I'm back!

Muchas gracias por las reviews y por los nuevos lectores de esta historia. Me alegra que os guste.

Sin más dilación, aquí os dejo el nuevo capítulo ;)


Se rascó la cabeza a la vez que recitaba en orden cronológico la historia y sus hechos, mencionando con seguridad los años y los autores que eran protagonistas en ese tema. Con habilidad, cogió su subrayador amarillo y lo hizo girar entre sus dedos. Aun repasando en voz alta, se aventuró a levantarse de la silla y estiró los músculos de su espalda engarrotada. Empezó también a andar, aunque fuera en círculos, por su cuarto a medida que recordaba todo lo que había estudiado esa tarde.

Había acabado su entrenamiento de lacrosse e inmediatamente, cegado por su responsabilidad, fue directo a su casa para poder estudiar. Su vida era estudiar, el equipo de lacrosse y escribir. Estaba en un curso delicado, un curso que influenciaría mucho en su futuro y por eso, Richard estaba más insistente que nunca estudiando para el bombardeo de exámenes que ya empezaba a sufrir.

Al acabar de repasar, totalmente satisfecho y orgulloso de sí mismo por avanzar tanto y quedarse con todo lo estudiado en una tarde, bajó a la cocina para poder servirse un poco de batido de chocolate. Un capricho que se daba de vez en cuando al estudiar. Justo cuando saboreaba ese líquido de chocolate tan refrescante escuchó la puerta de su casa abrirse. Se asomó al pasillo y observó con detenimiento a su madre entrar con bastante torpeza. Giró la cabeza para poder echar un vistazo rápido al reloj que se hallaba encima del horno y divisó las 19:50 pasadas.

-Hola, cariño. – le saludó alegremente su madre.

En seguida, Richard retrocedió la cara cuando sus fosas nasales se inundaron con el olor fuerte y familiar a alcohol. Le dedicó un gesto con la cabeza y retrocedió del todo para dejar su vaso de batido en el fregadero. Cuando se dio la vuelta para observarla con detenimiento, la encontró inclinándose y haciendo un intento de ponerse de puntillas para alcanzar una copa. Richard adivinó sus intenciones y se puso detrás de ella.

-Mamá, ¿estás bien?

-Sí, claro – soltó una risita y se dio la vuelta para mirarlo. - ¿En qué momento creciste tanto, Richard? – le cogió del moflete y ante tal aproximidad, su hijo pudo ver en sus ojos destellos rojos y un leve hinchazón en sus párpados. - ¿Por qué no me ayudas y me coges una copa? Eres más alto que yo y llegas con menos dificultad. – se giró, intentando llegar de nuevo al armario cuando Richard la cogió del brazo que alzaba.

-Mamá – al ver que no respondía, hizo un poco de fuerza y la giró. - ¿Qué está pasando? ¿Qué me estás ocultando?

-No ocurre nada, Richard. ¡Ya veo que no me quieres ayudar! – se deshizo bruscamente de su agarre y se dispuso a abandonar la cocina, con la idea de agarrar las botellas de vino que tenían en la vinoteca en el salón de estar, pero Richard la volvió a coger.

-Apestas a alcohol, joder. ¿Te crees que no me doy cuenta de que llevas días llegando tarde a casa y enseguida te pones a beber? – tiró de ella y la sentó en una de las sillas que tenían en la cocina. - ¿Qué cojones está pasando?

Martha le sostuvo la mirada. Fijó su mirada en los iris azules de su hijo, totalmente idénticos a los de ella, pero con pinceladas oscuras que le recordaban a su padre y suspiró. De pronto sentía que se ahogaba. El día en el que se enteró que su aventura y diversión de una noche le dejó las consecuencias de quedarse embarazada contempló la idea de abortar, pero por suerte cambió de idea gracias a sus padres. Sí, la idea de ser madre soltera le aterraba y dieciocho años más tarde, le seguía aterrando. Pero viendo cómo su hijo había crecido y con todos los momentos que le había regalado como su primera palabra "mamá", sus primeros pasos, su primera caída… se odió a sí misma por pensar en la idea de abortar y se juró así misma que haría todo lo posible por no hacer que Richard sufriera. Y eso ya no lo podía cumplir más.

