Días de búsqueda

El club de los noctámbulos

Tras aquella conversación que me dejaba tantas cosas en las que pensar entramos en la casa. El Sol ya se estaba acostando y teníamos que darnos prisa si queríamos irnos antes de que anocheciera. Yo sabía que no era buena idea quedarse allí y por mucho que Kari me pusiera ojitos no iba a cambiar de parecer.

Aunque la apenara marcharse sé que ver a Takeru sirvió de algo. Debe de ser porque le daba esperanzas de volverle a ver o de que él iba a pensar en ella. Puedo asegurar que Kari volvió a brillar. Hasta yo, que soy su hermano y un poco analfabeto sentimental puedo ver que le necesita con ella.

Emprendimos el camino hacia la estación y cuando apenas alcanzamos a pasar el campo de trigo nos topamos de frente con Yamato. Creo que él se asustó un poco al ver a gente pero pronto se dio cuenta de quienes éramos.

—Tai, ¿qué haces aquí? —preguntó algo confuso pero en su línea gris de siempre.

—Es una larga historia. Me gustaría haber estado contigo pero tenemos que irnos, se está haciendo de noche y vamos a perder el tren de las nueve.

—Ahórrate el viaje —espetó sin más explicación.

—¿Por qué? —preguntó Hikari.

—¿Eres su hermana? —Kari asintió—. Pues porque no hay más trenes. No hasta pasado mañana ¿Es que no sabéis leer? Lo de las nueve era ayer.

Bien, hay algo que se llaman horarios y pueden variar según el día de la semana. Creo que aprendimos algo de ese pequeño error. Me sentí tan idiota.

—Tranquilo, Tai —me dijo Kari apoyando una mano en mi hombro—. Diremos en casa que perdimos el último transporte de la montaña y que nos quedamos allí por la noche.

—Pero es que es pasado mañana ¡Pasado! Sigue pensando una excusa mejor —le pedí, a ella se le dan mejor esas cosas—, porque no pienso aparecer por casa sin más.

Yamato iba mucho más adelantado que nosotros, quería ir rápido a darle la medicina a su hermano.

Si algo me sorprendió de Yamato fue no solo conocer su historia personal sino ver cómo se desvivía por su hermano. Un hermano con el que ni siquiera había convivido. Probablemente, en aquellos días en los que me molestaba tanto que quedara noche sí y noche también con chicas que no volvería a llamar, jamás hubiese imaginado esa faceta suya.

Entramos en la habitación con ellos. Koushiro estaba sentado en una silla al lado del enfermo y Yamato preparaba un vaso con agua para disolver la medicación.

—¿No os ibais? —nos preguntó Izzy.

—¿Qué pasa? ¿No somos bien recibidos? —bromeé, aunque en el fondo estaba algo preocupado por lo que podrían pensar nuestros padres. Y más aún, por regresar a casa dos noches más tarde de lo previsto.

—Como perder un tren de la manera más tonta posible, una historia de los hermanos Yagami. Próximamente en las mejores salas —explicó simpático Yamato mientras acercaba el vaso a su hermano.

—No sé por qué extraño motivo no me sorprende —comentó con ironía Izzy.

—Vale ya ha quedado claro que soy poco previsor y un desastre ¿Algo más? Aprovechar ahora que no puedo replicar ya que me quedo sin lugar para pasar la noche.

Koushiro y Yamato se lanzaron una mirada cómplice.

—Creo que vamos a dejarlo así —terminó Yamato y suspiré aliviado—, no queremos que se haga tarde.

Todos nos reímos, Takeru también aunque con menos fuerza.

Yamato estaba de buen humor como habrá notado. Por desgracia no fueron muchos los días en el Ensa en los que se podía decir lo mismo. Tal vez fuese por su fuga o porque había conseguido llegar a tiempo con medicamentos para su hermano. Quién sabe, pero me contagió parte de su alegría.

Por la noche Kari y yo dormimos en el mismo cuarto. Una habitación con dos camas diminutas, no podía dormir con mi postura habitual, pero tampoco estaba la cosa como para pedir. Fue ahí cuando me comentó lo que le había hecho prometer a Takeru.

—No te preocupes, Kari. Se pondrá bien. Seguro que mañana ya está mucho mejor por la medicina. Ya ves que nadie está preocupado.

—Tienes razón.

—¿Estás contenta de estar aquí? —pregunté aun conociendo la respuesta.

—Sí, aunque nos van a matar.

—ME van a matar. Tú siempre serás su niña inocente que no tiene culpa de nada.

