CHASING SWANS
Los días prácticamente habían pasado en un parpadeo. Ya era viernes y Emma estaba calentando con sus compañeras de clase antes de comenzar una clase más de ballet. Todo el grupo estaba entusiasmado, pues las chicas sabían que Regina había trabajado las tardes del miércoles y jueves para centrarse en el tema del espectáculo de verano.
Incomodada con el silencio del aula, Emma caminó hasta la minicadena, puso una música agitada y sacó a Chelsea y a las otras chicas hacia el centro, haciéndolas bailar. En menos de un minuto, absolutamente todas las muchachas bailaban como locas sin seguir el ritmo mientras reían sin parar.
—¿Qué está pasando aquí?— cuando Regina entró en el aula, todas esperaban una reacción que diera miedo y una voz firme, pero se sorprendieron ante la sonrisa y una carcajada.
—¡Calentamiento!— exclamó Emma con una tímida sonrisa en el rostro, provocando que la profesora alzara su mirada hacia ella, devolviéndole la sonrisa.
—Vamos…Todas en fila— ordenó y todas obedecieron—Entonces…Creo que estáis esperando novedades—arqueó una ceja y las miró una a una —¿Queréis saber el tema, verdad?—todas asintieron —Sabéis que soy una mujer muy decidida, pero por primera vez en mi vida, he tenido dudas. Conversando con mi hijo, sugerí el tema de Blanca nieves. Estaría muy bien, sin embargo, solo existen dos personajes femeninos en esa película, la reina y Blanca. No creo que se os diera bien hacer de enanas— dijo con el ceño fruncido, y todas rieron —Y entonces, Henry, mi hijo, me dio una idea que me gustó mucho. Me sugirió El Lago de los Cisnes— automáticamente, su mirada se cruzó con la de Emma, que sintió un rubor en sus mejillas al ofrecerle una tímida sonrisa —Hay tres personajes principales. El príncipe, el cisne negro y Odete, el cisne blanco. Todas haréis algo, obviamente, pero como sabéis, siempre selecciono algunos alumnos para los papeles principales. Creo que todas ya habéis visto ese ballet, y su historia es muy bonita para ser representada.
—¿Señora Mills? Tengo una duda—Chelsea levantó la mano —¿Ya tiene alguna noción de quiénes va a interpretar esos personajes? Porque para ser el cisne negro es necesario tener trazos bien marcados o saber ser muy expresiva con el rostro. Creo que todas las chicas de aquí son muy delicadas para ese tipo de papel, y de esa manera no pueden pasar el mismo mensaje, ¿entiende?
—Sí, señorita Mason. He hablado de eso con mi hermana, y hemos llegado a la misma solución. Bien…¿Veis aquellas hojas pegadas en el espejo?—Regina señaló hacia unos papeles detrás de las chicas. Estaban colocados en forma de pirámide, y había casi la misma cantidad que alumnas en el aula—Con ellas sabréis vuestros papeles. Literalmente.
Regina caminó hacia el espejo, retirando la primera hoja que tapaba la foto de una de las alumnas. La base de la pirámide estaba compuesta por seis fotos, seis alumnas que interpretarían a las compañeras de Odete, el cisne blanco, como figurantes. Encima de la base había cuatro fotos, las compañeras del cisne negro—en donde estaba la foto de Chelsea, que sonrió entusiasmada.
El corazón de Emma saltó en su pecho al ver que su foto no estaba entre las chicas que se quedarían con los papeles sencillos, sin embargo intentaba contener su ansiedad, pues su pesimismo insistía en decirle que ella no había sido incluida en la pieza. La joven, así como todas las otras, miraban las últimas tres fotos que quedaban en lo alto de la pirámide.
—Y los papeles principales…—Regina retiró la primera foto, revelando la figura de un hombre —Este es David. Es mi amigo y estudió ballet conmigo. Como en este grupo no hay ningún hombre, él interpretará a nuestro príncipe—Regina rio de las miradas ansiosas que la observaban, y retiró la segunda hoja, revelando esta vez, su propia foto —Yo seré el cisne negro. Ya sabéis…Consigo ser muy mala cuando quiero—sonrió y se giró para mirar a Emma, que tenía los ojos brillando de tanta ansiedad —Y…Señorita Swan,—retiró la última hoja, exhibiendo una hermosa y adorable foto de la joven —Felicidades, Odete—puso una hermosa sonrisa que estremeció a Emma.
