Un nuevo capítulo, un nuevo día...

¡Gracias! A ustedes tres por su apoyo, ya comenzaba a temer que este fic no tenía futuro y que a nadie le interesaba, pero sus comentarios me alegraron tres diferentes días. Este cap se los dedico a ustedes:

Kyoko Hatake13

Yingyang

ElChoColAteDeAl


.5.


—¿Cómo puedes creer que son mejores las novelas románticas que las de acción? —preguntó incrédulo.

El otro bufó.

—Mejor ver una historia de incomprensión en mundo realista que a tipos lanzándose granadas y saltando desde carros en movimiento, muy realistas en realidad —replicó. Al otro lado alguien suspiró como si sintiera que hablara con un niño sobre por qué no podía comer chocolate de cena.

—No, muchas poseen un trasfondo histórico que va desde aliados de guerra como relaciones destruidas por las diversas clases sociales y raciales —dij con seriedad.

—Lo dice el hombre que prefiere el ron sobre el vino —respondió con sarcasmo.

Un sonido de indignación vino del otro lado de la línea.

—¡Ah! retráctate —gritó molesto—. Lo que es ron, vodka, tequila y saké son mil veces mejor que ese jugo de uvas que llaman vino —dijo molesto, luego agregó—. Además, mientras más fuerte el alcohol mejor la pelea que das luego.

Sanji miró su celular por un momento de verdad no creyendo lo que estaba hablando. A su edad, con la responsabilidad de cargar con un restaurante luego de que su padre falleciera, con apartamento propio y más ex' tras él de las que podría contar con ambas manos. Suspiró, al menos no estaban hablando de piratas otra vez.

—Sí, sí, como digas Monster.


Eso había sido hace tres días, y no había sido la primera, segunda o siquiera quinta conversación que habían tenido. Desde que Monster le había dado su número de teléfono una extraña relación había comenzado donde hablaban de vez en cuando y de cuando en vez.

Eran como el "cofre del tesoro" del otro. Como ninguno se conocía, ni tenía relación con aquellos que congregaban eran perfectos para guardarse secretos sobre los demás y servir como concentraciones de estrés por el día a día. O como cajas de chismes, como lo llamaba Monster.

Y lo que lentamente habían sido llamadas semanales comenzaron a ser cada ciertos días, y ahora Sanji no le asustaba ni saltaba en el acto (como penosamente admitía hacer antes) cuando veía en el identificador de llamadas el nombre del jugador y la foto de su personaje virtual.

Era extraño, como los humanos éramos criaturas de tan gran costumbre.

—¡Sanji, otra por favor! —gritó Ussop con la mano bien levantada y un plato casi vacío en ella. El rubio hizo una mueca, pero igual tomó su plato en conjunto con el de Luffy y Franky caminando a la cocina, ahí tenía sobre las hornillas dos cacerolas de metal de las cuales una sacó pasta, y de la otra salsa de carne. Lo rellenó hasta el tope por tercera vez en el día y con su otra mano tomó dos cervezas y una soda, balanceando todo entre sus brazos como sólo un veterano camarero podría hacer y volviendo a la sala.

La televisión estaba encendida con el sonido al máximo, y una pelea de boxeo sucedía en ese mismo instante. Era de Estados Unidos contra Japón. Y el marcador era (sorprendentemente) tan igualado que no podían despegarse de él hasta que terminara. Por primera vez en mucho tiempo había una verdadera posibilidad de que Japón ganara la ronda y descalificara a EEUU en las finales. Cosa impactante y no por menos emocionante.

Sanji miró a sus amigos sentados en su muy lujoso sofá de cuero, con las piernas sobre su delicada mesa de té, y con sus sucias presencias sobre su suelo de madera recién limpiado. No sabía cómo podía tener amigos tan baratos teniendo él gustos tan caros.

—Me van a devolver el costo de los ingredientes —juró con un nuevo cigarro en sus labios y tendiendo las cosas.

Todos hicieron como si espantaras moscas con sus manos dando por entendido que sí, te escuchamos, no, no prometemos nada.

