.¡Hola a todos de nuevo! .¿Se ha echado de menos el fic? n.n
Siempre es emocionante colgar un capi nuevo, y en esta ocasión no es de otra manera, ya que en este capi pasa algo que tuve ganas de escribir desde que empecé a esquematizar el fic. Quizá por eso este capítulo me haya salido tan rápido (aunque haya tardado tanto en colgar), pocas veces he escrito el grueso en dos sentadas.
No queda nada para que sepamos cómo terminará el fic, ya que el Miércoles será el último día de la semana y el que sigue cerrará la historia.
Como siempre, muchas gracias por vuestra atención. Espero que lo disfrutéis ;)
Martes
- Y estos son los paladines... –dijo Shikamaru mostrándonos unas fichas cuyo margen estaba dibujado como si fuera pergamino quemado, de color distinto a las que había repartido entre nosotros- Después están las razas: los enanos... –dijo buscando las fichas en los tacos, dividiéndolas conforme se encontraba los diferentes grupos- los elfos... los gnomos... los orcos...
Kiba asentía y le enseñaba a Hinata las puntuaciones inscritas en el reverso de las tarjetas para que pudiera apreciar las diferencias entre las clases de personajes, pero mi amiga no podía disimular su desinterés aunque se empeñara en intentarlo con sonrisas aquiescentes.
Kiba se moría de ganas de zambullirla en su pasión por el rol. Para gran suerte suya, podía decir que contaba entre sus compañeros de juego a Nara Shikamaru, contenedor legendario del acervo en materias de rol, cine y manga del instituto, gran estratega de los dominios virtuales.
Nara se dedicaba a hobbies tan singulares como la delineación de maquetas minúsculas o participar en la organización de los distintos torneos a puerta cerrada de los frikis más idos de la olla de la ciudad. Solía fumar el tabaco que él mismo liaba, hacía del uniforme del instituto una vía para rescatar y reinventar el estilo grunge –razón por la que en el vocabulario de los profesores su apellido fuera una de las cinco palabras más pronunciadas-, desacreditaba el mundo de los videojuegos con unos discursos la mar de surrealistas y se pasaba el curso académico mirando las bombillas, como si de allí sacara las respuestas que le permitían pasar de curso con lo justo. Era un verdadero cerebro, un desperdicio para cualquier cosa que no tuviera que ver con sus aficiones.
A petición de Kiba, ese gran cerebro se había acercado a enseñarnos los dados, las fichas, los manuales y algunas de las figuritas de plomo que su cuadrilla de discípulos pintaban con mimo. Para saber de qué madera estaba hecho Shikamaru sólo había que verle buscando un hueco entre las hebras del césped para disponer a sus soldaditos de la muerte e imaginar la película que se estaría rodando silenciosamente en su cabeza para que las figuritas terminaran dispuestas sobre el relieve como un grupo de expedición. Mirando por encima de ellos a vista de pájaro, ideando una historia que relatar en su próxima sesión, recolocando con delicadeza las piezas.
En cuanto Nara se había sentado con nosotros y había sacado su repertorio con un ".¿Qué hay?" cabizbajo, la cara de Hinata recitó arias de consternación. La primera mirada que compartió con Ino y conmigo gritaba que debía ser imposible que aquello le estuviera pasando. Kiba había hecho sus propios planes para las vacaciones y se los estaba insinuando con aquella introducción.
La mirada con que le contestamos le animaba a no abandonar los suyos. Indudablemente la propuesta romántica debía tener todas las de ganar, por mucho friki brillante que se fuera a reunir.
Inuzuka ya había arrastrado a Hinata a sus encuentros semanales para que paladeara el ambiente de camaradería de los jugadores y pudiera tomar conciencia de lo profundo e interesante que era el mundillo, pero no había tenido mucho éxito. Hinata soportaba las sesiones armada con paciencia para parar trenes, pero era inevitable dar cuenta de que esas actividades no estaban hechas para ella. Con ver una de las cartas de los personajes se moría del aburrimiento. No podía evitar huir de la naturaleza complicada de esa afición. Le salía de forma tan espontánea como la arruga de la nariz y el ronroneo cuando reaccionaba ante los olores ligeramente intensos. Pero claro, se desvivía por intentar complacer a Kiba, así que Ino y yo no nos sorprenderíamos mucho si Hinata terminaba accediendo a acudir a los salones de rol a cambio de sus planes si Kiba la arrullaba un poco.
Shikamaru soltaba todo el rollo con detalles curiosos y ojos desapasionados, sabedor que estaba perdiendo el tiempo porque Hinata pasaba tres pueblos de todo. Sin embargo el dibujo de una elfa, portadora de una melena rubia brillante y larguísima, tan alta y estilizada que rozaba el disparate, estaba embelesando a Ino. Con los ojos muy abiertos, fijos en el modelo, absorbió ininterrumpidamente el zumo de melocotón hasta agotarlo, haciendo resonar el ruido del vacío del cartón.
En el recreo se empezaba a acariciar el ambiente festivo de las vacaciones. Mis amigos no dejaban de hacer planes y de gastar bromas. Kiba hablaba de las sesiones y de los portentos que vendrían a Tokio para jugar a finales de mes, Hinata buscaba ideas milimétricas para los detalles de su salida con él, e Ino estaba de enhorabuena, porque había conseguido ser invitada, por medio de una prima de no sé quién, a una cena donde asistiría Gaara, el chico que nos había tenido babeando el curso pasado.
