Muchas gracias a quienes continuaron el fic; dieron favoritos, alertas o comentaron.


Olvidar

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Cuando Kurt despierta tarda en darse cuenta donde está.

Es una superficie rígida, resistente y estable. Que le envuelve en una circunferencia plástica. Un tubo. Desorientado se arrastra a la salida donde puede ver un poco de luz.

Es un tubo parte de los juegos tradicionales de un parque infantil, recuerda haber pasado varias tardes recorriendo ese mismo lugar, hace muchos años. Cuando falleció su madre él dejó de visitarlo.

Se quita de los hombros el cobertor con el que estaba tapado. La luz ligera del amanecer lastima sus pupilas. Su casa se encuentra a diez minutos de allí a pie. Pero sabe que no puede regresar allí. No al saber que nadie está para esperarle. Para cuidar de él y amarle.

Se acurruca en una banca de madera que está a unos metros de allí, con el tejido muy pegado a su rostro, llenándose de su olor.

Una patrulla le encuentra una hora después.

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Rachel Berry se encuentra sentada frente a él.

Mira fijamente el rostro de Kurt, como en espera de lo inevitable: un aparatoso quiebre. Pero su rostro lloroso y voz congestionada solo crispa los nervios del joven. Él no le mira mientras hace círculos con su dedo índice en su muñeca. Círculo tras otro en una caricia constante.

Es curioso e incluso un poco irónico la forma en la que fue encontrado, a unas cuadras de su casa, con todas las pertenencias, -cartera, celular con batería completamente cargada, llaves del auto y casa- con la misma ropa que llevaba el día de su desaparición.

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Lleva una semana en la casa de la familia Berry. Han sido demasiado amables sus padres, e incluso le han conseguido terapia. Pero él sabe que no es eso lo que necesita. Después de unos días las caricias a su muñeca han cambiado por ser sus uñas, rasgando piel en un intento de calmar el dolor y las ansias de no tenerle a su lado.

No hace ninguna denuncia.

Él espera por las tardes, por las noches y mañanas.

Pero lo que anhela nunca llega.

El terapeuta dice que tiene lentamente que reintegrarse a lo que hacía antes.

Rachel le obliga ir por un café. No es Lima Bean, es uno de la conocida y común franquicia en el país.

Hummel mira aburrido por la ventana: la cara de los paseantes en el concurrido centro comercial. Suspira y lleva su mano a su muñeca, presión en esa parte de su piel hasta sentir la gratificación del dolor.

Padres tomados de la mano de sus niños pequeños, un par de parejas que discuten, varios grupos de amigas que cargan grandes bolsas de compras y él...

Kurt jadea, Rachel preocupada voltea a cada lada buscando el responsable.

— ¿Rach, podrías traerme otro café? éste se ha enfriado...— ella asiente sin apartar la vista de su rostro hasta que llega a la kilométrica fila para ordenar.

Sale disparado tras la espalda que ha visto tantas veces. Los pocos minutos que perdió en la cafetería le han dejado demasiado atrás. Se esfuerza como nunca, hasta que sus piernas y pulmones arden y duelen.

Él se encuentra en una tienda de discos, mirando detenidamente una enorme estantería multicolor.

— ¡Hey!— Kurt se pega a su cuerpo, abrazándose a él. El sujeto le aparta espantado.

— ¿Qué tramas, demente?— No es él. La voz, no es la indicada.

—Yo... lo siento. Me equivoque de persona. — Se aleja antes de que llegue la desolación, y duela demasiado.

—Eres el chico secuestrado…

—Tengo que irme.

No corre tan rápido como en la primera ocasión, pero no por ello. No significa que desee dejar todo atrás.

Rachel le mira enojada por dos días.

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Después de tres meses y de una supuesta mejoría.

Tiene la oportunidad y el valor de regresar a Lima Bean.

Entra y se sienta en la mesa de siempre. Por algún desconocido motivo han cambiado casi toda la plantilla laboral, nadie le conoce de antes, de cuando lo visitaba a diario.

Por otro misterio se siente cómodo allí, como si lo relacionara a algo.

Vuelva a hacerse de la antigua ruta. Ha regresado a la escuela, perdió el año; pero de las penas anteriores esa es la más ligera.

Escuela, terapia, café, soledad, silencio.

Ha regresado a su casa. No puede dormir en ninguna habitación. El olor a guardado le hizo llorar por una semana completa la primera vez que entró a la casa. Ha dejado todo igual, incluso la revista de recetas de cocina en la mesilla auxiliar de la sala, el cuarto desarreglado de Finn y las mudas de ropa descartada que acumulan polvo en la habitación principal.

Duerme en el sillón de la sala, y solo utiliza el cuarto de baño de la habitación de invitados. Ha trasladado las pocas pertenencias que ocupa allí...

Ha dejado casi todo atrás: sus dietas saludables, sus tiempos de cuidado de la piel, incluso de combinar lo que usa. No habla con nadie, sus anteriores amigos se han graduado y a él poco le importa relacionarse con los alumnos de su curso.