-Eh, tranquila.

Martha no pudo soportarlo más y rompió a llorar. Richard se sentó a su lado, preocupado. Su madre no solía mostrarle sus emociones y verla llorando hacía que su corazón se paralizase por momentos, empatizando con ella en el dolor.

-Lo siento… - sollozó, escondiendo su cara entre sus manos.

-Mamá… - Richard le agarró las manos y se las separó de la cara.

-Richard… te mentí –él la miró sin entender. – No estoy en ninguna obra de teatro. Hace tiempo que no estoy en ninguna.

Richard aguantó la respiración, sus sospechas eran ciertas. Se levantó como un resorte y empezó andar vueltas por la cocina.

-¿Qué…? ¿Entonces dónde te ibas todos los días?

Se odiaba por su instinto y por tener razón. Sospechaba que su madre llevaba meses sin trabajar porque nunca le contaba nada sobre su nueva obra. Un sentimiento de rabia recorría todo su cuerpo.

-Daba vueltas por la ciudad, intentado buscar trabajo…

-Pero… pero, ¿Cuándo llegabas tarde?

-No encontraba nada, me desanimaba y decidía ir al bar…

«Y todos sabemos cómo acaba eso», pensó con el ceño fruncido.

Richard paró en seco cuando su madre hipó, amenazando con volver a estallar en lágrimas. Delante suya vio cómo su madre se derrumbaba al no poder aguantar más el peso del secreto sobre sus hombros. Cogió un paquete de pañuelos y se volvió a sentar con ella, dejándole el paquete a su alcance.

-¿Por qué no me lo dijiste? – cogió aire y lo expulsó lentamente, tratando de tranquilizarse. Era consciente de que su madre no tenía la culpa en encontrar trabajo, pero no podía evitar enfadarse al sentirse engañado.

-Porque… no quería que te afectara toda esta situación… Tú deber es centrarte en tus estudios y disfrutar de tu adolescencia mientras yo trato de conseguir que tu cumplas lo tuyo…

-Pero mamá…

-Richard, estamos en bancarrota. Si no encuentro trabajo en dos meses podríamos vivir en la calle. Debo tres meses de pagos y no creo que pueda esquivarlos más…

-¿Qué?

-Nos van a echar porque no puedo pagar la casa.

-No… no puede ser. – volvió a llorar y Richard aguantó su compostura.

Si su madre era en esta ocasión la débil, él tenía que ser el fuerte.

-No siempre se gana… - dijo con delicadeza, posando una mano sobre su hombro. Cuando su madre alzó la mirada para verlo, ambos sonrieron recordando la frase que la abuela de Rick, la madre de Martha, siempre decía.

-…pero siempre nos la podemos ingeniar para salir airosos del problema – completó ella y Richard le secó las lágrimas con delicadeza con una sonrisa en la boca.

-Saldremos de ésta. Puedo – carraspeó nervioso y con precaución para no quebrarse la voz – puedo apuntarme a concursos de relatos donde premien con una buena bonificación de dinero. Sabes que suelo ganar. También puedo volver a dar clases particulares para sacar más dinero. Incluso si hace falta me puedo meter a jardinero.

Martha alzó una mano.

-Tu trabajo es estudiar. Este curso es bastante importante. No voy a permitir que salgas perjudicado por ayudar en nuestra economía. Y no me voy a rendir. No pararé hasta que encuentre trabajo, aunque sea de niñera.

Ambos rieron, sabían perfectamente que no tenía paciencia para cuidar niños, pero ese comentario provocó que con sus risas liberaran tensiones y preocupaciones.

-Cuéntame tu día – dijo, tras haberlo abrazado con fuerza.

-Examen, entrenamiento y estudiar.

-Es viernes, ¿y te pones a estudiar?

Richard se encogió de hombros.

-Mañana tengo partido, se me va la tarde y el examen es el lunes. No tengo tiempo que perder. Uno tiene su planificación.

Matha sonrió ante la explicación de su hijo.

