Capítulo 6. Un pequeño sucio secreto.

Hinata

El portátil le estaba dando calor en las piernas, así que Hinata lo apartó y se tumbó boca abajo en la enorme cama de la que ahora era su habitación. Con la barbilla apoyada sobre uno de los cojines, la morena se dedicó a teclear dificultosamente.

Hablaba con Kiba, el cual en ese momento le envió una petición de videollamada. La chica sonrió y aceptó. La pantalla tardó unos segundos en iniciarse y mostrarle así a su amigo de la infancia.

-¡Hinata! Qué bien te queda el cabello recogido-le piropeó con alegría. Enseguida, Akamaru, el perro de Kiba, apareció en pantalla ladrando y gimiendo al reconocerla.

-Gracias, Kiba. Tú estás moreno. Más aún-Hinata rió a ti también, Akamaru.

El enorme can ladró varias veces en respuesta y Kiba acabó ordenándole que dejase de ladrar antes de que su madre subiese a gritarle. Akamaru gimió y se apoyó en el respaldo de la silla de su amo para poder ver desde allí a Hinata.

-¿Qué tal las clases? ¿Nos echas de menos?-preguntó su amigo sonriéndole con tristeza-. Nosotros a ti sí. Gai-Sensei te manda muchos recuerdos y te recomienda que vivas tu juventud, o algo así.

Kiba puso los ojos en blanco y Hinata rió con fuerza al recordar a su estrambótico profesor. Era probablemente una de las personas con más energía que había conocido en su vida, lo que hacía que estar a su lado fuese un tanto complicado. Sobre todo si lo tenías como profesor de educación física.

-Os extraño mucho, Kiba. A ti, a Shino, a Akamaru…A todos-reconoció Hinata-. Pero esto puede ser una buena experiencia para mí, ¿recuerdas?-dijo tratando de que su mentira sonase real.

-Ya, pero deseamos que vuelvas-Kiba sonó triste, y Akamaru gimió sumándose a los sentimientos del castaño.

-¿Y Shino? ¿No está contigo?

-No, se ha ido con…Hana a dar una vuelta-contestó su amigo de mala gana-. Parece que están comenzando a salir. Se me hace raro que mi amigo salga con mi hermana-confesó Kiba fingiendo que sentía un escalofrío-. No podrá contarme nunca detalles sexuales, eso sería muy raro.

-Es cierto, pero hacen buena pareja, ¿no?-bromeó Hinata sabiendo cuanto molestaría eso a su amigo.

-¡Qué va!

Ambos se rieron a la vez y luego se quedaron en silencio. Hinata habría dado en ese momento todo el dinero del mundo por estar allí con su mejor amigo. Suspiró y Kiba la escuchó y alzó una ceja.

-¿Qué tal te tratan por allí? No pareces muy feliz.

-Estoy bien. Es sólo que cuando pienso en vosotros me pongo nostálgica, pero nada más- Hinata se apartó un mechón de la cara que se había escapado de su coleta-. Intentaré ir de visita, al menos por navidades.

-¡Claro! Además, el 27 de Diciembre es tu cumpleaños, habrá que celebrarlo, ¿no?-respondió Kiba más animado ante la idea de que su amiga fuese a verlos-. Cuando se lo diga a Shino se pondrá loco de alegría…Bueno, Shino nunca se pone loco de alegría, pero dirá algo así como "La distancia no es impedimento para conservar una buena amistad". Es un tío raro.

Durante todo el monólogo de su amigo Hinata mantuvo la sonrisa en sus labios. Kiba no paraba de hablar nunca, se reía por todo y estaba un poco loco, pero la quería como si fuese su propia hermana. Y sabía que con Shino era más de lo mismo. Su serio amigo había demostrado ser de gran apoyo en momentos difíciles.

El joven le contó que hacía poco que había estado con Neji y Hanabi, que solían pasar más tiempo con Rock Lee y TenTen. Parecía que sus seres queridos estaban reuniéndose en su ausencia y ella sintió envidia sana por no poder estar allí. Eran su grupo. Aunque tenía a Temari, que era su amiga, pero ellos eran las personas que veía todos los días desde que tenía uso de razón.

Y Temari mantenía una amistad al menos por ahora. Después no sabía si podrían seguir siéndolo. Hinata sabía en su fuero interno que probablemente no sería así, si ella se enteraba del verdadero motivo por el que ella estaba allí.

Pero todo era porque el clan Hyuga siguiese adelante, y los sentimientos de la primogénita no contaban. Por eso había desterrado esos pensamientos a la parte más recóndita de su mente, a sabiendas de que volverían a salir a flote cuando llegase el momento de la verdad.

-Hinata, tengo que dejarte. Mi madre está gritando para que baje aponer la mesa-Kiba suspiró cuando volvió a oírla-. Hablamos más tarde. Y alegra esa cara.

-Vale, Hasta luego. No hagas esperar más a tu madre-Hinata se despidió mandándole un icono de dos muñequitos abrazándose y Kiba sonrió.

-Adiós.

La videollamada se cortó y Hinata se quedó tumbada en la cama mirando la pantalla. Unos segundos después saltó en su pantalla una petición de amistad de Gaara.