Por mi parte, sin embargo, ni me afectaban los nervios por el último examen ni me apetecía reflexionar sobre el año que pronto iba a terminar ni me hacía especial ilusión planear nada con Sasuke antes de irme. Tal y como estaban las cosas, no era momento de buscar situaciones que las complicaran más.
El rol excitaba a mis compañeros en mayor o menor medida por ser un anticipo de la libertad y el ocio. Se volcaban en las novedades de una nueva actividad por ello, pero a mí ni me gustaba ni me disgustaba aquel tema. Me interesaba tanto aprender las características de los nigromantes como saber de qué manera podías meterte un boli en el ojo sin entornar los párpados.
No, hoy no me apetecía ni aparentar que me interesaba que Nara hablara de los juegos, la cocina turca o el último chisme del patio. El gusanillo hambriento de la liberación... ¿dónde estaría esa estúpida larva?
- .¿Y qué es lo que hacen estas tías tan guapas, Nara-kun? –preguntó Ino enseñándole el dibujo de la elfa espectacular. Nara interrumpió su perorata y la miró agachando la cabeza, como si se estuviera preparando al picor de oídos- .¿Se cargan hasta al apuntador con una mirada? .¿Van de geishas asesinas? .¿Poseen los cuerpos de los enemigos y les obligan a suicidarse? .¿Tiene que ver algo el pelo que tienen con sus habilidades?
- No. Pero una de ellas debería escucharte ahora mismo para demostrarte lo que saben hacer, porque estás insultando a la raza más elegante que pisa el mundo fantástico. Las elfas no son tan absurdas –miró el personaje de la ficha con mucho reposo un momento antes de volver a girarse a Hinata.
- Ah, entonces va a resultar que estas tipas, con este cuerpazo y esta melena, tienen cerebro –espetó Ino sonriendo de medio lado.
Kiba intervino.
- Te sorprendería la raza de los elfos, Ino.
- Y la caracterización de las chicas en el mundillo también, .¿no?
- .¿Por?. ¿Qué quieres decir? –preguntó Nara parpadeando muy seguido.
- Pues que, visto el monopolio que tienen los chicos sobre el mundo de la fantasía y la edad en la que está inspirado, las mujeres sólo deben de servir de depósitos de esperma. Sólo hay que mirar a esta preciosidad para saber que tanta opulencia de feminidad sirve para ayudar a descargar a esos enganchados frikis que no saben lo que es hablar con una mujer de carne y hueso.
- Vamos, que los amantes del rol somos todos unos pajilleros deprimentes que sueñan con mujeres de verdad... ¿no? Mujeres como tú, vaya –soltó Shikamaru inmediatamente después, como si aquella no fuera la primera vez que se encontraba con aquel argumento.
Ah, bendita Ino. Cómo me gustaba que enredara las cosas.
- No os ofendáis, chicos –dijo Ino meneando la coleta alta con cierta coquetería-. Pero he visto a muchos frikis en apuros. De nada sirve esconderse de la evidencia: el vicio corrompe. Y todas estas cosas son como trépanos socialmente aceptados. Especialmente estas porquerías –sentenció mirando desdeñosamente las figuritas de Shikamaru, y resopló-. Hay que estar tocado de la cabeza para pintarle los botones de la capa a esos magos de dos centímetros y medio.
Tal y como conocía a Kiba, a Shikamaru y al resto del género masculino en general, podía entender que Ino se ganara a pulso la antipatía de muchos chicos. Ella tenía encanto y era bonita, pero a veces se comportaba así, intentando encajar en su papel de chica selecta y popular, y los puntos que perdía entre los compañeros que pasaban desapercibidos los ganaba entre los más destacados. Ella ni siquiera podía hablar del tema porque las CLAMP le encantaban y conocía tan bien el género del shōjo como Shikamaru el del rol. Pero lo hacía. Vaya que si lo hacía.
Ino solía decir que si las chicas podían ser sucias para dar la puñalada trapera en cuanto una se diera la vuelta, los chicos eran peores, porque nunca iban de frente. Estaba bastante resentida con los chicos porque no acababa de entender la actitud de indiferencia que solían utilizar con ella cuando terminaba el rato de diversión.
Ino no se había acostado con más de diez chicos por vicio. Lo había hecho porque creía que el sexo era la llave de las relaciones. Sabía la importancia que le daban los chicos al sexo y ella lo ofrecía como una garantía de ausencia de condiciones. Una manera de decirle al chico que le gustaba de verdad, que estaba tan interesada en conocerle como para ofrecerse de aquella manera.
Como desgraciadamente ninguno la había tomado en serio después de pasar un rato con ella, se ensañaba un poco con los que le daban oportunidad de trepar en el escalafón más alto del instituto, tonteaba sin llegar muy lejos con los más populares para no aburrirse ni tropezar de nuevo con la misma piedra, y subía a un pedestal a los universitarios.
A mí no me parecía que los chicos fueran especialmente estúpidos ni viciosos, aunque era evidente que mi experiencia con ellos era muy distinta a la que Ino había tenido. A veces hasta los prefería sobre mis amigas. Había que reconocer que los chicos destilaban una sencillez fácil de tratar, y, cuando la tenían, una nobleza muy transparente.