—No creas, cuando no estás tú sí que me echan bronca.

—A eso no se le puede llamar bronca —indiqué, es un chiste la comparación.

Ninguno de los dos parecíamos tener sueño.

—Hablé con Koushiro —dije e hice una pausa hasta que fui consciente de que Kari me prestaba atención—. Dice, bueno, dice muchas cosas, que se van a tener que crear nuevas identidades y que —me detuve, no estaba seguro de contarlo pero realmente me había resultado aterrador esas declaraciones y confío mucho en ella— no recuerda nada de su infancia.

—Tiene que ser horrible ¿Pero cómo va a ser eso? ¿Tiene amnesia?

—No sé. Habla mucho y dice poco, sigo sin saber nada.

—Parece buen chico —señaló mirando al techo—. Lo es, se lo he notado —se lo creo, se le da bien esas cosas.

—Yo también lo pienso. Pero es muy hermético.

—Igual nosotros somos demasiado abiertos ¿no crees?

Kari tiene una capacidad increíble para darle la vuelta a las situaciones. Es uno de los motivos por los cuales es bueno hablar con ella.

—Eso tiene que ser por un trauma, lo de no recordar nada, digo —me aclaró al poco rato.

Pasamos un poco de tiempo callados pero dudo que alguno tuviera intención de dormirse.

—¿Sabes, Kari? También le pregunté a Izzy si creía que se podía volver a tener la misma relación con alguien. Opina lo mismo que tú.

—Lo siento —murmuró.

—No te preocupes. De todos modos empezaba a pensar lo mismo.

—Creo que lo de Takeru no es lo mismo que lo de la niña pelirroja —afirmó Kari sorprendiéndome.

—¿Por qué?

—Estoy segura, Tai. Es que tenemos que estar juntos.

—¿Y él lo sabe?

—No —admitió sonrojada—. Es decir, creo que siente lo mismo. Pero no se lo he dicho. Además seguro que comprende que si vine hasta aquí es por algo más que amistad.

No aconsejé a Kari que se lanzase. Es un poco egoísta por mi parte, sé que si pudiera retroceder al pasado me diría a mí mismo que me atreviese con Sora. Aunque también creo que tiene que ser así, ya tendrá tiempo. Todos pasamos por eso.

—Ay —suspiré.

—Suspiros, suspiros —se burló ella— ¿Y tú qué? Ya volviste a fallar a Mimi.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté sorprendido.

—Tarde o temprano acabarías haciéndolo. Es broma —aclaró risueña— no te enfades. Me lo imaginé porque hace mucho que no hablas con ella. Y la otra vez que estuviste enfermo vino a verte.

—¿Por qué adivinas todo?

—Porque es muy fácil ¿Qué le hiciste?

—Es que no le demuestro bien que la quiero. Y bueno, es que a veces tengo dudas. Más con Sora queriendo ser parte de mi vida.

Igual le parece extraño que le cuente esas cosas a mi hermana. Al contrario que el ejemplo que nos dan mis padres, Hikari y yo no nos ocultamos cosas. No sé lo que haría sin ella. Koushiro me había hablado de un tipo de confianza y comparto su punto de vista. Pero la confianza que tengo con Kari, de contarnos todo sabiendo que seguiremos unidos no la cambio.

—Eso es pasado, Tai. No lo confundas. Mimi es presente, sólo piensa con quien te ves en el futuro.

Me quedé pensando en eso. Pensé muchas cosas. Mimi tal vez no fuera presente, tal vez ella había tomado la decisión de alejarse definitivamente de mí: un chico que le había lastimado. Sora, mi sentimiento era pura nostalgia. Recuerdo de una época en la que no había nada por lo que preocuparse. Para ella yo era lo único bueno que tenía en esos días.

Mi vida desde esos veranos había cambiado considerablemente, puede que fuese mi punto de vista el que había cambiado. Pasé de ser un niño feliz a ser uno de esos adolescentes que los adultos consideran inadaptados. Pero que Sora no estuviese en mi vida no tenía nada que ver. Y Mimi no tenía la culpa de estar conmigo en una etapa más conflictiva, en la que a veces odiaba mi vida. Sin duda ella era algo bueno aunque no siempre la valorase.

Sigo sin entender por qué se enamoró de mí. Mucho menos por qué me aguantaba tanto.

Me sentía incapaz de pensar en el futuro. Ni siquiera era capaz de imaginar lo que estaría haciendo en unas semanas. Pero el tiempo pasa sin que te des cuenta.