Hinata tragó saliva y clicó en aceptar. Lo que menos le apetecía en el mundo en aquel momento era hablar con Gaara, y menos después de lo que había pasado aquella misma mañana en la enfermería del instituto. No se sentía con fuerzas para enfrentarse a él en persona ni tampoco a través de la tecnología. No obstante, por cortesía, decidió aceptarlo. Sólo esperaba que no le hablase.

Fue en vano.

La ventana de conversación se abrió sólo un instante después. Hinata observó que el joven no tenía foto de perfil ni ninguna frase graciosa a modo de estado. Sólo su nombre y un espacio vacío donde debía estar su cara. Era de esperar viniendo de Gaara…O al menos del Gaara que era cuando no estaba a solas con ella.

En la enfermería, Shizune había llegado para interrumpirlos y puso el grito en el cielo cuando vio a Hinata con el sujetador al aire. Gaara y ella se inventaron una excusa bastante mala acerca de que no podía respirar bien que la enfermera no se creyó del todo pero que dejó pasar. Después de eso, Hinata huyó a clase y evitó todo contacto con Gaara a solas hasta llegar a casa y esconderse en su habitación.

-¿Vas a estar rehuyéndome todo el día? Desde que hemos llegado te has encerrado en tu habitación y no has bajado a comer. No te duele el estómago. He visto como ibas a la cocina antes de marcharte para coger comida. ¿Tan difícil es contestarme, Hinata?-le espetó Gaara. Su malestar era palpable incluso a través de la pantalla del ordenador.

La Hyuga pensó para sus adentros que era terriblemente complicado responder a esa pregunta. Era la pregunta que ella tenía que conseguir que Gaara le hiciese por órdenes de Hiashi Hyuga, y por fin la había conseguido aunque no sabía muy bien cómo. No había hecho ningún esfuerzo diciéndose a sí misma que un año era mucho tiempo para lograr que Gaara la desease de algún modo.

Nunca había esperado resultados inmediatos ya que no se consideraba muy agraciada físicamente. Y ser su "amante" no implicaba exactamente lo que Hiashi Hyuga quería.

Hinata se incorporó para sentarse sobre el trasero y quedarse mirando fijamente la pantalla. Ahí estaba su oportunidad. La ocasión de acceder al miembro más difícil de la familia de Temari, el más inaccesible después del propio padre de los chicos.

El joven que había sido elegido para heredar los negocios familiares en los cuales los Hyuga eran partícipes.

Mientras reunía las fuerzas para teclear su respuesta, Hinata recordó el momento en que se le asignó la labor que la acabó llevando a estar en esa situación.

La mansión Hyuga era un lugar elegante pero austero, pues Hiashi Hyuga era un hombre rico pero poco derrochador. El lugar tenía las habitaciones necesarias para él y su enorme familia que hacen a la vez la labor de criados y sirvientes del cabeza del clan.

En el segundo piso, en una sencilla habitación de paredes blancas y cortinas semitransparentes, Hanabi y Hinata Hyuga se ayudaban a vestirse mutuamente. La primera, de once años, se negaba a embutirse en el ligero vestido amarillo que su hermana mayor intentaba ponerle.

-No quiero ponerme eso o todos se reirán de mí, Hermana-Hanabi se sentó en la cama y cruzó las piernas y los brazos negándose completamente-. Me niego a vestir cosas estúpidas para chicas estúpidas. Estoy más cómoda en vaqueros.

-Hanabi, no puedes bajar a recibir a tu tutor de piano vestida así. Piensa en cómo se pondría padre…

La niña puso los ojos en blanco y tras murmurar entre dientes algo sobre la quema de vestidos, se deshizo de sus vaqueros y su camiseta de tirantes y le arrancó el vestido a su hermana de las manos.

Hinata sonrió con suavidad al saberse ganadora. En parte era ella misma quién quería ver a su hermana con ese hermoso vestido una vez. Estaba segura de que quedaría precioso con su largo cabello castaño recogido en una trenza espiga que pensaba hacerle.

-¿Y tú no deberías arreglarte también? Tu tutor de Estudios de Mercado está a punto de llegar-le reprochó Hanabi subiéndose la cremallera del vestido, situada a la espalda. Cuando lo logró se giró hacia su hermana con una sonrisa traviesa-Piensa en cómo se pondría padre…

-Tú ganas-Hinata levantó las palmas de las manos en señal de rendición y buscó un atuendo formal para recibir a su tutor. Su padre las quería presentables y elegantes. Nada de vaqueros ante los maestros.

Se decantó por una blusa lila y una falda de tubo negra. Se recogió una coleta alta para después ayudar a Hanabi con su trenza. Su hermana pequeña adoraba que Hinata la peinase.

-Tengo que decirle a padre que me han aceptado en el equipo de atletismo-recordó de pronto Hanabi moviendo la cabeza y deshaciendo parcialmente la trenza que Hinata le estaba haciendo.

-No te muevas, Hanabi, y enhorabuena. Eres la persona más joven que ha logrado entrar. Estará muy orgulloso.

La hermana menor sonrió y Hinata pensó por un momento en su increíble parecido con Neji y su propio padre. Ella, para variar, había heredado todos los rasgos de su difunta madre y no se parecía para nada a Hiashi.

-Ya estás lista. Ve al piano antes de que el maestro llegue.

Hanabi asintió y se puso en pie, pero antes de salir se giró hacia su hermana con los ojos brillantes, como cuando quería contarle algo muy importante.

