"Cada Momento"

Capitulo 6: Wake me up when September ends.

"Pensamientos"

Descansaba en su habitación la niña con una década de vida, despertó al escuchar un ruido en su ventana. Le dio igual porque solo era una rama que golpeteaba contra el tragaluz. Pasaron minutos luego de aquel estruendo, aun no lograba conciliar el sueño nuevamente, escucho un chasquido y se asusto. No podía dormir y estaba harta de no poder hacerlo, se levanto y fue en dirección al dormitorio de su abuela.

Ariasu: ¿Abuela puedo quedarme aquí? –pregunta frente a la cama de la aludida.

Sra. Fiore: Ven aquí mi pequeña –dice haciéndole un lugar alado de ella.

Ariasu: Gracias –dice sonriendo mientras abrazo a su abuela.

Sra. Fiore: Siempre puedes contar conmigo, eres mi fuerza para seguir –dice correspondiendo el abrazo de su nieta.

Al cabo de pocos minutos ambas quedan dormidas, las intranquilidades se van y descansan pacíficamente.

Las horas pasaron y pasaron más de lo debido, nunca habían permanecido juntas tanto tiempo, al despertar vio al sol en el horizonte pensando en que se trataba del amanecer, miro al reloj y estaba equivocada, ese sol representaba la tarde que se iba. ¿Cómo era posible que ambas durmieran tanto? No tenía la respuesta a esa pregunta, así que sin darle más vueltas al asunto decidió que volver a dormir sería lo mejor.

El tiempo que llevaba descansando era demasiado suficiente, sus brillantes ojos verdes se vieron molestados por los potentes rayos del sol que atravesaban la ventana blanca retocada con detalles morados, al estar completamente despierta se dio cuenta que el brazo de su abuela la tenia abrazada a ella.

Ariasu: Abuelita ya se nos hizo de día –exclamo con un risita traviesa.

Espero unos instantes pero nada paso, no le había respondido, ni siquiera se había movido. Lo ocurrido le causaba una extraña sensación dentro de sí, pensó que tal vez su abuela seguía cansada, retiro cuidadosamente el brazo que la sostenía débilmente y bajo de la cama sin hacer ni el más mínimo ruido. Salió de puntillas de la habitación, antes de cerrar la puerta observo con atención a su abuela y al cerrarla susurro: Descansa abuelita.

Estaba viendo cómodamente el televisor cuando sintió un gruñido dentro de su estomago.

Ariasu: "¿Qué fue eso? ¿Qué me está pasando? ¡Ah Duele!" –se pregunto así misma desconcertada mientras con su mano tocaba su estomago.

Dedujo que era porque necesitaba comer algo, apenas contaba con diez años y no sabía hacer algo de comer, hace tiempo que quería aprender pero su abuela se lo negó diciéndole que debía tan solo ocuparse de sus estudios.

Apago la tele y fue en busca de su Abuelita Rosalie, entro al cuarto sin tocar la puerta, le volvió a observar algo pensativa.

Ariasu: "Que extraño aun sigue en la misma posición, ella suele moverse mucho".

Se acerco hacia la señora de cabellera plateada y con su mano le intento despertar moviéndola una y otra vez. Intento tomar la mano de la anciana, la cual estaba fría. Arqueo una ceja al sentir esa baja temperatura en el cuerpo de su abuela. Comenzaba a desesperarse, lo que estaba ocurriendo no era común y temía que algo le pasara a su abuela.

Ariasu: ¡Abuela despierta! ¡Abuela despierta! –gritaba mientras agitaba el cuerpo de la anciana.

Las personas que vivían alado escucharon con claridad los gritos que la pequeña hacia, entraron a la casa sin previo aviso y encontraron a la ojiverde tomando por los hombros a su abuela sacudiéndola levemente.

: ¿Qué es lo que paso? –pregunto temeroso uno de ellos.

Ariasu: Mi abuelita no se despierta, ¿Creo que enfermo? –Dijo limpiándose unas lagrimas que por la desesperación salieron de sus ojos –ayúdenla por favor.

Después de lo dicho por la niña, la apartaron del cuerpo de la anciana y una mujer de cabellos morados puso dos dedos en su cuello, al hacerlo miro rápidamente a un joven de ojos azulados. ¿A qué se referían con esa seña que se habían hecho? ¿Por qué le sacaron de la habitación? No entendía nada de lo que ocurría, luego de unos minutos se escucho llegar a una personas uniformadas que se transportaban en una camioneta grande con una cruz de color roja pintada en uno de sus extremos. Esas personas entraron en la habitación, pero a ella la dejaron afuera siendo cuidada por el joven de los ojos azules, no comprendía que era lo que pasaba, miro confundida al chico que se encontraba de cuclillas a su lado; este solo desvió la mirada como si tuviera miedo de enfrentarse a ella.

