Capítulo 6: "A solas con ella"

P.V. Narrador.

Tan sólo había transcurrido un mes desde que Vegeta había llegado a casa de Bulma, y la situación ya era insoportable. Bastaba con verse una sola vez en todo el día para discutir a muerte. El era frío, despectivo, altanero y soberbio, y ella era caprichosa, narcisista, insistente y temperamental. Bulma no comprendía por qué lo seguía soportando. Se esforzó en mejorar la cámara del tiempo, diseñó un traje que si bien no era idéntico al que él tenía, era bastante similar y resistente; Construyó otra armadura porque la del saiyajín estaba casi literalmente despedazada, pero todas esas cosas no importaban. La actitud del Príncipe hacia ella no cambiaba y la situación ya estaba hartando a la Científica. Así que decidió no dirigirle la palabra. Ya no trabajaría para él y evitaría a toda costa topárselo. No estaba dispuesta a seguir soportando esa situación tan estresante.

P.V. Bulma.

Casi estaba terminado. Revisé los últimos detalles de las pruebas que había realizado con los distintos elementos químicos y no había margen de error. La armadura de Vegeta estaba hecha con otros materiales que no existían en la tierra, pero fui capaz de crear una aleación de metales que era muy similar: El nuevo material era resistente, casi indestructible, y muy ligero, similar al peso de la armadura original. Sólo yo era capaz de lograr algo así. Aunque tuve que trabajar 18 horas diarias durante un mes entero, apenas comiendo y durmiendo muy poco, a otros científicos e inventores del planeta les habría tomado años lograr esta aleación. Comencé a diseñar la armadura. Estaba tan concentrada en los planos que no me percaté de la presencia de Vegeta que estaba recargado en el marco de la puerta. Había algo en su expresión. Podría jurar que me observaba fijamente y me pareció ver en su mirada algo que vi aquel día en que lo conocí, cuando me tenía acorralada y le grité que terminara de una vez. Era una mirada suave. Parecía un ángel. No puedo asegurarlo porque en cuanto lo miré, bajó la vista. Fue una fracción de segundos y llegué a pensar que me lo había imaginado. Se retiró de ese lugar, y caminó hacia el escritorio donde yo estaba sentada. De manera que quedó frente a mí, con el escritorio de por medio.

-Se descompuso la máquina de nuevo. ¿Qué te parece si esta vez haces bien tu trabajo y arreglas esa porquería para que funcione bien por lo menos un día entero. – Dijo sarcásticamente.

No comprendía por qué tenía que ser tan grosero. Además estaba exagerando. Si acaso la máquina se había descompuesto un par de veces, y eso era por culpa suya. Respiré profundamente:

-No lo sé Alteza. Tal vez debería de buscar a alguien más que arregle esa chatarra, ya que yo soy tan incompetente como para ser capaz de arreglarla bien.- Dije también en un tono de sarcasmo.

-Tú lo has dicho –Respondió en tono de burla.

Me sacó de quicio.

-¿Por qué no te vas al demonio simio arrogante y me dejas trabajar en paz?-Le dije molesta.

-¿Por qué mejor no vienes y arreglas la máquina para que pueda dejarte en paz, insignificante mujer? –Me dijo.

-¡No voy a arreglarte nada porque no me da la gana hacerlo! ¡Siéntete en libertad de largarte de este laboratorio! ¡Eres tan bárbaro, que eres capaz de romper algo! – Le dije.

Su tono cambió. Se veía muy molesto, pero comenzó hablarme muy tranquila y seriamente y esa actitud me sacó de control… Nunca había visto esa fase de él.

-Ven y arregla la máquina – Dijo.

-No – Contesté.

-Hazlo ahora o no respondo- Dijo.

-¡Vete al diablo!- Contesté.

