Lo sé. Lo sé. Lo sé. Hace casi 6 o 7 meses que no actualizo y me auto-inmolo por eso. La verdad es que he estado viajando mucho, de la playa al pueblo, del pueblo a la playa y… ¡bah! Dejémonos de excusas. Seguro que queréis leer la continuación ¿verdad? Como siempre, más notitas al final del capi.
Disclaimer: Shugo Chara junto con sus personajes (blah blah ¿alguien lee esto hasta el final? Lo dudo) son propiedad de Peach-Pit. Hurra por ellas
Canción elegida: Distance of two / Futari no kyori (¡Es el tema de Amu y Ikuto con letra! Buscadlo en youtube, no tiene desperdicio)
We didn't realize,
the moment we met,
that our future was set…
Con los curas y los gatos, pocos tratos
(Parte 2)
¿Era sensación suya o el ambiente estaba demasiado frio? No sabía exactamente hacia donde se dirigían (debía de reconocer que nunca había visitado el parque de Morimochiya), así que no sabía cuánto tiempo quedaba antes de que llegaran a su destino. Sin embargo había algo en el ambiente que no acababa de encajar.
Ikuto y Amu caminaban juntos, al mismo ritmo, con la misma soltura, y no obstante, se podía notar que había un muro entre ellos que los separaba. Amu miraba discretamente la mano de Ikuto que se balanceaba hacia delante y hacia atrás conforme iba caminando. Su mente evocó los recuerdos de hace unos minutos, cuando esa mano había agarrado la suya propia y había entrelazado los dedos con los suyos. Extrañaba su contacto y su calor.
No obstante, Amu desvió la mirada e intento concentrarse en otra cosa que no fuera el peliazul que caminaba a su derecha. Por mucho que él le hubiera invitado al festival, aquello no era una cita ¿verdad? No. Seguramente tenía ganas de ver cómo actuaba su hermana y no tendría a nadie más con quien ir.
Aunque a la muchacha rubia que había estado con él seguro que no le hubiera importado acompañarle…
Una pequeña punzada atravesó el corazón de Amu. ¿Celos quizás? No, imposible. A ella no le gustaba Ikuto. Seguramente sólo era un poco de orgullo herido. Nada de lo verdaderamente preocuparse. Seguro.
Amu siguió caminando en silencio al lado de Ikuto, perdida entre sus cavilaciones.
Esto no es una cita ¿no? Entonces no tengo por qué comportarme cómo si así lo fuera. Actuare normal y la atmosfera entre nosotros será como ha sido siempre: un amistoso campo de batalla entre un gato pervertido y una genial y maravillosa estudiante de secundaria. Bien. Ahora solo tengo que conseguir desatar el nudo que tengo en el estómago.
Ne, Ikuto – dijó Amu con una sonrisa medio forzada.- Queda mucho para…
- Ya hemos llegado. – respondió el otro, parándose enfrente de un pórtico japonés que daba paso a un extenso bosque. – Las niñas pequeñas primero. – dijo con sorna.
Amu apretó ligeramente los puños y sonrió forzadamente. Te ha invitado a un concierto. Sé amable por una maldita vez, Amu.
Sin embargo, todo resquicio de enfado se evaporó cuando entro en el bosque.
Si existiera alguna palabra que pudiera definirlo sería mágico. Así es como el viejo parque de Morimochiya, usualmente vacio y lleno de árboles de cerezo lucía esa noche en el festival de verano. Todo en aquel lugar parecía sacado de un cuento mágico. Los pequeños puestos de dulces de azúcar, el olor dulzón que desprendía las manzanas de caramelo y las luciérnagas que se acercaban revoloteando a los candentes faroles colgados en postes evocaban recuerdos de películas de fantasía; aquellas en donde pequeños espíritus del bosque corretean y juegan en las ramas.
La suave pero alegre música hacia que Amu repiqueteara los dedos contra su uniforme, siguiendo el alegre ritmo. Ciertamente aquella atmosfera hacía que su corazón chisporroteara de alegría. Sus ojos empezaron a moverse por todos los tenderetes, extasiada por las luces y los colores.
- ¿Estás bien? Parece que te va a dar un ataque epiléptico o algo.- suspiró Ikuto, viendo como la chica empezaba a moverse de un lado para otro, indecisa sobre el lugar que debía visitar primero.
- Ikuto. ¡Este lugar es fantástico! – respondió animadamente la pelirosa
La cara sonriente de la muchacha quedó truncada durante unos segundos en las retinas de Ikuto, que se quedó inmóvil durante unos instantes.
- Oh mira. ¡Hay un puesto de helados! – Dijo Amu agarrando de la manga al felino – Vamos a cogernos uno, porfa.
