacerle daño tú, así que, lo que voy hacer es complementar mi reencarnación, conseguir mi cuerpo verdadero y entonces podré abandonar el cuerpo de este asqueroso humano, vas a ver como lo destruyó poco a poco, vas a sufrir su sufrimiento, porque sufriría, te lo aseguró y solo entonces, cuando estés llorando desconsolada abrazada al inerte cuerpo de tu hijo, aliviaré tu tormento matándote, porque ya me conoces, soy demasiado compasivo.- finalizó, riendo sarcásticamente.

Soltó con brusquedad el cabello de la destrozada Hikari, para luego dirigirse a BlackGatomon, que proseguía su encarnizada lucha con los dos digimons.

-Nos vamos.- ordenó, mientras hacía un movimiento con los brazos, para que le rodease una esfera de oscuridad.

-¿Pero no los matamos amo?.- preguntó BlackGatomon con decepción por no poder acabar con esos dos digimons.

-Todavía no, nos veremos pronto luz y Gatomon, por supuesto.

-¡Vuelve aquí demonio!, ¡deja en paz a Kibou!.- trató de correr tras él Gatomon, pero el chico ya se perdía por el cielo levitando en su esfera oscura.

-Ha pasado… mi hijo, mi hijo, mi pequeño Kibou, perdóname.- susurraba Hikari, llorando contra el suelo completamente descompuesta.

Desde ese momento, todo fueron llamadas, salidas nocturnas, lloros, enfados y asombro para los digidestinados, que no se reunirían hasta la mañana siguiente.

Fue en el hospital, donde se encontraban Hikari y su marido, en contra de su voluntad ya que deseaban buscar a su hijo como fuese, donde los digidestinados y sus hijos montaron este gabinete de crisis, y esta vez, no hubo ninguna falta. Hikari y Takeru decidieron por fin, tras 18 años de silencio, hablar de la maldición que les dejó Myotismon el día que lo mataron en su última reencarnación. Escuchar eso fue un golpe duro para los digielegidos, en especial para Taichi, aunque más duro fue para el marido de Hikari. Por fin todo encajaba.

-¡Nos lo deberías haber contado!, ¡habríamos podido protegeros!, llevaríamos esta carga juntos, ¡como lo hemos hecho siempre!.- despotricaba Taichi llevándose las manos a la cabeza.

Hikari ni se inmutó, proseguía con la mirada perdida que tenía desde los horrendos sucesos de la noche pasada.

-Pensamos que así, todo estaría bien, que no renacería.- excusó Takeru, apretando los puños con rabia. Se sentía despreciable, se separó de Hikari para protegerla a ella y a su futuro hijo y no lo había conseguido.

-No deberías haberos fiado de Myotismon.- negó Ken, tratando de mantener la calma.

-¡Un momento!.- alertó Gatomon con nerviosismo.- tal vez no fuese mentira, le dijo a Hikari que aun tenía que completar su reencarnación para poder abandonar el cuerpo de Kibou.

-¿Qué quiere decir eso?.- preguntó Mimi asustada.

-Tal vez, necesita algo de Takeru para conseguir su verdadero cuerpo.- reflexionó Izumi en voz alta.

-Tenshi.- susurró Takaishi con preocupación.

-Hermano, le protegeremos y también a Kibou, acabaremos con ese maldito demonio de una vez por todas.- anunció Yamato frunciendo el ceño con ira.

-Le está matando… le está matando por dentro… lleva toda la vida destruyendo su alma… contaminándola y yo… no he podido hacer nada para impedirlo.- susurraba Hikari en su mundo, negando con desesperación.

-Venga chicos, no nos pongamos nerviosos, ¿de acuerdo?, ahora debemos estar más unidos que nunca.- trató de animar Sora, que se encontraba al lado de la castaña, abrazándola tiernamente. A pesar de que le resultaba imposible ponerse en su situación y el sufrimiento por el que estaría pasando.

-Sora tiene razón.- añadió Motomiya.- Koushiro, ¿has conseguido hablar con Gennai o algún contacto con el Digimundo?

El pelirrojo negó abatido.

-No hay forma de abrir la puerta.

-Pues si no volvemos pronto al Digimundo nos quedaremos sin energía, debe de existir alguna forma de abrirla.- añadió Tentomon con preocupación.

-Todo son problemas.- murmuró Taichi escondiendo la cara entre sus manos.

Agumon miró a su compañero, para luego dirigir la vista a los niños que estaban en una mesa a parte, ajenos a esta conversación. Aunque a sus padres no les gustase, solo existía una solución.

-Taichi, deben hacerlo ellos, son los niños elegidos, los únicos que podrán hacerlo.- explicó el digimon naranja.

Todos quedaron pensativos por sus palabras y también tristes, ninguno quería ni imaginarse lo que sería pasar por lo que estaba pasando Hikari, o peor, perder a su hijo para siempre. Además, puede que ya fuese tarde, Myotismon ya se había apoderado por completo del cuerpo de Kibou y de lo que si estaban seguros es de que no iban a mandar a sus pequeños a luchar contra Kibou.

-Encontraremos la forma Agumon.- dijo Taichi con contundencia.- hermana, voy a devolverte a Kibou auque sea lo último que haga, te lo prometo.

La conversación siguió su curso, era una situación muy difícil y no podían cometer más errores o perderían a Kibou para siempre. Yuuto, al igual que su esposa, permaneció durante toda la conversación sin hablar, mirando a la nada, inmerso en sus propios pensamientos, hasta que cuando lo vio oportuno, abandonó la mesa donde discutían. De todo lo que estaba pasando en la mesa con sus compañeros, esa acción de Hayashiba fue lo único que Hikari vio, y en seguida se levantó para reunirse con su esposo.

Lo siguió hasta la ventana de la cafetería por donde se asomaba abatido y por primera vez desde que Kibou fue poseído, Hikari volvió a la realidad y habló con alguien.

-¿Estás bien?.- preguntó acariciándole dulcemente el hombro, para finalizar en el collarín que llevaba debido al golpe que le dio su propio hijo.

-Deberías habérmelo contado.- dijo tristemente, sin ni siquiera volverse.

-Creí que nunca pasaría, lo siento.- gimió la castaña descorazonada.

-Me refiero a porque te separaste de Takeru.- explicó Hayashiba, sobrecogiendo a Hikari.- ahora todo encaja.

-Yuuto…

-En serio.- interrumpió el hombre, mirando por fin a su mujer y acariciándole la mejilla tiernamente.- si me hubiese dicho que un digimon demonio que te la tiene jurada desde los 8 años juró vengarse de vosotros reencarnándose en vuestro hijo, lo habría entendido, por fin lo habría entendido.

-¿Qué quieres decir?.- preguntó la mujer sin ninguna fuerza.

-Nada, que habría entendido porque no estabais juntos si aún os seguíais amando.- confesó el hombre tristemente.