Menuda ironía. Cómo podía decir eso cuando la psicología de mi novio dejaba a la altura del betún los planos de las famosas maquetas de Shikamaru. No había manera de leerle.
- .¿Te gusta? –preguntó Shikamaru con una mirada inteligente.
- Bueno, hay que reconocer que tiene un diseño muy currado. Tiene un vestido tan chachi... –suspiró Ino volviendo a mirar a la elfa- Me gastaría la paga del mes en unas orejas como esas.
- Para lucir un buen par de orejas como esas deberías prostituirte durante un mes.
Ino levantó la mirada hacia él asimilando su respuesta.
- .¿Qué quieres que te diga, chata? Las orejas postizas de usar y tirar son muy cutres. Si quieres hacer el juego completo y parecer una elfa de verdad en la jet set que tanto te gusta tendrías que apretarte el cinturón... o desatártelo –soltó sonriendo con picardía a Kiba, que evitó su mirada a tiempo-. Al menos te darías al servicio de una manera digna –dijo volviendo a mirarla parpadeando muy despacio.
- Shikamaru... –empezó a decir Kiba autoritario.
El aludido no hizo caso.
- Operación "voy a pagarme el par de mi vida: cómo empezar a servir al puterío de forma remunerada, como manda el canon, en la Rivendel de la Edad Media".
- Te estás pasando –volvió a intervenir Kiba.
- Con rizo romántico de la época y todo, Yamanaka, no te puedes quejar.
- Vete al infierno –contestó Ino levantando la voz.
- Al mundillo de pajilleros que sueñan por tus huesos me voy a ir, Yamanaka –dijo mirándola levantarse con ojos afectados por falso embeleso. Ino dio media vuelta acompañando su movimiento con la coleta alta, altanera, y echó a andar hacia el edificio-. Cómo no se van a sentir violentos... Si tratas a una chica como Ino como a una igual, tarde o temprano suelta el comentario de las narices para hacerse notar y dejarte claro que tus círculos son basura. Si la tratas como lo que es, se ofende.
Kiba alzó las cejas con incapacidad y siguió mirando las figuritas.
- No pretendía ofenderte.
- No me jodas, Kiba, no me voy a tragar esa tontería. Es lo único que ha hecho.
- Te lo podemos asegurar. Yo no me doy por ofendido porque sé por dónde va con esa pose. Lleva esa fachada por convención. Ella es así.
Shikamaru se encogió de hombros.
- Y yo soy como me dictan los cojones y no espero que nadie me tenga que adivinar las poses.
Hinata intervino:
- Aun así creo que no te estaría pidiendo la luna cuando te digo que deberías estar más suave con ella la próxima vez, Nara-kun.
- Tanto como ella, desde luego. No puede ser de otra manera.
Me bastó ver cómo Ino apretaba el paso para levantarme y correr detrás de ella.
- .¡Eh, Ino! –dije cuando la alcancé.
- .¿Has escuchado bien lo que ha dicho ese bastardo? -se dio la vuelta para encararme y mirarme con los ojos desorbitados- .¿Lo has oído bien? .¿Pero de qué va?
- No le hagas caso. No merece la pena –le tomé una mano con afecto pero Ino parecía realmente ofendida. Le zarandeé juguetonamente la mano y le sonreí con ánimo de contagiarla- .¡Oh, vamos, Ino! .¡Sería lo último que le dieras importancia a lo que dice una persona que lo más interesante que tiene que aportar al mundo es ese discursito infeliz sobre la pureza de los puñeteros elfos!
- .¡Pero tú has escuchado lo mismo que yo! .¡Me ha llamado...!
- Vale, no deja de ser verdad que te haya dicho eso. Todos lo hemos escuchado. Pero nadie más allí, ninguno de tus amigos, piensa que lo seas. Así que réstale importancia, porque no se merece la que le destinas.
Ino forcejeó un poco más conmigo y se lamentó de que Gaara pudiera pensar lo mismo que Nara. Dimos un pequeño paseo hasta la entrada del patio. Nos sentamos en unos bancos del corredor que precedía el portón y hablamos de los planes de Ino con la belleza pelirroja que dejaba fuera de juego a todo cristo (exceptuando a mi maravilloso y problemático caballero andante, por supuesto).
Cuando a Ino le picaba el recuerdo de las palabras desagradables de Shikamaru, nos quedábamos a gusto despellejándole. A pesar de que tenía presente que tal ataque servía para aliviar a Ino, a mí también me resultaba terapéutico hablar de otros chicos, ver problemas en la gente además de los que tenían que ver conmigo. Era consuelo para tontos, pero consuelo al fin y al cabo.
Más adelante comenté a Ino sin detalles los avances y retrocesos que se cocían entre Sasuke-kun y yo. Llamamos a mis descubrimientos carnales "el arte de amasar el pan" para evitarme la vergüenza. Lo analizamos todo metafóricamente. Cuando Ino sacó a colación las baguettes y los hornos, la cosa se salió de madre y tuve que pedirle a Ino que dejara de pervertirme entre carcajadas.
Sin embargo la conversación no fue todo de rositas. El día se iba a convertir en una cuesta abajo y la suerte de que Ino y yo estuviéramos allí fue favorable. Sin lugar a dudas el punto de inflexión.