La rubia notó brazos alrededor de sus hombros, felicitándola, pero creía estar en las nubes al ver que iba a realizar aquel gran sueño.
—Entonces, es lo siguiente, os voy a resumir la pieza—Regina comenzó a hablar —Como ya sabéis, primero Odete entra como una chica normal, después la hechicera, en este caso, el cisne negro, la transforma en un cisne e intenta arrebatarle al príncipe, ¿ok? Sin embargo, Odete vuelve a ser una mujer normal, y después ella y la hechicera se baten en duelo. Obviamente, el mal pierde. Odete se queda con el príncipe y con todo lo que hay de bueno. Al final, habrá un baile general donde todos, hasta los cisnes del mal bailarán. ¿Entendido?—dijo entusiasmada dando una palmada —¡A ensayar, chicas! ¡El tiempo es oro! Todas en sus sitios.
Aún incrédula y con una sonrisa tonta en el rostro, Emma abandonó el aula cuando las clases acabaron y se dirigió al baño, donde se lavó la cara y las manos. A pesar de toda la felicidad, se sentía culpable por no haberle agradecido a Regina por el papel, y eso hizo que volviera al aula, donde encontró a la profesora sentada en el suelo revisando algunos papeles.
—Con permiso, señora Mills— llamó a la puerta, atrayendo la atención de la mujer, que sonrió débilmente al ver a la joven.
—¿Puedo ayudarla, señorita Swan?— preguntó suavemente volviendo a centrarse en los papeles. Emma caminó hasta la morena, se sentó a su lado y hurgó entre las hojas —¡Eh, no puede ver eso!— Regina la reprendió, escondiendo todo.
—¿Es el vestuario? ¿Lo está diseñando usted? ¿Puedo mirar?—Emma desorbitó los ojos con curiosidad y sonrió
—Sí, sí y no. Los trajes siempre son sorpresa, Swan. No puede verlo— dijo guardando todas las hojas en una carpeta —En fin, estoy segura de que no ha venido para hurgar entre mis cosas
—Oh, claro…— sonrió tímidamente al encarar los profundos ojos castaños —He venido a agradecerle. Ya es un gran honor estar estudiando aquí, así que conseguir uno de los papeles principales en mi primer espectáculo es…Es más que un honor, señora Mills. Ni puedo definirlo en una palabra. Muchas gracias de verdad. Significa mucho para mí.
—Emma, desde el día que pisó este sitio, se ha esforzado mucho. Aunque es un poco torpe y bastante parlanchina, es una buena bailarina y alumna también. Sabe y tiene deseos de aprender. Es delicada y sus pasos son ligeros y graciosos como nunca antes he visto. Sinceramente, no pude imaginar a otra persona en ese papel— la sonrisa en el rostro de la joven eran tan ancha que podían sentir dolor en sus mejillas. Regina estaba siendo sincera y amable y eso derretía su corazón —Y…Henry también me dijo que se enfadaría mucho si no le daba el papel— rieron —Ya sabe, por lo del apellido.
Emma rio moviendo la cabeza de un lado a otro, fijando la mirada brillante en un punto cualquier del aula.
—Es un pequeño maravilloso
—Bueno, y ese pequeño maravilloso tiene que ser recogido en la escuela— dijo levantándose y ofreciéndole la mano a Emma para ayudarla, quien aceptó.
—Sí…Dígale que le mandó un saludo, ¿ok? También tengo que correr. No puedo perder el autobús.
—¿Hoy no tiene el coche?— preguntó mientras se ponía el abrigo negro
—No. Oli está en el taller y no hay fecha prevista de entrega— dijo poniendo morritos
—¿Quién diablos es Oli?— frunció el ceño y miró a la rubia
—Ah…Es mi coche— respondió tímida pasándose la mano por la cara.