-Yo te amo a ti mi amor, ¿es que no te has dado cuenta?.- preguntó la maestra de manera entrecortada. No era el momento para esto, ahora necesitaba a su marido más que nunca, a pesar de que, como casi siempre, sus palabras rebosasen sabiduría y acierto.

-Ya lo sé, ahora lo importante es nuestro hijo, vamos a salvarlo y luego, ya nos preocuparemos del futuro, no es importante ahora no te preocupes.- tranquilizó el psicólogo abrazando delicadamente a su esposa, aunque en su corazón sentía, que esta sería una de las últimas veces que podría tenerla entre sus brazos.

Como años atrás, Myotismon había tomado el edificio de la Fuji TV como su cuartel general, y también se había aliado con su siervo preferido, a pesar de que este no guardase muy buen recuerdo de su amo, pero bueno, para su retorcida mente, siempre era mejor estar del lado demoniaco.

-¡Así que no encontraste el emblema!.- gritó furioso Kibou, asustando de sobremanera al digimon.

-No amo, la distorsión se produjo como estaba previsto, pero fue Piximon, salvó al niño llorón cuando estaba apunto de matarle…

-¡Cierra el pico!.- ordenó el demonio con cuerpo humano.

El pequeño digimon, llamado Demidevimon se estremeció, porque aunque su amo estuviese en el cuerpo de un niño, su voz, su mirada y sus formas, asustaban al más valiente, no había ninguna duda de que se trataba de Myotismon.

-¿Me dejas torturarlo un poco amo?, de ese modo no será tan insolente.- pidió BlackGatomon, acercándose al digimon con una sonrisa divertida.

Aterrorizado, el digimon dio un vuelo para escapar de ese digimon y se dirigió a Kibou.

-Amo, se quien lo cogió, bueno, no lo sé seguro.- mirada espelúznate del demonio.- si, lo sé seguro, fueron los niños, esos niños que estaban en la jungla, creo que son los nuevos niños elegidos, además son los hijos de los antiguos niños elegidos, ¿no es genial?, matamos dos Piyomons de un tiro amo.

El demonio se dio la vuelta e hizo un silencio reflexivo.

-Así que aunque haya destruido a esa mocosa portadora de la luz, hay otro que heredará el emblema de la luz, la esperanza, todos… tengo que acabar con ellos.

-¡Muy bien amo!.- peloteó Demidevimon.

-Tranquilízate amo.- habló su compañero, dándole un puñetazo a Demidevimon por pelota.- no podrán hacerte daño, estás en el cuerpo de uno de ellos, aprovéchate de su debilidad, del amor que les une a este humano, seguro que son todos unos estúpidos sentimentalistas.

Kibou hizo una mueca de agrado, sería maquiavélicamente hermoso ver como todos los hijos de los digidestinados mueren a manos de seres que aman, así, también se vengaría de los adultos. Si sus hijos morían, los destruiría para siempre.

-Tienes razón BlackGatomon, ¡Demidevimon!

El digimon, tembloroso, acudió a la llamada de su amo. Hayashiba lo tomó de las alas para ponerlo a su altura.

-Ve donde están, averigua donde está ese maldito emblema y si puedes enfadarlos un poco y dividirlos hazlo, como en los viejos tiempos.- sonrió Kibou, mientras el digimon tragaba saliva apurado.

-Si amo, pero prométeme.- mirada petrificante de Kibou.- eh quiero decir que, me gustaría que, si no es mucha molestia, no me comiese esta vez…

-Te prometo, que en mi paraíso de oscuridad serás recompensado.- dijo Kibou con convencimiento.

-Gracias amo.- salió volando el digimon con felicidad.

-¿En serio que vas a recompensar a ese idiota?.- preguntó BlackGatomon extrañado.

-Claro BlackGatomon, dime que mejor recompensa que ser mi primer alimento cuando consiga mi cuerpo digimon.- expresó Kibou con una burlona sonrisa.

-¡Nunca debimos hacerles caso a nuestros padres!.- exclamó Taiyou golpeando la mesa con furia.- estoy seguro que si nos hubiesen dejado hacer nuestro trabajo de niños elegidos esto nunca habría pasado.

-¿Niños elegidos?.- preguntó Makoto algo temeroso.

-¿No lo sabes?, se supone que somos nosotros, ¿no te llegó el otro día una luz al dispositivo?.- explicó Musuko, dejando al joven pensativo.

-Pensé que era una alucinación.- confesó el pequeño Kido cada vez más aterrado.

En eso, Yuujou por fin llegó a la mesa de sus compañeros después de cumplimentar la dura misión que le había sido encomendada, es decir, meterse debajo de la mesa donde estaban los adultos y espiar su conversación.

-Hermano, ¿Qué han dicho nuestros padres?.- se apresuró a preguntar la rubia.

El pelirrojo quedó pensativo, llevó su vista a Tsunomon, que como de costumbre descansaba en sus brazos, después la aparcó en Aiko, de vuelta a Tsunomon, para que al final acabase en el suelo.

-Venga, habla.- pidió Tenshi, que con Taiyou era de los más afectados por este suceso. Y eso que los adultos no les habían contado todos los detalles, o lo que es lo mismo, las palabras posesión demoníaca, no habían sido mencionadas.

-Es que no entendí muy bien, creo que hablaban en un idioma raro.- excusó el inocente pelirrojo.

-¿Idioma?.- preguntó Minako.

-¿Raro?.- le siguió su hermano.

Los niños miraron a su alrededor y sus oídos primero y después su vista, les dieron la explicación de lo que había pasado. Al parecer, en la mesa contigua de la de sus padres, había una familia extranjera hablando bastante alto.

-Yuujou te has equivocado de mesa.- medio recriminó Chikako.

-Yo… no.- buscó el apoyo de su hermana con la mirada, pero esta asintió la afirmación de Chikako y solo entonces el pelirrojo se convenció de su error.- lo siento.

-Tranquilo campeón.- le animó Tenshi frotándole el pelo.- además, creo que con los "maravillosos" planes de no dejarnos cumplir con nuestra misión de nuestros padres, no conseguiríamos nada, ¡debemos actuar ya!

-¡Estoy contigo Tenshi!.- afirmó Motomiya con energía.

-¡Y yo contigo Musuko!.- exclamó Minako con cara de felicidad.

-¡Y yo contigo Minako!.- lo intentó Shizuka, pero no tuvo éxito. Minako dejó de sonreír, la miró con desprecio y giró la cabeza, dejando a Hida desolada.

-Por cierto ¿alguien sabe dónde está el emblema?.- preguntó alguien.

-¿Qué emblema?.- preguntó Musuko curioso.

-¡Ah si! encontramos un emblema.- explicó Yagami con efusividad.- ¿es que no lo recuerdas para preguntarlo Yokomon?

Yokomon le miró extrañada.

-Pero si yo no he preguntado nada.