-De todas las sorpresas que me he llevado en la vida, tú has sido lo mejor – dijo, acariciándole el pelo. - Pero prepárate para esa fiesta de tu amigo Bobby y no vuelvas hasta que sean mínimo las tres de la mañana. Haz algo que parezca que pruebe que eres hijo mío.

Richard sonrió ante la ocurrencia de su madre y subió escaleras arriba para prepararse.


Kevin Ryan aparcó el viejo coche de su padre. Tras asegurar que había cerrado bien el coche, insistiendo en intentar abrir la puerta de piloto, se guardó la llave en el bolsillo y anduvo hasta la casa que en ese barrio de los suburbios de Nueva York era la responsable de tanto ruido y gritos de jóvenes divirtiéndose. Localizar la fiesta no era difícil, en el principio de la calle ya se veían las luces del patio que sobresalían, al igual que al aproximarse un poco más, una estruenda música resonaba dándote la bienvenida.

Kevin se situó en la entrada en la casa y enseguida vio cómo Kate, que estaba dentro de la casa, al verle, dejaba su vaso de cubata y salía a recibirle.

-¡Ryan! – le saludó bastante alegre, probablemente afectada por el alcohol.

-Hola, Beckett – sonrió, devolviéndole el saludo mencionando su apellido. – Te veo muy feliz, ¿cuántos cubatas llevas?

-Eh, sólo llevo uno. Pero Bobby me lo ha cargado muchísimo, maldito cabrón – soltó una carcajada limpia y miró a su nuevo amigo. - ¡Qué guapo estás! – Dijo, tras observar cómo se había puesto un polo azul cielo, resaltando y combinando con el color de sus ojos – Me hiciste caso – sonrió dándole un golpe amistoso en el pecho, indicándole la indumentaria.

-¿Tú crees que estoy bien? – Preguntó nervioso – Las fiestas de Bobby siempre incluyen piscina pero como me dijiste que Jenny venía decidí no ponerme el bañador. Quiero decir, yo la quiero conquistar con mi forma de ser, no…

Kate paró la velocidad del chico que tenía al hablar, señalando con el pulgar detrás de ella, disimuladamente. O eso intentó, pero ella misma se dio cuenta de su brusquedad al señalar y se rio.

-La he dejado allí bebiendo, pero le he dicho que volvería enseguida. Así que vamos. – lo cogió, tirando de él para entrar en la casa. – Pero como te veo un poco tenso, primero te vas a tomar un par de chupitos.

-No quiero beber mucho, tengo que conducir.

Pero Kate lo ignoró y cogió un par de vasos de chupitos. Se los puso en el pecho a Kevin, obligándolo a que cogiera los vasos y echó tequila. Después, con un poco de torpeza, cortó una rodaja de limón.

Ella fue la primera en beber, en sentir la calidez del tequila agarrándose a su garganta. Después el jugo del limón, al morder la rodaja y por último la sal, avivando sus ganas de repetir. Soltó un gemido de satisfacción y miró a Ryan con una sonrisa, esperando que él también bebiera. Le metió prisa poniéndole la rodaja de limón que ella utilizó, pero enarcó una ceja cuando él pensó en cogerla.

-Sabes que lo que tengo no llega a ser ninguna enfermedad y que para contagiarte lo que tengo tendrías que meter tu pene en mi vagina, ¿no?

-Ya, pero bueno, técnicamente…

Kate puso los ojos en blanco y le cortó una rodaja a él.

-Toma, ahora ya no tienes excusa– dijo, tras darle el limón.

-Kate esto es serio – dijo, mientras observaba cómo se preparaba otro chupito y hacía una mueca al beberlo - Debes abstenerte en tener relaciones sexuales dos meses.

-Estoy limpia, sólo una pequeña infección insignificante por un gilipollas.

-Lo sé, aún me entran escalofríos cuando recuerdo a tu ginecólogo preguntándome si a mí también me tenía que hacer una revisión.

-Pues eso, el gilipollas sí que se tendría que preocupar. No yo. Lo que tengo ni llega a ser infección, lo he pillado a tiempo.

-Pero tú misma lo has dicho...

-Vale, no voy a follar con nadie ni hoy ni en dos meses – terminó de decir al ver su mirada. – Pero no me prives de divertirme y ahora bebe.