—¿Puso a su escarabajo…Oli?— preguntó Regina con la voz cargada de sarcasmo, controlándose para no echarse a reír —Vamos, Swan. La dejo en casa.
Regina salió desfilándose delante, y con una sonrisa tonta en el rostro, Emma la siguió a paso lento hacia el aparcamiento, donde se detuvieron frente al coche negro y lujoso. Cuando las puertas fueron desbloqueadas, la profesora le abrió y cerró la puerta a Swan, que agradeció con las mejillas coloradas.
—Petunia— dijo Emma cuando Regina entró en el coche y giró la llave.
—¿Qué?— preguntó sin entender
—Su coche. Tiene cara de llamarse Petunia— dijo con naturalidad, y Regina la miró con ganas de reír.
—Swan, yo no le pongo nombres a los coches. Y si lo hiciera, lo más seguro es que no lo llamaría Petunia— exclamó arrancando
—Bueno, yo lo llamaré Petunia— dijo en tono firme, haciendo que Regina revira los ojos ocultamente
La morena arrancó el coche y comenzó a conducir y un silencio se hizo en el ambiente. De vez en cuando, aprovechaba que Emma estaba distraída para mirarla de reojo. Su rostro de perfil era aún más hermoso. Sus trazos eran delicados y apacibles, al igual que sus pasos. Regina estaba segura de que podría pasarse un día entero trazando cada hermoso trazo de Emma, por pura admiración.
—Voy primero a buscar a Henry, y después la dejó en casa, ¿todo bien? Ya voy atrasada— dijo
—Sin problema. Me encantará verlo— respondió con una sonrisa pequeña.
Regina apartó la mirada de la carretera hacia la radio cuando vio la mano de la joven tocarla, cambiando la música baja y calmada que sonaba. La morena sonrió cuando vio la irritación estampada en el rostro de la joven porque no había conseguido encontrar una música de su interés.
—¿Esas canciones son de su pen drive?— preguntó frustrada y Regina asintió —Son muy malas. Petunia claramente no merece el gusto musical que tiene su dueña.
—Deje de referirse a mi coche como Petunia. Es usted muy descarada—pidió con un tono grave y firme, que hizo reír a Emma
—¿Puedo conectar el Bluetooth?— Regina asintió y Emma rápidamente lo hizo, poniendo la banda Kodaline, una de sus favoritas —¡Oh, sí! ¡Esto sí es buena música!— prácticamente deliró
Regina solo sonrió y continuó el trayecto, al llegar a destino estacionó frente a la escuela de Henry. "Espere aquí", dijo antes de bajar del coche. Emma observó de lejos a la mujer desfilando sobre sus altos zapatos, y estaba segura de que, a no ser por su baja estatura, sería una modelo de pasarela perfecta. Una sonrisa surgió en su rostro al ver que volvía al coche con Henry a su lado. El pequeño estaba entusiasmado, lo que dio a entender que su madre ya le había contado quién estaba en el coche.
—¡Emma!— Henry gritó alegre al entrar en el asiento de atrás y agarrar el cuello de la rubia.
—¡Chócala!— Levantó la mano con el puño cerrado para que Henry chocara el suyo —¿Has estudiado mucho?
—No, solo comí— confesó y automáticamente recibió una mirada de reprobación de la madre.
Mientras Henry iba contando lo que había pasado en su clase durante aquella semana, Regina y Emma reían sin parar en los asientos de delante. Aquel pequeño hacía reír a cualquiera. Las dos apreciaban el momento de esas carcajadas que ambas adoraban. Era un momento único que a los tres les encantaría repetir.
—Bueno, señorita Swan…— dijo Regina estacionando frente a la residencia de Emma —Entregada
—Muchas gracias Regi…Señora Mills— se corrigió rápidamente
—Puede llamarme Regina fuera de clase, Emma— dijo suavemente —Y…Me gustaron sus canciones
Sin darse cuenta, su mirada descendió hasta los labios carnosos y rojos que tenía delante.
—Gra…Gracias. Si quiere, puede dejarme el pen drive y se las colocó en él.