Amu miró deseosa a Ikuto, esperando una respuesta por su parte. El peliazul ladeo un poco la cabeza, dando su aprobación, sin embargo, la pelirosa no dejo pasar el pequeño remolino rojizo que se había formado en las mejillas del chico.
Probablemente sea cosa de los farolillos.
Pero en sus dedos cosquillearon pequeñas mariposas.
Aquello sólo tenía una palabra que lo definiera: Tortura.
Tortura era observar cómo la lengua de Ikuto lamia el helado de crema y se enroscaba para coger los pequeños trozos de galleta que flotaban en medio del helado. Tortura era sentir cómo se le secaba la boca cada vez que Ikuto saboreaba el gusto de la nata en sus labios y veía como su nuez se movía de arriba abajo cada vez que tragaba.
Definitivamente, ir a buscar helados había sido una mala idea.
Vale, perfecto, lo estás haciendo muy bien Amu. Inspira. Expira. Bien, perfecto. Sobre todo que no note que estás nerviosa
Amu intentaba con toda su fuerza concentrarse en saborear el dulce helado que sostenía.
Eso, concéntrate en el sabor. Solo en el sabor.
-Hum, espera. – Dijo el felino.- Tienes algo de helado de crema en la mejilla. Te lo quitaré.- Ikuto cogió con el índice y el pulgar el rostro de la pelirosa y lo giró hasta exponer su mejilla manchada de helado que poco a poco se iba escurriendo creando un camino de crema líquida. Cerró los ojos y acercó el rostro hasta que su nariz rozó uno de los ojos dorados de la muchacha. Su boca se paró milímetros antes de tocar su mejilla.
- Hey, Amu…
- ¿Q...Qué?
Respira, maldita sea, respira.
- Intenta no disfrutar demasiado…
Maldito gato bastardo…
En ese momento, la suave lengua de Ikuto se deslizó delicadamente, absorbiendo todo el rastro que el helado había dejado y dejando un sendero de saliva caliente sobre el pómulo de Amu. Repasó el rastro que había creado varias veces, ascendiendo y descendiendo, dejando que sus labios rozaran levemente la piel de la chica.
- ¡¡Quita de encima pervertido!! – Dijo Amu, con la cara roja y a punto de estallar. No obstante no aparto su mirada de los ojos de Ikuto. El felino seguía mirándola con una expresión divertida en el rostro.
-Oh, cierto. Me había olvidado ya cuán vergonzosa podías llegar a ser.
-¿Perdón?
- Ya sabes, creía que tú y yo ya habíamos llegado a ese grado de confianza en el que te puedo lamer la mejilla sin que tú me rompas un brazo por ello. – Ikuto hizo sonar esas palabras con un tono increíblemente inocente y cándido.
Un escalofrío recorrió la espalda de Amu al imaginarse la suave rugosidad de la lengua de Ikuto acariciando toda su piel.
No. No. Amu, modérate. No caigas en su trampa. Tú eres mucho más fuerte que él.
- Que tú seas un depravado sin una mínima noción de lo que es el espacio personal no es asunto mío– replicó esta.
- Vamos Amu, seamos sinceros y reconozcamos el verdadero problema. No es que yo sea un depravado o un pervertido – respondió Ikuto – sino que tú eres demasiado tímida y cauta.
-¡¿Qué?! - reclamó Amu - ¡Yo no soy eso!
- Ya, claro. Tú niega la evidencia, pero los dos sabemos que lo que digo es verdad.
Amu se mordió el labio con frustración. Si él supiera todas las cosas que ella había llegado a pensar en hacer con el felino estaba segura de que no le diría que era ''tímida'' ni ''cauta''. Un breve impulso de desmentir su afirmación y contarlo le sobrevino.
- Tú no sabes lo atrevida que puedo llegar a ser.- Dijo con un tono desafiante en su mirada.
Ikuto se paró brevemente, sorprendido, pero inmediatamente sonrió con esa habitual encantadora sonrisa gatuna. Una maravillosa y excitante idea se le había pasado por la cabeza.
-¿Ah sí? Entonces, pruébamelo.
Maldición. Ahora sí que he metido la pata hasta el fondo. Amu tragó pesadamente ante el enorme problema en el que ella solita se había metido.
- ¿Q...Qué quieres que haga? – Dijo, intentando controlar el temblor de su voz.
Ikuto la miro fijamente y se acercó poco a poco a ella. Los ojos del felino brillaron furtivos y Amu instintivamente echó su espalda hacía atrás, alejándose de él. Ikuto notaba como la cara de Amu empezaba a sonrosarse y como su respiración comenzaba a volverse inestable. Interiormente, Ikuto estaba disfrutando extasiado con solo ver como la muchacha se ponía nerviosa ante su cercanía.
