Porque no pude parar por la Muerte,

Él amablemente se detuvo por mi,

El carruaje sólo nos llevaba a nosotros,

y a la inmortalidad.

-Emily Dickinson


Capítulo Seis - Lobos Rotos

Invernalia

Caryssa despertó con la salida del sol, sus ojos nublados por el sueño y un pesado dolor en su cabeza por la bebida que había consumido la noche anterior. Recordando que tenía que hablar con su padre acerca de sus potenciales compromisos, se vistió de prisa, poniéndose un vestido de lana azul oscuro y sus botas. Antes de dejar su habitación se aseguró de trenzar su cabello, alejándolo de su rostro, y salió rápidamente.

Como aún era algo temprano supuso que sus padres estarían en su habitación, así que se dirigió ahí primero, sonriendo a los empleados que se encontraba en el camino y murmurando algunos buenos días. Luego de un largo proceso de saludos corteses y pequeñas conversaciones por fin llegó a la habitación de sus padres, y un sirviente anunció su presencia. Esperó a que le permitieran entrar, las manos entrelazadas y una mirada pasiva en su rostro.

"Déjenla entrar," dijo la voz de su padre y el sirviente abrió la puerta de la habitación para ella, ella le dirigió una pequeña sonrisa en respuesta, la cual se desvaneció en cuanto la puerta se cerró detrás de ella. La habitación parecía más oscura y pequeña ahora que cuando era una niña pequeña, metiéndose en la cama de sus padres cuando las pesadillas invadían su sueño. "Di lo que has venido a decir Caryssa. No te quedes ahí parada y me dejes en suspenso."

"Por qué no te dirigiste a mi? Si hubieras dicho que era tiempo de discutir compromisos propiamente sabes que hubiera estado dispuesta a escuchar, pero en lugar de eso decidiste discutirlo con el Rey a mis espaldas, tratándome como otros hombres tratan a sus hijas."

"Tu padre no pretendía molestarte Caryssa. Sólo está haciendo lo que cree que es correcto." Dijo su madre, antes de que su padre pudiera contestar. "Además, parecía que te llevabas muy bien con él anoche en el banquete."

"Me estaba llevando bien con Theon Greyjoy en el banquete de amoche, pero eso no significa que quiero casarme con él!" Explotó Caryssa, antes de respirar profundamente para calmarse y murmurar una disculpa. "Por qué él? Por qué Jaime Lannister?"

"Sí vamos a Desembarco del Rey, no voy a poder estar contigo todo el tiempo por mis deberes como Mano del Rey, pero con la protección del Rey, Ser Jaime y yo, ningún mal caerá sobre ti." Explicó su padre, y Caryssa frunció el ceño ante sus palabras, el desacuerdo escrito sobre su rostro.

"Ya no soy una niña. Ya no necesito a un hombre rondándome por protección."

"Me ayudaría a dormir mejor, Caryssa, saber que tienes la protección no solo de nuestra casa, sino también de la Casa Baratheon y la Casa Lannister. Necesito que entiendas que el mundo es mucho más peligroso de lo que crees. He tratado de protegerte lo más que he podido del mundo... pero Desembarco del Rey es política y asesinatos y misterios y mentiras y secretos, todo en uno. Sólo estoy tratando de hacer lo correcto por ti." Caryssa sintió su determinación disminuir ante las palabras de su padre. Tal vez había sido muy dura con su padre. Ella simplemente estaba enojada por la traición inicial y el Jaime Lannister de todo. Podría aprender a amar o tolerar al león Lannister, aunque solo fuera por la paz mental de su padre pero, sería suficiente? Ella no lo sabía.

Aún había tiempo para que su padre cambiara de opinión, y aunque no podía poner todas sus esperanzas en que lo hiciera, aún podía rezarle a los Dioses para que las cosas salieran a su favor. Sí había alguna manera de que ella se quedara en Invernalia con Robb, Bran, Rickon y su madre, entonces lo haría.

Si no, se resignaría a tratar de hacer su matrimonio con Ser Jaime al menos tolerable, si no podía hacer que surgiera alguna clase de sentimientos románticos entre ellos.

Encontraría alguna forma de hacer su vida digna de vivirse, mientras tranquilizaba a su padre y le quitaba un peso más de sus hombros.

Haría que funcionara de alguna manera.


