Damn I'm sorry

Sin duda no tengo excusa por el largo pero largo hiatus que los hice pasar. Debo decir que gran parte del bloqueo que he estado sufriendo fue por la última temporada de Castle que no fue la verdad la mejor de todas y obviamente por el final que a pesar de que en un principio llegué a amar después recapacité y la verdad hay algo faltante que estrujó mi corazón fangirl.

Además de que en agosto del año pasado empecé mi carrera universitaria y he estado ocupada y envuelta en cosas distintas.

Gracias a todas esas personas que se preocuparon por esta historia y que mandaron sus ánimos para que continuara. Si siguen aquí

Disfruten!


Capítulo VI

Sabía que estaba nervioso por la manera en la que su pierna temblaba al estar sentado, o porque miraba el reloj cada minuto en espera de que el tiempo pasara un poco más rápido; o quizá porque recorría cada sección del piso del loft observando con falsa atención los objetos que siempre habían estado ahí. Sabía que estaba nervioso porque sus manos no dejaban de sudar y porque su ritmo cardiaco estaba más acelerado de lo normal.

Sabía que estaba nervioso porque no podía ser de otra manera.

—Rick, ya basta. Me estás volviendo loca —le riñó Kate desde su posición en la barra americana, con su taza de café en la mano derecha y con la izquierda sosteniendo el periódico correspondiente a esa mañana.

—Tu madre está a punto de llegar y tú estás ahí tan tranquila —señaló él deteniéndose a mitad del living unos segundos solo para proseguir con su camino por el apartamento. Ni siquiera sabía el porqué de tanta ansiedad. Solo era una comida con su suegra, eso no debería espantarlo. Pero había un detalle:

Su suegra era la Duquesa de Cambridge.

Desde que Beckett le anunció la pronta visita no había podido dejar ir la idea de que quizá no le agradara a la hasta ese momento desconocida Johanna Beckett. Lo carcomía la idea de que no fuese suficiente para la Princesa Katherine… no recordaba el largo nombre completo de la mujer a la que llevaba tratando desde hacía bastantes años y con la cual estaba casado. Concluyó que era un nombre demasiado complicado para aprenderlo de la noche a la mañana.

—Castle, es mi madre. No va a comerte —dijo Kate rodando los ojos ante tanta ansiedad de parte de su esposo. Llevaba toda la mañana viéndolo con esa actitud infantil y nerviosa que creí innecesaria. Desde que se levantó no había habido tregua para las constantes preguntas de "¿crees que esto debería ponerme?", "¿qué puedo preparar para comer?", "¿y si mandamos limpiar el loft?" y estaba comenzando a perder los estribos.

—Duh, es una Duquesa. Pero qué tal si no le agrado —Beckett dejó la taza y el periódico sobre la mesa y saltó del banco bruscamente para dirigirse hacia Castle, quien había puesto su atención en otro de los adornos del loft y lo observaba como s fuera la cosa más importante del mundo.

—Hey, mírame —indicó tomándolo de las mejillas para obligarlo a enfocar su vista en ella, a lo que Castle contestó con un sobresalto. Beckett pegó su cuerpo lo más que pudo al del escritor y sonrió para tratar de infundirle algo de confianza y que él se diera cuenta de que sus palabras eran sinceras—. Todo estará bien. Ella te amará, ya lo verás.

— ¿Tú crees? —preguntó él con una mezcla de duda en la voz, mirándola con esos ojos de cachorrito que se habían convertido pronto en el punto débil de la capitana desde hacía bastante tiempo ya.

—Estoy completamente segura —afirmó besándolo rápidamente en los labios justo en el momento en el que el timbre del loft sonó, evidenciando lo inminente. La llegada de la Duquesa y la Princesa de Cambridge.

Castle tomó una de las manos de Kate y la apretó entre la suya buscando seguridad y tranquilidad. Kate, sin borrar su sonrisa, deshizo el agarre de sus manos y se dirigió a la puerta para abrir y darle la bienvenida a su madre y hermana. Tomó aire antes de hacerlo, viéndose a sí misma tentativa e insegura. Por un momento pudo entender esa incertidumbre que albergaba Castle en su mente pero trató de hacerla a un lado cerrando los ojos al girar el pomo.

La primera en entrar fue Blaire, abrazando efusivamente a su hermana del cuello, tan fuerte que Kate casi se queda sin aire. La chica castaña, casi pelirroja, llevaba puesto un elegante vestido amarillo que resaltaba una personalidad alegre y ligera. Bastante afable y llena de vida desde la perspectiva de Castle quien observaba curioso al otro lado de la habitación.

Beckett sonrió a pesar del lejanamente conocido gesto que pocas veces había aceptado. Blaire siempre disfrutaba de los demostrativos actos de cariño y entusiasmo, mientras que su hermana era más reservada y distante.