Se siente como un cactus obligado a estar en invernadero lleno de flores y mariposas. Se encuentra apartado, no le gusta su alrededor, no está lo que el necesita. Su sol ardiente.

Es un martes cuando finalmente ocurre. Se encuentra en la fila del supermercado más alejado a su casa que existe en Lima; con una canasta llena de baritas de cereal, jugo de manzana y café cuando le ve.

Es un joven casi de su edad, camina despreocupadamente mientras tararea algo. Con las manos ocultas en los bolsillos delanteros de su sudadera gris.

Sus irritados ojos -por la falta de sueño- se amplían como faroles de coche. Abandona a la carrera sus productos, empuja a tres mujeres, un niño y un cajero para salir de la fila. Él no se da cuenta de un tornado le sigue. Al parecer la música en los auriculares es demasiado estridente.

Entra a un baño, se lava las manos con lenta eficiencia. Pero es mentira, todo es un montaje. Él no iba de compras. Solo quería verle. Kurt entra cayendo al mismo lugar donde el otro aguarda.

De espalda a la puerta, frente al espejo, observando su reflejo y la entrada accidentada.

—Hola, Princesa. Tanto tiempo sin vernos. — Hummel se aproxima a él. Le toca el hombro lentamente, mirando los ojos verdes y alegres de Sebastian mediante el cristal. Tiene miedo que se trate de darle la vuelta, obligarle a verle y que se trate de una mentira, una alucinación de su fracturada mente.

El jadea cuando el mayor se voltea él mismo y le observa.

— ¿Por qué lo hizo?— Escupe cada palabra, estas que ha guardado impacientes en su mente por tanto tiempo.

— Ya era justo, fuiste demasiado.

—Pero él...— Le hace callar cuando alza la mano derecha. Espera tres segundos, y se ríe. Con una carcajada tan profunda que es posible que su pecho duela después.

—Solo olvídalo.

Sebastian emprende el camino hacia la puerta, Kurt no puede moverse.

Olvídalo, olvídalo, olvídalo...

No lo puede hacer.

o.O.o

Pasan dos años.

Se encuentra estudiando en Nueva York, vive en un departamento del tamaño de una alacena. Nada ha cambiado. No está mejor, tampoco peor.

Solo sobrevive, lo justo, lo necesario...

Es en vacaciones de diciembre, que es arrastrado por una sonriente Rachel a su fiesta de compromiso. Hummel se arma de valor. E impone su presencia en Lima.

Al bajarse del avión lo primero que hace es ir al antiguo café que visitó toda las tardes. Aun con la mochila al hombro, y el entumecimiento de las horas de viaje. No importa, solo por estar sentado frente a la ventana. En su antiguo lugar, en el lugar de siempre. Al lado derecho se sentaría Rachel y al izquierda Mercedes, quizá se uniera ese día, la asiática en el mismo sillón alargado que la primera.

—Sé que estás ahí. — Sheep aguarda que continúe el castaño. No pudo controlar su impulso y ha tenido que verle con sus propios ojos. Duele tanto no estar con él. Como mil pinchazos de agujas hirvientes.

—Pero no sé— Su voz se quiebra, encoge los hombros antes de continuar. — pero no sé, porque yo no estoy aquí contigo.

—Me abandonaste. — Su voz se controla y al igual que su respiración. — Dijiste que me amabas y me dejaste.

—Kurt...—El escuchar su nombre ser susurrado por esos labios es lo más placentero que ha tenido en años.

Niega lentamente. Voltea su cuerpo antes de contestar. — Aun hay solución.

o.O.o

Es un muy frío febrero. Y muchas cosas han quedado atrás; Nueva York, apatía y tristeza.

Un cambio drástico y deseado por tanto tiempo, y varias personas. La habitación esta caldeada por el horno encendido y las hornillas de la estufa que calientan distintos recipientes.

Kurt le pide a su acompañante que ponga los tres lugares de la pequeña y redonda mesa del comedor. El castaño regresa a la cocina mientras termina de acomodar los arándanos de la ensalada y mira por la ventana como Sebastian termina de mover la nieve de sus rosas.

Sheep se acerca a él, y le abraza por la espalda, lo mece en un vals improvisado. Kurt ríe ante el ambiente festivo. Mientras el menor toma su rostro entre sus manos. Pulgares acariciando sus mejillas. Y con fervor le dice: — Te amo tanto.

— Y yo a ti, Blaine.

Hay cosas que no duran, que son lentamente derrotadas u olvidadas. Mientras que otras pocas, superan su naturaleza, creciendo como una plaga insana. Así, de ese tipo es su amor.

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Bueno, este es su último cap.

Gracias a Candy Criss, Gabriela Cruz, Raainnbow, tammy22 y BlackBird (Bienvenido, no causas ningún conflicto) :)

Ya sabían quien era Sheep :)

Besos, nos leemos pronto.