Unos días después del banquete y la conversación con su padre, Caryssa vestía uno de sus trajes para montar, su larga y oscura cabellera estaba amarrada en una gran trenza sobre su hombro, su capa sobre los hombros, sus botas atadas hasta la rodilla y daba grandes zancadas hacia su caballo ensillado. Acompañaría a los hombres a cazar. Caryssa amaba cazar, y era por esa razón que había dejado a Rhaenyra con Arya y Nymeria, y había subido a arreglarse rápidamente cuando su padre le informó que el Rey había solicitado su compañía, sabiendo que era una cazadora experimentada.

Los hombres Sureños la miraban mientras ella revisaba sus flechas recién afiladas en su carcaj, asegurándose de tener una buena cantidad y continuó observando su arma, tratando de ignorar sus miradas. No se suponía que las mujeres acompañaran a los hombres en viajes de cacería, pero Caryssa siempre había insistido en acompañar a sus hermanos cuando comenzaron a ir de cacería con su padre. Ya había comenzado sus lecciones de arquería en ese entonces, y quería ir con los hombres.

"La cacería no es lugar para una mujer, milady." Le dijo uno de los guardias sureños, justo cuando Robb y su tío Benjen se acercaban a ella. Su padre ya había montado su caballo, junto al Rey Robert, Ser Jaime y una mezcla de guardias Stark, Lannister y Baratheon.

El hombre que le había hablado estaba lanzando una manzana al aire, y Caryssa sonrió ligeramente, antes de colocar rápidamente una flecha en su arco y dejarla volar en su dirección. El guardia Lannister gritó, pensando que había intentado matarlo, solo para ver su manzana clavada en la pared del establo por su flecha.

"Buen truco, milady, pero la cacería es comúnmente un deporte sangriento. Las mujeres no deberían presenciar tales cosas." Dijo Ser Jaime, mientras llevaba su caballo a caminar junto a ella.

Ella le puso los ojos en blanco, un oscuro brillo en ellos mientras observaba a su prometido. Su padre lo había anunciado a su familia en la cena hacía dos noches, y Caryssa había fruncido el ceño a su cena, antes de retirarse con Robb detrás de ella. No había llorado, o pronunciado palabra alguna, pero su hermano sólo la sostuvo en sus brazos. Ella sabía que iba a suceder, pero tenía la esperanza de que su padre cambiara de opinión y así ella no tuviera que dejar el Norte ni a sus hermanos.

"Aunque es cierto que la mayoría de las mujeres no están acostumbradas a la visión de la muerte, la sangre es una visión que enfrentamos constantemente, Ser. Además, yo no soy una mujer ordinaria. Aquí en el Norte estamos hechos de un material más fuerte que sus mujeres sureñas," sonrió Caryssa mientras guardaba su arco en su funda, revisando que su daga estuviera guardada en su alforja. Montó a Nieve y compartió una mirada de irritación con su padre, quien estaba junto al Rey, mientras los hombres comenzaban a quejarse de su presencia. "Alguien más tiene alguna objeción para que yo vaya en de cacería? Porque estaría feliz de dejarlos e irme yo sola."

"Lady Caryssa irá con nosotros de cacería, lo entendieron todos?" Resonó la voz del Rey, y todos los hombres guardaron silencio por temor de hacer enfadar a su Rey. Caryssa sonrió y se dio cuenta de que, en esta instancia, era bastante útil parecerse tanto a su tía. El Rey estaría mas que dispuesto a acudir en su ayuda ante la obstinación de sus hombres. "Matarreyes! Escoltarás a Lady Caryssa el día de hoy."

"Será un placer, Alteza." Contestó Ser Jaime, sonriendo con una extraña satisfacción.

Caryssa suspiró, pero no desafió la desición del Rey del modo que lo habría hecho si se tratara de su padre. No necesitaba protección de ningún hombre, había aprendido a defenderse ella sola. Sin embargo, lo que el Rey quería lo obtenía. El león Lannister estaría detrás de ella cómo un halcón ahora, y ella tendría que lidiar con sus atenciones.

"Vamos señores, milady, matemos algunos jabalíes!" Dijo el Rey, mientras dirigía su caballo hacia las puertas, pero se volteó hacia ellos e hizo un gesto con la mano a Caryssa. "Lady Caryssa, venga, cabalgará a mi lado."

Caryssa plantó una sonrisa, pero sus ojos fueron directo a su hermano. Siempre cabalgaba junto a Robb a menos de que estuviera enojada, y Robb la estaba mirando con la misma mirada triste. Era en momentos como este que Ned Stark se daba cuenta de lo perdidos que estarían sus dos hijos mayores sin el otro. Ambos eran jóvenes adultos, sin embargo en varios aspectos aun parecían niños. Se necesitaban el uno al otro, y Ned sabía que se odiaría por separarlos.