Cuando la cara de ambos jóvenes estaba a un palmo de distancia, la suave mano de Ikuto se acercó hasta la oreja de Amu, colocándole un mechón de pelo rosáceo tras ella y dejando que sus dedos dibujaran el perfil de su mandíbula, bajando hasta su cuello y acariciando su clavícula.
- ¿Qué quiero que hagas? – Dijo, mientras su mirada malva quedaba prendada en los entreabiertos labios de Amu –Mmm. Puedes empezar con un beso. A la francesa.
Amu abrió los ojos sorprendida. Un torrente de calor recorrió toda su cara y quedó acumulado en sus labios, teniendo la sensación de que su cuerpo se estaba rebelando contra ella misma y estaba derrochando combustión por toda su piel en señal de entusiasmo ante la proposición.
Involuntariamente bajo su mirada hasta los labios de Ikuto, preguntándose como seria sentirlos contra su piel. Cuando se quiso dar cuenta, sus dedos estaban acariciando el contorno de sus propios labios. Amu podía jurar que la temperatura dentro de aquella boca era tan caliente que podía arder con solo tocarla.
Pero, repentinamente, una carcajada demasiado sonora rompió bruscamente su ensimismamiento.
Ikuto se estaba riendo.
No. ¡Ikuto se estaba riendo de ella!
- Vaya, vaya. Así que la pequeña Amu-chan se estaba reconsiderando mi propuesta ¿eh? Parece que no te conozco tan bien como yo creía…-
La cara de Amu era rojo fuego. La pelirosa miraba con ira y con vergüenza a un desvergonzado Ikuto que se reía a carcajadas.
'' Vaya manera de hacer el imbécil, Amu. Cómo si Ikuto pudiera interesarse por una niña como yo''
Ante este pensamiento, la muchacha no pudo evitar apretar las uñas dentro de sus puños, recordando como antes una belleza rubia había estado coqueteando descaradamente con Ikuto. Al felino no parecía haberle importado…
- ¿Qué pasa Amu? Estás muy callada ¿Te ha comido la lengua el gato? – Ikuto sonrió descaradamente – Ah. Espera. No.
Mientras el peliazul volvía a reírse a carcajadas de su propio chiste, Amu empezaba a desear haber rechazado la oferta del felino. ¿Para eso la había invitado? ¿Para reírse de ella? ¿Para restregarle por la cara lo imbécil que era? Amu había tenido falsas esperanzas con respecto a esta cita. Lo que parecía haber empezado como un viaje al paraíso había acabado por convertirse en un infierno.
La estudiante escondió su mirada tras el flequillo y luchaba para evitar que las lágrimas desbordaran su rostro. Si ahora Ikuto la veía llorar seguro que volvía a reírse de ella. No obstante, las lágrimas, una tras otra, iban cayendo imparables cruzando sus mejillas. Amu solo quería irse de allí y volver a casa, donde nadie podría herirla de nuevo.
Se levantó del asiento con la intención de marcharse de allí. Ikuto la miró sorprendida cuando vio que empezaba a caminar hacia la salida.
-¿A dónde se supone que vas? –demandó el peliazul.
- Al baño. Déjame. – se excusó Amu, sin voltearse.
- Eh, espera. Los servicios están por el otro lado.
Ikuto cogió la muñeca de Amu para retenerla, pero esta se soltó del agarre bruscamente. Ikuto se paró en seco. ¿Qué demonios le pasaba ahora? Amu empezó a andar hacia la salida, cada vez con paso más rápido, hasta que terminó corriendo. Ikuto seguía plantado en el sitio, sorprendido.
- ¡Amu, espera! – gritó Ikuto, pero la chica estaba ya demasiado lejos.
El viento veraniego volvió a soplar y una ráfaga de pétalos de cerezo acarició los brazos del felino. Su tacto era suave y delicado, pero por alguna razón, a Ikuto le supieron demasiado escalofriantes. Con un suspiro, volvió hacia el banco en el cual se habían sentado y recogió sus cosas, dispuesto a volver a casa.
Amu seguía corriendo.
Sentía el viento chocar contra sus mejillas húmedas y frías, a pesar del calor de la estación. Corrió y corrió sin mirar el camino que seguía. Sólo esperaba que el peliazul no la hubiera seguido. Había huido como una autentica cobarde.