¡SUPERRRRRRRRRRRR! —gritó Franky cuando bebió de la nueva soda, el gas quemando placenteramente su garganta al bajar. Levantó los brazos animando otra vez el ambiente y Luffy comenzó a reír desesperadamente por sus acciones. Ussop le empujó molesto cuando casi le hizo botar su cerveza y por supuesto él no se dio cuenta de ello.

En ese momento el bolsillo de Sanji tembló y cuando vio de quién era sonrió sin pensarlo. Se levantó de la silla y caminó queriendo alejarse del ruido de la televisión y sus amigos.

—¡Sanji! ¿¡A dónde vas!? ¡Aún faltan diez minutos para que termine! —gritó Ussop siendo el único que notó el moviendo de su amigo.

—Por ahí, por ahí —replicó espantando lo con una mano.

El ingeniero se quedó viendo un largo rato el sitio por donde había desaparecido su rubio amigo, hasta que luffy volvió a empujarlo en uno de sus ataques de risa haciendo que su atención fuera dirigida a evitar que el Monkey provocara un accidente en el sofá.

La última vez que algo así había pasado Sanji les había hecho trabajar en el restaurante por dos semanas y pagarle la limpieza del sofá por un mes. Cómo lo logró, aún no lo entendía, pero había sido un muy alto precio por una mancha de soda en el cuero.


En el pasillo Sanji se recostó a la pared a un lado suyo. Apagó el cigarro no teniendo ganas de fumar mientras hablaba y le habló al receptor con burla.

—Siento que estás desperdiciando todo tu dinero en llamadas —dijo sonriendo.

Al otro lado de la línea se oyó un sonido parecido al de un tosido. El cual ya Sanji sabía reconocer como un intento de risa por parte del monstruo verde, la primera vez le había asustado pero ya estaba acostumbrado a él.

Inclusive, podría decir que le parecía nostálgico ese ruido.

—Ja —se burló—. Lo dice el que se gasta un salario completo en dos pares de zapatos y todo porque no puede decidirse entre los negro azabache y negro carbón. Lo cual, admito que aún no entendiendo que diferencia hay entre los dos.

Sanji se frotó el puente de la nariz cuando la risa del monstruo verde no tardó en llegarle a través del celular. Se retractaba: su risa era muy molesta.

—No sabes cuánto me arrepiento de haberte pedido ayuda en esa entonces —suspiró agotado. Había sido una mañana de compras y en su desespero de no saber cuál era mejor sobre cuál, había marcado por ayuda a Monster sabiendo que Luffy jamás tenía su teléfono consigo, Nami estaba trabajando a esa hora, Ussop no tenía ningún tipo de gusto mientras que Franky tenía uno muy alocado.

Lamentablemente, no había sido tampoco una buena decisión.

—Pero al final te ayudé a escoger qué tipo de negro querías, ¿verdad? —preguntó divertido y luego agregó fingiendo terror—. No te imaginarás que tuve hasta que buscar en internet la diferencia de los tonos porque no la entendía de verdad.

—Si hijo de puta, —dijo molesto—. Pero decirme: el que sea un negro más confundible con la sangre no me sirvió de mucho —replicó, y no pudo evitar agregar:—. Bastardo.

—¿Pero te sirvió no es así? —repitió, por alguna razón sentía que él estaba sonriendo al otro lado de la línea—. En fin, al punto, no te estoy llamando para hablar de tus problemas existenciales con los tonos del negro —Sanji se quejó pero él ignoró su grito—. Sólo te llamé para decirte algo, mi querido compañero, con quien compartí gran parte de mis tardes y mañanas, y con quien mato trols en las cavernas e hidras en los pantanos.

Por el discurso y tono político que uso Sanji no pudo evitar quedarse callado esperando a oír lo que le diría su amigo internacional.

—Querido amigo, mi país va a destrozarte.

Pi, pi, pi, pi...

—¡AH! ¡Bastardo! —gritó molesto resistiendo los impulsos de lanzar el teléfono al suelo habiendo tenido que hacer una fila de más de siete horas para obtenerlo.

Molió los dientes y miró al teléfono con una espeluznante sonrisa.