Había aceptado la oferta del Rey del título de Mano del Rey, y se llevaría a sus tres hijas con él a Desembarco del Rey. Caryssa se casaría con Jaime Lannister, Sansa se casaría con el Príncipe Joffrey y Arya aprendería en la corte con esperanzas de convertirla en una dama. Significaba separar a los lobos antes del invierno, pero tendrían que lidiar con ello con el tiempo.

Caryssa alejó su mirada de su hermano y tomó su lugar junto al Rey, ignorando la mirada que le lanzó el príncipe, una que era una mezcla entre complacencia y lujuria. El niño príncipe era un idiota. Sansa era mucho más hermosa que ella y sin embargo ahí estaba, mirándola con el hambre familiar en sus ojos que se había acostumbrado a ver en los ojos de los hombres. Caryssa sabía que era hermosa, pero nunca entendió porqué era lo único que veían los hombres. Había mucho más en ella que sólo su belleza.

"Así que, tu padre me dice que antes del Matarreyes habías rechazado a todos tus demás pretendientes. A qué se debe, niña?" Preguntó el Rey Robert, y Caryssa sonrió, aunque mantuvo su vista fija en el frente.

"La verdad, Alteza, o la pequeña mentira que digo para mantener feliz a la gente?" Preguntó Caryssa y el Rey se rió ligeramente.

"La verdad, niña. Es un crimen mentirle a tu Rey."

"Muy bien, mi Rey," dijo Caryssa, pausando un momento mientras decidía como expresar sus sentimientos con palabras. "Antes de ahora, yo veía al matrimonio como una jaula, confinándome a una vida de miseria. Tendría que dejar mi hogar, todo lo que he conocido y amado, para casarme con un extraño que no podría amarme ya que no me conocería y me quitaría la poca libertad que mi padre me daba. Tendría que abandonar mis pasatiempos y ambiciones para manejar una casa y tener hijos. Que parte de eso suena ligeramente atractivo para una joven dama, Alteza?"

"Es la forma en que funciona el mundo, milady. No desea que alguien la cuide? No quiere hijos?" Preguntó el príncipe Joffrey, y Caryssa asintió un par de veces, antes de explicar.

"Sí quiero hijos, mi príncipe, como cualquier mujer, pero cuando era más joven, ayudaba a criar a mis hermanos. Desde mi punto de vista, yo ya tenía mis hijos y siempre usaba la excusa de que mi familia me necesitaba y por eso no me quería ir. Pero supongo que yo los necesitaba más. No quería ser el lobo solitario lejos sin compañía cuando llegara el invierno." Reflexionó Caryssa, su sonrisa volviéndose un poco anhelante, antes de sacudir la cabeza para bloquear sus más taciturnos pensamientos y sentimientos. Plantó en su rostro una nueva sonrisa y miró al príncipe. "Ahora, qué hay de usted, mi príncipe, cómo fue crecer en la Fortaleza Roja?"

Joffrey y el Rey la mantuvieron entretenida con historias de Desembarco del Rey, y de aventuras de la infancia y de batallas y guerras. El Rey la hizo reír, y Joffrey fue solamente un poco molesto esa mañana. Parecía mostrar su mejor comportamiento, o lo más cercano a buen comportamiento tratándose del príncipe, lo cual le hizo más fácil escuchar sus mentiras (las historias de sus victorias contra otros jóvenes de la corte eran en realidad mentiras porque Caryssa lo había visto pelear con Robb y no tenía mucha habilidad con las espada).

Cuando estuvieron más adentrados en el Bosque de Lobos, Caryssa se disculpó y dejó que su caballo se retrasara un poco, hasta que guió a Nieve a la izquierda y fue a medio galope hacia el bosque, lejos de ellos. Conocía el bosque como la palma de su mano, sabía donde estaban los jabalíes y donde pastaban los grandes ciervos, y sabía como guiarlos hacia donde estaba el resto de los cazadores. Siempre había hecho esto en las cacerías con su padre, hermanos, Jory y Theon, cabalgaba sola y guiaba la presa hacia ellos, pero esta vez descubrió que tenía su propio seguidor. Jaló las riendas un poco, haciendo que Nieve se detuviera lentamente.

"Hay alguna razón para que se apartara del grupo, Lady Caryssa?"

Ella volteó hacia el sonido del león que había sido comisionado para 'protegerla', y pestañeó inocentemente, algo de lo que vio a través inmediatamente.