Dio la vuelta y caminó unos cuántos pasos. Yo regresé mi atención a los planos. Comencé a concentrarme tanto nuevamente que no recuerdo cuando el escritorio en el que estaba trabajando salió disparado hacia el lado izquierdo, cayendo casi completamente destrozado. Todo fue tan rápido, que solo tuve tiempo de ver el escritorio por un segundo cuando el Saiyajín ya estaba frente a mí. Colocó sus brazos en las posaderas de la silla donde yo estaba sentada, bloqueando toda salida. Se acercó tanto a mí, que podía sentir su respiración en la cara y eso me inquietó. Estaba asustada, con los nervios de punta y había perdido la estabilidad.

-Repárala –Dijo.

-¿Quién se creía que era?- Pensé. Él sólo da una orden y espera que se cumpla sin más. Yo no era su esclava, y sabía perfectamente que si no me rehusaba esa vez, él pensaría que me tenía bajo control y no dudaría en seguir ordenándome cosas. Lo fulminé con la mirada. Ya había perdido la paciencia y estaba fastidiada.

-Te he dicho que no. ¿Hay alguna cosa que no comprendas de lo que te estoy diciendo? Creí que habías aprendido Japonés perfectamente. ¿Necesitas que te lo escriba para que tengas oportunidad de investigar lo que significa la palabra "NO"? – Le dije, muy segura de mí misma.

Se quedó varios segundos en la misma posición, mirándome fijamente. Pero esos ojos negros como una noche sin luna cambiaron de una mirada iracunda, a una de expectativa. Era como si quisiera entrar en mis ojos buscando algo. Quería pensar que yo estaba equivocada, pero me pareció ver que por un pequeño momento retiró su vista de mis ojos, y la dirigió a mis labios. Antes de retirarse, esbozó una leve sonrisa de lado y caminó rumbo a la puerta. Mi respiración, que estaba muy acelerada, comenzó a tranquilizarse al fin.

-Arregla la máquina, es la última vez que lo diré – Me dijo.

-Lo haré cuando termine aquí – Dije.

-La necesito ahora. No voy a perder todo mi día esperando a que termines de jugar con tus por querías. –Me dijo altaneramente.

-¡Dije que lo haré cuando termine! – Le grité.

Me fulminó con sus ojos. Desvié la mirada para demostrar que no me importaban sus amenazas y entonces escuché el estruendo. Había tirado otra mesa con equipo muy costoso.

-¡¿Qué haces?! Grité sorprendida y mirándolo con toda la sorpresa y la ira que me había provocado.

-Cada vez que te rehúses a arreglar la máquina, algo de este laboratorio quedará destruido. – Me dijo.

-¡Ya te he dicho que no! ¡Eres un grosero, pedante y egoísta! Le dije muy alterada.

Vi que se dirigió hacia la mesa donde estaban los envases con las pruebas de aleación de metal que acababa de terminar.

-¡No te atrevas! – Le advertí.

-¿Y qué harás para detenerme? – Preguntó.

Sentía la cara caliente por la ira. Me estaba cansando de todo esto.

-¿Lo harás? – Preguntó.

-¡No! – Pudo más mi orgullo.

Estiró su brazo extendiendo la mano. Creó una bola de energía.

-¡No lo hagas! ¡Ese trabajo es muy importante!

Disparó.

Vi desvanecerse todo el esfuerzo y trabajo de un mes. Lo miré fijamente. Mi pulso estaba a punto de explotar. Estaba a punto llorar de tanto coraje, pero no iba a darle el gusto de que viera lo mucho que me había afectado lo que hizo. No dije una palabra más. Caminé rumbo a la salida pasando por su lado y pude ver de reojo que me siguió con la mirada. Salí de ahí sin voltear atrás.

Estando en mi habitación comencé a arrojar todo cuando encontré, llorando iracunda y haciendo el coraje más grande de mi vida. -¡Es un maldito monstruo! ¿Cómo puede ser tan cruel? ¡Estúpido, Imbécil! ¡No tiene idea de lo que hizo! ¡Maldito simio idiotaaaaaa!- Grité desesperada.