—¿Lo haría?— Emma asintió y Regina le dio el pequeño dispositivo —Gracias, Emma
—No hay de qué— sonrió tímidamente y volvió a mirar a Henry, que observaba atentamente a las dos mujeres desde el asiento de atrás —Ciao, pequeño— acarició el cabello del chico, que sonrió y depositó un beso en la mano de la joven —Gracias por traerme, Regina
Emma le dedicó una débil sonrisa a la mujer y se giró para abrir la puerta, sin embargo, antes de poder salir, sintió una mano fría en su hombro, haciendo que se girara de nuevo en su dirección —Emma…— dijo con voz débil y perdiéndose completamente en los ojos claros que tenía delante —¿Le gustaría venir a cenar a mi casa el sábado?— la invitó sin pensar —Ya sabe…Tenemos que ensayar nuestro duelo del espectáculo. El tiempo por las mañanas es demasiado corto para ensayar un baile solo nuestro y dejar a las otras chicas sin hacer nada. Y usted y yo somos los únicos personajes que tendrán un baile a solas.
Emma no se había parado a pensar que tendría un baile solo con Regina, y eso la intimidaba bastante.
—Vaya, mañana por la noche tengo un compromiso en la Iglesia. Yo…Soy profesora voluntaria, enseño a los niños y adolescentes que deben…Ya sabe, que deben guardarse hasta el matrimonio.
—¿Le gusta hacer eso?— preguntó suavemente mientras miraba profundamente sus ojos
—No— confesó —Nunca me ha gustado ir a la Iglesia ni participar en esas actividades. Solo lo hago porque mis padres me obligan, ¿entiende? Es decir, creo fielmente en Dios y puedo ver que ÉL me hace bien, pero…Se puede tener a Dios contigo y no ir a ninguna Iglesia o no practicar ninguna religión en concreto, ¿sabe? Si crees que ÉL está contigo, Él va a estar, independientemente de cualquier cosa. Algo que la Iglesia me ha enseñado y que llevo conmigo hasta hoy es que Dios nos ama a todos independientemente de nada más.
—¿Y ya ha intentado hablar con sus padres de eso?— preguntó apoyando la mano en el hombro de Emma
—Prefiero no perder mi tiempo. Sé que mientras viva debajo de su techo, solo me queda obedecer y estar callada— sonrió débilmente —En fin, todo este tema me deja mal, discúlpeme
—Oh, claro…No se preocupe— Regina se sentía feliz por poder haberle dado a Emma algo de confianza para poder abrirse.
—Bueno, una vez más, gracias, Regina. Hasta otro día, Henry— dio una última caricia a los cabellos del pequeño y una sincera sonrisa a la mujer que solo asintió con la cabeza.
Desde dentro del coche, observaron a Emma caminando hacia su casa y Regina arrancó en cuanto la vio entrar por la puerta.
—¡Próxima parada, casa! Tengo mucho que resolver.
—Mamá, ¿ella te gusta?— preguntó Henry con inocencia, haciendo que Regina frunciera el ceño
—¿Emma?— el pequeño asintió —Es una buena alumna, bailarina y una mujer especial, querido.
—No, mamá. La tratas diferente— dijo despreocupado
—Hum…Hey, ¿qué te parece si hacemos un pastel para merendar? Te dejo que introduzcas los ingredientes y que incluso lamas la cuchara— cambió de tema rápidamente y pudo ver cómo aparecía una sonrisa en el rostro de su hijo.
—¿Chocolate?— preguntó entusiasmado
—Sí, chocolate— respondió con una sonrisa abierta en el rostro.
En su habitación, Emma revisaba los pasos que había aprendido en el baile grupal. Era una tarde fría, lo que le permitía tener en los pies calcetines, diferente en ambos pies, pantuflas y una blusa muy grande y cómoda que le había quitado a su hermano. Ya les había contado a sus padres lo del papel principal, estos la felicitaron y aparentemente estaban felices—bueno, George no tanto, únicamente dijo que solo era su obligación.