-¿Ah no?.- se sorprendió Aiko.- entonces ¿quién ha sido?, ¿Mishi?.- este negó con la cabeza.- ¿Tanemon?.- hizo lo mismo que su compañero.- que raro…

Todos se miraron extrañados, preguntándose con la mirada quien lo había preguntado. En ese instante, a Chikako se le cayó un trozo de la chocolatina que comía al suelo, y al agacharse a recogerlo, casi murió del susto al ver quien se escondía debajo de la mesa. Sin duda era el responsable de la pregunta.

-¡Aaahh!, ¡DemiDevimon!.- gritó alertando a todos.

-Mierda, maldita mocosa, estaba tan cerca.- maldijo el pequeño digimon, mientras volaba rápidamente a la salida.

-¡Seguro que sabe donde está mi primo!, ¡sigámosle!.- ordenó Taiyou con decisión.

Tanto digielegidos como digimons salieron en estampida de la cafetería, persiguiendo a ese malicioso digimon. Sus padres, que no habían sido conscientes de la aparición del esbirro de Myotismon, se sorprendieron y también se enfadaron, un hospital no era un lugar para meter jaleo.

-¡No podéis corretear por aquí como si fuese vuestro campo de juegos!, ¡aquí hay enfermos!.- gritaba Jyou como un desquiciado asomándose a la puerta.- ¡Makoto me estás escuchando!.- tarde, los niños ya se habían perdido por los pasillos.- buf, cuando está solo mi Makoto no hace estas tonterías, vuestros hijos son una mala influencia.- negó para si mismo. Claro que los padres de las criaturas contra las que acababa de despotricar no le miraron de forma muy amistosa que digamos. Y Jyou, se cagó aterrorizado.

El digimon volaba con celeridad, normal teniendo 11 fieras y sus digimons corriendo tras él pidiendo su cabeza. Esquivaba las enfermeras como podía, carritos con medicinas, hasta que al girar, vio su escapatoria en forma de cuarto de lencería. Entró y se escondió entre las sábanas, a los pocos segundos, los estruendosos pasos de los niños fueron sustituidos por preguntas confusas y maldiciones.

-¿Dónde demonios se ha metido?.- preguntaba Musuko mirando a un lado y a otro.

-¿Lo sentís?.- preguntó Osamu a los digimons.

-No… lo siento.- le contestó Minomon tristemente.

-No puede estar muy lejos, ¡tenemos que buscarlo!.- exclamó Aiko.

-Si, seguro que sabe lo que le pasa a mi primo.- rezongó el compañero de Koromon con rabia.

Ya iban a dividirse para buscarlo por todos los rincones del hospital pero un sonido les detuvo, la voz de Tentomon diciendo "mensaje", la cual era característica de sus DCs, era obvio teniendo en cuenta que fueron creados por Koushiro.

-¿No es extraño que hayamos recibido todos un mensaje a la vez?.- cuestionó Shizuka, mientras tomaba su DC y sus compañeros hacían lo propio.

-¡Es de Kibou!.- se le iluminó la cara a Taiyou.- Hola a… to-dos… com-pa-ñe… ñe… ñeros.

-¡Cállate!.- ordenó Ishida mayor desesperada. Era un hecho que Taiyou Yagami debía empezar a leer más.

"Hola a todos compañeros, perdonad si os he preocupado pero es que tengo miedo. Necesito vuestra ayuda, os espero esta noche a las 00:00 en el "Tokyo Big Sight". Por favor, no le digáis nada a vuestros padres ni a los míos.

Os necesito, gracias.

Kibou"

-¡Genial!, ¡está bien!.- exclamó Taiyou alzando a su digimon y bailando con él sobre la cabeza, al igual que hacía su padre de joven.

Sobre todo los más pequeños estallaron de jubilo. Eso era lo único que le pasaba a Kibou, estaba asustado y necesitaba de sus amigos, en cambio, los mayores permanecieron a la expectativa, no se fiaban demasiado de esto.

-¿No lo encontráis un poco raro?.- comentó Tenshi, adquiriendo una pose pensativa.

-Tienes razón, conozco a Kibou y él jamás se escaparía de casa y mucho menos le pondría la mano encima a sus padres.- reflexionó Shizuka.

Esos pensamientos hicieron que la celebración desapareciese, sustituyendo su alegría por tristeza y sobre todo confusión, ¿Qué debían hacer ahora?

-Escuchad.- rompió el silencio Motomiya.- no sé muy bien que le ha pasado a Kibou, pero lo único que sé es que no le vamos a ayudar quedándonos de brazos cruzados en casa. Si quiere hablar con nosotros, hablará, por lo menos conmigo, es mi mejor amigo y no le voy a dar la espalda.

Todos quedaron sorprendidos por sus palabras, nunca se imaginaron a Musuko tan intenso y cabal.

-Waa… Musuko, si a veces pareces listo y todo.- habló su Chibimon impresionado, minando la moral de su amigo.

-Pero tiene razón, ¡cuenta conmigo!.- exclamó Yagami con decisión.

Los hermanos Ichijouji se miraron entre ellos para buscar en el otro una confirmación.

-Nosotros también iremos.- habló por boca de los dos la mayor.

-Bien, ¿y tu Ai-chan?.- preguntó el moreno a su amiga.

Esta quedó pensativa, por supuesto que deseaba ir, pero no podía quitarse de la cabeza la conversación del día pasado con su padre, cuando le prometió no hacer tonterías. Llevó su vista a Yuujou, debía cuidar de él y esta misión podía tornarse peligrosa. Jamás pondría en peligro la integridad de su hermanito nunca más.

-Yo iré.- resolvió tras un minuto en silencio.- pero mi hermano no, es muy pequeño para andar por la calle a esas horas.

-¡Ai-chan, yo quiero ir contigo!.- protestó el pelirrojo. Realmente no sabía muy bien de que le hablaban, pero lo que si sabía es que no quería que le excluyesen.

-Yuujou, harás lo que yo te diga.- sentenció la muchacha. Al niño no le quedó más remedio que resignarse, no deseaba hacer enfadar a su hermana.

-Supongo que si va mi princesa Ai, yo iré con ella para protegerla.- explicó Mike, sonriendo de manera coqueta a la rubia y dejando a Taiyou con el ceño fruncido, ¿de que demonios iba ese niño?

Las vistas se dirigieron ahora al más callado de todos, y que por supuesto menos ilusión le hacía esta expedición, Makoto Kido.

-Y tú que doctorcito, ¿vendrás o no?.- cuestionó Musuko.

-Eh… yo.- empezó el niño, subiéndose la montura de las gafas.- es que, debería consultárselo a mis padres y no creo que les haga gracia.- comenzó a excusarse.

-¡Makoto!.- recriminó su prima Minako.- se trata de Kibou, nuestro amigo. Nuestros padres no pintan ahora nada.

-Pero…

-¡Venga Makoto!.- le dijo Bukamon, subiéndose por su hombro.- yo cuidaré de ti, no tienes que ser tan cobardica.