Ryan alzó el chupito, dedicándoselo y degustó el tequila quemándole la garganta. Después mordió la rodaja de limón para apaciguar ese ardor y finalmente chupó la sal que se había echado en la mano. Kate dio alegremente un par de palmadas y lo llevó hasta Jenny.

-Kate, por fin vuelves. Lo siento, pero tu cubata ha caído – comentó Jenny con aire distraído y bastante relajada.

Kate la observó y puso una mueca.

-Por lo que veo sentó muy bien.

-Oh, demasiado bien – ambas rieron y Jenny se dio cuenta de la presencia del irlandés – Hola, Kevin. Te veo muy bien.

-Hola Jenny – respondió él, luciendo una sonrisa sincera – Bueno, nada comparable a ti. Mírate.

Jenny se sonrojó y Kate sintió por momentos que su presencia sobraba entre los dos ante las miradas que se estaban echando.

-Me apetece bailar, ¿vienes? – preguntó Jenny, mirando a Kate.

-Oh, ahora no me apetece, después – Kate le dio un codazo a Kevin cuando Jenny se giró para irse cerca de la música a bailar.

-Mierda, tendría que haber bebido más chupitos – susurró Ryan – Espera Jenny, voy contigo.

-¡Genial! Me encanta esta música para bailar… - dijo mientras se alejaban bajo la mirada atenta de Kate.

-Y ahora me toca a mí disfrutar – dijo restregándose las manos, investigando con la mirada donde estaría ese chico tan apuesto.


En el amplio patio de la casa de Bobby, los jóvenes adolescentes se concentraban bebiendo, riendo, cantado, bailando e incluso dando exhibiciones de saltos en la piscina entre gritos y risas.

Allá en un rincón del patio, sentados estaban Richard, Lanie y Javier mientras observaban la gran fiesta que Bobby había organizado.

-Lo peor es que me toca fingir y ser fuerte por mi madre. Pero esto me está matando. Saber que nos pueden desahuciar… - Rick escondió la cabeza entre sus brazos, al estar sentado en el suelo quedaba totalmente refugiado.

-Oh, Rick… - Lanie posó una mano sobre su hombro, tratando de mostrar consuelo.

A su lado, Espo le agarró del hombro, le dio un leve apretón y le ofreció beber de su cubata. Richard lo aceptó y le dio un largo trago, saboreando la ginebra con lima y se permitió soltar un suspiro.

-Y seamos sinceros, el mundo de la actuación es un mundo complicado. Y si mi madre no ha podido encontrar nada con la experiencia que tiene… - Richard rio a carcajadas, sorprendiendo a sus amigos con tal reacción, pues momentos antes parecía que en cualquier momento rompería a llorar.

-Tío, os podéis quedar en mi casa. A mi vieja no le importaría. – ofreció Javier, mostrando empatía. Él también estuvo a punto de vivir una situación similar.

Richard negó con la cabeza.

-Te lo agradezco, Sito. Esperemos no llegar a ese punto – dio otro trago largo y se permitió perder la noción unos segundos, notando que el alcohol se le estaba subiendo más de la cuenta – Lo que sí me vas a permitir es quedarme con tu cubata – sonrió de medio lado, alzando una de sus cejas, Espo no tuvo más remedio que hacerle un gesto, indicándole que era todo suyo.

-Eh, tengo lo perfecto para subirte un poco los ánimos.

Esposito se puso de pie y empezó a hurgar en sus bolsillos. Cuando lo sacó, sonrió con una sonrisa pilla y se agachó delante de Rick, quedándose de cuclillas.

-Cortesía de Bobby.

-Oh, Bobby. Él sí que sabe satisfacer a sus invitados. Por algo es el mejor anfitrión.

Espo encendió el porro y se lo tendió a su amigo.

-¿Ya empezáis con eso? – Lanie se levantó, un tanto asqueada por el olor que la droga desprendía a causa de la calada que le dio a Rick.

-Chica, Rodgers necesita alejarse un poco de toda esa mierda. Míralo, qué bien le está sentando.

Le señaló riéndose y Richard le acompañó con un par de carcajadas, disfrutando del porro y totalmente ajeno a los gritos que se escuchaban de la gente.