-He hablado con Lee para que me enseñe artes marciales-le confesó a su no le he dicho nada a padre.

-Yo tampoco le diré nada, tranquila-Hinata le guiñó un ojo cómplice-. Te cubriré las espaldas cuando tengas que ir a entrenar.

Hanabi le devolvió el guiño en respuesta y giró el pomo de la puerta para dirigirse a sus lecciones. Sin embargo en la puerta estaba Ko, chófer y sirviente de los Hyuga además de parientes de éstos y criado personal de la primogénita y futura heredera. El hombre saludó a la pequeña con cariño antes de dirigirse a Hinata.

-Su padre ordena que vayáis a verlo. Las dos-informó mirando también a una asombrada Hanabi-. No sé para qué-les confesó sabiendo que podía tomarse esas confianzas con ambas muchachas.

Hinata detectó preocupación en los rostros de las dos personas que la acompañaban. La incertidumbre era grande. Hiashi jamás interponía una conversación a las lecciones de sus hijas a no ser que fuera muy grave, como cuando su madre enfermó y supo que el daño era irreversible.

¿Sería eso? ¿Se moría alguien de la familia? Hinata pensó en su primo Neji, al que no había visto en todo el día, y se apresuró a salir de la habitación en compañía de Hanabi y Ko. Quizás Neji había sufrido un accidente y estaba gravemente herido. O quizás no era nada, sólo que le apetecía verlas.

Vale, eso era imposible. Hinata apretó el paso dejando atrás a sus acompañantes mientras la imagen de su primo en una camilla de hospital conectado a un monitor invadía su mente.

Entró casis in llamar, ganándose una reprobatoria mirada por parte de su padre. Se relajó al instante al contemplar que había otra persona más esperándolas en la habitación y que ése era su querido Neji. Sintió como un nudo se aflojaba en el estómago momentáneamente hasta que se encontró con la mirada del joven.

Los ojos blancos gemelos a los suyos estaban llenos de angustia, tristeza y…compasión. Por ella. Hinata lo supo nada más verlo, pues el vínculo que los unía era capaz de descifrar hasta el más mínimo de los gestos del otro. Ella le preguntó silenciosamente que ocurría, pero Neji sólo cerró los ojos.

-Hinata, Hanabi, tomad asiento. Ko puedes retirarte-Hiashi agachó la cabeza de nuevo hacia sus papeles y garabateó algo que le tendió a Neji-Guárdalo en la carpeta lila de aquella estantería.

Órdenes, órdenes. Nunca un "gracias" o un "por favor", pensó Hinata mientras se sentaba con timidez en uno de los sillones de cuero negro que había frente a la mesa de caoba llena de papeles de su padre. Hanabi hizo lo propio con mucha seriedad, pues notaba que el ambiente no estaba para ponerse ni un poquito rebelde.

Neji volvió a su posición anterior, de pie, junto a la mesa de Hiashi. Observó a sus dos primas con una expresión carente de emociones, aunque Hinata podía verlo apretar los puños a sus costados.

Hiashi carraspeó para atraer toda la atención hacia su persona y clavó su mirada nacarada en sus dos hijas.

-Como bien sabéis la Hyuga Company, el negocio familiar de telecomunicaciones no atraviesa últimamente una buena etapa. Tanto es así que hemos acabado teniendo que pedir ciertos préstamos que quizás no podamos devolver.

Hinata y Hanabi se miraron entre sí entendiendo pero no queriendo entender. ¿El negocio familiar, mantenido durante años, se iba al garete?

-No es posible…-susurró Hanabi-. La Hyuga Company es reconocida mundialmente, no puede quebrarse así como así.

Hiashi asintió.

-Yo también pensé lo mismo, así que pedí ayuda a la Sunagakure Enterprises y accedieron a echarnos una mano…Una vez más. Y además nos proporcionó personal más cualificado del que ya teníamos.

Hinata se sentó más recta al escuchar el nombre de aquella empresa. Era propiedad del padre de Temari, al que todos conocían como el "Cuarto", puesto que era el cuarto hombre más rico del mundo entero debido a todos los ámbitos en los que invertía. Su padre y el Cuarto llevaban años teniendo negocios y ella había trabado amistad con la hija de aquel hombre al que pocas veces había visto y que siempre le parecía tan amenazante.

-Por la amistad que nos une se decidió que nos darían un préstamo para pagar el que ya teníamos con el banco y que podríamos pagar lentamente y sin intereses conforme la empresa fuera teniendo más ganancias. Si todo se hubiera quedado ahí no hubiera sucedido nada y no estaríamos hoy aquí reunidos…Pero yo siempre investigo a mis benefactores antes de hacer negocios con ellos. Y así es como descubrí que el Cuarto había estado contribuyendo a la decadencia de nuestra empresa a escondidas a la vez que ayudaba a Akatsuki Corps. a crecer.

Hinata había oído ese nombre antes. Según su padre era otro negocio familiar que estaba haciéndole sombra a los Hyuga desde hacía varios años pero que no conseguía eclipsarlo del todo. Sin embargo, con la ayuda y el beneplácito del cuarto hombre más rico del mundo era muy posible dar un gran salto en el mercado.