Resultó muy intempestivo que nos desquitáramos de Shikamaru en ese preciso lugar. Vimos salir de unos aseos cercanos a la chica con la que se le emparejaba, Temari. Ésta pasó por delante de nosotras blandiéndome una sonrisa de superioridad y una mirada de menosprecio que no tenían desperdicio.
A Ino y a mí se nos quitaron las ganas de bollería y nos quedamos caladas en un silencio muy peligroso. Nos incorporamos del respaldo y la observamos internarse en el patio.
- Hay dos alternativas: –empezó a decir Ino- Shikamaru es su novio y nos ha pillado cortándole el traje, o peor... ha escuchado lo que hemos dicho de su hermano y lo de Shikamaru va a quedar como una lindeza al lado de lo que le va a decir ella.
- Hay tres, y la nueva es más nefasta –dije casi sin aliento-. Ha oído lo de Sasuke y estoy perdida –la miré, presa del pánico-. Ahí tienes la ganadora. Me estaba mirando a mí.
- .¿Perdida? .¿Por qué? Hemos hablado en sentido figurado y tampoco hemos dicho gran cosa.
Miré a Ino ofendida.
- Es la verdad, Sakura. Darle a la masa del bizcocho y comprobar la temperatura de las cocas es actividad diaria en las panaderías, y ésta en la que estás es muy grande.
- Yo no voy por ahí, Ino. Y si... ¿y si tergiversa mis palabras y le va con el cuento a Sasuke? Puede irle con que he estado hablando de otro chico, puede decirle lo que sea por despecho de lo que he dicho de Nara... –Ino empezaba a enarcar una ceja- Sasuke sabía a principio de curso que yo me había fijado en Gaara –dije mirándole con pavor-, y Temari ya ha picado billete con Sasuke... Oh, Dios mío... ¡Y ahora qué!
- .¿Qué de qué? Temari puede decir lo que quiera, yo lo desmentiré todo.
- Pero... ahora las cosas no están yendo bien. Sólo me falta que un tercero enrede más las cosas para que esta última semana sea más pésima y todo se vaya al garete definitivamente. Con la suerte que tengo los peores pronósticos son los acertados –me levanté de un salto-. Escucha. Antes de que extienda ningún rumor iré a hablar con Sasuke-kun para evitar que nadie se me adelante. Lo entretendré lo suficiente los cinco minutos que quedan para que toque el timbre de vuelta a clase. Mientras, tú te meterás en los aseos e investigarás todo lo que puedas. Las chicas no salen del baño hasta acabarse la tercera cajetilla de tabaco, así que el tema debe seguir fresco.
Ino suspiró y asintió.
- De acuerdo. Si te encuentras en un aprieto...
- Si me encuentro en un aprieto juro que sacaré a Sasuke del instituto aunque sea a rastras. Que no se te escape ningún detalle, por favor –dije antes de darme la vuelta y dirigirme a las pistas deportivas.
Salí corriendo en su búsqueda, con el corazón pendiendo de un hilo. Hinata me vio pasar y me frunció el ceño con preocupación, pero la calmé con una sonrisa nerviosa. No podía perder ni un segundo más mientras esa lengua enferma tuviera la oportunidad de envenenarle los oídos a Sasuke. Bajé corriendo la extensión del césped y recorrí las pistas deportivas. Jadeé impotente. Me sentí observada y perdedora, terriblemente perdedora, pero no podía dejar de buscarle. Dejar de hacerlo significaba tener una bronca con Sasuke asegurada.
- .¡Sasuke! –grité- .¡Sasuke-kun!
No había señales de ninguno de sus amigos. Sólo conseguía encontrar a amigos de sus amigos. La cafetería estaba prácticamente vacía y no se me ocurría ningún lugar donde pudiera estar. Me aliviaba ligeramente reparar en que faltaban todos los de la pandilla de Sasuke, no solo él, pero no dejaba de haber peligro.
Di una vuelta entera a las pistas, echando vistazos entre todos los grupos de estudiantes. Subí de nuevo la pequeña pendiente del jardín y repasé rápidamente los corredores de bancos que precedían los vestuarios del gimnasio antes de inclinarme sobre mi amiga.
- Hinata, .¿no habrás visto a Sasuke-kun por aquí, verdad? –susurré a su oído.
Me miró con poco margen para preservar la intimidad de nuestra conversación y negó.
- Estos dos no dejan de marearme con las dichosas estampitas. Le he visto bajar a la cafetería al principio del recreo, como tú, pero le he perdido la pista. ¿Qué pasa? .¿Estás planeando otra escapada?
- Ojalá. Puede que esté corriendo un absurdo rumor sobre mí y no quiero que él lo escuche.
- .¿Un rumor? .¿Sobre ti?
- Sí, pero no es seguro. Sólo me importa que él lo escuche. Tengo que encontrarle.
- .¿Has mirado en el vestíbulo?
- No.
- Pues acércate allí y búscalo. El recreo está a punto de terminar. Si yo lo veo por aquí te lo mandaré.
Se lo agradecí y volví a echarme a la carrera. Sin embargo, el timbre que daba por finalizado el recreo sonó en cuanto alcancé el segundo pasillo. No dejé de buscar.
Los chavales que estaban sentados en los bancos se levantaban para regresar a las aulas. En apenas quince segundos la entrada al instituto se congestionó y sólo pude alcanzar a ver hombros.