Miró a su digimon sin mucho convencimiento, para que al final dejase salir un leve asentimiento.

-Chikako, ¿nosotros que vamos a hacer?.- preguntó Motimon a su compañera.

-Pues que va a ser, somos los niños elegidos, cumpliremos nuestra misión.- dijo con decisión sorprendiendo a todos. Ya que aunque su padre fuese muy posiblemente el humano que más conociese el Digimundo y los digimons, ella nunca se había mostrado demasiado entusiasmada por estos temas. Parece ser, que en momentos de crisis, los genes Izumi aparecían en la pequeña pelirroja.

Por último las miradas se clavaron en los dos que faltaban por dar su confirmación y que ambos estaban uno al lado de otro.

-Yo es que….- comenzó Shizuka, removiéndose la falda con las manos.- lo siento pero es que… no voy a poder ir hasta ahí a esas horas, mi casa está muy lejos.- concluyó con tristeza.

-No es excusa, te quedas a dormir en la mía.- dijo con voz seca Minako sin volverse a la que un día fue su mejor amiga.

-Minako.- susurró Hida un poco emocionada. Es posible, más que probable, casi seguro, que lo hacía por Kibou y que a ella seguía sin perdonarle, pero al menos le había ofrecido su casa, volverían a compartir esos momentos de amistad aunque solo fuese por unas horas.

Finalmente, Musuko clavó su mirada en el rubio que tenía enfrente.

-¿Y bien Tenshi?, ¿tú que vas a hacer?

El rubio correspondió la penetrante mirada de su amigo. No las tenía todas consigo, pero lo que si sabía es que, aunque se llevase a matar con Kibou, nunca le daría la espalda. Era algo inexplicable, pero desde siempre tuvo una especie de conexión con él, creyó que era por ser amigos en la guardería, pero en los últimos años, donde su relación era un caos, la conexión era más fuerte. Sabía que le necesitaba, que se necesitaban mutuamente.

-Nos vemos a las doce de esta noche. No os retraséis.- fue lo único que dijo, para después abandonar el lugar muy lentamente.

"Estúpido Kibou" pensaba el rubio una y otra vez. Ahora que su vida iba a dar un gran cambio, él lo estropeaba, como siempre. Sino es por él, ahora estaría preparando la maleta para irse con su madre, pero no, el viaje debería esperar, primero tendría que ocuparse de Hayashiba, no podía dejarle así, debía solucionar esto.

La mayoría de los digielegidos y sus hijos ya habían abandonado el hospital. Ahora lo que hacían era echar mano de sus agendas, amigos, contactos, conocidos o desconocidos daba igual, cualquiera era valido si sabía algo de Kibou. Mientras tanto en el hospital un digimon se compadecía de su cruel destino. Había conseguido escapar de los niños, pero no tenía ninguna información sobre el dichoso emblema, y la idea de que la historia se volviese a repetir y Myotismon le acabase comiendo, se hacía cada vez más fuerte en su cabeza.

-Estúpidos mocosos.- decía desganado, paseando por un pasillo cualquiera.- si vuelvo con las manos vacías, seguro que Myotismon me castiga o peor, hará que ese sádico de BlackGatomon afile sus garras conmigo.- hablaba Demidevimon cada vez más atemorizado.

Se alertó y apresuró a esconderse al reconocer a un hombre, concretamente un hombre que llevaba espiando en secreto mucho tiempo, normal, siendo el padre de la reencarnación de su amo.

Había sacado un café de la maquina y se dirigía con desgana a un banco cercano para tomárselo, o simplemente dejar que le abrasase las manos, porque no tenía fuerzas para nada. Un Gotsumon, le acompañaba.

Entonces, Demidevimon tuvo una gran idea, puede que no hubiese conseguido averiguar donde escondían el emblema los niños elegidos, pero tal vez, podría manipular a ese hombre y cumplir otra de las cosas que le había pedido su amo, y que particularmente, era con lo que más disfrutaba, manipulando a la gente y poniéndolos los unos contra los otros.

Desde la perspectiva de su banco, Yuuto tenía perfecta vista de la máquina de café y también de la persona que le estaba dando uso en este momento, Takeru, sacó dos cafés concretamente, ¿sería el otro para Hikari?

-Supongo que es duro descubrir porque se casó tu mujer contigo.

Hayashiba se giró extrañado, pero también molesto, encontrándose con Demidevimon, que estaba apoyado detrás suya justo en la repisa del ventanal.

-¿Quién eres tú?.- inquirió con severidad.

-Yo… eh, nada, solo observo lo que me rodea.- se excusó el digimon.- y lo que observo aquí es que… él siempre ha estado presente en su corazón y nunca dejará de estarlo.

Yuuto escuchó sus maliciosas palabras. En parte tenía razón, lo sabía, su mujer y Takeru siempre tendrían algo especial que él nunca llegaría a comprender. Su vista se clavó en Takeru, que ahora compartía unas palabras con Patamon sin percatarse de su presencia.

-Si lo destruyes, jamás se volvería a interponer en tu camino.- susurró el digimon, a la oreja del hombre.

-¿Qué estás diciendo?.- apresuró Gotsumon.- Yuuto, no le hagas caso, este digimon no es de fiar.

El psicólogo parecía que estaba lejos de todos, en otro mundo. Fruncía el ceño con fuerza visualizando todos los movimientos de ese dichoso rubio. Era verdad, cada vez estaba más convencido de que esto se acababa, de que Hikari acabaría en los brazos de Takeru, si lo destruía, eso nunca pasaría.

-Venga vamos, lo estás deseando, siempre ha estado presente, ¡hasta en el nombre de tu hijo!, dime ¿no te parece una humillación que lo llamase "esperanza"?

Esas palabras penetraron por completo en el hombre, que lentamente se giró hacia ese digimon. Permaneció unos segundos observándolo con detenimiento, para que finalmente se levantase del banco.

-Lo que no sabes, es que fui yo el que elegí el nombre de mi hijo.

Esa afirmación hizo que Demidevimon tragase saliva, había estado tan cerca.

-¡Gotsumon!

-¡Lanzamiento de rocas!

El ataque impactó de lleno en el digimon maligno y alertó a Takeru y Patamon.

-¡Dime donde está mi hijo!.- exigió Yuuto, tratando de agarrarlo, pero el digimon logró escurrirse y salir por la ventana.- ¡maldito!

-¿Qué ocurre?.- llegó Takeru, acompañado de su digimon.

-Demidevimon, debe saber donde está Kibou.- hablaba Hayashiba, asomándose todo lo posible por la ventana.

-Demidevimon.- susurró Takaishi pensativo.

-Voy a ver si lo encuentro.- dijo Patamon, volando con decisión.

Aunque para desgracia de todos, no se veía por ningún lado, parece que se había esfumado.