Tras lo que pareció una eternidad, Amu empezó a disminuir su ritmo hasta que sus largas piernas dejaron de correr y empezaron a caminar. Su vista se veía borrosa, efecto de las lágrimas que todavía seguía derramando. ¿Por qué se sentía así? Sentía una angustia dentro de su pecho que no sabía clasificar. Algo que parecía quemarla y helarla a la vez. Su corazón latía excitado, bombeando rápidamente sangre a su cabeza, sintiendo cada latido en las mejillas sonrojadas por la carrera.
¿Qué demonios me pasa? – Se preguntó la pelirosa - ¿Por qué me siento así de mal?
La respuesta surgió de su interior como un relámpago: Ikuto. Él era quien le hacía sentirse así; vulnerable, indecisa, desorientada, endeble, frágil, pusilánime. Él, con su seguridad ante la vida, con su desparpajo natural, con su arte para dominar la situación. Cuando estaba con aquel hombre toda su fortaleza se desmoronaba. Con él no podía ser la chica cool ni picante, sino simplemente una niña tímida y asustadiza. Hasta él mismo lo había dicho. Ella era demasiado cría para él.
Amu sonrió torcidamente, ante la ironía de la situación. Ikuto, que podía tener a todas las mujeres que quisiera, había desperdiciado su tiempo en una niña endeble como ella.
Pero eso no volvería a pasar. Quizás fuera débil, pero aún así seguía manteniendo su dignidad, aunque ahora estuviera rota y hecha pedazos. Si tenía que elegir entre volver con él y seguir sufriendo o continuar con su vida aburrida pero segura decidía sin duda alguna la segunda opción.
He vivido toda una vida sin Ikuto. Puedo continuar adelante sin él.
Ante este pensamiento sintió una súbita sensación de soledad que trató de ignorar.
Es Ikuto, por mucho que se crea el ombligo del mundo es sólo otro chico más. No vale la pena. No vale la pena…
Es cierto que no estaba sola; tenía a Kukai, Rima, Nadeshiko y Yaya. Amigos que la querían, que la apoyaban, con quienes podía ser ella misma. Luego estaba Tadase, cuyas sinceras sonrisas, tan diferentes de las de Ikuto, le provocaban un remolino de sensaciones nuevas y desconocidas. Amu sabía que no podría vivir sin ninguno de ellos.
Pero, ¿y sin Ikuto? Su mente proyectó recuerdos del felino; sus ojos violáceos, su sonrisa irónica, su olor afrutado, su cabello sedoso; recuerdos que poco a poco fueron desapareciendo, dejando pasó a un vacio blanco. Imaginarse su vida sin Ikuto a su lado era como tratar de ver un arcoíris en blanco y negro. Era él el que conseguía añadir ese punto justo de picardía e ingenio a su triste existencia.
Amu soltó una débil carcajada. Qué estúpida que era. Sin llegar a percatarse de ello se había acabado enamorando del felino.
Cerró los ojos y apretó los parpados, intentando volver a contener las lágrimas. Pronto le acució la necesidad de arrodillarse y echarse a llorar. Su cuerpo parecía reaccionar inusualmente sensible últimamente.
Amu recordó los tiempos en los que sólo quería a Tadase. Aquello había resultado tan sencillo… Era un amor puro, infantil. Sin complicaciones ni controversias. Sin dolor. Sin embargo con Ikuto no era así. Pensar en Ikuto la hacía sentir extraña, nerviosa, desorientada; pero por otra parte también notaba una ambición extraña, un anhelo de su cuerpo, que cosquilleaba cada vez que pensaba en él.
Pero aún así, su joven corazón tenía miedo de enamorarse de una persona así, de abrigar aquel sentimiento tan real. No sabía si estaba preparada para afrontar aún todo lo que aquella relación parecía conllevar. Y además estaban los sentimientos de Ikuto hacia ella… el chico, o mejor dicho, el hombre, puesto que le llevaba cinco años de ventaja, seguro que no estaba dispuesto a esperar a una niña como ella.
Seguro que el prototipo ideal de Ikuto sería una chica adulta, decidida, inteligente y guapa. Y no una niña como yo.
Con este pensamiento rondándole la cabeza, llegó a casa. Extrañada de no oír el sonido del televisor en la sala de estar se asomó a la cocina: ni sus padres ni su hermana parecían estar en casa. Amu soltó un resoplido de satisfacción. Ahora mismo lo que menos le apetecía era fingir delante de su familia que estaba de buen humor.
Tiró las llaves a la bandeja del recibidor y subió a su cuarto, arrastrando los pies. Nada más abrir la puerta de su habitación abrió la ventana, dejando que entrara la ligera brisa veraniega y se desplomó sobre la cama, quedando en unos segundos profundamente dormida.
No tuvo, lo que podría decirse, un despertar muy agradable.