—Me vengaré, MonsterGreen, me vengaré —prometió viendo el aparato antes de decidirse a enviar las mismas palabras por escrito a su correo. Un emoticón y un XD fue lo único que recibió minutos después.

Envió, archivó para futura extorsión y volvió a la sala justo a tiempo para el final de la penúltima campana.

—¡Ey Sanji! —gritó Ussop al verlo regresar sin ningún cigarro a la vista y con el teléfono en la mano. Extraño, pensó mirándolo.

—¿Qué? —gruñó aún molesto.

—¿En qué idioma acabas de gritar? —preguntó curioso, sin nada más que hacer Franky y Luffy se incluyeron mirando intercala mente entre el chef y el ingeniero antes de detener su mirada en el chef. El ingeniero recordaba que había sido una palabra gritada justo en el instante que los gritos de la pelea habían cesado, había sido rápida y le sonaba como un "Kuso ttare" o algo por el estilo.

Sanji lo miró por un largo rato pensando sobre si decir la verdad o no, decidiendo que al final nada bien haría en atraer la atención de sus amigos y causar que investigarán a fondo su vida privada.

Lo que menos quería era que ellos se enteraran que jugaba juegos en línea a su edad, eso sí sería un golpe rudo en su imagen sin contar que ellos se encargarían de decírselo a todo el mundo, a todas horas y por mucho mucho tiempo.

—Un amigo extranjero —dijo la verdad a medias—. Él también estaba viendo el encuentro y quería comentarme algo sobre el mismo —respondió sentándose en uno de los muebles. Sin evitarlo recordó la razón de su llamada y apretó un puño elevándolo hasta el nivel de sus ojos—. El bastardo me dijo, citando: mi país va a destrozar al tuyo —repitió molesto.

Los tres hombres se miraron por un largo rato, vieron de nuevo al rubio y comenzaron a reírse estrepitosamente en su cara. Sanji los miró como traicionado y Luffy no pudo evitar soltar unas lágrimas de la risa.

—¡Perdón Sanji! —gritó sin sentirlo para nada. Un cojín chocó contra su rostro y a su lado Ussop río por ello.

JA JA JA JA —carcajeó antes de ser atacado por uno propio. Franky en la otra punta del sofá vio al dueño de la casa con los ojos afilados y otro cojín en posición para ser lanzado a su persona.

—Tranquilo, tranquilo cocinero —le calmó con las manos frente a él en defensa. Como el mayor de los cuatro sentía que era su obligación actuar como tal—. Es solo que nos divierte mucho saber que tienes un amigo con las bolas de decirte eso a ti. Sanji Vinsmoke, en persona.

Vio las intenciones de lanzarle el proyectil y se dio cuenta de su error cuando Ussop y Luffy rieron con más fuerzas por sus palabras.

Mierda, pensó mordiéndose el interior de la mejilla para no reír también. Maldijo a Luffy internamente por lo contagiosa que eran las carcajadas de él.

—Digo, también es muy sorprendente que tengas un amigo japonés —dijo.

Para su sorpresa, ahora sí Sanji había bajado el cojín y lo miraba sorprendido.

—Tienes razón —murmuró, Franky levantó una ceja sorprendido por el respentino cambio—. Sabía que era extranjero, pero no a cuál país pertenecía —dijo pensativo.

Franky arqueó una ceja y estiró su brazo golpeando con fuerza la nuca de Ussop en el proceso. Su risa era más fuerte que la de Luffy.

—¡Oye! —gritó molesto. Ambos le ignoraron. Luffy le sacó la lengua.

—¿Es eso cierto? —preguntó curioso.

—Sí. Sabía que era de otro país pero nunca me había detenido a preguntarle de dónde.

Luffy pareció interesado en la conversación porque miró a Sanji con ojos grandes.

—¡Pero si acabas de hablar en japonés, Sanji! —dijo riendo—. Obvio que sabías que era japonés ji ji ji ji.