-Pero, p-padre-Hinata tragó saliva cuando los ojos de Hiashi Hyuga se desplazaron desde Hanabi hasta ella-. Si el objetivo de Sunagakure Enterprises es hundirnos no tiene sentido que nos haga este préstamo de dinero que podremos pagar poco a poco-Hinata cogió aire, pues había soltado la frase del tirón y sin tartamudear. Sólo esperaba no haber dicho nada estúpido por lo que ganarse una reprimenda.

Para su sorpresa, Hiashi sonrió.

-Veo que tus clases dan sus frutos-comentó. Hiashi cruzó los dedos de las manos y se apoyó en la mesa con ambos codos, inclinando el cuerpo hacia delante para quedar más cerca de sus hijas-. Eso es exactamente lo que me pregunté tras las pesquisas y es lo que no puedo averiguar…Ahí es donde entras tú, Hinata.

La joven morena parpadeó repetidas veces. Había dicho Hinata, no Hanabi. Le estaba pidiendo ayuda a ella, por una vez en la vida. La garganta de la mayor de las Hyuga se secó y sintió algo parecido a la felicidad en su interior.

¡Por fin era reconocida! Sus estudios y su esfuerzo no habían sido en vano. Incluso las clases secretas de baile con Kurenai habían sido perdonadas por fin. Iba a ayudar a su padre con la empresa y si lo hacía bien quizás Hiashi comenzase a llevarla a reuniones para aprender a dirigir correctamente el negocio familiar como hacía muchas veces con Neji.

Hanabi le apretó la mano por debajo de la mesa como dándole la enhorabuena y Hinata no pudo evitar sonreír, aunque luchaba por mantener una expresión firme y serena.

-¿Qué puedo hacer por usted, padre?

Hiashi hizo un gesto a Neji y el joven abrió el primer cajón del escritorio y sacó una carpetita pequeña. Miró a Hinata un instante antes de abrirla y luego la empujó hacia ella.

Curiosas, las hermanas Hyuga se acercaron para ver que les mostraban. Quizá eran documentos o cuentas secretas del banco de Sunagakure Enterprises. Al fin Hinata iba a hacer algo auténticamente importante.

Para sorpresa de ambas, en la carpeta sólo había una foto de un joven de cabello pelirrojo y ojos del color del mar rodeados de profundas ojeras. Tenía un curioso tatuaje en la frente y su expresión era de un aburrimiento absoluto. Estaba sentado leyendo un periódico y llevaba unos pantalones oscuros de traje de chaqueta, una camisa de lino, blanca y ligeramente desabotonado con la corbata negra deshecha. Parecía una foto tomada a escondidas, ya que el joven no miraba a la cámara directamente y estaba hecha desde un ángulo extraño.

-Lo que puedes hacer por mí es él-Hiashi señaló la foto con el dedo-. El hijo menor del Cuarto y heredero absoluto del negocio familiar. Su propio padre dice que sus otros dos hijos no valen para dirigir sus empresas y que sólo el pequeño ha demostrado tener un talento impresionante. Estuvo presente cuando cerramos el trato y me estudió de arriba abajo, aunque con poco disimulo. Tiene tu edad y aunque parece que todo le da igual es avispado como un zorro. Al contrario que tú.

Hinata seguía sin comprender. Bueno, lo único que entendía era que aquel era el hermano pequeño de Temari que hacía años que no veía. Intentó hacer memoria con su nombre pero le fue imposible.

Perdida, Hinata lazó la cabeza para buscar la respuesta a sus preguntas en los ojos de Neji. Su primo la observaba mordiéndose el labio inferior con fuerza, luchando por no hablar. Luego Neji bajó la mirada nuevamente sin dejar de apretar los puños.

-No lo entiendo-dijo Hanabi por fin. Miró a su padre con una ceja alzada- ¿Hinata tiene que matarlo?

-Nada de eso-respondió Hiashi para alivio de Hinata-. Tú hermana tiene que seducirlo.

Se hizo un silencio sepulcral en la habitación. Hanabi, aún con la ceja alzada, abrió la boca, perpleja. Neji se encogió en su sitio como si lo hubieran golpeado con algo y miró a Hiashi con una mezcla de rencor y rabia infinita.

Hinata intentó hablar para pedirle a su padre que dejase de bromear, pero Hiashi iba muy en serio. Antes de que su primogénita pudiese pronunciar vocablo alguno, Hiashi reanudó su monólogo.

-Parece frío y ajeno a todo, pero es un hombre. Y los hombres confían en su pareja, en las personas a las que aman. Se lo cuentan todo, sobre todos en los momentos de máximo…placer. Un hombre enamorado es capaz de cualquier cosa por su pareja, incluso de contarle cosas que no debería. Hinata lo seducirá y extraerá toda la información que necesitemos para evitar el golpe del Cuarto.

Neji pareció ahogarse y a punto estuvo de intervenir, pero Hinata lo silenció con una gélida mirada impropia de ella.

-¿Debo seducirlo para sonsacarla información, padre? ¿Cómo si fuera una prostituta?-La voz de la joven temblaba, presa de la indignación.

-No lo entiendas así, Hinata. Sólo se trata de enamorarlo, ser su pareja durante algún tiempo para que te cuente cosas acerca de los negocios de su familia. Si las intenciones del Cuarto no son malas podrás dejarlo y volver con nosotros, o quizás podríamos hablar de boda para asegurarnos su ayuda permanente. Pero si planea algo en contra nuestra tu deber es destruirlo desde dentro, empezando por su hijo-Hiashi hizo una pausa para que las palabras calasen hondo en sus oyentes-. Si trata de hundirnos y lo logra todos nos quedaremos en la calle. Tanto Hanabi como Neji tendrán que vestir harapos porque tú no fuiste capaz de cumplir una tarea tan sencilla.