De hecho, fue un despertar bastante… extravagante.
Primero había comenzado sintiendo frio por los pies, después la sensación había subido por sus tobillos hasta sus rodillas. Más tarde había pasado a su ombligo y había subido desde sus manos hasta sus hombros. Finalmente, sintió aquella sensación en su barbilla.
Amu, todavía con los ojos cerrados, se revolvió, buscando a tientas la sabana para taparse, pero recordó con desgana que ni siquiera se había metido dentro de la cama. Con testarudez, siguió sin abrir los ojos, dispuesta a volver a dormirse.
Cuando estaba a punto de conseguirlo otra vez, noto algo extraño. Una cosa peluda y caliente recorría sus muslos. Y esa cosa estaba viva.
Con un bote, abrió los ojos y se incorporó. Justo entonces su frente chocó contra algo muy duro que la hizo retorcerse de dolor.
- Ahhh –gritaron dos voces a la vez.
Amu se llevó la mano a la frente mientras se preguntaba si de verdad estaba despierta o todavía seguía dentro de su sueño.
- ¡Ikuto!
El mencionado se tocaba el mentor, dolorido por el golpe que Amu inintencionadamente le había propiciado.
- Hola Bella Durmiente. – respondió con una sonrisa.
- ¿De dónde has salido? – preguntó cabreada.
Ikuto simplemente señalo la ventana abierta.
- Como no… - suspiró la muchacha, mientras se incorporada un poco, todavía con el corazón latiéndole a mil por el susto. – Y bien, callejero voyeur ¿Qué quieres? – No pudo evitar que su pregunta saliera un con tono más duro del pretendido, sin embargo, no se arrepintió. Todavía seguía fresco en su memoria el dolor de sus anteriores pensamientos.
- Mira a tus muslos – contestó simplemente el felino.
Allí donde señalaba se encontraba agazapado un pequeño gato negro, seguramente una cría, no más grande que la mano de un adulto. Ronroneaba tiernamente acurrucada entre las piernas de Amu hasta que Ikuto la cogió suavemente de la nuca y la levantó:
- Fíjate Amu, ¡Yoru se ha convertido en un niño de verdad!
Amu arqueó una ceja – ¿Sabes que eso es un gato, verdad Geppeto? – La tristeza de Amu iba poco a poco diluyéndose mientras veía la tierna imagen de aquel gatito trepando por los brazos de Ikuto, no obstante, siguió firme en su determinación de no dejarse embaucar por él. - ¿Que quieres, Ikuto? – volvió a preguntar.
Ikuto acarició las orejas del felino negro, que se dejo hacer.
- Lo encontré hace un par de días herido en el parque. – Dijo, señalando al gato - Me lo traje a casa y lo curé, pero ahora no puedo cuidarlo. He pensado que a ti no te importaría hacerte cargo de él.
Amu miró al gato con ternura. Lo cierto es que le hacía ilusión que Ikuto hubiera pensado en ella para cuidar ese gatito. Sin embargo…
- No puedo…
No quería volver a caer bajo su influencia. Quería que aquel dolor que había sentido por él desapareciera, y para ello la única manera sería sacarlo de su vida y de su corazón.
Ikuto cogió al gato y lo apartó de su regazo. El felino, sintiéndose rechazado, rezongó por la cama y se echo a dormir en un trozo de colcha.
Por otro lado Ikuto se acercó levemente a Amu y la cogió por la barbilla, obligándole a mirarle a los ojos.
- ¿Por qué huyes de mí, Amu? – preguntó.
La muchacha se veía incapaz de soportar esos acusadores ojos azules. Su corazón latía desbocado por el contacto de sus dedos contra su piel, notando como sus pulsaciones empezaban a aumentar. Desvió instintivamente la mirada hacia el suelo.
Ikuto seguía callado, esperando una respuesta de la pelirosa.
- ¿Has venido en mitad de la noche a escondidas solo para traerme al gato? – dijo la estudiante, intentando cambiar de tema.
Ikuto intentó ordenar las ideas dentro de su cabeza, buscando la manera de verbalizarlas coherentemente.
– No. – dijo con una leve emoción contenida. – He venido porque quería verte.
La joven sintió como un abrupto hormigueo recorría su espina dorsal y se le secó momentáneamente la boca. Ikuto siguió manteniendo su mirada malvácea sobre ella. La pelirosa notaba cómo aquella mirada intentaba traspasarla y no pudo evitar ponerse nerviosa.
Su corazón latía desesperado mientras Amu notaba como su alma volvía a sangrar por dentro. Otra vez volvía a sentirse pequeña e insignificante a su lado. Volvía a sentir la amarga derrota de saber que ella no era lo suficientemente fuerte como para afrontar sus sentimientos por Ikuto.