—¿Emma?— Killian apareció en la puerta del cuarto de Swan, que saltó del susto y dejó de bailar inmediatamente al ver al hombre —Estás bien elegante— se burló al ver la ropa que vestía
Emma se sonrojó y rio
—Gracias— dijo en broma —¿Qué estás haciendo aquí?
—Me encontré a tu madre a la vuelta del super llena de bolsas y me ofrecí a ayudarla, y entonces me dijo que podía subir a verte— sonrió tímidamente y entró en la habitación.
—No sé si a mi padre le gustará la idea de que haya un hombre que no sea él o mi hermano en mi cuarto— bromeó
Killian se sentó en el borde de la cama y pasó la punta de los dedos por la caja de música que le había regalado a Emma en su decimo sexto cumpleaños. Era una pareja de bailarines que bailaban juntos cuando se les daba cuerda.
—No sabía que aún tenías esto— dijo dando cuerda al objeto
Emma se sentó a su lado y junto a él admiró la caja que tanto le gustaba.
—Me gusta. La música me encanta, es tan delicada.
—¿Cómo te va en la RADC, Emma?— RADC eran las siglas de de Red Apple Dance Company.
—Mejor de lo que hubiera imaginado. He sido seleccionada para el papel principal del espectáculo, las clases son muy buenas, he hecho una amiga, mi profesora es…Increíble. En serio, Killian, deberías conocerla. Es tan…No sé explicarlo. A veces es intimidante, puede parecer borde, pero…Es una persona muy buena.
—Nunca te he visto hablar de alguien con tanta admiración— comentó —Estoy feliz por ti.
—Gracias—dijo apoyando su cabeza en el hombro del amigo, que respiró hondo y llevó su mano hasta el cabello dorado, acariciándolo.
—Parece que tu madre está haciendo café…¿Vamos a la cocina?
—Claro— sonriendo se levantó y salió del cuarto con Killian.
Ante un plato que contenía un generoso trozo del pastel de chocolate que con anterioridad había preparado con Henry, Regina trabajaba en los detalles finales de las ropas del gran espectáculo. Los papeles están desperdigados por la mesa y estaba segura de que podría extraviar su móvil entre ellos. Sus manos ya no respondían más y su mente estaba en otro lugar. Al notar frío, aumentó la temperatura de la calefacción para calentar lo máximo posible el ambiente.
Al volver a la mesa, miró el portarretratos que tenía delante, una foto de ella, Henry y Robin en uno de los viajes a Disneylandia. Tras respirar hondo y arquear una ceja, buscó una caja de fotos, y encontró una también de Disneylandia, pero en la que solo estaban ella, Zelena, Cora y Henry abrazados frente al grande y famoso castillo de Magic Kingdom. Quitó la foto del portarretratos y rápidamente la sustituyó por la otra, y se sintió más satisfecha y feliz.
Desde la ventaba de su escritorio, divisó su coche aparcado en el garaje, e inmediatamente le vino a la mente el nombre de Petunia. Sonrió al recordar a Emma y el nuevo mote para su Porsche. Regina se sentía tan pequeña cerca de Emma. La inteligencia y la educación de aquella muchacha la dejaba tonta, y estaba segura de que podría quedarse un día entero solo escuchándola hablar de su vida, e incluso así, no se cansaría. Le gustaba la manera en cómo trataba a Henry, sus gestos delicados y tímidos y incluso de esa manera torpe de ser.
Esa noche, Regina caminó hasta la sala de estar, dio fuego a la chimenea y se echó en el sofá, con la compañía de Lola, su perra, y una taza del mejor vino de su bodega. Sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo al llevarse a la boca el primer sorbo del líquido, a fin de cuentas, ya hacía cierto tiempo que no bebía vino.
Se quedó dormida allí mismo, en el sofá, cubierta por una manta bordada a mano por su madre y al lado de Lola, que también se quedó dormida.
En sus sueños tuvo las visitas más inusitadas, incluyendo a Emma. La tan graciosa, amable y torpe mujer que había sido la responsable de sus mayores sonrisas en los últimos días, y apenas sin darse cuenta.
Let's waste time chasing cars
Around our heads
I need your grace
To remind me, to find my own
If I lay here, if I just lay here
Would you lie with me
And just forget the world?