P.V. Vegeta

Fácilmente debí de haber estado como 15 minutos parado en el marco de la puerta, observándola. Verla tan concentrada en su trabajo con ese gesto tan serio me cautivaba profundamente. Esa tranquilidad y dulzura que reflejaba, sólo servía para reafirmar aún más su belleza. Su cabello estaba recogido en una coleta y salían varios cabellos rebeldes que enmarcaban su fino rostro. Sus bellos ojos azules miraban unos planos a través de los cristales de sus lentes. Llevaba una blusa negra muy ajustada que decía "AC-DC". No supe qué rayos significaba eso. Llevaba unos diminutos pantalones cortos que dejaban ver sus largas y bien formadas piernas. Y unas botas que apenas y pasaban los tobillos. Y encima, su bata blanca de trabajo. Cada día, cada vez que podía la observaba trabajando sin que ella se diera cuenta. No entendía por qué pero cada vez con más frecuencia tenía la necesidad de verla. Eso me estaba matando. Recordé que alguna vez, cuando aún era un niño, mi Padre me dijo que el amor era la peor clase de debilidad, una simple distracción que los hombres de la nobleza como nosotros no estábamos destinados a experimentar, debido a que teníamos que concentrarnos siempre en gobernar y conquistar nuevos mundos. "El amor y la amistad es para la gente de clase baja, hijo. Esas estupideces los mantienen ocupados y distraídos del mundo real. Es la ideología madre de cosas como el honor, la lealtad, el patriotismo, la obediencia. Es verdad, gracias al amor tenemos súbditos, y por lo mismo debes entender que esa estrategia se usa sólo del lado contrario, no del nuestro. Mantén tu cabeza fría, lejos de esos sentimientos y gobernarás bien". Me hizo prometerle que nunca me dejaría llevar, porque sólo así derrotaría a Freezer y lograría mis objetivos. "Venga mi muerte, hijo. No permitas que Freezer gobierne sobre nuestra raza". Estaba sumergido en mis pensamientos con la mirada fija en ella y de repente me di cuenta de que la humana me miraba y enseguida desvié la mirada. –No caigas en esto, Vegeta. No es tu destino- Me dije. Volví a mi actitud fría y arrogante. Le dije que arreglara la cámara de entrenamiento que se había averiado. La traté con toda la indiferencia que alguien podía tener, si es que era posible. Me sentía atormentado por mis propios pensamientos y era sencillo para mí culpar de todo a ella. Se negó a arreglar la cámara después de que insistí tanto y destruí el escritorio que estaba entre nosotros. Me acerqué a ella y coloqué mis manos en las posaderas de la silla para que no escapara. Me acerqué a ella muy enojado, con la idea de presionarla y si era necesario, asustarla. Insistí, pero a diferencia de lo que yo esperaba, ella mostró ese mismo valor de aquél día cuando la conocí. Volvió a atraparme con esa actitud fuerte y determinante. Esos ojos intensos y brillantes me cautivaban. Y sus labios… Los miré por un momento y estaban temblando de miedo. Habría sido tan sencillo ceder y hacer lo que hacía mucho tiempo venía deseando y soñando. Tener sus labios tan cerca de los míos era la peor de las torturas. Yo había derrotado enemigos muy peligrosos a lo largo de mi vida. -¿Por qué entonces era tan difícil vencer a una simple mujer? – Pensé. En ese momento caí en cuenta de lo peligrosa que ella era para mí. No sabía que técnicas especiales usaba, pero me sentía débil cuando la tenía cerca. -¿Eran sus hermosos ojos acaso? ¿Qué hay en ellos? – Me pregunté. Ligeramente me acerqué un poco más, sintiendo su respiración agitada. Estaba tan cerca de sentir sus labios al fin, pero no lo hice porque deseaba ver más. No pude evitar sonreír ante la idea que se me había ocurrido y decidí ponerla a prueba. Me alejé y una vez más le ordené que arreglara la máquina. Se negó rotundamente con esa misma seguridad que la caracterizaba. Destruí otro de sus escritorios y pude ver que perdió los estribos. Por última vez le ordené que arreglara la máquina y llena de ira, fulminándome con la mirada, se negó. Incluso llegué a pensar que me estaba retando. Amenacé otro de sus escritorios y, a pesar de sus súplicas, lo destruí. Sonreí y la miré. Pero no me gustó lo que vi. Había algo distinto en su actitud. Sus ojos se ensombrecieron. Me miró fijamente, callada, seria, dejándome una sensación extraña; como si estuviera decepcionada. No decía nada, ni una palabra. Caminó pasando por mi lado y yo no pude dejar de verla, esperando algún gesto que yo pudiera reconocer fácilmente. Pero no vi nada, era como si yo hubiese dejado de existir para ella. Algo dentro de mí se rompió al ver eso. No lo soportaba. Salió de la habitación y pude verla de espaldas al salir. En ese momento, no comprendí por qué me había afligido tanto verla así.