Pensando estas cosas me quedé dormido. No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero me desperté en medio de la noche. Kari no estaba en su cama y decidí levantarme para confirmar mis sospechas.

Me acerqué a la habitación de Takeru intentando ser lo más silencioso posible. La puerta estaba arrimada y pude escuchar parte de su conversación:

—Te prometo que intentaré estar cerca de ti —escuché decir a Takeru—. Estaré en contacto contigo. No voy a ser sólo un recuerdo.

—¿Y si os vais muy lejos?

—No lo haremos.

—TK, te fuiste y no me dijiste el lugar. Si no llega a ser por mi hermano no estaríamos hablando hoy.

—Tienes razón, lo siento. Pero era lo mejor, no podía decirte nada. Pero pensaba volver a verte cuando todo se hubiera calmado. Pregúntale a mi hermano si quieres.

—No me hace falta. Me alegra que ya no haya más trenes.

—A mí también.

Dejé de espiar. Estaba algo más tranquilo. Por lo menos sólo hablaban. Como tenía sed bajé las escaleras hasta la cocina. Allí para mi sorpresa me encontré a Yamato.

—Hola, Tai.

—¿No puedes dormir?

—Me he despertado porque ya pasaron 6 horas, Takeru tiene que tomar el medicamento. Estoy esperando a que se vaya tu hermana, por eso de evitar una situación incómoda y esas cosas.

—¿Lleva mucho tiempo ahí?

Yamato sonrió.

—Tiene que ser difícil ser hermano mayor de una chica.

—Bah, no creas, más tiene que aguantar ella de mí —dije en un intento de zanjar el tema.

—Eso puede ser verdad.

Yamato nunca pierde la oportunidad de meterse conmigo. Yo muchas veces hago lo mismo. Nos divierte.

—Me ha dicho TK que le dijiste que se canceló la boda ¿Cómo te enteraste? Tú no conoces a mi padre —apuntó hábil.

—Por Sora —le confirmé—. Ella me dijo que fuese con ella de acompañante. Pero no llegué a ir porque se canceló.

—¿Pero tú no estabas con una?

—Sí. Bueno ¿y qué? Es una amiga.

—Ya. Oye, de todos modos esa chica está un poco mal. Le dije que me parecía muy buena y ella me dijo "soy veneno, no quieras estar conmigo".

Sora estaba mucho más perdida de lo que yo sospechaba.

—Vale, eso no es muy normal —admití—. Pero sí que es buena. Y te aseguro que no hay nada con ella. Vamos, que es tuya, si la quieres.

—Si a mí me da igual lo que tengas. Yo ahora mismo debo estar solo con TK. Si quieres incluye a Koushiro, pero es muy suyo.

—Hacéis la pareja perfecta —observé con la intención de meterme con él.

—Cállate —ordenó—. Sabes que jamás me interpondría en vuestra relación.

Pudimos haber seguido con ese pique pero me apetecía decirle algo a Yamato. Lo que realmente pensaba de él.

—Eres buen hermano, de verdad lo creo. Mejor hermano que yo, incluso.

Pienso que si Hikari y yo hubiésemos crecido separados no tendríamos tan desarrollado nuestro vínculo. El caso de Yamato y TK me parecía admirable.

—Tengo que serlo, es lo único que me importa.

—¿Por qué?

—De algún modo, Takeru me recuerda todo lo que perdí —me confesó con cierto misterio. No me extraña que ligue tanto, se le da bien crear interés.

Dicho esto oímos una puerta abrirse y unos pasos. Mi hermana volvía a la cama. Yamato me señaló las escaleras y el vaso del medicamento sin articular palabra y subió.

Yo volví a la habitación también. Le pregunté a mi hermana si todo iba bien y me dijo que sí. Sólo espero no arrepentirme nunca de participar en que se involucrara con Takeru. La noche pasó como pasan los días. Sin que apenas te des cuenta.

Nuevo capítulo, este rompe un poco la dinámica anterior porque se centra en varios personajes. No profundiza mucho con Yamato pero es que eso tiene que tardar un poco más.

Iba a ser más largo pero corté ahí para que tuviera sentido el título.

Muchas gracias a los que siguen esta historia (ellos ya saben quiénes son)

Estefi, eres un amor, que lo sepas. Conocía una chica que se llamaba igual que tú y le cogí manía al nombre por ella pero ya hace tiempo que conseguiste quitarme la manía al nombre. No te preocupes por pensar como Koushiro jaja, si lo escribí fue porque yo lo pensé también.