"Tal vez quería ver quien venía a perseguirme. Que sorpresa tan agradable," bromeó Caryssa, y continuó antes de que él pudiera decir algo. "Conozco un abrevadero cerca de aquí donde los animales van a beber, que es donde están a esta hora del día, y que también sucede que está un poco al norte de donde la caravana de cacería se dirigía, así que iba a... dirigir a los animales en la dirección correcta."

"Y creyó que podría lograrlo usted sola?" preguntó Jaime, y Caryssa arqueó una ceja mientras su caballo se detenía justo al lado suyo.

"No soy incapaz," declaró Caryssa, antes de estrechar los ojos ante la mirada de incredulidad en el rostro de Ser Jaime. "Espero que no planee controlarme, Ser Jaime. Sólo me caso con usted porque creo que ayudará a mi casa y porque es la oferta más... atractiva que he recibido desde que mi padre comenzó a tomar las propuestas de matrimonio en serio."

"Así que sólo aceptó por mi increíble atractivo. Suponía que sería de utilidad algún día." Jaime le sonrió y ella puso los ojos en blanco, exasperada por su inhabilidad de tomar sus conversaciones seriamente. "Y no planeo controlarla, Lady Stark. Es bastante atractivo... ese fuego en usted, esa rebeldía. No hacen mujeres como usted, milady."

Caryssa le sonrió, y luego sus sonrisa se volvió una de suficiencia.

"Si lo hicieran, los hombres como usted se quedarían muy frustrados," bromeó Caryssa, antes de regresar sus pensamientos a la cacería. "Ahora, Jaime Lannister, que tan veloz es su caballo?"

Sin esperar su respuesta, Caryssa chasqueó la lengua y Nieve salió galopando hacia el bosque, su jinete maniobrandola expertamente entre los árboles. Escuchó el golpeteo de cascos detrás suyo, indicando que Jaime la estaba siguiendo, obedeciendo las ordenes de su rey. Caryssa encontró fácilmente el abrevadero y sacó su arco y una sola flecha.

Los ciervos ya estaban atentos, habiendo escuchado que se acercaba, pero ya que había detenido a Nieve a un trote ligero, todavía tenían que escapar. Colocó la flecha en el arco y la tensó. Disfrutaba de la arquería porque cuando estaba así, con la cuerda del arco tensa y la flecha casi cobrando vida bajo sus dedos, parecía que estaba en su propio mundo, y no había nada más que ella, su arma y su presa.

Era encantador sentir como si tuviera un lugar donde podía estar sola. Amaba mucho a su familia, pero nunca tenía tiempo para estar sola. Si no estaba con su madre aprendiendo a dirigir un hogar, estaba con su padre discutiendo como dirigir el Norte y otros varios asuntos importantes, o con Robb, Jon, Theon, Rodrick y Jory entrenando, o con Arya y Sansa en clases de costura, o con Bran en sus lecciones, o cuidando a Rickon. Nunca tenía u momento de paz, pero usualmente no le importaba. Sin embargo, desde el anuncio de su inminente matrimonio, había comenzado a ansiar tiempo para ella. Aunque probablemente ahora no contaba como tiempo para ella con su prometido a unos cuantos pasos detrás de ella, observándola atentamente.

Disparó su flecha, fallando el tiro para que los animales se lanzaran en la dirección correcta, y entonces comenzó su persecución, el Matarreyes detrás de ella. De vez en cuando, Caryssa tenía que hacer que Nieve se saliera del camino para guiar a los animales en la dirección correcta una vez más, pero eventualmente Caryssa pudo escuchar los vítores de los hombres cuando derribaron al primer ciervo. Caryssa y Nieve, con Jaime y su propio caballo siguiéndolas, se dirigieron hacia un pequeño claro donde el rey, el príncipe, su padre, su hermano, su tío, Lord Tyrion y un grupo de hombres de las tres casas estaban amontonados alrededor de un par de ciervos caídos.

Caryssa vio un ciervo más grande que aún tenía que huir, pero se dirigía hacia el rey, quien había desmontado de su caballo para inspeccionar su caza. Rápidamente colocó una flecha en su arco y la dejó volar, observando como se enterraba en el ojo del ciervo y matándolo al instante.

Cayó al suelo justo a los pies del rey, y el Rey Robert miró al animal caído antes de levantar la vista hacia la joven mujer aun posada sobre su blanca montura, e inmediatamente pensó en su Lyanna. Ella siempre había querido unírseles a él y a sus hermanos en las cacerías, pero nunca se lo habían permitido, lo cual había sido una de las razones por las que el rey había insistido tanto en que Caryssa los acompañara.