-¡Mierda!.- gritó Yuuto, dando un puñetazo de impotencia a la pared.- debí haberte avisado desde el principio, no debí dejar que me hablase… mierda, tan cerca y se me ha escapado.

-Tranquilo.- calmó el rubio, apoyando la mano en su hombro.- te prometo que lo vamos a encontrar.- finalizó mirando por el ventanal de forma reflexiva.

Los digielegidos se organizaron para buscar al desaparecido Kibou por toda la ciudad. El encuentro con Demidevimon era señal de que al menos, seguiría en Tokio y no en el Digimundo, donde ya sería imposible encontrarle, puesto que la puerta se había cerrado para todos los humanos y digimons, que ahora estaban atrapados en la Tierra.

La noche cayó y los niños se acostaron, eso sí, hasta la hora de encuentro en el "Tokyo Big Sight".

Yamato seguía buscando por la ciudad junto con Gabumon, mientras en su casa aguardaban Mimi y Sora, que por supuesto no podían pegar ojo, y sus respectivos hijos, que ya se habían puesto en marcha.

-Ai-chan, ¿Por qué no puedo ir con vosotros?.- preguntaba el pequeño Yuujou, mientras contemplaba como su hermana y "Mishi" terminaban de vestirse.

-Yuujou, no es momento para esto, obedéceme.- sentenció Aiko, era un asunto crucial y ya casi no le quedaba paciencia.

-Venga haz caso a tu hermana.- pidió Tsunomon triste por ver la cara de desolación de su compañero.

-Claro…

-¿Por donde salimos Ai-chan?.- preguntó Yokomon, mirando hacia la ventana.- ¿por la ventana como siempre?

La chica iba a responderle, pero Mike habló antes que ella.

-¿A dónde vas niño?.- preguntó seriamente, al ver como Yuujou abría la puerta.

-Solo voy a decirle a mamá que os vais.- contestó inocentemente.

Mike frunció el ceño ¿un mocoso de 5 años les estaba chantajeando?, en cambio Aiko, que conocía demasiado bien la inocencia de su hermano, supo que lo había dicho sin ninguna maldad ni doble sentido y se apresuró a cerrar la puerta antes de que saliese.

-Hermano escúchame, no puedes decírselo a nadie, ¿lo oyes?

-¿Por qué?.- preguntó sin entender lo que pasaba.

-Porque es un juego y si mamá nos pilla perdemos, y no quieres que perdamos, ¿verdad?.- explicó la chica con dulzura, mientras Mike la miraba con una sonrisa tonta.

-No…- musitó el chico tristemente. Era pequeño, pero no tonto y en estos momentos, su hermana le tomaba por tonto y no le gustaba.

-Mira.- la rubia fue a su escritorio y escribió una nota.- toma, tu quédate aquí con Tsunomon, no te muevas y cuando mamá venga y pregunté por mi, le das la nota, ¿entendido?

-Si Ai-chan, entendido, no soy un bebé, ¿sabes?.- medio protestó, con el morro torcido.

Esa acción llenó de ternura a su hermana.

-Ya se que no eres un bebé.- dijo revolviendo su cabello.- por eso confío en ti y en que harás lo que te he pedido, es muy importante, de hecho tú eres el más importante de todos, sin ti, estaríamos perdidos.

El niño fue sonriendo paulatinamente, su hermana siempre encontraba la forma de hacerle sentir bien y sobre todo único e imprescindible.

-Muy hermoso princesita.- se dirigió hacia ellos "Mishi".- pero, tenemos que irnos ya.

Aiko miró la hora, el niño con nombre de gato tenía razón, sino salían ya, no llegarían a la cita.

-Este es el plan.- comenzó yendo a su ventana con decisión.- salimos al alfeizar, de ahí cogemos esa cuerdita que esta atada al barrote de la pequeña terraza de la habitación de invitados, nos deslizamos y llegamos al césped, ten cuidado en no pisar los rosales de mamá o te matará. Luego, tiraré unas galletitas de perro al otro lado del jardín para que Garu no nos moleste y ¡wala!, estamos fuera.- concluyó la chica con sonrisa triunfal, por lo visto, esto ya lo había hecho antes.

El castaño, miraba por la ventana nada convencido visualizando todos los pasos que había descrito Aiko, y por mucho que lo visualizase, en todas terminaba viéndose caído contra el suelo y lo peor de todo, despeinado.

-Esto Ai, ¿y si salimos por la puerta?, no sé aquí, pero en USA solemos usar las puertas.

-Mi madre y tu madre están por toda la parte baja de la casa, además de Piyomon y Palmon, es imposible. Créeme es la única salida de la almena.- determinó Ishida, pero a Mike, seguía sin gustarle la idea.

-Venga Mike, no es tan difícil.- animó Tanemon.- ¿o es que eres un cobarde?, así solo llegarás a hacer películas llenas de azúcar, donde tu mayor escena de acción será esquivar una hormiga mientras le recoges el pañuelo a una chica.

A cada palabra que decía su compañero, el hijo de Mimi se iba enfureciendo más, sin duda Tanemon le sabía dar en su punto débil.

-¡Yo Soy Jean-Claude Van Damme!.- exclamó con osadía, ya saliendo por la ventana.- princesita, nos vemos abajo.- finalizó haciendo un gesto de despedida con los dedos sobre la frente, para que segundos después realizase el camino que le indicó Aiko.

La niña se asomó a la ventana rápidamente para asegurarse de que su amigo no se rompía la crisma. Le sorprendió gratamente su habilidad y que además lo hizo todo sin despeinarse.

-Vaya, no está mal para ser un chico.- se dijo a si misma la muchacha, siguiendo los pasos de su amigo.

Ken, hacía escasos segundos que había llegado a su casa. Se encontraba completamente agotado, había estado todo el día con llamadas, interrogatorios e intentando recopilar alguna pista. Todo era inútil, parecía que Kibou había sido tragado por la tierra. Pero no era tiempo de descansar ni mucho menos, en cuanto llegó a casa, volvió a conectar su ordenador y a mirar todos los mapas de la ciudad que había conseguido del ayuntamiento, hasta la última alcantarilla, para así preparar los rastreos de mañana.

-Amor, ¿Qué tal?.- preguntó su esposa, abrazándolo por detrás tiernamente.- ¿alguna pista?

-Nada esto es…- resopló impotente.

-Tranquilo.- le dio un beso en la mejilla.- voy a prepararte algo de comer.

-Gracias, ¿Qué tal Hikari?

-Fatal, apenas ha hablado conmigo, bueno, con nadie.- se oía a la mujer desde la cocina, asomando la cabeza de vez en cuando.- les han dado el alta a ella y a Yuuto, pero creo que no han vuelto a casa, por lo menos las veces que he llamado no lo ha cogido nadie.