Opté por retrasarme acercándome a la pared de la entrada. Sasuke no se daba mucha prisa en volver a clase... pero, demonios, si Temari ya había hablado con él, se estaría dando prisa en volver para hablar conmigo... pero, espera... si Sasuke no estaba en las pistas deportivas Temari no podría haberle encontrado y habría pensado, como yo, en esperar encontrarle entre los rezagados...
Me deshice de todo eso y me acerqué hasta la pared. Si no le encontraba al menos me daría tiempo a pensar algún modo de excusarme.
Llegaba a la conclusión de que tampoco debería molestarme mucho en formular explicaciones cuando él ni se molestaba en inventarse una buena razón con la que excusarse por el destrozo de nuestro momento estelar en el sofá del día anterior cuando reparé en que en el patio ya quedaban sólo los del último curso. Pero nada, no había suerte. Sasuke no había estado fuera durante todo el recreo.
Me encaminé al vestíbulo.
- .¡Sakura!
Ino me alcanzaba y me apretaba el brazo con fuerza para reclamar mi atención.
- Escucha...
- Ino, no ha habido manera, no he tenido tiempo. Sasuke no aparecía por ninguna parte...
- Pues quizá sea mejor. He escuchado todo lo que se ha estado hablando ahí y...
- .¿Sí? Menos mal. Saldremos de dudas antes de empezar la clase. ¿Qué es lo que has escuchado? .¿Temari-san le ha ido con el cuento?
- No, nada de eso, no salió para decirle nada, pero... Sakura, no creo que... en fin, no creo esto te vaya a hacer mucha gracia. Yo no creo que...
Vi a Sasuke por fin. Salía con Naruto de los casilleros.
- Espera, Ino, espera. Creo que lo veo... Allí está...
- Sakura –dijo rotundamente. La miré asustada, solo un momento después de que Sasuke también me viera a mí y me saludara alzando las cejas-. Sakura, he escuchado rumores, otra clase de rumores, y vienen de buena tinta. Dicen que se le ha escapado a Uzumaki.
Apreté los labios y miré a Ino con la paciencia por extraña. Si Naruto estaba por medio, no debía caber duda.
- Naruto.
- Sí.
- .¿Qué?
Ino me miró con disculpa. Busqué de nuevo la mirada de Sasuke y la encontré. Sentí que se me helaba el corazón.
- Sasuke va a romper contigo.
La mirada ilegible que me había dirigido mientras Ino me comunicaba mi sentencia nefasta me acompañó durante el resto de la jornada. Sasuke-kun tenía los labios tensos y los ojos insondables. Había tanta aspereza en ellos que parecía que Ino me hubiera dicho aquello delante de él, y estuviera mirándome así esperando a ver mi reacción sin desmentir nada. Sentí los ojos de Sasuke obligándome a hundirme sobre mis rodillas.
Con ese tembleque nauseabundo de piernas subí dos pisos y me arrastré hasta mi pupitre. Ino, fuera, me chillaba. Quizá no tanto, pero me lo parecía así. Por dentro me mataban la desesperación, la incomprensión, la mirada de abandono de Sasuke, las ganas agónicas de suplicar una nueva oportunidad, el desprecio a mi inexperiencia, mi no saber hacer. A gritos y mantenida en la superficie por una mirada muy azul me resbalaban las buenas razones para desestimar la nueva noticia. Que no hiciera caso, que debía haber una explicación, que sabía de lo que hablaba cuando decía que Sasuke hacía una gran excepción conmigo.
Pero a mí todo me sabía igual que lo que pensaba: a destrozo.
Desde que el sexo había aparecido, la cosa no había hecho más que empeorar. Me había concienciado toda la vida de que las relaciones basadas en el sexo, o las que se rompían por él, eran una pérdida de tiempo. Impotente, había visto a Ino llorar cuando cada chico la había decepcionado y la boca se me había llenado con las reprimendas por ir tan rápido.
Pensaba que yo no tendría problemas si me lo tomaba todo en serio, y esa no era solución válida. Ninguna medida, ninguna acción, ningún tipo de madurez, me garantizaban que dejara de tener problemas.
Ahora tenía sobre mí la fuerte amenaza de que Sasuke-kun me apartara de su vida y yo sólo había tenido por máxima hacerle tan feliz como podía y tomarme mi tiempo para dar pasos con él.
Estar alejada de él...
Yo quería estar con Sasuke. Aunque tuviera que aguantar dudas y momentos insoportables de silencio. Debían ser con él.
Con razón había estado tan silencioso de camino al metro, tan ausente cuando tomamos éste. Con razón sólo me dio un beso en la sien antes de entrar al instituto. Con razón el apretón de manos antes de ir a sentarse a su pupitre me había sabido a...
Deseé con todas mis fuerzas que el profesor llegara y el jaleo y las risas desaparecieran a mi alrededor. Necesitaba tranquilidad, que Ino cerrara la boca y que Sasuke se explicara.
Cuando Gai entró, nos saludó y el silencio se hizo eché de menos el caos y lo preferí, porque el ruido amortiguaba mi angustia. Si escuchaba todas las implicaciones que sobrevendrían por romper con Sasuke en soledad iba a saber lo que era el infierno.
Hinata me miró significativamente cuando reaccioné a la quietud. Movió los labios y gesticuló hasta que pude entender "Ino me lo ha contado. No pienses. Yo no me lo creo tampoco".