Los segundos se hacían cada vez más largos que los anteriores, sentía mucha ansiedad porque nadie respondía a sus preguntas, antes de que su cabeza estallara por desesperación, una mujer que aparentaba tener mínimo treinta años salió de la habitación y llamo al joven a su lado. No aguantaba las ganas de saber algo de su abuela así que decidida se levanto y enfrento a la señora que había salido momentos antes.

Ariasu: ¿Mi abuelita Rosalie ya despertó? –pregunto atenta esperando la respuesta.

Aquella pregunta hizo que la señora bajara la mirada, la mirada desafiante y llena de inocencia de la pequeña provoco que la mujer quebrara en llanto.

Ariasu: "¿Por qué reacciono así? ¿Le habrá pasado a mi abuelita?"

Su mente no estaba tranquila, intentaba observar más allá de la puerta aunque por extrañas razones no se lo permitían, cuando estaba parada enfrente de la puerta escucho decir a uno de ellos algo que la helo por completo: Lo siento pero me temo que la señora ya no despertara, mi más sentido pésame. Después lo último que se escucho fue el sonido de un cierre.

Ariasu: ¡¿Qué? –grito la ojiverde paralizada.

La puerta se abrió de golpe y en un dos por tres todos la rodeaban aunque ella no se diera cuenta de que eso sucedía, no se movía, no parpadeaba, muy apenas respiraba; la declaración le había hecho sentir como si alguien le atravesara el pecho con una katana afilada y recién aseada con aceite de clavo. Aquel sentimiento era inusual, pero aun así solo atino a desvanecerse en medio de todos mientras con una de sus manos apretaba fuertemente el collar que su ahora fallecida abuela Rosalie le había regalado en su octavo cumpleaños.

…..

Abrió los ojos lentamente, al momento de haber hecho eso su mente le informo lo acontecido haciéndola levantarse bruscamente. Estaba en una habitación completamente blanca, no sabía porque pero tenía un cable incrustado en su muñeca, lo retiro cuidadosamente y luego de abrir la puerta se echo a correr no tenía idea de adonde pero ella corría como si no hubiera mañana. Lo que parecían ser médicos le seguían por detrás pero no impedían que ella continuara corriendo, las lagrimas se desbordaban por sus mejillas, cada gota que caía se quedaba atrás en el camino ya recorrido, salió exitosamente del lugar, o al menos eso pensó ella antes de que un par de manos la sostuviera justo antes de llegar a la puerta.

Ariasu: ¡Suéltenme por favor! –Gritaba moviéndose de un lado a otro tratando de zafarse de aquel agarre -¡Abuela! ¡Ayuda!

Nadie le respondía nada de lo que preguntaba, de nuevo le habían encajado un cable en la muñeca. Si ella no estaba enferma no era necesario que lo colocaran, pero por más que le replicara ellos no respondían absolutamente nada. Antes de que hiciera otro intento por escapar alguien entro en la habitación, se sorprendió demasiado ya que llevaba cinco años sin verle.

Ariasu: Florence –exclamo emocionada intentando abrazarla, pero el cable le impedía hacerlo.

Florence: Te echo mucho de menos –dijo acercándose para abrazarla mejor.

Ariasu: Yo también te he extrañado ¿Dónde están Carlisle y Prudence? –pregunta mirando detrás de la mujer por si los aludidos llegaban.

Florence: Bueno hace dos años Carlisle y yo nos casamos, pero el ahora está buscando donde estacionarse y Prudence no sé nada de ella desde hace cuatro años –expresa posando su dedo en sus labios pensando en lo último que había dicho.

Ariasu: Me alegra que ambos se hayan casado y espero algún día volver a ver a Prudence.

Florence: No te preocupes, que de seguro… -no termina su frase porque en ese momento un señor de melena naranja entra a la habitación.

Carlisle: ¿Ya estas mejor? –dice intrigado.

Ariasu: La verdad es que ahora lo único que deseo es irme de este lugar –dice refiriéndose al hospital en el que se encontraba.

Sin responderle el recién llegado le extiende su ropa que le había sido despojada al llegar al hospital, la pareja seguía callada y aun sin decir nada salieron del cuarto. Aprovechando su salida, la muchacha de ojos verdes se vistió con su ropa normal; dejando sobre la cama en la que había estado reposando. Sin más decidió irse de aquel lugar, pensó que tal vez ahora no le reconocerían al intentar escaparse de ahí. Abrió la puerta de habitación blanca, al salir sin darse cuenta se tropezó con alguien que se le hacía conocido.