Amu giró de nuevo la mirada. Ikuto clavó su mirada violácea en los ojos dorados de Amu
– ¿De qué tienes miedo?
Y entonces, como si alguien hubiera abierto la tapa de su corazón, Amu empezó a sollozar:
– De todo, Ikuto. – dijo, sin impedir que las lágrimas rodaran a través de sus mejillas. –Tengo miedo de ser débil. De no saber cómo encarar mi vida. De no ser capaz de dar la cara por mis sentimientos y de estar continuamente siendo el eslabón débil de la cadena.
Ikuto permaneció sentado, escuchándola atentamente.
– Tengo miedo de mis sentimientos ¿sabes? Porque siento cosas que sé que no debería sentir. Cosas que sé que van a acabar haciéndome daño. Y por más que intento apartar esos sentimientos de mí, por más que trato de alejarlos de mi mente, siempre vuelven. Y cada vez que pienso que el dolor que producen esos sentimientos no puede llegar a ser tan horrible, siempre pasa algo que hace que mi sufrimiento sea peor todavía. – las lágrimas caían a borbotones mientras la chica derramaba todo su ser en aquellas palabras – Y aunque cada vez que siento que muero por este dolor no puedo evitar pensar que también soy una egoísta. Porque no quiero sufrir, pero tampoco quiero que mis sentimientos desaparezcan, porque entonces me quedaría incompleta, como si fuera un arcoíris en blanco y negro.
La chica se pasó el puño por las mangas, tratando de secar su húmeda cara. Su voz, todavía rota, soltaba de vez en cuando pequeños sollozos.
Ikuto se pasó la mano por la nuca, en un intento de ordenar sus pensamientos. Le había sorprendido que la chica hubiera explotado de aquella manera, no obstante, se sentía alegre por el hecho de que se lo hubiera contado.
Con exquisita suavidad, agarró los hombros de Amu y la obligó a apoyarse en su regazo. Apoyó la cabeza de la chica contra su hombro y pasó sus brazos por su espalda, abrazándola. Protegiéndola.
La chica no opuso resistencia alguna. Estaba emocionalmente agotada. Se dejó acunar entre los brazos de Ikuto mientras aspiraba su dulce olor almidonado. Allí, acurrucada en sus brazos, Amu sintió una calidez reconfortante. En ese momento todos aquellos sentimientos de inferioridad y de timidez quedaron apartados por una sensación de bienestar y cariño que la inundaba.
Amu pasó sus brazos por el cuello de Ikuto y se apretó a su pecho.
– Gracias – le susurró al oído – Por todo.
Ikuto apretó su abrazo y acarició lentamente su sedoso cabello rosado.
– Si te soy sincero, yo a veces también tengo miedo de mis sentimientos. Últimamente muy a menudo.
Amu sintió una pequeña punzada en su corazón. ¿Se estaría refiriendo a sus sentimientos hacia ella? Se regaño a sí misma. Ahora eso no importaba. Dispuesta a animar un poco a Ikuto, le pasó una mano por el cabello, acariciando sus hebras azuladas y restregó tiernamente su mejilla contra la de él, en una sutil caricia.
El abrazo de Ikuto se apretó un poco más y Amu llegó a sentir los latidos desbocados del corazón del chico. Eso le ánimo a girar la cabeza y darle un leve beso en la mejilla, muy cerca de la oreja. Sin apartar sus labios de la mejilla de Ikuto, cerró los ojos, disfrutando del contacto tan intimo que estaban teniendo.
Poco a poco Amu fue esparciendo pequeños besos a lo largo de la mejilla de Ikuto: con la mano que tenia apoyada en el pelo de Ikuto, lo iba obligando lentamente a girar la cabeza. Sus labios besaron tiernamente en hueso de su mejilla, pasaron por sien y besaron su parpado izquierdo. Amu iba recorriendo, de manera inconsciente, un sendero de besos a lo largo de la cara de Ikuto. Fue bajando de su parpado a su mejilla y pronto llegó a besar la piel que había al lado de la aleta de su nariz.
Ikuto gimió cuando le besó la comisura de los labios.
Amu recuperó vagamente la conciencia sobre sus actos. Se paró a pocos centímetros de la boca de Ikuto. Sentía como ambos corazones, el suyo y el de Ikuto, latían desesperados. Amu no quería parar ahora. Quería besarlo, beber de él, dejar que sus cuerpos se juntaran y se fundieran en uno solo.
Quería que aquel momento no acabara nunca.