-¿Quieres un poco Lanie? – Rick le ofreció el porro y levantó una ceja – Es droga terapéutica, doctora – añadió, con un tono burlón y haciéndole un guiño a la profesión que ella ansiaba estudiar.

-Voy a ignorar ese comentario porque ya estás algo ciego y lo estás pasando mal.

Javier se volvió a reír sonoramente y terminó cayendo de culo al suelo. Los dos chicos se rieron y Lanie puso los ojos en blanco, dándose la vuelta para sonreír ante la torpeza de su novio cuando vio a Kate andando bastante torpe pero aparentando estar enfadada. Le hizo una seña con la mano, captando su atención y la invitó a acercarse.

A medida que se iba acercando, Lanie podía escuchar a la perfección la cantidad de palabrotas que Kate iba mascullando por el camino con bastante furia.

-¿Qué te pasa?

Kate le hizo un aspaviento con la mano, frunciendo el ceño.

-No me hagas hablar, me cago en la puta y en ese hijo de puta – dijo, con un enfado visible pero también con los efectos de alcohol presentes.

Lanie enarcó las cejas, cuestionándose el enfado de la chica. Cuando ésta vio a Rick y a Javi riéndose, ajenos totalmente a ellas y a la fiesta, se acercó a ellos para investigar por qué tantas risas. Cuando los dos chicos se dieron cuenta de su presencia, Javi la saludó con un leve gesto de cabeza. Sin embargo, Rick calló de inmediato, deleitándose con el conjunto sencillo que Kate había elegido. Vestía unos shorts vaqueros que acompañaban a una blusa negra que dejaba al descubierto sus hombros, mostrando una sensualidad y provocando en Richard un aumento de testosterona, obligándolo a sacudirse la camiseta blanca básica que vestía para desacalorar su cuerpo.

-Eso es justo lo que necesito – se agachó frente a ellos y se tomó la libertad de apoyar una mano sobre la rodilla de Rick para equilibrarse. Gesto que provocó que Rick abriera la boca y fijara su mirada aún más en ella si es que era posible. El intento que hizo para calmarse fue fallido - ¿Puedo? – le preguntó a Rick con una sonrisa provocativa.

-¿Eh? – dijo él, totalmente desconcertado.

Kate señaló el porro que éste tenía en su mano izquierda y Richard tardó unos segundos en responder hasta que asintió, energéticamente. Kate se sentó a su lado para darle una calada y antes de que ocurriese nada, Lanie aprovechó para acercarse a Javier y tocarle el hombro.

-Javi, vamos a bailar.

-¿Ahora? – preguntó, alzando la cabeza para mirarla, un tanto holgazán y deseoso de seguir fumando.

-Sí, ahora – dijo tajante y tiró de él hasta levantarle - Nos vemos, chicos – rápidamente se alejaron de ellos.

Javier, a regañadientes dijo:

-Pero ese era mi porro… - se soltó de Lanie, ya que lo había cogido del brazo para andar más rápido - ¡Apenas lo he probado!

-¿No querías que ayudara a Rick a acercarse a Kate? – se acercó a él, enarcando una ceja y dejando que procesara la situación.

-Oh… - murmuró cuando se hizo un click en su cabeza - ¿Qué haría yo sin ti? – exclamó divertido, antes de besarla.

Cuando Kate se sentó a su lado, su aroma fue como si le envolviera, abrazándolo. Lo tenía plenamente embelesado, mirándola, observando cada gesto que hacía. Cuando vio que su mirada se inclinaba hacia el porro y después clavaba sus pupilas en él, por fin reaccionó y se lo tendió.

-Oh, mierda – dijo tras intentar darle una calada – Se ha apagado. ¿No tendrás un mechero, verdad?

Richard rápidamente se palpó los bolsillos hasta que vio el mechero de Javi a su lado. Debió haberse caído de él cuando Lanie lo levantó. Lo cogió y se lo tendió, con una mueca que le salió por nerviosismo. Su aparición le sintió como si se le pasara los efectos del alcohol y de la droga.