La situación ameritaba, sin duda, que Beckett sucumbiera ante tal acto. Tenía bastantes años sin ver ni hablar con su hermana, quien siempre la había apoyado en su radical decisión de mudarse a Estados Unidos en busca de independencia. Era una chica adorable, bastante directa y clara pero con un sentido excepcional de la prudencia. Beckett no dudaba que llegaría a ser una gran Duquesa algún día, mucho mejor de lo que muchos llegaban a creer.

—Oh dios, Katie. No puedo creer que estemos aquí. De verdad creí que jamás te vería de nuevo —confesó la joven dirigiéndose al interior del loft y observando todo justo como Johanna había hecho en su primera visita. La curiosidad solemne parecía formar parte de las Becketts.

La Duquesa entró después abrazando fugazmente a su hija y siguiendo a la más joven dentro. Gregory siguió su anterior rutina al hacer una breve reverencia y ponerse de pie junto a la puerta en espera del término de la vista. Kate cerró la entrada y caminó hasta posarse a lado de Castle y tomarlo del brazo. Esto pareció traerlo de vuelta a la realidad desde sus pensamientos y lo demostró con un pequeño salto de sorpresa.

Ambas invitadas lo observaron con curiosidad y él sintió sus palabras desvanecerse en sus labios. Oh mierda. El gran escritor Richard Castle no tenía ni idea de qué decirle a las mujeres que seguían con su vista fija en él. Oh no, sentía que iba a vomitar. Afortunadamente Kate notó la tensión en sus músculos y decidió tomar las riendas del asunto.

—Madre, Blaire… él es Rick Castle, mi esposo —anunció apretando el brazo de Castle para que él dijera o hiciera algo. Lo que sea.

Y lo hizo.

Las horas que se la pasó leyendo acerca de las tradiciones de la familia Real volvieron a su cerebro como un rayo y pronto se iluminó su cara con una formal sonrisa al hacer una ligera reverencia para cada una de las mujeres. Ambas sonrieron, una más abiertamente que la otra.

—Es un placer conocerla Duquesa. Princesa —Dijo volviéndose a incorporar y soltando el aire que llevaba contenido en los pulmones. No ha sido tan difícil. Pero Blaire se acercó un par de pasos a él y estrechó su mano haciéndolo tensarse de nuevo. ¿Acaso había perdido algún paso?

—Oh Rick, no es necesaria tanta formalidad. Somos familia, ¿no? —él asintió—. Así que anda, danos un abrazo—. Castle observó de reojo a Kate, quien se mantenía de pie junto a él con una enorme sonrisa en el rostro, y supo que quizá no le había ido tan mal. Pronto sintió los brazos de la joven y soltó una gutural carcajada.

Blaire lo soltó dando un paso atrás para dejarle espacio a Johanna de que repitiera el gesto, pero la mujer se conformó con estrechar la mano del escritor y sonreír con algo que Kate notó como falsedad.

La alegría momentánea que había sentido al ver el natural primer encuentro de su familia y su esposo se desvaneció en el aire al percibir el toque de acidez en la muy bien disimulada sonrisa de Johanna. Si bien ni Castle ni Blaire pudieron darse cuenta, Kate no tuvo que analizarlo para identificar los sentimientos ocultos tras los gestos de la Duquesa. Oh Beckett conocía más que bien a su madre y detalles como esos no se le escapaban.

Tuvo un fuerte impulso de proteger a Rick de la negatividad que el aura de Johanna podía influir sobre él. En un intento por llenar ese impulso, tomó el brazo de Castle de nuevo, apretándolo a su cuerpo y lanzándole una mirada de advertencia a su madre.

¿Cómo se había dirigido su madre de Castle el día anterior? Un esposo asombroso. ¡Já! Qué manera de hacerla debilitar su fortaleza, qué vil mentira y palabrería. Johanna Beckett jamás aceptaría a su esposo por el simple hecho que acaba de cerrarle las puertas de un privilegio que si hubiese querido podría recobrar. Ser la siguiente Duquesa.

El matrimonio con Rick acabó con esa minimalista posibilidad de una regresión en la consciencia de la renegada Princesa que la podría llevar de nuevo a la cuna de un país al que alguna vez perteneció. Cualquier matrimonio de alianza y probabilidad de Johanna de hacer entrar razón a su hija se habían esfumado por culpa del escritor quien sonreía con inocencia de la cual Kate se sintió culpable.

Acariciando con el pulgar el anillo de matrimonio que reposaba en su dedo anular, sonriendo con la misma acidez para su madre sin soltar en ningún momento el brazo de Rick ofreció a todos pasar a la sala a tomar un poco de té.

Johanna la observó con escrutinio pero asintió sin creerse aún derrotada.


¿Cuánto volveré a escribir? I don't know.

Este capítulo ha sido un milagro por sí solo pero espero no tardarme casi el año como lo he hecho esta vez. Ténganme paciencia y por favor dejen sus muy amados reviews.

*Grace*