-¡BASTA!-estalló Neji dejando las formalidades a un lado. Se colocó detrás del asiento de Hinata-. Hinata no es mercancía que se pueda intercambiar así como así. Obligarla hacer eso recurriendo al chantaje emocional de esta manera es un ultraje hacia su persona. ¿No le da vergüenza, tío, prostituir a su propia hija?

Neji estaba iracundo. Hinata lo sentía en su respiración, en su voz, en las manos temblorosas que apoyaba sobre sus hombros. Trató de calmarlo colocando una de sus manos sobre la suya, pero no surtió el menor efecto.

-Ne…

-No eres nadie para hablarme así, Neji Hyuga, Recuerda que yo te acogí cuando mi hermano y mi cuñada murieron en aquel desafortunado accidente-Hiashi se puso en pie para enfrentarse a los tres-. Lo menos que podrías hacer es mirar por el bien de esta familia.

-¡Y ESO ES LO QUE HAGO! Cuido de mis primas. No, de mis hermanas, porque eso es lo que son-la voz de Neji subía y bajaba a cada momento como si buscase la manera de discutir con Hiashi sin recurrir a los voy a permitir que…

-Lo haré.

La voz de Hinata provocó nuevamente el silencio en aquella habitación. Neji calló, respirando aceleradamente y Hanabi miró a su hermana son los ojos muy abiertos.

-No, Hinata…-le suplicó cogiéndola de la mano.

Pero su hermana mayor negó con la cabeza. Se tragó las lágrimas y alzó la cabeza con determinación.

-Si ese chico sabe todas las re-respuestas yo las hallaré. Aunque m-me cueste mi p-propia dignidad y una de las amistades q-que más valoro-dijo, refiriéndose a Temari-. P-pero no me casaré con él aunque los n-negocios vayan bien. Es mi ú-única condición.

-Hinata, por favor…-Neji pareció perder fuerzas y se dejó caer de rodillas en la alfombra, a su lado-. No lo hagas. Saldremos adelante. Somos muchos Hyuga y…

-Somos una familia que ha luchado desde s-siempre por mantener su re-reputación y ahora puede s-ser que nos estén sa-saboteando, Neji-Hinata posó una mano en el hombro de su primo-.T-todos os merecéis portar el apellido Hyuga con o-orgullo por las generaciones q-que nos preceden y que co-con tanto esfuerzo salieron adelante. Además, ¿Q-qué clase de líder de clan no se sacrifica por los suyos?

Hiashi la miró con algo parecido al respeto por primera vez en su vida.

-Hanabi, Neji, salid. Quiero hablar con Hinata.

La pequeña de los Hyuga que lloraba en silencio se puso en pie y agarró a su primo del brazo que aún se mantenía de rodillas junto a Hinata. Neji reaccionó al contacto como un zombi y la siguió con pasos lentos y mirada perdida hasta la puerta, que cerraron al salir.

-Hija, sé que lo que te pido es del todo indecoroso y que nunca un padre debería hacer esto pero…Nos hundimos cada vez con más rapidez y yo soy un capitán que casi no tiene fuerzas para seguir manejando el timón. Necesito la ayuda de mi segunda al mando.

Hinata no podía creer que lo que veía en los ojos de su padre era una disculpa implícita en sus palabras. Él nunca lo diría directamente pero tampoco le agradaba la idea de que su hija tuviera que hacer dios sabe qué con un potencial enemigo para hallar la información que salvaría el negocio familiar.

-S-sólo tengo que seducir a un chico. N-no es nada. Puede que incluso sólo basta con hacerme su mejor amiga-murmuró Hinata más para sí que para Hiashi-. Pero no m-me casaré con él y si tengo que d-destruirlo necesitaré instrucciones.

-Las tendrás si se da el caso, Hinata. No estarás sola en esto.

-Está bien, padre. Está todo bien.

Aquel era el secreto de la llegada de Hinata a la casa de Temari, pero Hinata nunca se vio capaz de cumplirla debido a la mala relación que tenía con el hermano de la rubia. Gaara no se cansaba de repetirle lo aburrida que era, haciéndole daño. Hinata se moría de la rabia al pensar que aquel individuo tendría que besarla si con ello lograba información confidencial de la Sunagakure.

Pero, por arte de magia, Gaara había empezado a interesarse en ella. Quizás sólo quería burlarse de su inocencia, cosa que le molestaba bastante, pero que a la vez le abriría la puerta que buscaba para enterarse que futuro deparaba a los Hyuga.

O igual la había descubierto. Hinata recordó que su padre le había proporcionado algo de información acerca de Gaara antes de marcharse, aunque era muy vaga, y con razón; Gaara era un joven muy hermético. Si Gaara o cualquiera que viviese en aquella casa leía los informes acerca de él sumaría dos más dos y Hinata sería descubierta antes de tiempo. Por suerte los tenía a buen recaudo en su portátil.

No sólo perdería a Temari para siempre, sino que su familia acabaría en la ruina.