—¡Ey! —gritó indignado aunque igual tenía una sonrisa en los labios contradiciendo su rabia—. Él me dijo que era un insulto una vez: hijo de puta, así que desde entonces lo uso por costumbre —se rascó el cuello y miró al suelo—. No es como si sepa nada más, él sabe hablar inglés y es por eso que nunca tuve la necesidad de pedirle por más.

Al final bajó el volumen. Se quedó mirando al suelo y parecía estar pensando algo relacionado con lo que recién había dicho.

—Con que es así... —murmuró Franky rascándose la barbilla pensativo. Luffy lo miró riendo y comenzó a imitarlo también sobando su barbilla, Ussop sintiéndose fuera de lugar los siguió y Sanji miró a sus tres amigos actuar como idiotas uno al lado del otro sin distinción de edad o género.

Si alguien le preguntara cómo los había conocido no sabría responder de forma rápida. Luffy lo había salvado ese día el restaurante de su padre, Ussop había sido en realidad en un cliente habitual del mismo por varios años, pero no había sido sino hasta que un día coincidió con el Monkey que Sanji había tomado nota de él, Luffy se lo había presentado como un gran amigo y mejor francotirador, Sanji aún no entendía muy bien lo último.

Franky llegó por tanto el lado de Ussop como de Luffy, exactamente cómo, Sanji no lo sabía, pero tampoco era como si fuera de su incumbencia saberlo.

Los vio aún sobarse la barbilla, y supo que necesitaba nuevos amigos en su vida.

—¿Saben qué? Última vez que los invito a mi casa —declaró levantándose y oyendo el sonido del -hum, hum- que hacían al frotarse la barbilla aún desde la cocina.

Definitivamente necesitaba nuevos amigos.

—¡Esa fue una indirecta! ¡Lárguense! —gritó luego de ver que no había ningún movimiento por parte de ellos.

Los tres comenzaron a quejarse de inmediato.

—¡Sanji no hagas eso!

—¡Pero amigo la súper pelea aún no termina!

—¡Cierto, cierto!

—¡Largo! —gritó harto.


Zoro estaba en su pequeña (muy pequeña) cocina tomando de una botella de agua, cuando oyó el sonido de llamada de su teléfono.

Caminó hasta donde estaba y en el proceso prendió el aire acondicionado debido al calor que hacía.

—¿Aló? —dijo luego del tercer ring. Apagó el televisor y tomó de su repisa un folleto de una pizzería pensando en lo que tendría por cena esa noche.

—¿Cómo sabías que era estadounidense? —preguntó de repente Blonde al otro lado de la línea. Parpadeó un momento confundido y un sonido de queja sonó al otro lado—: ¿Y bien? —repitió.

Zoro miró a los lados sin saber muy bien qué decir y se aclaró la garganta incómodo.

—¿Perdona? —respondió inseguro.

—Inténtalo de nuevo.

Zoro suspiró, y vio que la pizza de carne con extra de picante estaba de descuento por esa semana.

—No sé qué decirte, Blonde —admitió, apoyó su celular entre la oreja y su hombro y con la mano libre marcando el número de la pizzería con el teléfono de la casa—. Un día pensé en el tiempo que tardabas estar conectado en línea y tú me dijiste que salías de trabajar a las tres de la tarde, siendo sincero no fue mucho, resté la diferencia horario y busqué en internet con cuál país compartía ese cambio y listo —dijo encogiéndose de hombros.

Al otro lado oyó a su amigo gruñir algo inentendible.

—¡Pero como te atreves a-!

—Espera —le cortó con respeto. Con la otra mano tomó el teléfono del apartamento y apartó su oreja del otro—. Buenas noches, ¿con Pizzas Ranch? Perfecto, quisiera pedir una grande de carne con extra de picante, extra de queso y de bordes quemados.

—¿Desea algo más? —preguntó una mujer al otro lado. A lo lejos oía el sonido del teclear de un ordenador y de personas hablando animadamente.

Zoro pensó que tal vez debería algún día ir al sitio en persona, en vez de pedirlo desde casa y pasar encerrado una noche más. Por el folleto parecía ser un sitio cálido y hogareño, mejor que el frío de su aire y el sonido de sus pasos.