Caryssa sonrió ante su presa, antes de sacar su flecha. Su hermano se reía de la mirada de victoria que Caryssa tenía en sus ojos, junto con Jory, su tío Benjen y Theon, el rey se reía entre dientes y su padre sonreía con orgullo, y Caryssa no sabía cómo ese momento podía haber sido mejor.

Es una pena que nunca lo descubrió.

Un jinete irrumpió entre la línea de los árboles, como Caryssa lo había hecho momentos antes, con una mirada desesperada en su rostro-

"Lord Stark! Señor! Traigo un mensaje del Maestre Luwin, señor! Es Lord Bran. Ha caído de una torre-" Comenzaba el mensaje, pero el sonido de un caballo a galope interrumpió su discurso.

Los hombres del Norte y del Sur observaron a la única mujer del grupo dar vuelta a su caballo e ir a todo galope en dirección de Invernalia, haciendo que su blanco caballo fuera lo mas rápido que pudiera. Los otros Stark la siguieron inmediatamente, con el rey y Jaime Lannister siguiéndolos de cerca. Persiguieron a la mujer, que claramente había olvidado la existencia de la lógica y la razón, y cuyo único pensamiento era de su hermano quien podía o no estar muerto.

Caryssa ignoró a los jinetes detrás de ella, les llevaba mucha ventaja y no pensaba detenerse a esperarlos, y en casi nada de tiempo se encontró pasando por las puertas de Invernalia. No se detuvo hasta que se encontró en el patio del castillo y desmontó rápidamente de su caballo, dejando a la pobre criatura a esperar por un mozo de cuadras que lo llevara de regreso a los establos.

Corrió por el castillo hacia las salas de curación, donde el resto de su familia esperaba fuera, claramente sin permitirles entrar en la habitación.

"Qué ha sucedido?" Preguntó Caryssa, su voz sonando sin aliento, pero aún logrando mantener un dejo de autoridad. Quería respuestas e iba a conseguirlas.

Su madre la miró con lágrimas en los ojos, una clara mirada de desesperanza y desesperación en el usualmente tranquilo azul que lanzó una puñalada de miedo en el corazón de su hija. Solo una vez había visto esa mirada anteriormente en los ojos de su madre. El día que su padre trajo a casa a su hijo después de la guerra. El día que el corazón de su madre había sido roto.

"No está muerto, o sí? No puede estar muerto. Alguien diga algo!" Gritó Caryssa, asustando a sus hermanos menores con la dureza de su voz. La delgada determinación de Sansa se deshizo ante el miedo en la voz de su hermana mayor, algo que nunca antes había escuchado en sus trece años de vida, y estalló en lagrimas una vez más.

La ira de Caryssa disminuyó rápidamente, mientras atraía a su hermana menor a sus brazos, besando su rojizo cabello, y murmurando palabras de alivio que no tenía idea si eran ciertas o no. Fue entonces que llegaron los hombres, el rey demandando que se le mantuviera al tanto del estado de Bran, antes de murmurar el pésame a su amigo y desaparecer, Robb abrazando a un Rickon sollozante y Ned consolando a su esposa y su hija menor. Caryssa unió a Jon al abrazo entre ella y Sansa, y él las abrazó con fuerza, dándoles tanto consuelo como el mismo necesitaba.

Así es como Jaime Lannister encontró a la familia Stark unos momentos después, aferrándose desesperadamente los unos a los otros, mientras todos rezaban silenciosamente a los dioses para que salvaran a su hijo o hermano. Caryssa miró sobre la cabeza de Sansa y lo vio, de pie casi incómodamente mientras observaba a su familia. Sus verdes ojos tenían un extraño dejo de simpatía en ellos, y los de ella lágrimas sin derramar que su familia nunca vería.

En ese momento, Jaime vio una grieta en el hielo que rodeaba el corazón de la mujer Norteña, una vulnerabilidad que nunca había visto en ella,y entonces supo que eran más similares de lo que originalmente había creído.

Su familia era su vida, al igual que pasaba con él.


A/N:

Hola!

Lo siento por los mil años (o al menos así se siente) entre las actualizaciones pero tuve que planear Primeras Comuniones y fiestas de cumpleaños y aghh!

Como sea, tuvimos una confrontación padre-hija, un poco más de Caryssa/Jaime, y la caída de Bran! Espero que les guste, y espero que haya habido suficiente luz y alegría en este capítulo para compensar por el siguiente capítulo que no será tan alegre (se concentrará en como Caryssa hace frente a su pena).

Así que el siguiente capítulo será el 15 de Junio.

Gracias a los que pusieron esta historia como favorita y también a los que la siguieron. Significa el mundo para mi.

Los quiero a montones chicos!

Bren