Hinata bajó la pantalla del portátil sin contestar a la pregunta de Gaara y con determinación se puso en pie. Gaara no le había pedido ser su novio, sino su "amante". Era algo muy diferente y Hinata sabía lo que quería decir con ello, todo lo que implicaba.

Pero si tan sólo pudiera ver un poco del alma de Gaara ganarse su confianza, su familia estaría salvada…

Hinata abrió la puerta de su habitación de un tirón y salió al pasillo descalza. Cuando se giró para cerrar, la coleta le hizo cosquillas en la nuca provocándole escalofríos que se vieron intensificados por su nerviosismo. La joven apretó los puños y el paso y se dirigió a la habitación del pelirrojo.

Ni siquiera llamó. Entró como un huracán a la habitación de Gaara y cerró con un gran portazo ayudándose del trasero. Puso los brazos en jarras y entonces se permitió dirigir su mirada hacia un asombrado Gaara recostado en aquella cama tan familiar.

El pelirrojo dio un salto en la cama al encontrársela allí de repente. Probablemente no se esperaba que ella tuviese el valor de venir a darle la respuesta en persona. Sin apartar sus ojos aguamarina de la Hyuga y del pijama de ella –azul con dibujos de pastelitos-, Gaara dejó el portátil a un lado de la cama y se puso en pie, expectante. Hinata y él se miraron sin decir nada hasta que ella habló al fin.

-Sí-susurró la Hyuga tan bajo que temió que Gaara no la hubiese escuchado.

-¿Qué?-Gaara parpadeó varias veces creyendo que había oído mal.

-Tu petición-aclaró Hinata que iba notando como la voz le flaqueaba a medida que la mirada de él se intensificaba-. La respuesta es sí, p-pero antes di-dime p-por qué.

Gaara guardó silencio y dirigió su vista hacia un lado, meditando. Parecía que ni él mismo sabía los motivos que le habían llevado a pedirle aquello, pensó Hinata. Finalmente el joven volvió a mirarla.

-Porque te deseo de una forma tan primitiva que me asusta. Desde que dormiste aquí conmigo yo…He tenido que contenerme mucho-confesó Gaara aparentemente indiferente, aunque Hinata detectó un leve temblor en sus manos.

Sólo su cuerpo. Hinata ya se lo esperaba. Cerró los ojos y relajó los brazos. Gaara sólo quería hacer el amor con ella…No. Tener sexo. No había amor, sólo un deseo ferviente de meterse entre sus piernas.

-¿Y tú?- Hinata no se esperaba la pregunta de Gaara, pero él parecía verdaderamente interesado-¿Por qué aceptas mi propuesta con lo estirada que eres? No va nada contigo, la verdad.

Hinata, veloz como el rayo, creó una mentira de la nada más absoluta. En su mente sonaba bastante convincente.

-B-bueno…Creo que tengo una edad en la q-que debería disfrutar un poco más de mi juventud-dijo, evocando las palabras de Gai Sensei-. Y n-nunca antes he estado así con un c-chico, así que qui-quizás d-debería ganar experiencia para cuando…

-¿Para cuando quieras estar con otros?-preguntó Gaara con una voz tan gélida que hizo que la joven se encogiera. No le estaba gustando su respuesta y Hinata comenzó a ponerse más y más nerviosa.

-No-no…P-para cuando me case, algún día- No importa con quién-lo miró y vio que el chico fruncía el ceño-. Y p-porque me atraes. Desde aquel día, t-también. Me daba vergüenza d-decirlo po-porque no quería quedar como una cualquiera.

Guao. Quizás deberían darme el premio a mejor actriz principal, se dijo Hinata para sus adentros.

Aunque debía confesar que Gaara era atractivo. Mucho. Pero también era frío, duro y sólo dejaba ver a los demás una pequeña parte de sí mismo, justo como un iceberg. Y Hinata no soportaba eso. Ella necesitaba calor, ternura y sonrisas que la hicieran también sonreír.

Unos ojos celestes pasaron fugazmente por su mente acompañados de un cabello rubio de punta rebelde. Su corazón dio un vuelvo e inconscientemente se llevo una mano al pecho jadeando. Gaara ladeó la cabeza interrogante.

-¿Estás bien, Hinata Hyuga?

La chica asintió y se deshizo de aquella imagen con mucha fuerza. ¿Qué demonios le pasaba? Acababa de aceptar la petición de Gaara. A partir de hoy se convertiría en su amante y tendría que sonsacarle información y espiarlo. No podía andar pensando en otras personas.

-S-sólo un p-poco nerviosa. Y-yo nunca antes he estado c-con nadie-Y no era mentira. Hinata juntó los índices nerviosamente como siempre hacía.

Gaara acortó la distancia que los separaba en silencio y Hinata aplastó la espalda contra la puerta cerrada. La mirada del joven era tan intensa que temía que acabase por fundirla allí mismo. La Hyuga entreabrió la boca cuando vio como el rostro de él quedaba muy cerca del suyo. Parecía que iba a besarla. Ella no sabía besar. Todo iba a ser un completo desastre.

Sin embargo Gaara apoyó las manos contra la puerta, encerrándola entre él y la misma. Sus rostros estaban tan cerca que sus narices casi se rozaban. Hinata tragó saliva sonoramente.