-Que desastre.- negó Ken, él mejor que nadie sabía por lo que estaba pasando ahora ese niño. Se sobresaltó al escuchar un ruido provocado por Wormon al impactar contra el suelo agotado. Rápidamente acudió a recogerlo.- Wormon, ¿Qué sucede?

-Ken, me quedó sin energía.- susurró el digimon.

-Ha sido un día muy duro.

-No es eso Ken, necesito ir al Digimundo.

-Tiene razón.- siguió Hawkmon, también con síntomas de cansancio.- estamos agotados, normalmente después de un día de mucho trabajo, podemos ir al Digimundo donde nos recuperamos rápidamente, pero sino podemos ir, pronto nuestra energía desaparecerá del todo.

Otro problema añadido, encima de que no podían digievolucionar, estaban al límite de sus fuerzas y si seguían así, puede que acabasen muriendo.

-Encontraremos la forma de abrir la puerta, no perdáis la esperanza.- aseguró Ichijouji.

En la habitación de Minako, ya había tres personas dispuestas a perpetrar su huída. No podía fallar, hacía una hora que Miyako había pasado, justo después de ocuparse del bebé, y había comprobado como su hija y Shizuka dormían placidamente. Luego hizo lo propio con su pequeño Osamu, claro que ella no sabía, que sus hijos estaban con la ropa puesta metidos entre las sábanas y haciéndose los dormidos.

-Aiko me ha mandado el mensaje, nos esperan en la esquina de su casa.- explicó Osamu sigilosamente.- papá acaba de llegar y mamá le está preparando un té, pasaran rato en el salón hasta que suban.

-De acuerdo, salgamos por la ventana de la habitación de Yoshi, da a la parte de atrás y ellos no podrán vernos desde el salón.- propuso Minako.

Desde que Shizuka había llegado a su casa con el pretexto de dormir, no habían intercambiado ni una sola palabra. Era una situación desesperante para la castaña porque nunca había estado tanto tiempo sin hablar con Minako, se conocían desde siempre y en este tiempo no habían tenido ningún enfado. Echaba de menos a su impulsiva y alegre mejor amiga y estaba dispuesta a recuperarla.

-Minako.- la aludida la miró de reojo con desprecio.- solo, quería darte las gracias por dejar que me quede aquí.

-Lo he hecho por Kibou, quiero ayudarle, porque él si que es un amigo de verdad.- dijo cortantemente, resaltando la palabra "amigo".- cuando esto acabe, no quiero volver a tener ningún tipo de relación contigo.

-¡No te parece una actitud ridícula!.- recriminó Hida, alarmando a todos.

-Shizuka, no grites tanto que nos van a descubrir.- susurró Upamon, pegado a la puerta apurado.

Lo que Shizuka no sabía es que había desencadenado la furia de su amiga. Osamu fue consciente de ello al ver su mirada, y desesperado por lo tarde que era, intentó hacer de intermediario.

-Hermana, no es…

-¡Alguien te ha dado permiso para existir!.- cortó Ichijouji mayor de mala gana.- no, ¿verdad?, pues te callas, enano molesto.- Osamu bajó el rostro abatido y Minako ya se dirigía a Shizuka.- y en cuento a ti, no vayas ahora de madura dejándome a mi como una histérica, ¿o te pareció una actitud muy madura regalar pulseras a escondidas al chico que me gusta?

-Minako, no fue así, solo…

-¿Te gusta?.- interrumpió cruzándose de brazos y tratando de hacerse la fuerte.

-Minako…

-Respóndeme, si alguna vez has sido mi amiga, respóndeme, te gusta ¿si o no?.- sentenció la muchacha.

La contestación de Hida fue bajar la cabeza avergonzada. Se sentía incapaz de mirar a su amiga a la cara y por supuesto que ese gesto fue mucho más significativo que cualquier palabra.

-Es increíble.- negó Ichijouji con incredulidad. Pero no era el momento de esto, como dijo antes, la prioridad ahora era Kibou.- venga Poromon, salgamos de una vez.

Makoto y Chikako no tuvieron demasiados problemas para abandonar sus hogares, el primero aprovechó cuando sus padres echaban una cabezada en el sofá para poder continuar con su noche en vela, y la segunda simplemente evitó el estudio de su hogar, donde Koushiro permanecía todo la noche, con el sonido de las teclas del ordenador como única compañía. Musuko también aprovechó que su madre dormía, ya que la ventaja de que su padre no estuviese en casa era que no tenía que esquivarlo. Quien lo tuvo un poco más complicado fue Taiyou.

A priori, el plan era sencillo, su padre estaba fuera buscando a Kibou, de modo que solo tendría que evitar a su madre. Lo malo, que su madre no abandonaba el salón por nada del mundo, ¿y por qué?, porque hay era donde estaba su tía Hikari.

Taiyou estaba maldiciendo su mala suerte cuando Koromon entró en su cuarto.

-Nada, siguen ahí, mamá, tía Hikari y Kapurimon.

-Mierda, así va a ser imposible.- se lamentó Yagami, pataleando un cojín. Se miró el DC, faltaba menos de media hora para que fuesen las doce de la noche.- no se puede esperar más, venga.

-¿Pero Taiyou?

-Tú sígueme.

Con sumo silencio, Taiyou salió de su habitación y llegó al lugar de los obstáculos, el salón. El sitio en si, se componía de un tresillo y un par de sofás más sueltos, pudo observar que las mujeres estaban sentadas en el tresillo, hay la suerte le sonreía, podría salir a gatas por detrás y nadie los vería. Ya estaba en ese labor, como cual lagartija, cuando una pequeña sombra paró delante de ellos.

-¿Qué hacéis?.- preguntó el pequeño Kapurimon.

-Shh…- trató de hacerle callar Yagami, pero ya era tarde, Akane se había alertado.

-Hijo, ¿Qué haces en el suelo?.- preguntó mirando hacia atrás.- no son horas de andar jugando, vete a dormir.

El chico se apresuró a levantarse del suelo y mientras se sacudía la ropa, trató de excusarse le mejor posible.

-Yo, quería… yo… ¡darte un beso de buenas noches!.- exclamó, para después besar a su madre con efusividad.

Acto seguido abrazó a Hikari y con la mayor ternura posible la besó.

-Buenas noches tía, te prometo que voy a encontrar a Kibou.- susurró, haciendo que Hikari solo pudiese escuchar un murmuro, mientras se aferraba con fuerza a ese abrazo.

Hora de volver a la habitación. Le habían descubierto y el tiempo continuaba transcurriendo. Desde la cazada de detrás del sofá ya había probado el truco de "voy a bajar la basura", "voy a mirar el buzón", y el extraño y desesperado "voy a sacar a pasear a Koromon", por supuesto que nada le había dado resultado. Y ahí estaba, en su cuarto, mirando como la dichosa aguja del reloj no paraba ni un segundo y como cada vez estaba más cerca de la hora acordada.

-Mierda, mierda.- maldecía paseándose por la habitación, hasta que se dio cuenta de que solo existía una salida, ¡la terraza!.- venga Koromon, tendremos que salir por aquí.