Ikuto por su parte leía como un libro abierto las intenciones de la muchacha. Había sentido con torturadora claridad la suavidad de los labios de la chica contra su mejilla. Su cuerpo estaba sufriendo las consecuencias de aquella espontanea muestra de romanticismo. Sólo una pequeña parte de su autocontrol impedía que su cuerpo se abalanzara sobre el de ella y la besara con fervor. Lo cierto era que sentía curiosidad por ver como la pelirosa tomaba por primera vez la iniciativa. Pero cuando vio que sus labios recorrían peligrosamente los suyos, su autocontrol empezó a evaporarse como agua en el desierto.
Sentía como las manos de la muchacha se enroscaban en su pelo mientras su cara se acercaba poco a poco, dispuesto a besarle.
Ikuto se quedó quieto, sin saber cómo reaccionar. Había deseado tanto que llegara este momento… Pero por otra parte sentía que se estaba aprovechando de la muchacha.
Por eso mismo, antes de que los labios de la joven rozaran los suyos, Ikuto deshizo el abrazo y se alejó de ella. La chica lo miró sorprendida, herida por haber sido rechazada.
Ikuto se reprimió mentalmente por su falta de tacto. En un rápido movimiento volvió a agarrar a la muchacha y la atrapó entre su pecho y sus brazos. Cuando la tuvo suficientemente bien agarrada le dio un cariñoso beso en su frente.
– No quiero aprovecharme de la situación Amu. Ni de ti – la pelirosa entendió que no se había alejado de ella por rechazo sino por consideración – Para compensártelo te invito a un taiyaki de chocolate en el festival.
Amu abrió los ojos sorprendida.
– ¿El festival? Creía que ya había acabado.
– Tranquila, bella durmiente. Por suerte para ambos solo ha pasado una hora y media desde que nos fuimos de allí. Todavía quedan dos horas o así para que se acabe la marcha. – Dijo, sacando la lengua.
Amu sonrió levemente. Toda la soledad, el desconcierto y la angustia que había sentido unas horas antes habían desaparecido. En aquellos momentos se sentía la mujer más feliz y querida del mundo.
– ¿A qué esperamos pues? – sonrió.
En esos instantes la puerta del piso de abajo se abrió con un tintineo de llaves. Amu tragó pesadamente. Sus padres y su hermana habían vuelto.
Miró a Ikuto, quien también se había quedado de piedra. Si sus padres descubrían que había estado sola con un hombre en su cama seguro que la mataban. Y a Ikuto lo mutilaban. Literalmente.
Ikuto hizo un mohín de salir por la ventana –Como tus padres suban y vean que no estás en la cama puede que llamen al ejército japonés para buscarte. Ya nos veremos otro día Amu.
La muchacha sintió aun más desesperación. No quería alejarse de Ikuto por nada del mundo.
– ¡Espera Ikuto! Tengo una idea mejor. Espera fuera un rato y yo hago como que me acuesto en la cama. Cuando mis padres entren en mi cuarto para asegurarme de que estoy, fingiré que estoy dormida. Luego nos iremos de aquí los dos. Saldremos por la ventana para que no nos pillen.
Ikuto parpadeó confuso.
– ¿Seguro que quieres tomarte tantas molestias, Amu? Si es por el taiyaki, puedo traértelo mañana.
– No Ikuto. – Sonrió Amu – No es por el taiyaki. Es por ti. Quiero estar contigo.
El felino se sorprendió ante las palabras de la muchacha. Sin embargo, no dejó que la duda lo traspasase y se dispuso a saltar por el balcón, cayendo limpiamente en el asfalto. Allí aguardo veinte minutos esperando alguna señal por parte de la chica. Cuando vio que su semblante asomaba por encima de la barandilla del balcón, dio dos ágiles saltos y con su flexibilidad y fuerza propia subió sin problemas hasta él.
Amu aguardó a la llegada del chico y, tras coger un abrigo y un par de billetes, se dispuso a subir a su espalda, agarrándose a su pecho y apoyando la barbilla en su hombro.
Ikuto sonrió con satisfacción y de un potente salto avanzó hacia la calle. Por un instante, la figura de ambos quedó deslumbrada por la clara luz de la luna llena.
Juntos, atravesaron el cielo.
A pesar de que faltaban dos horas para el alba y que seguramente su despertador sonaría en poco tiempo, Amu no dejó de sentirse contenta y alegre. Después de haberse hartado de comer taiyaki hasta que los puestos cerraron, y tras haber hecho un poco el gamberro en las plazas del pueblo, Ikuto acompañó a Amu hasta su casa. Tal y como habían hecho antes, Amu se montó en su espalda y de un salto subió hasta su balcón.