-Las condiciones para esto que vamos a tener-dijo Gaara suavemente-, son que nadie ha de saberlo. Este va a ser nuestro pequeño sucio secreto. No quiero habladurías y seguro que tú tampoco-Hinata negó con la cabeza dándole la razón-. En el instituto hablaremos más coo amigos con poca confianza, pero siempre estarás cerca de mí. No quiero que vuelva a pasarte lo que ocurrió con Karin el otro día. No me gustó nada que te golpearan de esa manera, Hinata.

Hinata asintió. Fue en alivio saber al menos que contaba con su protección de alguna manera.

- A partir de ahora estás bajo mi protección y cuidaré de que estés bien y a salvo-Gaara pareció sonrojarse un poco al decirlo-. Si necesitas cualquier cosa sólo pídela. No vas a ser tratada como un objeto. Yo no soy así.

La joven morena se quedó en silencio sin saber muy bien qué contestar. Había pensado que Gaara se limitaría a obtener lo que le satisficiera y a despacharla cada vez que lo lograse. Por lo menos le alegró saber que no le faltaría al respeto.

No era tan distinto de sus hermanos como hacía querer ver.

-T-todo m-me parece b-bien. Si tú n-necesitas algo p-puedes contar con mi apoyo-respondió Hinata comenzando a actuar. Se estaba ganando su confianza.

Gaara le dedicó una sonrisa algo falsa.

-Yo nunca necesito apoyo, Hinata.

Y sin más preámbulos la boca de Gaara estuvo sobre la suya moviéndose con frenesí. Hinata ahogó un jadeo de sorpresa, pues no se esperaba que el joven fuera a pasar a la acción tan rápido. Sin saber muy bien qué hacer, Hinata pensó en los libros y películas que había visto y cerró los ojos buscando acompasarse al movimiento de sus labios sobre los de ella.

Hinata había pensado que cualquier contacto físico con Gaara no le agradaría aunque él fuese probablemente uno de los chicos más guapos que había visto en su vida. Al verse obligada a estar con él, Hinata siempre pensó en como fingiría que disfrutaba con los besos del joven que no amaba. Pero no le estaba costando ningún esfuerzo.

Gaara no le daba tregua y Hinata, sin aliento, respondía ya por puro instinto. Se dio cuenta, tras unos instantes, de que no necesitaba pensar para seguirlo. Su cuerpo estaba respondiendo sólo. Fue consciente de que eso estaba mal, de que no lo amaba, pero no podía evitarlo.

Y es que Gaara no le permitía aclarar sus pensamientos, aunque él no fuera consciente de ello. El cuerpo del joven se había ido aproximando al de ella durante el beso y ambos estaban completamente apoyados contra la puerta, como si hubiesen sido soldados. Los brazos de Hinata se aferraban con fuerza al cuello del pelirrojo mientras que las manos de él sujetaban la cintura de ella con tanta fuerza que en otras circunstancias Hinata habría gritado de dolor.

Cuando la lengua de Gaara se aventuró a explorar el interior de la boca de Hinata, ella definitivamente perdió todo el raciocinio. Nunca había pensado que aquel tipo de contacto pudiera enloquecerla de esa manera. Sabía que más tarde se sentiría culpable

Gaara buscaba ansioso sacarle una respuesta de su parte que Hinata no tardó en darle, sacando a jugar su lengua con la timidez que la caracterizaba. El pelirrojo gruñó al sentirla y se separó de ella levemente. Ambos abrieron los ojos y se miraron con la respiración agitada.

-Y-yo…-murmuró Hinata poniéndose aún más roja de lo que ya estaba al pensar en lo que había hecho. Si su madre la estaba viendo desde algún lugar debía de sentirse muy avergonzada de su comportamiento-.C-creo q-que será mejor que me vay…

Pero Gaara no estaba dispuesto a permitírselo. Volvió a besarla con fuerza para que la joven dejase de hablar y sin más, la alzó en el aire. Para evitar caerse, Hinata tuvo que entrelazar sus piernas alrededor de las caderas de Gaara. El pelirrojo comenzó a andar hacia atrás con su amante en brazos sin dejar de besarla hasta que chocó con el borde de su cama y cayó hacia atrás dejando a Hinata encima suya.

Esa posición no duró mucho tiempo. Con agilidad, Gaara volcó a la morena hacia un lado para quedar él encima controlando la situación. Sabía que ella era muy pudorosa y probablemente no entendía del todo que estaba a punto de ocurrir. Algo que iba más allá de los besos que se estaban dando en ese instante.

Gaara liberó por fin la boca de Hinata que lanzó un gemido en protesta, y deslizó sus labios por el blanco cuello de ella. Notó como la piel de Hinata se erizaba bajo el roce de sus labios y sonrió contra la piel, como si estuviera orgulloso de provocarle ese tipo de sensaciones. Hinata lo sintió y entreabrió los ojos nacarados para comprobarlo.

No alcanzó a ver la sonrisa de Gaara pues el ya volvía trabajar sobre la piel de su cuello, su garganta, su clavícula, el inicio de sus senos…Hinata dio un respingo al sentir la lengua de él lamiendo la parte expuesta de su pecho y sintió un calor inmenso en la entrepierna que la asustó. Tenía que pararlo. No era tan inocente como para no saber que la dureza que notaba en el pantalón de Gaara acabaría derivando en algo para lo que no estaba lista.

-Ga-Gaara.