Ariasu: Lo siento –expreso disculpándose desde el piso mientras sobaba su cabeza.

: Fue mi culpa, no tienes que disculparte –dijo tendiéndole la mano a la pelinegra.

Ariasu: ¡Kazumi! –dijo pasmada ante la repentina aparición de su amiga.

Kazumi: ¡Ariasu! –grito abrazando efusivamente a la aludida.

Ambas permanecieron abrazadas sin separarse, no entendía porque pero cada vez que Kazumi estaba cerca, siempre se sentía feliz. Esa chica de ojos color malva era verdaderamente maravillosa, era extraño que no tuviera otros amigos, su amistad era sincera y agradable.

Las dos niñas que se encontraban entrelazadas una con la otra, sin darse cuenta habían comenzado a llorar incontrolablemente, que la gente las viera no importaba a ellas la gente les deba igual, mientras se mantuvieran juntas todos estaba bien.

Ariasu: Kazumi, no quiero que sufras por mí –dice entrecortadamente.

Kazumi: ¡Eres una niña tonta! –Exclamo dándole un leve golpe en la cabeza a su amiga –Si yo decido llorar, es porque es mi decisión y nadie decide por mí.

Ariasu: Bueno vamos que debo escapar de aquí –dice secándose los restos de lagrimas.

Kazumi: Si, es hora de irnos –dice corriendo alado de su amiga.

Ariasu: ¿Ya sabes a dónde iremos?

La pequeña de cabellos rojos como el fuego asiente con un movimiento de cabeza y así las dos juntas salen del hospital.

…..

Una melena de color negro como la noche se movía a los compas del viento, alado de una brillante melena roja cual fuego, la tarde estaba cayendo con un sol resplandeciente en un cielo donde los tonos rosados, violetas, azulados y morados eran los que predominaban aquella hermosa paleta de colores. Su escasa edad no les impedía disfrutar de los tesoros del mundo, su mente estaba ocupada apreciando la vista maravillosa que les brindaba aquel punto en el que el ya viejo puente se encontraba ubicado. No quería romper el cómodo silencio, pero debía expresarse con su amiga.

Ariasu: ¿Sabes? Ya no la volveré a ver nunca y lo que más me duele es que ya no tengo a nadie –dice volteando a ver a la pelirroja.

Kazumi: Me tienes a mí y no te es suficiente, porque sé que los extrañas a ellos –dice igualmente mirando a su amiga.

Ariasu: Desearía que ninguno de ellos se hubiera ido, tu eres especial para mí, pero… –exclama dejando una pausa para continuar –tal vez desde hoy ya no te vuelva a ver y lo sabes bien.

Kazumi: Solo si tu lo permites, ambas tenemos corta edad y no podemos impedir nada de lo que se vaya a venir, pero aun están ellos.

Ariasu: Yo nada puedo hacer, Carlisle y Florence nunca me adoptarían, y si lo hacen me llevarían lejos, ellos viven en Alemania. Nunca quiero regresar a Alemania.

Kazumi: Lo sé, eres mi mejor y única amiga, nunca en la vida quiero perderte, eres una persona demasiado frágil al igual que yo y debemos permanecer juntas para salid adelante –dice mientras las lagrimas salen lentamente.

Ariasu: Tú también eres mi mejor amiga, no quiero que nos separen, aunque ambas sabemos que puede pasar después –expresa bajando la mirada.

Kazumi: ¿La extrañas? –pregunta mirando el suelo.

Ariasu: Si, demasiado yo… -antes de poder continuar siente como sus fuerzas ya no le dejan contenerse y llora desesperadamente.

El silencio predominaba ahora el lugar, en el aire la tristeza se podía percibir fácilmente sin esfuerzo. Todo resultaba inevitable, todo se estaba convirtiendo en dolor y sufrimiento.

Ariasu: Esto es todo lo que me queda de ella, me lo dio cuando cumplí ocho años –dice tomando en sus manos el costoso collar.

Luego de aquellas palabras la niña de cabellos rojos se levanto y en un solo instante le arrebato el collar a su amiga y sin culpa alguna lo arrojo al riachuelo que por ahí corría. Ante lo que había pasado frente a sus propios ojos sin poder detenerlo, la pelinegra quedo completamente perpleja.

Ariasu: ¿Por qué hiciste eso? –pregunto tartamudeando.