P.V. Narrador

Durante los siguientes treinta días, Bulma evitó a Vegeta. Procuraba salir de su habitación una vez que había escuchado salir a Vegeta y se encerraba todo el día en su laboratorio. Ya habían reconstruido y comprado todo lo que el saiyajín había destrozado. Por su parte, Vegeta tampoco estaba interesado en encontrarse con ella, aunque seguía soñándola casi todas las noches y la única forma que tenía para saber de ella, era concentrándose para sentir su ki. Era una energía muy pequeña, difícil de percibir incluso para él, pero era bastante cálida y sentirla lo tranquilizaba. Un buen día se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no la veía. Salió de su cámara de entrenamiento más temprano y se dirigió a la casa. Con suerte y tal vez podría verla. Ni él mismo comprendía su proceder. No tenía por qué importarle, pero podía más su instinto que su razón. Al acercarse a la casa, escuchó a Bulma hablando con sus padres y se ocultó. Ellos se estaban despidiendo de Bulma debido a un viaje de negocios que tenían que hacer. No volverían hasta dentro de una semana. Vegeta se retiró del lugar y volvió a su cámara de entrenamiento.

P.V. Vegeta

La noche que se fueron los padres de la humana, no pude verla. Cuando terminé de entrenar, ella ya estaba en su habitación. Fui a bañarme y después entré en la cocina para cenar. Vi que la humana había dejado varias botellas de agua en el refrigerador, supuse que eran para mí debido a que ella estaba en su laboratorio todo el día. Al ver esas botellas me llegaron aquellos recuerdos de la nave. Sentí esa sensación en el estómago otra vez, pero la ignoré inmediatamente. Tomé una botella y fui a mi habitación para descansar. Volví a soñarla. Solo estando dormido me sentía en paz. Ella estaba ahí, mirándome de la forma que yo quería que me viera, permitiendo que la tocara, que la besara, que la abrazara. Solo estando dormido podía tenerla cerca de mí y experimentar ese magnífico sentimiento de saber que ella también deseaba estar conmigo. Desperté en la mañana de golpe. De nuevo la realidad interrumpió mi sueño. Me concentré para tratar de sentirla, pero no estaba en la casa. -¿Dónde está? ¿A dónde se fue? – Me preguntaba. Salí de la habitación rumbo a la de ella y su cama estaba tendida. Corrí al laboratorio y no estaba ahí. Entré a bañarme y mientras estaba bajo la ducha, con el agua fría corriendo por mi cuerpo para aplacar nuevamente las reacciones que soñar con ella le causaban a mi cuerpo, entendí al fin: -Está en la empresa. Su padre no está y ella debe atender todos los pendientes- Pensé.

Me preparé y fui a la cámara de entrenamiento. Pero no podía concentrarme si ella no estaba ahí. Salí y entré a la casa. Nuevamente tomé un baño y me vestí. Emprendí el vuelo rumbo a la corporación cápsula.

P.V. Bulma

Me levanté más temprano de lo habitual. Mi padre me había encargado los asuntos más urgentes de la empresa y le dije que no se preocupara. Me bañé y recogí mi cabello en un crepé. Tomé uno de los trajes formales de mi guardarropa y me vestí.