-Pero Taiyou, vivimos en un sexto piso, lo más probable es que nos matemos.- apuntó muy acertadamente el digimon rosáceo.

-Prefiero eso a quedarme aquí sin ayudar a mi primo.- dijo con decisión.

Se asomó, miró a un lado y a otro, buscando algún lugar por donde pudiese descender. En momentos así envidiaba a su amiga Aiko, si él viviese en una unifamiliar, no tendría estos problemas. Eso le hizo pensar en cuando Aiko le contaba como salía de su habitación por la noche para ver las estrellas en el jardín una vez que sus padres ya la habían mandado a la cama, una cuerda, ella siempre tenía una cuerda atada a la terraza contigua de su habitación.

Empezó a rebuscar por toda su habitación, lo más parecido que encontró fueron unos tirantes y una corbata de su padre, no existía otro solución, tendría que emular a los presidarios con la sábana. Sin más dilación, la amarró y empezó a descender, lo que no pensó cuando lo hizo fue que la sábana solo le llegaba al piso de abajo, le sería imposible alcanzar la calle con ella. Con precaución pero sin detenerse, Taiyou Yagami, demostró que era digno hijo de su padre y alcanzó su objetivo.

-Mierda, ¿y ahora como bajamos al siguiente piso?.- empezó el chico, mirando desde la recién conquistada terraza.

En ese momento Koromon alcanzó a su amigo.

-Taiyou mira.- indicó la puerta que llevaba al interior de la casa vecina.- esta entreabierta.

-¡Genial!, podremos coger otra sábana y seguir bajando.

El chico entró con Koromon en su hombro, al cual la idea de Taiyou le parecía genial, pero no contaban con que la cama de la vivienda en la que acababan de entrar estuviese ocupada.

-¡Rayos!.- susurró el moreno escondido entre las sombras.- ¿ahora como seguimos bajando?

-Taiyou he pensado.- empezó el digimon con inocencia.- igual esta casa tiene puerta a la calle…

-¡Claro!, ¡es verdad!, ¡y mi madre no estará en el salón!

El poder deductivo de Taiyou dejaba mucho que desear, además, cuando se emocionaba mucho con una cosa, como era el caso, no controlaba su tono de voz y lo supo, cuando se encendió una pequeña lucecita.

-¿Quién está ahí?

-¡Corre!

De esa forma, Taiyou y Koromon consiguieron escapar, sin que su madre se enterase y sin que su vecino de abajo llamase a la policía.

Otro que preparaba su huída era Tenshi, aunque en este caso no debía escapar de ninguna persona. Tanto Takeru, como el invitado de excepción Daisuke, estaban patrullando por las calles de Odaiba buscando al desaparecido, por lo que Tenshi se encontraba solo en casa. No tendría que dar excusas, ni explicaciones a nadie.

Ya se estaba preparando para salir, a pesar de que no le agradase del todo la idea, tenía un mal presentimiento el cual le era imposible explicar, pero aunque su intuición le dijese que era una trampa y que no podía confiar en Kibou, debía ir al encuentro.

Se puso su gorra de béisbol, confiando en que no solo le diese suerte en los partidos, iba abrir la puerta de la calle cuando le vino un repentino flash. Desconocía de que se trataba, pero lo único que pudo reconocer fue la lluvia.

-Tenshi, ¿Qué sucede?.- preguntó Tokomon con apuro.

El rubio no contestó, fue directo a la ventana y sucedió lo que se imaginó, estaba empezando a lloviznar. Cerró los ojos al sentir un intenso dolor en la cabeza, estaba empezando a recordar, pero ¿el qué?. Era él, encontraba a Kibou, reconoció el lugar, la emisora Fuji TV, donde todavía trabajaba su abuelo. Él estaba vuelto, empapándose con la lluvia. Abrió los ojos sudando.

-Tenshi, dime que te pasa.- comenzó a asustarse el digimon.

-Es… yo he visto esto antes… ¡aaahhh!.- se llevó las manos a la cabeza en la siguiente visión, el dolor fue mucho más intenso, tanto que cayó al suelo inconsciente.

"La lluvia empapaba su cuerpo. Todo empezó a encajar, esto ya lo había visto antes, ya lo había vivido antes. Reconoció a su compañero Kibou y de nuevo le estremeció su mirada, sus ojos de demonio, ahora lo recordó todo, hasta las escalofriantes palabras que le dijo cuando se abalanzó hacía él… Yo soy tú Tenshi"

Despertó empapado en sudor, rápidamente se revolvió, debía darse prisa en avisar a sus compañeros.

-Vamos Tokomon, es una trampa.- dijo desesperado, pero el digimon apenas se movió, estaba en estado de shock contemplando a su compañero.

-Tenshi, ¿estás bien?

-Tokomon, no hay tiempo, debemos avisar a los demás, quien nos envió el mensaje no es Kibou.

-Pero Tenshi… mira la hora.

Extrañado, el chico tomó su dispositivo. Tuvo que mirarlo un par de veces para creerse lo que ponía, pero era cierto. Las 0:07, había permanecido más de media hora inconsciente.

-Mierda-.- maldijo el chico atónito.- ¡venga, no hay tiempo que perder!

Siete minutos antes a las puertas del "Tokyo Big Sight", el espectacular edifico de las cuatro pirámides invertidas, se habían ido reuniendo los demás niños, como era de esperar tras su gran aventura para escapar, el último que llegó fue Yagami.

-¡Llegas tarde baka!.- le dio un empujón Aiko nada más verle.

-Perdona, no lo tuve fácil para escapar.- se excusó el chico frotándose el brazo.

"Mishi", que presenció la escena, también decidió impartir justicia por su damisela.

-¡Llegas tarde stupid!.- emuló a Aiko, hasta en el empujón, pero Taiyou no aceptó esta recriminación con el mismo talante que la de Ishida.

-¡Que haces cretino!.- le devolvió el empujón con el triple de fuerza

Esa acción hizo enfurecer por completo a Tachikawa, empezando así un pequeño forcejeo, mientras Aiko, no creyéndose lo que acababa de pasar, intentaba separarles. No tuvo éxito, él que si lo tuvo fue Motomiya, que no iba a permitir más estupideces. Estaban ahí por algo demasiado importante.

-¡Parad ahora mismo!.- gritó con furia. Todos se asustaron, no era común ver a Musuko enfadado, era una persona alegre y optimista por naturaleza.- si lo único que vais a hacer es comportaos como bebés, volvéis a casa, ¡no quiero niños malcriados en mi equipo!, ¡todos somos uno!, ¿entendisteis?.- finalizó tomando a cada niño de una oreja y demostrando sus dotes de líder.

-Waa… Musuko, en momentos así, hasta te respeto y todo.- dijo Chibimon, impresionado por la madurez de su amigo.