Kazumi: Lo siento, pero es hora que te levantes y sigas adelante. ¡No puedes quedarte en el pasado! –exclamo tendiéndole la mano a la niña frente a ella.

Ariasu: "No puedo creer que Kazumi haya hecho eso, pero tiene razón y aunque esto me duela debo seguir adelante".

Kazumi: ¿Ariasu? –pregunto nerviosa pensando que tal vez su plan no había funcionado.

Ariasu: ¡Sí! –dijo decidida aceptando la mano de su amiga.

….

Dos quintas partes de un lustro ya habían sido recorridas, ahora todo era diferente, como hace varios años volvió a cambiar de ubicación, esta vez era acompañada de Kazumi; ambas necesitaban estar más lejos de aquel ambiente que se tornaba cada vez mas des gastable emocionalmente. Gracias al apoyo económico con el que contaba Ariasu decidieron dar un giro a su vida y comenzar de nuevo, buscaron un lugar lo suficientemente alejado de su país natal, encontraron un lugar muy distinto a los demás, era una pequeña ciudad llamada: Melancholy Hill. Una vez ahí buscaron una institución que era excelente, ya que no solo les brindaba el estudio, si no también alojamiento por ser parte del alumnado.

Sus habitaciones estaban no muy separadas una de la otra pero aun así siempre compartían tiempo juntas, la vida ahora era distinta tal y como habían deseado.

…..

Se encontraba de rodillas en el asfalto, las gotas de lluvia caía una tras otra chocando contra su cuerpo incansablemente, ¿Cómo había pasado todo aquello? ¿Por qué no lo impidió? Sus lágrimas se mezclaban con el agua que había empapado toda su vestimenta, gritaba angustiada pidiendo ayuda, la gente se acumulaba a su alrededor sin razón aparente ya que el auxilio que ella pedía ninguno se atrevía a dárselo. Su corazón parecía agitado, de nuevo todo se había derrumbado frente a ella, todo había dado un completo giro.

Resignada levanto la vista y observo con dolor el cuerpo que se encontraba tendido justo enfrente de ella, los ojos que una vez brillaron con intensidad ahora se encontraban apagados. Aquel organismo que alguna vez había sido cuidado con tanto recelo de los rayos del sol ahora se encontraba lleno de magulladuras y manchas de color carmesí.

Sus manos taparon su rostro en señal de que las lágrimas incontrolables habían vuelto a salir, no podía, simplemente no podía olvidarse de lo que había pasado y seguir con su vida normal. El cuerpo dañado de su amiga, de Kazumi, la niña que hizo todo lo posible por ayudarle a olvidar la amargura del pasado y vivir al máximo el presente, la misma a la que con tanta fascinación ayudaría a cumplir sus sueños como cantante. ¿Ahora qué? Ya todo estaba perdido no podía regresarle la vida a la única persona que pudo comprenderle en lo absoluto. La gente le miraba con lastima, eso le hacía hervir la sangre y no entendía por qué.

Sí, ahora todo estaba perdido y ella no pudo si quiera evitarlo o tal vez si, de todas formas todo había sucedido rápido. Si no se hubiese escondido detrás del basurero ella también se encontraría acostada en el pavimento con puñaladas en distintas partes de su cuerpo, ella también habría recibido golpes de aquel asesino que llego de la nada intentando llevarse los objetos de valor. Si tan solo ella no hubiera puesto resistencia tal vez se encontraría con vida su amiga.

La lluvia se hacía cada vez más extensa, lo miraba todo desde dentro de la gran estación de policía en la que se encontraba. Recordaba que ese era el último día de verano y antes de que su vida se desvaneciera, ambas habían ido a la hermosa playa que en días de verano un viaje ahí le cae excelente a cualquiera.

El cierre de verano no solo se había llevado a Septiembre consigo si no también… parte de su ser.

Fin del flashback–

Termino su historia con lágrimas en los ojos, miro unos segundos al pelirrojo que le miraba comprensivo, no aguanto más y el llanto se hizo evidente. El la miraba sin saber que podía hacer, pero no podía dejarle sufriendo así. Gaara la atrajo hacia el colocándole la cara en su pecho. Los sollozos de la joven de cabellos negros aun seguían y parecía no cesar, instintivamente el muchacho rodeo con sus brazos a la ojiverde.

Estaban recostados unos sobre el otro en el sillón azul, al parecer Ariasu se había quedado dormida.

….

Espero les haya gustado este capitulo, si tiene alguna duda o sugerencia no duden en decírmelo. Se aceptan reviews. Gracias