Salí de la casa y pasé a mi laboratorio a terminar unos pendientes. Después fui a la Corporación para atender los pendientes de ese día. Intentaba concentrarme en el trabajo, pero era difícil. En repetidas ocasiones, ese simio detestable asaltaba mi mente y sentía la ira nuevamente. –Es un perfecto imbécil- Pensaba.

Estaba de pie al lado de mi escritorio viendo unos documentos tranquilamente. Mi oficina era enorme con un ventanal del tamaño de toda una pared que me permitía ver la ciudad. Ya estaba atardeciendo y los colores rojizos, morados, rosas y naranjas se veían en el horizonte en contraste con el azul que había aun en el cielo. Necesitaba terminar mis deberes y nuevamente puse mi atención en los libros de contabilidad y los oficios urgentes. De repente, me pareció ver algo de reojo al lado izquierdo, justo en el ventanal. Algo me asustó. Dirigí la mirada ahí inmediatamente, pero no había nada. Me levanté y caminé hacia el ventanal. Vi que había una extraña línea curva dibujada en el cristal Parecía una letra "S" del abecedario romano. –Estos limpiadores de ventanas, en lugar de hacer su trabajo se ponen a jugar – Pensé. Era imposible, cualquier cosa me estaba distrayendo. Por más que lo intentara, no terminaría con el trabajo escrito ese día. Me levanté y tomé mi bata para ir a las ensambladoras.

P.V. Vegeta

Volé por la ciudad hasta que por fin pude divisar la Corporación Cápsula. Aterricé en el techo, y cerré mis ojos para concentrarme. Cancelé el ruido de la ciudad, los sonidos del viento y busqué entre todos los ki dentro del edificio. Al fin, después de unos instantes di con el de ella. Era tan cálido, tan seductor. Volé hacia el ventanal de la oficina donde sabía que ella estaba. Bajé muy lentamente y pude verla a través del cristal de la ventana. Estaba parada de perfil junto a su escritorio, con unos papeles en la mano. Su cabello estaba recogido y nuevamente tenía esos lentes con cristales. Estaba usando una ropa extraña que usualmente no llevaba. Era una blusa blanca y una falda gris muy entallada que iba desde su cintura y llegaba hasta sus rodillas. Esta prenda hacía resaltar su perfecta figura. Llevaba unos zapatos altos, descubiertos, y dejaban ver sus delicados pies. Estaba concentrada en lo que estaba haciendo y yo me quedé ahí, observándola mientras flotaba al otro lado de la ventana. No soportaba que no me viera, que no me hablara. Era tan hermosa que el deseo de aprisionarla en mis brazos estaba a punto de explorar. Me acerqué al ventanal y no podía despegar la vista de su femenino cuerpo… coloqué la yema del dedo índice en el cristal, justamente donde comenzaba la espalda y siguiendo el contorno de su cuerpo, dibujé lentamente la línea curvilínea de su bella figura. Al concentrarme en pasar el dedo por ese contorno, asaltó mi mente la idea de tocarla de esa forma. Era como si mi dedo hubiese hecho contacto con ella. La sensación en la boca del estómago regresó con una intensidad que apenas podía soportar. De pronto, vi que levantó la mirada de sus hojas y al ver que comenzó a voltear hacia donde yo estaba, volé hacia arriba para que no pudiera verme.

Próximo capítulo: "La fruta Prohibida"

-La máquina se descompuso otra vez. Arréglala. –Dijo.

Ya estaba ofuscada. Los problemas del día, el estrés de las peleas pasadas y el hecho de que mis padres no estuvieran en casa derramaron la última gota del vaso.

-Exacto. Soy un maldito monstruo y por lo mismo harás lo que yo te digo…

En ese momento me tomó de los hombros y me estrelló contra la pared. Rodeó mi cintura con uno de sus brazos de acero y….

NO SE LO PIERDAN!