-Joder, hoy no es mi puto día – se quejó otra vez, con su enfado en aumento. Kate intentaba encenderlo pero el mechero se apagaba a causa del viento que se estaba levantando. Lo agitó y lo volvió a intentar varias veces, sin éxito.

Rick se quedó por unos segundos embobado, observando cómo el pelo liso de Kate se movía con delicadeza por el viento, e inhaló su familiar aroma. Se había fijado que se había planchado el pelo y no presumía de esos tirabuzones que a él le resultaban encantadores y la verdad, es que el pelo liso tampoco le sentaba tan mal.

De repente sintió un subidón, notando los efectos del alcohol de nuevo en su cuerpo y se inclinó hacia ella. Acercándose para, con sus grandes manos, rodear las diminutas de ella para cubrirlas del aire y así poder encender el dichoso porro. Kate encendió el mechero y Richard sonrió ante la imagen del rosto de Kate iluminado por la llama, resaltando sus iris pardos y esa diminuta y adorable peca que acababa de descubrir debajo de su ojo izquierdo. Beckett le dio una calada, cerrando los ojos y degustando para después expulsar el humo, inclinando ligeramente los labios hacia arriba para que no le diera a Richard, ya que lo tenía demasiado cerca.

-Gracias, Crokers – frunció el ceño, siendo consciente de que el muchacho no se apellidaba así y volvió a intentarlo - ¿Ropers? ¿Rokers?

-Rodgers – rio él corrigiéndola, ella volvió a dar una calada y se rio.

-Lo siento, tu apellido resulta un poco difícil de recordar y de pronunciar cuando vas contentilla por el alcohol – soltó otra risa en voz baja que provocó que la sonrisa de Rick se ensanchara más. Ella lo podía llamar como quisiera que a él no le importaría. – Mmmhh… - Kate soltó un sonido de satisfacción y después volvió a reír – Oh, cómo necesitaba esto.

-Mal día, por lo que veo.

Richard se alejó de ella, volviendo a su sitio de antes y se reclinó hacia atrás, estirando los brazos y las piernas. Kate le ofreció el porro pero él negó con la cabeza.

-Primero el examen ese de filosofía en el cual me han jodido viva – enumeró, indicando con un dedo – Después ahora, ese hijo de puta… - masculló, apretando las mandíbulas.

-¿Quién? – preguntó, curioso.

Kate soltó una risa sarcástica y dijo en un tono mordaz:

-Tu mierda de capitán – Richard frunció el ceño y notó cómo una ráfaga de celos le invadía, encendiendo todas sus alarmas - ¿Te puedes creer que me dice toda esa mierda de vente a la fiesta, mandándome indirectas para que luego lo encuentre enrollándose con Meredith? – Richard se sintió extrañamente aliviado - Maldito hijo de puta. Si se cree que tengo que estar suspirando por él está muy equivocado. Ni que yo ahora tuviera que joderme. Puto cabrón de mierda.

-Demasiadas palabrotas en muy pocas frases – sonrió, elevando una ceja divertido, provocando que Kate también esbozara una sonrisa y fijara su mirada en algún punto – Corewill es un tanto ambicioso. Pero si me permites el comentario… no sabe lo que se pierde – confesó, un poco ruborizado, dejando que el alcohol destrozase esa barrera que limitaba decir las cosas.

La miró y al verla con el ceño fruncido y los ojos entornados, mirando hacia algún punto y seria, le entraron las dudas de que la hubiera cagado y se incorporó, dispuesto a disculparse cuando ella habló.

-Mierda, hazme un favor – rápidamente apagó el porro y se subió encima de él, dejando su trasero en los muslos de Rick – Sígueme el rollo – susurró, escondiendo su cara en el hueco que había entre el cuello y el hombro del chico.

-¿Qué…? – Richard no podía creérselo. Aguantó la respiración ante la sorpresa, pero cuando ella se restregó, provocándolo ya que se había acercado peligrosamente a su miembro viril, su corazón empezó a bombardear frenéticamente, obligándolo a tomar una bocanada de aire. Invadido por la dulce fragancia que desprendía, se aceleró aún más cuando Kate le dio un suave mordisco en la oreja y notó su cálido aliento contra su piel. Se mordió los labios para no soltar un gemido.