Aguanté como pude, simulando atender, frenando con esperanzas marchitas el alud de desgracias que no dejaba de parir mi imaginación. Y así la hora de clase se sucedió interminable.
Cuando acabó creí que no podría continuar. Pero lo soporté.
Si quería ser fuerte para afrontar el abandono de Sasuke, debería empezar a mentalizarme.
Aunque fuera lo peor que me pudiera pasar.
Debía aguantar.
Al final de la jornada, cuando el último profesor abandonó el aula, empezamos a recoger y un gran barullo de excitación se extendió rápidamente en clase. El día siguiente tendríamos el último examen y ya algunos habían sugerido que saliéramos todos juntos a cenar el viernes porque coincidían algunos cumpleaños.
Mis amigas me insistieron en hablar con Sasuke con tranquilidad y llamarlas en cuanto llegara a casa para decirles que, tal y como me habían dicho, no había de qué preocuparse. Me despedí de ellas a punto de abrazarlas, con la enorme convicción de que la conversación que iba a mantener con Sasuke iba a cambiarlo todo radicalmente. Sabía que el día de mañana no iba a ser agradable y que yo lo empezaría llegando a casa destrozada esa misma tarde.
Tragué en grueso. Cerré la cartera, me la eché al hombro, y me volví a Sasuke-kun por primera vez en esa eternidad de incertidumbre.
Estaba cerrándose el abrigo mientras se despedía de Naruto. Éste se despidió de mí asintiendo gravemente, intentando sonreír. Maldita sabandija... te sacaría los ojos con un compás...
- .¿Vamos, Sakura-chan? –me preguntó Sasuke al verme clavada junto a mi silla.
- Claro.
Salir a la calle fue muy extraño. El frío me sabía distinto. Todo funcionaba de otra manera, más rápido. Me sentí muy viva al poner un pie en la calle y respirar el suave viento helado. Irremediablemente estaba potenciando mi atención. Mis sentidos estaban alerta para recoger todo lo que ocurriría. Genial, mi mente me la iba a jugar. Iba a ayudar a flagelarme, iba a hacerme el gran favor de archivar fielmente el momento fatídico.
El corazón me marcaba todos los segundos al dedillo y los ojos devoraban cada movimiento de Sasuke, cuando me armaba de valor para mirarle.
Sasuke-kun me miró sin decir nada y se humedeció los labios brevemente. ".¿Es mi último paseo con Sasuke? .¿Cuántas veces recordaré este momento?" me preguntó el corazón con su martilleo amargo.
Tomamos el autobús sin cruzar palabra. Me sentí como un reo, muerta de responsabilidad por nuestro fracaso y el fin de nuestra amistad. En el camino me dio un acceso de llorera pero la contuve como pude, apretándome la mano a la nariz para aliviar el picor, moviendo los ojos a todos lados cabizbaja para que se me descongestionaran, apretando el grueso de la cartera como si fuera una almohada. Sasuke-kun no levantó la cabeza.
En cuanto nos apeamos del autobús me dije que el momento había llegado.
Sintiendo que toda la vida que experimenté tener a la salida del instituto me abandonaba, me aclaré débilmente la garganta, inspiré y dije:
- Sasuke... –me miró de un parpadeo- Yo... ya no puedo más. Tenemos que hablar y lo sabes. Dime lo que tengas que decirme de una vez, por favor. Necesito escucharlo.
- Bueno –suspiró cansinamente-, esto no es fácil. Realmente me gustaría que lo de ayer no cobrara tanta importancia.
- No necesito repasar todas las cosas que han pasado hasta ahora para dejar las cosas claras, así que olvídate de todo eso. Dímelo sin tapujos, dame una explicación y todo se quedará aquí. Te prometo que no te buscaré para darte la brasa. Pero si vamos a... –sollocé sin fuerza, sustituyendo esa expresión que me costaba digerir- date prisa.
Sasuke-kun se puso blanco. Tensó los hombros. Tomamos las escaleras mecánicas y él lo hizo a un escalón por debajo de mí para mirarme a mi altura.
- Oye, esto me está gustando tan poco como a ti.
- Déjame dudarlo.
- Desde luego que no –me dijo indignado-. Las cosas no funcionan así, .¿sabes? No soy tan bruto.
Claro. Asentí, sin ganas de abrir vía a otra discusión.
- Simplemente hazlo, Sasuke-kun, por favor. No alargues más la espera. Si hay que hacerlo, se hace y punto.
Sasuke pareció más perdido.
- .¿Si vamos a hacer, qué?
Lo miré sin comprender.
- .¿Qué va a ser? .¿De qué crees que estoy hablando? Las noticias vuelan. Me enteré en el recreo de que quieres romper conmigo.
Me miró sin parpadear.
- Es muy ruin que se enteren las marujas de los aseos antes que yo –susurré-. Pero ahora mismo enfadarme por la poca discreción de Naruto no tiene sitio. Confío en que me des una buena respuesta ahora, Sasuke. Ten la decencia de darme una buena explicación al menos esta vez.
Sasuke salvó la cuchilla a nivel del suelo de la escalera mecánica de espaldas y se hizo a un lado conmigo sin parpadear aún. Inspiró profunda y rápidamente, cabeceó al suelo soltando de un golpe todo el aire y me miró como si acabara de insultarle.