Pero él parecía no oírla. Bajó la parte delantera de su camiseta, sujetador incluido, dejando al descubierto uno de sus senos. Hinata profirió un gritito ahogado al verse expuesta de esa manera y apoyó una mano en el hombro de Gaara para alejarlo.

-E-espera. Y-Yo…-su tartamudeo se intensificaba.

Gaara atrapó el rosado pezón entre sus dientes y lo mordisqueó con delicadeza. Hinata gimió y cerró los ojos cuando una descarga eléctrica bajó desde el lugar que Gaara estaba atormentando hasta su entrepierna, humedeciéndola aún más. Quería que parase y a la vez deseaba que continuase. Hinata se estaba volviendo loca.

Con la otra mano, Gaara atrapó el otro seno de Hinata y lo apretó con fuerza sacando un fuerte gemido de entre sus labios que ninguno se apresuró a sofocar. La lengua de Gaara seguía implacable, realizando círculos sobre el pezón con el que había decidido jugar, estimulándolo con la lengua, presionándolo. No tardó en comenzar mover el cuerpo simulando una penetración, rozando la erección que aún contenían sus vaqueros contra la intimidad cubierta por el fino pijama de Hinata.

Hinata deseaba que la tocase ahí, donde nunca antes nadie la había tocado. Sus piernas se separaban solas por instinto. Y cuando se percató de ello decidió que debía parar de verdad.

-Gaara, basta-le dijo apartando el rostro de él de su pecho.

Lo había dicho tan seria que Gaara se detuvo y la miró entre confundido, enfadado y extasiado. Odiaba que lo hubieran interrumpido cuando había logrado que Hinata Hyuga gimiese de placer por él. Frunció el ceño y, como muestra de rebeldía, comenzó a acariciarle los pezones con los pulgares mientras hablaba con ella.

-¿Qué ocurre?-preguntó él-Te estaba gustando.

Hinata reprimió un jadeo al sentir las yemas de los dedos acariciando aquellos botones sensibles y traicioneros que le habían hecho perder la razón. Se maldijo a sí misma por ser tan débil ante la carne de lo que nunca había pensado.

-Y m-me gusta, p-pero yo nunca antes h-he…Nunca, yo…Con na-nadie. Nada-Hinata supo que se había explicado fatal pero Gaara entendió y asintió dándole a entender que continuara-. No q-quiero ir tan d-deprisa, aunque sé que esto forma p-parte de sur t-tú amante…Yo… ¿Podríamos ir más lento? M-me refiero a días o semanas…

-O meses- pensó Hinata para sí.

-¿Te refieres sólo a la penetración, no? Al hecho de dejar de ser virgen-preguntó Gaara. Hinata asintió incómoda de estar hablando de su virginidad con él- ¿Pero puedo seguir tocándote de esta manera? Me niego a renunciar a tu cuerpo del todo-dijo, con algo de mal humor.

Hinata trataba de seguir la conversación pero le era casi imposible. El movimiento circular en sus pezones había aumentado y eso la estaba descolocando. Sacando fuerzas de Dios sabe dónde, logró responder.

-S-sí. Esto es p-placentero-reconoció, y quiso matarse por ello-. P-pero aún no quiero más.

Gaara guardó silencio unos instantes antes de cerrar los ojos y asentir con lentitud.

-Tómate tu tiempo pues, pero no lo hagas con otro-dijo de forma algo posesiva. La soltó y rodó a un lado para quedarse boca arriba sobre la cama-. Yo esperaré. Siempre me ha gustado desenvolver los regalos lentamente.

Hinata se incorporó y se adecentó la ropa. Volvió a cubrirse y se quedó unos instantes sentada en el borde de la cama. Sentía su coleta deshecha, así que se soltó el cabello y se peinó con los dedos para recogérsela nuevamente.

-Estoy deseando verte con el cabello suelto aquí tumbada mientras gimes-dijo Gaara como si nada-. Tiene que ser fascinante.

Hinata se incorporó como si hubiese estado sentada sobre unas brasas, y se dirigió hacia la puerta. Se giró para despedirse de Gaara, pero él ya estaba detrás de ella. Ni siquiera la había oído levantarse.

-Yo et ayudaré. Estás muy verde con las relaciones entre hombre y mujeres-le dijo el joven-. Te ayudaré a perder la vergüenza conmigo. Seré como tu profesor particular. Incluso puede que te mande deberes-sus ojos relucieron con malicia al decir la última frase.

Hinata alzó una ceja desconcertada.

-¿Profesor? ¿M-me enseñarás a ser b-buena amante aquí?-preguntó abriendo los brazos abarcando toda la habitación.

Gaara sonrió lentamente y negó.

-No. Las lecciones serán donde y cuando yo crea conveniente. Y está prohibido evadirlas o saltárselas-Por su expresión Gaara hablaba muy en serio-. Sean donde sean, ¿lo prometes?

Hinata no pudo más que asentir ante la intensidad de sus palabras. Buscó el pomo de la puerta para salir de allí cuanto antes pero Gaara la agarró de la mano y la atrajo hacia sí.

-Buenas noches, Hinata-le susurró antes de darle un casto beso en los labios, completamente diferente a los anteriores.

Esa noche, por primera vez en su vida, Hinata Hyuga tuvo sueños eróticos. Se despertó jadeando con unos ojos aguamarina y otros celestes en su mente.