-Sígueme el rollo Rodgers, por favor – repitió, rogándole, y cogió las manos del chico, que se habían quedado en el aire sin saber qué hacer, y las puso sobre su cintura.

-Oh, Dios… - gimió, tras sentir otro restregón por parte de ella.

Como vio que no reaccionaba, se sentó más cerca, esta vez directamente encima de sus partes nobles y pasó sus brazos, rodeándole el cuello. Se acercó a su oído para volver a suplicarle cuando ya notó las grandes manos de Rick moviéndose sobre su cintura. Juntas trazaron tímidas caricias en círculos hasta que se separaron e hicieron sus propios caminos solas. Una de ellas subió despacio, de una manera delicada, colándose por debajo de su blusa, acariciando la suave piel de su espalda haciendo zigzag con la yema de sus dedos, provocando que Kate sintiera un escalofrío que le obligara a estremecerse. La otra, en cambio, se quedó parada y un poco dudosa, pero tal y como si fuera una competición por ver cuál de las dos manos hacía sentir más a Kate y Richard hechizado por su aroma y en gran parte armado de valor por el alcohol, bajó su mano parada hasta el trasero de la chica y lo estrujó, como también lo empujó para que ambos sexos se rozaran sobre la tela de la ropa. Kate ahogó un suspiro placentero al notar la creciente erección de Rick. Debía admitir que estaba sorprendida porque pensaba que no respondería pero ahora se encontraba en una encrucijada. Debía mantenerse con los pensamientos claros para no perder el control, cosa que le estaba siendo imposible.

Cuando vio a John a lo lejos, sabiendo que la estaba buscando, su cerebro trabajó a gran velocidad para planear un plan de celos y hacerle saber que no le había sentado mal pillarle con Meredith enrollándose. Cuando se subió encima de Rick, rogándole que le ayudara, Kate pensó en dejar que Rick la tocase un poco y en fingir un par de gemidos para poner celoso a John.

Pero para sorpresa de ella, Rick se humedeció los labios y comenzó a dejarle un camino de pequeños besos, un tanto tímidos e inexpertos, por la columna de su cuello, centrándose en esa zona donde el pulso de Kate se sentía que bombardeaba a gran velocidad por la gran excitación y el gran calor que estaba sintiendo por dentro. La barba incipiente de Rick tampoco le ayudaba a guardar la cordura, ese roce áspero contra su piel la estaba volviendo loca y notaba cómo se humedecía a gran velocidad. Su cuerpo convulsionaba ante sus caricias y ella quería más.

-Kate.

Cerró los ojos y metió sus dedos en el cuero cabelludo de Rick, ladeando la cabeza para permitirle más acceso a su cuello. Sintió el fuerte placer y no pudo evitar soltar un gemido ronco cuando Rick le mordió juguetón la piel y después tras depositar un beso, succionó la piel lastimada y la lamió. Rick, al escuchar su gemido, tampoco pudo evitar alzar su cadera para rozarse más con ella.

-¡Eh!

Kate abrió los ojos y tiró un poco de los mechones para alejar a Rick. Sin embargo, él siguió besando su piel, ascendiendo, trazó un camino hasta llegar a sus labios. Él estaba dispuesto a besarla y lo hubiera hecho si Kate no hubiera girado la cabeza, consciente de lo que iba a hacer Rick. Richard sólo consiguió dejar un beso cerca de la cornisura de sus finos labios.

-John – carraspeó, intentando hablar sin mostrar claramente su excitación mediante la ronquez al hablar-, ¿qué quieres? Estoy algo ocupada, si no ves bien.

John se quedó callado y se inclinó para poder ver con quién se estaba enrollando.

-¿Con Rodgers? – exclamó, bastante sorprendido.

Kate enarcó una ceja y se volvió hacia Richard. Aún teniendo los dedos sobre su cabello, le dio un suave tirón para que alzara la cabeza y así poder dedicarse algo de atención a la piel de su cuello, sobre todo besar esa nuez tan masculina que le encantaba.

-Meredith se me tiró encima, yo no quería – empezó a excusarse, pero al ver que ella no le hacía caso y seguía besando el cuello de Rick los separó.