- .¿Qué? .¿Qué cojones me estás diciendo, Sakura? –apretó la mandíbula con fuerza y miró a otro lado- Ese gilipollas... Será tarado ese...
- Sasuke, por favor –dije reforzando el último muro de contención de las lágrimas-. Sólo quiero que seas rápido, .¿vale? Sólo tienes que hacerlo y me iré de aquí y no habrá más razones por las que nos tengamos que levantar la voz.
- No voy a hacerlo. No voy a romper contigo. ¿Qué demonios te pasa por la cabeza?
Se me cruzaron los cables. ¿Qué?
- .¿Crees que le iba a decir a Naruto antes que a ti que iba a romper contigo? .¿Estás tonta?
- .¡Se lo escucharon decir a Naruto! .¿Qué podía yo pensar después de lo de ayer? .¡No sé cómo van estas cosas, Sasuke! –algunos viajeros que bajaban las escaleras nos miraron, pero estaba tan nerviosa que bajé el tono sólo por no terminar perdiendo los estribos. ¿Había estado sufriendo un infierno de tres horas por un chisme?- No vamos de frente, en cuanto parece que vayamos a hacer algo íntimo alguno de los dos para... no nos damos razones, Sasuke-kun. ¡Qué podía pensar! .¿Es que es un chisme? .¿Se lo han inventado?
Sasuke se mordió la comisura del labio y resopló.
- No es del todo falso.
- .¿Ah, no? .¿Entonces? .¿Qué me debo creer? –me crucé de brazos y le miré irritada.
- Hablé esta mañana con Naruto sobre ti. En el recreo, en los casilleros, uno de los chicos gastó una broma y otro te metió a ti por medio inocentemente. Naruto contestó y... debieron malinterpretar.
Fruncí el entrecejo.
- Hablaste con Naruto sobre mí.
- Sí –espetó mordaz.
- .¿De qué, si se puede saber? .¿De lo que no me puedes explicar a mí?
- .¡Pues sí! –me gritó- .¡Hablé de eso con él!
- .¿Te das cuenta de cómo va todo esto, Sasuke? –dije dando un paso hacia él.
Sasuke se echó también sobre mí, furioso.
- .¡Yo tampoco aguanto esto! .¡Y no me puedo explicar a mí mismo por qué no pueden salir las cosas con más naturalidad!
.¡No te quedes ahí, no te quedes ahí!
- .¿Has dejado de quererme? –pregunté con taquicardia, abrazando la esperanza de que por fin Sasuke fuera completamente sincero y se diera cuenta de lo que sentía al contestarme.
Sasuke entreabrió la boca pero no articuló palabra. Un par de segundos más tarde me agarró bruscamente de los hombros y me los apretó apurando hasta el umbral del dolor. Se inclinó sobre mí y me miró fugaz e intensamente los labios. En sus nerviosos ojos vi pasar un millón de cosas. Cosas que le entristecían y le hacían fluctuar la fuerza de los dedos.
- Puede que no sea un libro abierto, Sakura-chan. Pero creo que desde que tuve la suerte de fijarme en ti, -sacudió la cabeza- no, desde que te conozco, no he dejado de decirte a mi manera que eres especial. No tienes derecho a hacerme esa pregunta. No puedes hacérmela, .¿entiendes?
Algo debió leer en mis ojos que no le gustó. O hubo algo que esperaba encontrar que no halló. Me soltó y se separó un palmo de mí, aturdido.
Por primera vez vislumbré la ruptura como una cuestión inevitable y que pasaba a mis manos. Yo no quería aquello. Yo no me imaginaba los tiempos venideros así. Podía aceptar que Sasuke y yo no fuéramos perfectos y que las cosas no serían geniales siempre. Pero otra cosa era tener presente todos los días que en mi mano está salvar una relación de amistad y que no puedo dar el paso por miedo o por la comodidad de la inercia. Prefería seguir queriendo a Sasuke con todo el corazón y dejar que me lo partiera cada vez que me enterara de que se acostaba con una chica a que estuviera a mi lado y me hiciera sentir como una extraña.
Sasuke me encantaba de muchas maneras. Incluso con sus bromas y atajos confusos en su manera de hacer las cosas cuando estábamos juntos, yo le adoraba. Pero lo que Sasuke me estaba enseñando ahora tenía una fuerza y una naturaleza que yo no podía tolerar. Necesitaba tener a Sasuke-kun fuese como fuese, regalándome un beso o una broma estúpida para darme los buenos días , pero irradiando ese frescor tan vibrante, tan suyo.
Suavicé todo lo que pude el tono para zanjar ese encuentro y echarme a correr para coger el tren sola.
- Y sin embargo algo debe andar mal, .¿no? Para que no deje de ser verdad que discutiste con Naruto sobre el final de nuestra relación. Las cosas no pueden seguir así. No me basta que tengas todo el amor del mundo para mí, Sasuke, si no estamos bien juntos. Yo no quiero esto. Yo no puedo estar a tu lado si seguimos dando estos tumbos...
- .¡No puedo hacerlo de otra manera! .¿Vale? –me dijo a viva voz- .¡No sé cómo pensáis las mujeres! .¡No tengo ni idea de qué hacer para no herir tus sentimientos! .¡Tengo la misma idea de cuidar de personas como tú como de practicar ikebana! .¿Te has preguntado alguna vez por lo que puedo pensar, cómo me puedo sentir, cuando estoy contigo? –se dio la vuelta, como una furia, pero estaba a años luz de recuperar la tranquilidad, así que volvió a mirarme- Joder, no, no lo has hecho.