Otras que quedaron impresionadas y un poquito avergonzadas fueron Shizuka y Minako. Musuko dándoles lecciones de madurez, menos mal que era demasiado despistado para darse cuenta de que ellas no se hablaban por su culpa, sino, seguro que le decepcionarían.

-Seré bueno Musuko.- aceptó Taiyou, bajando el rostro como un niño avergonzado.

El americano en cambio, le miró con una sonrisa arrogante de triunfo, hasta que Aiko carraspeó y se encontró con su mirada de descontento.

-Eh, ah… quiero decir que… perdona Yagami, yo también me portaré bien.- se apresuró a decir, mirando de reojo a Ishida, y si ya le miraba con mejores ojos.

No hubo tiempo para más, entre la lluvia que cada vez caía con más intensidad apareció Kibou, pero no vino solo, lo hizo acompañado de su compañera, BlackGatomon.

-¡Primo!.- iba a correr hacia él Taiyou, pero Musuko que era el que más adelantado estaba junto con las dos chicas más mayores; Minako, que estaba delante de su hermano, y Shizuka, que se había colocado delante de Chikako y Makoto, le hizo una señal con el brazo para que parase.

-Espera, tengamos cautela.- explicó Shizuka, mirando a Kibou con desconfianza.

-Chicos, soy yo, no debéis temer nada.- habló el demonio digimon, utilizando la voz humana de su anfitrión.

-¿Y ese digimon?.- cuestionó Minako con suspicacia.

-Es Salamon, digievolucionó, ¿no os gusta?.- prosiguió Kibou con una sonrisa irónica.

-Kibou, soy Taiyou, tu primo.- se adelantó Yagami.

-No hace falta que te presentes stupid, si es tu primo te debería conocer.- recriminó Mike, poniendo de mal humor al hijo de Taichi.

-¡Cállate!, déjame hacerlo a mi manera.

-Taiyou, ya sé que eres mi primo, tranquilo.- interrumpió Kibou, mientras caminaba de un lado a otro como inspeccionando la zona y a los presentes.- ¿Y Tenshi?.- preguntó extrañado.

-Es verdad, ¿Dónde está mi primo?.- preguntó también Aiko, que ahora era consciente de que Takaishi no había aparecido.

-No sé, se supone que tenía que haber venido.- contestó Musuko, sin despegar la vista del supuesto Kibou.- ¡Kibou!, si de verdad eres tú, vuelve a casa, tus padres te perdonarán lo que hayas hecho.

El castaño sonrió con malicia, dedicándose a ignorar el comentario de Motomiya. Entonces, sacó su dispositivo oscuro del bolsillo.

-Decidme, ¿os gustaría que vuestros digimons digievolucionasen?

-¿Sabes como hacerlos digievolucionar?.- preguntó Osamu ilusionado, sacando también su dispositivo.

-Osamu cállate y quédate ahí.- ordenó Ichijouji mayor, empujando con el brazo para atrás a su hermanito.

-Pero, no sé si es buena idea provocar una digievolución.- apuntó Kido, provocando una carcajada en Kibou.

-Makoto tiene razón, según mi padre, pocas veces una digievolución provocada sale bien.- explicó Chikako.

-Es verdad, en teoría, Salamon debería haber digievolucionado a Gatomon y no a BlackGatomon.- continuó Osamu pensativo.

Kibou gruñó, estaba empezando a perder la paciencia con las deducciones y parloteo de esos niños, así que optó por dirigirse a los digimons.

-¿Y vosotros?, ¿queréis digievolucionar?

Los digimons no se movieron de donde estaban, cada uno delante de su compañero dispuestos a protegerles, la que respondió fue Ishida.

-Kibou, deja de hacer el tonto y ven con nosotros ahora mismo, tienes muy preocupados a tus padres y eso no está bien.

El demonio llevó la vista hacia esa persona tan insolente y de nuevo soltó una carcajada, está vez más espelúznate que la anterior.

-Eres más arrogante que tu padre.- dijo, pero ahora su tono de voz ya no fue la de un niño, sino la del demonio, infundiendo temor a todos.

Levantó su dispositivo y sin más tardanza, hizo que un haz de oscuridad saliese de él, envolviendo y penetrando en los digimons bebés que estaban ahí.

-¡Digievolucionad en la oscuridad!.- gritó de forma vil.

Los digimons gritaron, sus compañeros intentaron atraparlos, pero ya era demasiado tarde, la oscuridad estaba penetrando en ellos.

-¡Koromon!

-¡Chibimon!

Hasta 9 nombres de digimon procedentes de las infantiles voces de sus compañeros se escucharon, pero no pudieron hacer nada, tan solo resguardarse de la onda de energía oscura que sus respectivos digimons produjeron con su inducida digievolución.

-¿Koromon?.- preguntó Taiyou estupefacto, al ver delante suya un horrible SkullGreymon.

Pero Koromon no era el único que había digievolucionado a un tipo virus; Yokomon ahora era un Gigadromon, Minomon se había transformado en SkullScorpiomon, Bukamon a SkullBaluchimon, Chibimon a Orochimon, Poromon a Sandiramon, Motimon a Okuwamon, Upamon había tomado la forma de Tekkamon y Tanemon, ahora era un sanguinario WarMonzaemon.

Los niños quedaron sin palabras al contemplar a sus amados digimons transformados en horribles bestias tipo virus y lo peor es que todos estaban pendientes de la orden que les diese Kibou. El castaño, comenzó a levitar en su esfera oscura, acompañado de BlackGatomon y antes de perderse por el cielo, doy la orden.

-¡Destruidles!, ¡Destruid toda esta maldita ciudad!

Tenshi corría más veloz que nunca, pero para desgracia de sus compañeros no llegó al lugar de encuentro, porque en su camino se cruzó con el enemigo. Realmente Kibou, volaba a gran altura en su esfera y no vio a Takaishi, pero el rubio si que se percató de su presencia.

-Maldito.- masculló, cambiando de dirección.

-Tenshi, ¿es que no vamos con los demás?.- preguntó Tokomon apurado.

-Vamos a la Fuji, soy el único que puede detenerle.- sentenció el muchacho con decisión.

La lluvia se hizo más intensa y el cielo desapareció, lentamente una profunda niebla fue envolviendo la ciudad, al igual que pasase en el verano de 1999, Odaiba, quedó incomunicada.

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N/A: este capítulo junto con el próximo es la base de mi fic, lo primero que se formó en mi cabeza, de ahí fueron fluyendo las demás ideas. Supongo que entenderéis que la reencarnación de Myotismon en el cuerpo de Kibou es la continuación propiamente dicha de Digimon Adventure 2009, Myotismon muerde a Hikari, le deja parte de su alma y renacerá en su hijo.

Como siempre agradecer vuestros comentarios y observaciones, las cuales tomó siempre en cuenta para tratar de mejorar. ¡Muchas gracias!

Nada más de momento, merci!