-Que me da igual – replicó ella, deshaciéndose de su agarre – Pírate, no quiero nada contigo.

-Sí, tío – dijo Rick con la voz ronca. Al darse cuenta carraspeó rápidamente – Pírate y déjanos.

-Tú de qué coño vas.

Rick frunció el ceño e hizo el intento de levantarse pero Kate le puso una mano sobre su pecho, empujándolo levemente para que no lo hiciera.

-Vete.

-Pero Kate…

-He dicho que te vayas y que me dejes en paz, imbécil – le miró duramente y John titubeó, pero accedió no sin antes amenazar a Richard.

-Mira cómo tiemblo – Rick alzó una mano y la movió como si sufriera un tembleque, pero John ya estaba dándoles la espalda para alejarse de ellos.

Kate rio ante la ocurrencia del joven y se quitó de encima suyo, sentándose a su lado.

-Siento haberte utilizado para darle celos – comentó tras un momento de silencio.

-No hay problema. Lo puedes hacer cuantas veces quieras.

En seguida reaccionó a lo que había dicho y la miró, con los ojos abiertos y sorprendidos.

-Lo siento, lo siento. Es el alcohol que me tiene…

Ella rio sonoramente, restándole importancia.

-¿Quieres que me ponga encima para tapar la tienda de campaña? – preguntó, de manera sugerente al observar de reojo que la erección de Rick aún seguía marcándose en su bañador.

Richard rio ante la broma, pero enmudeció cuando ella se subió de nuevo hábilmente a su regazo. Pensaba que la proposición que le hizo era una broma.

Kate volvió a besarle el cuello y justo debajo de su oreja izquierda se entretuvo juguetonamente, succionando la delicada piel.

-Kate… - gimió él-, John ya no está aquí…

Kate subió dejando su propio camino de besos y le mordió la oreja.

-Lo sé.

- …Así no… me ayudas a… ya sabes… - dijo, entrecortadamente.

-Lo sé – rio ella relajadamente-, pero amigo, yo no voy a ser la única que mañana se levante con un chupetón en el cuello – sonrió y al ver la cara sonrojada de Rick, le acarició la mejilla. Paseando sus dedos, subió hasta peinarle el flequillo alborotado que ella le había dejado y después dejó reposar su mano contra su mejilla. Rick cerró los ojos y ladeó la cabeza, sintiendo esas dulces caricias recientes, como ella, por toda su piel.

Kate se quedó mirándolo e inconscientemente se mordió el labio al fijar su mirada en los labios entreabiertos de él. Después volvió a mirarle a la cara y al ver que aún seguía con los ojos cerrados, decidió seguir jugando un poco más con él. Sacando sus uñas, la mano libre que tenía, empezó a bajarla por todo su pecho, notando el agradable calor del cuerpo de Rick, que transpiraba fácilmente a través de la básica que vestía. Coló su mano por debajo de la camiseta e hizo el mismo recorrido a la inversa. Notando los abdominales algo marcados y sus pectorales, como también una suave pelusilla que se concentraba sobre éstos. Richard, comparado con John, era mucho menos musculoso pero tampoco estaba tan mal. Y por fin lo acababa de comprobar perfectamente.

Richard abrió los ojos nervioso y algo tenso cuando sintió sus caricias tan ardientes y se separó de ella. Kate se mordía el labio, sonriendo y aparentando ser inocente de la provocación, cuando él se levantó de golpe.

-S-será mej…jor que me dé un chapuzón.

En un rápido movimiento se quitó las chanclas de una sacudida por parte de sus pies y la camiseta, alzando los brazos y permitiendo que Kate se deleitase con su físico antes de que corriese a tirarse a la piscina y le gritara que le guardara la ropa. Kate rio por lo bajo ante la reacción de él y agarró su camiseta. Sin darse cuenta e inconscientemente la llevó hacia su nariz y olfateó cerrando los ojos para sentir cómo el olor de Rick se impregnaba en sus fosas nasales y suspiró. Había estado cerca. Demasiado cerca. Casi se quemaba con el fuego y eso le había encantado.


Estuvo cerca... jajaja, muchas gracias por leer!