Me eché una mano a la boca y lo miré sin poder articular palabra.
- Es que... Sasuke-kun... Yo no...
- .¿Por qué no me has escuchado? –me dijo suavizando la voz, clavándome su dolor en los oídos- .¿Por qué no te das cuenta de que yo no soy así?
- No me decías nada, Sasuke.
- Mentira. No sabías escucharme.
Apretó los labios. Tomó aire más tranquilo.
- Sasuke-kun... –dije asomando la disculpa.
- No, Sakura, no. Déjalo –se quedó en silencio unos segundos mirando al suelo-. Piensa bien lo que me vayas a decir y no cambies de opinión por esto. Si esto no es lo que quieres y sigues a mi lado porque te ablanda haber escuchado lo que acabas de oír, te prometo que te odiaré como nunca he odiado a nadie –me miró, y no estaría segura de poder decir si lo que me inspiraba era pena o terror-. Odio la limosna.
Di un paso al frente, sacudida por la idea de que él hubiera pensado eso en algún momento.
- Me voy solo a casa.
Se dio la vuelta y, antes de que pudiera pensar en ir tras él y volver a intentar disculparme, él había tomado el camino para coger nuestra línea y había desaparecido doblando una esquina.
Me bombeaba el corazón con la gravedad de un tambor aporreado con saña. No sabía si echarme a llorar por lo mal que se lo había hecho pasar a Sasuke-kun o alegrarme por conocer por fin la razón por la que parecía otro. Sólo sabía que tenía unas ganas tremendas de perseguirle, abrazarle y gritarle que le quería más que nunca. Y también que no podía caber duda de que no me merecía un chico como aquel.
Todo estaba aún desbaratado, por supuesto. Todavía albergaba mis dudas sobre la adecuación de nuestra relación. Me alegraba mucho conocer por fin las razones de Sasuke pero no estaba convencida de que un noviazgo fuera lo nuestro, y me tenía que cuidar bien de estar con él por razones equivocadas. Por si fuera poco, también me indignaba que se hubiera permitido ese silencio conmigo.
Demonios, Sasuke-kun me había hablado de todo siempre. Me había reconocido, en una sola ocasión que no compartió con nadie más, que echaba de menos a su madre, y que cada vez que veía a su padre después de sus viajes lo sentía más prescindible en su vida. Sasuke me había contado todas sus aventuras con las chicas, incluso cuando le decía que me bombardeaba con tanta información innecesaria. Él estaba siempre abierto para mí, desde la guardería. Y ahora que está a mi lado de esta forma tan íntima me descubre su coraza.
Tardé media hora de más en volver a casa. Me di una vuelta antes de llegar a casa.
El examen del miércoles no se me olvidaba, pero estaba demasiado impactada, demasiado enfadada, radiante y nerviosa para volver y enclaustrarme. Quería tomarme un respiro, tenía que idear una manera de arreglar las cosas con Sasuke antes de irme a Kobe. No me importaba tanto la naturaleza de nuestra relación resultante de nuestro próximo encuentro como el hecho de que yo tomara el vuelo a Kobe con la conciencia tranquila... y para aquello me faltaban cuatro días.
Cuando regresé a casa me encontré el cuaderno de Historia apoyado contra la puerta. Sasuke había escrito algunos datos sobre la redacción en una hoja a sucio, que adiviné como la que él había utilizado para redactar su escrito.
Me cambié, encendí el equipo de música para relajarme, y preparé los resúmenes en el escritorio para dar un repaso antes de dormir.
Decidí cenar decentemente, así que empecé a preparar la cena desde temprano. Llamé a Ino y a Hinata, y les dije que todo iba bien, aunque no les conté todo. Cuando Hinata colgó el teléfono me sedujo la idea de llamar a Sasuke. Pero definitivamente, no podía hacerlo. No era el momento.
Me apetecía tanto llamar a Sasuke e invitarle a cenar conmigo o llamar a Itachi por el móvil para preguntarle cómo había llegado a casa...
Quizá... quizá la cena del día siguiente... ¿y si la preparara para Sasuke?
Descubrimos un poco más a Ino y presentamos al friki de Shikamaru. Para gustos, colores, .¿eh? Viva la diversidad xD
Por lo que respecta a nuestro pairing, Sasuke no podría dar sus razones como Sakura hubiera deseado, sincerándose tranquila y afectuosamente, al muchacho no le quedaba otra que darlas sin más retraso. Menuda se ha liado. A su vez, este susto que se ha dado Sakura pensando que Sasuke iba a romper con ella era un paso forzoso que cruzar en esta semana. Las relaciones son complicadas para todos, sí. Para Sakura no iba a ser de otra manera aunque tenga de novio a este pimpollo, y por lo visto para Hinata tampoco viste todo de rosita.
Espero que el capi os haya gustado y estéis interesados en saber cómo se da final al primer problema que Sasuke y Sakura tienen en su relación... ¿será el último? :O
Como siempre, los reviews se agradecen. ¡Quiero saber qué os está pareciendo esto, sea cual sea la impresión! :3
.¡Nos leeremos pronto! (espero...)