Entre risas, Ikuto le hizo una señal con el dedo, indicándole que no hablara muy alto o sino despertaría a su familia. Amu lo entendió perfectamente, pero no pudo evitar sonreír ante el recuerdo de Ikuto y de ella haciendo una competición por ver quién comía más ramen. Soltó una carcajada que contagió a Ikuto, y ambos rieron intentando no alzar mucho la voz.
Pero poco a poco, ambos se dieron cuenta de que la hora de la despedida llegaba, y la risa fue muriendo poco a poco.
Ikuto, sabiendo que cuanto más tardase en irse más dolorosa sería la despedida, acarició levemente la cabeza de la pelirosa y se dio la vuelta, dispuesto a marcharse.
Sin embargo, una pequeña mano lo retuvo.
– ¡Espera! – Amu paró en seco. Había actuado por instinto. – Ehm… Sólo quería decirte que lo he pasado genial.
Ikuto sonrió alegremente. – Yo también, pequeña. Pero tengo que irme.
– ¡Y también! – Dijo, antes de que este se marchara de nuevo – quiero volver a repetirlo...Otro día.
Ikuto movió la cabeza, en señal de afirmación. Sus ganas de quedarse un rato más con ella lo estaban dominando. Sin embargo, la sensación de que en cualquier momento sus padres podían levantarse y verle allí hizo que volviera a despedirse y a marcharse.
Al ver que Ikuto volvía a irse, Amu movió las manos nerviosas. No quería separarse de su lado. No todavía.
Con un último movimiento reflejo, tiró de la chaqueta de Ikuto una vez más. Este volvió a pararse una vez más
– Amu, no puedo quedarme eternamente aquí…
– Lo sé – le cortó la muchacha. – Sólo déjame agradecértelo como es debido.
Y tras esto, la pelirosa tiró más de la chaqueta del felino y pasó una mano por su nuca. Sabía que era un recurso desesperado, pero no quería separarse de él. Por eso junto su boca contra la suya, esperando que el joven reaccionara y se quedara junto a ella.
Al ver que el felino no reaccionaba, apretó su cuerpo contra el suyo y empezó a mover la boca. Agarró los labios del felino con un mordisco y poco a poco lo incitó a seguir con el juego. Ikuto, en un primer instante sorprendido, no tardó en corresponder al beso de la muchacha y se movió con urgencia contra su boca.
Poco a poco sus cuerpos se fueron juntando en un abrazo mientras sus manos tanteaban la cara del otro. Sus bocas se abrieron lo suficiente para dejar que sus lenguas, húmedas y con sabor a chocolate, jugaran entre sí, entrelazándose, chocándose y peleándose.
Cuando rompieron el beso los dos respiraban jadeantemente. Los ojos ambarinos de Amu miraron desafiantes a los malváceos de Ikuto.
– ¿Qué era eso que decías antes de era demasiado tímida y cauta? – preguntó con picardía.
Ikuto la miro con ojos vidriosos.
– Que estaba total, completa y alegremente equivocado.
Amu sonrió.
– Ah. Eso me había parecido.
Dios, estoy, literalmente, muerta.
Llevo como tres horas seguidas escribiendo el capítulo y (sé que no es escusa) pero me muero de ganas de irme a la cama. Por eso perdonad que los comentarios esta vez sean cortitos.
Como regalo de nuevo año y como premio por haberse terminado la serie de Shugo Chara ( me declaro fan expectante de Shugo Chara Encore!) aquí os dejo un nuevo capítulo, mucho más largo que lo habitual. Y sí, se que soy una perra por dejarlo así, pero si mis planes mentales no me fallan, el próximo ira muy subido de todo (y sabiendo cómo es de calenturienta mi mente, esperaros lo peor de lo peor xD)
Respecto a mis otros fics, algunos ya sabéis que he traducido dos fics muy buenos (modestia aparte xD) de Shugo Chara de Nkitty. Os recomiendo que les echéis un vistazo. Por otra parte, todavía tengo en producción un oneshot Kukamu y estoy también elaborando el esquema de un fic Amuto en un universo alterno (a ver si llega a ver la luz xD).
Bueno, creo que eso es todo. Espero que no me tome tanto tiempo subir el capitulo 6, aunque conmigo nunca se sabe. Os mantendré informados en mi profile. Para cualquier duda, no dudéis en mandarme un mensaje.
¡Ah! Gracias por los reviews hasta ahora. La verdad es que son un apoyo moral genial para seguir escribiendo.
P.D: Tadase, Kairi, Nagihiko y Kukai se han unido a la marcha. ¿Qué cosas sexys quieres que te digan al oído? Mándame un review con la respuesta!! (Quien sabe, incluso puede que lo use para alguna historia XDDD)