—No, eso sería todo, ¿cuánto es?... Está bien, comprendo, pagaré en efectivo, sí. Pase feliz noche usted también.

Colgó la llamada y revisó la hora esperando tener la pizza en menos del tiempo establecido.

Dejó el teléfono en su base y volvió a ponerse el celular en su oreja.

—Ahora sí.

—¿En serio acabas de pedir una pizza frente a mí? —preguntó Blonde sin poder creérselo. Zoro sonrió divertido por su tono incrédulo.

—En mi defensa no estás físicamente en frente de mi, además, necesito comer.

—¡Pero si eso es un desperdicio de dinero! —gritó molesto. Con el oído herido Zoro recordó que Blonde era un chef.

Explicaba, de una forma muy rara, su enojo.

—¡Podrías haber gastado mucho menos dinero haciendo tu propia cena! ¡Y sería más saludable! —siguió gritando. Seriamente el ex-esgrimista pensó en fingir demencia y colgarle.

Pero no podía hacerle eso como era su amigo...

Lo era, ¿verdad?

—Blonde —le cortó por segunda vez ya cansado. No le habían pagado la cantidad que esperaba por una traducción que había hecho en línea,dinero que ya había tenido contabilizado, además de que al final Japón había perdido contra Estados Unidos, tenía hambre y se le había acabado el saké hace dos días y aún no lo había repuesto. O sea: una mala semana—. Yo no sé cocinar, de verdad: nada —enfatizó—. Y no me digas que todo el mundo puede hacerlo porque no me has visto activar las alarmas de incendios por un huevo revuelto.

Un momento de silencio, que no duró mucho.

—¿Cómo mierda activas las alarmas al hacer un huevo? —preguntó incrédulo.

—Ni yo estoy seguro de cómo se hace —respondió indiferente—. Cocinero de mierda —susurró girando su cabeza hacia la ventana de persianas negras que tenía en su habitación.

Su casa no era mucho que admirar, era, en la mejor de las descripciones: pequeña y vacía. Las paredes eran en sus mayorías verdes y los muebles de madera, sólo había un cuarto que era su habitación y ahí tenía una computadora, una pesas apiladas una encima de la otra (las cuales mantenía en agradecimiento por todo lo que hicieron por él en su momento), dos cajas de cartón en una esquina, y una lámpara de noche para cuando le provocaba leer en su cama hasta más tarde.

No era común que tuviera invitados, y tampoco salía lo suficiente como para tener adornos o recuerdos de sitios que había visitado.

Un gran televisor frente a un pequeño sofá, una nevera, un microondas, y unas hornillas que mantenía más por adorno que por otra cosa. Pensó en decorar al menos un poco el lugar cuando un susurro llamó su atención.

Casi había olvidado a Blonde, cuando él habló por el auricular.

—¿Qué dijiste...? —preguntó en voz baja. Zoro arqueó una ceja y acercó más su oído.

—¿Qué? —preguntó confundido.

—¡¿Qué acabas de decir hijo de puta, malnacido, bastardo, imbécil, idiota!?

—...


—Ah, ¿Blonde? ¿Estás bien? —preguntó inseguro y divertido luego que las groserías disminuyeran su volumen y oyera el sonido de una respiración agitada al otro lado. Debía haber estado gritando muy fuerte y moviéndose mientras lo hacía.

Un momento de silencio; luego declaró sorprendiéndolo.

—¡Vas a ver Monster! ¡Voy a encontrar el insulto perfecto para ti aún sea lo último que haga! —gritó y colgó.

Atónito, Zoro miró el celular por un muy largo rato antes que el timbre sonara y el repartidor se anunciara en su puerta.

—Lo que digas, cocinero de mierda —replicó divertido dejando el teléfono en la sala y caminando hasta la puerta. Su ánimo había mejorado y sentía que comer solo en su casa esa noche no iba a ser tan horrible como había pensado que sería.

.

.

"A veces una risa es todo lo que necesito para ser feliz"


Nos vemos a la próxima, no duden en comentar si tienen alguna duda sobre algo ~-^

Bye...